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| El Dr. Alejo Leal y José Antonio Ramos, con el libro |
“La historia de la
Medicina es, en esencia, la historia misma de la humanidad, enfrentándose a los
desafíos más profundos: las enfermedades, el sufrimiento y la búsqueda
incansable de la salud y el bienestar… El desarrollo de la Medicina refleja no
solo el progreso del conocimiento, sino también la evolución social, cultural y
tecnológica de las comunidades”, afirman los autores (el historiador, académico
y cronista de Trujillo, José Antonio Ramos, y el doctor Alejo Leal) en la
Introducción de esta obra, con un enfoque particular en la ciudad de Cáceres,
ciudad con un pasado médico singular, en las que se explora el impacto de las
enfermedades en la vida de sus habitantes a lo largo de los siglos y la
respuesta en la creación de espacios fundamentales como albergues, hospitales y
centros de salud que han moldeado el sistema sanitario local. [1]
En cuatro capítulos, los autores abordan la historia de
la Medicina en Cáceres en la Antigüedad, el Medievo, en los tiempos modernos y
su desarrollo en los siglos XIX al XXI, más uno introductorio sobre los
orígenes de Cáceres. Como señala el prologuista de la obra, “los autores han
recorrido con minuciosidad documentos que datan desde la Edad Media, con sus
primeras referencias a hospitales, hasta los registros administrativos de los
siglos XX y XXI sobre la instalación de servicios sanitarios modernos”.
Finalmente, el editor, el doctor Alejo Leal, cierra el libro con un capítulo
titulado “La Medicina me ha ayudado a ser mejor” y unas imágenes para el
recuerdo, además de la bibliografía consultada.
La medicina en la
antigüedad.-Los vettones, uno de los pueblos prerromanos que habitaron el
oeste de la península ibérica, desarrollaron una concepción espiritual de la
enfermedad, expresada mediante prácticas rituales de carácter curativo. Una de
sus expresiones más significativas fue el culto a las aguas, considerados
espacios sagrados dotados de propiedades sanadoras, a los que se acudía como
escenarios de peregrinación, donde se realizaban prácticas en las que se
combinaban la religiosidad con el tratamiento empírico de ciertas dolencias.
Los sistemas de alcantarillado y gestión de aguas residuales mejoraron las
condiciones sanitarias y la calidad de vida en las ciudades antiguas. El agua
ha sido fundamental para la supervivencia básica y para el florecimiento
cultural, económico y tecnológico de la sociedad.
Joaquín Castell, farmacéutico
cacereño de finales del XIX, hablaba de las cualidades salutíferas de las
fuentes del Marco, de las huertas y del permanente fluir de su cauce permanente
y justifica en ello la fundación de Cáceres por los romanos. Hipócrates, Galeno
y Plinio el Viejo se refirieron en sus escritos a las propiedades terapéuticas
del agua, entendida no solo como recurso natural para la vida, sino como medio
para promover la salud. Séneca y Plinio explicaron el uso de las aguas y cómo
debían emplearse para su aplicación en las distintas enfermedades. Plinio
detalla las propiedades de aguas termales en diferentes regiones del Imperio
para tratar dolores articulares y afecciones y problemas digestivos.
El uso de
agua fría y caliente era común en la práctica médica y romana y Plinio describe
los efectos contrastantes de las aguas frías y calientes en el cuerpo, comunes
en la práctica romana, y cómo estos cambios de temperatura pueden influir en la
salud. Los baños eran parte integral de la vida en la antigua Roma, no solo
para la limpieza, sino también como lugares de recuperación y el tratamiento de
diversas enfermedades. El primer médico de la historia de la medicina
occidental, Hipócrates (siglo V a. C.), consideraba la importancia de utilizar
debidamente los baños como método de curación. Galeno, célebre médico romano,
expandió las ideas que comenzaron con Hipócrates.
La Medicina en el
Medievo.-A partir del siglo XI se constata un incipiente intento de regular
el acceso a la práctica médica en al-Ándalus, mediante mecanismos de control
formativo y la emisión de autorizaciones para el ejercicio profesional. En
Cáceres se llevaron a cabo ciertas medidas orientadas a la higiene pública
durante el periodo andalusí, como sugiere la interpretación de diversos
hallazgos, entre ellos estructuras asociadas al abastecimiento de agua potable
y sistemas destinados a la depuración de aguas residuales. De hecho, la
sociedad hispano-árabe hizo un uso abundante de los recursos hidrológicos,
mejorando las instalaciones de la época romana.
En las primeras décadas del dominio islámico en Cáceres,
los musulmanes no contaban con una estructura científica propia en al-Ándalus,
por lo que confiaban en gran medida en médicos mozárabes para el ejercicio de
la Medicina práctica. Los monasterios emeritenses y las escuelas episcopales
continuaron funcionando, aunque en un contexto de dominio islámico.
El
Fuero de Cáceres incluye medidas relacionadas con la higiene, la salud y las
condiciones de vida de la ciudad, que reflejaban la importancia de evitar la
propagación de enfermedades y regular los hábitos de vida de la población. El
Fuero incluía, además, la regulación de los mercados y la venta de alimentos,
el saneamiento y control de aguas, la limpieza de calles y espacios públicos,
el aislamiento de personas con enfermedades contagiosas, la prohibición de
prácticas insalubres, el control sobre los oficios peligrosos y la protección
de la salud pública.
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| Edificio donde estuvo la enfermería de San Antonio de Padua en Cáceres |
La medicina en tiempos modernos.-En
los siglos XVI y XVII se mantuvo y reforzó la tradición hospitalaria en Cáceres,
ampliando la atención a los pobres y enfermos, con diferencias respecto a la
Edad Media. Durante esta época, Cáceres vio surgir los hospitales de San
Salvador y La Piedad, más organizados y mejor dotados, con el objetivo de
asistir a pobres, viudas y huérfanos. Las enfermedades más comunes en estos
siglos reflejan el contexto de la época: fiebre tifoidea, tuberculosis, viruela,
sarampión, escarlatina… En esta época existían otros hospitales en Cáceres,
como el de los Caballeros, Puerta de Coria, Santa María “la Vieja”, San Antonio
“el Viejo”, Santo Spiritus y San Juan.
La
entonces villa de Cáceres disponía de una cobertura sanitaria básica durante
los siglos XVI y XVII gracias a la existencia de varios hospitales que, aunque
rudimentarios según los estándares actuales, cumplían una función fundamental
en la atención en la asistencia médica y social de la época. No eran hospitales en el sentido moderno del
término, sino más bien casas de acogida para pobres, enfermos y peregrinos
gestionados por órdenes religiosas o fundaciones privadas con fines piadosos.
Entre los más destacados se encontraba el Hospital de San Juan Bautista,
fundado en el siglo XV y muy activo durante los siglos posteriores; el Hospital
de la Magdalena y el Hospital de San Antonio. En este contexto puede afirmarse
que Cáceres, pese a su tamaño y lejanía de los grandes centros urbanos, no
permanecía ajena a las dinámicas asistenciales del antiguo régimen.
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