domingo, 28 de febrero de 2021

IÑAKI MARTÍN SUBERO, PREMIO NACIONAL DE INVESTIGACIÓN DEL CÁNCER



    Iñaki Martín Subero (Pamplona, 1975) es un investigador biomédico de amplio reconocimiento internacional, que ha recibido recientemente el Premio Nacional de Investigación de Cáncer Doctores Diz Pintado, convocado por la Fundación de la Investigación del Cáncer de la Universidad de Salamanca, que premia la trayectoria científica en el área de la investigación oncológica del mejor joven investigador español, realizada dentro o fuera de España. El premio le tenía que haber sido entregado el pasado 28 de enero, festividad de Santo Tomás de Aquino, en la Universidad de Salamanca, pero se ha aplazado debido a la pandemia.

    El doctor Martín Subero es ascendiente de Granadilla (Cáceres), el pueblo expropiado por la construcción del embalse de Gabriel y Galán. Su padre, Felipe Martín, abandonó el pueblo a mediados de los 50, trasladándose a Guardo (Palencia) donde, tras permanecer unos años, se marchó a Pamplona, donde reside en la actualidad. Contrajo matrimonio con la riojana Rosario Subero, con quien tuvo dos hijos, el segundo de los cuales es Iñaki.

    El Dr. Martín Subero estudió Bioquímica en la Universidad de Navarra con una nota media de sobresaliente. Realizó el doctorado europeo bajo la dirección de los profesores María José Calasanz y Reiner Siebert de la Universidad Christian-Albrechts de Kiel (Alemania). Su tesis obtuvo el premio extraordinario de doctorado en 2001.  Una vez doctorado, continuó sus investigaciones bajo la tutela del profesor Siebet en Kiel, donde permaneció hasta 2008, año en que se trasladó a Barcelona. “Estaba desarrollando mi carrera investigadora en Alemania, pero en 2007 conocí a Lena, mi esposa catalana, y un año después decidí volver a España”, confiesa.

    Tras un año trabajando en el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL) de Barcelona, obtuvo un contrato de investigador Ramón y Cajal y comenzó su andadura como investigador principal en el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS), asociado al Hospital Clínico y a la Universidad de Barcelona. Gracias al apoyo de grandes investigadores como Elías Campos, del IDIBAPS, y Carlos López-Otín, de la Universidad de Oviedo, el Dr. Martín Subero se encargó de analizar los aspectos epigenéticos de las leucemias dentro del proyecto estrella del Gobierno español sobre el genoma de la leucemia linfática crónica, que constituyó un punto de inflexión en su carrera, ya que después de años bajo la tutela de excelentes mentores creó su propio grupo de investigación para desarrollar sus propias ideas.

    En 2018 fue nombrado profesor de investigación de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA), un programa de captación y retención de talento al máximo nivel internacional, impulsado por el Gobierno catalán hace veinte años. Actualmente, dirige un grupo de quince investigadores en el IDIBAPS, participa en el consorcio nacional Centro de Investigación Biomédica en Red de Cáncer (CIBERONC), del cual recibió el premio al mejor investigador joven en 2018.  Es miembro de grandes proyectos internacionales como el PanCáncer, el International Human Epigenome Consortium o el Human Cell Atlas. Asimismo, juega un papel importante en la Asociación Europea de Hematología, en varios de cuyos comités participa.  Ha publicado un total de 185 artículos científicos, que han recibido más de 10.000 citaciones, y tiene un índice H de 56.

    Sus investigaciones se centran en el estudio de las características moleculares de las leucemias y linfomas. Es un experto internacional en epigenética, la ciencia que estudia los interruptores que activan o inactivan los genes. Sus trabajos durante la última década han abierto el camino a una nueva comprensión del epigenoma del cáncer, no solo a nivel biológico, sino también a nivel clínico. Su grupo de investigación ha descubierto que uno de los aspectos epigenéticos más importantes de las células cancerosas es que poseen memoria celular. En las pasadas semanas ha publicado un estudio sobre los primeros mapas en tres dimensiones del genoma de las leucemias y linfomas, que revela una nueva forma de cartografiar el genoma y que las células tumorales cambian la estructura tridimensional de su genoma, dando lugar a cambios de expresión en genes claves para la enfermedad.

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Bibliografía consultada: https://www.tribunasalamanca.com/noticias/el-bioquimico-inaki-martin-subero-x-premio-nacional-de-investigacion-de-cancer-doctores-diz-pintado/1608554963, de 21/12/2020;  https://www.lagacetadesalamanca.es/salamanca/las-universidades-suspenden-la-fiesta-de-santo-tomas-de-aquino-por-la-pandemia-KX6123149, de 25/01/2021; www.ciencia.gob.es; https://www.catalunyavanguardista.com/tag/inaki-martin-subero/; https://www.scoopnest.com/es/s/i%C3%B1aki%20mart%C3%ADn-subero https://www.metropoliabierta.com/el-pulso-de-la-ciudad/sanidad/barcelona-da-un-gran-paso-para-curar-la-leucemia_7208_102.html.


domingo, 21 de febrero de 2021

ALONSO GUERRERO, PROFESOR Y ESCRITOR



    Alonso Guerrero Pérez (Mérida, 12/11/1962), profesor de Lengua Castellana y Literatura Española de Enseñanzas Medias, ha cultivado, además de la ficción, el ensayo, la crítica literaria y el periodismo de opinión. Se define a sí mismo como “profesor, novelista y cuentista”.[1] Hijo de Juan Francisco Guerrero (ya fallecido) y María de los Dolores Pérez Díaz, se crio y educó en Almendralejo.

Cursó la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Extremadura (Uex) en Cáceres, donde “le gustaba disfrutar de la marcha nocturna de la ciudad. Se apuntaba a todas las juergas y no tenía hora para volver a casa. Con el tiempo se volvió mucho más serio, reservado y hogareño”. [2] Profesor de Enseñanza Secundaria, ha ejercido su profesión docente en los institutos “Ramiro de Maeztu” de Madrid, Guadalajara, Alcalá de Henares, en su primer IES de nuevo de Madrid, en el “Beatriz Galindo” de la capital y en Badajoz, en el IES “Maestro Domingo Cáceres”.

Su carrera literaria se inició en 1982, a los 20 años, cuando estudiaba Letras en Cáceres, al ganar el Premio Felipe Trigo de narraciones cortas de Villanueva de la Serena con su obra Tricotomía (Universitas Editorial, Badajoz, 1983), que el catedrático de la Uex José Luis Bernal  califica como “el feliz maridaje de la ocurrencia creadora y de la técnica obsesiva”. [3] En 1987 obtiene el Premio Navarra de novela con Los años imaginarios, sobre la que el Dr. Fernández Sosa afirma que “su obra está escrita al margen de las corrientes narrativas de los últimos decenios de la historia de la literatura española: por su novedad, por su riesgo artístico y por una decidida apuesta personal del autor por el individualismo estético”. [4]

Además de Los Ladrones de libros (Departamento de Publicaciones de la Diputación Provincial de Badajoz, 1991), en 1998 publica dos novelas: El hombre abreviado (Colección La Gaveta, de la Consejería de Cultura y Patrimonio de la Junta de Extremadura) y El durmiente (Del Oeste Ediciones, Badajoz, 1998). A ellas siguieron: Fin del milenio en Madrid (trece narraciones, Editorial La Luna Libros, 1999), De la indigencia a la literatura (Del Oeste Ediciones, Madrid, 2004). El mismo año aparece El edén de los autómatas (Plaza y Janés, Barcelona, 2004), para el profesor Bernal “su mejor novela”, que “plantea con originalidad narrativa y rigor estilístico de altura un debate, una reflexión actualísima, y dignifica la actitud del intelectual-escritor en ese nuevo fin de siglo desconcertante y terrorífico”. [5] En 2004 publica su libro de ensayo “La muerte y su antídoto” (De la Luna Libros, Mérida) que, para Virginia López-Ballesteros, “es una reflexión sobre el oficio de escribir”. [6]Doce semanas del siglo XX” (De la Luna Libros, 2007) sigue, durante un breve trayecto, los pasos silenciosos de un hombre ávido de respuestas que ha de conformarse con las opiniones de los periódicos. “Un palco sobre la nada” (De la Luna Libros, 2012) es una novela de ciencia ficción “cuyos protagonistas se mueven entre Madrid y el planeta Marte (siete días de viaje) en los albores del siglo XXIII, en los que el mundo se mueve por parámetros bien distintos de los actuales, aunque no por ellos menos deprimentes”, apunta el crítico y profesor Manuel Pecellín, mientras que para el filólogo Simón Viola [7] “es una narración que arranca de la afirmación de Flaubert de que el futuro es un túnel largo y oscuro al final del cual hay una puerta bien cerrada”. [8]Un día sin comienzo” (De la Luna Libros, 2014) aborda los atentados del 11-M en Madrid en busca de las personas, una crónica “minuto a minuto desde las 7 de la mañana hasta las 7:37…, explicando la visión del mundo de cada uno de ellos. El azar es lo que hace de todos esos personajes un personaje colectivo”, según el propio autor. [9]El mundo sumergido” (De la Luna Libros, 2016) contesta a una cuestión que todo el mundo se ha planteado: por qué cuanto más nos elevamos hacia el absoluto, más caemos en el ridículo…


Finalmente, en “El amor de Penny Robinson” (Berenice, 2018), el autor la subtitula “Querían saberlo todo de él porque querían saber todo de ella”. La novela narra la transformación de un hombre con una vida sin sobresaltos en un personaje mediático por el hecho de haber estado casado con la que iba a convertirse en Reina de España. La prensa del corazón le persigue para arrancarle los pedazos no solo de lo que pueda contar, sino de lo que es. La novela es una ficción que pudo convertirse en realidad, pero también una realidad que necesita la ficción para ser creíble. La novela apenas alude a la situación personal del autor; se alude en la última frase de la obra. “La fama estuvo bien durante la primera semana, pero han pasado más de dos. No puedo salir de casa. No me dejan trabajar en paz. Mi padre me llama por teléfono para preguntarme por qué he dejado de hablarle. Todo esto me ha superado…” [10]

Alonso Guerrero se casó con la entonces periodista, hoy Su Majestad la Reina de España,  Letizia Ortiz, en Almendralejo el 7 de agosto de 1998, en una ceremonia civil celebrada en el ayuntamiento por el alcalde del PP y amigo del novio, Manuel Jesús Morán. Se separaron en 1999. Posteriormente, se casó con María del Carmen Astero Martín, profesora de Matemáticas en un instituto de Alcalá de Henares, que acabó en ruptura. En 2019 se casó en Granja de Torrehermosa con su primera novia de juventud, María Dolores Corrales Murillo, jefa de Estudios del IES de Badajoz “Maestro Domingo Cáceres”, anteriormente casada con Javier Luna, actual secretario general de Empleo de la Junta de Extremadura. Sea como fuere, el profesor y escritor ha preferido siempre guardar el secreto de su vida íntima. “No voy a hablar ni ahora ni más adelante de mi vida personal. Solo espero que todo esto no interfiera en el futuro de mi obra ni de mi imagen como escritor”, declaraba refiriéndose a su primer matrimonio. [11] En 1999, El Cultural de El Mundo realizó una encuesta entre críticos literarios. Cuando le preguntaron al profesor Ricardo Senabre qué autor consideraba que no estaba suficientemente valorado, respondió: “Alonso Guerrero.” [12] “Profesor anónimo, persona leal y silente… se ha mantenido durante estos años. Cuánto ha vivido Alonso y cuán valioso es su silencio.” [13]

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[1] Vid.: Ortiz, Ana María: El ex-critor de Letizia, en Crónica, un suplemento de El Mundo, núm. 421, de 09/11/2003.

 [2] Vid.: Armesto, Silvia: Nueve cosas que no sabes de Alonso Guerrero, en El Economista, de 02/03/2018.

 [3] Vid.: Bernal, José Luis: Alonso Guerrero Pérez, una obsesión por la palabra, en revista Alcántara, revista del Seminario de Estudios Cacereños, abril de 1985, págs. 75-78.

 [4] Vid.: Fernández Sosa, Diego: Lenguaje y construcción narrativa en Alonso Guerrero: Los años imaginarios y Los ladrones de libros, en Revista de Estudios Extremeños, 2014, número III, págs. 1411-1432.

 [5] Vid. Bernal, José Luis: El edén de los autómatas, en revista Alcántara, número 64, julio de 2006, pág. 149.

 [6] Vid.: López-Ballesteros, Virginia: Alonso Guerrero, en www.vlopez-ballesteros.com.

 [7] Pecellín, Manuel: Victoria sobre la muerte, en su blog Libre con libros, en el diario Hoy de 07/10/2012.

 [8] Vid.: Viola, Simón: Un palco sobre la nada, en su blog, de 28/09/2012.

 [9] Vid.: De Pablos, Luis Miguel: El azar estuvo en la tragedia del 11-M y está en el día al día de nuestras vidas, en El Norte de Castilla, de 22/11/2014.

 [10] Vid.: Carmona, Jesús: El `Yo soy una víctima del exmarido de Letizia´ en 15 frases de su novela, en El Español, de 15/03/2018.

 [11] Vid. Ob. cit. de Crónica  El Mundo.

 [12] Vid.: Ob. cit.

 [13] Vid.: Ob. cit.


lunes, 15 de febrero de 2021

SIN SALIR DE CASA…


Pixabay.StockSnap

    #YoMeQuedoEnCasa fue un movimiento de ciberactivismo que promovió la inmovilización social y el confinamiento con el objetivo de detener la pandemia de la enfermedad por coronavirus de 2019-2020. Aparecido el 11 de marzo del pasado año en Twitter, se expandió rápidamente por toda España e Hispanoamérica. Personalidades, medios de comunicación y ciudadanos lo emplearon desde su creación como forma de apoyar el movimiento y etiquetaron el hashtag de forma masiva. Fue el segundo movimiento que las redes sociales utilizaron durante la pandemia. El primero fue #NoSoyUnVirus de la campaña contra la discriminación a los ciudadanos chinos y asiáticos en general por el primer lugar donde se registró el virus SARS-CoV-2, en la ciudad china de Wuhan.

    Frente al segundo mensaje de hashtag, el #YoMeQuedoEnCasa, la irrupción de la borrasca Filomena entre los días 6 y 11 de enero pasados, trajo consigo copiosas nevadas en amplias zonas del centro peninsular, que dejó atrapados en las carreteras a miles de transportistas, paralizó actividades esenciales, produjo multitud de daños materiales y dejó sin suministros a cientos de personas, a la que sucedió una ola de frío con registros de -15º C en áreas del interior peninsular con el consiguiente riesgo por la formación de placas de hielo, la incomunicación y la falta de suministros en multitud de núcleos urbanos.

    Pues bien, el colapso producido por Filomena se vio agravado para quienes no pueden moverse por aceras cubiertas de hielo ni esquivar montañas de nieve. Invidentes, discapacitados físicos, personas, en fin, con discapacidad motora o visual, ni podían salir de casa ni disfrutar de la nieve, como otras, y se vieron obligadas a quedarse en casa y a sufrir un nuevo confinamiento obligatorio que, hasta entonces, ninguna autoridad hubiere decretado. El hashtag #YoMeQuedoEnCasa pareció trastocarse para algunos, los de siempre, en #SinSalirDeCasa. Para los primeros, los invidentes, la ciudad se había convertido en un territorio inexorable, ni ayudados con su bastón ni otros con su perro-guía. Los primeros días pudieron aventurarse algunos metros en la nieve, cuando esta estuviere aún blanda; pero no los siguientes con el hielo por miedo a las caídas. Peor aún lo hubieren los discapacitados en sillas de ruedas. Querían salir, deberían salir, con total autonomía, como antes, pero los elementos se lo impedían. Los vecinos les decían: “No puede, no puede…” “Salgo porque lo necesito, porque quiero…”, respondían, “porque nada ni nadie me lo pueden impedir”. Sí: los elementos se lo impedían; solo ellos, los olvidados de siempre, con sus bastones para guiarse, su perros-guía de ayuda o sus sillas de ruedas…

    Ahora no fuere ya la nieve ni nuevas restricciones impuestas por las autoridades al repunte de la pandemia. Para ellos, como para tantos otros autónomos per se, fueren elementos ajenos a su voluntad y autonomía los que trastocaron sus planes del día a día. Con acerados y calles impracticables, sin medios de trasporte adecuados, su aislamiento fuere doble: han pasado del hashtag #YoMeQuedoEnCasa al #SinSalirDeCasa, un doble confinamiento obligado por los efectos colaterales de Filomena


viernes, 12 de febrero de 2021

RESTRICCIONES PECULIARES EN LA PANDEMIA



Queda prohibido encender la televisión con voz y poner música ambiente en los espacios abiertos al público.” Esta medida, contemplada en el Anexo 1 (Establecimientos de hostelería y restauración), 1.2, c, del Acuerdo de 10 de febrero de 2021, del Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura, por el que se establecen, mantienen y flexibilizan medidas especiales y excepcionales de intervención administrativa en relación con los establecimientos de hostelería y restauración (DOE, suplemento número 28, de 11 de febrero de 2021) no la habíamos visto nunca en el capítulo de medidas excepcionales durante la pandemia o en cualquier otra situación de carácter excepcional.

    El consejero de Sanidad, que sintetizó las medidas en su intervención del pasado miércoles ante los medios de comunicación, que entran en vigor hoy viernes, explicó el porqué de esta prohibición: por la emisión de aerosoles a través del habla y sin mascarilla que supone en los citados locales tener encendida la televisión con voz, además de la música ambiente.

    El doctor Vergeles habla alto y claro, al contrario que el doctor Simón al que para oírle, más aún para escucharle, hay que tomar el mando y subir el tono de voz de la televisión si deseamos enterarnos de lo que dice. El primero busca entre los folios y sistematiza lo más importante que todos deben conocer; al segundo no le hacen falta folios; más bien le falta la voz.

    Jamás pudimos sospechar que, entre las medidas anunciadas por el consejero de Sanidad, se iba a descender al problema de la voz elevada de la televisión en los bares o de la música ambiente en las terrazas. ¡Tantos años esperando la medida sin verla…! Al espectador no le basta con ver, sino que tiene que oír al locutor, y hacer él mismo su papel de intérprete de la realidad que todos vieren y, por supuesto, cantar los goles, festejarlos como ellos tan bien saben: brazos en alto, con abrazos, besos y achuchones mil porque, sin ellos, el gol no lo fuere. ¡Hay que cantarlo para creerlo! No hace falta que el árbitro lo dé por bueno, o que el VAR lo ratifique, ni que el locutor lo cante. Es preciso el acompañamiento para creérselo, y pedir otra copa para festejarlo, despojarse de la mascarilla y asumir el papel de segundos cronistas para que todo el mundo se entere de lo que sabemos del mundo del fútbol, que apasiona tanto como enloquece, sin que nada nos fuere en el envite de los contendientes.

    Hace años, en un bar de mi predilección, iba un sábado por la tarde a ver el partido. A esas horas, se llenaba de parejas que charlaban distendidamente. El dueño ponía el partido, pero sin voz. Le pregunté sobre el porqué de la medida y me respondió: vea usted: aquí nadie viene a ver el fútbol; vienen a hablar y quien desee verlo, que mire. Ver el partido en esas circunstancias es quedarse a medias porque obligaría a estar mirando la tele continuamente y cuando a uno le daba por mirar, ya iban 2-0, sin que él se hubiere enterado. En otros bares, las medidas fueren las contrarias: no solo ponían el fútbol en la tele, sino con la música enlatada que los jóvenes camareros se encargaren de poner, ahora a través del ordenador, aun antes de ponerse el mandil. Interrogados los camareros de antes de los tiempos del cóvid-19, te decían cosas dispares. Uno te decía que ponía la música “para no oír conversaciones ajenas” (que usted no debe oír ni escuchar y, menos aún, contar, porque estaría faltando a su secreto profesional, le respondía). Otro, en cambio, me dijo que “aquí siempre se pone la música por mandato del amo, a no ser en los partidos del Madrid o del Barça”, justificando la medida en que su bar se llenare para ver, y oír, los partidos que disputaren ambos clubes tan sagrados del orbe patrio.

    Este verano, tras el confinamiento, me acerco al atardecer a un bar próximo para relajarme viendo un partido. Antes de entrar, oigo una música discotequera que llenaba el ambiente y que obliga a los clientes a hablar en alta voz para hacerse entender. Pregunto al joven camarero si el bar era una discoteca, y me lo niega. ¡Ah, es que yo venía para ver el partido, pero con esta música…! Ni sabía qué partido se televisare ni por qué cadena fuere. Lo único que sabía era que la música tenía que estar puesta a tope para crear ambiente y obligar a hablar a la clientela cien veces más alto que el doctor Simón, peculiar cronista de la pandemia y de sus avatares diarios desde la primera ola. Habló con el dueño, quien le invitó a poner el partido con voz y retirar la música. Conocí otro bar caído en desgracia por poner los partidos sin quitar la música, que tanto molestare a los espectadores de fútbol. “¡Señorita!, ¿no va a quitar la música?” “No, no”, respondía aquella así apelada. “Es una orden del dueño”, por supuesto señorito, como ella. Y aquellos espectadores, caballeros y presuntos espectadores del clásico entre los clásicos, se marcharon y no volvieron. Y el bar hubo que cerrar por su mala cabeza e ignorar los gustos de su clientela.

    Hay una cultura de la tele en el bar que no se concibe sin música aparte que acompañe la voz del cronista, que no oímos, para recrear el ambiente que nos impide hablar si no lo hacemos en alta voz. Como si no hubiéramos bastante con los pilotos que circulan por las calles con el escape suelto de sus motos o con la música en alta voz puesta en sus vehículos, con las ventanas bajadas, para que todo el mundo oiga lo que no debiere, a más velocidad de la debida y con más decibelios de los permitidos; pero a esos no se les multa, como a los anatematizados bares de La Madrila en Cáceres. En fin, ver para oír, oír para no ver, ni fútbol sin espectadores ni toros que ya no volvieren a las plazas, para más desgracia de los ganaderos que los criaren para ser corridos por las calles y toreados en las plazas. Ya no hay fiestas nacionales ni cualquier símbolo que se le parezca, porque están prohibidos, como la música en los bares o la tele con voz… ¡Ay, España, cuánto has cambiado tras la pandemia!, “esta España mía, esta España nuestra. /Dónde están tus ojos, dónde están tus manos, dónde tu cabeza…”, que cantare Cecilia. Ya llegará la cuarta ola, como ha pronosticado el doctor Simón, y entonces os dirán… dónde están vuestros ojos, manos y cabezas…, si tenéis ojos para ver, oídos para oír y cabezas para pensar…


martes, 9 de febrero de 2021

CRÓNICA DE LA CIUDAD DE TRUJILLO



  

  Antes de la aparición del periodismo moderno y la sistematización de la crónica como género periodístico, se consideraba cronista al escritor de un lugar (pueblo o ciudad) que narraba los hechos que consideraba dignos de recuerdo, de pasar a la historia, registrados en el tiempo. El cronista oficial es historiador, cronista del pasado; el cronista local, el periodista, es el historiador del presente. Los cronistas municipales dan a conocer hechos y difunden fechas, personajes, tradiciones y costumbres que dieron fisonomía al municipio a lo largo de la historia. Para algunos, la figura del cronista oficial carece de valor en la actualidad. Otros, en cambio, apuestan por mantener su figura.

Entendemos por crónica un género literario incluido en la historiografía que consiste en la recopilación de hechos históricos narrados en orden cronológico. La palabra viene del latín cronica, que a su vez procede del griego cronos; es decir, tiempo. Hacia 1870, año en que el autor inicia la Crónica de la ciudad de Trujillo [1], aparece el periodismo informativo como un fenómeno definido, que coexiste durante cierto tiempo con el periodismo de corte ideológico. En este contexto, el profesor Martínez Albertos define la crónica como una narración directa e inmediata de una noticia con ciertos elementos valorativos, que siempre deben ser secundarios respecto a la narración del hecho en sí, y que intenta reflejar lo acontecido entre dos fechas. [2]

Pues bien, el cronista oficial de Trujillo (Cáceres) y asesor histórico-artístico del Ayuntamiento de la citada ciudad, José Antonio Ramos Rubio, ha realizado un largo excurso sobre la historia de la ciudad, pasando de ser cronista del pasado a cronista del presente, como un historiador y periodista que, aunque no haya vivido todos los hechos que recoge en su crónica, los conoce y los revive en las crónicas de los periódicos de la época que recopila en su Crónica de la Ciudad de Trujillo. Así, refleja en esta obra la vida en la ciudad de Trujillo teniendo como referente las miles de páginas de la revista “Comarca de Trujillo”, “Mi Larguero y Yo” (1886), “El Mercantil” (1892-1893), “La Defensa” (1893), “La Razón” (1893), “La Región” (1896-1900), el primer periódico que recogía noticias de la comarca; “El Cornetín” (1897-1898), “El Binomio” (1899-1900), “El Eco Extremeño” (1899), “La Voz de Trujillo” (1901-1902), “El Eco de Trujillo” (1902), “La Unión Republicana” (1903-1905), “El Campeón” (1905-1907), “El Obrero” (1905), “La Opinión” (1908-1974), “El Adelanto” (1915), “Voz Regional” (1919), “Ensayos (1922), revista quincenal ilustrada de arte y literatura; “La Muralla” (1932-1936), “Campo” (1933), hoja informativa del Instituto Laboral de Trujillo; “Semilla” (1953), boletín informativo del Instituto Laboral; “Adelante” (1955) y “Trigo” (1977).

Según el autor, “el historiador se encuentra impotente para recorrer la diversidad fenomenológica de los acontecimientos… Tenemos la mala costumbre de ser historiadores de tiempos lejanos y estamos sitiados por el período que no estudiamos: el nuestro. Ante esta obra, reconoce, me he enfrentado a una dificultad: relatar una historia que he vivido, convirtiéndome en historiador de mis propios testimonios”.

Trujillo es, en efecto, como señala el autor, “una crónica histórica de memorias”. La ciudad del monumento a Pizarro, el hijo más ilustre de la ciudad, fue inaugurado el 2 de junio de 1929, gracias a los buenos oficios del duque de Alba, con asistencia del rey Alfonso XII, el general Primo de Rivera y la viuda del escultor, Mary Harrimann, quien descubrió la escultura. Trujillo es la ciudad de la feria agroganadera, que se celebra desde 1979 en el Mercado Regional de Ganados que, además del ganado ovino y bovino, acoge también a caballos de pura raza española. La ciudad donde fallece un héroe del 2 de mayo de 1808, el teniente Ruiz de Mendoza, que murió en la ciudad el 14 de mayo de 1809 por herida de bala y cuyos restos fueron trasladados a Madrid al monumento erigido en la Plaza del Rey en su honor, tras su exhumación en la iglesia de San Martín.

Trujillo no se entiende sin su patrona, la Santísima Virgen de la Victoria, su fiesta festiva por excelencia, coronada en 1954 por el nuncio en España, monseñor Cicognani. En 1961, por iniciativa don Ramón Núñez, se bajó la Virgen desde el castillo y con toda la ciudad en la plaza, se le cantó por primera vez la Salve. En 2003 se celebraron durante todo el año actos con motivo del cincuenta aniversario de la coronación canónica.

Trujillo fue menos ciudad de lo que pudo ser si se hubiera llevado a cabo el proyectado ferrocarril Cáceres-Trujillo-Logrosán, cuya línea quedó inconclusa una vez iniciadas las obras, tras colocarse la primera piedra el 28 de enero de 1912. Don Juan Tena es otro nombre de la historia de la ciudad: fundador de la Congregación Hijas de la Virgen de los Dolores, escritor, académico, correspondiente de la Real de la Historia y archivero de Trujillo. El Palacio de Lorenzana acoge la sede de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, cuyas obras de restauración se iniciaron en 1983, inaugurada por Su Majestad la Reina doña Sofía el 9 de octubre de 2000. El mismo día, Su Majestad el Rey don Juan Carlos inauguraba la factoría Navidul, dedicada a la fabricación de productos del cerdo ibérico.

La crónica de Trujillo no se entiende sin los Coloquios Históricos de Extremadura que, organizados por el CIT en 1971, vienen celebrándose desde entonces; ni los tres Días de Extremadura celebrados en la Plaza Mayor en 1983,1984 y 1985. Tampoco sin la Feria Nacional del Queso, inaugurada en 1986 en la plaza, que ha potenciado el sector quesero, impulsado el turismo y la instalación de empresas del sector, sin olvidar tampoco su tradicional Chíviri, Fiesta de Interés Turístico, que arranca de tiempos decimonónicos, y la Semana Santa Trujillana, ambas fiestas de Interés Turístico Regional. [3]

En 1987 se inauguraban las primeras salas de la Fundación Xavier de Salas, que ha acercado al público la riqueza histórica de España e Iberoamérica. La Obra Pía de los Pizarro, que tiene su sede en el palacio de los Barrantes-Cervantes, que don Hernando Orellana-Pizarro, titular del Patronazgo, ha puesto en marcha tal y como estipularon sus antepasados los Pizarro conquistadores, realiza una gran labor en beneficio de la cultura y del patrimonio histórico-artístico de la ciudad.

Trujillo es, en fin, la ciudad donde tuvo lugar la firma del protocolo de fusión de Caja Plasencia y Caja Cáceres, en enero de 1989, dando lugar a Caja Extremadura; la sede del Museo del Traje de Enrique Elías, gracias a la iniciativa del prestigioso modista trujillano de su nombre. Trujillo recibe el título de Excelencia en 1892 por la reina María Cristina [4] y de Insigne y Muy Heroica en 1997 por la Junta de Extremadura. [5] Y Trujillo es, en fin, sede un Centro de Alta Resolución, que cuenta con Cirugía Ambulatoria, policlínica y consulta de especialidades, medios diagnósticos y servicios de urgencia, inaugurado en mayo de 2009, en la que el propio cronista y sus padres forman parte de esa crónica viva. (Prólogo al libro Crónica de la ciudad de Trujillo (comprendida entre los años 1870-2020, de José Antonio Rubio Ramos).

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[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio: Crónica de la ciudad de Trujillo (comprendida entre los años 1870-2020), Tau Editores, Cáceres, 2020, 228 págs.

 [2] Vid.: Martínez Albertos, José Luis: Redacción periodística (Los estilos y los géneros en la prensa escrita), A.T.E, Barcelona, 1974, págs. 71 y 77.

 [3] Vid.: Orden de 1 de octubre de 2012 por la que se declara Fiesta de Interés Turístico de Extremadura la fiesta “Semana Santa Trujillana” en la ciudad de Trujillo, en DOE núm. 200, de 16 de octubre de 2012.

 [4] Vid.: Real Decreto de la Reina Regente María Cristina, “en nombre de mi Augusto Hijo el Rey D. Alfonso XIII, queriendo honrar la memoria de D. Francisco Pizarro, natural de Trujillo, conquistador del Perú, con motivo del cuarto Centenario del descubrimiento de América, vengo en conceder al Ayuntamiento de Trujillo el tratamiento de Excelencia”, en la Gaceta de Madrid, núm. 290, de 16 de octubre de 1882.

 [5] Vid.: Orden de 6 de febrero de 1997, por la que se aprueba el título honorífico para la ciudad de Trujillo, en DOE núm. 31, de 13 de marzo de 1991.


viernes, 5 de febrero de 2021

UNA MUCHACHA EN EL BALCÓN



La veía todas las tardes, a las ocho, en su balcón. Durante el confinamiento, salía a su terraza para aplaudir a los sanitarios. Nos despertaba del sopor del encierro algún mozo que, unos balcones más abajo, pusiere a todo volumen la canción del Dúo Dinámico “Resistiré”, número uno de los “40 Principales” en la primera primavera del cóvid-19, en 2020. Aplaudía a rabiar. Siempre sola, pero sintiéndose acompañada en la solidaridad vecinal. Nuestras miradas se cruzaban tan solo al mirar a la derecha, porque a la izquierda teníamos el parque y una calle vacía.

            Recuerdo el día que, en la desescalada, el Gobierno autorizó la salida de los niños de paseo, acompañados por alguno de sus progenitores. Hacía tiempo, desde mediados de marzo, que no les veíamos. Cerrados los colegios, les echábamos de menos por las mañanas y a primeras horas de la tarde, ir a su cole y volver. Estaba como siempre en su balcón. De pronto, oyó cómo unos niños preguntaban a su madre, bajo su acera, cosas que hacía tiempo que no vieren.

         --Mamá: ¿por qué no hay nadie en la calle?

         --Mami: ¿dónde está la gente…?

La gente estaba recluida en sus casas, sin salir ni siquiera de paseo. Preguntádselo al Gobierno y a los sanitarios, que mejor que no los veáis. Solo los afortunados y las mujeres sacaban a sus mascotas de paseo mañana y tarde; pero los niños habían desaparecido del mapa. La soledad era dueña del ambiente en la ciudad confinada y, sin los niños, muerta. La muchacha del balcón pasaba muchas horas asomada a él, como si quisiere sentirse arropada en su soledad. De pronto, al oír a los niños, rompió a aplaudirles ante el asombro de su madre y de ellos mismos. Me atrajo ese arranque de voluntad por la vida, esa punta de alegría por la tierna vida que no veíamos hacía tiempo. Quizá la muchacha del balcón no fuere madre para sentir lo que manifestare desde sus adentros.

Un día, nuestra vecina de enfrente tornaba a saludarnos una y mil veces, como si nos reconociere, como cada tarde. No sabíamos si su saludo fuere para nosotros. Le respondimos con la mirada, mientras seguíamos con el aplauso. Todas las tardes que siguieren a aquella tornábamos nuestra mirada al balcón. Nunca más volvió a mirarnos, quizá por el desaire de no responderle a su saludo.

Creíamos que viviría sola. Sentiría su soledad, la pesadumbre del encierro. Por ello, estaba asomada tantas horas en su balcón. Cuando concluyó el confinamiento, miramos de nuevo a él. Una ventana permanecía abierta; pero, por la noche, no se veía luz alguna. La muchacha de nuestro balcón de enfrente, a la derecha, había desaparecido. El resto de la primavera, el verano, el otoño y lo que llevamos de invierno, (pronto hará un año) no ha vuelto a aparecer. Quizá se haya ido al pueblo, a una casa de campo, a otro lugar en el que respirar más y poder pasear sin que nadie se lo impida ni la moleste; a lo mejor para hablar con alguien y dar rienda suelta a sus sentimientos…, para vivir en libertad como las aves no sujetas a confinamiento, como el niño ni el perrito que no hubiere para sacarlos de paseo.

Ahora, casi confinados, echo de menos la alegría de aquella muchacha que no he vuelto a ver en su balcón. No ha retornado a tener vida sin ella, como tantos comercios y bares cerrados, desaparecidos, con la puerta echada… No me acostumbro sin ver su figura ni su mirada y la de tantos como se nos fueren. Los aplausos se han apagado; pero quizá no se hubiere apagado su libertad, su sonrisa, el reconocimiento para quien la recibiere. ¿Dónde, en qué otro balcón, estuviere hoy asomada, cuando, pasada la primera ola, nos encontramos ya en la tercera y ella sin volver a asomarse para ver la luz que un día viere, como los niños que pasearen bajo su casa? No quisiere pensar que se haya bajado de su balcón, sino que se marchare a otro confín de la tierra, aun con mascarilla, donde las paredes de su casa no la asfixiaren, aunque hubiere un balcón para ver su pequeño mundo, solitario, vacío, sin niños, sin otra vida a la que asirse más que la propia…, en la cárcel de su propia casa, sin ni siquiera infantes o animales de los que ocuparse y con los que jugar…, todo el día oyendo hablar de lo mismo, sin que ella lo padeciere, aunque sufriere,  al recordar a tantas víctimas sin nombre, pero con familiares que no les olvidaren.