viernes, 28 de septiembre de 2018

SIETE MONJAS PLACENTINAS EN LA HISTORIA


            Entre las muchas mujeres que dedicaron su vida a la Iglesia, destacan en la historia placentina dos beatas: Matilde Téllez Robles y Andrea Calle González, además de Francisca de Oviedo y Palacios, Valentina Mirón, María Ana, María de Brozas y María Magdalena.
          
  Matilde Téllez Robles, en la religión Matilde del Sagrado Corazón (Robledillo de la Vera, 30/05/1841; Don Benito, 17/12/1902) fue la segunda de los cuatro hijos de Félix Téllez Gómez y de su esposa Basilea Robles Ruiz. Su padre, notario de profesión, se estableció en Béjar, donde, junto a la educación cultural básica, Matilde recibió una esmerada formación religiosa. Pese a la oposición paterna, que deseaba otro porvenir para su hija, desde muy joven siente una viva inclinación por la Eucaristía, los necesitados y los pecadores. A los 23 años fue elegida presidenta de la asociación de Hijas de María, recién establecida en Béjar, y poco después la nombran investigadora de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Conjugando la contemplación con la acción, Matilde se lanza durante años a una intensa actividad apostólica con niños, pobres y enfermos; trabaja con las Hijas de María, atiende la escuela dominical, prepara para el matrimonio cristiano y acompaña a jóvenes con vocación. Desde joven siente la llamada a la vida religiosa y recibe la inspiración de fundar un Instituto religioso. Así se lo comunica al papa Pío IX en carta de 04/05/1874. El 19/03/1875, festividad de San José, ya con la bendición paterna,  ingresa en la "casita de Nazaret" para iniciar la vida religiosa, junto a María Briz, tratando de imitar a la Sagrada Familia. Un tiempo después, reciben a un grupo de niñas huérfanas. El 23/04/1876, el obispo de Plasencia Pedro Casas y Souto autoriza provisionalmente la Obra con el título de "Amantes de Jesús e Hijas de María Inmaculada". El 20/01/1878, Matilde y María visten el hábito religioso en Plasencia. A finales de marzo de 1879, la comunidad se traslada a Don Benito (Badajoz), donde instalan el noviciado, acogen a niñas huérfanas, dan clase, atienden a los enfermos en sus casas y ayudan a los pobres. El 19/03/1884, el mismo obispo erige canónicamente la Obra como Instituto religioso de derecho diocesano. Al año siguiente, la ciudad sufre una epidemia de cólera. La M. Matilde y las hermanas se entregan al cuidado amoroso de los apestados. Sor María Briz muere contagiada, y la Madre abre un hospital para los pobres. En 1889 comienza la expansión del Instituto, con una fundación en Cáceres, y sucesivamente en Trujillo, Béjar, Villanueva de Córdoba, Almendralejo, Los  Santos de Maimona y Villaverde de Burguillos... De cada una de ellas se podría escribir una historia de amor. A los 61 años, su organismo está muy debilitado a causa de los sufrimientos, del intenso trabajo y  de las enfermedades y presiente que llega la hora de irse con el Señor. El 15 de diciembre de 1902, al salir temprano de viaje, sufre un ataque de apoplejía y, en las primeras horas del 17, rodeada de todas sus hermanas, vuela a la casa del Padre. Todo el pueblo, principalmente los pobres, la lloran como a una madre. El 23 de abril de 2002, el papa Juan Pablo II reconocía oficialmente las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Matilde Téllez y, al año siguiente, el 12 de abril, se promulgaba el Decreto sobre el milagro obrado por su intercesión, dando paso a su beatificación, el 21 de marzo de 2004. En la actualidad, las Hijas de María Madre de la Iglesia (así se llaman desde 1965) realizan su labor evangelizadora en España, Portugal, Italia, Venezuela, Colombia, Perú y Méjico, en hogares-internado de acogida a la niñez y juventud marginada.[1]  Su fiesta se celebra el 30 de mayo. En el primer centenario de su nacimiento, el P. Agapito Robles escribió un salmo en su honor, que principia:
 
            "Que en las estrellas escribió su nombre/ y en la tierra engrandeció el de la Madre Matilde./Los pequeños y desheredados la bendecirán/y entre los potentados del siglo será eterna su memoria." [2]
 
         
     Andrea Calle González (Plasencia, 27/02/1904; Madrid, 03/09/1936), era modista. Ingresó en comunidad el 11/09/1930. Quienes la conocían, afirmaban que junto a ella no había penas y que ponía su seguridad en el Señor. Desarrolló su vocación en el hospital psiquiátrico de Almería y en el de Zaldívar (Vizcaya). Su último destino fue la Casa de Misericordia de Albacete. Al comenzar la Guerra Civil, la obligaron a dejar las obras caritativas de la Casa de Misericordia de Albacete y salir hacia Madrid, tras exigirle vestirse de seglar para hacer desaparecer todo signo religioso. Junto a sor Dolores y sor Concepción, sustituyó el hábito por una sencilla bata de percal, la toca por un pañuelo, o la desarreglada melena. Las tres no se despojaron de su rosario, porque hallaron en él y en la eucaristía la fuerza para ser testigos en medio de la persecución. Las últimas lo llevaban en la cintura y sor Andrea, como collar. Por este detalle fueron reconocidas como "monjas" al bajarse del tranvía cuando llegaron al pueblo de Vallecas para dejar a sor Concepción en casa de un tío suyo que no quiso recibirlas. Primero las apedrearon, después las condujeron al Ateneo Libertario del pueblo, donde fueron acosadas, insultadas y detenidas. Durante varias horas sufrieron provocaciones inmorales por parte de los miembros del tribunal integrado por cinco milicianos republicanos, Seguidamente separaron a las dos más jóvenes de sor María Concepción  (49 años) y las llevaron a una celda de la checa situada en el Colegio de las Religiosas Terciarias de la Divina Pastora, Allí, unos milicianos atrevidos y desvergonzados sometieron a sor Dolores (43 años) y sor Andrea al martirio de la violación.. Seguidamente las llevaron a Los Toriles. Las torearon y arrastraron mofándose de ellas un grupo numeroso de niños, jóvenes y milicianos adultos. Por último, acabaron con su vida con un tiro que le atravesó el cráneo, a sor Dolores Caro Martín, en el parietal izquierdo y a sor Andrea, en el derecho. Tenía 32 años. A sor María Concepción Pérez Giral, en lugar de torearla, lo hicieron moralmente con provocaciones obscenas. Al final, sufrió un tiro en el cráneo, junto a la vía del tren en el término conocido como Pozo del Tío Raimundo. Era el 3 de septiembre de 1936. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de Vallecas y rescatados en 1941. Las tres, Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, fueron beatificadas el 13 de octubre de 2013, durante el pontificado del papa Francisco.[3]  El Ayuntamiento de Plasencia le dedicó una placa en su honor con las fechas más importantes de su vida en su casa natal  --el número 21 de la calle Ancha--, acto en el que el alcalde, Fernando Pizarro, "recordó que allí había nacido su abuela, Isabel la Cabrera, la Benéfica, que consiguió el título de Muy benéfica para la ciudad por incumplir la orden de ayudar a los soldados que regresaban de Cuba".[4]  
 
            Francisca de Oviedo y Palacios (Plasencia, 1558; Serradilla, Cáceres, 1659). En 1656 fundó el convento del Cristo de la Victoria, perteneciente a la Orden de las Agustinas Recoletas, mediante los 600.000 ducados en almoainas que reunió en la provincia de Cáceres y la Corte de Felipe IV de España. Promovió la construcción de un hospital en la misma ciudad destinado a los pobres. Impulsó la concepción de la imagen del Santísimo Cristo de la Victoria, obra del escultor Domingo de Rioja, realizada hacia 1635, que fue venerada en Madrid en la iglesia de San Ginés y en la capilla del Palacio Real y en Plasencia, hasta llegar en 1641 a Serradilla. Fue conocida popularmente con el sobrenombre de "beata", aunque no hay reconocimiento oficial por parte de la Iglesia Católica. [5]
            Valentina Mirón (Plasencia, 03/11/1900; Madrid, 26/04/1956), Hija de la Caridad, dedicó 35 años de su vida a ayudar a los demás. Su padre, Julián Mirón, era maestro de albañilería y estaba casado en segundas nupcias con María Muñoz. Su formación la inició con las Hermanas de San Vicente de Paul, en el colegio situado en lo que hoy es el Centro de la UNED. Con 19 años, ingresó en el noviciado e inició su trabajo en favor del prójimo en el Hospital General de Madrid y en el Provincial de Plasencia. Durante la Guerra logró pasar la frontera con Francia. Recuperada su identidad, volvió a Plasencia.[6] Al cumplirse el cincuenta aniversario de su muerte, la alcaldesa de Plasencia, Elia María Blanco, acompañada de la presidenta de Amas de Casa y familiares, descubrieron una placa conmemorativa en la casa en la que nació, en la calle del Rey. Para la alcaldesa, sor Valentina Mirón "fue una mujer entregada a los demás" y que hizo "todo el bien que pudo". [7]
 
            María Ana, el Ángel de Cuba (La Habana, 11/06/1882; Plasencia, 09/08/1904). Desde niña la llamaban "angelita". Tuvo varios hermanos, dos de ellas religiosas de la Preciosísima Sangre, también en La Habana. Huérfana de madre a los cinco años, se aferró a la devoción mariana. Estudió en el Colegio del Apostolado, donde también nació y creció su devoción por San Francisco de Asís. A los 17 años ingresó en el convento de las Capuchinas de Plasencia, con las que había mantenido correspondencia epistolar, que había clarificado su vocación. Poco duró su vida religiosa, ya que falleció a los 22 años, el 9 de agosto de 1904. Dejó una estela de santidad en penitencias y gracias místicas, que fueron la causa del estancamiento de su proceso de beatificación.[8]
            María de Rozas (Plasencia, 1613-1680). Dedicó su vida a los pobres, viviendo pobremente. A su entierro acudió toda la ciudad, que llenó la catedral. Plasencia la venera como una santa, a la que llama "Sierva de Dios". [9]
 
            María Magdalena. Nacida en Tornavacas, vivió toda su vida en las Clarisas de Plasencia. En 1809 huyó a los montes por miedo a los franceses. La hallaron, pero prefirió morir a ser ultrajada. A los ocho años, su cadáver se apareció a un pastor, siendo trasladada a Plasencia, donde, durante tres días, toda la ciudad desfiló ante él. [10]
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[2]  Vid.: Gutiérrez Macías, Valeriano: Mujeres extremeñas, Gráficas Cervantes, Salamanca, 1977, pág. 126.
 
[3] Vid.: Vincenziani.com. ReligiosasMartiresEnLaGuerra. blogspot.com, en http://es.catholic.net/imprimir.php?id=36910.
 
[4] Vid.: El Periódico Extremadura, de 18/07/2014.
 
[5]  Vid.: Wikipedia, la enciclopedia libre. Aunque en principio aseguraba que fue beatificada por la Iglesia, después matizó la afirmación. Véase también el artículo "Salida del Santo Cristo de Serradilla", de Antonio Arévalo Sánchez, en Revista "Guadalupe", del Real Monasterio, fundada en 1916, núm. 850 (julio-septiembre), que afirma que "al igual que muchas fieles cristianas, que en uso de la época llamaban beatas (es decir, benditas) sin el sentido peyorativo vulgar que tuvo siglos después".
 
[6] Vid.: Armero, Pilar, en Diario Hoy del 26/04/2006.
 
[7]  Vid.: Ecodiario.es, de 15/04/2008.
 
[9]  Vi.: Sendín Blázquez, José: Plasencia. Historia. Guía. Leyenda. Publicaciones Fhersal. Bilbao, 1996, pág. 362.
 
[10]  Ob. cit.


jueves, 27 de septiembre de 2018

UNA VIDA REMANDO SOBRE EL GUADIANA...

          
            No hubiere memoria de él --y la tuviere desde 1986--: Tomás Fernández Cedeño, Tomás "el Barquero" fallecido en abril de 1985, a los 83 años de edad. Hasta tres artículos escribí recordando el monumento que ya solicitaren para él un año antes de su muerte en las márgenes del Guadiana.[1] Aún no ha llegado, pero sí un anticipo: hace ya dos meses, el alcalde de la capital, Antonio Rodríguez Osuna; el presidente de la Asociación de Vecinos de El Barrio, Valeriano Prida; uno de los cronistas oficiales de la ciudad, Fernando Delgado; familiares y vecinos, asistían el jueves 23 de agosto a la inauguración de una placa conmemorativa en la rotonda de la avenida de José Fernández López, junto a la zona de El Barrio y el puente del ferrocarril, a orillas del río. Dice la placa "Rotonda-homenaje a los barqueros. Una vida remando sobre el Guadiana para unir orillas." [2].
 
            Era un homenaje para todos "los que salvaron y sacaron muchos cadáveres del Guadiana; a los barqueros que, al precio de una peseta, cruzaban el río y salvaron muchas vidas en él ", dijo el alcalde; pero en la mente de todos estaba Tomás. Su nieto dijo: "Barqueros hubo muchos, pero mi abuelo salvó desinteresadamente a mucha gente." Prida subrayó que, "aunque parezca poco, es suficiente para recordar a unas personas de gran valor humano" y recordó el compromiso del regidor de que, en el futuro, la rotonda se completará con una figura".
 
            No podría olvidar y reconocer, aunque tarde, este hecho reconfortante. En 1984, un grupo de vecinos se encargó de recoger fondos para realizar el monumento a Tomás "el Barquero". La Asamblea dio 250.000 pesetas. Se recaudaron 400.000, según un concejal de la época, promotor del proyecto, Pedro Pablo Serrano. Su coste se cifró en un millón de pesetas; pero nada más se supo...
            Tomás "el Barquero" trabajó en el Guadiana desde los 11 años. Conocía el río desde Don Benito hasta la frontera. De él se dijo que extrajo de sus aguas hasta 60 fallecidos, ahogados por causas varias, y que salvó de morir ahogados a más de 150 personas. Todavía no, Tomás no ha podido tener su estatua junto al río, con la leyenda que un día le dedicara un dibujo aparecido en el diario decano de la región: "La ciudad de Mérida a Tomás el Barquero".[3] Todo es empezar; pero no le olvidado desde entonces, aunque escriba hoy este penúltimo homenaje pendiente y, con él, agradezca la generosidad del alcalde que otros no hubieren.
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[1] Vid.: Pinero, Félix: Los nombres perdidos de Mérida: Tomás "el Barquero", de  19/12/2015, en http://felixpineroradiointerior.blogspot.com/2015/12/los-nombres-perdidos-de-merida-tomas-el.html.
 
[2] Vid.: Se inaugura la rotonda de los barqueros en El Barrio, en la web del Ayuntamiento de Mérida, de 23/08/2018.
 
[3]  Vid.: El Periódico Extremadura de 07/03/1986.


lunes, 24 de septiembre de 2018

MOHEDAS, EN EL ALFOZ DE GRANADILLA

 
            El origen y la historia de Mohedas de Granadilla[1] es el objetivo de la obra escrita por este hijo del pueblo (Mohedas, 1943) que, en su bodas de oro sacerdotales, --dedicada en su mayor parte a servir en la milicia: fue vicario castrense en la región militar sur (Andalucía y Murcia) y, en la actualidad, coronel capellán párroco del CEFOT número 1 de Cáceres-- aceptó la invitación del alcalde de su pueblo, Isidro Arrojo Batuecas, para "acercar la historia de su localidad, sus vivencias, la suya y la de sus vecinos, con un lenguaje coloquial, a sus paisanos, a las nuevas generaciones de mohedanos", como recuerda en el prólogo la archivera diocesana de Coria-Cáceres, María del Carmen Fuentes, que memora que "ha estructurado el libro en cinco capítulos: la época histórica, la situación geográfica y la vivida por la población hasta finales del XX".
            El autor comienza subrayando el apogeo de la localidad tras la concesión de la ciudadanía romana por el emperador Vespasiano (74 d. C.), a todas las entidades urbanas de la época de Augusto, lo que le convirtió en municipio romano de pleno derecho, época a la que pertenecen las grandes obras realizadas en Cáparra: el arco tetrápilo, el símbolo más emblemático; el anfiteatro, sus termas y el foro.
 
            El origen de Mohedas es la consecuencia, según el autor, de la política repobladora aplicada por los monarcas leoneses durante los primeros años de la conquista de la Trasierra, donde se sitúa Mohedas. Hasta finales del siglo XII no habrá asentamientos cristianos estables y definitivos. La repoblación se consolidó a medida que se fue repoblando el término concedido a la villa de Granadilla, entre ellas Mohedas, por la subordinación económica que esta imponía a través de las propiedades comunales, como el dominio fiscal, judicial y militar que ejercía sobre la tierra. Muchas de estas aldeas o asentamientos fueron el origen de la red básica y orgánica desde principios del siglo XIII y han permanecido hasta hoy con escasas modificaciones, aunque algunas han desaparecido.
            La ocupación cristiana de este territorio se produce de forma espontánea, al margen de cualquier iniciativa. La actividad repobladora, iniciada a finales del XII, queda sujeta a la modalidad de presuras como única opción, consistente en el otorgamiento de la propiedad de la tierra a aquellos colonos que ocuparan las tierras abandonadas e iniciaran su puesta en producción. Alfonso IX, último rey de León (1188-1230), fue el que colonizó la Trasierra para consolidar las conquistas efectuadas en el territorio por su padre, Fernando II. Tras la conquista de Coria por Alfonso VII, y el nombramiento del obispo Navarrón para su sede, el rey le dota de la tercera parte de la ciudad y el tercio de las ventas reales, con lo que la Iglesia se convierte de ese modo en foco colonizador, que Fernando II le confirma en 1184.
 
            El Fuero concedido por Alfonso IX en 1227 a Coria sería el que marcase el derecho público y privado también en Granadilla, fuero que permaneció vigente hasta el año 1534, cuando el Duque de Alba dio unas nuevas ordenanzas a la ciudad. El Fuero de Coria comprendía más detalladamente la organización municipal sobre todo su alfoz (antigua división administrativa y judicial del reino de Castilla), que es el que afectaba a Granadilla y también a Mohedas, tiene su fuente originaria en el Fuero de Ciudad Rodrigo, de donde nacen los siete Fueros de la Extremadura leonesa. El Fuero de Coria ofrece una valiosa información sobre la ocupación y modo de vida del hombre en aquellos siglos, que reflejan las diferencias sociales entre los habitantes de la Trasierra.
 
            La Comunidad de la Villa y Tierra de Granadilla, que estuvo favorecida por los Fueros en el inicio de la repoblación, volverá a su estado natural según se aleja la frontera de la reconquista y va quedando en una posición de retaguardia. El territorio sufre una fuerte inestabilidad por el cambio tanto regio, como por parte de los nobles o señores que tenían dominio sobre la Trasierra y Tierras de Granadilla. En la segunda mitad del siglo XIV se cambian las tornas y sobresale el fortalecimiento de la nobleza, teniendo mucho que ver en la situación las conocidas mercedes enriqueñas, tras el triunfo de Enrique II de Trastámara sobre su hermanastro y legítimo rey Pedro I el Cruel.
            La familia de la Casa de Alba jugó un papel destacado en la tierra que nos ocupa, ya que estuvieron en su posesión desde 1444 hasta finales del siglo XIX, cuando se abolieron los señoríos. Los Alba ejercieron un señorío completo quedando bajo su control los asuntos solariegos y jurisdiccionales de una forma absoluta, desde 1465, en que la Corona les confirmó su posesión. Los nuevos propietarios van a confiar las relaciones con sus vasallos a un delegado investido de amplios poderes, el alcalde mayor o corregidor, que presidirá las deliberaciones del concejo, lo que hará resentirse gravemente a la autonomía municipal al ser transferidas al señor y a su corregidor las facultades y potestades que antes fueron soberanía de los reyes y del Concejo. Surge, entonces, una instancia media entre el señor y el corregidor, denominada Consejo, a imitación del Consejo Real.
 
            La visión de Mohedas en los siglos XVII-XVIII las recoge el autor de los interrogatorios de la Real Audiencia de Extremadura (1791) y de Tomás López (1798). El primero señala, entre otros aspectos, que Mohedas pertenecía al señor duque de Alba que era dueño de nombrar escribano y preceptor de los diezmos del pueblo. El pueblo tenía ciento treinta vecinos y dos eclesiásticos. Se recogían en el pueblo mil ochocientas fanegas de trigo, seiscientas de centeno, mil arrobas de aceite, ochenta de vino, ocho de miel y arroba y media de cera. El segundo define a Mohedas como una aldea de la Villa de Granada, su capital; señorío del Duque de Alba, con una población de 150 vecinos, todos labradores de profesión, que estaba situada a una legua de distancia de la villa. El aceite era muy apreciado y cada año se recogían 2.000 cántaros.
            El monumento más emblemático de Mohedas es la iglesia parroquial, cuyo titular es San Ildefonso. Construida durante los siglos XVII y XVIII, es el principal activo de su patrimonio. En la documentación histórica del Archivo Diocesano, consta que en la localidad había cofradías de la Vera Cruz, Santísimo Sacramento, Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora de los Ángeles, Nuestra Señora del Rosario y San Marcos, A finales del XVIII solo existían las cofradías de la Vera Cruz y las Benditas Ánimas  del Purgatorio.
 
            El autor dedica los últimos capítulos  a la situación de la localidad durante los siglos XIX y XX, e incluye dos apéndices: documental y fotográfico.
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[1] Vid.: Batuecas Puertas, José María: Mohedas de Granadilla en el alfoz de Granadilla. Origen e historia. Edit.: Diputación Provincial de Cáceres, Cáceres, julio 2018, 92 págs.