lunes, 29 de abril de 2013

EUFEMISMOS EN TIEMPOS DE CRISIS

           Define el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) como eufemismo la "manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura y malsonante"; o, dicho de otra manera,  la palabra o expresión con que se sustituye otra que se considera tabú o grosera. La crisis económica, empero, en que nos hallamos sumidos, ha devenido en una inagotable fuente de inspiración para rebuscados eufemismos que jamás hubiéremos imaginado.
 
              Aunque ya en su discurso de investidura, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se comprometió, entre otras muchas cosas, "a decir siempre la verdad, aunque duela" (véase Abc.es, del 21-12-2011), como el presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, a cortarse un dedo "antes de hacer recortes sociales" (véase Público.es, del 3-7-2011), lo cierto es que los eufemismos han pasado a constituirse, en boca de la clase política, en cinismo, que no otra cosa es "la desvergüenza en el mentir o la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables", o "doctrina de los cínicos" (véase Diccionario de la RAE). No es de extrañar, pues, que los sindicatos convoquen a la gente que malvive por sus promesas incumplidas a manifestarse el 1 de Mayo, Día Internacional del Trabajo, porque "No tienen límite. Lucha por tus derechos" (lema de UGT y CC OO), "Se lo quieren cargar todo" (lema en Cataluña), "¡Queda tanto por lo que luchar...!" (USO), "Por el reparto del trabajo y la riqueza. ¡Autogestión!" (CGT) y, en fin, porque "Nuestro problema es la obediencia", según la CNT. Y, así, llegará un día en que el 1 de Mayo dejará de ser fiesta porque no habrá trabajadores ni tajos donde "hincar el pico", ni sindicatos para defender a las clases trabajadoras, ni banderas para ondear al viento y reivindicar "trabajo, igualdad y derechos", porque en España habrá dejado de llamarse al pan, pan, y al vino, vino, como prometió Rajoy. Y porque la última Encuesta de Población Activa (EPA) ha dado la nota: 181.600 extremeños sin trabajo.
              Quedan muy lejanos los tiempos en que el antiguo régimen llamaba "productores" a los trabajadores en convenios y ordenanzas, por la connotación izquierdista de la palabra: o "hembra" a la mujer hasta en el DNI. Ahora, lo que mola es hablar de "movilidad exterior", o "fuga de cerebros", para referirse a la salida de los jóvenes del país (Fátima Báñez, ministra de Trabajo), o "impulso aventurero de la juventud" (Marina del Corral, secretaria general de Inmigración y Emigración). Eufemizan los políticos el "copago" en lugar del "repago", porque se pagaren dos veces los medicamentos, con los impuestos y en la farmacia, aunque al gerente del SES y a su secretario les dé igual, porque es como si oyeren llover en marzo pasado, porque ni devuelven el exceso ni emiten las tarjetas sanitarias. Al rescate bancario se le llama "línea de crédito", "préstamo en condiciones extremadamente favorables", "apoyo financiero", y "reforma estructural necesaria para rebajar el déficit público"... Los desahucios son "procedimientos de ejecución hipotecaria"; el banco malo, "vehículo de liquidación a largo plazo"; la recesión, "crecimiento negativo del PIB"; abaratar el despido es "flexibilizar el mercado laboral"; el finiquito a Bárcenas es "una retribución con pago en diferido" (Cospedal); la nacionalización de Bankia resulta ser una "titularidad indirecta del Estado"; y la amnistía fiscal a los ricos, "medidas excepcionales para incentivar la tributación de rentas no declaradas",  o "ley de regularización de activos ocultos"...
              ¿Quién dijo recortes? Son reformas, ajustes, medidas de reordenación... ¿Hubiere alguien que se atreviere a decir que estamos en crisis? No, hombre, no: a eso se le llama desaceleración económica, o tasa negativa de crecimiento económico. De subida de impuestos, ni hablar: eso es una modificación de la estructura impositiva (respecto al IVA) o recargo temporal de solidaridad (por el IRPF). El rescate bancario es, según De Guindos, "un préstamo en condiciones favorables para la banca".
              En su blog sobre "Lenguaje administrativo", Javier Badía escribe sobre "Eufemismos y crisis", o cómo el poder utiliza el lenguaje para enmascarar la realidad. Uno de los más agresivos en la actualidad es el "derecho a decidir", utilizado por los soberanistas catalanes que desean la independencia, que Patxi López ha rechazado al referirse también a la consulta propuesta por el gobierno vasco para avanzar hacia el autogobierno, y mostrarse en contra de la ambigüedad, la indefinición y el eufemismo con estas palabras: "La independencia rompe el país." (Véase web de rtve.es del 10-4-2013). "Nos están atacando, nos están ganando", un video que triunfa en la red, destacado hoy por el "Huffington Post": (http://www.huffingtonpost.es/2013/04/28/nos-estan-atacando-nos-es_n_3174772.html).  Nuestro problema es también el silencio, el desahucio de la palabra y, para combatirlo, "poesía contra los desahucios de la razón", como afirmara Caballero Bonald al recoger el premio Cervantes el pasado martes.

miércoles, 24 de abril de 2013

LA DESCAPITALIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO

 
           La LXXVII Asamblea General de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), celebrada recientemente en Granada, ha reivindicado la figura de los profesionales senior de más de 50 años, y con 30 de experiencia, "a quienes se está expulsando de las redacciones", y ha advertido de las graves consecuencias de esta descapitalización para el periodismo de calidad.  La madurez y la experiencia han sido siempre un plus añadido a los valores que encarnare una profesión que, como otra cualquiera, no la da el título, sino su ejercicio, en un continuo aprendizaje que une al conocimiento las tildes consustanciales a la  misma.
              Ya hace años, algunas grandes empresas españolas prejubilaban a sus trabajadores a los 52 años, en plena madurez creadora, con el único afán de obtener más beneficios, aun a costa del resto de los trabajadores españoles, ahorrándose dos años de salarios y Seguridad Social, tras enviarlos al paro, para volver a ella hasta la desvinculación definitiva, alcanzada la jubilación. Esa misma empresa, Teléfonica de España, pretendió hace años, en octubre de 2008, efectuar una eufemística "desvinculación anticipada" de 700 trabajadores, rebajando en cuatro años la cifra habitual de sus prejubilaciones, con las mismas condiciones que aquellos. Los sindicatos, como parte interesada, bendecían aquel alarde de injusticia que pretendía extender como norma, y no hacer excepción, de unas prejubilaciones a los 48 y 52 años, mientras que "un trabajador que está en el andamio tenga que estar trabajando hasta los 65", en palabras del entonces ministro de Trabajo, Celestino Corbacho.
 
              Cuando ni los jóvenes encuentran empleo y los mayores de 45 o 50, expulsados del mercado laboral, lo hallaren, entramos en una dicotomía inválida entre la experiencia no probada, por no adquirida, y la madurez reconocida, pero expulsada del paraíso del trabajo, que implica la descapitalización del conocimiento de un país, incapaz de hallar el término medio de la virtud: dar trabajo a los jóvenes y no perder la experiencia acumulada de los veteranos.
              Los politólogos acuñaron en la "guerra fría" el sintagma "la gerontocracia del Kremlin" para referirse a sus presidentes, dada su avanzada edad, desde Leonid Brézhnev (1964-1982), pasando por Yuri Andropov (1982-1984), Konstantin Chernenko (1984-1985), hasta la llegada del joven Mijail Gorvachov (1985-1991), con 54 años. La gerontocracia es la forma oligárquica de gobierno, en la que una institución o gobierno es dirigido por una pequeña cantidad de líderes, en las que los más ancianos mantienen el control. En Cuba, la cúpula dirigente del país raya los 80 años. El papa Pablo VI instituyó que los cardenales mayores de 80 años no pudieren votar en el Cónclave y, por tanto, no ser electos. Sin embargo, se considera que un papa como el actual, Francisco, con 76 años, ha sobrepasado la edad adecuada para dirigir la Iglesia, cifrada en los 60, en la que se acumulan todavía experiencia y vigor físico y espiritual, como requería el papa emérito Benedicto XVI, como para ejercer unos veinte años. Juan Pablo II fue elegido papa en 1978 con 58 años, el segundo más joven del siglo XX, y su pontificado duró 27 años y 11 meses, hasta el 2 de abril de 2005.
 
              Felipe González (Dos Hermanas, Sevilla, 1942) fue elegido presidente  con 39 años y ejerció catorce años como tal (1982-1996). José María Aznar (Madrid, 1948) fue presidente a los 43 años (1996-2004) y fue el primero en extrapolar a España la norma constitucional americana de dos mandatos de cuatro años como máximo, aunque dejó la puerta abierta "si España estuviera en peligro..."  En una de sus visitas a la Moncloa, el hoy presidente israelí, Shimon Peres (Wiszniewo, Polonia, hoy Vishneva, Bielorrusia, 1923), que hoy frisa los 90 años, conocedor del retiro anticipado de Aznar, le mostró su extrañeza ante tal circunstancia dada su juventud.
              Para no ser menos, Extremadura fija en ocho años el mandato del presidente de la Junta, según el anteproyecto de ley del Estatuto de Cargos Públicos, ahora a estudio en el Consejo Consultivo, dado a conocer el pasado mes. Juan Carlos Rodríguez Ibarra (Mérida, 1948) fue presidente de la Junta de Extremadura con 35 años y estuvo 24 años en el poder (1983-2007), en que dio paso a su sucesor, Guillermo Fernández Vara (Olivenza, 1958), presidente entre 2007-2011, que accedió al cargo con 48 años, mientras que el actual, José Antonio Monago (Quintana de la Serena, 1966) desde el 7 de julio de 2011, asumió el cargo con 45 años.
 
              Ni la edad, ni la unificación de jurisprudencia de los cargos públicos ni su régimen disciplinario y sancionador, hacen al buen político. El político nace y después se hace. Cuando los partidos políticos de una democracia asentada, como Italia, que ha sido capaz de gobernarse con un pentapartito, se ven ahora incapaces para formar un gobierno de coalición, y han de pedir a su anciano presidente de 87 años, Giorgio Napolitano (Nápoles, 1925), que el 10 de mayo cumpliría su segundo mandato de siete años, un tercero, a qué hablar de edad a nuestra conveniencia, de limitación de mandatos..., cuando nuestros diputados juran o prometen la Constitución saltándose a la torera la fórmula reglamentaria, con la anuencia del presidente de la Mesa de Edad, que les otorgare su condición de diputados. Y miren por dónde: la Constitución italiana sí exige una edad mínima para ser presidente de la República: 50 años. Aquí, ninguno hubiera pasado el corte, excepto Calvo Sotelo, presidente a los 55. Pero, en fin, si todo es por quitarle la casa a los ex presidentes, que ellos pactaron, y ahora por salvar el pellejo del bipartito..., pues vale.

viernes, 19 de abril de 2013

DONDE LA ESPERANZA CULMINA...

           Donde la justicia social del Estado de Derecho acaba, principia la caridad cristiana. ¡Ay si no existiere la caridad, perdida toda esperanza...! Cada día más españoles pierden su esperanza y no hallaren otra fe sino la caridad que les diere de comer. "El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor, pero el que se apiada del necesitado le honra." (Proverbios, 14:31). Ha reconocido el maestro de la Salud y de la Política Social de la Junta de Extremadura, Hernández Carrón, el penúltimo eslabón para la inserción, antes que la renta básica, último eslabón --afirma-- para aquella. Solo que Caritas existiere antes que la caridad del consejero; pues si no hubiere existido, ¿a qué la renta básica? "Primum vivere, deinde philosophari" (primero vivir, después filosofar). En roman paladino: primero, la obligación; después, la devoción. Y ha comprendido las palabras del evangelio: "En verdad os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de los más pequeños de estos, tampoco a mí lo hicisteis." (Mt. 25:45). Frase proverbial española, "la esperanza es lo último que se pierde", o aferrarse al deseo que se espera ver cumplido. "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré." (Mt, 11, 25:30). A dónde ir, Señor; qué camino toman los pobres que no hubieren que comer ni ropas que vestir sino Cáritas, la caridad que se entrega por amor al prójimo, sin nada a cambio. 
 
           Más parlamentario que político, más vocero que cumplidor de lo que predicare y no cumpliere, Carrón se ha rendido a una evidencia: la cadena de Cáritas, que no se abre y se cierra en las políticas de su Consejería, sino que existiere antes que su hacedor, y ha entregado a las tres Cáritas extremeñas 650.000 euros para que sigan ayudando "a las cada vez más personas sin hogar de la región". (Véase el digital de El Periódico Extremadura del 18-4-2013).
 
              Dominaba un Carrón, antes portavoz que gestor de la Salud, el hemiciclo, con su voz torrentera, la portentosa figura que dominare el escenario y que levantare los fáciles aplausos de los suyos. Parlamentario más que político, el maestro persigue la convicción a través de la retórica; pero olvida que la convicción no está en el escenario vedado a los necesitados --como lamentablemente resolviere días pasados su presidente, después converso--, que no fueren escuchados ni hubieren su portentosa voz. Ahora, en la gestión política, no vale la oratoria, sino la política de los hechos, y se aviene a reconocer, fuera del hemiciclo, lo que en los despachos pareciere negarse: el tributo al César ("dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", Mc, 12:17). Carrón niega a los pensionistas lo que fuere de ellos y a su César, lo que él le pidiere... Confunde la derecha la caridad con la justicia social y pretende cerrar con una ley de mínimos lo que ya abriere Cristo hace dos mil años: "Porque cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido." (Mt. 5, 17-19).
 
              Es vanidoso el político orador en la tribuna; fuera de ella, se retrae, pierde la voz, sumido en mil y un problemas que no resuelve la retórica. No se da la talla por la estatura, sino por la altura de miras, por los hechos, no por las palabras. Todo lo que hiciere fuere poco en la región más pobre. Y aun así, los gestores de Cáritas, agradecidos, le ruegan más generosidad, "cuando tenga posibilidades, porque cada euro irá donde tenga que ir". (Íbid.) Ha perdido la tribuna el maestro. Solo le falta aprender la praxis de la política: la justicia antes que la caridad; la igualdad antes que las diferencias que ahondan la separación de clases sociales; la justa distribución de la riqueza, antes que la palabra encendida y vacua; el exacto lugar de la justicia social previo a la caridad; la fe recobrada antes que la esperanza perdida por quienes no vieren en el horizonte otro credo político y religioso que la necesidad humana...; como la política, el arte de lo posible, empezando por los de abajo, nunca por los de arriba, que ya lo hubieren todo y nada precisaren... y para volver a cantar un día con Labordeta el "Canto a la libertad".