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| Vista de Puerto de Santa Cruz |
La localidad de Puerto de
Santa Cruz, situada en la provincia de Cáceres, se erige como un monumento
singular dentro de la amplia Penillanura Cáceres-Trujillo y constituye un
enclave de notable interés histórico y patrimonial cuya ocupación humana se
remonta a tiempos prehistóricos. Su historia, sociedad, economía y cultura, patrimonio
religioso y cultural, es objeto del último libro del cronista oficial de Trujillo
y académico correspondiente de la Historia y de la Real Academia de Extremadura
de las Letras y las Artes, José Antonio Ramos Rubio.[1]
El libro lo prologa el alcalde de la localidad, Antonio
Ruiz Gómez, quien asegura que, con esta obra, su autor “vuelve a demostrar que
la historia local es, en realidad, la suma de miles de historias universales”,
y lo presenta el presidente de la Diputación Provincial, Miguel Ángel Morales,
quien afirma que “cualquier aproximación científica al pasado del Puerto, encuentra
en la obra una referencia imprescindible para comprender la complejidad de su
evolución histórica y la riqueza patrimonial que caracteriza a esta localidad”.
La
Sierra de Santa Cruz destaca como un resalte estructural que emerge sobre la
planicie. El rasgo orográfico de la zona es el denominado Bloque Elevado de
Garciaz, que contiene dos cumbres principales: el Cerro de Pedro Gómez y el
Pico del Venero, máxima elevación de toda la comarca.
La arquitectura popular del Llano de Cáceres, en la que se
halla el municipio, y de la extensa penillanura cacereño-trujillana, constituye
un testimonio vivo de los modos de vida tradicionales, condicionados por el
medio físico y por las dinámicas socioeconómicas que han configurado
históricamente el territorio. La plaza de la iglesia constituye el principal
espacio de articulación urbana del núcleo histórico. Situada frente a su
fachada se encuentra una gran fuente (El Caño). Su modelo de poblamiento y el
uso del territorio ha estado condicionados por la disponibilidad de agua. En
este contexto, los pozos han constituido durante siglos una infraestructura
esencial para la supervivencia humana, el desarrollo ganadero y la
configuración socioeconómica local.
La Sierra de Santa Cruz constituye un espacio de gran relevancia
arqueológica y paisajística. Desde tiempos prehistóricos se convirtió en un
lugar de tránsito entre el Valle del Tajo y las Sierras del Guadiana y en un
corredor de movilidad humana, intercambio cultural y aprovechamiento económico.
La combinación de afloramientos graníticos, recursos hídricos estacionales,
suelos aptos para la agricultura y zonas de pastos, favoreció la implantación
de comunidades desde el IV milenio a. C. Las evidencias más tempranas de
presencia humana se asocian al Neolítico final y comienzos del Calcolítico.
El fenómeno de la romanización en la zona no puede
entenderse solo como la imposición de una cultura dominante sobre otra
subordinada, sino como un proceso complejo, multiforme y con intensidades
variables, dependiente tanto de factores militares como administrativos,
económicos, onomásticos y simbólicos. La calzada que conectaba Augusta Emerita
con Caesaraugusta (Mérida y Zaragoza), correspondiente al trazado de la autovía
A-5, constituye el principal vector de romanización de esta área. El modelo
económico romano transformó profundamente el paisaje, generando un territorio
articulado en villas agrícolas, sustituyendo a los castros.
La
Península experimentó un profundo reordenamiento sociopolítico con la llegada, asentamiento
y consolidación de los visigodos. Lo que realmente fue una presencia militar al
servicio de Roma, se transformó, con el tiempo, en la creación de un reino
estable con capital en Toledo, desde principios del siglo VI hasta la invasión
islámica del año 711. La llegada de los ejércitos musulmanes se encontró una
estructura política fracturada, facilitando el final del dominio visigodo, pero
no la desaparición de su influencia cultural, política y religiosa.
La
conquista musulmana supuso la desustructuración del periodo visigodo y la
ruptura de la administración territorial tardo-romana. El periodo comprendido
entre mediados del siglo XII y la primera mitad del siglo XIII constituye una
etapa fundamental para comprender los procesos de consolidación territorial de
la monarquía castellano-leonesa y la progresiva delimitación del espacio
cristiano en el contexto de la Reconquista. El reinado de Alfonso VIII de
Castilla (1158-1214) representa un momento clave en esta dinámica. La toma de
Trujillo el 25 de enero de 1233 constituyó un acontecimiento decisivo para la
reconfiguración del espacio extremeño, cuya Tierra se convirtió en uno de los
alfoces más extensos de Castilla, superando las 300.000 hectáreas.
Durante
los siglos XVI y XVII, la Corona española experimentó una serie de
transformaciones políticas, económicas y sociales que impactaron tanto en el
territorio peninsular como en las posesiones ultramarinas del imperio. La
Corona se vio obligada a tomar difíciles decisiones para hacer frente a las urgentes
necesidades del tesoro real. Una de las decisiones adoptadas fue la venta de
localidades dentro del alfoz de Trujillo.
Uno
de los procesos más complejos fue la compra del señorío de El Puerto por don
Diego de Vargas Carvajal, que finalmente, consolidó su posición como señor de
la localidad durante el reinado de Felipe II. En 1632, el hijo de don Diego,
don Juan de Vargas Carvajal, logró que la Corona elevase el señorío de El
Puerto de Santa Cruz al rango de condado, que se convirtió en un importante
centro de poder en la comarca.
En
1834, la reorganización del Estado, promovida por Andrés de Burgos, dividió el
territorio nacional en 49 provincias, suprimiendo los antiguos reinos
peninsulares. Se establece una extensa red de partidos judiciales, entre ellos
el de Trujillo, al que se adscribe Puerto de Santa Cruz.
Las
guerras carlistas del XIX y su impacto en el territorio, las transformaciones
socioeconómicas y territoriales durante el siglo XX y, finalmente, el patrimonio
religioso, las manifestaciones artísticas y culturales, el Museo Etnográfico
del “Corral de Abajo” y la almazara agropecuaria de Moreno Muñoz, cierran la
obra.
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[1] Vid.: Ramos
Rubio, José Antonio: Puerto de Santa
Cruz, eco de civilizaciones junto a la sierra, edit. Diputación Provincial
de Cáceres, 2026, 333 págs.