miércoles, 31 de mayo de 2017

GREGORIO MONTERO, EL CABRERO ANALFABETO QUE LLEGÓ A DR. INGENIERO DE MONTES



           La Sociedad Española de Ciencias Forestales, en reconocimiento a uno de sus profesionales más importantes, que la presidiere entre 2005 y 2013, ha colgado en la página web del Ayuntamiento de Cabezabellosa (Cáceres) una petición para que se le otorgue la Medalla de Extremadura a uno de sus más ilustres hijos, Gregorio Montero, doctor ingeniero de Montes, que acaba de jubilarse a los 70 años .[1]

            Cabezabellosa es un municipio de la provincia de Cáceres, situado en la Trasierra, entre los valles del Jerte y el Ambroz, al norte de Plasencia, perteneciente a la comarca de Tierras de Granadilla. Censaba en 2016, según el INE, 364 habitantes. Es un pueblo regido por una alcaldesa, María Ángeles Talaván (PSOE), que lograre mayoría absoluta en las últimas elecciones municipales. Nada que añadir a la sensibilidad del equipo de las cuatro mujeres que gobierna el municipio que, junto a los tres de la oposición popular, han colocado este facebook en su web para solicitar la adhesión a la petición para uno de sus hijos más ilustres. El municipio tiene por gentilicio el de bellosos: cabeza por el cerro en el que se hallare, y belloso, porque sus vecinos habrían de ir a Cáparra, muy de tarde en tarde, para cortarse el pelo, al carecer de barbero. Cuando les veían llegar, su paisanos decían: "Ahí vienen los bellosos..." Cabezabellosa quedó para siempre como "el cerro de los bellosos".

            Gregorio Montero nació en el pueblo de los bellosos en el seno de una familia de cabreros, que vivía gran parte del año en un chozo del monte, alejada del pueblo y de su escuela. A los 14 años, sin saber leer ni escribir, comenzó a trabajar de peón forestal. El bosque y la naturaleza extremeñas fueron el único escenario de su infancia y adolescencia. Como tantos españoles de su época, no aprendería a escribir hasta la realización del servicio militar. Después, en clases nocturnas, lograría en su pueblo el certificado de estudios primarios. Su inquietud le guía para llegar a ser capataz forestal en 1968 en la escuela de Lourizán (Pontevedra). En 1971 comienza los estudios de Ingeniería Técnica Forestal en la Universidad Politécnica de Madrid, que compagina con su trabajo de capataz. Termina en 1975 con el número 1 de su promoción. En 1982 concluye la carrera de ingeniero de Montes en la misma Universidad, y obtiene el grado de doctor en 1987.

            Su trayectoria profesional sube escalones hasta su jubilación en paralelo a su formación académica . Desarrolla su actividad investigadora en el Centro de Investigación Forestal (CIFOR), del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA). Hasta 1975 trabaja como personal de apoyo a la investigación y desarrolla una actividad técnica en el ámbito de la silvopascicultura hasta 1983, en que continúa con el estudio de la selvicultura y producción de los alcornocales. Su tesis doctoral, "Modelos para cuantificar la producción de corcho en alcornocales en función de la calidad de estación y de los tratamientos selvícolas", marcaría un hito en la subericultura, reconocido por los especialistas. En 1983 se hace cargo del Grupo de Investigación en Selvicultura y Ordenación Forestal. En los años 90 pone en marcha la línea de investigación de Modelización Forestal, que le hacen ser precursor de este tipo de estudios en España. Entre 1995 y 2000 incorpora la fijación de carbono por las especies forestales arbóreas. Su actividad en la defensa de las peculiaridades de la selvicultura mediterránea fue reconocida y puesta de relieve en sus múltiples colaboraciones con centros de investigación y universidades de California, Portugal, Grecia e Italia. Uno de sus principales logros ha sido la creación y mantenimiento de la red SEGeForS (Sitios de Ensayo de Gestión Forestal Sostenible), que constituye la mayor infraestructura científico-experimental con que cuenta hoy la investigación forestal. Sus últimos años de investigación los centró en dos líneas de trabajo: la acumulación de carbono en los matorrales españoles y la valoración de la renta y capital de los montes andaluces.

            Aparte de su intensa labor como director de tesis doctorales --dirigió diecisiete, --entre ellas "Variación de la producción de corcho en cantidad y calidad en la Comunidad de Extremadura", presentada en la Politécnica de Madrid en 2004 por el doctorando J. A. González Montero--, ha desarrollado una importante actividad docente, colaborando asiduamente en los programas de doctorado de la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de la Universidad de Valladolid y de la Escuela de Montes de la Politécnica de Madrid. Dirigió, además, la revista técnica "Montes", de los colegios de Ingenieros de Montes e Ingenieros Técnicos Forestales. En 1998 fue editor de la revista "Sistemas y recursos forestales", editada por el INIA. Entre 2002 y 2006 presidió la Asociación de Profesionales Forestales de España. En sus cuatro años como subdirector de Investigación y Tecnología del INIA (2004-2008) fomentó la apertura de este organismo promoviendo la creación de unidades y centros mixtos con otros organismos y universidades, fruto de lo cual fue la creación del Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas, la del Centro de Competencia en Gestión y Productor Forestales, el Instituto Universitario de Gestión Forestal Sostenible, y otros centros mixtos sobre sanidad animal.
          Ha sido académico correspondiente de la Academia Italiana di Science Forestali, y miembro de la Sociedades Portuguesa de Ciências Florestais, de la Sociedad Española de Ecología Terrestre, miembro fundador de la Sociedad Española de Ciencias Forestales y del Consejo Científico para temas agroforestales de la Asociación AGROFUTURO, además de presidente de la Asociación de Forestales de España. ... Como un día tituló un reportaje sobre su vida y obra un periódico nacional, "De cabrero a doctor ingeniero" .[2]
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[1]  Vid.: http://medallagregoriomontero.es. Una vida dedicada al bosque. (htppa:// es. e-es. facebook.com. Ayuntamiento de Cabezabellosa).

 


[2]  Vid.: elpais.com., de 23/03/2005.



sábado, 27 de mayo de 2017

INSCRIPCIONES LATINAS DE CAURIUM Y SU ÁREA DE INFLUENCIA


           El profesor de Historia Antigua de la Universidad de Extremadura Julio Esteban Ortega [i] ha sacado recientemente a la luz el cuarto tomo de su "Corpus de inscripciones latinas de Cáceres" [ii], su obra más destacada, que consta de cinco volúmenes.
            El autor señala en su Introducción que "de la historia de la indígena Cauria y la romana Caurium, lo desconocemos prácticamente todo". Cita al geógrafo griego  Claudio Ptolomeo, en su nomenclator de ciudades de Hispania, quien la nombra como Caurion; y a Plinio, quien en su descripción de las ciudades de Lusitania, la cita como uno de los 36 oppida stipendiaria (lugares elevados, colina o meseta, cuyas defensas naturales se han visto reforzadas por la intervención del hombre) con que contaba la provincia y afirma que no todos los oppida stipendiaria mencionados por Plinio accedieron al estatuto de privilegio, como ocurriere con Caurium, "sobre la que no hay constancia cierta de su promoción estatutaria en época Flavia, cuando lo hicieron otras comunidades cercanas como Capera, Augustobriga o Civitas Igaeditanorum" (Cáparra; antigua Talavera la Vieja, en la calzada romana desde Emerita Augusta hasta Caesarobriga  (Talavera de la Reina); y Egitania en tiempos de los Flavio, actual Idanha-a-Velha, en Portugal). El autor subraya que en las tres ciudades citadas hay testimonios arqueológicos de sus edificios públicos: templos, foros, anfiteatros..., además de referencias epigráficas, que no se encuentran en Caurium, donde no hay ningún tipo de restos monumentales de época romana, salvo sus murallas bajo imperiales. De otro lado, anota que la epigrafía ha aportado testimonios de la promoción de la ciudad. Y, lo que es muy significativo, --añade-- la onomástica y la teonimia (nombres indígenas de divinidades de la Península Ibérica, tanto en inscripciones latinas como paleohispánicas) son abrumadoramente indígenas si las comparamos con las demás ciudades citadas.
            El profesor Esteban Ortega sostiene que, de la información suministrada por las fuentes literarias, arqueológicas y epigráficas, se deduce que Caurium pudo surgir a partir de un centro indígena (posiblemente, la Cauria lusitana) que, por su posición estratégica en el Valle del Alagón, se convierte en polo de atracción de comunidades vecinas que parecían resistirse al proceso de romanización. El autor arguye que la entidad del poblamiento en la época alto imperial no parece que fuere lo suficientemente importante como para promocionarse en época Flavia, "y será a partir del siglo III y IV cuando se rodee de una impresionante muralla y la ciudad adquiera  la importancia que estaba llamada a desempeñar en las últimas etapas del Imperio y la Alta Edad Media, convirtiéndose en sede episcopal al menos desde el 598, cuando el obispo de Coria Jacinto asiste al III Concilio de Toledo", con doce más de la Lusitania, entre ellos el cauriense Donato.
            Para el autor, la situación geográfica de Caurium la aleja de las grandes arterias de comunicación que vertebran Hispania, como la Vía de la Plata, que atravesaba de norte a sur las tierras extremeñas. De otro lado, los estudios arqueológicos, lingüísticos y epigráficos más recientes señalan la inclusión de estos territorios en el área de influencia de los lusitanos. Se trata de la zona fronteriza más occidental de la Lusitania prerromana en contacto con el pueblo vetón, indica el autor, por lo que su condición de frontera y las afinidades culturales más ancestrales, dificultan la diferenciación del ámbito territorial de ambos pueblos, que se pone de manifiesto con los procesos de etnogénesis de la Edad del Hierro. Añade el profesor Esteban Ortega que "la celtiberización de ambas Mesetas y el suroeste peninsular fue poco a poco transformando las estructuras sociales, la cultura y las costumbres de los pueblos sobre los que ejercen presión, que habían permanecido inmutables a lo largo de los dos últimos milenios, diferencias que son claramente perceptibles entre lusitanos y vettones en la zona de Caurium en la que, frente a una onomástica más romanizada en la vettona Capera, la lusitana Caurium  es eminentemente indígena".
            Siguiendo a Esteban Ortega, la Cauria lusitana sería el principal asentamiento indígena de la zona, situada en una de las elevaciones que asoma al río Alagón, aunque "no estamos en condiciones  de asegurar que fuera el mismo emplazamiento que ocupó la romana Caurium y la actual Coria". El recinto amurallado que encierra el casco antiguo de la ciudad de Coria constituye una balconada que se asoma al río Alagón y desde donde se divisa el valle, por lo que "es muy posible, según el autor, que fuera el solar de la antigua Cauria, aunque no deja de ser una simple conjetura, pues la arqueología, por el momento, no ha podido confirmar niveles de ocupación correspondiente a la II Edad del Hierro. Tras la conquista romana, el pueblo de los caurienses fue abandonando sus antiguos castros para ir acercándose a los centros urbanos que se iban conformando, quizás el castro más importante, Cauria, por su ubicación y emplazamiento fuera elegido por Roma para convertirse en cabeza y principal centro romanizador de esta zona de Lusitania".
            El catálogo epigráfico estudiado en este volumen incluye, además de Coria, los siguientes municipios: Calzadilla, Cañaveral, Casas de Millán, Casillas de Coria, Ceclavín, Cilleros, Galisteo, Guijo de Galisteo, Holguera, Hoyos, Montehermoso, Moraleja, Pedroso de Acim, Perales del Puerto, Pozuelo de Zarzón, Riolobos, Robledillo de Gata, San Martín de Trevejo, Torre de Don Miguel, Torrecilla de los Ángeles, Valverde del Fresno, Villamiel, Villanueva de la Sierra, Villasbuenas de Gata y Zarza la Mayor. La obra, incluye, además, los índices epigráficos, una amplia bibliografía consultada y las abreviaturas bibliográficas y publicaciones periódicas, y un amplio conjunto de láminas de las inscripciones latinas estudiadas.

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[i] Julio Esteban Ortega es profesor de Historia Antigua del Departamento de Ciencias de la Antigüedad de la Universidad de Extremadura, institución en la que ha desarrollado una dilatada carrera en los últimos treinta años. Durante este tiempo, ha impartido docencia en las licenciaturas de Historia, Humanidades y Filología Clásica, programas de doctorado y posgrado y Máster de Iniciación a la Investigación en Estudios Cásicos. Actualmente es profesor en este último y en los grados de Historia y Patrimonio Histórico, Filología Clásica y Posgrado. Ha dirigido  numerosas campañas de excavaciones arqueológicas en poblados de la II Edad del Hierro, así como prospecciones arqueológicas en yacimientos de época romana y visigoda. Ha publicado once libros sobre historia antigua de la Lusitania, epigrafía romana y época prerromana, así como de divulgación histórica, y casi un centenar de artículos en congresos y revistas científicas nacionales e internacionales. Su obra más destacada es la elaboración del "Corpus de inscripciones latinas de la provincia de Cáceres", en cinco volúmenes, de los cuales el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura ha editado hasta la fecha cuatro: los correspondientes a Norba (Cáceres, 2007, ISBN 978-48-7723-718-1), Turgalium (Cáceres, 2012, ISBN 978-84-7723-933-8), Capera (Cáceres, 2013, ISBN 978-84-7723-186-8), y el que nos ocupa.

 


[ii]  Vid.: Corpus de inscripciones latinas de Cáceres. IV. Caurium, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, Cáceres, 2016, ISBN 978-84-7723-985-5.


domingo, 21 de mayo de 2017

GARCÍA CARRASCO, UNA AVENTURA EMPRESARIAL Y POLÍTICA DE EXTREMADURA

 
            Juan José García Carrasco Gómez Benítez (Cáceres, 15/07/1799-16/08/1851) ha pasado a la historia como un hacendista y político español que, a pesar de su atesorada riqueza y de sus cargos políticos en la capital del Reino, terminó su vida arruinado. Era hijo de José  García Carrasco (1763-1825) y María Catalina Rizis Gómez Merino del Pozo (1773-?) [1]. Su padre, natural de Montenegro de Cameros (Soria), se instaló a temprana edad en Cáceres, gracias a la trashumancia, y a la acogida que en la ciudad le brindaron Vicente Marrón, ganadero soriano con casa en Cáceres, y a la protección que le prestó la marquesa de Camarena la Real, Cayetana de Ovando y Ulloa, gracias a cuya ayuda se abrió paso como tratante de lanas hasta convertirse, a principios del XIX, en el principal exponente de la burguesía comercial extremeña.
            García Carrasco estudió en el Colegio de Nobles de Vergara, y cursaría después Ciencias Exactas, doctorándose en Londres, a donde su padre le envió a estudiar, junto a su hermano Rufino (Cáceres, 1803) siguiendo la costumbre de los adinerados de la época, con estancias posteriores en Francia, y Holanda, entre otros países [2]. Su nombre aparece ligado desde temprana edad al liberalismo. Fue miembro de la Sociedad Patriótica de Cáceres desde el 28 de junio de 1820 y ejerció su secretaría desde el 5 de septiembre del mismo año. Su padre falleció el 16 de noviembre de 1825 y, al realizarse el inventario previo antes de la ejecución de su testamento en la primavera siguiente, él se hallaba ausente. A su regreso, se puso al frente de las empresas de su padre, con el nombre comercial de "Don José Carrasco e hijos". Junto a su hermano y el marido de su hermana Teresa, Juan Donoso Cortés (Valle de la Serena, Badajoz, 1809-París, 1853) --quien pronunciare en 1839 el discurso inaugural del Instituto General y Técnico de Cáceres (actual El Brocense)-- se instaló en Madrid en los últimos tiempos del reinado de Fernando VII y entabló conexiones políticas con la reina María Cristina, a quien prestó su apoyo en el conflicto sucesorio que dio lugar a las guerras carlistas. Fue vocal de la Junta de Comercio de Madrid y apoyó a Cea Bermúdez (Málaga, 1779-París, 1850) en la fase moderada de Fernando VII.
            Fue elegido diputado por Badajoz en 1837 y senador en 1840, ocupando el cargo de secretario de la Cámara Alta en 1841, donde permaneció hasta 1845. Elegido senador vitalicio en 1845 hasta 1851, en que falleció en Cáceres [3]. El 10 de diciembre de 1840 fue nombrado ministro de Hacienda en el gobierno de Narváez, sustituyendo a Mateo Miguel Ayllón, tras una semana en la que actuó como ministro interino José Díaz Serralde, cartera en la que continuó con el siguiente jefe del Ejecutivo, González Bravo, en un periodo en el que se produjeron varios escándalos financieros, que llevaron a abandonar el gobierno al último ministro citado y a él como ministro el 3 de mayo de 1844.
            De García Carrasco se ha dicho que, más que un hacendista, era un arribista que era incapaz de sacar a la nación de su postración. Sin embargo, fue el creador de la Comisión de Hacendistas, cuyos trabajos culminaron con la reforma tributaria de 1845 protagonizada por Alejandro Mon (Oviedo,1801-1882), que fuere ministro de Hacienda en varios periodos. Promovió la fundación del Banco de Isabel II, que se fusionó después con el Banco de San Fernando. La reina Isabel II le concedió la merced de título de Castilla, con la denominación de conde de Santa Olalla. [4]
            El profesor Sánchez Marroyo, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Extremadura, ha estudiado "la peripecia vital" del I Conde de Santa Olalla y su familia [5] que, al morir su padre, en 1825, "alcanzaron un notable protagonismo en la vida social de la época, los varones por sí mismos y las mujeres por su matrimonio". Señala el autor que, con la vuelta de los liberales al poder, en 1820, y con el apoyo económico de su padre, "se convirtió en uno de los más destacados dirigentes del liberalismo en Cáceres. En 1843, tras la caída de Espartero, que abandonó la Regencia y España, comenzaba la mayor época de relevancia pública de Juan José García Carrasco. La Década Moderada vería el imparable ascenso, pero también la aparatosa caída, de la figura central de aquel poderoso clan familiar".  La especulación bursátil, las contratas militares y los negocios mineros, sustituyeron, según el autor, el negocio de las ovejas merinas. Tras abandonar el Ministerio de Hacienda, intensificó su actividad financiera con negocios mineros e incluso ferroviarios. "Desafortunadas jugadas especulativas le llevaron a la catástrofe, señala Marroyo, quien afirma que, "a fin de cuentas fue el cacereño de mayor proyección en la historia nacional, víctima de su buena fe y de la fidelidad a María Cristina." "El origen inmediato de la quiebra estuvo en la incapacidad de Juan José García Carrasco de devolver varios préstamos que había solicitado al Banco de San Fernando a partir de 1847... Tras su muerte, los testamentarios debieron hacer frente, en un momento en el que se había perdido la mayoría de los activos financieros, a la reclamación de una deuda de 12 millones de reales, cantidad impresionante para la época, que arruinó definitivamente a la familia... "Duro final para una de las aventuras empresariales y políticas más intensas de Extremadura", concluye el profesor Marroyo.

[1]  Vid.: Ministros de Economía y Hacienda de España (de 1700 a 2005). Tres siglos de historia. Ministerio de Economía y Hacienda, ISBN: 84-85482-82-4, Madrid, 2005, págs. 174.
 
[2] Vid.: Wikipedia, org./wiki/ Juan.
[3] Vid.: El Senado entre 1834-1923. Senadores. en www.senado.es.
 
[4] Vid.: Gaceta de Madrid núm. 3489, de 3 de abril de 1844.
 
[5]  Sánchez Marroyo, Fernando: Estructura político-institucional de Extremadura (1808-1874), en Revista de Estudios Extremeños, LXIX, I,  ISBN: 0210.2854, págs. 184-190.