miércoles, 28 de octubre de 2026

MEMORIA FOTOGRÁFICA DE TRUJILLO


Sábado de Gloria en la Plaza Mayor de Trujillo (N. Martínez, 1886). 


    Hasta hace apenas un siglo, la fotografía solidificaba en las casas los retratos de nuestros antepasados. Eran fotos en blanco y negro que todo el mundo se hacía, al menos, una vez en vida, con sus mejores galas, para dejar a sus descendientes el recuerdo de lo que fueron. Presidían los principales sitios de las viviendas: el salón o las habitaciones, donde los herederos pasaban sus horas de descanso, asueto y conversaciones.

    Los retratos de los abuelos eran algo sagrado. Los padres contaban a sus hijos, nietos de aquellos, las historias de quienes no conocieren, pero que formaban parte de sus vidas al ser su segunda generación. De padres a hijos, la heredad de las fotos antiguas se conservaba como, en una caja después, las fotos de la boda, de la mili, de las fiestas populares, de las procesiones, de la primera comunión, cuando estos acontecimientos marcaban la vida de los vecinos de los pueblos.

    Hay, sin embargo, otros lugares para la memoria que algunos conservan y otros no pudieren hacerlo, porque no hubieren los medios que hoy están al alcance de todos: la cámara analógica antes, la digital hoy. No son los recuerdos de familia, sino los del pueblo y la ciudad del pasado, que solo los fotógrafos visitantes pudieren captar y conservar para la memoria de todos.

    En “Trujillo, memoria fotográfica. El legado de la imagen” [1] , su cronista oficial, José Antonio Ramos Rubio, nos devuelve a la contemplación un recorrido visual por su historia, sus calles y sus monumentos, “un espejo, señala el cronista, que nos devuelve la mirada de quienes nos precedieron, los rostros de un Trujillo que aún pervive en los rincones menos alterados por la modernidad”.

    El libro se ofrece, según el autor, como un homenaje a sus gentes y su legado, como una invitación a seguir recordando la historia, la cultura y los valores que perduran. Sus palacios, sus casas solariegas, sus templos, conventos, castillo, iglesias, con su historia bajo ellas, nos retratan un pasado que ha ido cambiando con el paso del tiempo y que las generaciones actuales no conocieren, pero reconocen, “para que nunca dejemos de recordar quiénes somos y de dónde venimos”.

    Las vistas aéreas, las panorámicas de la ciudad, la plaza mayor y su estatua que la preside hace un siglo, las iglesias (San Martín de Tours, la iglesia y convento de San Francisco, Santa María la Mayor, Santiago y Santo Domingo); el Colegio Preparatorio Militar; los conventos de Santa Clara, San Pedro, San Francisco el Real de la Puerta de Coria y de Santa María.

    No podían faltar el castillo que preside en lo alto la ciudad, el Teatro “Gabriel y Galán”, la plaza de toros, la ermita de San Lázaro, la muralla y las puertas de la villa, el conjunto monumental, el monumento a doña Margarita de Iturralde, La Albuhera, las calles y lugares.

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[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio: Trujillo, memoria fotográfica, El legado de la imagen. Iberprint, Montijo, 2026, 174 págs..


LA CHUMBERA VIAJÓ DESDE AMÉRICA A EXTREMADURA


La catedral de Coria y su ladera base, asegurada por las chumberas. 

    La historia de la chumbera, que forma parte de muchos paisajes extremeños, comenzó al otro lado del Atlántico. La especie Opuntia ficus-indica está estrechamente vinculada a México, donde se aprovechaba mucho antes de la llegada de los europeos.

    La misma planta recibe nombres distintos a cada lado del océano. En Extremadura conocemos la chumbera y sus frutos, los higos chumbos. En México, sus tallos planos se llaman nopales y se utilizan en numerosos platos, mientras que sus frutos se conocen como tunas.

    Con el tiempo, la planta cruzó el Atlántico, se extendió por el Mediterráneo y acabó integrándose en paisajes que hoy sentimos como propios. Una muestra de cómo las plantas, los alimentos y las palabras también cuentan la historia de los intercambios entre América y Extremadura, señala Extremestiza.

    La chumbera guarda otra sorpresa: su relación con un pequeño insecto del que se obtiene unos de los tintes rojos más apreciados de la historia.

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Fuentes: Universidad de Extremadura: Guía botánica del campus de Badajoz; Royal Botanic Gardens, Kew, Plants of the world online; Opuntia ficus-indica, https://powo.science.kew.org./taxon/1151735-2: Kiesling Roberto: Origen, domesticación y distribución de opuntia ficus-indica, Journal of the Professional Association for cactus developmen, 1998, https://doi.org/10.56890/jpacd-v2i.159.


martes, 27 de octubre de 2026

“HERNÁN CORTÉS A TRAVÉS DEL ARTE Y DE LA MEMORIA HISTÓRICA”


Hernán Cortés, grabado de William Holt. 

    La historiografía contemporánea sobre Hernán Cortés y la conquista del Imperio azteca ha alcanzado, en las últimas décadas, un grado de complejidad metodológica y de madurez interpretativa que difícilmente pueden entenderse sin la aparición de estudios interdisciplinares que integran historia del arte, historiografía, iconografía y análisis cultural. En este contexto, la obra del historiador del arte José Antonio Ramos Rubio y Ottavio Freggia Bacardi, [1] un comerciante de arte, anticuario y gestor cultural, ocupa un lugar relevante por su capacidad para articular un discurso coherente en torno a la presencia de la figura de Hernán Cortés (Medellín, Badajoz, 1485; Castilleja de la Cuesta, Sevilla, 1547) en las artes visuales, así como por su aproximación plural a las diversas interpretaciones del proceso de conquista del Imperio azteca, señala en el prólogo a la obra el escritor y corresponsal del Vaticano y de European Press Photo Agency, Chico Sánchez.

    Los autores dividen la obra en cuatro capítulos: Hernán Cortés: vida, historia y legado; la tradición cronística sobre Hernán Cortés y la conquista de México: génesis, evolución e interpretación historiográfica; Hernán Cortés y la conquista del Imperio azteca (siglos XVIII-XXI): evolución de las interpretaciones históricas, políticas e historiográficas y el catálogo de pinturas y esculturas cortesianas.

    La obra, según los autores, nace precisamente de una constatación: la imposibilidad de comprender su figura y el proceso de conquista sin atender a la compleja red de discursos que, desde el siglo XVI y hasta el siglo XXI, han ido modelando su imagen. La tradición cronística, las reinterpretaciones ilustradas, las lecturas decimonónicas de corte liberal o nacionalista, las renovaciones metodológicas del siglo XX y las actuales aproximaciones culturales y poscoloniales configuran un itinerario interpretativo que no solo afecta a la historia de la conquista, sino también a la historia de la historiografía misma.

ESTRATEGA Y DIPLOMÁTICO

    Los autores han tenido muy presentes las aportaciones de la historiografía moderna vinculada a Extremadura y a la proyección artística de sus protagonistas. En este sentido, subrayan la aportación de la obra de Francisco Javier Pizarro Gómez sobre América en Extremadura, que constituye un elemento fundamental para comprender cómo el legado americano se integra en la construcción del patrimonio histórico extremeño. Asimismo, los estudios de Luis de León y de María Fidalgo Casares han contribuido a matizar la complejidad de la relación moderna de Hernán Cortés, especialmente en lo referido a su dimensión simbólica, política y cultural. Esta última señala a Cortés como un gigante de la civilización occidental, argumentando que su gesta fue una “liberación absoluta” del yugo mexicano más que una conquista, reivindicando su figura como estratega y diplomático frente a la leyenda negra.

Los trabajos de Rosa Perales Piqueres han abierto una línea de investigación de enorme relevancia en torno a la iconografía cortesiana y su relación con las artes visuales. Sus estudios han permitido comprender cómo la imagen del conquistador no solo se construye en el texto historiográfico, sino también en el lenguaje visual de la Monarquía, del arte cortesano y de la cultura política de la Edad Moderna.

INVESTIGACIONES EXTREMEÑAS

Las investigaciones realizadas en el ámbito extremeño analizan la figura de Cortés no solo desde una perspectiva biográfica, sino también como parte del patrimonio histórico y cultural de Extremadura y de su proyección americana.

Entre los principales especialistas en el estudio de la representación iconográfica de Hernán Cortés destacan Herbert González Zymla e Isabel Fraile Martín. Otro autor de referencia es Tomás Pérez Viejo, sobre la pintura histórica y la construcción de los imaginarios nacionales; los trabajos de Carlos Gustavo Mejías, que ha estudiado la utilización simbólica de su figura dentro de la cultura política novohispana; el cronista oficial de Medellín (Badajoz), Tomás García Muñoz, centra su labor en la investigación, conservación y difusión del patrimonio histórico de la villa.

Junto a estos autores, otros han contribuido indirectamente al conocimiento de la iconografía cortesiana, entre ellos Manuel Lucena Giraldo, cuyas obras analizan la construcción historiográfica del personaje y, más recientemente, destaca la obra de Esteban Mira Ceballos, académico electo de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, con su obra Hernán Cortés. Una biografía para el siglo XXI (2025), en la que propone una revisión integral de la figura del conquistador a la luz de las investigaciones historiográficas más recientes.

En los siglos XVI y XVII, los cronistas religiosos desempeñan un papel fundamental en la interpretación de la conquista de México. La conquista es entendida como parte de un proceso de expansión de la fe cristiana, lo que introduce una dimensión teológica en la lectura de los acontecimientos. En este contexto, Hernán Cortés es frecuentemente representado como un agente instrumental en la difusión del cristianismo.

Un salto cualitativo en la historiografía sobre Hernán Cortés se produce con la labor de José Toribio Medina, cuya tarea editorial permitió la recuperación, sistematización y difusión de numerosos textos fundamentales para el estudio de la conquista.

Durante la Ilustración, la imagen de Hernán Cortés es reinterpretada desde parámetros racionalistas y críticos. El siglo XIX introduce una nueva dimensión interpretativa, marcada por el surgimiento de los nacionalismos. Cortés se convierte en un símbolo disputado: héroe civilizador para unos, figura polémica del imperialismo para otros. El siglo XX representa un punto de inflexión debido a la profunda renovación metodológica que experimentó la disciplina histórica. El siglo XXI se distingue por una amplia variedad de enfoques e interpretaciones fruto de las nuevas corrientes historiográficas que han enriquecido el estudio de la conquista.

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[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio y Freggia Bacardi, Ottavio: El arte histórico. Hernán Cortés a través del arte y de la memoria histórica, Iberprint, Montijo, 2026, 160 págs.