viernes, 29 de abril de 2022

MARÍA TERESA MARCOS MARTÍN, CANCILLER-SECRETARIA GENERAL DEL OBISPADO DE PLASENCIA


María Teresa Marcos Martín (Escurial de la Sierra, Salamanca, 11/07/1991) se convirtió el pasado 29 de junio, festividad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, en la primera mujer laica en ocupar el tercer puesto en el escalafón de la diócesis de Plasencia, tras el obispo y el vicario general. Perteneciente a una familia católica practicante, desde pequeña sus padres le inculcaron los valores cristianos y le enseñaron y transmitieron la fe católica.

    Inició sus estudios en las Jesuitinas del Sagrado Corazón de Jesús (Salamanca) y el Bachillerato en el Instituto de La Vaguada de la Palma y más tarde la licenciatura en Derecho en la Universidad de Salamanca (2009-2014). A la par, estudió música en la Escuela Municipal y más tarde en el Conservatorio Profesional de Música, especializándose en la flauta travesera (2014). Finalizados los estudios de Derecho se interesó por el Derecho Canónico y cursó en la Universidad Pontificia de Salamanca un Máster en Derecho Canónico para Profesionales del Foro (2015). A raíz de este máster se planteó cursar la licenciatura en Derecho Canónico; pero antes tuvo que cursar ciertas asignaturas de Teología en la Universidad Dominicana Internacional, Domuni Universitas (2016). Posteriormente se matriculó en la Pontificia de Salamanca en la licenciatura en Derecho Canónico (2019), cursando a la vez un Máster Universitario en Derecho Militar Español en la Universidad Católica de Murcia (2017); abogada rotal por el Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apostólica en España (2018). Finalizada la licenciatura en Derecho Canónico (2014-2019), se matriculó en los cursos de doctorado para realizar la tesis doctoral (2020), que aborda en la actualidad. Además, es mediadora Civil y Familiar por la Fundación Justicia Social (2015).

    Su inclinación por el Derecho Canónico viene por su interés por el Derecho de Familia. “Estudié Derecho en Salamanca y, por el plan antiguo de licenciatura, teníamos una asignatura de Derecho Canónico y ya me llamó mucho la atención. Siempre he tenido mucha vinculación con la Iglesia. Entonces me fui planteando que estaría bien estudiar Derecho Canónico y ampliar ese terreno dentro del Derecho Civil Familiar. Poco a poco me fui enamorando del Derecho Canónico y me metí de lleno en él”, confesaba en una entrevista tras su nombramiento. [1]

    En junio de 2021 recibió una llamada del Obispado de Plasencia, acudió a una reunión a la que le convocó el entonces obispo de la diócesis, monseñor Retana, hoy de Salamanca y Ciudad Rodrigo, y desde el 29 de junio ejerce el cargo de canciller-secretaria general del Obispado. Este cargo lleva implícito “ser la secretaria y notaria de todo el Obispado; es decir, redactar decretos, dar fe de los nombramientos y otros actos que hagan el obispo y otros miembros de la curia y también encargarme del archivo”. [2] Así contaba cómo recibió la noticia: “Un día recibí una llamada del vicario general, Jacinto Núñez, que me dijo que estaban interesados en contactar con alguien que tuviera Derecho Canónico y después recibí una llamada del obispo, monseñor José Luis Retana, que me dijo que si podía entrevistarme con él; pero yo no pensaba que fuera para este puesto”… y añadía: “Sé que es un gran puesto y una oportunidad increíble, pero también siento en mis espaldas el peso y la responsabilidad de ser mujer y de lo difícil que ha sido esta apertura y también las ganas de hacerlo todo muy bien, para que se vea que dar estos puestos y delegar en laicos está bien.” [3]

    En su toma de posesión, el obispo le agradeció la aceptación de la tarea encomendada para el bien de la diócesis, además de darle la bienvenida para servir al Señor trabajando en la curia diocesana, en un curso en el que se había puesto en marcha el Centro de Orientación Familiar, la Escuela Bíblica y la Exposición Las Edades del Hombre. [4]

    La canciller-secretaria general del Obispado de Plasencia ha sido asesora en casos de nulidades matrimoniales; abogada especialista en temas de Derecho Canónico y Derecho de Familia; ha realizado prácticas jurídicas en LUCENA, Gabinete Jurídico Asociado y Asesoría Integral de Empresas; profesora de música en la Escuela Municipal de Música de Salamanca (2017-2018); solista y componente en varias agrupaciones de diferentes estilos musicales: clásico, contemporáneo, folk tradicional, coral; y jurídica-administrativa del Plan de Empleo Juvenil Universitario de la Universidad de Salamanca en San Esteban de la Sierra (Salamanca).

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[1] Vid.: María Teresa Marcos, canciller-secretaria de la diócesis de Plasencia, en Agencia SICA (Servicio de Información Católica), de 15/07/2021.

[2] Vid.:  La primera mujer salmantina y laica en ocupar el tercer puesto en el escalafón de la diócesis, en La Gaceta de Salamanca, de 19/06/2021.  

[3]  Vid.: María Teresa Marcos, canciller-secretaria general de la diócesis de Plasencia: Siento en mis espaldas el peso y la responsabilidad de ser mujer, en Agencia SICA (Servicio de Información Católica), de 15/07/2021.

[4] Vid.: Molano, Raquel: María Teresa Marcos, nueva secretaria-canciller de nuestra diócesis, en la web de la diócesis de Plasencia, de 29/06/2021.

miércoles, 27 de abril de 2022

DE LOS SUEÑOS Y DESEOS Y LA REALIDAD


Soñamos todas las noches, durmiendo, y despiertos de día. El sueño arropa los sucesos o imágenes que se representan en la fantasía de alguien mientras duerme. Los sueños son, a veces, cosas que carecen de realidad o fundamento. A comienzos de año, los sueños de día son proyectos, deseos, esperanzas sin probabilidad de realizarse. Todo el mundo hace hincapié en uno, dos y hasta tres. Pasan los días y continuamos la rutina de la vida sin hacer realidad sueño alguno o deseos de día. Nos falta fuerza de voluntad para hacer realidad nuestros sueños y deseos.

Los sueños de noche son distintos y distantes de los de día. Estos nos pertenecen en su autoría y deseo, aunque no lleguen a la meta. El sueño es el deseo y este, la meta; más ilusión que realidad, el sueño se nos presenta alargado en el tiempo, que se evapora como el agua en verano. Un deseo es soñar despierto, el anhelo que deseas ver plasmado en la realidad. No por desear algo con vehemencia, podemos hacerlo real. Los sueños de día pueden materializarse y convertirse en realidad; pero hacen falta metas y objetivos para convertirlos en aquella.

En “La vida es sueño”, de Calderón de la Barca, se nos plantea la dualidad entre la realidad y el sueño. El tema principal es la lucha del protagonista, Segismundo, por diferenciar la vida y el sueño. ¿Qué quiere decir aquel cuando afirma que “la vida es una ilusión”? Cuando sostiene que “la vida es una ilusión, una sombra, una ficción”, quiere decir que la vida es solo un sueño y todos, en algún momento de la vida que hubiéremos, vamos a morir, ya que todos somos iguales. “¿Qué es la vida? Un frenesí/ ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción/y el mayor bien es pequeño/ que toda la vida es sueño/ y los sueños, sueños son.”

El sueño, como fantasía durmiente, admite muchas variantes y no es lo mismo “estar dormido” que “estar durmiendo”. El primer sintagma expresa un estado del sujeto y “estar durmiendo” expresa la acción que se encuentra realizando el mismo. Muchas veces oímos decir: “Francis, hijo: vete a la cama, que te estás durmiendo…” El niño no está durmiendo aún; se encuentra en el estado previo a la dormición, el anterior a aquella; ya tiene somnolencia…; pero no sueña aún con los angelitos… Su madre le sigue, le abre la cama y él, ya en pijama, se mete entre las sábanas mientras mamá le arropa hasta el cuello. Le da un beso de “buenas noches”, que ya concluyen, y le deseará “felices sueños, hijo.”

El sueño de noche o de día admite múltiples locuciones y sintagmas que traducen nuestra necesidad de dormir: tenemos sueños dorados, o ilusiones halagüeñas; nos caemos de sueño, acometidos por él, sin resistirlo; conciliar alguien el sueño, o conseguir dormirse; descabezar alguien el sueño, quedarse dormido un breve rato sin acostarse en la cama; dormir a sueño suelto, dormir tranquilamente; echar un sueño, dormir breve rato; está en sueños, durmiendo o soñando; espantar el sueño, no dejar dormir; guardar el sueño a alguien, cuidar de que no le despierten; no dormir sueño, desvelarse, no coger el sueño; quitar el sueño a alguien, preocuparle mucho; ni en sueños, ni por sueños, negación con énfasis dicha a una persona que te propone algo.

Calderón de la Barca definía el sueño de día en su obra teatral “De la vida es sueño” con este poema:

“Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.”

           

Los poetas, especialmente, se han atrevido a retratar en sus versos la concepción de los sueños de noche. He aquí algunos ejemplos:

“Te quiero como para leerte cada noche,

como mi libro favorito quiero leerte,

línea tras línea, letra por letra,

espacio por espacio…” (Mario Benedetti)


“De toda la memoria, solo vale

el don preclaro de evocar los sueños.”

 (Antonio Machado).


“¿Por qué es tan triste madrugar? La hora

nos despoja de un don inconcebible.

tan íntimo que solo es traducible

en un sopor que la vigilia dora.”  

(Jorge Luis Borges).

 

“No sé lo que he soñado

en la noche pasada,

triste muy triste debió ser el sueño,

pues despierto la angustia me duraba.” 

(Gustavo Adolfo Bécquer).


 Anhelos y esperanzas, miedos a soñar con lo que no deseamos, amaneceres de despertares con sueños felices sin la realidad soñada… “Y los sueños, sueños son.” (Publicado en “Alcántara”, revista del Seminario de Estudios Cacereños, sexta época, número 93, enero-junio 2022), Diputación Provincial de Cáceres).


* El autor es académico correspondiente de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes

domingo, 24 de abril de 2022

“RELOJ, NO MARQUES LAS HORAS…”



Ignoramos a quién se le ocurriría poner la final de la Copa del Rey a las 22:00 horas (o diez de la noche); pero, quien fuere, se ha lucido. La final, retransmitida anoche por Telecinco, porque Mediaset España se había hecho con los derechos, dio lugar a que muchos españoles no pudieran ver los goles que decidieron el partido ni la entrega de la Copa por Su Majestad el Rey, que presidiere el encuentro, y el festejo subsiguiente por parte de los béticos porque “el sueño les pudo” y caímos en una duermevela o sueño fatigoso y frecuentemente interrumpido, según el locutor repitiere varias veces, a la 1:30 de la mañana o de la noche, indistintamente, cuando nada de eso fuere así, sino de madrugada, que comienza después de las 24:00 horas, medianoche o doce de la noche, cuando finaliza esta; pero no: estábamos ya en la madrugada. La desconexión se produjo a la 01:30 de la madrugada y, tranquilamente, seguían diciendo de la mañana o de la noche…

    Puede ocurrir también que una final de Copa no solo interese en España, en Hispanoamérica, el norte de África o Asia y haya que acomodar, por tanto, el horario de los partidos a la previsible audiencia, que es preciso aumentar, como en los clásicos, que les procuran muchos ingresos por la gran audiencia que hubiere en esas zonas del planeta. Tampoco es eso.

    Una final de Copa, aunque no la disputen los principales, siempre resulta atractiva para rentabilizar la inversión efectuada, más aún cuando se ha sacado a concurso su retransmisión y una cadena procure, con horarios no adecuados, ponerlo a horas inadecuadas para fastidiar al personal en lugar de servirle. Y para nada es un partido, entonces, de interés general, que sea preciso retransmitir a hora adecuada, por cadena pública, y mirando por el recreo, solaz y descanso de los españolitos, a quienes solo les interesare el partido y no otros programas que nos anuncia la cadena transmisora para seguir con ella cuando finalice aquel, como si quisieren imponernos la compañera de cama.

    A tal punto llega la codicia recaudatoria que las localidades valencianas de Sueca y Almusafes (Valencia) se vieron obligadas a cancelar la retransmisión de la final de la Copa del Rey en pantallas gigantes por expresa prohibición de Telecinco. Hacía años que el Valencia CF no se colaba en la final, motivo por el cual los dos municipios habían organizado en las plazas de sus pueblos una fiesta para que todos sus habitantes pudiesen seguir y disfrutar juntos del partido como buenos vecinos, aficionados y seguidores del club más representativo de su Comunidad. “El motivo no es otro que las pantallas suponen un perjuicio claro para Mediaset España, que es quien habría prohibido la retransmisión en pantallas gigantes, al reducir los datos de audiencia de nuestra retransmisión y, proporcionalmente, los ingresos publicitarios susceptibles de ser generados a través de la misma.” [1]

    No es ese el motivo de este comentario, sino el de la hora de comienzo del partido, que no se dilucidó hasta después de la prórroga y los penaltis, aunque cualquiera de los contendientes hubiere méritos bastantes para haberlo ganado en buena lid tras finalizar el tiempo reglamentario. No es eso, no: es la hora inapropiada para los españoles y su traducción por el locutor, que se empeñaba en decir que la hora en la que hablaba era de la noche o de la mañana, como si el tiempo y las horas no corriesen como el viento que nos conduce al sueño, al final del partido, de la prórroga y de los penaltis.

    Ignorare el locutor la canción de Luis Miguel, "El reloj": "Reloj, no marques las horas / porque voy a enloquecer / ella se irá para siempre / cuando amanezca otra vez." No otra cosa pareciere que deseare el locutor quien, además, como hacen todos, nos invita a seguir después del partido otros programas-estrella de su cadena, para ganar audiencia.

    Nada de eso. La hora es la indicación del momento en que sucede o se hace una cosa en relación con cada una de las veinticuatro partes en que se divide el día. La pregunta que corresponde a la indicación de la hora, se formula, en la lengua general culta, en singular. ¿Qué hora es? (en ella, la palabra hora tiene el sentido genérico de `momento del día´). Solo es normal el plural en la frase hecha de intención reprobatoria: ¿qué horas son estas? “¿Cómo que qué horas son estas de llamar? ¡Pero si ha sido usted quien…! (GaMay Operación, Esp. 1991). En la respuesta, el verbo va en singular si se trata de la una (Es la una y diez) y en plural, en el resto de los casos (Son las diez y media; son las dos menos cuarto).

    Existen dos modelos diferentes para expresar la hora: aquel en que se emplean tan solo los números del 1 al 12 (o los números cardinales correspondientes), añadiendo, si es necesario, la indicación del tramo del día al que corresponde la hora expresada: “de la mañana” (desde que sale el sol hasta el mediodía): A las nueve de la mañana hacía ya un calor insoportable; “de la tarde” (desde el mediodía hasta que el sol se pone): Contraerán matrimonio mañana a la una de la tarde; “de la noche” (desde que anochece hasta medianoche): No llegaron hasta pasadas las nueve de la noche; “de la madrugada” (desde la medianoche hasta que amanece): A las tres de la madrugada, el frío era insoportable. No es correcta la expresión doce de la tarde, usada en lugar de doce de la mañana, del día o del mediodía. El modelo de doce horas es el más utilizado cuando la hora se escribe con letras y el más común en textos literarios o periodísticos. También puede usarse este sistema si se opta por escribir la hora con cifras; pero, en este caso, para evitar ambigüedades, deben emplearse, tras los números, las abreviaturas a. m. (del latín ante meridiem, antes del mediodía) y p. m. (del latín post meridiem, después del mediodía): 5.30 a. m. (cinco y media de la madrugada) y 5.30 p. m (cinco y treinta de la tarde). Para las doce de la mañana se recomienda el empleo de la abreviatura m (meridies, mediodía).

    Aquel en que se emplean los números del 0 (para las doce de la noche) al 23 (o los numerales cardinales correspondientes), que presenta la ventaja de no requerir precisiones adicionales, ya que a cada hora del día le corresponde un número diferente. Este modelo se expresa con preferencia en cifras, en lugar de letras y se usa especialmente en contextos en que se requiere la máxima precisión con el mínimo de elementos: El autobús saldrá a las 15.00 h. de la Plaza de España.

    La hora puede expresarse en letras o en números. En textos literarios o periodísticos, así como en cualquier otro tipo de texto en que la precisión horaria no es un factor de especial relevancia, la hora se escribe preferentemente con letras: Me llamó a las diez y media para saber si había llegado bien. En horarios, convocatorias, informes técnicos o científicos o cualquier otro tipo de texto en que la precisión horaria es un factor relevante, se usan preferentemente los números: La cena se servirá a las 22.30 en el comedor principal. Se ruega puntualidad. No es recomendable mezclar letras y números: es preferible escribir las diez de la noche que las 10 de la noche. En el uso de letras y números influye también que se trate de horas exactas o aproximadas. En la expresión aproximada de las horas no suelen utilizarse números, sino letras, añadiendo fórmulas como alrededor de, hacia, y pico… Si la hora se escribe con números, debe tenerse en cuenta lo siguiente: para separar las horas de los minutos, se usa el punto o los dos puntos. Opcionalmente puede emplearse tras las cifras el símbolo h (hora) que, como todos los símbolos, debe escribirse sin punto (salvo que se trate del que marca el final del enunciado): 17.30 o 17:30 h. Las horas en punto se expresan mediante dos ceros en el lugar que corresponde a los minutos: 22.00, 22:00. Cuando se usan las abreviaturas a. m., m. y p. m., no debe añadirse el símbolo h, por ser evidente que se trata de una referencia horaria: 17.30 h. o bien 5.30 p. m. [2] 


* El autor es académico correspondiente de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes
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[1] Vid.: La inaudita medida de Telecinco para no perder audiencia con la final de la Copa del Rey, en El Televisero, de 21/04/2022.

 [2] Vid.: RAE: Diccionario panhispánico de dudas.