jueves, 30 de julio de 2009

LOPE HERNÁNDEZ, UN TÉCNICO DE LA PROVINCIA DE CÁCERES


La figura de Lope Hernández Hernández, fallecido en Cáceres el pasado 28 de julio, hay que inscribirla en el marco de los técnicos administrativistas que, aun a pesar de trabajar en un régimen centralista, fue leal con sus jefes y fiel a la causa a la que sirvió durante toda su vida: la provincia de Cáceres.

Lope –don Lope, como le conocíamos--, licenciado en Derecho, fue técnico de la Diputación Provincial de Cáceres, cuya Oficina de Planificación Económica llevó durante muchos años. No había asunto alguno de la provincia que le fuere desconocido; pero, por encima de su lealtad como funcionario público a sus presidentes, habría que subrayar en él su fidelidad a la provincia.

La lealtad de don Lope a su provincia, a la que se debía, trascendía incluso al silencio oficial al uso o la fidelidad a unos principios que, independientemente de los de la época, no serían inmutables en el tiempo.

Esta crítica respetuosa al procedimiento administrativo, que paralizaba los expedientes eternamente en Madrid, tuvo su culminación durante la visita a Cáceres del último ministro de Obras Públicas de los gobiernos del Generalísimo Franco, Antonio Valdés y González Roldán. Tenía lugar en el salón de actos de la Diputación una sesión de trabajo con políticos y técnicos de la provincia para plantearle al ministro sus necesidades y peticiones. Lope no se cortó un pelo a la hora de hablar. Su exposición de aquella tarde, explicando los entresijos de los procedimientos administrativos y su retraso en los Ministerios, que paralizaba la buena marcha de la acción política, fue aplaudida por todos quienes llenaban el salón, los únicos aplausos quizá que pudieron sonar tras su interpelación al ministro.

No se paraba ahí don Lope: sus críticas constantes a los incumplimientos de la Ley del trasvase Tajo-Segura llenaron páginas documentadas en El Periódico Extremadura y en el semanario “Cáceres” de los lunes. Y no había en sus escritos otra ideología más que la de la ley, emanada de un Gobierno que la incumplió sistemáticamente.

Don Lope trabajó los domingos por la noche en la redacción del semanario “Cáceres”, en el que, además de sus habituales artículos, que ya llevaba escritos, despachaba los teletipos y realizaba brillantes disquisiciones sobre la política internacional, ya fuere sobre la guerra de Vietnam o el establecimiento de relaciones diplomáticas con China, un país, decía, a cuyos 1.000 millones de habitantes de 1973, no podía ignorar ni el régimen.

Sirvan estas líneas para reconocer su figura como funcionario, columnista, compañero, amigo y padre ejemplar.

miércoles, 29 de julio de 2009

¿QUÉ VENDE EXTREMADURA EN ESPAÑA?


No nos referimos, claro está, a las exportaciones de nuestros principales productos, a nuestro patrimonio histórico, artístico y cultural, a nuestras ferias y mercados, a nuestras fiestas de interés turístico, y a todo aquello que pudiéremos izar como bandera en el resto de España. Nos referimos, más bien, a la imagen de Extremadura en España, a la información que el resto de España tiene de Extremadura, a la que le llega, le interesa o le vendemos.Hace años, apenas existía Extremadura en el mapa informativo de España. Los esfuerzos de la Junta de Extremadura, y de su personaje más influyente, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, por airear a los cuatro vientos que no éramos ya el culo del mundo, chocaba con la triste realidad de cada día.

De poco sirvieron los sacrificios por tener una delegación de la televisión pública o unas agencias informativas que, si daban noticias de la Comunidad, eran, en la mayoría de los casos, para consumo interno de los extremeños, a pesar de sus esfuerzos por vender a sus centrales en Madrid otra realidad bien distinta. Pocas veces trascendía Extremadura a los telediarios, para muchos españoles asumidos como el único medio informativo; los diarios nacionales apenas contaban con corresponsales y, si los hubieren, las informaciones eran escasas y a cuentagotas. De poco han servido los esfuerzos realizados por el Gobierno regional, primero con Canal Sur Extremadura y posteriormente con Canal Extremadura Radio y Televisión; y de otros medios digitales por ofrecer informativos propios a la sombra de los nacionales. Extremadura solo vende lo que interesa en España: la Extremadura profunda de Puerto Hurraco, la de la riada de Badajoz, los incendios que arrasan nuestra naturaleza; lo negro, lo negativo, la España profunda que muchos españoles consideran que seguimos siendo, y no la Extremadura vendida, en su otra realidad bien distinta, por la última campaña de Marca Extremadura.

Ya en 1988, Ibarra advertía contra esta especie de animadversión de los medios informativos nacionales contra la región, tras fallecer en accidente de circulación una de sus consejeras, la malograda María de los Ángeles Bujanda. Ni un telediario, casi ningún medio nacional, dio noticia de esa muerte. ¡Ay si hubiera sido de Cataluña, del País Vasco o de Madrid!, se lamentaba Ibarra.

Tuvo que llegar la matanza de Puerto Hurraco, el 26 de agosto de 1990, para que Extremadura fuera noticia nacional de portada durante semanas a partir de la fecha; o la riada de Badajoz, en la noche y madrugada del 5 al 6 de noviembre de 1997, para que volviera a ocurrir lo mismo... O ahora, los incendios en Las Hurdes, como si quisieran echarle más leña al fuego que ya padecimos.

Cabría preguntarse por qué Extremadura no es noticia nacional, ni en portada ni en un telediario, más que cuando ocurren cosas que, por lo demás, y tristemente, suceden en otros lugares de España. Por qué una noticia, como el incendio de Las Hurdes, "mata" a otras de las que se venía hablando, como los seis muertos del incendio de Cataluña y las 12.000 hectáreas quemadas en Aragón, frente a las 3.000 en la comarca extremeña; por no hablar de las razones de la CEOE para frustrar el pacto social... Todo se viene abajo cuando en Extremadura ocurre algo negativo, no cuando ocurren cosas positivas que congregan a centenares de personas de toda España, como el Festival de Teatro Clásico de Mérida, por poner un ejemplo cercano.

Lo mismo que dijo Ibarra en el 88, lo acaba de lamentar ahora el presidente Fernández Vara: "Parece como si solo hubiera habido un incendio", para añadir, según la agencia Efe, que no le gustaría pensar "las cosas que se dirían si hubiera ocurrido algo parecido a lo de Cataluña" y justifica su lamento con estas palabras: "Es algo que llevamos sobre nuestras espaldas y no lo podemos cambiar más que con el paso del tiempo."

No le falta razón al Presidente: Extremadura es lo que se ve y los misterios que se ignoran. Y nadie puede señalar a nadie porque, además de ser una culpa heredada, hoy lo es de todos, no de los periodistas que informan por obligación, pero cuyas "ventas" positivas tienen escaso o nulo eco en Madrid, sino porque es una devoción que a todos nos compete. Nadie ama lo que se ignora o lo que se desconoce; pero es deber de quienes lo conocemos y amamos difundir a todo el mundo que las desgracias que nadie desea pueden ocurrir en todos los sitios, pero que los buenos productos, la vida tranquila, los paisajes, la paz, el patrimonio de Extremadura, solo puede encontrarse aquí, descubriéndola para después amarla. Como cada día hacen más españoles, aunque los medios y los telediarios solamente informen de lo macabro.

martes, 28 de julio de 2009

SOLEDAD DE SOLEDADES


Hay otras peores soledades que la carencia voluntaria, o involuntaria, de compañía; o la del pesar y melancolía por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o algo. La primera, la del soltero (del latín solitariu, que no tiene compañía habitual) puede ser reemplazada por múltiples quehaceres, aunque haya instantes para la melancolía y la soledad de quien no puede compartir su propia soledad. La segunda la va borrando el viento que esparce las pavesas del olvido de la muerte o la lejanía de quien un día amamos.

Pero, ¡ay de la soledad del alma y del corazón humanos!, sin su otro “yo” ansiado, añorado, visto, tocado, amado, física y moralmente! No hay peor soledad que la de quien se siente solo, o sola, sin alivio para su soledad. Mata la soledad de amor, la ausencia del amor perdido, la del no correspondido, la de éste sin que lo mereciere; el desunido amor que dejare huérfanos de amor a los frutos de ese amor, utilizados como moneda de cambio a su costa, sin otro mérito que el de haber nacido hijos de un amor roto… “Amores se van marchando/como las olas del mar./ Amores lo tienen todos,/pero quién los sabe cuidar…”, cantaba en una de sus mejores canciones la desaparecida Mari Trini.

Y, tras el desamor, la soledad. ¿Hubiere peor soledad que la de la mujer maltratada, que lo consiente por amor, aun a riesgo de su propia vida?, como si el amor fuere una propiedad singular y no compartida entre dos: en la justificación del maltratador que asume sus actos como si el objeto de su amor fuere una propiedad particular y no una dádiva del corazón; o en el de la amante que los justificare por amor sin que el amado fuese tributario de él, sino asesino de su propio amor y de los que con él compartiere… Es también la soledad la danza que se baila con ella, aunque a veces termine en la soledad de la vida, soledad de soledades del amor vivificante, que es ternura, veneración, afecto, pasión, deseo, atracción, mimo, celo, primor…

Indefinible la soledad del parado, condenado a otra peor soledad: la de quien se siente indefenso ante la vida, sin recursos para vivir, aunque hubiere recursos intelectuales y físicos bastantes para ello; sufridor de la vergüenza social de serlo por otros muchos que ni la vieren ni la sintieren; sin otra expectativa de vida, aunque la buscare, que la soledad que le otorga una condición que no mereciere, ante la pasividad de quienes, pudiendo hacer algo por remediarlo, nada hacen o miran para otro lado, utilizándolo como un número más en la contabilidad del paro, o de ganancias indebidas a su costa, ignorantes de su soledad; como indescifrable son los sentimientos de los jóvenes formados y sin futuro; de los despedidos sin causa y, ya, sin ayudas; de los afligidos y dependientes sin mano que les alivie; de los solitarios por voluntad que echan de menos la ternura ajena; de los sin fe ni esperanza, porque de ellos nunca será la tierra.

Pudiere ser sinónima la soledad del desamor, del odio, de la depresión o del descuido. “Soledad/es criatura primorosa/que no sabe que es hermosa/ni sabe de amor y engaños/ ay, mi Soledad”, en la canción de Emilio José. “Oh, Soledad, dime si algún día habrá/entre tú y el amor buena amistad./ Vuelve conmigo a dibujar las olas del mar,/dame tu mano una vez más”, que cantara La Oreja de Van Gogh… Canciones de soledad que tornan a nuestros oídos cuando la tristeza es la muerte lenta, o repentina, inesperada, de lo mucho que teníamos.

Soledad tras la muerte de Juana Izquierdo Regodón y Calixto Nevado, que dieron su larga vida por sus hijos y los hijos que alimentaren a sus hijos. No pasarán a la historia sino a la íntima de quienes les conocieron y amaron, a pesar de la grandeza de su amor, que les llevó de aquí para allá, en pos de los suyos, de pueblo en pueblo, de la costa al interior, del campo a la lonja, devorando su tiempo por los otros, y dejándonos la soledad del abatimiento, soledad de soledades en un tiempo todo soledad, como “amores (que) se vuelven viejos/antes de empezar a amar…!”