jueves, 9 de abril de 2026

“EL AGUADOR”, CARTA DE MANUEL MARTÍNEZ MEDIERO EN EL DIARIO “HOY”


(El dramaturgo extremeño, Manuel Martínez Mediero, publicaba ayer en el diario Hoy esta carta al director, que me complace reproducir para los seguidores del blog)

 

El paso del tiempo deja atrás casi todo --cuando no desaparece-- menos en el diccionario. Los diccionarios son como cementerios de palabras, al mismo tiempo que son centros de salud sin necesidad de hacer cola. Una palabra desaparece y por regla general desaparece el oficio. No es el caso de la guerra que no desaparece ni se espera que desaparezca. Entre amar y odiarse, el ser humano lo tiene muy claro: prefiere odiarse. Siente un placer especial por el odio, se siente a su placer odiando. Menos el aguador. El aguador era el encargado de llevar agua a las trincheras, no tenía ningún prestigio y tenía que soportar las chanzas del parapeto. Era el primero en morir y se le enterraba en campo abierto como a un animal. Solían ser gente muy sensible y padecían la homofobia de los demás. En la cultura hay felizmente aguadores, muy pocos, pero los hay. Son los encargados de llevar la cultura a los demás. Estar ojo avizor de todo cuanto aporte beneficio a la sensibilidad y al saber. Estar en contacto con sus compañeros de sufrimiento literario, traerlos y llevarlos por las redes.

            En una palabra, hacer lo que las instituciones políticas de la cultura no hacen, ni harán nunca. Es el caso del ministro de Cultura, que se pasa el día retratándose para unirse con no sé quién, besándose con alguien, pues esta democracia es la más besada del mundo, todos se besan y se odian al mismo tiempo. Besa hasta Abascal, que ya es besar.

            ¡Ay, Dios, lo que se quieren! Y dicho esto, Extremadura tiene un aguador especial. Es Félix Pinero, aguador del periodismo y ahora de la Real Academia de Extremadura. Pues larga vida para el aguador. Desde sus redes nos tiene al corriente de todo suceso cultural. Cuenta las vidas y milagros de todos, hasta de los desconocidos. De vez en cuando nos cuenta la vida de la Virgen María. Es de agradecer. (Publicado en el diario Hoy, del 9 de abril de 2026. Véase:https://www.hoy.es/opinion/manuel-martinez-mediero-aguador-20260408221524-nt.html)



LA ORQUESTA DE EXTREMADURA PARTICIPA EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA BARROCA “LOS CHIQUITOS” EN BOLIVIA


La Orquesta de Extremadura (OEX) estará presente por primera vez en el Festival Internacional de Música Barroca “Los Chiquitos”, que se celebra del 16 al 27 de abril, con tres actuaciones, siguiendo la estela de los extremeños que fundaron y viajaron hasta Santa Cruz de la Sierra americana, en Bolivia.

Este festival, que se viene celebrando desde hace tres décadas en el país andino, con el nombre de Festival de Música Barroca “Misiones los Chiquitos”, mantiene vivo el legado cultural e histórico de las misiones jesuíticas y constituye un acontecimiento cultural enfocado en la recuperación del patrimonio musical y su difusión, y se ha consolidado como uno de los festivales más importantes de música antigua de Hispanoamérica.

Durante el encuentro con América fueron muchos los sacerdotes de diferentes órdenes religiosas que se asentaron en el Nuevo Mundo, llevando a cabo una labor evangelizadora, entre ellos los jesuitas y franciscanos, que se establecieron en territorios bolivianos como Santa Cruz de la Sierra, fundada por el extremeño Ñuflo de Chaves en 1561, con el nombre de su localidad natal, en la provincia de Cáceres. La primera Santa Cruz de la Sierra se encuentra en el municipio cruceño de San José de Chiquitos.

La cultura y la música barroca jugaron un papel fundamental en el entendimiento con los pueblos indígenas. El término barroco se acuñó de la arquitectura de la época, en la que se crearon formas musicales como la sonata, el concierto y la ópera. Este estilo artístico se introduce en América a partir del siglo XVI y surge en plena pugna entre la Reforma Luterana y la Contrarreforma Católica, siendo la música un medio de relación y unión.

Sorprendentemente, hace tres décadas se descubrieron partituras y composiciones musicales que permanecían guardadas en los archivos de las Misiones de Chiquitos y desde entonces se viene celebrando este festival de música antigua en localidades de Bolivia como Santa Cruz, Sucre, Tarija y La Chiquitania.

El festival se desarrolla cada dos años con una programación que tiene lugar en iglesias y espacios culturales de Santa Cruz, municipios como Porongo, Montero, Cotoca, Palón, San Julián y Santa Rosa del Sara, además de los seis pueblos misioneros declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: San Javier, Concepción, Santa Ana de Velasco, San Miguel, San Rafael y San José de Chiquitos.

Extremestiza impulsa esta acción cultural, organizado la presencia de la OEX en este acontecimiento, en el marco de las acciones que se desarrollan desde el Área Musical de esta estrategia transversal de la Junta de Extremadura, destinada a rescatar y revalorizar el mestizaje como punto de encuentro y crecimiento compartido entre Extremadura y América. De este modo, a través de la música, sigue tendiendo lazos a ambas orillas del Atlántico y enriqueciendo el legado musical compartido.


lunes, 6 de abril de 2026

TRUJILLO, UNA CIUDAD EN GESTACIÓN


Puerta de Coria (en Trujillo)

    “La ciudad de Trujillo y su entorno inmediato ofrecen un laboratorio excepcional para explorar los procesos de ocupación humana desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna”, subrayan los autores en la Introducción a la obra Trujillo, ciudad en gestación: Historia y expansión desde sus orígenes hasta el siglo XVI. [1] El cronista oficial de Trujillo, José Antonio Ramos Rubio, y el ingeniero civil por la Universidad Pública de Navarra, Raúl Gómez Ferreira, estructuran esta nueva obra en grandes bloques cronológicos que responden a una lógica de larga duración: los orígenes del poblamiento y el registro material prehistórico y protohistórico; la integración del territorio en el mundo romano dentro de la romanización de Hispania; la fortaleza, medina y concejo: evolución del espacio habitado trujillano en época islámica y bajomedieval; y, finalmente, el crecimiento hispano extramuros tras el siglo XVI que, lejos de ser una mera recopilación descriptiva, persigue comprender los mecanismos de continuidad, ruptura y transformación que explican la fisonomía histórica del casco trujillano.

    El primer bloque del libro no es simplemente catalogar restos arqueológicos, sino demostrar que la ocupación humana del territorio de Trujillo responde a condicionantes ambientales, económicos y estratégicos que ya operaban miles de años antes de la aparición de la ciudad histórica. El análisis del registro material --industria lítica, cerámicas, estructuras funerarias o evidencias de hábitats --permite establecer la temprana presencia de grupos humanos atraídos por recursos hídricos, suelos fértiles y posiciones elevadas defensivas. La topografía de berrocales graníticos, los cursos fluviales y las amplias dehesas ofrecían un entorno idóneo para actividades de caza, pastoreo y agricultura incipiente. De este modo, el territorio se revela como un espacio activo, capaz de modelar las estrategias de subsistencia y organización social.

    Con la llegada del Imperio Romano, el territorio se integra en una estructura política, económica y cultural suprarregional. La romanización no es solo una imposición militar, sino un complejo proceso de hibridación cultural. Las nuevas infraestructuras, calzadas, explotaciones agrícolas, sistemas hidráulicos y núcleos habitacionales organizados según el modelo romano se palpan en la tierra de Trujillo. La romanización configura la primera gran estructuración territorial de larga duración. Comprenderla es entender el nacimiento de una lógica urbana que sobrevivirá durante siglos.

   El poblamiento medieval de Trujillo revela que su importancia histórica no puede comprenderse únicamente desde la arquitectura conservada o los episodios militares que jalonan su pasado. La ciudad fue, ante todo, un espacio estratégico en el que el territorio, la defensa y la organización social se articularon de manera cambiante a lo largo de los siglos. El concepto tripartito de fortaleza, medina y concejo sintetiza esa evolución y permite explicar cómo el asentamiento pasó de ser un enclave militar andalusí a convertirse en un núcleo político y administrativo cristiano tras la conquista del siglo XIII.

    Durante la etapa islámica, el enclave adquirió la fisonomía de fortaleza rural fortificada. Más que como una ciudad plenamente desarrollada, funcionaba como centro defensivo y administrativo destinado a asegurar el dominio sobre un amplio territorio agrícola y ganadero. Su misión principal era militar; vigilar caminos, proteger a la población campesina y servir de refugio ante incursiones enemigas. Esta fase supone la consolidación medieval del espacio y una temprana articulación económica.

    Tras la incorporación del territorio al Reino de Castilla en el siglo XIII, Trujillo experimentó una transformación decisiva, La antigua fortaleza andalusí se integró en la red administrativa castellana y pasó a organizarse como concejo; es decir, como una comunidad urbana con jurisdicción propia sobre un amplio alfoz o territorio dependiente.

    La repoblación cristiana introdujo nuevas instituciones --parroquias, plazas, edificios concejiles-- y reformuló el paisaje urbano. Iglesias y espacios públicos ocuparon lugares simbólicos, reforzando la cohesión social y la identidad colectiva. Desde el punto de vista territorial, esta etapa consolidó definitivamente a Trujillo como cabecera territorial. El control del campo, la ganadería y las rutas comerciales, aseguraron su prosperidad y sentó las bases del crecimiento posterior. La importancia histórica del poblamiento medieval radica en esa continuidad transformadora. El enclave estratégico dio lugar a la fortaleza; la fortaleza propició la medina; la medina facilitó el concejo.

    Tras el siglo XVI, el auge económico ligado a la expansión atlántica y a las redes americanas impulsa nuevas formas de crecimiento, La ciudad deja de ser exclusivamente fortaleza para convertirse en centro residencial, comercial y administrativo. Los espacios extramuros acogen barrios artesanales, conventos, infraestructuras productivas y viviendas populares. El análisis urbanístico revela que el crecimiento no es planificado de forma homogénea, sino orgánico. Calles irregulares, parcelaciones espontáneas y contrastes tipológicos muestran cómo la ciudad se adapta a necesidades inmediatas, Frente a la racionalidad romana, ahora predomina la flexibilidad. La expansión extramuros simboliza un cambio profundo en la relación entre comunidad y territorio. Las murallas, antes frontera defensiva, se vuelven permeables. La ciudad se abre al campo circundante y se integra en una economía regional más amplia.

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[1] Vid.: Ramos, Rubio, José Antonio y Gómez Ferreira, Raúl: Trujillo, ciudad en gestación: Historia y expansión desde sus orígenes hasta el siglo XVI, TAU Editores, 2026, Cáceres, 220 págs.