viernes, 7 de junio de 2019

MANUEL GARCÍA MATOS, MUSICÓLOGO Y FOLCLORISTA ESPAÑOL




Manuel García Matos (Plasencia, 04/01/1912; Madrid, 26/08/1974) fue un escritor, musicólogo y folclorista español, miembro del Instituto Español de Musicología. Nacido en el número 31 de la calle del Sol placentina. Sus padres fueron Manuel García González y Antonia Matos Páez, ambos dedicados a actividades industriales.
 
            Tras su primeros estudios en el Colegio de los Escolapios de Madrid, regresó a Plasencia, donde sintió la vocación musical y se entrega de lleno a este arte, estudiando solfeo, composición, violín, flauta, armonía y piano con el maestro de capilla de la catedral de su ciudad, Joaquín Sánchez Ruiz, formación que completaría después con el compositor y catedrático del Conservatorio Superior de Música de Madrid, Julio Gómez. En 1942 contrajo matrimonio con Carmen Alonso Elizo, unión de la que nacerían cuatro hijas: Carmen, Alicia, Celia e Isabel.
 
            Con 18 años funda la Masa Coral Placentina, que debutó el 9 de septiembre de 1931 en el Teatro Alcázar y que, en 1935, transforma en Coros Extremeños de Plasencia, y comienza una ardua labor de recopilación literario-musical de canciones, centrándose  en el estudio de instrumentos y danzas, en primer lugar en Extremadura y posteriormente en España, llegando a recopilar más de 10.000 documentos musicales. Esta recogida de cantos folclóricos conformaron sus importantes cancioneros: Lírica popular de la Alta Extremadura (1943) y el póstumo Cancionero popular de la provincia de Cáceres (1982). A partir de 1941 desarrolla una fructífera labor docente en Madrid, que le llevaría a desempeñar la cátedra de Folclore del Conservatorio Superior de Música entre 1951 y 1970. García Matos contribuyó de manera decisiva a la introducción, siguiendo los pasos de Kurt Schindler, del uso de medios y técnicas de grabación sonora en la recopilación del folclore musical español. A partir de 1955, impulsó una recolección general, editada en sucesivas entregas en 1960 y en 1970 y que en 1979 alimentaría la Magna Antología del Folclore Musical de España, que incluía trescientas treinta grabaciones documentales, realizada por él, del folclore musical de todas las regiones de España. Además de estas obras, destacan sus estudios sobre organología, flamenco, reunidos en el volumen póstumo Sobre el flamenco (1987), los tres grandes volúmenes del Cancionero musical de la provincia de Madrid (1951-1960), las Danzas populares de España: Castilla la Nueva (1954), Extremadura (1964), y Andalucía (1971) y las Música y danzas populares (1958). Bajo la tutela de la Unesco, realizó una antología del folclore musical de España, editada en 1960, y reeditada por Hispavox en 1992, integrada por 17 elepés, "la obra maestra de Matos", según el musicólogo José Subirá. 
 
            Fue primer premio nacional de Folclore en 1945. Asesor de Folclore de la Sección de Investigaciones del Folclore Puertorriqueño; miembro de Executive Board de Londres en 1961: correspondiente de la Sociedad Folclórica de Méjico (1944) y miembro de la Comisión Española del Comité Internacional de la Música en la Unesco. Hijo Predilecto de Plasencia en 1972, que le dedicó una calle en 1975 y puso su nombre al Conservatorio de Música de la ciudad.  Falleció en Madrid el 26 de agosto de 1974, ciudad que acoge sus restos. En 2012 se emitió un  sello de correos con su imagen.
 
            Francisca García Redondo recuerda que fue el primer folclorista español, en opinión de Federico Sopeña.  Valeriano Gutiérrez Macías le considera "una de las personalidades más destacadas en Extremadura en el campo del folclore y la musicología". José Subirá afirma que "Extremadura hubiera sido algo así como `tierra incógnita´ en el orden folclórico sin las publicaciones de García Matos".   Antonio Merino Vicente recuerda las palabras de Enrique Franco: "Quizás haya sido García Matos el gran etnomusicólogo español de nuestro tiempo y con conciencia de tal." 
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Bibliografía consultada: García-Matos Alonso, Carmen: Lírica popular de la Alta Extremadura, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, edición facsímil del año 2000;  Merino Vicente, Antonio: Gran Enciclopedia Extremeña, Ediciones Extremeñas, S. A., Mérida, 1991, T. V, pág. 118;  García Redondo, Francisca: La música en Extremadura, Institución Cultural El Brocense de la Excma. Diputación Provincial de Cáceres, 1983, págs. 169-170; Biografías y vidas. La Enciclopedia biográfica en línea; Gutiérrez Macías, Valeriano: Gerifaltes extremeños. El eminente folclorista Manuel García Matos, en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           

lunes, 3 de junio de 2019

MAXIMILIANO BARTOLOMÉ MACÍAS, ARQUEÓLOGO EMERITENSE


           Maximiliano Bartolomé Macías Liáñez (Mérida, 1867-1934) es considerado por uno de sus biógrafos "figura carismática de la arqueología emeritense" [1] y José Caballero afirma que "sin su trabajo no hubiera sido posible que Mérida redescubriera el Teatro y el Anfiteatro Romanos" [2] Fue el menor de los hijos del matrimonio formado por Nicolás Macías Pérez y Rafaela Liáñez. Nació en la Plaza de España, en una de las casas del Palacio de la China, en el seno de una familia acaudalada. A los 9 años perdió a sus padres y su tío y su tutor le enviaron a Sevilla para que cursara el Bachillerato. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Granada, a edad ya madura, su labor profesional se centró, empero, en la Depositaría de Fondos municipales del ayuntamiento, de la que fue responsable durante treinta y seis años. Fue profesor del Colegio Santa Ana, embrión de lo que más tarde sería el Instituto de Bachillerato Santa Eulalia. Falleció el 18 de agosto de 1934, siete meses y medio después que Mélida.
            Su labor en favor del yacimiento arqueológico emeritense se remonta a principios del siglo XX, en el que ya ejerce como divulgador de las ruinas de la ciudad y colabora con la Subcomisión de monumentos. Nombrado académico correspondiente de la Real Academia de la Historia en 1908, a instancias de Mélida, forma parte de pleno derecho del citado organismo. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le nombra correspondiente en Mérida el mismo año. Más tarde sería nombrado Visitador interino del monumento nacional de Mérida (24 de agosto de 1922), delegado director de excavaciones (13 de mayo de 1928) y miembro de la Junta Provincial del Patrimonio Artístico Nacional de Turismo (2 de mayo de 1931). Rechazó la propuesta que le hizo Mélida para ser nombrado Comendador de la Orden de Alfonso XII. Fue nombrado hijo predilecto de Mérida en 1934.
 
            Su colaboración con Mélida en la excavaciones fue muy estrecha. Prestó una atención especial al Museo romano, del que fue director, y a él se debe el primer inventario del centro. Bajo su dirección organizó la primera instalación estable de las series del Museo en la iglesia de Santa Clara, inaugurada en 1929, con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla y del IV Congreso Internacional de Arqueología Clásica de Barcelona. [3]
            Para José María Álvarez Martínez, "la labor llevada a cabo por don Maximiliano Macías en Mérida fue ingente, pues fue el encargado de llevar a cabo el Plan de Excavaciones programado por Mélida y el que tuvo que afrontar situaciones difíciles por la incomprensión de parte de los vecinos al tener que cumplir con sus obligaciones como responsable de la salvaguarda de su patrimonio arqueológico" [4]
 
            El investigador José Caballero (Mérida, 1963) publicó en 2008 el libro "Maximiliano Macías y su tiempo (1867-1934). Historia íntima de las excavaciones de Mérida". En la citada entrevista, afirmaba que "sin su trabajo no hubiera sido posible que Mérida redescubriera el Teatro y el Anfiteatro Romanos. Fue Mélida quien lo fichó por su cercanía al poder de Mérida. Macías gestiona el dinero para excavar, busca formación arqueológica y se matricula a los 44 años en Ciencias Históricas. Desde ese momento fue un hombre básico para Mélida y Macías se convirtió en sus pies y sus manos. Era quien buscaba la financiación y se manchaba los pantalones buscando cuadrillas para sacar toneladas de tierra, Para la primera excavación se necesitaron 6.000 pesetas y 15.000 para la segunda, que el Estado tuvo que pagar a la familia Pacheco porque eran los dueños de los solares del Teatro y del Anfiteatro. Lo curioso es que, hasta mediados del XIX, los terrenos había sido municipales, pero la desamortización los privatizó". [5]
            El 15 de abril de 1944, José Álvarez Saénz de Buruaga pronunció en el Liceo de Mérida una conferencia titulada "Don José Ramón Mélida y don Maximiliano Macías: su obra arqueológica en Extremadura".[6] Durante su intervención, el conferenciante dio cumplida cuenta de su producción literaria, entre la que destaca las siguientes obras: "Mérida monumental y artística" (dos ediciones, la segunda tiene 199 páginas, un mapa y un plano); "Extremadura arqueológica", en Revista del Centro de Estudios Extremeños, Badajoz, T. I,, 1927; "Mérida. Reseña histórica", en "Badajoz, Mérida y Zafra en la Exposición Iberoamericana, 1929; "Mérida. Extremadura", en "Tierra extremeña. Mérida y su partido (s.a.), págs. 28-29; y "Vidrios romanos del Museo emeritense", en Anuario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, Vol. I, Madrid, 1934, págs. 191-195, publicado tras su muerte.
 
          Sáenz de Buruaga destaca su `merítisima obra´ "Mérida monumental y artística", que califica como "el libro ideal de Mérida". A continuación se refiere a las dos Memorias que firmó con Mélida sobre diferentes etapas de excavaciones en la ciudad imperial: "Excavaciones de Mérida: el Circo, los Columbarios, las termas, esculturas y hallazgos diversos. Memoria de los trabajos realizados en 1926-1927 (1929)", y "La posescena del Teatro Romano de Mérida. Memoria de las excavaciones practicadas en 1929-1931 con una nota sobre el Circo (1932)". Sáenz de Buruaga cita como prueba de la buena amistad mantenida por Mélida y Macías una carta del primero escrita el 6 de abril de 1930: "Es curioso que recíprocamente estemos con cuidado el uno por el otro. Eso prueba cuán de veras nos estimamos."[7]          
 
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[1] Vid.: Álvarez Martínez, José María: Gran Enciclopedia Extremeña, T. VI, págs. 229-230, Ediciones Extremeñas, S. A., Heraclio Fournier, Vitoria, 1991.
 
[2]  Vid.: J. Vinagre. C.: "Macías fue los pies y las manos de José Ramón Mélida", en Diario Hoy, de 05/06/2008.
 
[3]  Vid.: Ob. cit.
 
[4] Vid.:  Álvarez Martínez, José María: Maximiliano Macías Liáñez, en Diccionario biográfico español de la Real Academia de la Historia (http://dbe.rah.es/biografias/78335/maximiliano-macias-lianez).
 
[5]  Vid.: Caballero Rodríguez, José:  Maximiliano Macías y su tiempo (1867-1934), Ed. Artes Gráficas Rejas, 2008, 480 págs. , y la citada entrevista de J. Vinagre, C. en el diario Hoy.
 
[6] Vid.: Álvarez Saénz de Buruaga, José:  Don José Ramón Mélida y don Maximiliano Macías: su obra arqueológica en Extremadura, Diputación de Badajoz, 1945.
 
[7] Ob. cit. de Sáenz de Buruaga.

jueves, 30 de mayo de 2019

JOSÉ ÁLVAREZ SÁENZ DE BURUAGA, IMPULSOR DE LA ARQUEOLOGÍA EMERITENSE


           José Álvarez Sáenz de Buruaga (Vitoria, 08/11/1916; Mérida, 21/08/1995) fue arqueólogo, director del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, e impulsor de la arqueología emeritense, sintagma con el que coinciden en calificarle dos de sus biógrafos, su hijo José María Álvarez Martínez y el conservador del Museo, Agustín Velázquez Jiménez.
            Nacido en el seno de una familia de acomodados comerciantes, de ascendencia asturiana por parte de padre (José Álvarez Abellán) y de estirpe vasca por la madre (Pilar Sáenz de Buruaga y Gamarra), cursó la licenciatura de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza. La Guerra Civil, en la que sirvió en el servicio sanitario ferroviario,  truncó el inicio de su carrera. Concluida la contienda, reanudó sus estudios y logró la licenciatura, que le permitió más tarde opositar al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, plaza que obtuvo en 1940, a los 24 años de edad.
            Su primer destino fue Gerona, donde se creó la Sección de Prehistoria y Arqueología del museo gerundense, junto a otros reconocidos arqueólogos, como Pedro de Palol y Miguel Oliva Prat. Su actuación, "precisa y meticulosa", en opinión de Agustín Jiménez, fue reconocida por el inspector nacional de Museos, Joaquín María Navascués y de Juan, quien le llamó a Madrid en 1942 para cubrir una plaza en el Museo Arqueológico Nacional. Ya en Madrid, le propuso un nuevo destino, Mérida, para poner en orden los fondos de su viejo Museo Arqueológico, procedentes de las campañas arqueológicas que durante varis decenios habían desarrollado, entre otros, los arqueólogos José Ramón Mélida y Maximiliano Macías. Sáenz de Buruaga aceptó con una condición: regresar a Madrid para trabajar junto a su maestro Blas Taracena. Realiza la misión entre los años 1943 y 1944, tras inventariar 4.325 objetos, y regresa a Madrid a principios de 1945 junto a su maestro. Sin embargo, seducido por el conjunto monumental emeritense y por la que después sería su esposa, Carmela Martínez Finch, permuta su destino madrileño y contrae matrimonio en Mérida el 20 de julio de 1946, con la que tuvo a sus dos hijos: José María (Mérida, 1947), arqueólogo y sucesor de su padre en la dirección del Museo (1986-2017) y Jesús (1949).
            Sáenz de Buruaga estuvo al frente del museo más de cuarenta años durante los cuales, con los escasos medios disponibles, procuró una instalación digna de los restos arqueológicos en el único lugar disponible, la iglesia de Santa Clara; la ordenación de los fondos museísticos y de la ampliación de las instalaciones, que se plasmaría con ocasión de la celebración en Mérida del XI Congreso Nacional de Arqueología y pocos años después con la inauguración de la sala que ocupaba la Colección Paleocristiana y Visigoda. Sus esfuerzos en este sentido se vieron recompensados cuarenta y tres años después con la inauguración del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR), el 19 de septiembre de 1986, por SS. MM. los Reyes de España, unos meses después de su jubilación forzosa.
            Durante su estancia al frente del MNAR, se ocupó de potenciar el patrimonio arqueológico emeritense, comisionado por el entonces director de las excavaciones de Mérida, Martín Almagro, enfrentándose a la recuperación mediante la expropiación forzosa de amplios solares urbanos arañados a la especulación urbanística de los años sesenta y setenta. Gracias a su empeño se debe la configuración del Conjunto Monumental Emeritense, al inscribir en el conjunto elementos como la casa romana del anfiteatro, la casa de la Huerta de Otero, los columbarios, el área del templo de Diana, el arco de Trajano o las murallas de la alcazaba árabe. Entre 1969 y 1979 fue director de las Excavaciones Arqueológicas de Mérida y supervisó las numerosas prospecciones de urgencia que el desarrollo urbanístico de la ciudad iba imponiendo, además de programar campañas de excavaciones en el entramado urbano y en los principales monumentos. Desde 1963, y hasta su jubilación, en 1985, se hizo cargo del Patronato de la Ciudad Monumental de Mérida, estableciendo las bases de un nuevo modelo de gestión que fructificó en el nuevo Consorcio de la Ciudad Monumental Histórica y Arqueológica de Mérida, desde el cual se vigilan las actuaciones de recuperación y consolidación de monumentos tan emblemáticos como el propio Teatro Romano, el Templo de Diana, los acueductos y las casas romanas.
            En la faceta museológica redactó más de treinta mil cédulas de Inventario General, convirtió la biblioteca del Museo en la más importante de temática romana de la Península, e impulsó la edición de las Monografías Emeritenses. Durante más de treinta años, y hasta su segregación en 1974 del Museo de Mérida, fue director del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz y, entre 1947 y 1983, ocupó la plaza de director de la Biblioteca Pública Municipal de Mérida y de su Archivo Histórico.
            Fue consejero provincial de Bellas Artes de Badajoz, de la Junta Nacional de Museos, académico de número de la Real Academia de Extremadura de las Artes y las Letras, correspondiente de la Real de la Historia, miembro de mérito de la Academia de Doctores de Madrid, cronista oficial de Mérida e hijo adoptivo de la ciudad desde 1980. Entre sus distinciones hay que señalar la Medalla de Oro de la Provincia, la Encomienda de Alfonso X el Sabio y la Orden de las Palmas Académicas de Francia. A los dos años de su muerte, varias instituciones de la ciudad erigieron en su memoria un monumento en bronce en el jardín de la iglesia de Santa Clara, su lugar de trabajo durante tantos años.
            Su discípulo, Agustín Velázquez, cuenta que, cuando se presentó ante él con la pretensión de realizar las prácticas profesionales para poder opositar al Cuerpo de Museos, observó que se fijaba en un medallón de bronce con una inscripción en latín: Sic vos non vobis y le preguntó su significado. "Para ti, pero no tuyo",  (así vosotros, no para vosotros) le respondió y don José le dijo: "Hazte a la idea que debes tratar, mimar y cuidar todos los fondos de los que serás responsable, como si fueran tuyos, pero no olvides jamás que solo eres su custodio, no son tuyos, son de la sociedad a la que nos debemos y servimos, son de todos los ciudadanos... Entonces me di cuenta de que me hallaba ante una persona excepcional y cuarenta años después sigo creyendo lo mismo. Era José Álvarez Sáenz de Buruaga. En Mérida no necesitó apellidos, era don José." Su sucesor al frente del MNAR, su hijo, José María Álvarez Martínez, dice de él que "su labor al frente de la arqueología de la ciudad dio como resultado la potenciación del conjunto arqueológico emeritense, puesto en valor por numerosas adquisiciones de predios que propician su adecuada lectura y por la investigación llevada a cabo tanto desde el museo como desde el Patronato de la Ciudad Monumental del que, como secretario del mismo, estuvo muchos años encargado".
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Bibliografía consultada: Velázquez Jiménez, Agustín: José Álvarez Saénz de Buruaga, Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia     (http://dbe.rah.es/biografias/18953/jose-alvarez-saenz-de-buruaga); Álvarez Martínez, José María: José Álvarez Sánez de Buruaga (1916-1995), impulsor de la arqueología emeritense, en Museos.es. Revista de la Subdirección General de Museos Estatales, núm. 2, págs. 184-197; Robles Blanco, Feliciano: Web de extremeños ilustres.bogspot.com.