domingo, 8 de noviembre de 2026

MAIDER LÓPEZ REGRESA AL HELGA DE ALVEAR EN NOVIEMBRE


Ser ciudad, árbol, piedra es una acción artística participativa
de un grupo que recrea elementos de la ciudad cacereña.

    El regreso de Maider López (San Sebastián, 1975) marcará el mes de noviembre en el Museo Helga de Alvear de Cáceres para desarrollar un nuevo proyecto de arte público, una iniciativa que busca acercar el arte a la ciudad y generar nuevas fuentes de encuentro, participación e inclusión a través de la creación artística y la implicación de la comunidad.

    Ser ciudad, árbol, piedra es una acción artística participativa, en la que un grupo de personas migrantes recreará, a través del cuerpo y de la organización colectiva, elementos específicos de la ciudad de Cáceres.

    A partir de la observación y de la mimetización con el entorno, los participantes toman la forma de un árbol, una barandilla o una ventana, construyendo una representación de la ciudad desde sus propios cuerpos y movimientos. Manos, brazos y cuerpos se convierten así en elementos arquitectónicos que permiten explorar otras formas de habitar, representar y construir colectivamente el espacio urbano.

    La actividad contará con la participación de un grupo de personas de migrantes y estudiantes del IES Al-Qázeres, que acompañarán a la artista en esta experiencia de creación colectiva.

    La actividad forma parte del proyecto Un Museo abierto al Mundo, el programa creado por el Museo Helga de Alvear en colaboración con la Fundación La Caixa.


viernes, 6 de noviembre de 2026

“DE GRANADA A GUADALUPE: LA HUELLA DE ISABEL LA CATÓLICA”


    El estudio de la figura de Isabel I de Castilla, tradicionalmente conocida como Isabel la Católica (Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 22/04/1451; Medina del Campo, Valladolid, 26/11/1504) y de su relación con el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, nos permite aproximarnos a uno de los espacios en los que, durante el tránsito de la Edad Media a la modernidad, se entrelazaron de manera especialmente significativa la religiosidad, la política, la cultura y la construcción de la autoridad monárquica.

    En su último libro bajo este título, el historiador José Antonio Ramos, junto a la escritora Carmen Sevilla Rodríguez, [1]  abordan en tres capítulos, además de este vínculo de la reina con Guadalupe, sus relaciones entre la fe, la Corona y la historia, y los jerónimos en Guadalupe y Granada.

    La trayectoria vital y política de Isabel de Castilla estuvo estrechamente vinculada a la consolidación de la Corona castellana, a la unión dinástica con Aragón mediante su matrimonio con Fernando II y a acontecimientos decisivos, como la guerra de sucesión castellana, la conquista del reino nazarí de Granada y el inicio de la expansión ultramarina.

LOS JERÓNIMOS EN SANTA FE Y GUADALUPE

    En el contexto de la conquista de Granada debe situarse el origen de la presencia jerónima en Santa Fe. La fundación del monasterio relacionado con San Jerónimo estuvo vinculada a la voluntad de los Reyes Católicos de conmemorar acontecimientos relacionados con la conquista. Fue proyectado inicialmente en Santa Fe en 1492, pero, debido a las condiciones insalubres del emplazamiento, la comunidad fue trasladada a Granada, donde se consolidó el monasterio que posteriormente sería conocido como San Jerónimo.

    La comunidad establecida en Santa Fe procedía de distintos ámbitos de la Orden de San Jerónimo y la presencia de los religiosos de Guadalupe no debe confundirse con una fundación exclusiva por parte de este monasterio. Sin embargo, sí existía una relación dentro de la misma tradición jerónima y un contexto de patronazgo regio que permite estudiar ambos establecimientos como parte de una misma política religiosa y monástica. La posterior instalación de los jerónimos en Granada reforzó todavía más la dimensión monumental y política de la fundación. El establecimiento comenzó a trasladarse a Granada en 1496 y posteriormente se desarrolló el conjunto arquitectónico que acabaría convirtiéndose en uno de los principales monumentos renacentistas de la ciudad.

    La llegada de los jerónimos a Guadalupe transformó profundamente la historia del santuario. La orden desarrolló allí una intensa actividad religiosa, intelectual y asistencial y llegó a contar con importantes dependencias destinadas al estudio, la producción de manuscritos, la medicina, la farmacia, la música, la orfebrería y el bordado. Su biblioteca, su scriptorium, sus talleres y sus instituciones asistenciales contribuyeron a convertirlo en uno de los grandes centros culturales y religiosos de la Castilla bajomedieval y de la primera Edad Moderna.

ISABEL LA CATÓLICA Y GUADALUPE

    La relación de Isabel la Católica con Guadalupe comenzó ante incluso de su acceso al trono. En 1464, cuando aún era infanta, acudió al monasterio junto a su hermano Enrique IV y Alfonso V de Portugal, para estudiar la posibilidad de un matrimonio para la joven. Con posterioridad, la vinculación entre Isabel y Guadalupe adquirió una relación más profunda. El monasterio se convirtió para ella en un lugar de devoción personal y de retiro espiritual. La reina disponía de una celda orientada hacia el altar mayor, espacio al que se retiraba para orar y meditar y que llegó a considerar como “mi paraíso”.

    A la dimensión espiritual se le une la dimensión política. Los Reyes Católicos visitaron Guadalupe en diferentes ocasiones y su presencia contribuyó a reforzar el prestigio del santuario y su relación con la monarquía. Durante su reinado, Guadalupe se consolidó como un lugar en el que podían coincidir la práctica devocional de los soberanos, la representación de la autoridad regia y la gestión de asuntos relacionados con la Corona.

    El estudio de Isabel I de Castilla y su relación con el Real Monasterio permite analizar un periodo decisivo de la historia peninsular desde una perspectiva que integra biografía, religiosidad, política, patrimonio y cultura.

 ----------------------------------------------


[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio y Sevilla Rodríguez, Carmen: De Granada a Guadalupe: la huella de Isabel la católica,  Liberis. Editores: Cadena hotelera Carmen Teresa, de Torremolinos, Camas (Sevilla), 2026, 301 págs.

 


jueves, 5 de noviembre de 2026

LA DEFENSA DEL PATRIMONIO Y EL ORIGEN CRUZADISTA DE LOS FRATRES DE CÁCERES, EN LA FUNDACIÓN TATIANA


    La defensa del patrimonio y la cultura de la responsabilidad contraída, y el mito y realidad de los Fratres de Cáceres como institución cruzadista, centraron las dos primeras mesas redondas conmemorativas de los 40 años de la declaración de Cáceres como Ciudad Patrimonio de la Humanidad en 1986 por la UNESCO, organizadas por la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes (RAEX) y la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, que tuvieron lugar ayer noche en la sede del Palacio de los Golfines de Abajo.

EL PATRIMONIO COMO VALOR DE LA CIVILIZACIÓN

    En su primera ponencia, el académico de la RAEX, Jesús García Calderón, abordó el tema de la declaración de Cáceres desde el punto de vista de lo que significa por la Convención del Patrimonio Mundial y el valor de la civilización.


    Como defensor de la ley, el académico señaló que “el crimen más impune del mundo es la destrucción del patrimonio” y en este sentido se apoyó en la definición de los bienes culturales del profesor italiano Masssimo Severo, como valor de la civilización, y Günter Regel, para quien la destrucción del patrimonio “es un desgarro religioso”.

    Se refirió al patrimonio como “un estado permanente de génesis”, en el que “cada vez que lo miramos es como si lo viésemos por primera vez”, como un diálogo constante con el ciudadano que, en el caso de Cáceres es “un estado permanente sucesivo” por los continuos espacios que el caminante puede ver. Señaló que “el patrimonio pertenece a toda la humanidad como obra conjunta del hombre y de la naturaleza”.

    Aludió al origen de la Convención por la defensa realizada en torno a la conservación de los veintidós monumentos de Nubia (Egipto), a raíz de la construcción de la presa de Asuán, entre 1960 y 1970, que dio origen a la operación internacional para desmontar templos milenarios y evitar que quedaran sumergidos por el embalse, en la que participó España, que recibió a cambio el templo de Debod, en Madrid, por su colaboración en la salvación del patrimonio.

    Más adelante aludió a los antecedentes de la Convención Internacional del Patrimonio, por los daños de las inundaciones de Florencia y Venecia, de 1996. Defendió el valor de la responsabilidad, que es necesario integrar en los instrumentos jurídicos de la defensa del patrimonio, aludiendo a la reciente quema del Ayuntamiento de Limoges (Francia) o a los conflictos de identidad ocurridos en la destrucción del patrimonio en Sarajevo y Palmira, que rompen el valor de la civilización, y que el Convenio implica los supuestos de la conservación y el engrandecimiento.

    Finalmente, García Calderón se refirió a los riesgos de la declaración de 1986 de Cáceres como Ciudad Patrimonio, que solo protege la legislación nacional. Defendió el derecho al futuro de la ciudad turística y al entorno natural, sin impedir su desarrollo, y la necesidad de la cultura de la responsabilidad en su defensa.

LOS FRATRES DE CÁCERES, MITO Y REALIDAD

El catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Extremadura, Francisco García Fitz, habló sobre los Fratres de Cáceres como mito y realidad de una institución cruzadista, a la luz de los documentos históricos, de las interpretaciones y leyendas.


Se remontó a la bula del papa Urbano II, de 1095, que predicó la “peregrinación armada” (no cruzada) para liberar los Santos Lugares, que dio lugar a la formación de los estados latinos en Tierra Santa, robados a los musulmanes, y de la que surgieron la Órdenes Militares del Temple y del Hospital de Jerusalén y, más tarde, las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara.

Los Fratres de Cáceres fue una milicia de caballeros, que surge en diciembre de 1170, como cofradía militar que vincula la actividad militar con el sustento religioso, pero que no eran monjes ni tenían votos, sino laicos, que dieron origen a la Orden de Santiago, de la que Cáceres fue cuna con el primer maestre y fundador, Pedro Fernández.

“Todo lo demás es la historia de los 40 de Cáceres (10/03/1173), en que los almohades toman la ciudad y los 40 fueron degollados en la Torre de Bujaco o en la de Espaderos, en una defensa heroica en defensa de la Cristiandad”. La difusión del relato fue extraordinaria, aunque se produjeron varios siglos de silencio en torno a ellos.

En 1174, el califa almohade tomó diversas localidades extremeñas, pero no hay referencia a Cáceres. Subrayó que “no había testimonios, pero sí referencias a la defensa heroica y martirial (durante seis meses) de la ciudad, en la que “los 40” se sacrificaron por los demás. Solo el papa Alejandro III, el 10/03/1173, habla en una bula del mundo ibérico, pero no se refiere a Los Fratres, en una fecha dedicada a los 40 soldados de Sebaste (Armenia), sacrificados por los romanos.

En 1915, Publio Hurtado se refiere a Los Fratres como la milicia que defendió la ciudad el siglo XII y a su martirio tras negarse a rendir la torre defensiva ante el califa Abu Jacub Yusuf.

La leyenda forma parte de la historia de Cáceres, de su patrimonio cultural y emotivo, que permite explicar la tradición, aun con errores.

Al comienzo del acto, el presidente de la Fundación Tatiana, Teodoro Sánchez Ávila, dio la bienvenida a los asistentes y la directora de la RAEX, María del Mar Lozano, explicó la finalidad de las mesas redondas que pretenden transmitir la investigación histórica de Extremadura, América y Portugal con académicos y expertos en las materias objeto de las mesas redondas.