miércoles, 30 de septiembre de 2026

FRANCISCO FERNÁNDEZ SERRANO, DE ARCHIVERO MUNICIPAL DE PLASENCIA A ARCHIVERO EN ZARAGOZA


Fernández Serrano en el Archivo de Simancas (Foto: Familia Fdez. Serrano)

    Sus biógrafos destacan su perfil humanista, la de archivero y sacerdote, formado en España y Roma, y la de investigador histórico que sobresalió por sus estudios sobre la historia de la Iglesia, la Corona de Aragón y los temas relacionados con Extremadura. [1]

    Francisco Fernández Serrano (Garciaz, Cáceres, 18/10/1917; Zaragoza, 04/04/2003) nació en el seno de una familia de clase media, hijo de Higinio Fernández Mejías y Carmen Serrano Lozano, que tuvieron dos hijos: Francisco y María. La madre fallece el 6 de mayo de 1920 a los 53 años. En 1923 su padre contrae segundas nupcias con Teresa Teno Rubio, una joven de 23 años, de cuyo matrimonio nacen tres hijos; Nazareth, Teodora y Tomás. Los cinco hermanos forman de nuevo una unidad familiar con las diferencias propias de la edad, bajo el ejemplo de sus padres.

    Francisco inicia con dos maestros de su pueblo, Dominica Palacios Lozano y su marido, José Gallardo Rico, los estudios primarios de 1920 a 1923. Tan buen recuerdo guardó de ellos que, en 1954, lideró la iniciativa de homenajearles con la imposición de la Cruz de Alfonso X el Sabio y la dedicación de una calle junto a la plaza de la iglesia bajo la denominación de “los maestros Gallardo-Palacios”.

FORMACIÓN EN PLASENCIA

    El 29 de septiembre de 1929, Fernández Serrano ingresa en el Seminario Diocesano de Plasencia, en el que estudia latín y filosofía. Allí se inicia su vocación historiográfica, que le acompaña el resto de su vida. En la biblioteca se abre paso como bibliófilo y bibliógrafo. A mediados de 1936, sus cualidades personales y un brillante expediente académico mueven al obispo (entonces, Feliciano Rocha Pizarro, 1935-1945) a ofrecerle la posibilidad de cursar los estudios de Teología en la Universidad Gregoriana de Roma; pero la Guerra Civil ya había comenzado. No obstante, obtiene el permiso oficial para salir de España.

ESTUDIOS EN ROMA

    En febrero de 1937 embarca en Sevilla rumbo a Italia. En la Universidad Gregoriana cursa la licenciatura en Teología. En la Ciudad Eterna permanece hasta el 29 de agosto de 1941. Antes, en 1939, es obligado a volver a España para pasar revisión militar. Ya había recibido las órdenes menores del sacerdocio y, a los dos meses de su llegada a Cáceres, finaliza la Guerra Civil.

    En octubre de 1939 regresa a Roma para continuar sus estudios. Trabaja en la Escuela Vaticana de Paleografía, Diplomática y Archivística. Entre 1940 y 1941 estudia lengua árabe en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma y asiste a cursos de lengua francesa y alemán, lengua que perfeccionó posteriormente en la Universidad de Munich. El 13 de julio de 1941 es ordenado sacerdote y al día siguiente oficia su primera misa en la capilla del Colegio Español de Roma. Un año después, el 12 de julio de 1942, con el fin de satisfacer los deseos de su familia, celebra su primera misa solemne en la parroquia de Santiago Apóstol de Garciaz. Sus padres y abuela fueron los padrinos del acto, al que acudió todo el vecindario.

REGRESO A PLASENCIA          

    A finales de agosto de 1941 recibe en Plasencia su primer destino: profesor de historia, latín y griego en el Seminario. Durante diez años simultanea la docencia con los cargos de vicerrector y de coadjutor de la parroquia de San Nicolás y, entre 1945-1951, ejerce como archivero municipal.

    En junio de 1948, Fernández Serrano es nombrado ecónomo de la parroquia de San Martín de Trujillo, donde desarrolló su más larga experiencia pastoral, aunque sus tareas académicas en Plasencia le reclamaran.

    En 1971 inaugura y sitúa en la ciudad los I Coloquios Históricos de Trujillo, ciudad que elige como segunda residencia y lugar de sus vacaciones.

    Durante su estancia en Plasencia, sus inquietudes le llevaron a fundar en 1949, junto a otros amigos, como el abogado y escritor Antonio Sánchez Paredes, el Seminario Placentino de Estudios Extremeños Pedro de Trejo, que pretendía canalizar la vida cultural de la ciudad, y que estuvo vinculado al Seminario de Estudios Extremeños creado en la Universidad de Salamanca por Francisco Elías de Tejada. Desde 1945 dedicó parte de su tiempo a organizar el Archivo Histórico Municipal de Plasencia.

ARCHIVERO Y PROFESOR EN ZARAGOZA

    En 1951 decide hacer oposiciones a archivos para canónigo archivero de la catedral de Coria y, poco después, para el Cabildo Metropolitano de Zaragoza. Aprobó ambos con las máximas calificaciones. Eligió Zaragoza por ser ciudad universitaria y tener dos archivos catedralicios. Tomo posesión el 17 de mayo del mismo año.

    En sus primeros años en Zaragoza, fue profesor de Historia de la Iglesia en el Seminario y profesor de Segunda Enseñanza. En la Universidad de Zaragoza realizó la licenciatura en Historia con la tesina “Obispos auxiliares de Zaragoza en tiempos de los arzobispos de la Casa Real de Aragón (1460-1575)”. También fue profesor adjunto en la cátedra de Historia Moderna en la misma Facultad.

    En 1955 convocó y dirigió el I Congreso de Archiveros Eclesiásticos de Aragón. Durante la década de los años 60 colaboró con la Sociedad de Estudios Monásticos. En diciembre de 1975 fue nombrado académico correspondiente en Zaragoza de la Real Academia de la Historia, que el investigador cacereño Carlos Callejo subrayaba que fue a los 33 años. [2] El 25 de noviembre de 1987 fue nombrado canónigo emérito del Cabildo Metropolitano de Zaragoza.

    Donó su biblioteca a su pueblo natal, Garciaz, y al Archivo Histórico Municipal de Trujillo.

    Dejó una gran obra publicada en revistas científicas, comunicaciones y ponencias en congresos, jornadas y coloquios, prólogos de libros y colaboraciones en obras colectivas, además de monografías.

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[1] Vid.: Fernández Teno, Nazareth y De la Llave Muñoz, Sergio: Francisco Galo Fernández Serrano (1917-2003), sacerdote y erudito de Garciaz (Cáceres), en Revista de Estudios Extremeños, Tomo LXXIV, núm. 11, pp. 971-1002.

[2] Vid.: Callejo Serrano, Carlos: Don Francisco Fernández Serrano en la Real Academia de la Historia, Alcántara. Núm. 182, págs. 31-33.


martes, 29 de septiembre de 2026

MANUEL PÉREZ HERNÁNDEZ, EL EMERITENSE DIPUTADO POR BADAJOZ, DESTACADO JURISTA DEL SIGLO XIX


Manuel Pérez (Historia Hispánica)

    A mediados del siglo XIX, cuando fallece, era considerado uno de los mejores juristas del siglo. Diputado por Badajoz en la legislatura 1830-1839, que repitió en 1840, Manuel Pérez Hernández (Mérida, 08/02/1803; Madrid, 21/06/1856), inició sus estudios en Leyes en la Universidad de Salamanca, aunque los concluyó en Sevilla, ciudad a la que se trasladó por motivos políticos, en 1825.

    En la capital andaluza comenzó el ejercicio de la abogacía hasta 1828, en que se trasladó a Écija por motivos familiares, permaneciendo en la citada ciudad hasta 1834, en que se trasladó a Madrid. 

EL ABOGADO DE LA CORTE

    En la capital de España su bufete alcanzó un merecido prestigio, convirtiéndose en el abogado de la aristocracia de la Corte y enseñando el ejercicio de la profesión a notables discípulos como Manuel Silvela (1830-1892), abogado, escritor, académico y político.

    Fue una figura destacada del Colegio de Abogados de Madrid, de cuya Junta fue diputado primero, gozando de gran admiración en esta corporación y de la amistad de uno de los hombres más influyentes: el decano Manuel Cortina (Sevilla, 1802; Madrid, 1879), abogado, político y militar, diputado, ministro de Hacienda y presidente del Congreso.

    Desde su llegada a Madrid, participó activamente en el Ateneo de la capital, en la fue secretario de la Primera Sección hasta casi su fallecimiento. También se dedicó al periodismo, tanto político como jurídico, siendo redactor de La Abeja, La Ley, El Español o La España.  Hastiado de la prensa política, se alió junto a sus amigos Joaquín Francisco Pacheco y Bravo Murillo para fundar el Boletín de Jurisprudencia, tras haber intentado establecer otra revista de la misma índole titulada La Ley (véase Ucelay). En La Abeja, Pérez Hernández sostuvo en numerosos artículos la idea de que “España era difícil de gobernar, pero todavía más difícil de revolucionar”. Esta doctrina, según Ucelay, consistía en “huir de los extremos, en aceptar las reformas, en censurar todos los desmanes que trataban de cubrirse bajo la capa de la libertad”.

    Aunque no se sintió atraído por la política, salió elegido diputado por Badajoz en la legislatura de 1838-1839 y repitió en 1840. Considerado como gran orador en el foro, su voz apenas se escuchó en el Congreso, aunque destaca su intervención en la sesión del 24 de diciembre de 1838, en la que expuso sus opiniones en torno a los límites de la inviolabilidad parlamentaria.

RETIRADA DE LA POLÍTICA TRAS SU DESTIERRO

    Sin embargo, tras asumir el general Espartero la Regencia (1840-1843) en septiembre de 1840, durante la minoría de edad de Isabel II, fue desterrado a Guadalajara por sus ideas políticas moderadas y, aunque la medida duró poco más de un mes, esta experiencia le marcó y le hizo renunciar a su carrera política. A pesar de ser tentado en varias ocasiones para retomar su actividad política (“se le brindó la cartera de Gracia y Justicia; otras, un asiento en el Senado….”, según L. M. Pastor),  se mantuvo volcado en la abogacía, que tantas satisfacciones y prestigio le había reportado y le reportarían.

    Por sus conocimientos jurídicos y su calidad humana, fue miembro de las Comisiones de Códigos creadas en 1843, 1846 y 1854, en las que destacó por sus aportaciones, no aceptando remuneración alguna. Según la biografía de Ucelay, “sus ganancias profesionales ascendían a sumas que entonces se tenían por fabulosas. Hay quien asegura que solo el Banco de España, del cual era abogado consultor, llegó a satisfacerle alguna vez más de 25.000 duros por honorarios de sus negocios en solo un año”.

    La muerte le sorprendió el 21 de junio de 1856 en la ciudad en la que se consagró como uno de los mejores juristas españoles del siglo XIX, según su biógrafa Blanca Sáenz de Santamaría. Ucelay lo considera un “abogado de celebridad indiscutible como hombre de ciencia, de foro y como orador, quizá sin igual en las lides judiciales, y debe ser estudiado solo como eminente letrado y esclarecido orador forense”.

    Según La Gaceta, recogido del Diario Español, “fue víctima de una apoplejía fulminante” “cuando se hallaba en una junta a la que había llegado minutos antes, sin síntoma alguno que hiciera presente su próximo fin”.

    Su entierro fue una solemne manifestación del aprecio en que por todos fue considerado. Más de cien carruajes y un cortejo numerosísimo, compuesto de lo más distinguido del foro y de la sociedad de Madrid, seguían al carro fúnebre, tributando un merecido homenaje al elocuente orador y al sabio jurisconsulto. El decano del Colegio, Manuel Cortina, pronunció la oración fúnebre, en la que dijo que “su temprana muerte ha arrebatado a la jurisprudencia una de sus principales lumbreras” (Ucelay citando la crónica publicada en El Faro Nacional).

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Bibliografía consultada: Sáenz de Santamaría Gómez-Mampaso, Blanca, en Historia Hispánica, de la Real Academia de la Historia, biografías: Manuel Pérez Hernández; Ucelay, Enrique: Estudios sobre el foro moderno, Tomo I, págs., 29-1-301 (Madrid, 1883); necrológica de L. M. Pastor en La Gaceta, Madrid, 04/02/1857, de 04/02/1857; La Gaceta de 23/06/1856, recogido del Diario Español.


LOS FRAILES DE YUSTE CULTIVARON EN EL SIGLO XVI EL PIMIENTO DE LA VERA



    Las primeras referencias al cultivo del pimiento en La Vera se sitúan en el siglo XVI, cuando era cultivado por los frailes jerónimos en el Monasterio de Yuste.

    

    De acuerdo con la documentación histórica recogida por la Universidad de Extremadura, en 1493 Cristóbal Colón trajo a Guadalupe muestras de ají procedentes de América.


    Los monjes jerónimos del Monasterio de Guadalupe recibieron estas plantas y extendieron su cultivo por otros monasterios de la Orden, llegando hasta Yuste, en La Vera, informa Extremestiza.


    La investigación de la Uex documenta, además, el contexto de los viajes de Colón a partir de fuentes como el Archivo General de Indias.


    Con el paso del tiempo, aquel fruto llegado de América encontró en Extremadura un nuevo territorio y una nueva forma de elaboración. A mediados del siglo XVIII, los agricultores de La Vera ya habían desarrollado el tradicional secado al humo, que daría al pimentón sus características de color, aroma y sabor.


    Hoy, el pimentón de La Vera, protegido por la Denominación de Origen Protegida es uno de los productos más reconocibles de la gastronomía extremeña, “porque algunos sabores también cuentan la historia del mestizaje”, afirma Extremestiza.

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Fuentes: Universidad de Extremadura: La historia de las plantas II: la historia del pimiento; Archivo General de Indias, Patronato, 295, núm. 13; Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación: documentación de la DOP Pimentón de la Vera.