miércoles, 26 de agosto de 2026

PEDRO GORDILLO SÁNCHEZ, EL EMERITENSE AUDITOR DE FERNANDO VI Y CARLOS III



    Pedro Gordillo Sánchez (Mérida, 26/04/1705; Madrid, 24/06/1762) fue un alto funcionario de la Corona española durante los reinados de Fernando VI, contralor de la Real Casa, Cámara y Capilla, y de Carlos III, que le otorgó el Marquesado de Zambrano.

    Hijo de Andrés Gordillo Zambrano y Ana Sánchez Ortiz, naturales de Zarza de Alange, Badajoz (hoy, La Zarza), sirvió en la Corte de Fernando VI desde 1749. En 1756 contrajo matrimonio con Paula Petronila González Fernández Cuevas, hija del caballero toledano Pedro Manuel González y de María Magdalena Fernández de las Cuevas, con la que no tuvo herederos.

SERVICIOS A LA CORONA

Su primer servicio en la Administración de la Monarquía data del año 1718, en el puesto de oficial meritorio de la contaduría del Consejo de Órdenes Militares. En 17331736 tomó parte en la expedición a Nápoles en calidad de comisario de guerra, siendo nombrado en diciembre de 1743 tesorero del ejército de campaña en la guerra de Italia, cargo en el que cesó en 1747 a causa de su falta de salud. Retornado a Madrid, le fueron concedidos los honores de intendente del Ejército y, en febrero de 1749, con motivo de la reforma de los cargos de la Casa Real, fue nombrado con carácter interino controlor grefier de los cargos de la Casa Real.

Nombrado intendente del Ejército y provincia de Extremadura, pasó al Consejo de Guerra en calidad de secretario en septiembre de 1754. En septiembre de 1760, una nueva reforma de Casas Reales le llevó de nuevo al cargo de contralor grefier de la Real Casa y de la Cámara y Capilla Real. Ese mismo año abandonó la Secretaría del Consejo de Guerra para ascender al cargo de consejero y al año siguiente fue recompensado con el título nobiliario.

MARQUÉS DE ZAMBRANO Y VIZCONDE DE SAN PEDRO

En 1741 obtuvo merced de hábito de caballero de la Orden de Alcántara y, años más tarde, sería comendador de la encomienda de Hornos de la misma Orden. Tras el fallecimiento de Fernando VI, su sucesor y hermano, el rey Carlos III lo mantuvo en sus funciones y le otorgó el 13 de marzo de 1761 el Marquesado de Zambrano, con el vizcondado previo de San Pedro, en recompensa a sus servicios, al que le sucedió en el título la marquesa viuda, hasta el V marqués, Miguel Orlando de Ibarrola. El título fue rehabilitado en 1923 por el rey Alfonso XIII a favor del biznieto del III marqués, Francisco de Ayguavives y de León.

En la actualidad, no se tiene constancia de la vigencia del título.

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Bibliografía consultada: Andújar Castillo, Francisco, en Historia Hispánica, de la Real Academia de la Historia, biografías; Diccionario de la Lengua Española: Contralor era el funcionario encargado de examinar las cuentas y la legalidad de los gastos oficiales y grefier era, según la RAE, auxiliar complementario del contralor, que actuaba como secretario; Historia de los Marqueses de Zambrano.


lunes, 24 de agosto de 2026

PEDRO ORDÓÑEZ, UN MAESTRO DE CAPILLA PLACENTINO, CANTOR EN ROMA Y DIRECTOR EN PALENCIA


Recreación del Concilio de Trento en la catedral de San Vigilio

    Pedro Ordóñez (Plasencia, c. 1510; Palencia, 05/05/1585) fue un compositor y maestro de capilla español, cantor de la Capilla de Música Pontificia, en la que ingresó el 20 de abril de 1539, llegando a ser abad de la misma el 11 de enero de 1545. De él escribió Saldoni, musicólogo y compositor español, que era “maestro compositor elogiado por los italianos”.

    Fue hermano menor de Alonso Ordóñez y de Rodrigo Ordóñez, ambos maestros de capilla. Niño de coro en la catedral de Santiago, fue recibido como tal el 23 de diciembre de 1534. Es seguro, por tanto, que Alonso fue su maestro y profesor. Es posible que antes estudiase en Plasencia con el maestro Cristóbal de Morales, y que siguiese a su hermano a Santiago cuando este fue nombrado. También es posible que siguiese a su hermano a Palencia y que allí fuese ordenado sacerdote, pero no hay constancia documental.

CANTANTE EN LA CAPILLA PONTIFICIA EN ROMA

    Ingresó en la Capilla Pontificia en Roma en 1539 como cantor con voz de bajo. Debió de disfrutar de cierto prestigio, pues en una ocasión fue elegido por el resto de cantores para interceder ante el Papa por un compañero que había sido despedido. El 11 de enero de 1545 fue elegido abbas (tesorero) del coro por un año.

    Consta expresamente que acompañó al Papa en algunos de sus viajes, siendo el más importante el realizado a Trento como cantor del concilio, entre enero de 1546 y mayo de 1549. En un manuscrito que transcribe y comenta C. Gutiérrez, se hace una cálida alabanza de él: “Por lo melodioso de su voz y lo elegante y armonioso de su canto asistió como cantor al concilio tridentino cuando, bajo los auspicios del papa Paulo III, se reunió por primera vez el sínodo.”

    En mayo de 1549, al paralizarse las sesiones conciliares, se concedió permiso a los cantores para que regresasen a Roma. Ordóñez viajó desde Bolonia a los baños de Padua para tratar su ciática a comienzos de junio de 1549 y el 1 de agosto estaba en Venecia. Continuó en Roma hasta al menos el 5 de enero de 1550.

MAESTRO DE CAPILLA EN LA CATEDRAL DE PALENCIA

El 18 de julio de 1551 falleció su hermano Alonso Ordóñez, maestro de la catedral de Palencia. El cabildo encargó a dos canónigos que visitasen a su hermano Pedro para que se hiciese cargo de los niños del coro y, así, el 24 de julio de 1551, Pedro Ordóñez fue nombrado maestro de capilla de la catedral palentina.

En 1557, el cabildo le instó a cuidar de los seises con el mismo celo y esmero que demostró su difunto hermano. El 30 de agosto fue nombrado examinador diocesano de canto eclesiástico para todo el clero de Palencia. El 26 de octubre de 1577 se encomendó a una comisión del cabildo la búsqueda de un ayudante competente “debido a la edad y la enfermedad del maestro de capilla, Pedro Ordóñez”. Finalmente, el 9 de abril de 1578 se jubiló, y se le concedió una pensión “en atención a sus méritos y a sus muchos años de servicio, además de su edad y enfermedad” y fue sucedido en el cargo en septiembre del mismo año por Juan Navarro Hispalensis.

OBRAS PUBLICADAS

Del mismo modo que Juan Escribano --uno de los españoles más destacados del coro papal entre 1507 y 1539-- solo vio publicadas obras de carácter profano, las únicas composiciones de Pedro Ordóñez que se editaron en vida fueron inequívocamente profanas: los dos sonetos (a cuatro voces), adaptados para vihuela, insertados en los folios 75-77 y 77-79 en El Parnasso, de Esteban Daza (Valladolid, 1576), el primero “Ay mudo soy hablando no puedo”, es un lamento de un enamorado, y el segundo, “Ay, furiosa cruel”, que increpa a la Fortuna y a Cupido.

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Bibliografía consultada: López-Caló, José (1999) y Casares Rodicio, Emilio: Diccionario de la música española e hispanoamericana, 10 vols. Coordinación editorial: Casares Rodicio, Emilio; Madrid, Sociedad General de Autores y Editores, 1999-2002; vol. 8, págs., 142-144; y Stevenson, Robert: La música en las catedrales españolas en el Siglo de Oro, Berkeley: Universidad de California Press, pág. 319.


viernes, 21 de agosto de 2026

HIDACIO DE MÉRIDA, EL ARZOBISPO QUE DESAFIÓ AL PRISCILIANISMO


Escudo de Hidacio de Mérida.

    La figura de Hidacio de Mérida (m. s. IV; c. 400), arzobispo residencial de Mérida (380-400) representa un caso paradigmático en la historia del cristianismo; el conflicto entre ortodoxia y heterodoxia, la tensión entre autoridad eclesiástica y poder secular, y la difícil gestión del disenso teológico. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Hidacio no solo defendió sus convicciones en el plano doctrinal, sino que las llevó hasta las últimas consecuencias, interviniendo en el ámbito político y legal del Imperio.

    En la nómina del episcopologio emeritense, sucede a Florencio, primer metropolitano. Sulpicio Severo nombra a Idacio con ortografía latina, mientras que para otros es Hidacio, que correspondía a la griega.

    La figura de Hidacio de Mérida se inscribe como una de las más relevantes del cristianismo hispanorromano en el siglo IV. Metropolitano y escritor, fue protagonista de un enfrentamiento teológico y político de primer orden que marcaría el devenir de la Iglesia en la península ibérica: la lucha contra el priscilianismo. Desde su cargo como arzobispo de Mérida, ejerció no solo un liderazgo eclesiástico, sino también una influencia decisiva en los asuntos del Imperio romano de Occidente. Su nombre permanece ligado a uno de los momentos más controvertidos de la historia eclesiástica antigua: la ejecución de un hereje cristiano con intervención del poder imperial.

      Al propagarse la herejía de Prisciliano, un influyente laico hispanorromano, que promovía una visión ascética y puritana del cristianismo, los obispos Instancio y Salviano se adhirieron. El impacto del priscilianismo no se limitaba a las ideas. Su forma de vida austera, vegetariana, célibe y con una sorprendente defensa de la igualdad entre los sexos, atrajo a numerosos creyentes

    Entonces Hygino, obispo de Córdoba, que después se pondría de parte del heresiarca, recurrió a Hidacio para que preservase su sede como metrópoli de la Lusitania.  Y actuó con enérgico celo contra el obispo Instancio y sus partidarios, Estos reaccionaron con dureza, lo que llevó a los obispos de España y algunos de la Galia a reunirse en el año 380 en el Concilio de Zaragoza, donde presentaron un memorial condenando la doctrina de Prisciliano. Recibieron una carta del papa San Dámaso prohibiendo que se condenase a los inculpados sin oírles previamente. En las actas figuran, entre otros, los obispos Hidacio de Mérida e Itacio de Ossonova, quienes condenaban a sus colegas Instancio y Salviano y a los laicos Helpidio y Prisciliano, así como al antiguo delator cordobés.

    La reacción llegó a tal punto al nombrar los obispos rebeldes a Prisciliano como obispo de Ávila. La pugna se agudizó: Hidacio e Itacio recurrieron al emperador Graciano para que fueran excluidos de sus iglesias. Instancio, Salviano y Prisciliano recurrieron al papa de Roma, Dámaso, y Ambrosio de Milán y a la Corte Imperial, de la que consiguieron un decreto de restitución en el 382.

    Instancio y Prisciliano --Salviano ya había fallecido en Roma-- volvieron envalentonados e Hidacio comunicó al pueblo emeritense las decisiones conciliares, lo que provocó una denuncia contra él. Hidacio, ayudado por Itacio de Ossonova, consiguió del emperador Graciano, un decreto de destierro para los “priscilianistas”, fundado en razones de orden público.

    Prisciliano aprovechó la situación de Mérida y la visitó, originándose una subversión popular que le obligó a salir precipitadamente de ella. Se refugió en Treveris, acogido por el obispo Brito, cuando Magano Clemente Máximo, después de vencer a Graciano, se proclamó “Emperador de las Galias, Britania y España”. Itacio le envió un memorial sobre los errores y vicios de la secta. Apresados Prisciliano y sus secuaces, fueron conducidos al Sínodo de Burdeos, en el año 384. La intervención de San Martín de Tours y San Ambrosio para evitar la condena civil, fue inútil. El heresiarca, temiendo ser condenado, recurrió al Emperador, fue juzgado por Evodio, prefecto del Pretorio, y sentenciado a muerte. Confirmado el veredicto por el Emperador, fue rápidamente ejecutado.

    La entrega del hereje al poder secular para su ejecución generó una fuerte reacción en muchas diócesis. La Iglesia de Roma, en particular, consideró que Hidacio había sobrepasado sus funciones al permitir que un miembro del clero fuese juzgado y ejecutado por autoridades civiles. Como consecuencia, el arzobispo fue excomulgado y desterrado en tiempos de Teodosio y Valentiniano, en el año 392; el segundo fue expulsado de su sede de Ossonova.

    Su legado ha sido objeto de múltiples interpretaciones. Algunos lo consideran un defensor apasionado de la fe, mientras que otros lo ven como responsable de la primera ejecución de un hereje cristiano por causas religiosas. Lo cierto es que su actuación marcó un precedente que tendría consecuencias     Sus obras, especialmente el Liber Apologeticus, ofrecen una ventana invaluable al pensamiento teológico del siglo IV y al modo en que los líderes eclesiásticos respondían a las herejías emergentes, Hidacio, con su amplio conocimiento de las Escrituras y su capacidad de argumentación, representa a una generación de obispos intelectuales que luchaban por definir los contornos doctrinales de la Iglesia cristiana en un mundo cambiante.

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Bibliografía consultada: López López, Teodoro Agustín: Historia Hispánica, Real Academia de la Historia. Biografías; Hidacio de Mérida (s. IV). El arzobispo hispanorromano que desafió al priscilianismo. (MCNbiografías,com/Hidacio de Mérida.