Es llegada la hora de la crucifixión en el Calvario, según la costumbre romana. Cristo ha sido crucificado a la hora tercera (nueve de la mañana), según el sistema romano-judío. A la hora sexta (mediodía), las tinieblas cubren la tierra. La expiración sobreviene a la hora novena (tres de la tarde). El Redentor pasa seis horas clavado en su cruz, crucificado entre dos malhechores: a su derecha, Dimas, el Buen Ladrón; a la izquierda, Gestas, el Mal Ladrón.
El Buen Ladrón es San Dimas que, junto al Mal Ladrón, fueron crucificados a la misma hora que Jesús de Nazaret. Las representaciones de la crucifixión muestran a Jesús con la cabeza inclinada hacia el lado derecho. Dimas era de origen galileo y poseía una posada, según el evangelio apócrifo de José de Arimatea (1-2). Atracaba a los ricos y favorecía a los pobres. Daba sepultura a los muertos. Saqueaba a los judíos. Robó los libros de la ley en Jerusalén; dejó desnuda a la hija de Caifás, el Sumo Sacerdote judío que presidió el Sanedrín (el consejo judío) durante el juicio a Jesús, que era a su vez sacerdotisa del santuario.
Según el Evangelio de Mateo, los dos ladrones se burlaron al principio de Jesús; sin embargo, el evangelio de Lucas sostiene que solo fue uno de ellos el que se burló del Señor: el Mal Ladrón. Uno de los criminales que estaban colgados, Gestas, le insultaba: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos también a nosotros”; pero el otro reprendió a su compañero diciéndole: “¿No tienes temor de Dios, tú que estás bajo el mismo castigo? Nosotros estamos sufriendo con toda razón, pero este hombre no hizo nada malo”. Luego, añadió: “Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.” Jesús le contestó: “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso.” (Lc, 23, 39-43).
Según el Evangelio apócrifo de Nicodemo (27, 2-3), al verlo entrar en el Paraíso, todos los santos le preguntaron: “¿Quién eres? Tu aspecto es el de un ladrón. ¿De dónde vienes que llevas el signo de la Cruz sobre tus espaldas?” Y él, respondiéndoles, dijo: “Con verdad habláis, porque yo he sido un ladrón, y he cometido crímenes en la tierra. Y los judíos me crucificaron con Jesús, y vi las maravillas que se realizaron por la cruz de mi compañero, y creí que es el Creador de todas las criaturas, y el rey todopoderoso, y le rogué exclamando. En verdad te digo que hoy serás conmigo en el Paraíso, me respondió. Y me dio este signo de la cruz, advirtiéndome: Entra en el Paraíso llevando esto y, si su ángel guardián no quiere dejarte entrar, muéstrale el signo de la cruz, y dile: Es Jesucristo, el hijo de Dios, que está crucificado ahora, quien me ha enviado a ti.
Dimas reconoce sus pecados y se encomienda a la gracia del Señor. ¿Quién, si no, le dice que irá con Él al Paraíso?: el mismo Jesucristo. Y la Iglesia le convierte en santo, el primero de su Martirologio (catálogo de los santos), declarado por el Hijo del Padre, el fundador de su Iglesia. El 25 de marzo, su festividad.
Pues, ¿y Gestas, ¿quién fuere, qué hizo? El Mal Ladrón muere sin arrepentirse de sus pecados. Contrapunto a Dimas, se sitúa a la izquierda del Nazareno. Le reta, se burla de Él: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y sálvanos a nosotros.” José de Arimatea, en el Protoevangelio de Santiago, dice de él: “Gestas daba muerte a espada a algunos viandantes; a otros les dejaba desnudos. Colgaba a las mujeres de los tobillos y les seccionaba sus pechos con la espada. Tenía predilección por beber la sangre de los miembros infantiles. Nunca conoció a Dios. No obedecía las leyes y venía ejecutando tales acciones, violento como era…”
En el Evangelio Árabe de la Infancia se relata el episodio del Ataque de los bandidos, en el que unos salteadores atacan a San José y su familia mientras atravesaban un bosque. Uno de ellos, llamado Tito (el Buen Ladrón), intercede para protegerles, mientras que el otro, llamado Dúmasco (el Mal Ladrón), no accede. La Virgen María bendice a Tito y Jesús profetiza que ambos serán crucificados. “De aquí a treinta años, me han de crucificar los judíos en Jerusalén y estos dos ladrones serán puestos en cruz conmigo: Tito estará a la derecha y Dúmasco a la izquierda. Tito me precederá en el Paraíso.” (Evangelio Árabe de la infancia, capítulo XXIII).
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