viernes, 6 de diciembre de 2024

ANTONIO GONZÁLEZ, UN ESTADISTA LIBERAL Y DIPLOMÁTICO EXTREMEÑO


Antonio Bonifacio González González (Valencia del Mombuey, Badajoz, 05/01/1792; Madrid, 30/11/1876) fue un estadista liberal y diplomático español, enemigo de las ideas del antiguo régimen y personaje relevante del primer liberalismo español y responsable de su implantación. Figura principal del partido progresista español del siglo XIX, colaboró activamente en las políticas llevadas a cabo por Mendizábal y Espartero, aunque, con el paso de los años, sus ideas se fueron moderando.


    A esta figura extremeña de la política nacional del XIX dedican su última obra José Antonio Ramos Rubio, académico correspondiente de la Historia y de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes y cronista oficial de Trujillo, y José Luis Pérez Mena, abogado y jurista. [1]

    El alcalde de su pueblo natal, Manuel Naharro Gata, sostiene en el prólogo de la obra que “Antonio González podría haber sido uno de esos personajes que, por capricho del destino, se desvanecen en los márgenes de la historia. Sin embargo, al conjugar la audacia del liberal con el arte de la diplomacia, su vida quedó inscrita con tinta indeleble en los anales de su tiempo” porque “no era solo un liberal que agitan las conciencias de su tiempo y su liberalismo era una cuestión de vida o muerte, más que una simple etiqueta política”.

    Antonio González nació en el seno de una importante familia hacendada pacense. Cursó sus primeros estudios en el colegio de Valance de Badajoz, institución educativa de balance religioso, bajo la dirección de la Compañía de Jesús, donde ingresó a los 7 años, en 1799. El 2 de mayo de 1808 comienza la Guerra de la Independencia, que trunca la apacible vida estudiantil. En 1809 se une a la compañía de Artillería de la ciudad para pasar al regimiento de caballería con los cordones de cadete. Sirve con este grado un año, al cabo del cual es nombrado segundo maestro de cadetes y oficial del mismo cuerpo más tarde.

    Iniciada la Guerra de la Independencia, participa como cadete del Regimiento de Úsares de Castilla en varias batallas y es promovido a segundo maestro de cadetes y, en 1811, al grado de oficial.

    Badajoz cae bajo control francés en marzo de 1811. La ciudad es sitiada en varias ocasiones por las tropas alidadas hispano-británicas. El 16 de mayo de 1811 tiene lugar la batalla de La Albuera, que enfrenta a los franceses contra una coalición de tropas británicas, españolas y portuguesas, que impidió que los franceses reforzaran el asedio de Badajoz. El segundo y definitivo asedio de Badajoz, en el que también participó Antonio González, comenzó en marzo de 1812, en el que los aliados lograron defender las defensas pacenses el 6 de abril de 1812. La liberación de la ciudad fue un golpe significativo para las fuerzas francesas.

    Concluida la guerra, Antonio González recibió en 1814 varias medallas honoríficas, siendo promovido al grado de oficial. Aunque, se mantuvo unido a ese Regimiento hasta junio de 1822, volvió a sus estudios y terminó la carrera de Leyes en la Universidad de Zaragoza, una de las instituciones académicas más importantes de España, donde en 1819 se gradúa como bachiller.

    Atraído por la ebullición política del Trienio Liberal, se traslada a Madrid donde se integra en la burocracia política del régimen liberal. Este período, entre 1820 y 1823, en medio de la agitación que siguió a la Guerra de la Independencia y la restauración absolutista de Fernando VII, marca un intento de restauración del régimen liberal y constitucional. Inaugurado el Trienio Constitucional, Antonio González es recibido como abogado en Madrid para ejercer la profesión. A mediados del año siguiente es nombrado auditor de la Capitanía General. Más tarde ejerce como fiscal jefe de la sala de Guerra y Marina del Tribunal.

    Triunfante la reacción absolutista e incumplida por Fernando VII la promesa de amnistía a Antonio González, no le queda más salida que el exilio. El 31 de octubre de 1823 parte desde Gibraltar con la intención de llegar a Perú, junto a Infante, Seoane y su hermano Luis, formando parte de alguna expedición militar u oficial por mantener el control sobre sus territorios en América. Estuvo a punto de ser fusilado en varias ocasiones, En Arequipa abrió un despacho de abogado. Salvó de una muerte cierta al brigadier Baldomero Espartero, después duque de la Victoria y capitán general. Condenado a dura prisión, González intercedió ante Simón Bolívar logrando que se le indultara de la pena de muerte a la que estaba condenado. Esta relación fue fundamental para su carrera política y, para la diplomática, los conocimientos que adquirió en el viaje que durante un año realizó por diferentes países europeos antes de regresar a España en mayo de 1834.

    Hasta sus últimos días participó en la vida política nacional, falleciendo con 84 años en Madrid con el título nobiliario de Marqués de Valdeterrazo, otorgado el 30 de noviembre de 1876 por Isabel II. Fue procurador en las legislaturas de 1834 a 1835 y de 1835 a 1836; diputado constituyente en 1836 a 1837 y en las legislaturas de las ordinarias de 1837 a 1838, 1840 a 1841, 1841 a 1842, 1842 a 1843 y en las Constituyentes de 1854 a 1856. Senador electivo en 1837 a 1845 y en 1876 y vitalicio desde 1845 a 1868. Fue también presidente del Consejo de Ministros y ministro de Estado, presidente del Congreso de los Diputados, presidente del Consejo de Estado y embajador en Londres. En sus últimos años de vida, fue senador por Almería. Fue enterrado en la Sacramental de San Isidro de Madrid.

    La obra concluye con un estudio sobre el liberalismo en tiempos del personaje y sus posiciones como fuente ideológica a cargo de José Luis Pérez Mena.

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[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio y Pérez Mena, José Luis: Antonio González y González, estadista liberal y diplomático, TAU Editores, Cáceres, 2024, 121 págs.


sábado, 30 de noviembre de 2024

LICINIO DE LA FUENTE, HIJO ADOPTIVO Y MEDALLA DE ORO DE PLASENCIA



    Gobernador civil de Cáceres entre 1956 y 1960 y ministro de Trabajo con el Generalísimo Franco entre octubre de 1969 y marzo de 1975, Licinio de la Fuente y de la Fuente (Noez, Toledo, 07/08/1923; Madrid, 26 de febrero de 2015) fue nombrado Hijo Adoptivo de Plasencia en la sesión extraordinaria del Pleno de la Corporación, presidida por su titular, Juan Francisco Serrano Pino, el 31 de julio de 1973.

    Ya el 30 de abril de 1971, el alcalde propuso al Pleno la instrucción del expediente reglamentario para otorgarle el título de Hijo Adoptivo de Plasencia por su interés en construir en la ciudad una Residencia del Seguro Obrero de Enfermedad. En el Pleno extraordinario celebrado el 3 de mayo de 1971 se dio lectura a la moción del alcalde que proponía el citado nombramiento, “porque es evidente el interés que ha puesto para que en Plasencia se construya una Residencia del Seguro Obligatorio de Enfermedad, hecho que producirá grandes beneficios a Plasencia en general y a su población laboral en particular”, que los concejales aceptaron por aclamación, nombrándose instructor al concejal Juan Rivera Rovira. Finalmente, el 31 de julio de 1973 la Corporación acordó por unanimidad nombrarle Hijo Adoptivo de la ciudad. El Pleno del Ayuntamiento, en sesión celebrada el 11 de febrero de 1975, acordó concederle la Medalla de Oro de Plasencia en reconocimiento a su decidida contribución a la resolución de importantes problemas relacionados con la ciudad, como el ambulatorio de la Seguridad Social, centro fijo del PPO, hogar del pensionista y, sobre todo, la Residencia del Seguro Obligatorio de Enfermedad.

    La entrega del título de Hijo Adoptivo de la ciudad y de la Medalla de Oro de la misma tuvo lugar el día 10 de junio de 1975, en el balcón del palacio municipal, dada la multitud de personas que abarrotaba la plaza mayor, celebrándose a continuación un almuerzo popular en su honor.

    Licinio de la Fuente pertenecía a una familia de modestos agricultores toledanos y, dada su penuria económica, no pudo iniciar sus estudios hasta que finalizó la Guerra Civil, a los 15 años. Para poder sostener a su familia mientras estudiaba el Bachillerato, trabajó en Toledo como camarero y linotipista. Posteriormente estudió Derecho en la Universidad Complutense de Madrid (1944 a 1948). Al acabar la carrera preparó oposiciones al Cuerpo de Abogados del Estado, que aprobó al primer intento, en febrero de 1950, con 27 años. Su primer destino fue Ciudad Real, donde permaneció hasta 1954, siendo destinado después a Segovia.

    Perteneció a Falange Española y fue gobernador civil y jefe provincial del Movimiento de la provincia de Cáceres de 1956 a 1960. Durante esta época, inauguró el teléfono en más de cien pueblos de la provincia, numerosas carreteras para mejorar las comunicaciones, el suministro eléctrico y el abastecimiento de agua. Asimismo, prestó atención al desarrollo de Las Hurdes, con la inauguración de numerosas escuelas, mejoras de las comunicaciones y planes de reforestación.

    En 1960 fue elegido delegado del Instituto Nacional de Previsión, en el que integró a los médicos en el Sistema Nacional de Salud. Cesó en 1963 y se incorporó a la Abogacía del Estado. Fue procurador en Cortes desde 1961 por el tercio familiar de la provincia de Toledo y, por designación directa de Franco, consejero y secretario primero del Consejo Nacional del Movimiento (1961-1970). En 1965 fue nombrado director general del Servicio Nacional de Cereales (1965-1968) y presidente del Fondo de Ordenación y Regulación de Producciones y Precios Agrarios (FORPPA), de 1968 a 1969.

    Entre 1969 y 1975 fue ministro de Trabajo, y vicepresidente tercero del Gobierno desde el 3 de enero de 1974 hasta el 4 de marzo de 1975. A finales de febrero dimitió por discrepancias con el Ejecutivo por dos motivos principales: la cláusula del libre despido de los trabajadores que participasen en un despido colectivo y la intervención del entonces ministro de Hacienda en las cuentas de la Seguridad Social.

    Tras la muerte de Franco se dedicó a la abogacía y al asesoramiento jurídico de empresas. Fundó el partido Democracia Social, integrado en Alianza Popular, formación liderada por Manuel Fraga, por la que fue elegido diputado por Toledo en la legislatura constituyente (1977-1978), cargo y militancia que abandonó en agosto de 1979, tras participar en la elaboración de la Constitución Española de 1978.

    Desde 1985 ejerció como jefe del Servicio de Letrados del Estado del Tribunal Supremo. En 1987 fue nombrado presidente del Banco Gallego (antiguo Banco de Crédito e Inversiones). Fue vicepresidente del Banco Internacional de Comercio, consejero de Iberia Líneas Aéreas y vocal de Butano e Ibermutua. Durante los noventa ejerció como asesor del Banco Central Hispano.

    Estaba en posesión de varias grandes cruces. También le fue concedida la Medalla de Oro de la provincia de Cáceres por la Diputación Provincial en 1960, la Medalla de Oro de la ciudad de Toledo en 1970 y la Medalla de Oro de Asturias en 1973.

    El exvicepresidente tercero y exministro de Trabajo del Gobierno de Franco y exgobernador civil de Cáceres, Licinio de la Fuente, dio su nombre al Instituto Nacional de Bachillerato mixto de Coín (Málaga), a la Sociedad Cooperativa de Viviendas de Cuenca, al Colegio Nacional mixto de Malpartida de Cáceres, al Centro de Formación Profesional en el Centro de Universidades Laborales de Las Palmas, a la Residencia Sanitaria de Segovia, al Colegio Nacional de Alía (Cáceres), el Instituto de Formación Profesional de Jaraíz de la Vera (Cáceres), una calle en Huelva, otra en Recas (Toledo) y una más en Casatejada (Cáceres) y a la Escuela de Enfermería de la Universidad Autónoma de Madrid.

    Escribió un libro de memorias “Valió la pena. Memorias de la guerra a la transición, un periodo apasionante de nuestra historia reciente” (EDAF Editorial, Movimiento, Madrid, 1998).

    En 1951 contrajo matrimonio con Asunción Asprón de la Vega, con la que tuvo siete hijos. Falleció en Madrid el 26 de febrero de 2015, a los 91 años.

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Bibliografía consultada: Archivo Histórico Municipal de Plasencia (AHMP), Archivo Histórico de Asturias; Sánchez Soler, Mariano, en Diccionario biográfico español de la Real Academia de la Historia; ABC, diario Hoy; Toledo, boletín de información municipal de diciembre de 1970 y enero-febrero de 1971; El Adelantado de Segovia, de 8 de agosto de 1960, y BOE.


jueves, 28 de noviembre de 2024

ANTONINO, OBISPO CATÓLICO DE MÉRIDA EN EL PERIODO SUEVO


Concatedral de Santa María, de Mérida


    Antonino de Mérida, o Antonino, fue obispo de Mérida (445-449) durante el dominio suevo. Al desconocerse el año del fallecimiento de su predecesor Gregorio, ni tampoco el primer año del pontificado de Antonino, se ignora si entre los dos hubo algún otro prelado. Ni Tomás Tamayo tiene noticias de este obispo en Apospasmation de rebus emeritensibus ni tampoco Moreno de Vargas en su Historia., por lo que aquel pasó en blanco todo lo que hay desde Idacio hasta el tiempo del rey Leovigildo.

    Antonino figura como octavo obispo de Mérida en la relación de veintiún obispos del Arzobispado de Mérida-Badajoz, que se inicia con Marcial (¿-255) y concluye con Arnulfo (a. 839-d. de 862), a la que sigue después la relación de los obispos de Badajoz, que comienza en el 904 con Theodocutus y concluye con el 79, con Antonio Montero Moreno (1980-1994). Después vienen los arzobispos, que comienzan con el anterior (1994-2004) y terminan por ahora con el cuarto, José Rodríguez Carballo, desde este mismo año.

    El nombre y dignidad de Antonino aparece en el Chronicon de Idacio (tomo IV) hacia el año 445 al referir los sucesos de los herejes maniqueos y priscilianistas que se refugiaron en Astorga. Estos fueron descubiertos y juzgados por Santo Toribio y por el obispo Idacio, que fue quien puso estos sucesos por escrito y los remitió al obispo de Mérida, Antonino, según el siguiente escrito:

    “En Astorga, ciudad de Galicia, son descubiertos ciertos maniqueos que hacía años permanecían ocultos, instruyéndose al efecto diligencias episcopales, que los obispos Idacio y Toribio, que los habían juzgado, remitieron a Antonino, obispo de Mérida.”

    Esto demuestra que Antonino era obispo de Mérida y que le pusieron sobre aviso, ya que era también obispo de la Lusitania que, al lindar con Galicia, temieron que la herejía se extendiera a la iglesia de Antonino. El propio Idacio escribe en su Chronicon en el año 448 que un hereje maniqueo llamado Pascencio, natural de Roma, fue cogido por Antonino en Mérida. Dice Idacio: “Pascentium quendam urbis Romae, qui de Asturica diffugerat, Manichaeum, Antonio, episcopus Emeritae comprehendit.” El obispo Antonino oyó a Pascencio, examinó la causa y decidió expulsarlo de su provincial, tal y como indica el propio Idacio en un escrito posterior. “Auditoque etiam de Provincia Lusitania facit expelli anno 448.” Este escrito revela que Antonino no solo actuó como obispo de Mérida, sino como cabeza de su provincia eclesiástica.

    Como señala el autor de “España sagrada”, Enrique Flórez, Antonino ejerce su fuero metropolitano, cuando su Decreto obra sobre todos los límites de la Lusitania, y no precisamente de su obispado, como quien era cabeza de la provincia. Por este documento se deduce el tiempo y noticia de Antonino, pero no se expresa allí ni su principio ni su fin ni el año en que falleció.

    Vivió durante el reinado del suevo Rechila, por el cual es muy creíble que padeciese algunas contradicciones, por cuanto Idacio refiere que era gentil, en cuya ceguedad murió en Mérida el mismo año en que Antonino desterró de Lusitania al hereje Pascencio. Empezó entonces a reinar Reciario y, como era católico, es verosímil que la Iglesia respirase en su tiempo; pero muerto luego por el rey godo Theodorico en el año 456, este enemigo de la Iglesia invadió la Lusitania y, queriendo saquear Mérida, salió el cielo a su defensa por el soberano patrocinio de la Virgen y Mártir Santa Eulalia, que le aterró con portentos. Este maravilloso suceso en tiempo de Antonino, o de su sucesor, como también de quienes vivieron desde la mitad del siglo V hasta la mitad del siguiente, en cuyo espacio se sabe que el rey godo Eurico causó graves daños en Lusitania, según refiere San Isidoro en la historia de los godos.

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Bibliografía consultada: Flórez, Enrique: España sagrada, De los obispos de Mérida, Trat. 41, cap. 8, págs. 166-168; González Salinero, Raúl: Diccionario biográfico español de la Real Academia de la Historia: Antonino de Mérida; y web del Arzobispado de Mérida-Badajoz.