martes, 5 de mayo de 2020

ÁNGEL TEXEIRA BRASERO, UN PALADÍN DE MÉRIDA, ESCUDO DE ORO DE LA CIUDAD



Ángel Texeira
Ángel Texeira Brasero (Mérida, 15/03/1931) fue hijo de Francisco Texeira Collado, maestro de obras, y de Rosa Brasero Domínguez, bordadora, naturales de la ciudad. Casado con Mercedes Rodríguez Mancera, natural de Los Santos de Maimona (Badajoz), tiene dos hijos: Mercedes y Ángel.
 

Su labor al frente del Centro de Iniciativas Turísticas (CIT), Asociación de Amigos del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR), de la Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia, Asociación de Amigos del Camino de Santiago, su difusión de los valores  artísticos-históricos de Mérida y la de su patrona y sus obras artísticas, han sido reconocidas, además de con el escudo de oro de la ciudad, con sintagmas adjetivales como “emeritense militante”  (Dr. Álvarez Martínez, su mayor exégeta), “Mérida tiene un genio” (Carmelo Arribas, crítico de arte y estudioso de Mérida) y epítetos tales como “respira emeritensismo por todos sus poros” del primero.
           
           Según un informe remitido al alcalde de la ciudad en diciembre de 2013, por el cronista oficial de Mérida, José María Álvarez Martínez, tras serle concedido el premio del CIT, además de relatar todos sus méritos, abogaba por la deuda que la ciudad tenía con él, que esperaba que saldase muy pronto.  [1]
           
De acuerdo con el relato del cronista, desde muy joven nuestro protagonista se sintió atraído por la creación artística, sintiéndose aprendiz de su abuelo Ángel, el alfarero, a lo que unía su inteligencia natural, “capaz de solventar situaciones comprometidas”. Esa creación artística tan tradicional dio fama al conocido como Barrio, cuyos nombres eran las tres últimas calles de la ciudad: Duque de Sala, Fournier y Augusto, que albergaba industrias de alfarería y en las que vivían ferroviarios, albañiles, carpinteros y pescadores.
           
 Al iniciarse la Guerra Civil, y durante la toma de Mérida (11 de agosto de 1936), Ángel tiene 5 años. Durante la confusión de los primeros momentos, pierde el contacto con sus padres. De la mano de un primo, quien le abandona a varios kilómetros, huye de la ciudad. En las inmediaciones de Mirandilla, en la finca en que fue desamparado, le acoge su propietario, don Hilario Vinagre. Finalizada la contienda, su juventud transcurre en su laborioso Barrio, en el que los alfareros le suministran las “pellas” con las que él elabora las figuras del belén.
 
Al finalizar los estudios primarios, con 14 años, comienza a trabajar de albañil en la cuadrilla de su padre en Don Benito. Allí continúa sus estudios bajo la dirección del profesor Ángel Valadés. De esta ciudad se traslada a la frontera de Caya, donde vive momentos felices y se fotografía con los ídolos de aquel tiempo: Jorge Negrete, el conocido Antonio Villar, intérprete de excepción de la película “El Judas”, o con su homónimo Virgilio Texeira. El periplo laboral de su padre concluye en Almendralejo, donde conoce al artista Julio Federico Zambrano Domene, su profesor en la Escuela de Artes y Oficios. Su afición por la pintura, y sobre todo por la escultura, nunca le abandonarían.
 
De regreso a Mérida, ayuda a su padre, quien, entre otros trabajos, se ocupaba de satisfacer los encargos que la Comisaría de Defensa del Patrimonio, entonces bajo la dirección de Manuel García Gil, le ofrecía, entre otros la consolidación y restauración del conjunto romano, como la Alcazaba y acueductos. Mientras, Ángel Texeira comenzaba a ser valorado por sus aptitudes en el dibujo y en el planteamiento de los proyectos y, por ello, la Diputación Provincial le llama para que forme parte del equipo constructor de unos puentes sobre el Lácara y el Lacarilla, en la carretera de La Nava a la estación de Carmonita.
 
A los 20 años cumple el servicio militar en el Regimiento número 1 de Caballería Motorizada de Alcalá de Henares, que supondrá un paso adelante en su profesión como constructor. Por su relación con el teniente Méndez Vigo, se vinculó a la empresa Hidrocivil, en la que dirigió a un numeroso grupo de estucadores y alicatadores que trabajaban en las obras de la estación de Atocha, lo que le animó a convertirse en empresario de su propia empresa con su compañero  Maxi Abengózar y comenzó a trabajar en Los Santos de Maimona y en numerosos puntos de la provincia. En esta localidad estableció relaciones con Cipriano Tinoco Gordillo (Los Santos de Maimona, 23/07/1934), que fuere popular alcalde del pueblo (1979-1983) y más tarde con Joaquín González Manzanares (Badajoz, 1946), quien más tarde sería bibliófilo y escritor y que, como socios, llevaron a cabo una promoción de 36 viviendas en la localidad.
 
Fruto de su esfuerzo y de muchas horas de trabajo, su empresa fue creciendo y aumentó la construcción de viviendas subvencionadas, lo que le permitió ocuparse también de sus temas preferidos: el arte, la historia, la geografía y, sobre todo, Mérida, sus vivencias, sus acontecimientos históricos, “convirtiéndose en un emeritense militante, que le llevó a aceptar esos cargos que ejercen los ciudadanos comprometidos”.  [2]  Así, durante cinco años fue vicepresidente de la Asociación de Amigos del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR); durante otros siete años fue vicepresidente de la Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia, etapa durante la cual organizó el Congreso Internacional de Estudios Eulalienses “Eulalia de Mérida y su figura histórica”, además de  hermanar a Mérida con otras ciudades que tienen a Santa Eulalia por patrona: Totana y la italiana de Santa Eulalia, en la región del Borso del Grapa. Asimismo, fundó y ostentó el cargo de  presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago durante catorce años, en la que potenció la Ruta Mozárabe o de la Plata y el albergue para peregrinos ofrecido por el ayuntamiento en el Molino del Pancaliente.
 
Como amante de la historia de su ciudad, ha llevado el nombre de Mérida por distintos foros de España, Venezuela, México y su amada Brasil, a los que ofreció conferencias sobre la Mérida romana y la actual, además de exposiciones arqueológicas con la colaboración del MNAR.
           
Otra de sus preocupaciones divulgativas fue la difusión de la emeritense más ilustre y patrona de la ciudad, la Mártir Santa Eulalia. En Santa Eulalia di Borso del Grapa, cerca de Padua, hizo amistad con un gran eulaliense, el profesor Gambasin, quien, de la mano de Texeira, visitó Mérida y editó la monografía de Vicente Navarro del Castillo sobre la santa en italiano y español, además de escribir otros tres libros más con los datos que le aportó don Ángel.
 
Finalmente, hay que subrayar su labor como dirigente del Centro de Iniciativas Turísticas (CIT), durante más de treinta y un años. “El CIT es Ángel Texeira”, llegó a decir el doctor José María Álvarez, tras afirmar que la oficina del centro fue atendida por él en exclusividad, con la ayuda de su hijo, en su propia casa. Al tomar la presidencia el alcalde del bimilenario, Manuel Sanabria, puso como condición que Ángel Texeira ocupara un puesto de responsabilidad, dada su valía y su interés por los asuntos emeritenses. Desde el CIT redobló esfuerzos a favor del turismo de la ciudad: elaboración de folletos, carteles, vallas publicitarias y un video; la promoción del Festival de Teatro Clásico, en colaboración con el ayuntamiento y la Junta de Extremadura; el concurso de albañilería en la Feria de Mérida, la festividad de San Isidro, el Día del Turista, organización  de asamblea regionales y nacionales, actuaciones musicales y viajes por la región, España, Portugal y otros países.  [3] En su blog, el presidente del CIT da cuenta de sus viajes a Brasil en febrero y marzo de 1994 y en 2011 y el viaje a la Turquía clásica en 1996, organizado por la institución que presidía. [4]
 
Texeira recibe el escudo de oro de la ciudad
de manos del alcalde, Antonio Rodríguez Osuna.

La obra artística de Ángel Texeira es conocida por sus dibujos e ilustraciones para publicaciones y diplomas para la Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia, además de por sus primeros trabajos en la alfarería de su abuelo; pero donde más brilla su genio creativo es en su producción escultórica realizada por encargo o de motu proprio, como el busto de don César Lozano Gambero, instalado en el atrio de la iglesia de Santa Eulalia, que tanto amó tan carismático sacerdote. [5]  O la imagen de cuerpo entero de Sor Ángela de la Cruz para su localidad de adopción, Los Santos de Maimona; el busto de Luis Chamizo que preside la plaza emeritense de su nombre [6]; el de lord Byron para La Albuera; el de la alcaldesa de Trevejo, en la Sierra de Gata, Adoración González Estévez, la popular Chon; y la serie encargada por el Arzobispado de Mérida-Badajoz de los Santos Padres Emeritenses para la concatedral de Santa María, que solicitó el arzobispo Santiago García Aracil (Valencia, 1940-2018) [7]; y el busto de Octavio Augusto en la Mérida mexicana  [8].

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[1] Vid: Álvarez Martínez, José María: Ángel Texeira, un emeritense miltitante, diciembre de 2013. Este relato de sus méritos, dirigido a la Alcaldía por el cronista oficial de Mérida, ha sido fundamental para reconstruir la biografía de Ángel Texeira, por lo que le expresamos nuestra gratitud.
 
[2] Vid.: Ob. cit.
 
[3] Vid.: M. A. M. Ángel Texeira recibe hoy el Premio del Genio Protector, en el diario Hoy, de 19/09/2014. Véanse también: E. P: El Centro de Iniciativas Turísticas  se despide tras 74 años de andadura. Rodríguez Osuna entrega a Ángel Texeira el escudo de oro de la ciudad, en el diario Hoy, de 16/12/2019; Web del Ayuntamiento de Mérida: el alcalde recibe al presidente del Centro de Iniciativas Turísticas, Ángel Texeira Brasero, de 16/12/2019;  El presidente del Centro de Iniciativas Turísticas de Mérida, galardonado con el premio nacional de esta entidad, en la agencia Europa Press  de 14/11/2017;  Ángel Texeira recibirá el premio del Centro de Iniciativas Turísticas, en el diario Hoy,  de 17/11/2013; Web de Amigos del Museo Romano. 7ª edición. Premio Socio del año 2008 a D. Ángel Texeira Brasero, de 10/05/2017; Arribas, Carmelo: Mérida tiene un genio, en Digital Extremadura, de 20/09/2014.
 
[4] Vid.: Blog de Ángel Texeira: http://angeltexeira.blogspot.com.
 
[5] Vid: Homenajean al sacerdote César Lozano con un busto, en El Periódico Extremadura, de 08/06/2004.
 
[6] Vid.: Peguero, César: Abierto al público un parque dedicado al poeta Luis Chamizo, en El Periódico Extremadura de 13/03/2003.
 
[7] Vid.: Soriano, Juan: La Concatedral exhibe las primeras esculturas de los Santos Padres Emeritenses, en el diario Hoy, de 08/06/2006.
 
[8] Vid.: Colocan un busto de Octavio Augusto en la Mérida de México, en Europa Press, de 26/12/2015.

sábado, 2 de mayo de 2020

LA DESESCALADA HACIA LA NUEVA NORMALIDAD



Primer día de la desescalada en el deporte (marca.com)
Tras cuarenta y nueve días de confinamiento (que no cuarentena sensu strictu, cuarenta veces diez, sino de aislamiento en el sentido médico del término), hemos iniciado esta mañana a primera hora la desescalada hacia la nueva movilidad o normalidad. No había amanecido aún cuando ya podíamos ver algunos ciclistas, otros hombres y alguna mujer haciendo carreritas y algunos paseando, acostumbrándose a la mascarilla, que constantemente empaña las gafas y nos nubla la visión, nos niega la caricia del aire sobre la cara, que no debemos tocarnos, mientras que los guantes apenas los sentimos.
 
             Cambian muchas cosas en cuarenta y nueve días que no pisábamos la calle: los miles de personas que ya no están sobre la tierra, sino bajo ella, inhumados (in, dentro, y humus, tierra), con los honores fúnebres debidos, y otros muchos simplemente enterrados, que es otra cosa, pero no un cadáver humano; los infectados por la pandemia; el ejército humano (sanitarios, soldados, transportistas, farmacéuticos…), que han luchado, y continúan haciéndolo  y quienes solo hemos podido ver desde la ventana o el balcón “cómo pasa la vida,/ cómo se viene la muerte/ tan callando…,/ según los versos de Jorge Manrique a la muerte de su padre. De regreso a casa, el sol salía ya por la Montaña, como por Antequera, para darnos su luz a todos los que después quisieren y pudieren pisar la calle. Y en la calle, no todo sigue igual, aunque la ciudad sea la misma: la primavera ha venido sin que nadie sepa cómo ha sido. Esplende el verdor tras las últimas lluvias caídas; aparecen las flores y las amapolas en los jardines, mientras en los parques, el mobiliario que utilizan los niños, permanece acordonado, aún en cuarentena. Algunos edificios han crecido ya en su construcción y algunas aceras, desbordadas por las raíces de los árboles, han sido remozadas. No pasa el tiempo en balde. Si ayer, obreros municipales desinfectaban las aceras y jardines, desde antes que nosotros los niños brincaban con sus mascotas y patines como si de una mañana de Reyes se tratare.
 
             Pero, por qué desescalar la escalada, si ninguna gran montaña hubiéremos escalado para ahora iniciar lo contrario. A sensu contrario (en sentido contrario), ni los alpinistas pudieren haber escalado otra cosa sino los muebles de su casa, como algunos deportistas. Estuvimos, y seguimos confinados, con las excepciones de la desescalada. El antónimo del confinamiento es el desconfinamiento. A qué entonces desescalar la escalada. Es el término de moda que la RAE no recomienda y sugiere “evitar los calcos del uso del inglés”, que nos ha llevado a implementar el término escalada, imitando el “to escalate” inglés, que el diccionario de Oxford  define como `aumentar, subir, incrementarse algo rápidamente´ y a cuyo retraimiento llamamos desescalada y aboga en su lugar por la utilización de `reducir´, `disminuir´ o `rebajar´. [1] Sin embargo, la Academia estudia incorporar al Diccionario coronavirus o coronavírico, covid-19, desescalar y desescalada, desconfinamiento, cuarentenar, cuarentenear o encuarentenar, como hemos estado hasta ahora.[2] La Fundación del Español Urgente (Fundéu) considera, empero, que los sustantivos escalada y su antónimo desescalada son adecuados para referirse al aumento de algo, sobre todo cuando es rápido, y a su posterior disminución, aunque reconoce que existen en el español otras alternativas que en algunos casos pueden resultar más claras y precisas como aumento/disminución, incremento/rebaja o intensificación/relajación.[3] Y añade  que el diccionario académico incluye entre las acepciones de escalada la de `aumento rápido y por lo general alarmante de algo, como los precios, los actos delictivos, los gastos y los armamentos´, por lo que no es censurable su uso como ocurre en los ejemplos citados para aludir al incremento de casos de una enfermedad, o de medidas extraordinarias o de la tensión política, como ocurre en los ejemplos citados. Desescalada es un derivado bien formado a partir de escalada.”
 
             Y bien, comienza la desescalada para llegar a la `nueva movililidad´ o normalidad. ¿Qué entendemos por movilidad o normalidad? El vocablo se refiere a la capacidad de moverse y a lo que regula; que por sí puede moverse  o es capaz de recibir movimiento por ajeno impulso; y desplazamiento de personas o cosas que, en algunos contextos, engloba el tráfico y el transporte, mientras que en otros se utiliza de forma más restringida como sinónimo de tráfico o regulación vial. Así, nos referimos a la movilidad de personal, forzosa, funcional, geográfica, interadministrativa, por razón de violencia de género, sostenible y movilidad voluntaria.[4] Son sinónimos de movilidad: estructurar, organizar, orquestar, unir, enlazar, juntar, acoplar, concertar, vincular y relacionar. Y antónimos: desarticular, desunir. ¿Qué quiere decir, pues, el sintagma `nueva normalidad´ a la que alude el Gobierno? No hemos disfrutado de la movilidad urbana hasta hoy por el confinamiento, eso está claro. Por tanto, enlazamos la desescalada con la `nueva movilidad´ o normalidad; es decir, de la inmovilidad del confinamiento pasaremos a enlazar una `nueva movilidad´ en todos los ámbitos sociales, económicos, culturales y de cualquier índole que el virus nos obligará a orquestar. Vivíamos, sí, en una normalidad con todos sus problemas, pero que en un futuro próximo será distinta. ¿Podemos volver a algo nuevo?, ¿no es un contrasentido? Posiblemente, el mensaje que se pretende expresar es que se va a recuperar la normalidad, si bien esta normalidad no va a ser la que conocíamos, que encierra la anomalía que se señala: el retorno a un estado novedoso, distinto, desconocido. [5] Nadie se fía, sin embargo, de la `nueva normalidad´, tanto que el secretario del Comité de expertos del coronavirus afirma: “La nueva normalidad va a ser complicada. No auguro un escenario de tranquilidad en otoño.” [6]
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[1] Vid.: Desescalada, el término de moda que la RAE no recomienda, en el diario Público, de 13/04/2020.
 
[2] Vid.: Camps, Magí: Estas son las palabras de la pandemia que la RAE estudia incorporar al diccionario, en La Vanguardia, de 01/05/2020.
 
[3] Vid.: Escalada y desescalada, pero también aumento y disminución, en Fundéu-BBVA, buscador urgente de dudas, de 14/04/2020.
 
[4] Vid.: Diccionario de la RAE y Diccionario del español jurídico del Consejo General del Poder Judicial.
 
[5] Vid. Volver a la nueva normalidad, en Fundéu de de 30/04/2020.
 
[6] Vid.: Calleja-ICAL, S: Ignacio Rosell: La nueva normalidad va a ser complicada, en El Norte de Castilla, de 01/05/2020.
 

jueves, 30 de abril de 2020

“DOS AÑOS DE LUTO Y SEIS MESES DE ALIVIO”


            Los períodos de duelo estaban perfectamente establecidos en nuestro país: por viudedad, dos años y seis meses de alivio de luto; por la pérdida de un hijo, otros dos años más seis meses de alivio; por padre o madre, un año y seis meses de alivio; por los abuelos y los hermanos, seis meses; por tíos y primos hermanos, tres. Incluso si tenía lugar un matrimonio durante ese periodo, la novia vestía de negro.  Las ropas se teñían una vez y otra más tarde, por el llamado alivio de luto, porque pasar del negro azabache al rojo chillón, resultaba demasiado brusco. Todo estaba previsto: antes de volver a la vida en colores, tocaba pasar por un combinado de negros y blancos, morados, grises y lilas. Hasta los años sesenta del pasado siglo, fue muy común el uso de la pena negra: un largo velo que se colocaba en el sombrero de forma que se ocultara el rostro de la penante y cubriera el vestido hasta la espalda…[1]  Las mujeres jóvenes podían encadenar durante años una serie de lutos por fallecimiento de parientes próximos, lo que les impedía asistir a bailes, cines, meriendas o cotilleos de lavaderos. Y se quedaban sin novio; o, como se acostumbraba a decir vulgarmente, acababan para vestir santos.
 
      El coronavirus ha vuelto a resucitar la cultura del luto, de la que las nuevas generaciones ya no saben nada, ni quieren saberlo, porque si acaso lo que les resulta chocante es ver vestida de luto a una persona años después de la muerte de un familiar cercano. Vamos a un funeral y ya no encontramos ni a la familia vestida de luto: vemos a gente vestida de colores vivos, chillones y estampados, como si fueran a una fiesta.
 
     Antes, después de la muerte de un familiar cercano, las mujeres se afanaban por tener sus vestidos, medias y zapatos tintados de negro, símbolo del luto en la civilización occidental. Ni tanto ni tan calvo. Ante los miles de muertos por la pandemia que sufrimos, la derecha se viste de luto (las mujeres en sus vestidos; algunos caballeros, al menos en su corbata)  y reprochan a los otros, la izquierda, su falta de sensibilidad al no llevar ni corbata, ni brazalete ni botón negros en el ojal de la chaqueta. Los tiempos cambian y las muertes parecen ser solo una estadística para quienes las hacen y las difunden. En 1987, hasta la Iglesia recomendó el morado, en lugar del negro, para los ritos mortuorios. En todo caso, lo que el cuerpo esconde, no podrá ocultarlo el alma.
 
   En 1964, Manuel Summers dirigió la película “La niña de luto” que retrataba las consecuencias de llevar luto en la España de entonces con las consecuencias que eso llevare consigo. Rocío Vázquez (María José Alfonso) es una “joven casadera”, como se decía entonces, que tiene novio: Rafael Castroviejo (Alfredo Landa), de profesión practicante. Rocío acaba de terminar un luto de seis meses por la muerte de su abuela. Ya tiene permiso para seguir las relaciones con su novio, para pasear con él, ir al cine, a la iglesia… y hablar para hacer planes para la boda interrumpida por el luto; pero, en estas, fallece su abuelo y las costumbres sociales dictan que la nieta debe llevar otros seis meses de luto. Rafael se rebela y logra convencer a Rocío para marcharse con él a Huelva (la acción se desarrolla en La Palma del Condado, un pueblo de la provincia) para casarse. Cuando todo está preparado, muere el padre de Rocío y la vida se detiene nuevamente, los planes se deshacen y las esperanzas se desvanecen. Rafael se marcha solo a Huelva. “No puedo con todo esto, Rocío”, le confiesa. Y ella le responde: “Lo comprendo, Rafael.”
 

Audrey Herburn,
vestida por Chanel (el tormes.com)
La España de la posguerra personificó, como ninguna otra, la cultura del luto, el culto a la muerte encarnado en el color símbolo de aquella. El luto es la expresión formalizada de responder a la muerte, la muestra externa de los sentimientos de pena y duelo por el fallecimiento de un ser querido, que incluye ropa de luto, esquelas y entierros. La gran modista francesa Coco Chanel (Saumur, Francia, 1883; París, 1971), abatida por la muerte prematura de su amado inglés Capel, dio un cambio radical al estilo y color del luto con su “pequeño vestido negro”, presentado en 1926, que fue calificado por la revista Vogue como “el atuendo que todo el mundo usará”. No existe mejor frase que la que dijo el diseñador Christian Dior (Granville, Francia, 1905; Montecatini Terme, Italia, 1957) al referirse al vestido negro “Puedes llevar negro a cualquier hora del día y de la noche, a cualquier edad y en cualquier ocasión. Un vestido negro es la cosa más esencial en el armario de una mujer”.[2] Desde entonces, el vestido negro, las medias y pantys negros, se han convertido en un epítome de la elegancia femenina, lejos del alcance del luto oficial de tiempos pretéritos.
 
           La costumbre de llevar ropa negra sin adornos en señal de luto se remonta al Imperio Romano, cuando la toga pulla, hecha de lana de color oscuro, se vestía en época de luto. En el antiguo Egipto, el luto se expresaba en color rojo, que era la ropa que llevaban los difuntos y el interior del féretro. Durante la Edad Media y el Renacimiento, las ropas propias del luto se llevaban por pérdidas personales y generales. En algunas zonas rurales de España, Portugal y Grecia y otros países mediterráneos, las viudas visten de negro el resto de sus vidas. Los miembros inmediatos de la familia del difunto visten de negro durante un periodo más amplio que el resto. Sin embargo, el color de luto más riguroso entre las reinas europeas medievales era el blanco en lugar del negro, costumbre que sobrevivió en España hasta finales del siglo XVI y fue de nuevo puesta en práctica por la reina Fabiola de Bélgica (Madrid, 1928; Bruselas, 2014) en el funeral de su marido, el rey Balduino I de Bélgica ( Laeken, Bruselas, 1930; Motril, Granada, 1993). En el cristianismo, el luto ha estado más asociado a la mujer que al hombre. Sin embargo, la educación y la liberación femenina se han quitado de encima el luto para toda la vida, como podemos ver en La casa de Bernarda Alba, de Lorca.
 
La casa de Bernarda Alba,
un alegato contra el luto (Infolibre.es)

   El luto oficial trasciende al personal. En caso de catástrofe o muerte de alguna persona relevante, se declara luto oficial, que regula el comportamiento de las personalidades públicas. El grado y duración del luto suelen decretarse siguiendo un protocolo establecido y puede tener varios ámbitos: nacional, regional o local. Si es a nivel nacional, el Consejo de Ministros es el encargado de determinar el tiempo de luto, que varían de un país a otro cuando fallece un Jefe del Estado y va acompañado del izado de la bandera nacional a media asta en todos los edificios públicos y buques de la Armada.
 
   El luto casi ha desaparecido desde mediados del siglo XX, aunque en los funerales se vista sobriamente: traje y corbata oscuros en los hombres y vestidos y trajes del mismo tono en las mujeres del fallecido. El luto se guarda como señal de respeto, solidaridad y homenaje por grupos concretos o circunstancias especiales. Los equipos deportivos suelen llevar brazaletes negros tras la muerte de algún miembro del equipo o persona relacionada con él, además de guardar un minuto de silencio en su memoria.

        En los momentos en que vivimos, cuatro comunidades (Madrid, Castilla y León, Murcia y Cantabria) han decretado luto oficial por los fallecidos en la pandemia. El Gobierno espera y el presidente, Pedro Sánchez,  dijo el 18 de abril: “A todas esas personas que hemos perdido, tan pronto como sea posible, les rendiremos el homenaje que todos merecen.” [3]  Madrid ya se ha adelantado. Muchas familias esperan. El país entero lo solicita. El luto se lleva por dentro, pero también hay que manifestarlo.

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[1] Vid.: Gómez Melenchón, Isabel: Lo que queda del luto, en La Vanguardia, de 31/10/2014.
 
[2] Vid.: Blog de Arturo Plaza: Little Black Dress, el básico que nunca pasa de moda, de 24 de enero.
 
[3] Vid.: El Gobierno elude cumplir el luto oficial por los muertos del coronavirus, en El Mundo, de 27/04/2020.