La defensa del patrimonio
y la cultura de la responsabilidad contraída, y el mito y realidad de los
Fratres de Cáceres como institución cruzadista, centraron las dos primeras
mesas redondas conmemorativas de los 40 años de la declaración de Cáceres como
Ciudad Patrimonio de la Humanidad en 1986 por la UNESCO, organizadas por la
Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes (RAEX) y la Fundación
Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, que tuvieron lugar ayer noche en la sede del Palacio de los
Golfines de Abajo.
EL
PATRIMONIO COMO VALOR DE LA CIVILIZACIÓN
En su primera ponencia, el académico de la RAEX, Jesús García Calderón, abordó el tema
de la declaración de Cáceres desde el punto de vista de lo que significa por la
Convención del Patrimonio Mundial y el valor de la civilización.
Como defensor de la ley, el académico señaló que “el
crimen más impune del mundo es la destrucción del patrimonio” y en este sentido
se apoyó en la definición de los bienes culturales del profesor italiano Masssimo Severo, como valor de la
civilización, y Günter Regel, para quien la destrucción del
patrimonio “es un desgarro religioso”.
Se refirió al patrimonio como “un estado permanente de
génesis”, en el que “cada vez que lo miramos es como si lo viésemos por primera
vez”, como un diálogo constante con el ciudadano que, en el caso de Cáceres es
“un estado permanente sucesivo” por los continuos espacios que el caminante puede
ver. Señaló que “el patrimonio pertenece a toda la humanidad como obra conjunta
del hombre y de la naturaleza”.
Aludió al origen de la Convención por la defensa
realizada en torno a la conservación de los veintidós monumentos de Nubia
(Egipto), a raíz de la construcción de la presa de Asuán, entre 1960 y 1970,
que dio origen a la operación internacional para desmontar templos milenarios y
evitar que quedaran sumergidos por el embalse, en la que participó España, que
recibió a cambio el templo de Debod, en Madrid, por su colaboración en la
salvación del patrimonio.
Más adelante aludió a los antecedentes de la Convención
Internacional del Patrimonio, por los daños de las inundaciones de Florencia y
Venecia, de 1996. Defendió el valor de
la responsabilidad, que es necesario integrar en los instrumentos jurídicos
de la defensa del patrimonio, aludiendo a la reciente quema del Ayuntamiento de
Limoges (Francia) o a los conflictos de identidad ocurridos en la destrucción
del patrimonio en Sarajevo y Palmira, que rompen el valor de la civilización, y
que el Convenio implica los supuestos de la conservación y el engrandecimiento.
Finalmente, García
Calderón se refirió a los riesgos de la declaración de 1986 de Cáceres como
Ciudad Patrimonio, que solo protege la legislación nacional. Defendió el
derecho al futuro de la ciudad turística y al entorno natural, sin impedir su
desarrollo, y la necesidad de la cultura de la responsabilidad en su defensa.
LOS
FRATRES DE CÁCERES, MITO Y REALIDAD
El
catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Extremadura, Francisco García Fitz, habló sobre los
Fratres de Cáceres como mito y realidad de una institución cruzadista, a la luz
de los documentos históricos, de las interpretaciones y leyendas.
Se
remontó a la bula del papa Urbano II,
de 1095, que predicó la “peregrinación armada” (no cruzada) para liberar los
Santos Lugares, que dio lugar a la formación de los estados latinos en Tierra
Santa, robados a los musulmanes, y de la que surgieron la Órdenes Militares del
Temple y del Hospital de Jerusalén y, más tarde, las Órdenes Militares de
Santiago, Calatrava y Alcántara.
Los
Fratres de Cáceres fue una milicia
de caballeros, que surge en diciembre de 1170, como cofradía militar que
vincula la actividad militar con el sustento religioso, pero que no eran monjes
ni tenían votos, sino laicos, que dieron origen a la Orden de Santiago, de la
que Cáceres fue cuna con el primer maestre y fundador, Pedro Fernández.
“Todo
lo demás es la historia de los 40 de Cáceres
(10/03/1173), en que los
almohades toman la ciudad y los 40 fueron degollados en la Torre de Bujaco o en
la de Espaderos, en una defensa heroica en defensa de la Cristiandad”. La
difusión del relato fue extraordinaria, aunque se produjeron varios siglos de
silencio en torno a ellos.
En
1174, el califa almohade tomó diversas localidades extremeñas, pero no hay
referencia a Cáceres. Subrayó que “no había testimonios, pero sí referencias a
la defensa heroica y martirial (durante seis meses) de la ciudad, en la que
“los 40” se sacrificaron por los demás. Solo el papa Alejandro III, el 10/03/1173, habla en una bula del mundo ibérico,
pero no se refiere a Los Fratres, en una fecha dedicada a los 40 soldados de
Sebaste (Armenia), sacrificados por los romanos.
En
1915, Publio Hurtado se refiere a Los Fratres como la milicia que defendió la
ciudad el siglo XII y a su martirio tras negarse a rendir la torre defensiva
ante el califa Abu Jacub Yusuf.
La
leyenda forma parte de la historia de Cáceres, de su patrimonio cultural y
emotivo, que permite explicar la tradición, aun con errores.
Al comienzo del acto, el presidente de la Fundación Tatiana, Teodoro Sánchez Ávila, dio la bienvenida a los asistentes y la directora de la RAEX, María del Mar Lozano, explicó la finalidad de las mesas redondas que pretenden transmitir la investigación histórica de Extremadura, América y Portugal con académicos y expertos en las materias objeto de las mesas redondas.
