Rodríguez Moñino dice
de él que fue el primer impresor conocido en Mérida y Guadalupe. Su biógrafa, Cristina Alarcó, señala que “el
impresor extremeño dominó el panorama de la imprenta en Valencia en la tercera
década del siglo XVI” y que, a partir de 1541, partió a su Extremadura natal,
ya que “su primera impresión extremeña, Ábito
y armadura spiritual, de Diego Cabranes, comenzó a imprimirse en la Puebla
de Guadalupe y se culminó en Mérida en 1545, e indica que García Vega fija su
muerte en la capital extremeña en 1554. El profesor Ricardo Senabre afirmaba que “la imprenta en tierras pacenses se
inicia gracias al retorno de un emigrante, que se había formado en Valencia, donde
llegó a ser impresor oficial de la ciudad”.
Francisco Díaz
Romano (Guadalupe, Cáceres, primer tercio siglo XVI; Mérida, Badajoz, 1554),
de profesión impresor, se estableció en dicha ciudad en 1530, sucediendo a
Cristóbal Cofman en su taller, junto al Estudio General.
Arturo Álvarez
(OFM) recordaba en un artículo que “había nacido en Guadalupe y en la
Puebla vivió algunos años. Luego pasó a Valencia. En 1541 dejó la ciudad del
Turia y vuelve a su tierra, seguramente llamado por los monjes, que no solo le
conocían, sino que le ayudaron tal vez a instalarse en Valencia. En Guadalupe
trabajó afanosamente los pocos años que le restaron de vida, ya que un año
después de lanzar la segunda edición de las Ordenanças,
fallecía en esta Puebla, según consta en el archivo monacal, en el que leemos: "En
5 de junio de 1549 se dio sepultura para Francisco Díaz, impresor de libros."
De allí salió su primera impresión conocida, Glosa famosíssima (1530), de Alonso de Cervantes. Sin embargo, Jaime Moll apunta la posibilidad de que
su primera obra fuera una Indulgencia
del mismo año, aunque es probable que se trate de la última estampación de Cofman, según Alarcó.
Díaz Romano
alquiló más tarde la que fuera imprenta de Juan
Joffre, junto al Molino de la Rovella, y continuó utilizando sus tipos,
planchas y escudete de impresor, como ocurre en las Hores de la semana sancta (1553).
ESTAMPADOR
OFICIAL DE VALENCIA
Su imprenta llegó a acaparar el mercado tipográfico
valenciano. Vecino de la ciudad, invirtió en material, contrató a aprendices a
los que alojó y enseñó el oficio e incluso ejerció en ocasiones de impresor-editor,
como en el caso del Libro del esforzado
Morgante (1553).
Jesús Duce García, en su tesis doctoral sobre “Estudio y edición del Valerián de Hungría, de Dionís Clemente”, acopia la labor impresa de Francisco Díaz en Valencia. “Avecindado en la ciudad en 1530, se trasladó con su equipo a la conocida imprenta del Molino de la Rovella." Profesional muy cuidadoso en sus ediciones, fue responsable de todas las estampaciones que cita.
Entre ellas, destaca Alarcó, también el Dictionarum (1533) de Nebrija; el Libro de música de vihuela de mano (1536), de Luis Milán, con partituras musicales estampadas a dos tintas, y la bella edición del Libro llamado Consulado de mar (1539). Poco después editó unos Furs valencianos, hecho que fue determinante para que los Jurados de la ciudad le nombrasen “stampador” oficial; pero tal título no le sirvió para seguir manteniendo el liderazgo en el panorama de la impresión valenciana, ya que poco después abandonaría la ciudad.
De 1540 solo se le conoce la estampación de Crónica del muy alto príncipe y esforzado caballero Valerian de Ungria. Su última estampación valenciana fue un Directorio de las horas Canónicas y Sumario de la vida de Christo (1541).
REGRESO
A EXTREMADURA
Según Rodríguez Moñino, “entre Mérida y
Guadalupe, lo más significativo y tradicional de Badajoz y Cáceres, hay que
colocar la cuna de la imprenta extremeña del siglo XVI, pues la del XV,
agostada apenas los primeros brotes, no puede considerarse más que como taller
voladizo y pasajero. Parece como si Francisco
Díaz Romano, extremeño de pura cepa, hubiera querido reunir en el colofón
de su libro, confundiéndolos para que no hubiere primacía ni disputa, los dos
florones más destacados del antiguo Reino de Extremadura”.
Añade Rodríguez Moñino que, “por pocos años, ganó la mano Mérida a Badajoz en el establecimiento de la imprenta comercial y, aun la primacía, es dudoso que pueda disputársela aquella a esta ciudad en buena ley. Si Díaz Romano comenzó a estampar un libro en su patria natal, acabándolo en la insigne ciudad de Santa Eulalia el 10 de agosto de 1543, un lustro después tenemos ya impresor establecido en Badajoz”.
Su estancia en Mérida fue corta, ya que las siguientes impresiones las realizó en Guadalupe, como Formula novitiorum (1546), de San Buenaventura; Ordenanza del prior de Guadalupe Hernando de Sevilla (1547) o su última obra conocida, Sobre los censos (1547), de Diego Pizarro.
Serrano Morales apunta la posibilidad de que residiera en Sevilla en el año 1554, aunque García Vega indica que murió en Mérida en la misma fecha.
En cuanto a su vida personal, un documento de 1535, indica que estuvo casado y, según Arturo Álvarez, el 7 de mayo de 1559 fue inhumada en Guadalupe la hija del impresor, de 14 años de edad.
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Bibliografía consultada: Rodríguez Moñino, A.: La imprenta en Extremadura (1489-1800)”, Institución de Servicios Culturales de la Diputación de Badajoz, 1944; Alarcó Ubach, Cristina: Francisco Díaz Romano, en Historia Hispánica, RAH, biografías; Senabre, Ricardo: Escritores de Extremadura, Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, Colección Rodríguez Moñino, núm. 8, 1988, en Los problemas históricos del escritor extremeño (Intervención en el I Congreso de Escritores Extremeños, Cáceres, 17 de febrero de 1980); Álvarez, Arturo: La imprenta en Guadalupe, en ABC de Madrid, de 26/04/1974; Duce García, Jesús: Estudio y edición del Valerián de Hungría, de Dionís Clemente, tesis doctoral dirigida por Alberto del Río Nogueras, Universidad de Zaragoza, 2009.
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