viernes, 8 de mayo de 2026

LA MEDICINA EN CÁCERES DURANTE LOS SIGLOS XIX AL XXI (y II)


Hospital Universitario de Cáceres

El ejercicio de la medicina en la provincia de Cáceres durante el siglo XIX fue un fenómeno condicionado tanto por las características demográficas y económicas locales como por las estructuras políticas dominantes, que incidieron de manera significativa en la distribución geográfica de los médicos y en el acceso a los servicios sanitarios. En 1806 se construye el cementerio en las afueras de Cáceres, importancia clave para la salubridad pública que, antes, dentro de las ciudades, contaminaban pozos o acuíferos cercanos.

A finales del XIX, la provincia de Cáceres, al igual que otras regiones rurales y empobrecidas de España, fue escenario de diversas enfermedades infecciosas que impactaron gravemente en la salud pública, entre ellas la viruela, el tifus, la tuberculosis, el paludismo, el cólera morbo, las gastroenteritis infecciosas y la disentería. La creación de hospitales, ya en el siglo XXI, ha sido importante, aunque su papel y características eran diferentes a los del siglo XX. Fue un siglo de transición clave, en el que la Medicina empezó a profesionalizarse y a separarse de la beneficencia religiosa. A finales del XIX, en 1879, se funda en Cáceres una institución de larga trayectoria, regida por las Hermanitas de los Pobres, dedicada a la atención de los ancianos desamparados, que desempeñó un papel crucial en el contexto de la beneficencia social. En 1833 se crea la Junta Provincial de Beneficencia con el objetivo de unificar las prestaciones sanitarias y se crea el Hospital General Civil, o de Nuestra Señora de la Montaña. En 1835 el hospital civil, dependiente del ayuntamiento, pasó a ser provincial y dependiendo de la Diputación que, en 1849, se trasladó al convento de San Francisco; pero por sus condiciones de insalubridad, a partir de 1859 se abordaron diversos proyectos para construir un nuevo hospital, levantándose en 1884 a las afueras de San Antón. En 1991 fue cedido al INSALUD y luego funcionando como parte del Complejo Hospitalario de Cáceres, bajo la administración del Servicio Extremeño de Salud. El Hospital Provincial Nuestra Señora de la Montaña cerró sus puertas en 2019, al repartir sus servicios entre el Hospital “San Pedro de Alcántara” y el nuevo Hospital Universitario de Cáceres. El antiguo monasterio de San Francisco se dedicó al hospicio de niños, con el nombre de Colegio Provincial San Francisco. El otro centro de beneficencia provincial fue el Colegio de la Inmaculada, inaugurado en 1927.

Las casas de socorro jugaron un papel fundamental en el desarrollo de los sistemas de salud pública, al ofrecer asistencia inmediata y gratuita a personas necesitadas, sin importar su capacidad económica. Asimismo, la Cruz Roja desempeñó un papel crucial en la sociedad por su labor humanitaria y de asistencia en situaciones de emergencia. En Cáceres se funda el 26 de noviembre de 1893 como agrupación local, convirtiéndose en la primera de la provincia. En la actualidad la Cruz Roja dispone en Cáceres de una sólida base social y organizativa, con más de 5.600 voluntarios, 100 empleados y 12.000 socios distribuidos en catorce localidades de la provincia.

La sanidad en la provincia de Cáceres experimentó una transformación gradual pero significativa entre el siglo XIX y el siglo XX, marcada por una evolución en las infraestructuras, en la formación del personal sanitario y en la intervención del Estado en materia de salud pública. Durante el siglo XIX, la atención sanitaria estuvo fuertemente vinculada a instituciones de caridad y beneficencia, muchas de ellas gestionadas por la Iglesia o por cofradías, cuyo objetivo era la asistencia a pobres, enfermos o desvalidos. El cambio más decisivo llegó en 1942 con la creación del Sistema Nacional de Salud, que garantizó el acceso a la atención sanitaria universal, gratuita y pública.

En 1899 se crea la Compañía de Aguas de Cáceres, donde jugaría un papel importante Joaquín Castell. El agua llegó a Cáceres en 1900, aunque la población siguió suministrándose de las aguas de Fuente Concejo y Fuente Fría. En 1921 se crea la Casa de Socorro. Fue durante décadas el consultorio de las clases humildes de la ciudad y desapareció tras la creación del Sistema Nacional de Salud. En 1929 se crea el Instituto Provincial de Higiene, que permitiría a cada provincia tener autonomía para atender sus necesidades de higiene, epidemiología y control sanitario. En 1922 se publicó el proyecto de alcantarillado de Cáceres, un documento clave que no solo abordaba las necesidades urbanísticas de la ciudad, sino un exhaustivo estudio sobre la calidad y cantidad de agua disponible.

En el último trimestre de 1971 se procedió a la apertura de los centros primarios de higiene en la provincia, en el marco de una política sanitaria orientada a descentralizar los servicios de salud pública y reforzar las atenciones preventivas en el ámbito rural. Es de destacar la labor de los profesionales médicos que formaron parte del Sanatorio “18 de Julio” de Cáceres durante la década de 1950, entre los que sobresale el doctor Augusto Pintado Beato, que supo conjugar el rigor científico con una profunda vocación de servicio, lo que la valió el respeto de sus colegas y de los ciudadanos.

En 1943, la institución franquista Auxilio Social convirtió el Palacio de Godoy, situado en la Plaza de Santiago, en la Casa de la Madre o Casa Cuna, encargado de la asistencia a las embarazadas que venían de toda la provincia. Se cerró en 1973 y se calcula que en sus treinta años de existencia se produjeron 25.000 nacimientos. En 1944 se crea el Seguro Obligatorio de Enfermedad, que brindó cobertura al 40 por ciento de la población española y, en 1956, se crea la Residencia Sanitaria, hoy Hospital de la Seguridad Social “San Pedro de Alcántara”. En el siglo XX fue importante la creación de centros de salud en las barriadas cacereñas y el Hospital General Civil de Cáceres, que ha constituido durante décadas uno de los principales referentes en la atención especializada y hospitalaria en Extremadura, prestando servicios tanto a la capital como a amplias zonas del entorno rural. En 1990 se funda en la Ronda de San Francisco la Clínica Quirúrgica Cacereña San Francisco. Concebida como hospital de función general, que sigue como Hospital Parque San Francisco, prestando servicios a la población cacereña.

Asimismo, la Unidad de Cirugía de Mínima Invasión, dirigida por el Dr. Jesús Usón, ha impulsado importantes avances en el abordaje neumológico mediante técnicas no invasivas, mejorando la seguridad del paciente y acortando los tiempos de recuperación. El Hospital San Pedro de Alcántara y el Centro de Cirugía de Mínima Invasión Jesús Usón han realizado avances significativos en oncología y técnicas quirúrgicas innovadoras.

El nuevo Hospital Universitario de Cáceres inició su actividad el 30 de enero de 2019, con la prestación de consultas externas en cinco especialidades: Cirugía Vascular, Cirugía General y Aparato Digestivo, Cirugía Torácica, Neurocirugía y Cirugía Plástica. Una vez abierto, comenzaron a trasladarse el resto de consultas externas que se pasan en el “San Pedro de Alcántara”, como Cirugía Mayor Ambulatoria, Pruebas Digestivas o Bloque Quirúrgico, entre otros. Posteriormente se continuó con la hospitalización y las urgencias. 

---------------------------

Vid.: Ramos Rubio, José Antonio y Leal Muro, Alejo: Historia de la Medicina en Cáceres. Salud y sociedad en Cáceres. Una mirada histórica al pasado. Prólogo: Santos Benítez Floriano, cronista oficial de Cáceres.  Edit.: Alejo Leal, Edit. Iberprint. Montijo, 2026, 257 págs.

jueves, 7 de mayo de 2026

“HISTORIA DE LA MEDICINA EN CÁCERES” (I)


El Dr. Alejo Leal y José Antonio Ramos, con el libro

    “La historia de la Medicina es, en esencia, la historia misma de la humanidad, enfrentándose a los desafíos más profundos: las enfermedades, el sufrimiento y la búsqueda incansable de la salud y el bienestar… El desarrollo de la Medicina refleja no solo el progreso del conocimiento, sino también la evolución social, cultural y tecnológica de las comunidades”, afirman los autores (el historiador, académico y cronista de Trujillo, José Antonio Ramos, y el doctor Alejo Leal) en la Introducción de esta obra, con un enfoque particular en la ciudad de Cáceres, ciudad con un pasado médico singular, en las que se explora el impacto de las enfermedades en la vida de sus habitantes a lo largo de los siglos y la respuesta en la creación de espacios fundamentales como albergues, hospitales y centros de salud que han moldeado el sistema sanitario local. [1]

    En cuatro capítulos, los autores abordan la historia de la Medicina en Cáceres en la Antigüedad, el Medievo, en los tiempos modernos y su desarrollo en los siglos XIX al XXI, más uno introductorio sobre los orígenes de Cáceres. Como señala el prologuista de la obra, “los autores han recorrido con minuciosidad documentos que datan desde la Edad Media, con sus primeras referencias a hospitales, hasta los registros administrativos de los siglos XX y XXI sobre la instalación de servicios sanitarios modernos”. Finalmente, el editor, el doctor Alejo Leal, cierra el libro con un capítulo titulado “La Medicina me ha ayudado a ser mejor” y unas imágenes para el recuerdo, además de la bibliografía consultada.

    La medicina en la antigüedad.-Los vettones, uno de los pueblos prerromanos que habitaron el oeste de la península ibérica, desarrollaron una concepción espiritual de la enfermedad, expresada mediante prácticas rituales de carácter curativo. Una de sus expresiones más significativas fue el culto a las aguas, considerados espacios sagrados dotados de propiedades sanadoras, a los que se acudía como escenarios de peregrinación, donde se realizaban prácticas en las que se combinaban la religiosidad con el tratamiento empírico de ciertas dolencias. Los sistemas de alcantarillado y gestión de aguas residuales mejoraron las condiciones sanitarias y la calidad de vida en las ciudades antiguas. El agua ha sido fundamental para la supervivencia básica y para el florecimiento cultural, económico y tecnológico de la sociedad. 

     Joaquín Castell, farmacéutico cacereño de finales del XIX, hablaba de las cualidades salutíferas de las fuentes del Marco, de las huertas y del permanente fluir de su cauce permanente y justifica en ello la fundación de Cáceres por los romanos. Hipócrates, Galeno y Plinio el Viejo se refirieron en sus escritos a las propiedades terapéuticas del agua, entendida no solo como recurso natural para la vida, sino como medio para promover la salud. Séneca y Plinio explicaron el uso de las aguas y cómo debían emplearse para su aplicación en las distintas enfermedades. Plinio detalla las propiedades de aguas termales en diferentes regiones del Imperio para tratar dolores articulares y afecciones y problemas digestivos. El uso de agua fría y caliente era común en la práctica médica y romana y Plinio describe los efectos contrastantes de las aguas frías y calientes en el cuerpo, comunes en la práctica romana, y cómo estos cambios de temperatura pueden influir en la salud. Los baños eran parte integral de la vida en la antigua Roma, no solo para la limpieza, sino también como lugares de recuperación y el tratamiento de diversas enfermedades. El primer médico de la historia de la medicina occidental, Hipócrates (siglo V a. C.), consideraba la importancia de utilizar debidamente los baños como método de curación. Galeno, célebre médico romano, expandió las ideas que comenzaron con Hipócrates.

    La Medicina en el Medievo.-A partir del siglo XI se constata un incipiente intento de regular el acceso a la práctica médica en al-Ándalus, mediante mecanismos de control formativo y la emisión de autorizaciones para el ejercicio profesional. En Cáceres se llevaron a cabo ciertas medidas orientadas a la higiene pública durante el periodo andalusí, como sugiere la interpretación de diversos hallazgos, entre ellos estructuras asociadas al abastecimiento de agua potable y sistemas destinados a la depuración de aguas residuales. De hecho, la sociedad hispano-árabe hizo un uso abundante de los recursos hidrológicos, mejorando las instalaciones de la época romana.

    En las primeras décadas del dominio islámico en Cáceres, los musulmanes no contaban con una estructura científica propia en al-Ándalus, por lo que confiaban en gran medida en médicos mozárabes para el ejercicio de la Medicina práctica. Los monasterios emeritenses y las escuelas episcopales continuaron funcionando, aunque en un contexto de dominio islámico.

    El Fuero de Cáceres incluye medidas relacionadas con la higiene, la salud y las condiciones de vida de la ciudad, que reflejaban la importancia de evitar la propagación de enfermedades y regular los hábitos de vida de la población. El Fuero incluía, además, la regulación de los mercados y la venta de alimentos, el saneamiento y control de aguas, la limpieza de calles y espacios públicos, el aislamiento de personas con enfermedades contagiosas, la prohibición de prácticas insalubres, el control sobre los oficios peligrosos y la protección de la salud pública.

Edificio donde estuvo la enfermería de San Antonio de Padua en Cáceres

    La medicina en tiempos modernos.-En los siglos XVI y XVII se mantuvo y reforzó la tradición hospitalaria en Cáceres, ampliando la atención a los pobres y enfermos, con diferencias respecto a la Edad Media. Durante esta época, Cáceres vio surgir los hospitales de San Salvador y La Piedad, más organizados y mejor dotados, con el objetivo de asistir a pobres, viudas y huérfanos. Las enfermedades más comunes en estos siglos reflejan el contexto de la época: fiebre tifoidea, tuberculosis, viruela, sarampión, escarlatina… En esta época existían otros hospitales en Cáceres, como el de los Caballeros, Puerta de Coria, Santa María “la Vieja”, San Antonio “el Viejo”, Santo Spiritus y San Juan.

    La entonces villa de Cáceres disponía de una cobertura sanitaria básica durante los siglos XVI y XVII gracias a la existencia de varios hospitales que, aunque rudimentarios según los estándares actuales, cumplían una función fundamental en la atención en la asistencia médica y social de la época.  No eran hospitales en el sentido moderno del término, sino más bien casas de acogida para pobres, enfermos y peregrinos gestionados por órdenes religiosas o fundaciones privadas con fines piadosos. Entre los más destacados se encontraba el Hospital de San Juan Bautista, fundado en el siglo XV y muy activo durante los siglos posteriores; el Hospital de la Magdalena y el Hospital de San Antonio. En este contexto puede afirmarse que Cáceres, pese a su tamaño y lejanía de los grandes centros urbanos, no permanecía ajena a las dinámicas asistenciales del antiguo régimen.

-----------------------------------------

[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio y Leal Muro, Alejo: Historia de la Medicina en Cáceres. Salud y sociedad en Cáceres. Una mirada histórica al pasado. Prólogo: Santos Benítez Floriano, cronista oficial de Cáceres.  Edit.: Alejo Leal, Edit. Iberprint. Montijo, 2026, 257 págs.

 


miércoles, 6 de mayo de 2026

IN MEMORIAM GREGORIO MARTÍN MIGUEL, PÁRROCO DE GALISTEO Y ALAGÓN DEL RÍO


Gregorio Martín Miguel, párroco de Galisteo y Alagón del Río, falleció ayer en su localidad natal, La Granja, a los 76 años de edad, donde esta tarde tendrá lugar el funeral por su eterno descanso en la iglesia de Santa María Magdalena.

“Goyo”, como era conocido popularmente, cursó los estudios de Latín y Humanidades en el Seminario Menor de Coria (1961-1965), que prosiguió en el Seminario Mayor de Cáceres, junto a los de Filosofía y Teología. Ordenado sacerdote el 8 de julio de 1973, fue cura ecónomo de Cambroncino y encargado de Vegas de Coria, responsable del equipo pastoral de la zona del Alagón,  ecónomo de El Batán y de Alagón y coadjutor de Montehermoso. En sus últimos años ejercía como párroco de Galisteo y de Alagón del Río, donde residía y atendía a su feligresía a la par que al cuidado de sus parcelas que le daban los frutos de la tierra que compartía con sus amigos y feligreses.

Durante años, Gregorio Martín Miguel ofició la misa de la festividad de Todos los Santos en Granadilla, a la que acudían los hijos y ascendientes del pueblo para recordar a sus difuntos, por su cercanía a los residentes en la que fue pedanía de Galisteo y en la que residían muchos oriundos de la villa expropiada por el pantano de Gabriel y Galán.

Durante su estancia en el Seminario Menor de Coria, un 7 de diciembre de 1964, víspera de la Inmaculada, patrona del centro, sufrió un accidente al tirar un cohete en La Isla, que prendió las carretillas que guardaba en uno de sus bolsillos del pantalón, sufriendo quemaduras de importancia, de las que fue asistido en primera instancia en la enfermería del Seminario y trasladado al Hospital Provincial de Cáceres, acompañado por su superior, Florentino Muñoz, entonces superior del centro y posteriormente, canónigo doctoral de la Concatedral de Cáceres, fallecido el 4 de marzo del pasado año, a los 83 años, en esta ciudad.

La última vez que le vi fue en la misa crismal del Miércoles Santo en la catedral de Coria cuando, al hacer su entrada en primer templo de la diócesis para asistir al oficio religioso, se sorprendió al verme sentado junto a mi hermano antes de dar comienzo el oficio presidido por el obispo.

Descanse en paz quien entregó su vida a la Iglesia diocesana y a los pueblos del Valle del Alagón.