sábado, 20 de abril de 2019

"LA LUZ DE EXTREMADURA EN LOS TEXTOS E IMÁGENES DE VIAJEROS Y CRONISTAS"

        
            No es la primera vez que el historiador del arte y las tradiciones extremeñas, José Antonio Ramos Rubio, acude a la fotografía para revelarnos el pasado de monumentos, personas, paisajes, retratos y arquitectura de los siglos XIX y XX, apenas conocidos por las nuevas generaciones gracias a las transformaciones habidas en el transcurso del tiempo. La nueva aportación que acaba de aparecer --La luz de Extremadura en los textos e imágenes de viajeros y cronistas [1]-- nos ofrece unas pinceladas de imágenes e interpretaciones de los lugares que visitaren y de sus antepasados que han sabido conservar esas fotografías reveladoras del pasado, de los espacios que habitaren, de los monumentos que les rodearen y de los familiares con quienes convivieren y que ya no están entre nosotros.
 
            Cuarenta y tres poblaciones extremeñas están presentes en esta obra (16 de la provincia de Badajoz y 22 de la de Cáceres), en la que no faltan sus municipios más importantes: Badajoz, Jerez de los Caballeros, Llerena, Medellín, Mérida, Montijo, Olivenza, Zafra y Zalamea de la Serena, entre los pacenses; y Alcántara, Arroyo de la Luz, Baños de Montemayor, Cáceres, Cáparra, Guadalupe, La Vera, Yuste, Las Hurdes, Montánchez, Montehermoso, Plasencia, Talavera la Vieja, Trujillo o Valencia de Alcántara, entre los cacereños.
            Como ya sucediere con otras obras anteriores [2], el lector puede ojear en este libro, junto a los monumentos más representativos de cada población, las familias que lo hicieron posible, a la vez que nos ofrece una pequeña muestra de la riqueza fotográfica atesorada en archivos, hemerotecas o colecciones particulares, guardadas en las arcas de nuestros antepasados y que hoy ven la luz.
            Hasta mediados del siglo XX, no era frecuente ver en nuestros pueblos ni fotógrafos ni fotografías. Los abuelos tenían que ir a las ciudades para hacerse un retrato en algún estudio que inmortalizara su boda o algún momento familiar. Solo las familias acomodadas tenían a su alcance la posibilidad de detener en el tiempo esas instantáneas de luz que daban luz para la historia a su existencia. Fueron los viajeros y cronistas quienes, ya cámara en mano, inmortalizaron para la historia monumentos, paisajes, arquitectura, familias, que, pasado el tiempo, fueron a parar a los archivos y bibliotecas, para testimonio de un pasado cambiante, que aún permanece entre nosotros, pero que quizá no conocimos como lo vemos en nuestros días. En otros casos, las familias no se han desprendido de esas fotos antiguas, guardadas en cajas metálicas o en viejos álbumes que, de cuando en cuando, ojean para recordar a los familiares ausentes, el pasado que se fue, o el presente ya más lejano en el que apenas nos reconocemos. En todo caso, unos y otros contribuyen a enriquecer el conocimiento de la historia, del que la fotografía, como una rama de ella, comenzó a ser parte importante en el siglo XIX y que gracias a recopilaciones como las que ofrece esta obra pasan a ser dominio del común de los espectadores que jamás pudieren conocerlas. Los antiguos viajeros de siglos anteriores a la existencia de la fotografía convencional tuvieron que valerse de dibujos a plumilla en los que dejaban constancia de los monumentos de las ciudades y pueblos que visitaren.
            Por ello, estas recopilaciones tomadas de los archivos o de colecciones particulares se suman a un mundo que, desde la aparición de la digitalización de la fotografía, en la década de los 90, ha conocido un desarrollo tan espectacular que cada individuo es ya un archivo de la instantaneidad de los momentos vividos, fijos o vivos, con una cámara de mano.
------------------------------------------------------------------


[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio y De San Macario Sánchez, Óscar: La luz de Extremadura en los textos e imágenes de viajeros y cronistas, Iberprint, Badajoz, 2019, 234 págs.
 
[2] Véanse las obras del autor Cáceres en fotos desde 1850. Vida de una ciudad de provincia (Diputación Provincial de Cáceres, 2017) y Cáceres; retrato y paisaje (1860-1960), Ediciones Amber Ley, Madrid, 2019.

miércoles, 17 de abril de 2019

QUINTA PALABRA


Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura, dijo: `Tengo sed´. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca." (Jn, 28-29).

           El Crucificado ha gritado su quinta palabra desde la Cruz: "Tengo sed" (sitio, en latín; en hebreo,  אני צמא ). Tiene el Nazareno una sed humana, fisiológica, propia del tormento de los crucificados; y una sed espiritual que le invita a consumar la redención para la salvación del mundo. Antes de la sexta --Todo está consumado" (Jn, 19-30)-- y de la séptima palabras: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu... (Lc., 23-46).
            La sed es consustancial al ser humano. Herido de muerte (manos y pies clavados a la Cruz, el pecho atravesado por la lanza de un soldado), el Redentor tiene sed, la sed de los heridos en la batalla, de los recién operados, de quienes han perdido mucha sangre, con fiebre alta. Su cuerpo es una hoguera ardiente sin consumirse; los labios y la lengua resecos y tiene sed. Apenas la quinta palabra alcanza el suspiro: sitio (tengo sed). Tiene sed el rey del mundo, Aquel que dijo un día del Génesis: Háganse las aguas y las aguas llenaron los abismos del mar. Tuvo sed quien trajo el diluvio, quien esponja las nubes sobre los sembrados, el hacedor de tormentas y charcas; tiene sed la fuente misma para saciar la sed del mundo.
            El mundo está sediento, Señor, de otra sed: hay sed de justicia, sed de igualdad, sed de una vida más justa, sed de amor, sed de vida, sed de vivir y no se halla en el mundo el manantial para saciar esa sed de manera abundante. Tu sed es nuestra sed, decía San Agustín y no te buscamos para saciarla porque no buscamos la fuente de vida eterna. Te mueres de sed y gritas que tienes sed. Tú que dijiste un día: El que tenga sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, de su interior correrán ríos de agua viva. (Jn., 7: 37-39). La fuente de la vida tiene sed y los sedientos del mundo andan perdidos por el espejismo del oasis y las fuentes mentirosas que no logran apagar esa sed. Tendremos que volver a Samaria donde pediste a la samaritana que te diera de beber y a la que dijiste: Todo el que beba de este agua volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé, se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna... Dame de esa agua, Señor, --le respondió la samaritana-- para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla. (Jn, 4, 5:15).
            Qué le falta, Señor, a tus criaturas sino la sed de vida, de amor, de felicidad, que tantas veces se troca en sed de venganza, en deseo del mal al prójimo, como si ellos no hubieren un día tu propia sed, por la que Tú das la vida, aunque asumas su sed y pidas agua y te den vinagre. Ya lo profetizó David: Y para mí me dieron a beber vinagre. (Salmo 69: 21). Solo el martirio apagó su sed, pero el profeta dijo: Los afligidos y los necesitados buscan agua, pero no la hay; su lengua está reseca de sed. Y, el Señor, les responderá: yo, el Dios de Israel, no los abandonaré (Isaías, 41:17). Recordamos hoy el Sermón de la Montaña en tu cuarta bienaventuranza: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados (Mt. 5, 3:2 y Lc., 6, 20-23).  En-séñanos, Señor, el camino de tu fuente y danos tu agua de vida eterna... porque hoy, más que nunca, no podemos caminar/ Con hambre bajo el sol.../ Señor, yo tengo sed de Ti,/ Sediento estoy de Dios;/ Pero pronto llegaré a ver/ El rostro del Señor/, dice el canto popular...
    

lunes, 15 de abril de 2019

RECONOCER LA VISIBILIDAD


            Reconocer es, según la RAE, identificar, someter a examen o reconocimiento, admitir como cierto o legítimo; y visibilidad, la calidad de visible; la posibilidad de ver a mayor o menor distancia según las condiciones atmosféricas. El pasado día 3 fue el Día Nacional para la Discapacidad, aprobado por el Gobierno en febrero, para dar cumplimiento a la Convención de Naciones Unidas sobre los derechos de las Personas con Discapacidad y su Protocolo Facultativo, aprobados por la ONU en febrero de 2007, en vigor en nuestro país desde 2008. Se trata de dar visibilidad a este colectivo y de conmemorar y reconocer la importancia de este instrumento normativo, que ha supuesto un cambio de paradigma a la hora de abordar el fenómeno de la discapacidad. En España, reconocemos y hacemos visible la discapacidad. La legislación española es una de las más avanzadas del mundo en reconocimiento de derechos a las personas con discapacidad y está a la cabeza en los países de la UE en esta materia.
 
            Los discapacitados son sujetos titulares de derechos y el Estado, por tanto, está obligado a garantizar que su ejercicio sea pleno y efectivo, más aún al contar con una herramienta jurídica vinculante a la hora de hacer valer sus derechos. Desde la entrada en vigor de la Convención, se han producido cambios importantes, entre ellos la visibilidad del colectivo dentro del sistema de protección de derechos humanos y la asunción de la discapacidad como una cuestión de derechos humanos. No solo basta reconocer y hacer visible el mundo de la discapacidad, sino es preciso, como vienen impulsando las asociaciones de discapacitados y asumiéndolo los poderes públicos, que los principios y valores recogidos en la Convención sirvan para su aplicación plena en todos los niveles políticos y sociales y garantizar los derechos de las personas con discapacidad. Parece que estamos en el camino. Los discapacitados están asumiendo no solo su propia realidad, sino que han pasado a formar parte de las listas electorales para hacer valer como propios los derechos que antes fueren solo de otros: no solo el de ser electores, sino elegibles, como ciudadanos de primera que fueren.