viernes, 25 de septiembre de 2026

UN ESTADO DE CRISPACIÓN


Chris Tobin - Getty

Vivimos, aun sosegados, en un estado permanente de crispación. Lo vemos en la calle, en las aceras, en los bares, en las conversaciones, en el deambular… Parece que todo el mundo estuviere crispado, irritado, enfadado, exasperado, enojado, airado, enervado, erizado… Nos irritan, nos crispan o exasperamos a alguien con nuestros dimes o diretes.

No es, no, esta crispación producto de una contracción repentina o pasajera del tejido muscular, u otro de naturaleza contráctil o en una parte del cuerpo. Esta sería la física; la otra, a la que nos referimos, es la moral.

Y por qué está la gente tan crispada e irritada. La mayoría vive la crispación en un estado aletargado, como en un estado de somnolencia, sopor o amodorramiento. Es el silencio de quienes nada dicen, quizá porque no hubieren motivos para estarlo; pero otros muchos, no tan pocos, fueren quienes crispan y exasperan a los más.

La crispación sobreviene de los problemas y de los relatos, de la reconstrucción discursiva interpretada en favor de una ideología o movimiento político. Pretenden que hablemos de lo que a ellos les interesa, pero no de lo que a todos preocupa.

Y qué preocupa a los ciudadanos: lo que los gobernantes no hubieren hecho y se culpan unos a otros por no hacerlo. Surge, entonces, la crispación ciudadana, que no fuere otra cosa que un estado de ánimo ante el estado de la cuestión. Unos se mantienen en silencio, esperando el día y la hora; otros se entretienen en mil y una componendas para rebajarlo; pero, al final, la crispación explota: los ciudadanos no tienen dónde vivir y, si vivieren, no tienen para comer; el paro aumenta; los precios se disparan; la inflación galopa; los salarios menguan… Solo unos poco viven bien a costa de quienes viven cada vez peor, aunque prediquen lo contrario.

            Y para ellos, no hay Sol que alumbre el porvenir, porque siempre hubiere más eclipses en sus días. Ni los votos darán luz bastante para apagar la crispación, tan enojados como estuviéremos. Otros se encargarán de alimentarla para que nuestra fe sea vana. Son los hijos del Sol frente a los hijos de la noche, desamparados, siempre enojados, crispados, airados de la vida, como si esta no existiere para ellos…


miércoles, 23 de septiembre de 2026

DOS MÉDICOS EN TORNAVACAS: LOS DOCTORES DE LA GÁNDARA



Jesús de la Gándara, nieto de José de la Gándara Palacios.

    Hace unos días se ha jubilado el doctor Jesús José de la Gándara (Tornavacas, Cáceres, 1956), psiquiatra, escritor y poeta, a los 70 años. Doctor en Medicina y especialista en Psiquiatría, trabajó como jefe de Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial Universitario de Burgos, ejerció como profesor universitario y participó en numerosas sociedades científicas. Luchó de forma activa contra el estigma de las enfermedades mentales. Escribió ensayos científicos y obras poéticas. Ha publicado libros como “Trilemas”, “Trucos y tretas para vivir bien”, “Me comunico, luego existo”, “El reto de la felicidad”, “Depresión en pacientes de riesgo”, “El síndrome del espejo”, “Envejecer en soledad” y “Comprar por comprar”. Recibió premios por su aportación a la Medicina y a la cultura artística.

EL ABUELO QUE LLEGÓ AL VALLE DEL JERTE PARA CURARSE

    El doctor Jesús José de la Gándara fue nieto del Dr. José de la Gándara Palacios (Anaz Solares, Cantabria, 19/03/1889; Tornavacas, Cáceres, 29/05/1977). Nacido en el seno de una familia noble y acomodada, su padre era abogado y tuvo once hijos, que cursaron carreras universitarias en Madrid. Matrimonió con Enriqueta-Cecilia Porras González del Campo, de cuyo matrimonio nacieron siete hijos. Estaba en posesión de varias distinciones honoríficas.

José de la Gándara Palacios. (Cedida por su nieta Mariló)

  El Dr. José de la Gándara estudió el Bachillerato en los Escolapios de Villacarriedo (Cantabria) y Medicina en la Universidad de Madrid, obteniendo Premio Extraordinario de fin de carrera. Fue muy estimado por Santiago Ramón y Cajal, del que siempre tuvo en su despacho la foto dedicada por el Nobel español.

    Don José empezó a ejercer como médico en Madrid, pero en el hospital en el que trabajaba contrajo una grave enfermedad de difícil curación para la medicina de aquellos tiempos. Le aconsejaron que, para tener una vida más tranquila y reponerse de la misma, se fuese a vivir al Valle del Jerte.

    Hacia 1920 llegó a El Torno, un pequeño pueblo serrano de la comarca. Al cabo de un tiempo, el doctor De la Gándara Palacios se curó de su enfermedad y fue tal el cariño que tomó por el Valle, que decidió quedarse en él. En El Torno ejerció unos años como médico y después se trasladó a Tornavacas, donde permaneció hasta su jubilación.

ELIMINÓ EL PALUDISMO EN LA ZONA

    Fue director del Dispensario Antipalúdico de Tornavacas, que abarcaba una gran zona de la provincia de Ávila, el Valle del Jerte, La Vera, Plasencia y Navalmoral de la Mata, donde llevó a cabo una gran labor para erradicar la terrible enfermedad de la época, que tantos estragos causaba en la población de aquellas zonas. Todos los años organizaba cursos para que otros médicos aprendiesen a combatirla.

DISTINCIONES Y DESCENDENCIA

    Por méritos contraídos con los hospitales de sangre, donde de forma desinteresada atendió en Plasencia a los heridos de guerra que procedían de los frentes donde combatían en la Guerra Civil española, el Gobierno le distinguió el 1 de julio de 1961 con la Orden Civil de Sanidad, en la categoría de Encomienda.

    Asimismo, fue elegido hijo adoptivo de Tornavacas y estaba en posesión de la Medalla al Mérito en el Trabajo.

    Como homenaje póstumo, y para que sus restos descansaren junto a los de su esposa, fallecida en 1944, el Ayuntamiento de Tornavacas regaló a sus hijos el panteón en el que reposan juntos, con la siguiente dedicatoria: “A nuestro médico”, gesto que honra al consistorio, entonces presidido por Emilio Buenadicha, y que la familia agradeció profundamente.

    De sus siete hijos, su hijo José Joaquín siguió su trayectoria profesional, siendo muy querido en La Rioja, y los nietos que también eligieron la Medicina no han olvidado sus consejos, según ha declarado su hija, Pilar de la Gándara Porras, residente en Sevilla.


martes, 22 de septiembre de 2026

LA GRAMÁTICA CASTELLANA DE NEBRIJA FUE REDACTADA EN BUENA PARTE EN EXTREMADURA


    Durante finales del siglo XV y comienzos del XVI, Antonio de Nebrija estuvo vinculado a la corte de Juan de Zúñiga y Pimentel, último maestre de la Orden de Alcántara. Nebrija pasó por distintos lugares vinculados a esta corte y residió durante años en Zalamea de la Serena, donde desarrolló una parte importante de su actividad intelectual, según informa Extremestiza.

    En este período se sitúa una etapa fundamental de su producción gramatical y lexicográfica. La Gramática de la lengua castellana, publicada en Salamanca el 18 de agosto de 1492, fue la primera gramática impresa de una lengua romance y convirtió el castellano en objeto de una descripción sistemática.

LAS OBRAS DE NEBRIJA Y SU INFLUENCIA EN AMÉRICA

    Pero la influencia de Nebrija no terminó en la Península. Durante el siglo XVI, los religiosos que estudiaron y describieron las lenguas habladas en América recurrieron a la tradición gramatical europea. Las obras gramaticales y lexicográficas de Nebrija se convirtieron en uno de los principales referentes de esta labor, proporcionando categorías y herramientas de análisis que fueron aplicadas a lenguas como el náhuatl, el quechua, el aimara o el chibcha.

    Los misioneros tuvieron que adaptar estos modelos a las características propias de cada lengua, muchas de ellas muy diferentes del castellano y del latín. De este proceso surgió la lingüística misionera americana, que produjo algunas de las primeras gramáticas y vocabularios de numerosas lenguas del continente.

    Así, una obra vinculada a Zalamea de la Serena terminó dejando su huella en la forma en que se estudiaron y describieron las lenguas de América.

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Fuentes: Antonio de Nebrija: “Gramática de la lengua castellana” (1492); Víctor F. Acevedo López: “La presencia de Nebrija en la lingüística misionera española” (2022); Eustaquio Sánchez Salor: “La segunda edición de las Introductiones latinae de Nebrija: el ejemplar de don Juan de Zúñiga” (2003).