Nunca vimos nada parecido. Alguna vez tenía que ocurrir. Siempre hay una primera vez que nadie prevé, supone ni espera. Por mucho ensayo que se haga, no todo sale bien. En ocasiones, surge el imprevisto, lo inevitable, algo que desluce a las estrellas que brillan.
El Día de las Fuerzas Armadas, celebrado ayer en Vigo, coincidiendo con el Día de San Fernando, deparó dos sorpresas con la que los militares no contaban. Los generales, jefes, oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas no solo sacan brillo a sus uniformes, sables, condecoraciones y calzado, sino que se esmeran en que los soldados a sus órdenes cumplan con la misma disciplina y diligencia que ellos para que el destello sea signo evidente de todo acto militar, más aún en su día.
Muy pronto nos enteramos por los locutores que el salto de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire y del Espacio (PAPEA) había sido suspendido por las inclemencias meteorológicas; pero los militares presentes en la tribuna y el público que se disponían a presenciar el desfile no lo supieron hasta que fue anunciado, llegado el momento. Este salto, que iban a protagonizar el subteniente Vidal y el sargento 1º Matanza, ambos gallegos, como “saltador guía” el primero y como portador de la enseña nacional el segundo, es uno de los más celebrados por el público por la belleza y precisión de su ejecución. Lo habían ensayado el día anterior y todo salió bien; pero la mañana de ayer no era propicia por la presencia de nubes bajas y fue suspendido. Un “¡oh, oh, oh!” de frustración recorrió las tribunas de los militares al conocerla por el relator del acto.
Al salto paracaidista le sigue el izado de la bandera nacional que presidirá el desfile. Tres guardias reales (representantes del Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire y del Espacio y un guardia civil) portan la enseña nacional hasta el mástil donde va a izarse para presidir el desfile. Durante el procedimiento del izado, ocurre un incidente con la cuerda con la que se desplaza la bandera hasta lo alto del mástil, al desprenderse una pieza que tenía que amarrarla en la parte superior. La enseña nacional se desploma y los militares se aprestan a recogerla. Nada puede hacerse ya. La decepción del Rey y los militares es manifiesta, mientras continúan en posición de saludo hasta que es recogida.
El acto continúa con el homenaje a los que dieron su vida en acto de servicio por España y el Rey deposita una corona de laurel en recuerdo de los caídos. Antes, todos los militares han cantado el himno a los caídos, “La muerte no es el final”, que secundan quienes acompañan al Rey en la tribuna: la princesa de Asturias, que viste uniforme de gala del Ejército del Aire y del Espacio; el jefe del Estado Mayor del Ejército (JEMAD) y el jefe del Cuarto Militar de la Casa de S. M. el Rey, más el jefe de su Casa, y la ministra de Defensa y del Interior, en la tribuna de autoridades, a la derecha, que son los únicos que lo cantan. Se echa en falta la ausencia del presidente del Gobierno.
Coincidiendo con el final del toque de oración, la Formación Mirlo tenía que haber volado por encima de la tribuna dejando tras sí los colores de la bandera nacional en homenaje a los que dieron su vida por España, acto que, como el desfile aéreo posterior, fue suspendido por las circunstancias apuntadas.
A continuación, el abanderado y los escoltas de la bandera del Regimiento de la Guardia Real se retiran de la tribuna en la que tenía que haberse izado la bandera nacional y se dirigen ante la tribuna real para solicitar permiso para retirarse. Entonces, el Rey se dirige al abanderado y a la escolta y les indica que deben volver a su posición en la tribuna para sustituir a la bandera nacional que no ha podido izarse y situarse de frente a la tribuna real tras el mástil para que presida el desfile. No había ocurrido nunca en un acto oficial: que el Rey se dirigiera a su guardia dándole una orden, porque no podía permitir la ausencia de la bandera nacional frente a la tribuna por la que han de desfilar las tropas terrestres. El JEMAD, advertido de la orden real, hace llamar a un oficial para dar cumplimiento a la orden del capitán general. El abanderado y la escolta ocupan su lugar en la tribuna de enfrente con la bandera.
El desfile continuó y el Rey, en su brindis por España, destacó la formación militar de la heredera, que por primera vez participaba en el Día de las Fuerzas Armadas, y que ya es alférez alumna cazador paracaidista, como indicaba el emblema que llevaba en el uniforme (el rokiski), que acredita que ha realizado un curso de paracaidista voluntario, que él no pudo realizar a su paso por la Academia de San Javier.



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