miércoles, 4 de febrero de 2026

EL PROFESOR PIZARRO DA A CONOCER EN LA MAESTRANZA EL HALLAZGO DEL “MANUSCRITO DE GASGLOW”


El profesor Pizarro (a la derecha) con las autoridades asistentes a la conferencia.


    El académico de número de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes (RAEX), Francisco Javier Pizarro Gómez, ha dado a conocer ayer tarde, en el Salón de Carteles de la Real Maestranza de Sevilla, la aparición del “Manuscrito de Glasglow”, así conocido por haberse hallado en la ciudad escocesa, y que antes se encontraba en la biblioteca del Monasterio de El Escorial.

    Se trata de un manuscrito de 1585, que conserva una crónica de Diego Muñoz Camargo, que afirma que en las plazas de las poblaciones se enseñaba a hombres, mujeres y niños, incluso en las casas principales de los tlaxcaltecas, la doctrina cristiana.

    Pizarro hizo este anuncio durante la conferencia inaugural del ciclo de conferencias “La Corona y el Nuevo Mundo II”, bajo el título “Arte y evangelización en la América Española”, al que seguirán hoy y mañana las intervenciones de la profesora titular de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, Fátima Halcón, sobre “Urbanismo y arquitectura civil en las Indias Españolas” y “El esplendor de la América Hispana que deslumbró a Alejandro de Humboldt”, del coordinador del ciclo y catedrático emérito de Historia de América de la Universidad de Sevilla, Ramón María Serrera.

    En su disertación, acompañada de la proyección de diapositivas, el profesor Pizarro destacó la importancia de las bulas papales que obligaron a los Reyes Católicos a evangelizar y convertir a los indígenas y los privilegios otorgados a sus sucesores a controlar la organización de la Iglesia en las colonias a cambio de financiar su evangelización, sin cuyo compromiso la evangelización hubiera ido más lenta.

    Más adelante, el conferenciante se refirió a la adaptación de la arquitectura al espacio, y cómo el ceremonial se adapta a los atrios de los templos cristianos, que es lo que diferencia al convento hispano del americano, plasmado a raíz de la llegada de los doce apóstoles de México desde el convento cacereño de Belvís de Monroy, en 1524.

    El acto estuvo presidido por el teniente de Hermano Mayor de la Real Corporación, Marcelo Maestre León y, entre otras autoridades, asistieron la duquesa de Arcos, presidenta de la Fundación Cultural de la Nobleza Española y decana de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino, y Ramón Serrera, catedrático emérito de Historia de América de la Universidad de Sevilla, académico de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y coordinador del ciclo.


EXTREMADURA INTRODUJO LOS CABALLOS EN AMÉRICA DURANTE LOS SIGLOS XV Y XVI



Hernán Cortés durante su llegada a México

El origen de los caballos que se llevaron al continente americano durante los siglos XV y XVI eran de Extremadura, según afirma la especialista María Martín, licenciada en Veterinaria por la Universidad de Córdoba y doctora por la Uex, en un trabajo sobre la historia del caballo divulgado por National Geographic, según ha hecho público Extremestiza, de la Fundación Extremeña de la Cultura.

La investigadora ha trabajado en el yacimiento tartésico del Turuñuelo, donde se encontraron restos de 52 animales, en su mayoría caballos, sacrificados en tres épocas diferentes. La doctora Martín cuestiona que los equinos que se llevaron a Hispanoamérica durante los descubrimientos fueran andaluces, basándose en los estudios y hallazgos que ha realizado. Argumenta que el origen de los caballos que se llevaron al continente americano en los siglos XV y XVI son extremeños.

Su trabajo sobre el caballo de Francisco Pizarro contiene datos que ha contrastatado con el Archivo General de Indias, donde recoge que la raza que se llevó a América procede de algún cruce de Centroeuropa y que son equinos de resistencia, una característica que es más propia de Extremadura y no tanto de Andalucía.

Extremeños como Hernando de Soto o Hernán Cortés eran excelentes jinetes y este último hizo que enterraran su caballo con él, lo que ha permitido estudiar los restos que arrojan luz sobre la teoría de esta especialista.

Martín apunta a archivos encontrados en Trujillo, con reales decretos firmados por Isabel la Católica, donde se ordena que no se cruzaran caballos con burros para obtener mulos, porque se necesitaban caballos puros, dando cuenta del trabajo en mantener la pureza del equino extremeño.

Los caballos resultaron fundamentales en las estrategias militares y, una vez reintroducidos en el continente americano, fueron utilizados por los nativos para la caza y el comercio. Algunos de estos caballos llegaron a México, donde se empezó a adaptar la cultura vaquera.

En su segundo viaje a América, Colón zarpó de Cádiz con una nao con caballos para recría. También se embarcaban animales desde Sanlúcar de Barrameda y Palos de la Frontera, en largos viajes de hasta dos meses. De este ese período se dio nombre al Golfo de las Yeguas, a la altura de las Islas Canarias, donde se lanzaban aquellos ejemplares que enfermaban.

El jerezano Hernando de Soto embarcó en 1538 hasta 350 caballos con destino a la isla de Cuba, en una época en la que se está evolucionando en técnicas como la cabriola o el salto, que influyen en el manejo de la batalla de estos animales, al tener mejor dominio de la doma del caballo.

En el siglo XVI se recorría El Camino Real de Tierra Adentro, una ruta comercial de 3.000 kilómetros de México a Santa Fe, transitada por los jinetes denominados Dragones de Cuera, que iban con carros tirados por bueyes y recuas de mulos cargando, transportando y protegiendo mercancías.

Eran una especie de soldados mestizos, que cabalgaban con petos de cuero y armas, introducidos en la época de la Corona española.

Desde la introducción de los caballos en Hispanoamérica, hace más de cinco siglos, la silla de montar recibe diferentes nombres, pero se sigue montando de la misma manera en uno y otro lado del continente, empleando la técnica de la jineta.


sábado, 31 de enero de 2026

CONFERENCIAS EN LA MAESTRANZA SOBRE “ARTE Y EVANGELIZACIÓN EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA”


Doctor Pizarro Gómez

El académico numerario de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes (RAEX), Dr. Francisco Javier Pizarro Gómez, hablará el próximo lunes, día 3 de febrero, en el Salón de Carteles de la Real Maestranza de Sevilla (Paseo de Colón, 12) sobre “Arte y evangelización de la América española”, dentro del ciclo de conferencias “La Corona y el Nuevo Mundo” (II), organizado por la citada institución y la Fundación Cultural de la Nobleza Española.

En el citado ciclo intervendrán también la doctora Fátima Halcón Álvarez-Ossorio, profesora titular de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, sobre “Urbanismo y arquitectura civil en las Indias españolas”, el día 4; y el día 5 lo hará el Dr. Ramón María Serrera, coordinador del ciclo y catedrático emérito de Historia de América de la Universidad de Sevilla, sobre “El esplendor de la América Hispana que deslumbró a Alejandro Humboldt”. Las conferencias darán comienzo a las 19:30 horas con entrada libre hasta completar aforo.

Según recuerda el coordinador, hace un año se celebró en el mismo lugar un ciclo de conferencias sobre España y el Nuevo Mundo, centrado en las relaciones de la Corona y sus dominios americanos: el Descubrimiento, las relaciones de España con la Santa Sede y el proteccionismo que desplegaron los agentes reales con el mundo indígena. En este segundo ciclo se abordan aspectos más específicos de la huella que España dejó en sus dominios americanos desde 1492 hasta la emancipación en 1821.

Para presentar esta tarea nos ayudan los textos y tratados que nos dejó Alejandro de Humboldt en su viaje por gran parte de los dominios españoles de Ultramar, un periplo que fue posible gracias al apoyo fundamental de la Corona Española, en particular del rey Carlos IV y su ministro Mariano Luis de Urquijo, que gestionaron los permisos y salvaconductos para que el científico prusiano y su compañero Aimé Bonpland exploraran y cartografiaran aquellos territorios, realizaran investigaciones pioneras y presentaran a Europa la realidad científica y cultural de la América hispana.

Durante los cinco años que duró el viaje de Alejandro de Humboldt por tierras americanas (entre marzo de 1770 y el mismo mes de 1804), el sabio berlinés se quedó asombrado del esplendor material, artístico, urbanístico y cultural de las provincias españolas del Nuevo Mundo.

El colosal tratado titulado “Ensayo político sobre el Reino de la Nueva España” no es comprensible sin la colaboración y la información que le ofrecieron los hombres de ciencia mexicanos del momento, entre ellos Fausto de Elhuyar, director del Tribunal de Minería y del Colegio de Minería, antiguo estudiante de Mineralogía en Freiberg, descubridor del tungsteno; el no menos famoso Andrés del Río, antiguo compañero de Humboldt en Freiberg, descubridor del vanadio; Vicente Cervantes, profesor de Botánica en la Universidad de México; Martín de Sessé, director del Jardín Botánico; los grandes arquitectos e ingenieros militares Miguel Constanzó, Manuel Tolsá e Ignacio Castera; el obispo de Michoacán fray Antonio de San Miguel y el canónigo Manuel Abad y Queipo, tan admirados por Humboldt por sus ideas liberales en defensa del indio…

El Barroco (tanto en sus bases doctrinales como en sus coordinadas estéticas) pervivió durante mucho tiempo en Indias hasta bien entrado el siglo XVIII; pero ya a partir de los años cuarenta se aprecia una generación preilustrada que pondrá las bases para la eclosión de la plena Ilustración a partir de la fecha de entronización de Carlos III. De hecho, desde 1760 hasta fines de siglo los reinos indianos contemplarán su culminación: expediciones científicas dirigidas por sabios ilustrados extranjeros (La Condamine, Malaspina, Humboldt) o por naturalistas y botánicos españoles, como el caso de José Celestino Mutis, cuyos estudios tuvieron una proyección mundial. Ya estaban fundadas veintiséis universidades distribuidas por todas las capitales indianas a fines del siglo XVIII, la Escuela de Minería de México (1792), la Academia de San Carlos (1783) o el Jardín Botánico (1788) de la misma capital novohispana; el Museo de Historia Natural de Guatemala (1796), el Observatorio Astronómico de Bogotá, la Escuela Náutica de Buenos Aires (1799); las grandes catedrales y templos, la arquitectura doméstica  –“México, la ciudad de los palacios”--, las edificaciones civiles y militares, las obras de ingeniería, la creación de los grandes pintores indianos y la difusión de publicaciones periódicas.