viernes, 27 de marzo de 2026

AGUSTÍN FRANCISCO FORNER Y SEGARRA, “POR LA GLORIA DEL PADRE”


    Era, don Agustín Francisco Forner y Segarra, buen médico; médico rural: ejerció en Mérida, Alcántara, Guadalupe, Trujillo. De personalidad tal que Vicente Barrantes hace famoso a Juan Pablo –famoso y extremeño-- no porque naciera en Mérida; por la gloria del padre, el doctor Forner… Guarda Forner respeto, expresa admiración y cariño por la obra, no médica, literaria del padre. No habla de su madre: nunca. Yo –dice en “Los Gramáticos”--  he nacido en una Colonia Romana, donde se hallan amontonadas las inscripciones: tengo un padre que ha sido y es infatigable recogedor y explicador de ellas; prueba dello, esa “Historia de las Antigüedades de Mérida”, que ve usted ahí, trabajada por él con grande estudio y desvelo, que algún día verá la luz.” (Efectivamente, 1893, al siglo de esas palabras.)[1]

    El hijo del médico, recreado por el escritor extremeño Pedro de Lorenzo, no es otro que Juan Pablo Forner; pero toca ahora escribir del padre, “por la gloria del padre”, Agustín Francisco Forner y Segarra (Vinaroz, Castellón, 26/09/1718; Trujillo (Cáceres), c. 1785), de profesión médico, hijo de labradores acomodados que dieron estudios a varios de sus hijos, algunos de los cuales alcanzaron cargos eclesiásticos importantes.

    Hacia 1733 marchó a Valencia a estudiar Medicina. Residía allí su tío el doctor Andrés Piquer Arrufat, conocido médico, íntimo amigo de Mayans, del que recibió una ayuda constante, En 1753, por encargo del marqués de la Ensenada, junto a otros científicos, colaboró en la confección de un mapa y el estudio de todas las fuentes minero-medicinales de España (hay que reconocer que el doctor Piquer era conocido como el “médico del agua” por sus novedosos tratamientos). A Forner le tocó la provincia de Cuenca por lo que elaboró los dictámenes sobre la fuente de Solán de Cabras, que en 1790 fue declarada de utilidad pública.

    Nombrado Piquer médico de la Corte, trasladó su residencia a Madrid, y dado que Francisco Forner ejercía como ayudante de su tío en Valencia, le siguió cuando aquel cambió de domicilio. Sin embargo, no estuvo allí mucho tiempo, pues en 1756, año en el que nació su hijo Juan Pablo, ya se encontraba en Mérida, donde ocupaba una plaza de médico municipal, como sucesor de José Alsinet (1755-1761).

    En esta población trabajó en el hospital de San Juan de Dios y se despertó en él una gran afición por la Arqueología y las antigüedades, que dio lugar a la formación de una importante colección que fue el origen del Museo Arqueológico emeritense. [2] Fue médico de plaza de Alcántara (1761-1765), donde fallece su esposa y contrae nuevas nupcias; médico del Real Sitio de El Pardo (desde 1765), médico de la Real Familia (desde 1768), médico del Monasterio de Guadalupe (1755-1783) y de Trujillo. [3]

    Forner y Segarra es autor de las siguientes obras: Disertación de las virtudes medicinales de la fuente del Loro, nuevamente descubierta en las sierras de Guadalupe, (Madrid, Imprenta de Antonio Sancho, 1780); Noticia de las aguas minerales de la fuente de Solán de Cabras en la sierra de Cuenca, Con la análisis y síntesis, que de orden del Gobierno, hizo de ellos y de las del Rosal de la Villa de Beteta el año próximo pasado, D. Domingo García Fernández (Madrid, Viuda de Ibarra, 1787); Antigüedades de Mérida, metrópoli primitiva de la Lusitania, desde su fundación en razón de la colonia hasta el reinado de los árabes (Mérida, Plano y Corchero, 1893).

    En su reseña de los Apuntamientos para las antigüedades de Extremadura, el académico extremeño José María Álvarez Martínez afirma sobre la obra de Forner y Segarra: “Forner fue un hombre ilustrado de su época, en la línea de otros que se afanaron por conocer y difundir los valores de nuestras antigüedades, entre los que podemos referir a Velázquez, que pasó muchas jornadas, sobre todo en Mérida, junto a nosotros y nos transmitió valiosas noticias e ilustraciones de lo más significativo, obra de su dibujante Esteban Rodríguez… Debemos a Cerrillo el rescate de este libro de notas como él lo considera, por lo que le conviene el título, bien apropiado, de Apuntamientos, pues no se trata de otra cosa que de una rica serie de anotaciones, algo más de 160, que atañen a inscripciones, monedas, edificios, con sus correspondientes comentarios.” [4]

    Diez años después de su muerte, Nicolás Pérez escribiría de él: “El Dr. D. Francisco Forner y Segarra, padre del eminente jurisconsulto y castizo escritor D. Juan Pablo Forner, merece un puesto de honor en la Escuela de Medicina de Guadalupe, en la Historia de la Medicina española, en la de la Hidrología médica y en la de los historiógrafos de la soberbia Emerita Augusta. Al título de ilustre médico hidrólogo puede unir Forner los de humanista, anticuario e historiador, que tales y tan valiente timbres podía ostentar el último médico de la famosa Escuela de Medicina de Guadalupe, injustamente dado al olvido por nuestros historiadores Codorniu, La Rubia, Morejón y Chinchilla.” [5]

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[1] Vid.: De Lorenzo, Pedro: El hijo del médico, en ABC de 13/02/1975, pág. 49.

[2] Vid.: Sánchez Almela, Elena: Francisco Forner Segarra, en Historia Hispánica, de la Real Academia de la Historia. Biografías.

 [3] Vid.: Abascal, Juan Manuel; Los viajes de Cornide por Extremadura y sus antecedentes, en Viajes, viajeros y obras públicas. Extremadura entre España y Portugal, coord. por Villalón, María Cruz. Universidad de Extremadura, Servicio de Publicaciones, 2014, pág. 194.

 [4] Vid.: Álvarez Martínez, José María: Forner y Segarra, Agustín Francisco: Apuntamientos para las antigüedades de Extremadura. Transcripción, edición y notas de Enrique Cerrillo Martín de Cáceres, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, 2017, 317 pp.

 [5] Vid.: Pérez Jiménez, Nicolás: Noticia de los célebres médicos y cirujanos del Monasterio de Guadalupe. Don Agustín Francisco Forner y Segarra, último médico del Real Monasterio de Guadalupe, en El Siglo Médico de Madrid, de 10/11/1895, pág. 711.


jueves, 26 de marzo de 2026

BARTOLOZZI ALERTA DEL ESTADO DE RUINA DE LA IGLESIA DEL POBLADO DE GABRIEL Y GALÁN


Iglesia del poblado de Gabriel y Galán, en peligro de ruina.


    La directora de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes (RAEX) alertó durante su conferencia sobre “Los poblados de los Saltos de Torrejón el Rubio. Memoria documental y memoria inmaterial” sobre el estado de abandono y ruina de algunos edificios singulares de esos poblados, entre ellos la iglesia del poblado de Gabriel y Galán, en el término de Guijo de Granadilla, en Cáceres.

    En su conferencia, la catedrática de Historia del Arte hizo un repaso a los poblados construidos en la provincia cacereña para alojar a los obreros, técnicos y sus familias durante la construcción de las presas, que tuvieron un carácter temporal vinculados a las obras, mientras que otros se consolidaron como núcleos más estables para el personal encargado de su mantenimiento.

    Subrayó que los poblados de las presas de Torrejón tuvieron un carácter efímero, mientras duraron las obras, y otros, destinados a los técnicos y oficinas, se han convertido en un urbanismo ex novo, como casas rurales para personal de las empresas.

    Entre 1951 y 1971, los poblados se construían para proporcionar una vida de calidad a las familias desplazadas de su lugar (escuela, consultorios médicos, iglesia, cantina, economato, teatro y servicios de seguridad), con cuidados jardines y arbolado.

    Refirió las presas construidas (saltos de Torrejón, Tajo y Tiétar), a sus constructores (José María de Oriol y Urquijo y Fernando de Urrutia), señaló las líneas maestras de sus construcciones y los monumentos que dejaron en el Parque Nacional de Monfragüe y en Malpartida de Plasencia, como recuerdo a los vecinos que trabajaron en su construcción. Recordó también el trágico episodio vivido en la presa de Torrejón, el 22 de octubre de 1965, en la confluencia de los ríos Tajo y Tiétar, que provocó la muerte de sesenta personas, cuando uno de los aliviaderos no resistió la presión, rompiendo la rejilla de una de las compuertas, llevándose por delante a todos los obreros que se encontraban trabajando en el túnel. “Lo que queda de los poblados es un problema sin solucionar”, finalizó diciendo.

    La conferenciante fue presentada por Rubén Cabecera, quien dijo de la doctora Lozano Bartolozzi que “era una persona autorizada para hablar de la arquitectura civil”.


miércoles, 25 de marzo de 2026

GALDÓS SIGUIÓ A TORENO


Conde de Toreno, de Manuel San Gil y Villanueva. (Museo del Prado)


ANTONIO VIUDAS CAMARASA

Académico numerario de la Real Academia de

Extremadura de las Letras y las Artes

 

A mis admirados oncólogos Delvys Rodríguez Abreu

                                                    y Pablo Ayala de Miguel

 

Estimado lector:

El 29 de agosto de 2025 compartí contigo mi lucha contra el cáncer. Más de seis meses de zozobra, angustia y mucha esperanza. Está ganando la esperanza. Te cuento un secreto: me ha salvado la lectura. He leído todo lo que ha caído en mi pantalla de móvil, actas, reglamento, estatutos e informes de la Real Academia de Extremadura y mucha documentación directa sobre el karma de los liberales moderados y exaltados extremeños y españoles que fracasaron en su intento de imponer un nuevo Estado que sustituyera el gobierno que duró tres siglos desde la derrota de Juan Padilla, el héroe de los Comuneros de Villalar y dos siglos y años desde la ejecución de Juan Lanuza y Urrea (1591), el justicia de Aragón.

Hay fuentes que contradicen los elogios de una historiografía sesgada de los propios interesados y de los republicanos y liberales que la han contado en defensa y justificación de su propio fracaso (Conde de Toreno, Agustín Argüelles y otros) y que han adaptado a su manera escritores que no vivieron la historia (Benito Pérez Galdós, Vicente Blasco Ibáñez) para vender sus libros y vivir halagando al lector, como hacen ahora los publicistas de la novela histórica que no hacen otra cosa que adaptar cuatro notas históricas para generar una literatura emocional que haga vibrar al lector con los sentimientos históricos. La novela histórica es un sucedáneo para un público que no tiene capacidad de leer los documentos en los que sustenta la historia objetiva. Los mercanchifles de las editoriales y los escritores de su cuerda saben muy bien los dineros que son capaces de manejar y las plusvalías que generan. La novela histórica hace mucho tiempo que se creó y hoy parece que es la única inversión editorial para que un libro sea rentable.

Benito Pérez Galdós publicó sus Episodios Nacionales (1873), basados principalmente en la historia sesgada del Conde de Toreno, titulada Historia del levantamiento, guerra y revolución de España. Publicada entre 1835 y 1837, consta de cinco volúmenes. Escrita por el Conde de Toreno (José María Queipo de Llano), diputado liberal muy activo en las Cortes de Cádiz desde 1810 y en las Cortes de 1820 junto a José María Calatrava.

De este modo he ido venciendo mi cáncer de pulmón, leyendo durante estos seis meses de zozobra, angustia y esperanza las fuentes originarias y comparándolas con los sesgos de confirmación de los autores que son venerados por el gran público, que pasa de las fuentes primarias y se fían de las secundarias, que muchas veces nunca se han acercado a las primarias. El lector de novela histórica es el mejor cliente que tienen los comerciantes de la cultura de todos los tiempos.

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Nota.-Este artículo del académico extremeño ha sido publicado por el diario La Provincia, de Las Palmas de Gran Canaria, el 22 de marzo pasado, como una revisión de las opiniones de don Benito en las fuentes primarias bibliográficas como terapia para afrontar el cáncer de pulmón que padece.