Bernardino López de Carvajal y Sande (Plasencia,
08/09/1456; Roma, 16/12/1523) nació en la casa de los condes de Torrejón o Casa
de las Dos Torres, en el seno de una familia noble, los López de Carvajal,
linaje de hondas raíces en la ciudad y en las tierras circundantes. Fue el
segundo de los cuatro hijos de Francisco López de Carvajal, señor de Torrejón el
Rubio (Cáceres) y de Aldonza de Sande, hija de Álvaro de Sande, Señor de
Valdefuentes. Ser el segundo implicaba una existencia entre la experiencia y la
renuncia, entre el privilegio de la sangre y la incertidumbre del porvenir. Así
define el autor el recorrido vital de este placentino, que pudo ser papa, pero
que siempre estuvo en la sombra del poder. [1]
Sobrino
de Juan de Carvajal, cardenal de la Iglesia romana, hombre de voluntad férrea, diplomático
incansable y figura clave en los delicados equilibrios de la Europa del siglo
XV, cuando Bernardino vio la luz del mundo, su tío no se encontraba en Castilla
ni en Italia, sino inmerso en una misión que habría de marcar la historia. Un
año antes, el Papa le había nombrado legado en Alemania y Hungría. Juan de
Carvajal desplegaba una actividad diplomática incesante. Su tío regresó a Roma
cuando Bernardino tenía 5 años. Poco después fue nombrado arzobispo de Oporto.
Con el paso de los años, Juan de Carvajal decidió encargarse de su educación. Cuando
regresaba a Plasencia, le enseñó a leer libros e interpretarlos y a no
confundir la apariencia con la verdad.
A
los 12 años partió a Salamanca para estudiar Teología, como le había aconsejado
su tío. En 1472 alcanzó el grado de bachiller. Tres años después, su maestro,
Martínez de Osma, se vio obligado a ausentarse de su cátedra y designa a Bernardino
como su sustituto. Al año siguiente le sustituye en la cátedra de Prima de
Teología. En 1478 logra el grado de doctor. En 1481 fue nombrado rector de la
Universidad.
En
1482 se instala en Roma bajo la tutela del cardenal Mendoza. Su reputación
creció de manera notable. El papa Inocencio VIII le reconoce sus méritos nombrándole
protonotario apostólico. Poco después fue enviado a España como nuncio y colector,
para gestionar la provisión de ciertos obispados y con el encargo de recaudar
subsidios para la cámara apostólica. En 1485 los monarcas de Castilla y Aragón
nombran a Bernardino y Juan Ruiz de Medina procuradores ordinarios en Roma. El
5 de noviembre de 1490 el Papa le nombra obispo de Astorga. El 23 de noviembre
de 1489 es nombrado obispo de Badajoz y de Cartagena en 1493. El 25 de julio de
1492 fallece Inocencio VIII. Su nombre suena en el cónclave. Uno de los
cardenales más ancianos propone que sea él quien pronuncie el sermón de apertura.
El 6 de agosto de 1492, Bernardino comienza la Oratio de eligendo Summo Pontifice Romano ad Cardinalium Senatum. Sale
elegido Rodrigo de Borja, quien toma el nombre de Alejandro VI. En 1493, el Papa
le eleva al cardenalato, a propuesta de Isabel de Castilla por sus méritos prestados
a la Iglesia y a la monarquía. Recibe el capelo cardenalicio con el título de
los santos Marcelino y Pedro, aunque más tarde lo cambiaría por el de la Santa
Cruz en Jerusalén, con lo que alcanza una notoriedad más amplia en el mundo
cristiano.
En
1495 toma posesión de la silla episcopal de Sigüenza, que transforma urbana y
arquitectónicamente. Ese mismo año, Alejandro VI le confiere el título de
presbítero de la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén, dignidad que asume
hasta 1507. El 19 de diciembre de 1496, Carvajal desempeña un papel clave en
una de las decisiones simbólicas más importantes del pontificado de Alejandro
VI: la concesión del título de Reyes Católicos a Fernando II de Aragón y Isabel
de Castilla. En 1498 asume el oficio de camarlengo del Papa y al año siguiente
apoya la creación de la Universidad de Alcalá de Henares, impulsada por el
cardenal Cisneros. Alejandro VI fallece el 11 de agosto de 1503. Su sucesor,
Francesco Tedeschini, toma el nombre de Pío III, que fallece el 18 de octubre
de 1503. En el nuevo cónclave fue elegido Giovanni della Rovere, quien adopta
el nombre de Julio II.
Bernardino
había albergado la esperanza de ser elegido pontífice tras los fallecimientos de
Alejandro VI y de Pío III, pero vio frustradas sus aspiraciones. Sus relaciones
con Julio II se deterioran rápidamente, quien no veía con buenos ojos la
autonomía ni las redes de influencia del cardenal.
En
1504 fue nombrado obispo de Sabina, después promovido a la sede de Albano y posteriormente
a la de Rossano, en Calabria. En el verano de 1507, el cardenal Carvajal fue
nombrado patriarca emérito y titular de la Santa Cruz de Jerusalén. En 1508
recibió la encomienda del título de los Cuatro Santos Coronados, En 1508 fue
nombrado obispo de Palestrina y, poco después, de Sabina Poggio Mirteto.
En
1511 encabezó el conocido como Conciliábulo
de Pisa, en el que Bernardino aceptó ser nombrado papa cismático con el
nombre de Martín VI, y todos sus miembros fueron excomulgados. Tras la muerte de Julio II, escriben a Roma
solicitando el perdón. El cónclave elige a un heredero de los Médici, León X,
quien continua el Concilio de Letrán que inauguró su antecesor. Los cismáticos
volvieron a Roma y el Papa les absolvió de la excomunión tras mostrar su arrepentimiento.
León
X fallece el 1 de diciembre de 1521. Como decano del Colegio Cardenalicio,
Carvajal preside el cónclave. En la primera votación empate a quince votos con
quien terminaría imponiéndose: Adriano VI quien, tras un pontificado breve y
austero, fallece en 1523. El nombre de Carvajal vuelve a sonar como sucesor. La
balanza se inclina por un Medici, Clemente VII; pero, antes, el 20 de enero de
1521 fallecía Gómez de Solís, obispo de Plasencia y León X confirmó su nombramiento
como obispo sucesor. “Santidad, es mi tierra, No hay mayor honor.”
Carvajal
fallece en Roma el 16 de diciembre de 1523, a los 77 años, y gue inhumado en la
basílica de la Santa Cruz en Jerusalén. Su memoria queda repartida entre la urbe
pontificia y su ciudad natal. En Plasencia, sus escudos en la catedral siguen
dialogando con la piedra, recordando al visitante la huella de un hombre que
supo inscribir su nombre en la historia a través del arte, la política y la fe.
En Roma, su tumba continúa evocando la aspiración a la trascendencia que marcó
su existencia, en un equilibrio constante entre lo terrenal y lo eterno.
[1] Vid.: Ramos
Rubio, José Antonio: El Papa que nunca lo
fue: Carvajal en la sombra del poder, TAU Editores, Cáceres, 2026, 219
págs.


