La Navidad subsume sentimientos encontrados y los engloba todos a la vez. La mayoría une estos días de asueto para el reencuentro familiar, el descanso y la desconexión de la vida y sus problemas; otros, en cambio, llorarán por quienes faltan a su lado, por quienes estuvieren junto a ellos el pasado año y este ya no están. La ausencia deprime más que la presencia del Niño que llega y de los niños inocentes alegres ante la magia de la Navidad. Todo gira alrededor de la conmemoración del nacimiento, que muchas familias colocan en sus casas en la simulación del portal donde naciere. Y se desean felices fiestas y un mejor año. Algunos eluden el vocablo Navidad para no herir sentimientos encontrados; otros tan solo se limitan a felicitar el año nuevo, como si quisieren deslindar sus creencias de cualquier connotación religiosa; algunos hubiere que se remontan al origen pagano de las fiestas para eludir su connotación cristiana; pero casi todos la celebran, alrededor del belén o el árbol, unidos en torno a la mesa y a la familia que vuelve a casa por Navidad. Casi todos se encuentran o se buscan para estar juntos.
Los primeros cristianos eligieron el 25 de diciembre, al
unir el nacimiento de Cristo con la
fiesta romana anual del dios Sol en el solsticio de invierno, lo que hacía más
fácil la asimilación de la nueva religión entre los paganos. Roma celebraba el
25 de diciembre la fiesta del Nacimiento del Sol invicto del Dios Apolo. Julio César introdujo en el calendario
esta fecha en el año 45 a. C. En el Calendario Gregoriano, la fiesta se
situaría entre el 21 y el 22 de diciembre y de ahí surgió fijar el nacimiento
de Jesucristo el 25 de diciembre.
Antes celebraban Saturnalia en honor a Saturno, fiestas en la que se incluía el
solsticio de invierno, se posponían negocios y guerras, se intercambiaban
regalos y los esclavos eran libres temporalmente. El tesoro que guarda el
legado romano de la capital de Lusitania (el Museo Nacional de Arte Romano de
Mérida) las ha celebrado recientemente para recordar los antecedentes de
nuestra Navidad. "Navidad, Navidad,/dulce Navidad/ la alegría de este día
hay que celebrar", dice la letra de uno de los villancicos más conocidos.
Junto a la Navidad cristiana tradicional, que reúne en
torno al belén o el árbol a la familia, hay otra Navidad depresiva, en la que
algunas personas no pueden evitar sentirse tristes en una de las épocas
supuestamente más alegres del año. La depresión navideña puede afectar a
personas de cualquier edad, aunque es más frecuente en la edad adulta. Es una
depresión estacionaria. No para todas las personas, la Navidad puede no ser
todo lo especial que cabría esperar. Casi todos echan de menos a los que faltan
a la mesa, vivos o muertos; otros a la pareja que les dejó cuando todo se
suponía un camino de rosas. La ausencia colisiona frontalmente con los ideales
de gozo, felicidad, alegría, amor y compañía con que los cristianos asociamos
la Navidad. Hay también una melancolía navideña más profunda, mezcla de
tristeza, soledad y nostalgia; quizás el anhelo de haber perdido algo, en
ocasiones incierto. ¿Por qué lloraba esa mujer sola, inconsolable, días pasados
en una estancia pública? ¿Por qué una amiga te comunica el fallecimiento de un
familiar en vísperas de Navidad? Porque, aunque no os veáis y habléis, espera
tu consuelo, sabiendo que estás ahí y que en la cena de mañana la recordarás
como a las amistades que no olvidas, a los amigos y compañeros idos, a los
ausentes... La melancolía navideña se vincula también a la pérdida de la
infancia y la inocencia, aquella Navidad en la que aún no se había perdido la
inocencia y en la que el mundo era un lugar mágico.
Hay una Tregua de
Navidad que es respetada hasta por los enemigos de trinchera. Se conoce
como tal a un breve alto el fuego que
ocurrió entre las tropas de los Imperios alemán y británico, estacionadas en el
frente occidental de la I Guerra Mundial durante la Navidad de 1914. La tregua
comenzó el día 24, cuando los alemanes comenzaron a decorar sus trincheras,
luego cantando villancicos, especialmente Stille
Nacht (Noche de paz), el conocido
villancico austriaco, de Joseph Mhor
y Franz Xaver Gruber, publicado en
1818. Al reconocer la letra, las tropas británicas se unieron a cantar el
popular villancico en inglés:
"Noche de paz, noche de amor
Todo duerme en derredor.
Entre los astros que
esparcen su luz
Bella anunciando al Niño
Jesús
Brilla la estrella de
paz
Brilla la estrella de
amor."
Los soldados se intercambiaban saludos y regalos, enterraron a su caídos y se mostraron sus respetos. En 1999, una cruz se alzó cerca de Ypres (Bélgica) para conmemorar el sitio de la tregua de Navidad de 1914. Aquella tregua de Navidad se ha recordado en películas, canciones, videos y libros. El 25 de noviembre de 2005 fallecía en Escocia el último superviviente de la tregua, Alfred Anderson, a los 105 años. Como tantos de los nuestros que hoy y mañana recordaremos; pero es Navidad y la vida sigue. Convirtamos la tregua de Navidad en un árbol eterno de felicidad durante todo el año. Feliz Navidad y Año Nuevo para todos.
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