lunes, 29 de junio de 2026

FERNANZO PIZARRO GARCÍA-POLO, QUINCE AÑOS COMO ALCALDE DE PLASENCIA


El quinto alcalde democrático de Plasencia, Fernando Pizarro García-Polo (Plasencia, 17/04/1975) se despidió el lunes 15 de junio de la Alcaldía de la ciudad, que ha ostentado desde el 22/05/2011, tras haber logrado cuatro mayorías absolutas desde entonces, lo que no había alcanzado hasta ahora ningún alcalde en la etapa iniciada en 1979.

El primero, José Luis Mariño Roco, gobernó durante tres legislaturas (la primera, 1979-1983, con UCD; la segunda, 1983-1987, con Unión de Placentinos Independientes, y la tercera, 1987-1989, con el CDS), que no llegó a completar tras su dimisión en 1989, por lo que estuvo diez años. Le sucedió Cándido Cabrera durante dos legislaturas consecutivas bajo las siglas del PSOE (1989-1995), un total de seis años. Le siguió José Luis Díaz Sánchez, quien estuvo al frente de la Alcaldía dos legislaturas, las dos bajo el paraguas del PP (1995-1999) y la segunda (1999-2003), aunque concluyó el mandato en el Grupo Mixto tras darse de baja en su partido con varios de sus concejales, por lo que también cumplió ocho años. Continuó la primera mujer alcaldesa de la ciudad, Elia María Blanco, con dos legislaturas (2003-2011) y ocho años de mandato; y posteriormente, el alcalde que ya se ha despedido tras quince años de gobierno, desde el 22/05/2011 hasta el 15/06/2026. Como concejal también estuvo en el Ayuntamiento entre 1999, como edil de Educación y Personal, y 2011, y después como portavoz de la oposición hasta el año 2003. Ahora continuará como alcalde, a partir del día 15, el concejal de Interior, Festejos, Transportes, Movilidad, Comunicación e Innovación, David Dóniga, que forma parte del equipo municipal desde 2011, y que tomó posesión el 19 de junio, según lo previsto.

La razón de la dimisión del alcalde se justificó en la propuesta de nombramiento como director gerente de la Fundación Academia Europea de Yuste, nombramiento que se hizo efectivo por Decreto 134/2026, de 16 de junio, publicado en el Diario Oficial de Extremadura del miércoles 17 de junio pasado.

Sin embargo, no parecen muy convincentes ni el hecho de la dimisión ni la propuesta de nombramiento efectuada en quien, dada su proyección política en la cuarta ciudad de la Comunidad Autónoma, aspiraba a ser algo más en la política regional. En las pasadas elecciones municipales, ya hubo una declaración de intenciones por su parte, abortada por la dirección regional de su partido, al elegir a Guardiola frente a él, por la necesidad de mantener a Plasencia en su poder, de lo que entonces no tendría duda alguna ni el CIS.

El adelantamiento electoral de Guardiola, tras rechazarle los presupuestos el PSOE y Vox; y el nombramiento del nuevo gobierno y sus cargos, y no verse en ninguno de ellos, parecen razones más evidentes para tomar una decisión inesperada. Podría haber logrado una quinta legislatura; pero ya sería mucho repetir, sin otra salida durante cuatro años más. A ello habría que añadirle el cese del anterior director-gerente de la Fundación, Juan Carlos Moreno, a petición propia, quien ostentaba el cargo desde 2016, y que la presidenta del Patronato y de la Junta, María Guardiola, acepta y propone a Pizarro como su sucesor.  Y este acepta lo que se le propone, para no volver al colegio donde hubiere plaza en la ciudad que gobernare durante quince años. Esta, y no otra, puede ser la salida más honorable, para quien solo ha tenido un cargo a nivel regional: el de presidente de la Federación Extremeña de Municipios y Provincias (FEMPEX) durante nueve años, desde 2011 hasta 2020.

Nacido en el seno de una familia trabajadora, hijo de soldador y ama de casa, Fernando Pizarro pasó los primeros años de su vida en el barrio placentino de Miralvalle, para trasladarse en los años 80 a la Avenida de la Vera, donde reside hasta el año 2008, fecha en la que contrae matrimonio. Es el mayor de dos hermanos, hereda de su familia materna la pasión por la música y realiza sus primeros estudios musicales en el conservatorio “García Matos” de Plasencia, una pasión que el acompañará durante toda su trayectoria profesional. Asumió la dirección del grupo “Ars Nova”, que fundare en 1990 José Neria Manglano, tras su fallecimiento en 2001.

Cursó estudios en el Colegio Público “Ramón y Cajal”, en el IES “Gabriel y Galán” y en la Universidad de Extremadura, donde realiza Magisterio en educación musical y en Historia del Arte.

Maestro de vocación, desarrolla su profesión a partir del curso 1997-1998, comenzando su labor en el colegio “Inés de Suárez”, IES “Parque de Monfragüe”, y Colegio “Virgen de Fátima” de Carcaboso, donde imparte clases de música a primaria y secundaria. En la actualidad es maestro titular de la Escuela Hogar Placentina e imparte docencia en el programa de Universidad de Mayores (UMEX), proyecto socioeducativo de la Universidad de Extremadura.

En 1996 se afilia a Nuevas Generaciones del PP y comienza a formar parte de los órganos internos del partido, primero como secretario general de Nuevas Generaciones, después como coordinador de la presidencia regional y en 1999 forma parte de la administración local como concejal de Educación y Personal hasta el año 2003. Después pasa a ser portavoz de la oposición. Desde marzo de 2010 es presidente del Partido Popular en Plasencia.

Su multitudinaria despedida en el salón de actos se convirtió en un acto de reconocimiento a su figura política, que no ha fraguado en su partido, que le envía a Yuste como si fuere el retiro dorado del emperador Carlos V. Quiso ser el alcalde de todos, con lealtad a su pueblo; pero solo logró el aplauso de los suyos y se despidió como músico vocacional con los versos de García Lorca del “Zorongo gitano” en prueba de aquella, que nadie pone en duda:

    “Dicen que son veinticuatro

    Las horas que tiene el día,

    Si tuviera veintisiete

    Tres horas más te querría.”

    Amó y sirvió a su pueblo; pero no hubiere nadie que proclamare y vendiere sus valores políticos ni que le defendiere de las insidias de sus adversarios. Y eso que apenas tuviere oposición, pero no imagen por parte de quien hubiere de dársela, que aún tenía sin actualizar su biografía quince años después… Y ni contesta.


domingo, 28 de junio de 2026

FRANCIS VILLEGAS PREPARA “LA IMAGEN DE LA NOTICIA” Y SOBRE EL PATRIMONIO MONUMENTAL DE LA PROVINCIA


    Tras el éxito de su primer libro, “Raíces. Cuaderno de viaje de la antropología cacereña”, editado por la Diputación Provincial de Cáceres y que vio la luz a finales de enero pasado, el fotoperiodista cacereño Francis Villegas se halla elaborando un nuevo proyecto, “La imagen de la noticia”, sobre su trayectoria en el fotoperiodismo y, paralelamente, aborda un futuro proyecto enfocado en el patrimonio y los monumentos de la provincia de Cáceres.

    “Raíces” surgió tras concluir su actividad profesional en el periodismo. Apasionado por la fotografía documental, visitó, fotografió y enmarcó quince fiestas populares de la provincia de Cáceres: las Carantoñas de Acehúche, la Encamisá de Torrejoncillo, el Jarramplas de Piornal, Los Negritos de Montehermoso; La Fiesta del Febrero, también conocida como La Fiesta de las Lavanderas, en Cáceres; el Carnaval hurdano, El Pero Palo de Villanueva de la Vera, Los Empalaos de Valverde de la Vera, las Purificás de Monroy, la Semana Santa de Cáceres, el Día de la Luz de Arroyo, la Virgen de la Montaña de Cáceres, la Sorpresa de Arroyomolinos y Los Escobazos de  Jarandilla de la Vera.

Portada del libro "Raíces" de Francis Villegas

    La Provincia de Cáceres cuenta con una Fiesta de Interés Turístico Internacional (la Semana Santa de la capital), seis de Interés Turístico Nacional (el Jaramplas, la Fiesta del Cerezo en Flor del Valle del Jerte, las Carantoñas de Acehúche, el Pero Palo de Villanueva de la Vera y los Escobazos de Jarandilla de la Vera) y veinticinco de Interés Turístico Regional. A ellas se unen las dos declaradas recientemente de Interés Turístico Regional por la Junta de Extremadura: el Domingo de los Tiros, de Zarza la Mayor, que se celebra el Domingo de Resurrección, y la Matanza Losareña, de Losar de la Vera, que tiene lugar el segundo fin de semana de marzo.

    “Ahora estoy preparando la segunda parte. Mi mirada se dirige hacia fiestas menos conocidas, pero no por ello menos importantes, Son celebraciones que conservan la misma esencia, la misma emoción y el mismo valor cultural que las recogidas en Raíces. En ellas también perviven nuestras costumbres, nuestra memoria y el legado que une a generaciones”, declara el fotoperiodista, el primer fotógrafo en ganar el premio “Dionisio Acedo” de Periodismo” en 2023 por una fotografía que recogía el instante del accidente sufrido por una mujer en las carreras de caballos en el Día de la Luz, de Arroyo.

    No olvidó este detalle el presidente de la Diputación Provincial, Miguel Ángel Morales, quien subrayó que “la obra de Villegas es una fuente documental a la que recurrir para transmitir nuestras tradiciones y nuestra cultura a las futuras generaciones, porque sólo conociéndolas sabremos amarlas”.

    Ya el título de su primera obra, “Raíces”, evoca el espíritu de las distintas fiestas que se celebran en la geografía provincial: el sentimiento, la fuerza, el arraigo social que tienen. “Me impresionó la manera en que cada pueblo vive sus fiestas, porque en ellas sienten sus raíces, su identidad y su historia”, confiesa.

    “El valor de la primera obra es, para el autor, no solo visual, sino también literario y antropológico”, a tenor de las firmas de escritores y cronistas que subrayan la vivencia de las fiestas vividas por ellos y que suponen un aporte documental: Salvador Calvo, Eugenio Fuentes, Sebastián Díaz, Jesús Baños, Fernando Jiménez Berrocal, Florentino Velaz, José Luis Bermejo, Faustino Martín, Alonso J. Corrales, Francisco Javier García Cabrero, Jaime Torbellino, Isabel Bravo, Juan José Ventura y Sergio Lorenzo.


viernes, 26 de junio de 2026

LA CAZA COMO SÍMBOLO DE PODER Y SUPERVIVENCIA


Pinturas de bisontes en las cuevas de Altamira

“La historia de la caza es, en esencia, la historia misma del ser humano. Mucho antes de que la escritura fijara la memoria de los pueblos, el acto de cazar ya había dejado su huella indeleble en la conciencia colectiva, en la organización social y, sobre todo, en la expresión artística”, afirma en el prólogo de esta nueva obra del historiador y académico José Antonio Ramos, el coordinador de la Fundación Pedro de Oraá, Ottavio Freggia Bacardi.[1]

La historia de la caza comienza con los primeros pasos de la humanidad. Antes del desarrollo de la agricultura, la recolección y la domesticación del animal, los grupos humanos dependían casi exclusivamente de la obtención directa de recursos naturales para sobrevivir. En este contexto, la caza no era una opción recreativa y cultural, sino una necesidad biológica fundamental.

Los primeros homínidos practicaban una forma de caza rudimentaria basada inicialmente en el carroñeo y la captura de pequeños animales. Con el paso del tiempo, el desarrollo cognitivo y la fabricación de herramientas permitieron una evolución progresiva hacia estrategias de caza más complejas y organizadas.

Los primeros testimonios aparecen en el arte rupestre paleolítico, donde las escenas de caza reflejan la relación entre el ser humano y la fauna salvaje. En la Antigüedad clásica, la actividad cinegética alcanzó un notable grado de sistematización teórica y práctica, especialmente en el ámbito de las civilizaciones griega y romana, donde la caza no solo constituyó una actividad de subsistencia o entretenimiento aristocrático, sino también un objeto de reflexión técnica, ética y cultural.

    En el mundo griego, la caza ocupó un lugar destacado en la formación del ciudadano como en la construcción del ideal aristocrático de virtud. Asimismo, en la tradición griega se observa una estrecha vinculación entre la caza y la mitología.

    Por su parte, en Roma la caza adquirió un carácter más técnico y diversificado, integrándose en un sistema cultural que combinaba la tradición itálica con influencias helenísticas y orientales. En el ámbito romano, la montería con perros alcanzó un elevado grado de especialización. Se distinguían diversas razas según su función: perros de rastro, de presa y persecución, cada uno con características específicas adaptadas a distintos tipos de terreno y especies cinegéticas. La selección, cría y adiestramiento de estos animales constituían un saber técnico transmitido entre generaciones. La progresiva incorporación de técnicas orientales, como la cetrería, tiene sus antecedentes en el mundo romano tardío, aunque alcanzaría su pleno desarrollo en la Edad Media.

    Durante la Edad Media, la caza constituyó una de las actividades más características y representativas de la vida aristocrática, convirtiéndose no solo en un medio de subsistencia, sino fundamentalmente en una práctica de prestigio, ejercicio físico y afirmación social.

    La caza constituyó durante los siglos XVI y XVII una de las actividades más representativas de la nobleza y de la monarquía hispánica. Más allá de su dimensión lúdica, la práctica venatoria fue entendida como una actividad de prestigio social, una preparación militar y una expresión del poder político. Uno de los cambios más significativos fue la incorporación de las armas de fuego a la práctica cinegética.

    Durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, la caza experimentó una transformación profunda que la alejó progresivamente de su función primordial de subsistencia para integrarse en nuevas dinámicas sociales, económicas y culturales. En este período, marcado por la consolidación de los Estados liberales, la reestructuración de la propiedad de la tierra y los efectos de la industrialización, la caza adquirió significados múltiples: fuente complementaria de ingresos para la población rural; práctica recreativa para las élites sociales y, paralelamente, comenzó a configurarse como una actividad regulada por el Estado y un sector con creciente importancia económica.

    En la actualidad, la gestión cinegética moderna tiene como principal objetivo la conservación de la fauna silvestre, el control de especies superabundantes y la preservación de una tradición cultural profundamente arraigada en muchas sociedades, Asimismo, busca generar beneficios económicos en el medio rural y promover prácticas responsables que minimicen el sufrimiento animal. La actividad cinegética no puede entenderse solo como una práctica deportiva, sino como una herramienta de gestión ambiental sometida a una intensa regulación jurídica y a un profundo debate social.

    Desde los primeros testimonios de la caza, que aparecen en el arte rupestre paleolítico, las escenas de caza reflejan la relación entre el ser humano y la fauna salvaje. En el mundo griego, Jenofonte, en su obra Cinegético, ofrece uno de los testimonios más relevantes de la caza como actividad formativa. Los autores latinos como Varrón, Plinio el Viejo y Columela, dedicaron parte de sus obras a la descripción de animales, técnicas de captura y gestión de los recursos. En la Antigüedad clásica, la elaboración de discursos técnicos y filosóficos sobre la caza sentaron las bases de la tradición cinegética occidental. En la Edad Media surge la gran literatura cinegética europea, con obras fundamentales, como El libro de la caza, de Don Juan Manuel, y El Libro de la Montería, de Alfonso XI. El célebre Libro de la caza, de Gaston Fébus, redactado entre 1387 y 1389, fue considerado durante siglos la obra de referencia para los aficionados a la cinegética.

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[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio: Entre lanzas y pinceles. La caza como símbolo de poder y supervivencia en la historia y el arte, TAU Editores, Cáceres, 2026, 254 págs.