domingo, 31 de agosto de 2008

CUANDO LLEGUE SEPTIEMBRE...

El noveno mes del año parece hecho desde siempre para aprobar la asignatura pendiente: la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y el Tribunal Supremo (TC); la financiación local y autonómica; los pactos de Estado y extremeños anunciados (reforma del Estatuto, educación, financiación local, agrario, reforma del sector financiero)… Todo lo pendiente puede aprobarse en septiembre, aunque no conviniere más de lo preciso “dejar para mañana lo que puedas hacer hoy”, porque puede que sea tarde.

A partir de septiembre pueden sentarse en España las bases del próximo cuarto de siglo; pero, para ello, lejos de recular ante la crisis, habríamos de hacerlo al inicio de la transición, con el consenso como bandera y con una renuncia de máximos para un pacto de mínimos y de medios, como en los Pactos de la Moncloa.

Ni España ni Extremadura pueden permitirse el lujo de no aprobar sus asignaturas pendientes. Más aún en tiempo de crisis, que requieren un esfuerzo de generosidad ante el futuro y la atención a los más débiles.

Los parados, las mujeres y los jóvenes que aspiran a su primer empleo, a consolidar tras él sus derechos constitucionales, como una vivienda digna, que no lastre su vida in aeternum; a formar una familia, aspiración que muchas parejas no pueden cumplir…, no deben esperar un eterno aprobado septembrino que daría al traste con las mejores ilusiones y capacidades de sus vidas.

Los resultados de las elecciones generales y las recientes renovaciones de los partidos políticos a nivel nacional, regional y provincial, deben constituir un revulsivo para encarar el futuro con realismo, pero sin perder la esperanza.

Septiembre no debe constituir, en ningún caso, un tránsito de remedios caseros para tapar las heridas abiertas, más graves en las clases humildes que para otras que no necesitaren ni suturas ni bajas forzadas por la situación.

No basta recurrir como excusa a peores crisis superadas en el pasado; ni atrincherarse, unos u otros, en mejores tiempos habidos, ni en la situación heredada ni sobrevenida por otros factores ajenos a la política interior del país o de la comunidad autónoma.

En tiempos de crisis, sobran las palabras y son necesarios los hechos. El pacto debe anteponerse a la recriminación; la penitencia, al olvido; el trabajo a la indolencia; la perseverancia en el trabajo a un maná que no puede venirnos del cielo, sino de la tierra donde habitamos.

No es tiempo ya para censuras ni reproches recíprocos. “A grandes males, grandes remedios.” Sólo el trabajo puede redimirnos de los excesos en tiempos de bonanza; pero tampoco es admisible que aquéllos los paguen siempre los mismos; que el cinturón de los más no encuentre ya agujeros para cerrar sus propias hebillas.

Los políticos no pueden ejercitarse, a partir de septiembre, en venteos de palabras de las que no saldrá grano alguno, sobre todo para quienes lo necesitan. La política se diseña y ejecuta para solucionar los problemas que preocupan a los ciudadanos. Y ésta es, hoy, más necesaria que nunca.

Ni el futuro del Estado, ni el futuro de Extremadura, admiten más directrices que no sean las marcadas en la Constitución, las que fija nuestro Estatuto, o el nuevo que se elabora, para los próximos veinticinco años.

La solidaridad interterritorial debe ser el eje fundamental sobre el que pivote el futuro. Si todos queremos marchar hacia él en el mismo autobús, no puede, ni debe haber distintas velocidades de crucero para unos y otros, porque España, en Europa y en el mundo, son nuestra única meta, y nunca un sudoku por cuadrar permanentemente, a costa de unos y en beneficio de otros.


LOS DOS LEGADOS DE FERNANDO HERNÁNDEZ


Los periodistas, fedatarios de la actualidad, no somos, ni debemos ser, noticia nunca, quizás hasta la muerte. Fernando Hernández (Cáceres, 1958-2008), ha sido, como algunos pocos elegidos, una excepción a la regla, no tanto por su veterana juventud, arrebatada por la muerte, como por los dos legados principales que nos ha ofrecido en vida.

Fernando, con quien tuve la fortuna de compartir múltiples avatares de la profesión desde sus inicios en Cáceres, ha dejado a su paso por RNE y TVE en Extremadura dos legados: el profesional y el humano, una profesionalidad desbordada en el oficio y una humanidad expandida más allá del horizonte de Extremadura, donde vivió, trabajó y amó durante su medio siglo de su vida.

En los empieces de su profesión, hubo de hacer, por la carencia de medios, lo que algunos hubimos de compartir y hoy casi nadie hace. Fernando no solo redactaba y editaba las noticias, sino que, en más de una ocasión, hizo su particular maratón para llevarla a Madrid y que se difundieran en tiempo y forma. Ni sus predecesores cacereños de la décadas de los 70 y 80, los cámaras de TVE, hubieren hecho nunca tal cosa: las cintas se enviaban por correo a Madrid y las noticias, a falta de redactores, las recogían de los periódicos. Las noticias de Extremadura las ofrecía TVE en su informativo territorial desde la central de Prado del Rey con varios días de retraso, hasta que en mayo del 89 se inauguró el Centro Regional de TVE en Extremadura.

Como periodista, Fernando no se conformaba con el corte de audio que pudieran ofrecerle, tan al uso hoy en día en los medios audiovisuales, sino que ahondaba con preguntas inteligentes en los porqués de lo que se anunciaba o decía, como si intentara ir más allá de algo, que, por desconocido o novedoso, él quisiera revelar en todas sus aristas y matices.

No se conformó tampoco en su profesión quien fuera el primer jefe de los Servicios Informativos de TVE en Extremadura y redactor jefe posteriormente. Fernando ejerció la profesión como vocación de servicio y, además, ha legado a más de 200 familias extremeñas el don de la paternidad y maternidad libremente asumida para quienes tuvieren un corazón tan grande como el suyo --como esposo y padre-- y para los que, aun teniéndolo, no podrían compartirlo con la dicha de una hija que no podría llegar sino con la adopción.

Él mismo abrió la cuenta de las adopciones de niñas chinas en Extremadura, acogiendo a dos ellas como propias en su casa. Fundó la Asociación Extremeña en Defensa del Niño (ANDENI), fue su presidente regional y, por su entusiasmo, uno de los fundadores de la nacional.

¡Cuántas reuniones informativas sobre la adopción mantendría Fernando en Mérida y en Extremadura! El periodista se convertía así en informador y protagonista de la noticia que ansiaban tantas familias extremeñas: cómo llegar a la adopción de una niña china. Y con ello llevó la felicidad a muchos padres y madres putativos.

La noticia de su temprana muerte me ha sorprendido fuera de Extremadura; pero no por ello he dejado de recordarle desde ese día: nuestros encuentros profesionales, su voz en la radio, sus reportajes en TVE, sus preguntas inquisitivas, los mimos que le prodigaba a su primera hija adoptada, a mi lado, que quizá nunca hubiere tenido donde naciere. Como la de tantas otras criaturas que, por su empeño y voluntad, colmaron de felicidad a una Extremadura, que también por él se abrió al mundo; desde su gran corazón de padre; desde la sonrisa tierna y franca con la que siempre nos saludábamos.

La Asociación de Periodistas de Cáceres, que diligenció su primer carné profesional de periodista, le recordará siempre en el archivo de su memoria.
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El autor es vocal de la junta directiva de la Asociación de Periodistas de Cáceres (APC)

jueves, 14 de agosto de 2008

15 DE AGOSTO EN GRANADILLA



A la memoria de Narcisa Sánchez Carrero,

Adriana Martín Esteban y Basilia Carrero


Mediado agosto y Extremadura toda es una fiesta; un misterio de la Virgen por advocación; de su patrona por vocación: la Asunción. Una villa perdida la asumió por patrona; su parroquia: la Asunción; su fiesta patronal, el 15 de agosto. Subió a los cielos quien siempre estuvo en el altar; la Virgen que presidiera por patronazgo y por dogma de inmaculada los desposorios de todas las vestales que llegaren hasta su altar.

Vísperas de bodas, y las amigas de la novia se afanaban en situar la imagen venerada en el centro del altar. A derecha e izquierda, la foto siempre recordaría en blanco y negro los tules en azul y blanco, orlando su efigie; las flores blancas, azules, rosáceas... La Asunción, presidiendo las bodas de blanco, flanqueadas de azul celeste. No hubo novia alguna en Granadilla que renunciara a la tradición heredada, a la veneración socorrida, a la advocación deseada tras la muerte en la vida feliz que comenzaba.

Hubieren hijos que fueren bautizados a su sombra, quizá con su nombre; pero, ellas y ellos, fueron condenados un día al exilio. Jamás olvidarían a su patrona, lo que atrás dejaron, lo que nunca olvidaron.

Muchos años después, la villa destruida por abandono y recuperada de entre sus ruinas, volvió a la vida. Y aquella tierra y las nuevas vidas llamaron de nuevo a sus puertas: lo primero, volver por la patrona, el 15 de agosto, la Asunción; lo segundo, para honrar a los muertos que allí dejaron, el 1 de noviembre.

En toda Extremadura, solo Granadilla, la villa perdida de los destierros todos, es la única que celebra la Asunción sin cohetería de fiesta, sin tules de novia, sino en el recuerdo de la advocación y de la fiesta patronal nunca olvidada. La primera cita del año, la vida; la segunda, la muerte. Entre la vida y la muerte, desde su fundación misma, sus días: el destierro –cuántas prisas para ellos--: los árabes, sus fundadores, por la Reconquista; los judíos, por su fe; los cristianos, por el desarrollismo. Todos fuera, menos la Asunción y los muertos, nunca olvidados. Un pueblo avocado al culto a la vida y a la muerte, muerto él mismo como pueblo.

Más de cuarenta años después del exilio forzoso por el embalse de Gabriel y Galán, Granadilla recupera su primera cita anual: su patrona. Apenas un oficio litúrgico, la fe hecha ofrenda en el recuerdo; la convivencia de la memoria de quienes no pudieron enterrarla junto a sus muertos: la advocación de fe y esperanza, la que dio vida y sostuvo sus vidas, ¿pudiere alguien expropiársela a un pueblo que fue subsistencia hasta la muerte, memoria en la desmemoria de la memoria, roto papel que no sirviere sino para ahondarla aún más; fe socorrida para un pueblo que no hubo otra esperanza que la vida misma en sus advocaciones más preciadas, oro sobre sus pechos y, sobre todo, en su alma y corazón, sangrantes como su Cristo, el 14 de septiembre, pero jamás en la fe recibida y confirmada, en los sacramentos asumidos y bendecidos ante su patrona? ¿Dónde, en qué lugar, sino en la memoria colectiva de un pueblo, con su altar ya vacío de imágenes, vírgenes y santos, a quiénes encomendarse y a quiénes encomendar su vida y la de sus descendientes...?

Toda Extremadura de fiesta el 15 de agosto, por la Asunción, y Granadilla es solo una fiesta de la memoria por su patrona; una fiesta de fe en sí misma y en su identidad de pueblo; la memoria nunca expropiable, el silencio compartido del alma y el corazón humanos; el retorno a lo que fuimos y nadie podrá arrebatarnos: la fe en la madre del cielo, ida nuestra madre en la tierra, allí mismo o en lejanas tierras, donde fueren enterradas las que nos dieron la vida, pero donde permanece para siempre la que nos insufló la fe de vida. La otra Madre, que subió a los cielos: la Asunción de la Virgen tras la Ascensión del Hijo, “que cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. Como los hijos de Granadilla: inhumados en otras tierras, bajo otros cielos...; pero, en vida, de retorno a su cielo, con la mirada de su fe siempre en la Asunción, su patrona, para más fe de que ésta nunca es expropiable, como lo fueren sus vidas, su pequeña hacienda, la heredad compartida, amasada, sufrida, expropiada y alquilada hasta sobrevivir los últimos días en la villa para siempre perdida, nunca olvidada. Granadilla, resucitada de entre los muertos, asunta al cielo tras su muerte, como la Asunción, por la benéfica Plasencia redimida y adoptada.