miércoles, 11 de julio de 2012

LOS BUENOS DÍAS PERDIDOS

          
            Todos los días son buenos para ganarlos, no para perderlos. Un buen día, renta; un día perdido, resta. Todos siguen corriendo, inexorables, hasta encontrarse en el punto final del segmento. Ese día llegará sin previo aviso. No lo advertimos, ni pensamos en ello, como si no nos tocare a nosotros. Nacemos para vivir y después, morir. El tiempo es un préstamo a plazo fijo que vence con la muerte; pero también una hipoteca a quienes, ascendientes o descendientes,  dejáremos con vida en la tierra. Fenece el tiempo de nuestra vida, pero no los frutos de ella. Si restamos más que sumamos, no solo se nos acabó el crédito, sino que dejamos una hipoteca por pagar.

            En tiempo de vacas flacas, los agricultores llenaban sus graneros para evitar las dificultades por venir. No se perdía el tiempo en divagaciones etéreas. Todos los días eran buenos para el acopio; ninguno para gastar lo que no se hubiere en los arcones mientras durare el largo invierno.  Hubiere otros que gastaron lo que no tenían y no pudieron hacer frente a préstamos e hipotecas. No daban estos ni los “buenos días” a quienes se encontraren, porque hubieren perdido sus días y su hacienda. Acudían a aquellos en busca de ayuda, y les recordaban los buenos días perdidos, aquellos que ni siquiera daban porque se consideraren superiores al resto.

            No se pierde un día en el pueblo; muchos se pierden en la ciudad. No gasta la gente de pueblo lo que no hubiere porque nada necesitare ni se creare otras necesidades que la propia supervivencia. Se conforman con lo que les da la tierra que labran. No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita. Los días perdidos hacen ricos a los pobres y pobres a los ricos. No se gana más por trabajar más horas si el tiempo empleado lo perdemos como el agua que se va a la mar sin que a nadie aproveche. No es más un profesor que nada enseña; un consejero sin formación para serlo, que hunde la caja de todos y huye; un presidente de alguna fundación que nada de provecho hiciere, si no fuere el salario que se hubiere fijado a sí mismo. Reúnen más valores quienes no perdieron ni un solo día de su vida sin hacer algo para su familia, para sí mismos y sus convecinos; los que todo lo hubieren aprendido en la universidad de la vida sin pasar ni por las públicas, ni menos por las privadas, reservadas, como en otros tiempos, para los ricos.

            Perdimos los “buenos días”, las buenas costumbres y hasta la mínima educación para desearlos. Nos hemos encastillados en nosotros mismos hasta el punto de convertir nuestra condición sociable en individualismos excluyentes. En la autocrítica de su obra de este mismo título, Antonio Gala afirma que “la verdad y el dolor, por crueles que sean, nunca nos asesinan. Nos asesinan los inventados sueños y el engaño. De ahí que acaben mal, cuando dejamos que se pierdan, los buenos días verdaderos”.

            Pasado el ecuador de la centuria, un colega preguntare al de al lado:

            --¿Qué se siente al cumplir los 50…?

            --Nada especial, si acaso haber perdido tantos días como me hicieron perder, muy a mi pesar; pero, qué importa eso cuando a todos nos miden por el mismo rasero y ganan más los que menos hacen, son bien vistos los tramposos y especuladores, y contribuyen más a la hacienda pública quienes menos tienen que los que más ganan a costa del sudor ajeno.

martes, 26 de junio de 2012

EL RETORNO A LA BENEFICENCIA

           La entrada en vigor del copago sanitario el próximo 1 de julio, incluidos los pensionistas, es el más impopular de todos los recortes efectuados hasta la fecha por el Gobierno de España para cumplir con los objetivos del déficit, porque ataca a los más débiles del sistema. No se trata tanto del copago, sino de una necesidad obligada para la Tercera Edad que, además, solo puede ser satisfecha en su Comunidad de origen, y no en ninguna otra de España.

            No solo es una más de las múltiples promesas incumplidas por Rajoy, aparte de la subida del IVA, que muy pronto llegará, sino que nos plantea un reduccionismo de la nación que el Estado de las Autonomías no solo ha sido capaz de superar y unificar, sino de multiplicar por diecisiete estados no confederados en una nación “única e indivisible”, como manda la Constitución, pero cada vez con más pérdida de soberanía a costa de las Comunidades, de la UE y de los mercados, asunto sobre el que ya advirtiera Ibarra hace años, aludiendo a la necesidad de una reforma del Estado que delimitara las competencias exclusivas de este y las propias de las Comunidades Autónomas.

            La tarjeta sanitaria única para el todo el territorio nacional no es un asunto baladí, que se anunciare como interoperable en todas las comunidades autónomas tras el primer Consejo Interterritorial de Sanidad celebrado el pasado 29 de febrero, en el que la ministra  de Sanidad, Ana Mato, anunció que se empezaría a emitir a finales de este año. Ya en 2003, la entonces ministra del ramo de Aznar, Ana Pastor, se propuso acabar con los problemas de compatibilidad entre los sistemas de identificación de pacientes y la digitalización de todos los usuarios, además de la cartera de servicios básicos, el calendario único de vacunación y una tarjeta sanitaria para todo el Sistema Nacional de Salud.

            En este, como en tantos otros casos, llegamos tarde, aunque algunas voces tan preclaras como la de Fernández Vara ya previera hace unos años el dislate que supone la necesidad de diecisiete tarjetas sanitarias, y otras tantas diferentes licencias de caza y pesca para operar en los distintos territorios.  Tuvo una iniciativa que no cuajó: una conferencia de presidentes sin el Presidente del Gobierno para ponerse de acuerdo en temas tan básicos como este, que llevara a dimitir al ministro de Justicia, Mariano Bermejo, en 2009, por cazar en una finca andaluza sin tener licencia para ello en la citada Comunidad, aunque las hubiere para su práctica en otras.

            En la situación actual, asfixiados por la crisis, nos encontramos con diecisiete carteras de servicios diferentes, que nos impiden ejercer el derecho constitucional de viajar por todo el territorio nacional libremente, porque, aun habiendo licencia para ello, con un DNI y un pasaporte únicos, no nos ofrecen dispensación farmacéutica gratuita en todo el territorio nacional, ni caza ni pesca como deporte, a no ser en restaurantes.

La descentralización política y administrativa del Estado de las Autonomías más bien parece que, en lugar de hacernos avanzar hacia mayores cotas de bienestar social, nos hace retroceder hacia los tiempos de la beneficencia. Los últimos recortes en sanidad, educación y asistencia a pensionistas –las líneas rojas que nadie deseaba traspasar-- han caído como podrán caer los enfermos que, sin puntos de atención continuada, no lleguen a tiempo a los hospitales.

El último arrebato a la palabra maldita salió de la Asamblea de Extremadura el pasado 29 de mayo, cuando la Mesa de la Cámara aprobó una bajada del salario de los diputados de un 5 por ciento y acordó destinar el ahorro a la beneficencia. Mientras un sindicato calificaba el gesto de “populista y mediático”, el Grupo Socialista matizaba que la beneficencia no es competencia de la Asamblea, mientras que sí lo es de la Junta de Extremadura realizar programas de política social. Lecturas distintas de un mismo tema que para nada les conmoviere a ellos, pero sí a los desheredados de la vida, como los pueblos sin PAC, solos con la paz de sus vidas.



sábado, 16 de junio de 2012

“EN LA ACERA DE ENFRENTE”

           El Juzgado de lo Social número 4 de Badajoz ha condenado al Ayuntamiento de Olivenza por la “modificación sustancial” de las condiciones de trabajo del ex director de una residencia de mayores y de una auxiliar administrativo, en funciones de secretaria adjunta al anterior, al vulnerar su derecho a la dignidad, al considerar el alcalde popular de la localidad que ambos “estaban en la acera de enfrente”, al ser reconocida por ellos mismos su afinidad al PSOE. En la sentencia, el juez ha condenado al consistorio, tras declarar extinguida la relación laboral, a abonar al primero con 66.219 euros y a la segunda con 17.120, además de 3.126 euros a cada uno por la vulneración del citado derecho a la dignidad.

Los cambios de gobierno, capitalizados en muchas ocasiones por personas no expertas en Derecho y en  gestión administrativa, suelen conllevar despidos por causas políticas, además de las consabidas afectas al personal eventual, interino o de confianza; pero nunca “por estar en la acera de enfrente”, que más bien pareciere una venganza política que una cuestión de escisión de la relación laboral.

            “Estar en la acera de enfrente” no ha sido siempre sinónimo de ser diferente a la mayoría, de pensar u opinar de forma distinta a los que no opinan igual que nosotros; a la calle que nos separa, delimitada por dos aceras que requiere decisión para unirlas, sin que por ello fuéremos condenados; a estar del lado opuesto a una opinión particular; al sentir que no se está en lugar de los hechos y que solo se fuere un espectador; o que la acera de enfrente es para los valientes y aguerridos soldados y militantes que sustentaren una ideología salvadora de la patria….

            “Estar en la acera de enfrente” significaba en el antiguo régimen ser maricón, vago o maleante, personas no reconocidas por los puristas del sistema. En la antigüedad, hombres y mujeres debían circular por lados opuestos a la calzada, como en las misas preconciliares al Vaticano II, en que las mujeres ocuparen la izquierda y los hombres,  la derecha de las dos bancadas del templo; o como en las piscinas de la Ciudad Deportiva de Cáceres, ahora clausuradas, en que varones y mujeres hubieren de ocuparlas separadamente por altos setos que evitasen miradas lascivas o libidinosas. Mujeres y hombres circulaban  por lados diferentes a la calzada y si alguien mostrare indicios de homosexualidad, eran invitados a cambiarse de acera para unirse al lado de las mujeres.

            Durante el franquismo, era costumbre que vagos y maleantes, rufianes, proxenetas y gays, se pasearan por los números pares de la Gran Vía, entonces avenida de José Antonio. De tal guisa que, conocedores de la costumbre, podían pasearse por la acera de los pares “si buscaban tema”; y si fueres hetero, caminabas por los impares, mirando con cierta envidia a los de la acera de enfrente. Resultare que el lado de los pares es ahora Chueca. ¿Quién se lo iba a decir a los hoy llamados gays? Siempre se dijo que a Lorca lo asesinaron “por rojo y maricón”, aunque el investigador malagueño Miguel Caballero, autor de “Las trece últimas horas en la vida de García Lorca”, lo atribuya a las rencillas familiares que enfrentaban a los Lorca con los Roldán y los Alba.

            La situación en los hemiciclos parlamentarios de las familias de diversas ideologías nace en tiempos de Luis XVI, en Francia, cuando se situaron a la derecha de la Presidencia de la Asamblea Nacional la nobleza y el clero, y a la izquierda, la burguesía y al pueblo llano. Las democracias occidentales mantienen hoy la situación de izquierda y derecha a la vista de la Presidencia de las Cámaras y, cuando hubiere cambio de gobierno, se limitan a cambiar el tapiz de los sillones del Gobierno para mantener en su sitio a rojos y azules, excepción hecha por el actual presidente de la Junta de Extremadura, que cambió el lugar consuetudinario por problemas de agenda, así como los nombres de las instituciones de la Comunidad que figuran en el Estatuto, por ellos aprobado.

            Las calles tienen dos aceras, la izquierda y la derecha, y los viandantes son libres de caminar por cualquiera de las dos, aunque a veces colisionen los derechos de quienes van por la suya y de quienes prefirieren la de sombra a la de sol. Por algo, un ayuntamiento regido por el PP, como el de Villagarcía de Arousa, aprobó en mayo pasado una ordenanza que prohibía a los peatones detenerse en grupos en las aceras o la restricción del uso de patines y bicicletas en plazas y calles peatonales. La derecha ha patrimonializado las calles y hasta las aceras. Fraga dijo que “la calle era suya” cuando en realidad quiso decir que él era el responsable de que nadie caminase por la acera no debida. Los ingleses han mantenido la tradición de que los vehículos a motor circulen por la izquierda porque por ese lado circulaban los carruajes, para evitar darles latigazos a los caballeros andantes de la derecha que por ellas caminaren hacia el Parlamento de Westminster en lugar de a los caballos. Al ex presidente de la Junta y actual secretario general del PSOE extremeño, Fernández Vara, le acusaron  en el hemiciclo de haber pertenecido a la organización juvenil de la derecha antes de militar en el PSOE. Tomó la palabra su maestro, Ibarra, y sentenció: “El Reino de los cielos está lleno de arrepentidos”, o, lo que es lo mismo, “arrepentidos los quiere el Señor”, o “de sabios es rectificar”. Cuando llegó a la Presidencia de la Junta, Vara no pidió carné del partido a algunos de sus colaboradores y se la jugaron; cuando Monago tomare posesión, el 7 de julio del pasado año, dijo, como maestro de ceremonias litúrgicas del Vaticano antes de un cónclave”: “Extra omnes” (fuera todos)… que no pertenezcan a mi cónclave… Vara se tragó, por no pedir el carné, a gente que trabajó para él y hoy lo hace para el PP. Monago echó a la calle a eventuales, interinos y “gente de mal vivir”… de la acera de enfrente, como el alcalde de Olivenza, lo que ha dado lugar a depresiones, pobreza y separaciones matrimoniales múltiples. Olvida el origen político de muchos de los suyos, que antes compartieron escaño en su sitio del hemiciclo y que fueron notables de hasta tres partidos diferentes, pero hubieren una sola fe y tres filiaciones distintas, como en el misterio de la Trinidad: el sillón parlamentario, que les diere más réditos que su profesión, si la hubieren, aunque a la hora final renegaren tanto de su credo político como religioso tras el “extra omnes” que también se les aplicare a otros del mismo redil, pero de la acera de enfrente…, como en el caso de Olivenza.