sábado, 30 de junio de 2018

TERESITA ZAZÁ, LA CUPLETISTA PLACENTINA QUE HIZO CARRERA EN ARGENTINA



           Teresa Juliana Lucía Maraval Torres (Plasencia, 06/06/1893-Barcelona, 23/01/1980) fue una famosa tonadillera, cupletista y actriz, conocida artísticamente por el seudónimo de Teresita Zazá, que inició su carrera en 1910 y la concluyó en 1929 con la película "La del Soto del Parral", con José Nieto y Carranque de los Ríos en los principales papeles,  y que desarrolló su carrera artística principalmente en Argentina.
            Era hija de Francisco Maraval, natural de Perpinán (Francia) y contador de ferrocarril, e Inocencia Torres, natural de Plasencia, en cuya parroquia de San Martín fue bautizada.[1]  Tuvo dos hermanos: Gastón y Luciano. Recibió clases de canto de su prima María Torres, hija del famoso notario de la ciudad, don Pío Torres. [2]
            Teresita Zazá inició su carrera artística a los 19 años. El madrileño Trianon Palace, considerado como la catedral del género cupletista, en la calle Alcalá, conoció sus primeros carteles artísticos de varietés.
            En 1915 se traslada a Argentina, donde desarrolla la etapa más importante de su carrera. En 1917 formó parte del espectáculo en honor de Manolita Rosales, quien se despedía de la ciudad, junto al dúo Carlos Gardel y José Razzano y las tonadilleras Emilia Benito y Antonia Costa. En 1922 trabajó en Buenos Aires en un programa cinematográfico bajo la dirección del maestro Carlos Macchiavelli, junto a tres artistas debutantes; "Nati, la bilbaína" (famosa bailarina española) y Mario Pardo, cantor nacional. Durante su larga estancia en Argentina (1915-1923) realizó varias funciones en el Teatro Esmeralda (hoy Teatro Maipo), en las que tuvo como pianista al español Luis Martínez Serrano. Asimismo, hizo impresionantes temporadas con el transformista italiano Leopoldo Frégoli, el cantante Carlos Gardel y la bailarina gallega Carolina "La bella Otero", entre otros.[3]
            Entre sus éxitos más destacados está la Hora del té, en 1913, tango al estilo argentino de Álvaro Retama y Ricardo Yust, que presentó en el Teatro Español de Santa Rosa y en el Teatro Florida del Pasaje Guemes en Buenos Aires. Teresita Zazá fue una de las primeras en usar el término "Alirón" en una canción para celebrar las victorias del Athletic Club. "Está documentado el hecho de que una cupletista de principios del siglo XX, Teresita Zazá, incluyó la palabra en una canción en la que se festejaban los primeros triunfos del Athletic." [4] El 10/05/1914, los leones se habían proclamado campeones de España al derrotar por 2-1, en Irún, al F. C. España de Barcelona. En el viejo salón Vizcaya, catedral de las varietés, un forofo local corrigió a la artista sustituyendo el postrer "pon, pon, pon" por la expresión "El Athletic, campeón". La cupletista cantaba: "Y las niñas ya no entregan/ a su galán su corazón/ si no saben enamorarlas/ entonando el alirón." Los asistentes abandonaron el local al grito de "¡Alirón, alirón, el Athletic campeón".[5]
            En 1927 dio por finalizada su estancia en Buenos Aires para iniciar una gira artística en Lima, Panamá, La Habana y Ciudad de México. En 1927 reaparece en el Principal Palacio (Barcelona) y posteriormente actúa en los teatros Romea y Maravillas de Madrid, donde da por finalizada su carrera como cantante el 22 de mayo, fijando su residencia en Madrid.
           Falleció de causas naturales durante una estancia en Barcelona el 23 de enero de 1980, a los 86 años, sobreviviéndole sus nietos Daniel y Teresa.[6]



[2] Ob. cit.
 
[3] González Rodríguez, Juan Pablo: Historia social de la música popular en Chile, 1890-1950, Ediciones Universidad Católica de Chile, Buenos Aires, pág. 139.
 
[4] Vid.: Siguero, Santiago: `Viaje a los orígenes del alirón´, en el diario Marca de 01/05/12. (http://www.marca.com/2012/05/01/futbol/1335870307.html).
 
[5] Vid.: Blog La Voz de Plasencia.
 
[6] Vid.: Wikipedia.
 

martes, 26 de junio de 2018

"EL VIAJERO DE DIOS"


           Severiano Rosado Dávila (Guijo de Galisteo, Cáceres, 1929; Cáceres, 24/06/2018) , inhumado ayer en la parroquia cacereña de San José que levantare y de la que fue párroco durante cincuenta años, fue algo más que un sacerdote entregado a su rebaño. Don Severiano  --como era conocido popularmente-- fue también reconocido como "el viajero de Dios", que primero buscare llevar a sus feligreses a los centros de espiritualidad, como Fátima y Lourdes, y más tarde se expandiere a otros mundos para que viesen las maravillas creadas por Dios para que pudiesen disfrutar de ellas. Siempre lo decía en sus viajes, como cuando en 1963, durante unos ejercicios espirituales que ofreciere, siendo un joven cura de aldea, advirtiere sobre el descubrimiento de las Cuevas del Águila, situadas al sur de la provincia de Ávila, en pleno Valle del Tiétar, a pocos kilómetros del sepulcro de San Pedro de Alcántara, como "otra maravilla de Dios", escondida durante tres millones de años. Y como sabio pastor de almas, su preocupación le condujo a levantar centros de enseñanza y después, residencias para la tercera edad.
            Nunca tuvo tiempo para sí mismo y siempre para los demás. Tras iniciar sus estudios en el Seminario de Coria, a los 10 años, don Severiano cursó los estudios de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y los de Ciencias Sociales en el Instituto León XIII de Madrid [1], creado por el cardenal Herrera Oria y dependiente de la citada universidad. Más tarde, compatibilizó su tarea pastoral en su parroquia, los viajes y la construcción de centros, con los estudios de la licenciatura en Historia por la Universidad de Extremadura, en el campus de Cáceres, a cuya primera promoción (1971-1976) perteneció.
            En 2011, regía una parroquia que agrupaba a 10.000 feligreses, además de contar con dos templos, una capilla y dos residencias de ancianos [2] Ordenado sacerdote en 1952, el obispo le asignó la creación en Cáceres de la parroquia de San José, aun antes de ser construida, que fundare en 1959, aunque el templo actual es de 1967. El 23/12/1958 fue nombrado párroco quien antes regentare como ecónomo la iglesia de Casares de Las Hurdes, y tomó posesión el 07/02/1959 en la capilla del colegio de San José. El 11/04/1964, el nuncio de Su Santidad, monseñor Riveri, colocó la primera piedra simbólica del edificio. El 06/01/1969 se bendice el nuevo templo. En 1970 se inauguran las capillas del Santísimo y de Confesiones. En 1971 se adquieren los locales para el Colegio Nazaret, en el Polígono de La Madrila. El mismo año se habilita la casa parroquial junto al templo. En noviembre de 1971 abre sus puertas el Colegio Nazaret con tres aulas para jardín de infancia. El 01/04/1973 se colocan las vidrieras, se ejecuta el baptisterio y se rematan los detalles interiores del templo, que se inaugura el 24/06/1973. En la ejecución de la obra estuvieron los coadjutores Felipe Fernández Peña, José Luis Caldera González y José Calero González, junto al párroco, además del arquitecto del proyecto, Vicente Candela, y el director de obra, Manuel García Creus, el aparejador, Manuel Herrero, y el escultor José Luis Sánchez.  Las vidrieras fueron obra de Juan José Narbón y la Unión de Artistas Vidrieros. El 01/10/1973 se amplía el Colegio Nazaret hasta completar la primera etapa de EGB, que se amplía hasta la segunda etapa en 1976, con una capacidad para 500 alumnos.
            En 1965 se inauguró el Centro Parroquial "Las Acacias", detrás de la avenida de Virgen de Guadalupe. El 8 de octubre de 1969 se inaugura la residencia Nuestra Señora del Rosario. El 10/06/1996 inaugura un centro de atención pastoral para dar asistencia a La Sierrilla, El Arco y el R-66. En 1996 se abre la residencia Nuestra Señora del Rosario y, al año siguiente, con motivo de la festividad de la advocación de la Virgen, el obispo Ciriaco Benavente bendice el edificio.[3]
            Don Severiano fue nombrado hijo adoptivo de Cáceres el 20 de junio de 2012 "por sus méritos personales en los cincuenta años que lleva viviendo en la ciudad, durante los que ha sido responsable de la parroquia de San José, promotor del Colegio Nazaret en La Madrilla en 1971 y de la residencia de la tercera edad de La Zambomba en 1989", además de haber organizado "excursiones por todo el mundo para personas con escasos recursos económicos, facilitando a los cacereños visitas para conocer otros países y otras culturas", según recogía el acta de nombramiento.[4]
            Tuve la oportunidad de viajar con don Severiano a Roma a la beatificación del beato Marcelo Spinola (1835-1906) por el entonces papa Juan Pablo II --que tiene  parroquia a su nombre en Cáceres en la barriada de El Vivero--,  que fuere a finales del siglo XIX obispo de Coria (1884-1886), más tarde de Málaga (1886-1895) y posteriormente arzobispo de Sevilla (1895-1906) y elegido cardenal de la Iglesia por el papa Pío XI en diciembre de 1905; pero, debido a su avanzada edad, no pudo ir a Roma a recibir el birrete cardenalicio, que le impuso el rey Alfonso XIII el 31 de diciembre de 1905.  Aquel día --29/03/1987-- asistimos en San Pedro a la misa de beatificación junto a don Severiano, que presidiere la peregrinación diocesana que asistiere al acto en un autobús fletado desde Cáceres, y donde nos encontramos con nuestro obispo, Jesús Domínguez Gómez, que escribiere con tal motivo el libro "Un obispo de Coria a los altares. En la beatificación de Marcelo Spinola" (PPC, 1987). No olvidaré ese viaje, en el que nos acompañaba una sobrina del beato, que nos relató la comida en la embajada ante la Santa Sede, a la que fue invitada tras  la misa de beatificación, aunque no pudiere realizar ninguno más con él.
            Desde su jubilación, don Severiano continuaba yendo a su parroquia, visitaba los centros que creare y la residencia que fundare y en la que quiso morir.
           Se fue con 88 años, tras vivir más de cincuenta en Cáceres, y recorrer medio mundo, viendo y enseñando las maravillas de Dios, como acostumbrare a decir, aunque se quedare con  ganas de ir a Australia, "su destino pendiente" [5]. DEP.     
 
_____________________________


[1] Vid.: Muñoz Rubio, Miguel Ángel: Don Severiano, en la memoria (del móvil), en El Periódico Extremadura de 26/06/2018.
 
[2]  Torrejón, María José: "No puedo dar un paso sin que alguien me salude por la calle", en el Diario Hoy, de 18/03/2011.
 
[3] Vid.: Web Parroquia de San José (Cáceres) (http://www.parroquiasanjosecaceres.es/index.php).
 
[4] Vid.: Web de la diócesis de Coria-Cáceres, recogido de la agencia Europa Press el 27/06/2012.
 
[5]  Ob. cit., de M. J. T.


jueves, 21 de junio de 2018

LAS LUCES DE LOS OJOS SIN LUZ


            "El lenguaje de los ojos en el arte" [1], última obra del académico correspondiente de la Historia y doctor en Historia del Arte, José Antonio Ramos Rubio, es "un homenaje a la memoria de todos aquellos hombres que, a pesar de ser invidentes, han conseguido calar en la sensibilidad de su generación y de las siguientes, gracias a su merecido quehacer artístico, ya sea en el campo de la pintura, escultura o la música", según afirma el autor en la Introducción a la obra, que se la dedica a su padre, Antonio Ramos Ciudad, fundador de la ONCE en Extremadura en 1940, "y a todos los invidentes que con su esfuerzo diario han llevado la alegría a nuestros hogares".

             Para Ramos Rubio, la patología oftálmica está presente en el arte egipcio, en el románico, en el renacentista, en el romanticismo, en la novela, el teatro y la poesía. A pesar de haber sido invidentes, muchos artistas han logrado creaciones pictóricas o musicales magistrales, dignas de admiración; han conseguido desentrañar la vida sin luz en los ojos y, a pesar de todo, `ver´ las cosas que les rodeaban. Es el caso de los artistas invidentes cuyos apagados ojos han visto, porque han ido más lejos de la simple realidad, y nos han transmitido lo más importante que poseemos las personas: los sentimientos, muy difíciles de plasmar si uno no es un verdadero artista. Todos los tiempos han conocido invidentes destacados por sus cualidades, desde Antonio Cabezón, el maestro Rodrigo, Johann Sebastian Bach, el ciego de Daroca, Miguel Fuenllana, Rafael Hernando y Palomar, Francesco Landino y Francisco Salinas, hasta los más recientes, como Montoliú o José Feliciano. También los pintores y escultores tienen su puesto en la historia, desde Manuel Antonio Conshillo hasta José María Acuña, pasando por el posible astigmatismo de El Greco, hasta pintores tan conocidos como José Villegas y Antonio María Esquivel.
 
            El autor aborda en su obra las enfermedades ópticas fáciles de diagnosticar, apreciadas en los ojos de los personajes reproducidos por el artista, y realiza un recorrido por la Historia del Arte desde las primeras manifestaciones artísticas en las que aparecen invidentes hasta las más recientes del siglo actual. Así,  señala que, entre las primeras manifestaciones de la Historia en las que se representan invidentes, destaca "El ciego tocando el arpa", de la tumba del escribano egipcio Nakht (Tebas, 1400 a. C). o el de la tumba de Patenemhab (Saqqara, 1500-1300 a. C.). En Grecia, la ceguera se considera una fuente de dicha, al considerar que los dioses concedían a los ciegos la doble mirada, la capacidad de adivinar para compensar la vista que habían perdido. El tema de la ceguera en el arte griego está presente en las manifestaciones artísticas representativas de Homero, el poeta griego del siglo VIII a. C., el más admirado de la antigüedad, que consagra la iconografía romana en el noble rostro barbado de un anciano ciego como él, que sirve de referencia cultural y religiosa para generaciones posteriores, como "La ceguera de Tharyris" (cerámica ática del 430 a. C.), o "Un ciego tocando la pandereta", del Museo Leyden (Holanda), que cantare Neruda: "Ciego, será ayer tu mañana/¿Siempre será tu pandereta pobre/estremeciendo tus manos crispadas?/ La mano que recibe,/ los ojos que no ven,/ la cara parda lastimosa  y triste/ golpeando en cada salto de pared."
 
            Los pintores han encontrado una gran fuente de riqueza en los milagros de Cristo. Toda la vida de Jesús y sus milagros han sido proyectadas por los pinceles de artistas como Nicolás Florentino en el retablo mayor de la catedral vieja de Salamanca. En la Edad Media, las fuentes artísticas más importantes son los manuscritos médicos medievales, cuya colección más rica está en la Biblioteca Nacional de París, muy interesantes para poder estudiar los avances científicos en la medicina, que alcanza un gran desarrollo en el Renacimiento. En algunos grabados del siglo XVI se representan intervenciones quirúrgicas por cataratas, tal es el caso de "Intervención de ojos", de Heister, o el "Grabado de la cirugía de cataratas", de Robert James. En el Renacimiento se suceden intentos de educar a las personas privadas de visión, como Girolando Cardano, que usó letras de alfabeto en madera para que los ciegos aprendieran a leer y escribir. Luis Vives propuso la necesidad de integrar profesionalmente a las personas ciegas. Durante la Edad Moderna no se impartía enseñanza a los ciegos; tan solo se les asistía en asilos mantenidos por la mendicidad o con donativos.
 
            Hay artistas que buscan para sus obras temas moralizantes, que se inclinan hacia los emblemas, y otros que se mantienen en el tema religioso, utilizando los Evangelios. El tema de la curación del ciego de Jericó está representado por Duccio di Buoninsegna en la National Gallery de Londres, o la del Museo del Ermitage, de Lucas van Leyden, en 1531, así como El Greco, que la plasma en dos ocasiones: la curación del ciego en la Galería Nacional de Parma y en la Galería Dresde. Una de las obras pictóricas que trata el tema ofltalmológico es "La parábola de los ciegos", de Brueghel, que se conserva en las Galerías Nacionales de Campodimonte, en Nápoles, tema sobre el que vuelve Tintoretto, y las ilustraciones bíblicas de Tissot. Otro de los artistas que abordó la ceguera es Rembrandt en la "La curación de Tobías". Velázquez deja algunos testimonios de esta patología en los retratos de sus bufones, como en el caso de Juan Calabazas, el Bobo de Coria, que se nos presenta con los ojos desplazados hacia el fondo orbitario y con un tremendo estrabismo, y del que existen dos retratos: el de la colección Cook (Estados Unidos) y el del Museo del Prado. En el Siglo de Oro, Velázquez, Francisco Ribalta, José Ribera, Zurbarán y Murillo destacan en la centuria, en su mayoría con temas religiosos, debido a que sus clientes eran de comunidades eclesiásticas. Zuloaga, que siguió a Velázquez, pintó enanos, entre ellos "Gregorio el Botero", enano y bizco. Una de las obras maestras de Goya es "El ciego de la guitarra" (1778). En el siglo XVIII, el Neoclasicismo, copia los antiguos modelos grecorromanos, en obras como "Edipo y Antígona", de Brodowski.
 
            En 1985 aparece el sistema Braille --al que será traducida esta obra--, un código de lectura, cuyos antecedentes están en los métodos de Haüy (que fijó el abecedario) y Barbier (quien confiere el punto prevalecer sobre el trazo continuo). En España, en 1842 se funda el Colegio de sordomudos-ciegos y en 1847 se crea la primera escuela normal en el mismo. En 1849 aparece la Ley de Beneficencia, que señala que las personas ciegas y deficientes visuales tenían derecho a ser educados en establecimientos adecuados, En 1852, la Ley Moyano prescribe que tiene que haber una escritura para sordos, mudos y ciegos en cada distrito universitario. El 13 de diciembre de 1938 se crea la ONCE y, para su financiación, el Estado le otorga la explotación del cupón pro ciegos.
 
            Los artistas contemporáneos, como Picasso, Vázquez Díaz o Acuña, han demostrado tener una profunda sensibilidad hacia el infortunio de los seres humanos. Otros artistas se quedaron ciegos por diversas circunstancias: Juan Conchillos  (Valencia,1641), Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina (Sevilla, 1806). Degas sufrió una enfermedad que comenzó a manifestarse cuando tenía 36 años. En el siglo XX, una serie de artistas hacen de la ceguera el tema central de sus creaciones; Karl Hofer, Henry Lindegaard, Alejo Lopomo, Adolph Gottlieb, Zak-Smith, Robert Henriy, Alvar Cawen, Sue Coe, Jacob Kramen, o Colin Seft. Otros pintores ciegos contemporáneos son: Rosa Garriga, Rafael Arias y José María Rodrigo Paredes.
 
            Los músicos invidentes.-La música es el arte que más difusión tiene hoy día, la más valorada por todas las culturas; la que aviva el entendimiento y conmueve el corazón. El arte musical es tan antiguo como el hombre. Ya se conocía en Egipto. Los griegos conocían la melodía, que utilizaban para acompañar la poesía, pero no conocían la armonía. El ciego Demódoco es un personaje de la Odisea, que canta en un banquete episodios de la Guerra de Troya. Durante la Edad Media nos encontramos con bardos, trovadores y maestros cantores, como Francesco Landino. Durante el Renacimiento. la música, tanto cortesana como religiosa, alcanza cimas insospechadas. La música instrumental renacentista española constituye una de las glorias de este momento histórico, en el que hay que distinguir la música para órgano y para vihuela. El organista de Felipe II, Antonio de Cabezón, compone una abundante obra para este instrumento. Otro de sus coetáneos es Francisco de Salinas, catedrático de música de Salamanca,  y Miguel Fuenllana, "un gran tañedor de vihuela". Otro de los artistas que cierra la época del Renacimiento es Juan Blas de Castro, autor del Cancionero de Sablomara.  En los Países Bajos destaca Jacob van Eyck, ciego de nacimiento. En 1611 nació en Daroca otro de los grandes maestros españoles, Pablo Bruna, conocido como El ciego de Daroca, organista de su colegiata.  Pocos músicos disponen de una tradición musical como Johann Sebastian Bach, que tuvo 53 antepasados músicos, y en el que cristalizan todos los conocimientos musicales de sus antepasados. Hasta finales del XVII le suceden Pergolesi (1710), Gluck (1714), Haydn (1732), Mozart (1756) y Beethoven (1770). En el siglo XIX destaca la figura de Hernando y Palomar (1822) y el compositor alemán Giovanni Simone Maryr (1763-1845). Un artista precursor de Andrés Segovia fue Antonio Jiménez Manjón (1866). Georges Shearing, nacido ciego, comenzó a tocar el piano a los tres años. Nuestro compositor contemporáneo Joaquín Rodrigo, ciego desde los tres años, estrenó en 1940 su pieza musical de más éxito, "El concierto de Aranjuez". En nuestros días ha habido grandes músicos invidentes: Ray Charles, cantante, clarinetista y pianista; Gilbert Montagné (París,1951); el cubano José Tejedor... Un caso excepcional fue el músico Leslie Lembe (1952); el tenor, escritor y productor musical Andrea Bocelli (La Toscana, 1952), autor de varias óperas; Clarence Carter quien, a sus 77 años, aún ofrece conciertos. El músico indígena australiano Geoffrey Gurrumul Yunupingu (1970), que canta en la lengua yolngu. Art Tatum, conocido pianista estadounidense de jazz. José Feliciano, destacado cantante de boleros y baladas portorriqueñas. Stevie Wonder, cantante, compositor y productor discográfico, quien recibió docenas de premios Grammy....





[1]  Ramos Rubio, José Antonio: El lenguaje de los ojos en el arte, TAU Editores, Cáceres, 2018, 112 págs.