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| Puerta medieval de acceso a la villa |
La última obra del
cronista oficial de Trujillo es “una invitación a mirar más allá de lo
evidente, a explorar los márgenes de la historia y a recuperar aquello que, de
una forma u otra, nos ha sido arrebatado o negado, porque solo comprendiendo la
totalidad --lo visible y lo oculto-- podemos aspirar a entender quiénes somos
realmente”, afirma en la Introducción de su nueva obra su autor, José Antonio
Ramos, doctor en Historia del Arte y académico correspondiente de la Real
Academia de la Historia y de la Real Academia de Extremadura de las Letras y
las Artes (RAEX).
El periodista cacereño José Luis Bermejo afirma en el
prólogo que “la obra abre puertas que hasta entonces parecían inexistentes. No
es un ejercicio de divulgación ni una recopilación de datos curiosos: es el
resultado de una labor de divulgación rigurosa, constante y profundamente
comprometida con la verdad”.
El texto invita al lector a redescubrir Trujillo desde
una perspectiva inédita, donde lo invisible convive con lo oculto en iglesias y
colecciones privadas se convierten en escenarios de historias que combinan
arte, misterio y memoria. [1] A lo largo de tres
capítulos, el autor desgrana esa historia de Trujillo invisible, el patrimonio
arqueológico y el patrimonio cultural y vernáculo.
Así, abre el capítulo de la historia refiriéndose al
origen, evolución histórica y problemas etimológicos del topónimo, donde Turgalium se presenta como la
explicación más coherente desde los puntos de vista fonético, morfológico,
semántico y geográfico y, aunque la forma no esté documentada directamente, su
plausibilidad se ve reforzada por la abundancia de paralelos toponímicos y
antroponímicos, así como por la adecuación del significado propuesto a la
realidad física del lugar.
El libro se detiene después en analizar el documento
definitivo de la reconquista de Trujillo que, según fuentes documentales y
crónicas medievales, se sitúa en el día 25 de enero de 1233, en una operación
militar en la que participaron diversas órdenes militares (Alcántara, Santiago
y la del Temple).
La casa natal de Francisco Pizarro es otro de los asuntos
que aborda el autor, concluyendo que nació en Trujillo en 1478, en la casa de
su madre Francisca González y del matrimonio que contrajo con Juan Casco, en la
calle Tintoreros o teñidores de paños, perteneciente al arrabal de San Miguel y
pudo bautizarse en la iglesia de dicho barrio.
La financiación del primer viaje colombino, la revisión
historiográfica y la reconsideración del papel extremeño, ha sido objeto de
múltiples interpretaciones historiográficas, influidas por tradiciones
narrativas y leyendas. El autor sostiene que la empresa colombina (en la que
participaron nueve extremeños entre los tripulantes de las tres carabelas),
lejos de ser el resultado de una única decisión o de un único financiador,
parece haber sido el fruto de una convergencia de intereses políticos,
económicos y religiosos, que caracterizó el final del siglo XV en la monarquía
hispánica.
La posible presencia de Miguel de Cervantes Saavedra en
Trujillo se sustenta en indicios literarios, tradiciones locales y
reconstrucciones de sus itinerarios vitales. El pasaje del libro III, capítulo
VI, de Los trabajos de Persiles y
Segismunda, es uno de los testimonios literarios más relevantes para
sostener la hipótesis de su presencia en la localidad, por su alusión a Pizarro
y Juan de Orellana. Cervantes menciona explícitamente la localidad y alude a la
hospitalidad recibida por parte de la familia Pizarro-Orellana.
Analiza el autor los Autos Sacramentales de Calderón de
la Barca en la iglesia de San Martín de Trujillo y su significado teológico en
el Siglo de Oro. La conservación en la citada iglesia de dos manuscritos de
Autos Sacramentales atribuidos a Pedro Calderón de la Barca constituye un
testimonio excepcional del teatro religioso del Siglo de Oro español y
representan una síntesis excepcional del pensamiento barroco español.
Finalmente, cierra el capítulo el hecho de que la célebre
zarzuela Luisa Fernanda, una de las
obras más emblemáticas del repertorio lírico español del siglo XX, la
escribiera el maestro Federico Moreno Torroba en Trujillo. Según relató el
propio compositor, la letra de la obra fue escrita por Federico Romero y
Guillermo Fernández-Saw, en una dehesa cercana a la ciudad, conocida con el
nombre de Mamaleche. En el alma de la
obra late el espíritu de Trujillo, no solo por la mención explícita de la
ciudad en sus diálogos, sino por la fuerza emocional que transmite cada una de
sus melodías y letras.
En el capítulo del patrimonio arqueológico,
el autor analiza el símbolo fálico en el rollo jurisdiccional de Trujillo y los
falos de piedra, el culto al Genius
en la Hispania romana, las terracotas, la lápida árabe, la ermita visigoda del
camino de Coria, la ermita de la Virgen del Oreto y la de los Santos Mártires,
entre otros.
En el último capítulo, dedicado al patrimonio cultural y
vernáculo, el autor se detiene en el análisis histórico y patrimonial del
paisaje cultural de Trujillo, la puerta fortificada del palacio Chaves-Mendoza,
las obras pictóricas de la ermita de San Juan de los Prados; el estudio
histórico, técnico y socioeconómico de una infraestructura hidraúlica del
moderno Trujillo: la Albuhera de San Jorge; los tapices de la primera mitad del
siglo XVIII del Palacio de Piedras Albas; la arquitectura vernácula, tecnología
y paisaje en la Extremadura preindustrial: los molinos de viento en Trujillo; y
las cruces de término y cruceros, su
origen, evolución y significado.
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[] Vid.: Ramos
Rubio, José Antonio: Secretos de
Trujillo: patrimonio olvidado y recuperado, y curiosidades de su historia,
TAU Editores, Cáceres, 2026, 216 págs.