La novia desconocida de
un soldado en el frente..., un encuentro sin palabras. No se conocen, ni se
ven, ni hablar pudieren; pero se hablan mediante la palabra escrita, la unión
virtual del pensamiento que les vincula mediante la palabra. En todo encuentro
nos comunicamos con el gesto, con la mirada, aun sin palabras. Reconocemos a
alguien, ignoramos quién fuere, pero su mirada nos inquiere, la nuestra nos
delata; quizá nos comunicamos mediante la palabra sin reconocer realmente su
identidad; nos quedamos presos de su imagen, de su voz, pensativos de su
nombre, en qué lugar, con qué motivo, dónde, cuándo le conocimos..., hasta que,
por fin, unos días después, caemos en la cuenta: le reconocimos, dimos con su
identidad... Le reconocimos, pero no le conocemos. "Yo a usted le conozco, pero no caigo ahora..." "No, querida: usted me reconoce de visu, pero
no me conoce de alma y corazón..." Reconocemos, pero no nos conocemos;
creemos conocer, pero tan solo reconocemos. ¡Ay de aquellos que conocieren tan
solo con el reconocimiento! Serían médicos del alma más que del cuerpo. A este
se le reconoce por la ciencia; al alma, por su espíritu. Nos vanagloriamos de
conocer a multitud de personas que conviven en nuestro derredor y apenas las
conocemos. "Yo a usted le conozco de
algo..." ¡Quiá!: usted me
reconoce, pero no me conoce..."
El reconocimiento es un encuentro sin palabras; el
conocimiento implica y ampara todo un mundo de palabras, de vivencias, el cognosco del ser. Cada persona es un
mundo; cada conciencia, cada pensamiento, es un punto y aparte. No basta la
convivencia; más necesaria es aún la espiritual para fusionar el encuentro sin
palabras en el encuentro de la palabra; pues, sin palabras nacidas del corazón,
¿qué merito hubieren las nacidas de la boca, aun juradas, prometidas..., sin el
encuentro de la palabra? Se jura y se promete con palabras; pero la palabra, no
religada con la conciencia y con el compromiso de la palabra, es tan solo un
encuentro sin palabras, una promesa al viento, destructor de las promesas
incumplidas. Se llamaban compañeros y
tan solo lo fueren de trabajo; se decían camaradas,
pero tan solo les unieren objetivos distintos a los que proclamaren. Llamaba a
la presunta amada mi amor cuando tan
solo deseare el suyo, incapaz de entregarse por él... La palabra del político
es un encuentro sin palabras, aunque la palabra se erija en un compromiso de
palabras; la palabra incumplida; la promesa vacua, que te solicita un voto para
obtener una regalía de palabras por incumplir. Usted me da su palabra escrita --su voto--, y yo le doy mi palabra;
pero no hay compromiso de la palabra, porque es un encuentro sin palabras... En
la sociedad de la información, nos comunicamos más que nunca; pero sin
palabras, aun con palabras, porque nos falta el encuentro de la palabra, la
mirada al espejo del alma, la palabra derramada en el encuentro no casual de la
palabra; palabras al viento esparcidas en la parva sin palabras... de los sms, del washap..., todo un mundo de palabras sin el encuentro de la
palabra..., la amiga deseando escuchar la palabra amada, reconocida, ansiada...,
en una cita de palabras, la palabra nacida de su boca, de su alma, pensamiento,
corazón, quizá..., en el ansiado encuentro de palabras.
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