martes, 25 de mayo de 2010

LA REDUCCIÓN DEL DÉFICIT


Rafaela Fuentes*


Desde el verano de 2008 estamos viviendo la crisis más dura grave y compleja de los últimos 80 años.

El Gobierno Socialista ha procurado reaccionar ante cada inesperado desafío y lo ha hecho en general en línea con los demás gobiernos europeos, pero teniendo en cuenta las propias circunstancias.

Se han adoptado medidas ante los distintos problemas que planteaba cada fase de la crisis.

Estas medidas importantes para compensar la fuerte caída de la actividad, y preservando siempre la protección social ante la masiva destrucción de empleo, han tenido su efecto en el déficit público y hoy debemos hacer un esfuerzo especial y extraordinario para reducirlo.

¿Por qué ahora? Hasta ahora, era necesaria la inyección de recursos públicos para mantener la actividad; pero ha llegado el momento de ir retirando progresivamente los estímulos y centrarse en el ajuste presupuestario, una vez que se vislumbra la recuperación.

El crecimiento económico es la condición previa e indispensable para crear empleo.

En estos momentos hay datos esperanzadores:

  • La producción industrial ha crecido en marzo por primera vez en 22 meses; la recaudación tributaria ha crecido en el primer trimestre, por primera vez en 2 años; las exportaciones han crecido a un ritmo interanual de dos dígitos durante los meses de diciembre, enero y febrero; la producción y exportación de automóviles crecen cerca del 50% en el primer trimestre de 2010.
Estamos ante los primeros síntomas de la actividad y reducción de los desequilibrios y ahora, una vez parado el golpe, es necesario realizar esfuerzos y sacrificios para volver a una senda de crecimiento y sostenibilidad, sacrificios que deben repartirse equitativamente entre todos; y que no afectarán al núcleo duro de las políticas sociales, pero que deben hacerse para corregir con energía y rapidez los desequilibrios acumulados por la recesión, desequilibrios que se llaman 11,2% de déficit y 20% de desempleo.

Todos los países miembros de la UE hemos asumido el compromiso de acelerar e intensificar medidas para salir de la crisis. Debemos reforzar la confianza en nuestra economía. Tenemos que seguir fortaleciendo el sistema productivo y preservar el estado de bienestar.

Los socialistas tenemos claro qué debemos hacer, qué medidas hay que tomar y tenemos, además, la voluntad política de llevarlas a cabo con determinación y responsabilidad.
Hemos sabido gobernar en momentos de bonanza (José Luis Rodríguez Zapatero logró tres superávits consecutivos y en 2007 situó la deuda pública en el 36,2% del PIB, 10 puntos menos que cuando el PP dejó el Gobierno en 2004) también en momentos difíciles, a mediados de los 90, y con Gobiernos socialistas se ha logrado la mayor modernización del país y se han desarrollado nuevos derechos básicos universales:
  • 1985 Derecho universal a la educación
  • 1986 Derecho Universal a la Salud
  • 1990 Derecho Universal a las pensiones
  • 2006 Derecho atención a la Dependencia
Los socialistas hemos dado muestras suficientes de cómo gestionar eficazmente las cuentas públicas.
No aceptamos lecciones del PP, que es incapaz de frenar el endeudamiento en Administraciones que gobierna con mayoría absoluta, y ha recortado de manera escandalosa las prestaciones sociales. (Ayuntamiento y Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana….etc.).

El Gobierno socialista tiene un plan de austeridad que vamos a cumplir y que va a suponer un recorte importante del gasto de más de 50.000 millones entre 2010 y 2013.

No es fácil para el Gobierno tomar las medidas anunciadas y para Zapatero es especialmente difícil por su sensibilidad, por su defensa de la protección y el bienestar social, por su compromiso solidario, que lo es de todos los socialistas, y que ha gobernado siempre con actuaciones dirigidas a mejorar la situación de los ciudadanos con un fuerte desarrollo de políticas sociales, y si pide este mayor esfuerzo a toda la sociedad, a los ciudadanos, a las administraciones públicas, es porque se considera absolutamente necesario.

Esfuerzo nacional, colectivo, procurando que sea equitativo y justificado por su distribución.

Estas medidas solas no resuelven toda la situación. Como dijo el Presidente Zapatero, no descarta en el corto plazo, otras de otra naturaleza.

--------------------------------------
* La autora es senadora del PSOE por Cáceres y coordinadora del Grupo Socialista Extremeño en el Senado.

domingo, 23 de mayo de 2010

ECHAR EN FALTA, ECHAR DE MENOS…

Echo de menos su sonrisa, que solo echaré en falta cuando se vaya. Notamos la ausencia de alguien o algo y hubiéremos sentimientos por ello. Echamos de menos la familia, pero no cuando la hubimos; la amistad, pero no cuando la disfrutamos; la naturaleza, cuando no la respetamos; el amor, cuando no lo santificamos; la salud, cuando la perdimos; el dinero, cuando lo tuvimos y lo echamos a perder; el trabajo, cuando nunca lo valoramos…

Solo te echaré en falta cuando te vayas, porque tú nunca me echaste de menos con las cartas que te echare al buzón; cuando mi ánimo, fatigado, eche olor, sangre y chispas por tus olvidos. Echaré rayos, centellas y fuegos en mi enojo; tu nombre, inhumado, derribado de mi memoria; echado a presidio, porque me condenaste a él cuando no lo mereciere. Iniciaré una marcha a otra parte por “el camino verde que lleva a la ermita”, para ir en alcance de alguien, tras echarse atrás los que creía mis amigos. Echaré a reír, a correr, a cantar, pero no invertiré una hora para ir a verte; echaré una puerta a la llave del tiempo para que, cuando lo desees, llames a la puerta del mío. Me recostaré a un lado, soñando contigo, amor, ya que tú no hubiste la delicadeza de acordarte de mí desde que estás en el Paraíso terrenal, ese paraíso que tú sueñas en la tierra, pero que solo se encuentra en el cielo. Ya vendrá alguien que te depondrá de la dignidad que asumes, y, entonces, nadie te echará en falta, como tú no echaste de menos a quienes se entregaron por ti y los echaste a mala parte, sin decirle palabra, porque no la hubiere tu conciencia de mujer.

Sigue echando discursos y bravatas, porque nadie te escucha, porque, quienes te echaron en falta un día, te echarán de menos para siempre. No eches por mayor lo que echas a perder; no eches en librea lo que pudiste tomar por refacción en una tasca. No te eches violentamente contra alguien, porque ya te echaste contra mí. No eches a nadie más a pasear, porque malograrás tu negocio por no manejarlo bien. Advierte y envida sin juego, pero no te la eches de valiente, de maestra o graciosa, porque todo lo echarás a rodar.

No desbarates más la situación, amor, porque lo echaste todo a rodar dejándote llevar por la cólera de tu ambición, faltando a todo miramiento o consideración humanas. Alguien como tú se echará a dormir, pero no a morir, y sí a perderse. Decaerán las prendas y virtudes que tenías por no cumplir tus tratos o promesas. No te hagas la recia porque se echan encima las vacaciones y alguien se echará sobre ti para reprenderte con dureza. No te las eches de nada, amor, porque solo yo te echaré en falta cuando te vayas y, de menos, cuando ya no estés, así que te pongas hoy el mundo por montera...

“NI CAMBIO NI BANDAZOS”

El discurso que el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha pronunciado esta mañana en Elche ante miles de alcaldes y concejales socialistas semeja un tanto al breve, pero enjundioso que, en tiempos difíciles, pronunciara en la Cámara de los Comunes el primer ministro británico Winston Churchill en 1940.

En aquella ocasión, Churchill pronunció una frase que pasaría a la historia: “No tengo nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. En aquel momento histórico, el primer ministro británico manifestó: “Me preguntáis cuál es nuestra política?” y se respondió ante la Cámara: “Hacer la guerra por mar, por tierra y por aire, con toda nuestra potencia y toda la fuerza que Dios nos pueda dar; hacer la guerra contra una tiranía monstruosa…” Más adelante, se preguntó: “¿Cuál es nuestra aspiración?” y se respondió: “Victoria a toda costa, a pesar de todo el terror; victoria por largo y duro que pueda ser el camino.”

Rodríguez Zapatero no ha llegado a tanto porque, ni nos encontramos en una situación bélica de supervivencia, ni ante el ser o no ser como nación; pero sí ha querido poner de relieve que las medidas tomadas ante la crisis que azota al mundo occidental son “respuestas a las circunstancias”, por lo que nadie puede hablar de “cambios ni de bandazos”.

A quienes hoy critican esas medidas como de “injusticia social”, Zapatero les ha recordado que las hacen “aquellos que no se acordaron de las políticas sociales, ni de los trabajadores que percibían el Salario Mínimo Interprofesional, ni de los funcionarios”. A quienes no tienen memoria, el Presidente les ha recordado que las pensiones mínimas han subido desde que el él gobierna un 49 por ciento, y las becas, un 70 por ciento. A quienes se llenan la boca defendiendo a la familia, jamás las defendieron, y conocíamos al organismo que prestaba las ayudas como “La Perra gorda”; quienes critican hoy la política de vivienda, gozan de chalés de lujo, pero no construyeron, como el PSOE, medio millón de viviendas sociales; quienes tanto dicen defender a los trabajadores, aun en tiempos de bonanza, sacaron, aprovechando las vacaciones, el “decretazo”, que iba contra los derechos adquiridos.

No cabe hablar, por tanto, de un cambio de señas de identidad en un proyecto de cohesión social que solo puede encarnar la izquierda, y que se hace por el interés general de España, por su credibilidad, y para volver a retomar la política social y las pensiones “cuando retome el crecimiento”. Cuando toda la Unión aplica medidas similares, solo “algunos quieren otras cosas”, que traerían más déficit para el país, más riqueza para algunos y más pobreza para la mayoría.

Ahora solo falta el acuerdo laboral con los agentes sociales. No quisieran algunos ni eso, como no han deseado el Pacto por la Educación, si no se adoptare el suyo.

Cuando pasen los años, los trabajadores recordarán quién estuvo a su lado y les ofreció los derechos que otros siempre les negaren. Ahora, no se nos pide “sangre, sudor y lágrimas”, sino corresponsabilidad compartida para corregir el déficit, atender a los más desfavorecidos y salir de la crisis. No es la guerra, sino la coyuntura que nos vino impuesta.