domingo, 19 de octubre de 2025

LA IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA EN LA PROVINCIA DE CÁCERES



La iglesia parroquial de Santa Cruz de la Sierra (Cáceres) constituye uno de los hitos patrimoniales más destacados de la villa. Con esta obra, sus autores tratan de recobrar la memoria colectiva y la puesta en valor de un legado que pertenece a todos.  El estudio minucioso de la iglesia, concentrado en sus muros, altares y capillas y la huella de diversas épocas y estilos artísticos es el objeto de la misma, que trata de desentrañar no solo las características materiales del templo, sino también su valor simbólico como lugar de culto, encuentro y cohesión comunitaria. [1]

La obra presta especial atención a sus retablos e imágenes barrocas, piezas de gran calidad artística, que hablan de la religiosidad, la estética y las devociones de sus habitantes. Más allá de su esplendor barroco, el templo guarda otros tesoros de épocas pretéritas que merecen ser destacados. Entre ellos, el tenante de altar visigodo, vestigio singular que remite a los orígenes más remotos del culto cristiano y que convierte al templo en un raro ejemplo de continuidad devocional a lo largo de los siglos. Junto a esta excepcional pieza, el visitante puede admirar el púlpito gótico, testimonio elocuente del tránsito hacia nuevas formas artísticas en la Baja Edad Media, y la pila bautismal, cuya sobriedad y nobleza recuerdan la función central del bautismo en la vida parroquial,

La alcaldesa, María Belén Corredera Miura, recuerda en el prólogo que el templo, más que un edificio, es un testimonio vivo de la espiritualidad, la memoria colectiva y el arte que han dado forma a esta tierra y sostiene que, en sus muros, retablos, capillas y en la devoción profunda de sus feligreses, late con fuerza el culto a Santa Rita de Casia, advocación que ha echado raíces profundas en el alma de esta población, y que ha sido durante generaciones consuelo y esperanza de cuantos han acudido a ella en busca de alivio, de fe renovada y de milagros cotidianos.

El término municipal de Santa Cruz de la Sierra se asienta sobre un relieve en el que dominan las formas aplanadas, salvo en el sector emplazado sobre la Sierra de Santa Cruz, donde la altura máxima es de 844 metros. Son numerosos los restos localizados en esta sierra, que datan desde la Edad del Cobre hasta el asentamiento musulmán en el risco de San Gregorio en el siglo IX durante el emirato de Abd el Rahman II, enclave ocupado hasta la expulsión definitiva de los musulmanes en 1234.

La Sierra de la Santa Cruz, al actuar como monte isla en la penillanura, constituía un punto de paso obligado y un lugar privilegiado para el asentamiento. Desde sus cumbres se podía controlar visualmente el territorio, organizar actividades de pastoreo y mantener contacto con las poblaciones de sierras cercanas. Este carácter estratégico explica la continuidad de ocupación desde tiempos prehistóricos hasta etapas históricas posteriores.

Los orígenes poblacionales de la Sierra de Santa Cruz no pueden entenderse de manera aislada, sino en relación con un proceso histórico más amplio que abarca todo el Occidente peninsular. En este enclave granítico de la penillanura trujillana, coronado por el pico de San Gregorio, cristalizaron las influencias culturales y étnicas que dieron lugar a las comunidades prerromanas de lusitanos y vettones. La romanización de estos territorios fue un proceso lento y continuado en el tiempo, que poco a poco fue calando en las comunidades indígenas que finalmente terminarán por abrazar la civilización romana.

A partir de 1234, Santa Cruz dejó de ser un enclave disputado y pasó a formar parte de la red de villas y aldeas que aseguraban el control de la penillanura trujillana. La villa emerge de la primera etapa medieval como símbolo de resistencia, inestabilidad y lucha, pero que tras su reconquista definitiva tras la de Trujillo, inicia un nuevo proceso, que fue la repoblación poblacional, que permitió el surgimiento de la villa.

El nombre primitivo de la villa fue “Shant Agruch”, de un término árabe o mozárabe, relacionado con una forma romanceada o castellanizada, algo común en la toponimia peninsular. Muchas poblaciones conservaron restos fonéticos de nombres antiguos que, con el paso de los siglos, se reinterpretaron como advocaciones cristianas, especialmente tras la repoblación medieval. Cabe deducir que la construcción del templo parroquial no fue neutra, sino que respondió a la intención de fijar y exaltar el topónimo Santa Cruz. El edificio religioso actuó, en este sentido, como vehículo de memoria y como medio para consolidar la identidad del pueblo en torno a un nombre que hundía sus raíces en un pasado más antiguo.

La importancia de la iglesia parroquial de la Vera Cruz fue reconocida oficialmente por la Orden de 21 de febrero de 1974, por la que se le otorgó la declaración de Monumento de Interés Histórico-Artístico Provincial. Esta declaración trasciende lo estrictamente local para proyectarse como referente patrimonial de todo el conjunto histórico de las tierras de Trujillo. La iglesia se emplaza en el núcleo urbano de la villa, actuando como elemento vertebrador del espacio público principal.

La iglesia conserva un trozo pequeño de la Cruz de Cristo, toda una joya para el mundo cristiano, pues representa el objeto donde estuvo martirizada la salvación del mundo. Y la otra reliquia significativa y muy venerada es la de un trozo de túnica de Santa Rita, la patrona del pueblo. El patrono más antiguo es el Santísimo Cristo del Perdón (14 de septiembre). A este patrono se añadieron dos copatronazgos: San Agustín (28 de agosto) y Santa Rita (22 de mayo). La tradicional veneración a Santa Rita ha elevado a la iglesia de la Vera Cruz a destino de peregrinación, colocándola en la ruta del fervor religioso, porque ha sido capaz de arrastrar a cientos de fieles desde toda la región y otras partes de España. Cada 22 de mayo, día de la festividad, la localidad experimenta una transformación, con misas y novenas, peregrinos y curiosos.

Hace años tuvo lugar en Santa Cruz otro hecho religioso de importante calado. Dadas las relaciones de la villa con la Santa Cruz de la Sierra boliviana, fundada por el explorador local Ñuflo de Chaves (1518-1568), actualmente hermanadas, el alcalde de la población de Cotoca, trajo una talla de su aclamada Virgen, que ha quedado como destino de peregrinación religiosa cada 8 de diciembre para los miles de bolivianos residentes en España.

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[1] Vid.: Melchor Terrón, Agustín y Ramos Rubio, José Antonio: La iglesia parroquial de Santa Cruz de la Sierra (Cáceres), TAU Editores, Cáceres, 2025, 180 págs.


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