“Era, don Agustín Francisco Forner y Segarra, buen médico; médico rural: ejerció en Mérida, Alcántara, Guadalupe, Trujillo. De personalidad tal que Vicente Barrantes hace famoso a Juan Pablo –famoso y extremeño-- no porque naciera en Mérida; por la gloria del padre, el doctor Forner… Guarda Forner respeto, expresa admiración y cariño por la obra, no médica, literaria del padre. No habla de su madre: nunca. Yo –dice en “Los Gramáticos”-- he nacido en una Colonia Romana, donde se hallan amontonadas las inscripciones: tengo un padre que ha sido y es infatigable recogedor y explicador de ellas; prueba dello, esa “Historia de las Antigüedades de Mérida”, que ve usted ahí, trabajada por él con grande estudio y desvelo, que algún día verá la luz.” (Efectivamente, 1893, al siglo de esas palabras.)[1]
El hijo del médico, recreado por el escritor extremeño Pedro de Lorenzo, no es otro que Juan Pablo Forner; pero toca ahora escribir del padre, “por la gloria del padre”, Agustín Francisco Forner y Segarra (Vinaroz, Castellón, 26/09/1718; Trujillo (Cáceres), c. 1785), de profesión médico, hijo de labradores acomodados que dieron estudios a varios de sus hijos, algunos de los cuales alcanzaron cargos eclesiásticos importantes.
Hacia 1733 marchó a Valencia a estudiar Medicina. Residía allí su tío el doctor Andrés Piquer Arrufat, conocido médico, íntimo amigo de Mayans, del que recibió una ayuda constante, En 1753, por encargo del marqués de la Ensenada, junto a otros científicos, colaboró en la confección de un mapa y el estudio de todas las fuentes minero-medicinales de España (hay que reconocer que el doctor Piquer era conocido como el “médico del agua” por sus novedosos tratamientos). A Forner le tocó la provincia de Cuenca por lo que elaboró los dictámenes sobre la fuente de Solán de Cabras, que en 1790 fue declarada de utilidad pública.
Nombrado Piquer médico de la Corte, trasladó su residencia a Madrid, y dado que Francisco Forner ejercía como ayudante de su tío en Valencia, le siguió cuando aquel cambió de domicilio. Sin embargo, no estuvo allí mucho tiempo, pues en 1756, año en el que nació su hijo Juan Pablo, ya se encontraba en Mérida, donde ocupaba una plaza de médico municipal, como sucesor de José Alsinet (1755-1761).
En esta población trabajó en el hospital de San Juan de Dios y se despertó en él una gran afición por la Arqueología y las antigüedades, que dio lugar a la formación de una importante colección que fue el origen del Museo Arqueológico emeritense. [2] Fue médico de plaza de Alcántara (1761-1765), donde fallece su esposa y contrae nuevas nupcias; médico del Real Sitio de El Pardo (desde 1765), médico de la Real Familia (desde 1768), médico del Monasterio de Guadalupe (1755-1783) y de Trujillo. [3]
Forner y Segarra es autor de las siguientes obras: Disertación de las virtudes medicinales de la fuente del Loro, nuevamente descubierta en las sierras de Guadalupe, (Madrid, Imprenta de Antonio Sancho, 1780); Noticia de las aguas minerales de la fuente de Solán de Cabras en la sierra de Cuenca, Con la análisis y síntesis, que de orden del Gobierno, hizo de ellos y de las del Rosal de la Villa de Beteta el año próximo pasado, D. Domingo García Fernández (Madrid, Viuda de Ibarra, 1787); Antigüedades de Mérida, metrópoli primitiva de la Lusitania, desde su fundación en razón de la colonia hasta el reinado de los árabes (Mérida, Plano y Corchero, 1893).
En su reseña de los Apuntamientos para las antigüedades de Extremadura, el académico extremeño José María Álvarez Martínez afirma sobre la obra de Forner y Segarra: “Forner fue un hombre ilustrado de su época, en la línea de otros que se afanaron por conocer y difundir los valores de nuestras antigüedades, entre los que podemos referir a Velázquez, que pasó muchas jornadas, sobre todo en Mérida, junto a nosotros y nos transmitió valiosas noticias e ilustraciones de lo más significativo, obra de su dibujante Esteban Rodríguez… Debemos a Cerrillo el rescate de este libro de notas como él lo considera, por lo que le conviene el título, bien apropiado, de Apuntamientos, pues no se trata de otra cosa que de una rica serie de anotaciones, algo más de 160, que atañen a inscripciones, monedas, edificios, con sus correspondientes comentarios.” [4]
Diez años después de su muerte, Nicolás Pérez escribiría de él: “El Dr. D. Francisco Forner y Segarra, padre del eminente jurisconsulto y castizo escritor D. Juan Pablo Forner, merece un puesto de honor en la Escuela de Medicina de Guadalupe, en la Historia de la Medicina española, en la de la Hidrología médica y en la de los historiógrafos de la soberbia Emerita Augusta. Al título de ilustre médico hidrólogo puede unir Forner los de humanista, anticuario e historiador, que tales y tan valiente timbres podía ostentar el último médico de la famosa Escuela de Medicina de Guadalupe, injustamente dado al olvido por nuestros historiadores Codorniu, La Rubia, Morejón y Chinchilla.” [5]
[1] Vid.: De
Lorenzo, Pedro: El hijo del médico,
en ABC de 13/02/1975, pág. 49.
[2] Vid.: Sánchez Almela, Elena: Francisco Forner Segarra, en Historia Hispánica, de la Real Academia de la Historia. Biografías.
[3] Vid.: Abascal, Juan Manuel; Los viajes de Cornide por Extremadura y sus antecedentes, en Viajes, viajeros y obras públicas. Extremadura entre España y Portugal, coord. por Villalón, María Cruz. Universidad de Extremadura, Servicio de Publicaciones, 2014, pág. 194.
[4] Vid.: Álvarez Martínez, José María: Forner y Segarra, Agustín Francisco: Apuntamientos para las antigüedades de Extremadura. Transcripción, edición y notas de Enrique Cerrillo Martín de Cáceres, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura, 2017, 317 pp.
[5] Vid.: Pérez Jiménez, Nicolás: Noticia de los célebres médicos y cirujanos del Monasterio de Guadalupe. Don Agustín Francisco Forner y Segarra, último médico del Real Monasterio de Guadalupe, en El Siglo Médico de Madrid, de 10/11/1895, pág. 711.


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