Elia María emotiva
Del Valle tu madreperla
Voluntaria cautiva
De Plasencia, su perla.
Expresiva en el gesto
De Elías variante
En cruce de contexto
Y obstinación perseverante.
Elia, orlada de blanco
Sin papeles en su discurso
Azote de sus flancos
Venial denuedo en su concurso.
De blanco su semblante
Cortinas de negro radiante
Que abren su diestra anhelante
Ante una Plasencia expectante.
Senadora y alcaldesa
De la ciudad dadivosa
Ella, su primera señora
Primor de su plaza en turquesa.
Alta como una espiga
Valiente en plaza expresiva
De horizontes tan anchos
Que su mirada no agavilla.
Plasencia es ella,
Dominio y señora
Presente y futuro
Cuyo destino atesora.
Contra tirios y troyanos
Lanza su palabra a los vientos
Que Plasencia es muy suya
Y alienta aires victorianos.
En primavera florida
Hubiste la vara de mando.
Da más luz a la amanecida
Capitana de tus comandos.
Elia valiente, María sufrida;
Blanco de miradas incandescentes
Barbero de la faz indefinida
Piloto de la ciudad placiente.
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sábado, 26 de abril de 2008
lunes, 17 de marzo de 2008
Plasencia, de pueblo a ciudad
Plasencia es una ciudad con aires, todavía, de pueblo. ¿Qué es una ciudad sino el arco iris de los pueblos, engrandecida por los pueblos? El pueblo hace la ciudad; la ciudad sirve a los pueblos. No podría existir la ciudad sin el apoyo de los pueblos, ni los pueblos sin el socorro de la ciudad.
Plasencia es una ciudad de pueblos, una ciudad aún con aires de pueblo. ¿Qué distingue a una ciudad de un pueblo?; su población, sus servicios, su comercio, su industria, la atmósfera distinta y distante del pueblo, pero pueblo aún en la ciudad.
El pueblo tiene un estilo; la ciudad, su estilo. El estilo es el ser de la ciudad y del pueblo: su educación, el saber estar, el vestir, el habla, los andares, la comunicación misma en corrillos de plazuelas y soportales, su actitud en festejos populares de raigambre.
Plasencia asume hoy el tránsito de pueblo a ciudad. El Plan General de Ordenación Urbana, en fase de tramitación, separa ese cordón umbilical entre pueblo y ciudad. Su mentora, Victoria Domínguez, la llave de la gobernabilidad del pueblo para ser ciudad, ha abierto ese futuro a la participación ciudadana. Nadie ajeno a ese futuro que los técnicos predicen como el paso de pueblo a ciudad.
El ensanche de Plasencia es el ensanche del pueblo a la ciudad, con servicios ya de ciudad y aires de pueblo en la ciudad. Victoria de pueblo en la ciudad; victoria de los pueblos que ensanchan la ciudad. Como Victoria Domínguez, de pueblo, y residente en la ciudad; alma del pueblo que aspira a ser ciudad; pívot para el futuro de la ciudad.
En la memoria, una pancarta memorable de la ironía popular: en un partido de fútbol Cacereño-Plasencia, Tercera División de la Liga nacional, en la Ciudad Deportiva de la capital, mediados los sesenta, proclamaba: “La ciudad de Plasencia saluda al pueblo de Cáceres”. La ciudad en el pueblo; el pueblo en la ciudad; la ciudad toda pueblo; el pueblo, todo ciudad. La villa que fue ciudad; el pueblo que siempre aspiró a ser ciudad y capital, a la espera de su ensanche con el Plan de futuro que la hará ciudad. Victoria Domínguez, mujer de pueblo, para lograr una victoria que nunca le reconociere su ciudad; pero victoria, al fin, de Plasencia, de pueblo a ciudad.
Plasencia es una ciudad de pueblos, una ciudad aún con aires de pueblo. ¿Qué distingue a una ciudad de un pueblo?; su población, sus servicios, su comercio, su industria, la atmósfera distinta y distante del pueblo, pero pueblo aún en la ciudad.
El pueblo tiene un estilo; la ciudad, su estilo. El estilo es el ser de la ciudad y del pueblo: su educación, el saber estar, el vestir, el habla, los andares, la comunicación misma en corrillos de plazuelas y soportales, su actitud en festejos populares de raigambre.
Plasencia asume hoy el tránsito de pueblo a ciudad. El Plan General de Ordenación Urbana, en fase de tramitación, separa ese cordón umbilical entre pueblo y ciudad. Su mentora, Victoria Domínguez, la llave de la gobernabilidad del pueblo para ser ciudad, ha abierto ese futuro a la participación ciudadana. Nadie ajeno a ese futuro que los técnicos predicen como el paso de pueblo a ciudad.
El ensanche de Plasencia es el ensanche del pueblo a la ciudad, con servicios ya de ciudad y aires de pueblo en la ciudad. Victoria de pueblo en la ciudad; victoria de los pueblos que ensanchan la ciudad. Como Victoria Domínguez, de pueblo, y residente en la ciudad; alma del pueblo que aspira a ser ciudad; pívot para el futuro de la ciudad.
En la memoria, una pancarta memorable de la ironía popular: en un partido de fútbol Cacereño-Plasencia, Tercera División de la Liga nacional, en la Ciudad Deportiva de la capital, mediados los sesenta, proclamaba: “La ciudad de Plasencia saluda al pueblo de Cáceres”. La ciudad en el pueblo; el pueblo en la ciudad; la ciudad toda pueblo; el pueblo, todo ciudad. La villa que fue ciudad; el pueblo que siempre aspiró a ser ciudad y capital, a la espera de su ensanche con el Plan de futuro que la hará ciudad. Victoria Domínguez, mujer de pueblo, para lograr una victoria que nunca le reconociere su ciudad; pero victoria, al fin, de Plasencia, de pueblo a ciudad.
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