domingo, 28 de febrero de 2021

IÑAKI MARTÍN SUBERO, PREMIO NACIONAL DE INVESTIGACIÓN DEL CÁNCER



    Iñaki Martín Subero (Pamplona, 1975) es un investigador biomédico de amplio reconocimiento internacional, que ha recibido recientemente el Premio Nacional de Investigación de Cáncer Doctores Diz Pintado, convocado por la Fundación de la Investigación del Cáncer de la Universidad de Salamanca, que premia la trayectoria científica en el área de la investigación oncológica del mejor joven investigador español, realizada dentro o fuera de España. El premio le tenía que haber sido entregado el pasado 28 de enero, festividad de Santo Tomás de Aquino, en la Universidad de Salamanca, pero se ha aplazado debido a la pandemia.

    El doctor Martín Subero es ascendiente de Granadilla (Cáceres), el pueblo expropiado por la construcción del embalse de Gabriel y Galán. Su padre, Felipe Martín, abandonó el pueblo a mediados de los 50, trasladándose a Guardo (Palencia) donde, tras permanecer unos años, se marchó a Pamplona, donde reside en la actualidad. Contrajo matrimonio con la riojana Rosario Subero, con quien tuvo dos hijos, el segundo de los cuales es Iñaki.

    El Dr. Martín Subero estudió Bioquímica en la Universidad de Navarra con una nota media de sobresaliente. Realizó el doctorado europeo bajo la dirección de los profesores María José Calasanz y Reiner Siebert de la Universidad Christian-Albrechts de Kiel (Alemania). Su tesis obtuvo el premio extraordinario de doctorado en 2001.  Una vez doctorado, continuó sus investigaciones bajo la tutela del profesor Siebet en Kiel, donde permaneció hasta 2008, año en que se trasladó a Barcelona. “Estaba desarrollando mi carrera investigadora en Alemania, pero en 2007 conocí a Lena, mi esposa catalana, y un año después decidí volver a España”, confiesa.

    Tras un año trabajando en el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) de Barcelona, obtuvo un contrato de investigador Ramón y Cajal y comenzó su andadura como investigador principal en el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS), asociado al Hospital Clínico y a la Universidad de Barcelona. Gracias al apoyo de grandes investigadores como Elías Campos, del IDIBAPS, y Carlos López-Otín, de la Universidad de Oviedo, el Dr. Martín Subero se encargó de analizar los aspectos epigenéticos de las leucemias dentro del proyecto estrella del Gobierno español sobre el genoma de la leucemia linfática crónica, que constituyó un punto de inflexión en su carrera, ya que después de años bajo la tutela de excelentes mentores creó su propio grupo de investigación para desarrollar sus propias ideas.

    En 2018 fue nombrado profesor de investigación de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA), un programa de captación y retención de talento al máximo nivel internacional, impulsado por el Gobierno catalán hace veinte años. Actualmente, dirige un grupo de quince investigadores en el IDIBAPS, participa en el consorcio nacional Centro de Investigación Biomédica en Red de Cáncer (CIBERONC), del cual recibió el premio al mejor investigador joven en 2018.  Es miembro de grandes proyectos internacionales como el PanCáncer, el International Human Epigenome Consortium o el Human Cell Atlas. Asimismo, juega un papel importante en la Asociación Europea de Hematología, en varios de cuyos comités participa.  Ha publicado un total de 185 artículos científicos, que han recibido más de 10.000 citaciones, y tiene un índice H de 56.

    Sus investigaciones se centran en el estudio de las características moleculares de las leucemias y linfomas. Es un experto internacional en epigenética, la ciencia que estudia los interruptores que activan o inactivan los genes. Sus trabajos durante la última década han abierto el camino a una nueva comprensión del epigenoma del cáncer, no solo a nivel biológico, sino también a nivel clínico. Su grupo de investigación ha descubierto que uno de los aspectos epigenéticos más importantes de las células cancerosas es que poseen memoria celular. En las pasadas semanas ha publicado un estudio sobre los primeros mapas en tres dimensiones del genoma de las leucemias y linfomas, que revela una nueva forma de cartografiar el genoma y que las células tumorales cambian la estructura tridimensional de su genoma, dando lugar a cambios de expresión en genes claves para la enfermedad.

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Bibliografía consultada: https://www.tribunasalamanca.com/noticias/el-bioquimico-inaki-martin-subero-x-premio-nacional-de-investigacion-de-cancer-doctores-diz-pintado/1608554963, de 21/12/2020;  https://www.lagacetadesalamanca.es/salamanca/las-universidades-suspenden-la-fiesta-de-santo-tomas-de-aquino-por-la-pandemia-KX6123149, de 25/01/2021; www.ciencia.gob.es; https://www.catalunyavanguardista.com/tag/inaki-martin-subero/; https://www.scoopnest.com/es/s/i%C3%B1aki%20mart%C3%ADn-subero https://www.metropoliabierta.com/el-pulso-de-la-ciudad/sanidad/barcelona-da-un-gran-paso-para-curar-la-leucemia_7208_102.html.


domingo, 21 de febrero de 2021

ALONSO GUERRERO, PROFESOR Y ESCRITOR



    Alonso Guerrero Pérez (Mérida, 12/11/1962), profesor de Lengua Castellana y Literatura Española de Enseñanzas Medias, ha cultivado, además de la ficción, el ensayo, la crítica literaria y el periodismo de opinión. Se define a sí mismo como “profesor, novelista y cuentista”.[1] Hijo de Juan Francisco Guerrero (ya fallecido) y María de los Dolores Pérez Díaz, se crio y educó en Almendralejo.

Cursó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Extremadura (Uex) en Cáceres, donde “le gustaba disfrutar de la marcha nocturna de la ciudad. Se apuntaba a todas las juergas y no tenía hora para volver a casa. Con el tiempo se volvió mucho más serio, reservado y hogareño”. [2] Profesor de Enseñanza Secundaria, ha ejercido su profesión docente en los institutos “Ramiro de Maeztu” de Madrid, Guadalajara, Alcalá de Henares, en su primer IES de nuevo de Madrid, en el “Beatriz Galindo” de la capital y en Badajoz, en el IES “Maestro Domingo Cáceres”.

Su carrera literaria se inició en 1982, a los 20 años, cuando estudiaba Letras en Cáceres, al ganar el Premio Felipe Trigo de narraciones cortas de Villanueva de la Serena con su obra Tricotomía (Universitas Editorial, Badajoz, 1983), que el catedrático de la Uex José Luis Bernal  califica como “el feliz maridaje de la ocurrencia creadora y de la técnica obsesiva”. [3] En 1987 obtiene el Premio Navarra de novela con Los años imaginarios, sobre la que el Dr. Fernández Sosa afirma que “su obra está escrita al margen de las corrientes narrativas de los últimos decenios de la historia de la literatura española: por su novedad, por su riesgo artístico y por una decidida apuesta personal del autor por el individualismo estético”. [4]

Además de Los Ladrones de libros (Departamento de Publicaciones de la Diputación Provincial de Badajoz, 1991), en 1998 publica dos novelas: El hombre abreviado (Colección La Gaveta, de la Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura) y El durmiente (Del Oeste Ediciones, Badajoz, 1998). A ellas siguieron: Fin del milenio en Madrid (trece narraciones, Editorial La Luna Libros, 1999), De la indigencia a la literatura (Del Oeste Ediciones, Madrid, 2004). El mismo año aparece El edén de los autómatas (Plaza y Janés, Barcelona, 2004), para el profesor Bernal “su mejor novela”, que “plantea con originalidad narrativa y rigor estilístico de altura un debate, una reflexión actualísima, y dignifica la actitud del intelectual-escritor en ese nuevo fin de siglo desconcertante y terrorífico”. [5] En 2004 publica su libro de ensayo “La muerte y su antídoto” (De la Luna Libros, Mérida) que, para Virginia López-Ballesteros, “es una reflexión sobre el oficio de escribir”. [6]Doce semanas del siglo XX” (De la Luna Libros, 2007) sigue, durante un breve trayecto, los pasos silenciosos de un hombre ávido de respuestas que ha de conformarse con las opiniones de los periódicos. “Un palco sobre la nada” (De la Luna Libros, 2012) es una novela de ciencia ficción “cuyos protagonistas se mueven entre Madrid y el planeta Marte (siete días de viaje) en los albores del siglo XXIII, en los que el mundo se mueve por parámetros bien distintos de los actuales, aunque no por ellos menos deprimentes”, apunta el crítico y profesor Manuel Pecellín, mientras que para el filólogo Simón Viola [7] “es una narración que arranca de la afirmación de Flaubert de que el futuro es un túnel largo y oscuro al final del cual hay una puerta bien cerrada”. [8]Un día sin comienzo” (De la Luna Libros, 2014) aborda los atentados del 11-M en Madrid en busca de las personas, una crónica “minuto a minuto desde las 7 de la mañana hasta las 7:37…, explicando la visión del mundo de cada uno de ellos. El azar es lo que hace de todos esos personajes un personaje colectivo”, según el propio autor. [9]El mundo sumergido” (De la Luna Libros, 2016) contesta a una cuestión que todo el mundo se ha planteado: por qué cuanto más nos elevamos hacia el absoluto, más caemos en el ridículo…


Finalmente, en “El amor de Penny Robinson” (Berenice, 2018), el autor la subtitula “Querían saberlo todo de él porque querían saber todo de ella”. La novela narra la transformación de un hombre con una vida sin sobresaltos en un personaje mediático por el hecho de haber estado casado con la que iba a convertirse en Reina de España. La prensa del corazón le persigue para arrancarle los pedazos no solo de lo que pueda contar, sino de lo que es. La novela es una ficción que pudo convertirse en realidad, pero también una realidad que necesita la ficción para ser creíble. La novela apenas alude a la situación personal del autor; se alude en la última frase de la obra. “La fama estuvo bien durante la primera semana, pero han pasado más de dos. No puedo salir de casa. No me dejan trabajar en paz. Mi padre me llama por teléfono para preguntarme por qué he dejado de hablarle. Todo esto me ha superado…” [10]

Alonso Guerrero se casó con la entonces periodista, hoy Su Majestad la Reina de España,  Letizia Ortiz, en Almendralejo el 7 de agosto de 1998, en una ceremonia civil celebrada en el ayuntamiento por el alcalde del PP y amigo del novio, Manuel Jesús Morán. Se separaron en 1999. Posteriormente, se casó con María del Carmen Astero Martín, profesora de Matemáticas en un instituto de Alcalá de Henares, que acabó en ruptura. En 2019 se casó en Granja de Torrehermosa con su primera novia de juventud, María Dolores Corrales Murillo, jefa de Estudios del IES de Badajoz “Maestro Domingo Cáceres”, anteriormente casada con Javier Luna, actual secretario general de Empleo de la Junta de Extremadura. Sea como fuere, el profesor y escritor ha preferido siempre guardar el secreto de su vida íntima. “No voy a hablar ni ahora ni más adelante de mi vida personal. Solo espero que todo esto no interfiera en el futuro de mi obra ni de mi imagen como escritor”, declaraba refiriéndose a su primer matrimonio. [11] En 1999, El Cultural de El Mundo realizó una encuesta entre críticos literarios. Cuando le preguntaron al profesor Ricardo Senabre qué autor consideraba que no estaba suficientemente valorado, respondió: “Alonso Guerrero.” [12] “Profesor anónimo, persona leal y silente… se ha mantenido durante estos años. Cuánto ha vivido Alonso y cuán valioso es su silencio.” [13]

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[1] Vid.: Ortiz, Ana María: El ex-critor de Letizia, en Crónica, un suplemento de El Mundo, núm. 421, de 09/11/2003.

 [2] Vid.: Armesto, Silvia: Nueve cosas que no sabes de Alonso Guerrero, en El Economista, de 02/03/2018.

 [3] Vid.: Bernal, José Luis: Alonso Guerrero Pérez, una obsesión por la palabra, en revista Alcántara, revista del Seminario de Estudios Cacereños, abril de 1985, págs. 75-78.

 [4] Vid.: Fernández Sosa, Diego: Lenguaje y construcción narrativa en Alonso Guerrero: Los años imaginarios y Los ladrones de libros, en Revista de Estudios Extremeños, 2014, número III, págs. 1411-1432.

 [5] Vid. Bernal, José Luis: El edén de los autómatas, en revista Alcántara, número 64, julio de 2006, pág. 149.

 [6] Vid.: López-Ballesteros, Virginia: Alonso Guerrero, en www.vlopez-ballesteros.com.

 [7] Pecellín, Manuel: Victoria sobre la muerte, en su blog Libre con libros, en el diario Hoy de 07/10/2012.

 [8] Vid.: Viola, Simón: Un palco sobre la nada, en su blog, de 28/09/2012.

 [9] Vid.: De Pablos, Luis Miguel: El azar estuvo en la tragedia del 11-M y está en el día al día de nuestras vidas, en El Norte de Castilla, de 22/11/2014.

 [10] Vid.: Carmona, Jesús: El `Yo soy una víctima del exmarido de Letizia´ en 15 frases de su novela, en El Español, de 15/03/2018.

 [11] Vid. Ob. cit. de Crónica  El Mundo.

 [12] Vid.: Ob. cit.

 [13] Vid.: Ob. cit.


lunes, 15 de febrero de 2021

SIN SALIR DE CASA…


Pixabay.StockSnap

    #YoMeQuedoEnCasa fue un movimiento de ciberactivismo que promovió la inmovilización social y el confinamiento con el objetivo de detener la pandemia de la enfermedad por coronavirus de 2019-2020. Aparecido el 11 de marzo del pasado año en Twitter, se expandió rápidamente por toda España e Hispanoamérica. Personalidades, medios de comunicación y ciudadanos lo emplearon desde su creación como forma de apoyar el movimiento y etiquetaron el hashtag de forma masiva. Fue el segundo movimiento que las redes sociales utilizaron durante la pandemia. El primero fue #NoSoyUnVirus de la campaña contra la discriminación a los ciudadanos chinos y asiáticos en general por el primer lugar donde se registró el virus SARS-CoV-2, en la ciudad china de Wuhan.

    Frente al segundo mensaje de hashtag, el #YoMeQuedoEnCasa, la irrupción de la borrasca Filomena entre los días 6 y 11 de enero pasados, trajo consigo copiosas nevadas en amplias zonas del centro peninsular, que dejó atrapados en las carreteras a miles de transportistas, paralizó actividades esenciales, produjo multitud de daños materiales y dejó sin suministros a cientos de personas, a la que sucedió una ola de frío con registros de -15º C en áreas del interior peninsular con el consiguiente riesgo por la formación de placas de hielo, la incomunicación y la falta de suministros en multitud de núcleos urbanos.

    Pues bien, el colapso producido por Filomena se vio agravado para quienes no pueden moverse por aceras cubiertas de hielo ni esquivar montañas de nieve. Invidentes, discapacitados físicos, personas, en fin, con discapacidad motora o visual, ni podían salir de casa ni disfrutar de la nieve, como otras, y se vieron obligadas a quedarse en casa y a sufrir un nuevo confinamiento obligatorio que, hasta entonces, ninguna autoridad hubiere decretado. El hashtag #YoMeQuedoEnCasa pareció trastocarse para algunos, los de siempre, en #SinSalirDeCasa. Para los primeros, los invidentes, la ciudad se había convertido en un territorio inexorable, ni ayudados con su bastón ni otros con su perro-guía. Los primeros días pudieron aventurarse algunos metros en la nieve, cuando esta estuviere aún blanda; pero no los siguientes con el hielo por miedo a las caídas. Peor aún lo hubieren los discapacitados en sillas de ruedas. Querían salir, deberían salir, con total autonomía, como antes, pero los elementos se lo impedían. Los vecinos les decían: “No puede, no puede…” “Salgo porque lo necesito, porque quiero…”, respondían, “porque nada ni nadie me lo pueden impedir”. Sí: los elementos se lo impedían; solo ellos, los olvidados de siempre, con sus bastones para guiarse, su perros-guía de ayuda o sus sillas de ruedas…

    Ahora no fuere ya la nieve ni nuevas restricciones impuestas por las autoridades al repunte de la pandemia. Para ellos, como para tantos otros autónomos per se, fueren elementos ajenos a su voluntad y autonomía los que trastocaron sus planes del día a día. Con acerados y calles impracticables, sin medios de trasporte adecuados, su aislamiento fuere doble: han pasado del hashtag #YoMeQuedoEnCasa al #SinSalirDeCasa, un doble confinamiento obligado por los efectos colaterales de Filomena