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| Luís de Miranda (Historia Hispánica) |
Luis
de Miranda Villafañe (Plasencia, Cáceres, c. 1505; Asunción,
Paraguay, o Plasencia (Cáceres, c. 1575 o 1572), fue un placentino clérigo,
escritor, aventurero y conquistador. El profesor Ricardo Senabre afirma que
debió morir el último año citado.
Según su biógrafo, Miguel Ángel Tejeiro, las noticias
acerca de su existencia son tan escasas como confusas. Las referencias
autobiográficas que permiten rastrear sus primeros pasos aparecen recogidas en
una composición poética que, bajo el título
Del mismo autor a la muerte de su amigo, sirve de colofón a su Comedia Pródiga. Cita también a María R.
Lida de Malkiel, quien asegura que fue Ricardo Rojas en su libro sobre La literatura argentina: los coloniales,
el primero en identificar al dramaturgo placentino con un clérigo de Río de la
Plata del mismo nombre. Señala, asimismo, a Díaz y Pérez, quien dice que fue
hijo de Jerónimo de Miranda, secretario de Álvaro de Zúñiga, conde de
Plasencia, y que, tras obtener el cargo de beneficiado en la catedral de
Asunción, en el reino de la Plata, falleció allí. Sin embargo, Ignacio Úzquiza
disiente del anterior al sostener que el dramaturgo placentino regresó a España
para acabar muriendo en su patria.
MIRANDA
HACE LAS AMÉRICAS
El 24 de agosto de 1535, Miranda embarcó en Sanlúcar formando
parte de la expedición que el adelantado Pedro de Mendoza iniciaba rumbo al Río
de la Plata. El mal estado del mar, les hizo desviarse de su camino hasta
arribar en Río de Janeiro. Tras la partida de Mendoza a España y de su muerte
en el camino, toma el poder Martínez de Irala, quien decide trasladarse a
Asunción. Miranda defiende la fertilidad de aquellas tierras y las bondades de
sus cosechas y ganados, enfrentándose a quien sería su enemigo más peligroso.
En 1522 llega a Asunción Núñez Cabeza de Vaca con el
encargo del Emperador de poner paz en aquellas tierras y, aunque todos
reconocen su autoridad, desconfían de él y esperan el momento oportuno para
derrocarle. Regresó a España en 1545, acusado de robos y abusos que no había
cometido. Fue hallado culpable, suspendido de todos sus cargos y se le prohibió
viajar al Nuevo Mundo. El monarca le concedió una pequeña pensión en pago a sus
servicios, con la que esperó la llegada de su muerte.
OCHO
AÑOS DE CÁRCEL
Cabeza de Vaca recogió en sus Comentarios antes de morir las vicisitudes por la que pasó en su
viaje al nuevo continente. En ellos, afirma que sus partidarios padecieron
persecución y cárcel. Entre ellos se cita a Luis de Miranda, quien durante ocho
meses compartió prisión con el alcalde mayor sin disfrutar de ninguna salida al
exterior. En 1544, Miranda, encabezando a los partidarios de Cabeza la Vaca, intentó
la liberación de este. Le acusaron de incendiario, libertino y lujurioso y
considerado un alborotador peligroso, fue encarcelado como confiesa Miranda en
su Carta enviada al Emperador. Los
amotinados decidieron sacarlos de la cárcel y enviarlos rumbo a España.
Es probable que Miranda solo acompaña al gobernador hasta
la isla de San Gabriel y que de allí volviera a Asunción. Sería el mismo
destino que corrieron otros compañeros de exilio, como destaca Cabeza la Vaca
en su Relación General, cuando
advierte que algunos de los hombres que viajaban con él fueron embarcados en
otros bergantines que regresaban a Asunción por temor a que sus testimonios en
España sirvieran de ayuda al gobernador. En el mismo sentido se expresa Miranda
en su Carta, escrita en Asunción un año
después de estos sucesos, cuando afirma que su primera intención era enviarle a
España. De haber regresado, parece lógico imaginar que Miranda hubiere corrido
la misma suerte que Cabeza la Vaca y, por tanto, le habría sido imposible
regresar a tierras americanas, Sin embargo, esto no fue así en el caso del
clérigo placentino.
Varios testimonios aseguran su presencia en el Nuevo
Mundo después de su prisión a manos de los oficiales de Irala. El primero de
ellos es la célebre Carta enviada al
Emperador en marzo de 1545, quejándose del mal trato recibido, de las
injusticias cometidas contra él y de su larga estancia en prisión.
Casi diez años después, la situación de Miranda mejora
notablemente y es uno de los once clérigos que se encontraban en Asunción, para
recibir al nuevo obispo de la ciudad, fray Pedro de la Torre. El 21 de enero de
1558, un documento firmado en Valladolid concede licencia a Miranda, viejo y
enfermo, para su regreso a España. El Consejo de Indias admite que no ha
cometido ningún delito y es libre para volver a su patria.
LA
COMEDIA PRÓDIGA
En
resumen, según Tejeiro, la existencia de Luis de Miranda plantea graves
problemas sobre su verdadera personalidad y se complica aún más, si como parece
plausible, el dramaturgo hubiera viajado al Nuevo Mundo y se hubiera afincado
en aquellas tierras, conjeturas que permiten proponer diversas hipótesis sobre
la composición, sentido y publicación de su Comedia
Pródiga.
La Pródiga se
imprime por vez primera en Sevilla en 1554, por Martín Montes de Oca, en la que
se representa la aventura lejos de su tierra de dos amigos: Pródigo y Felisero.
El primero acaba moralmente destruido y el otro se desengaña y opta por hacerse
ermitaño. Hasta el siglo XIX no vuelve a aparecer impresa gracias a la edición
de José María de Álava, publicada por la Sociedad de Bibliófilos Andaluces en
1868. En el siglo XX se publica la edición facsímil de Antonio Pérez Gómez
(Valencia, 1953), y la de Madrid (1964), en la Colección de Joyas
Bibliográficas, con motivo de un homenaje a Lope de Vega, además de las más
modernas de Ignacio Úzquiza (1982) y Miguel Ángel Pérez Priego (1993), estos
últimos profesores que fueron en la Facultad de Letras de la Universidad de
Extremadura. El profesor Pecellín Lancharro señala que los estudiosos la
suponen escrita entre 1532 y 1534, dice en su artículo Referencias judías en los dramaturgos extremeños del XVI.
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Bibliografía consultada: Miguel Ángel Tejeiro
Fuentes: Luis de Miranda y Villafañe,
en Historia Hispánica, biografías de la Real Academia de la Historia; Ricardo
Senabre: Revisión de la Comedia Pródiga,
Escritores de Extremadura, Diputación de Badajoz, 1988; y Manuel Pecellín
Lancharro: Referencias judías en los dramaturgos
extremeños del XVI (Revista Alcántara, Diputación de Cáceres, núm. 52, año
2001).