miércoles, 6 de mayo de 2026

IN MEMORIAM GREGORIO MARTÍN MIGUEL, PÁRROCO DE GALISTEO Y ALAGÓN DEL RÍO


Gregorio Martín Miguel, párroco de Galisteo y Alagón del Río, falleció ayer en su localidad natal, La Granja, a los 76 años de edad, donde esta tarde tendrá lugar el funeral por su eterno descanso en la iglesia de Santa María Magdalena.

“Goyo”, como era conocido popularmente, cursó los estudios de Latín y Humanidades en el Seminario Menor de Coria (1961-1965), que prosiguió en el Seminario Mayor de Cáceres, junto a los de Filosofía y Teología. Ordenado sacerdote el 8 de julio de 1973, fue cura ecónomo de Cambroncino y encargado de Vegas de Coria, responsable del equipo pastoral de la zona del Alagón,  ecónomo de El Batán y de Alagón y coadjutor de Montehermoso. En sus últimos años ejercía como párroco de Galisteo y de Alagón del Río, donde residía y atendía a su feligresía a la par que al cuidado de sus parcelas que le daban los frutos de la tierra que compartía con sus amigos y feligreses.

Durante años, Gregorio Martín Miguel ofició la misa de la festividad de Todos los Santos en Granadilla, a la que acudían los hijos y ascendientes del pueblo para recordar a sus difuntos, por su cercanía a los residentes en la que fue pedanía de Galisteo y en la que residían muchos oriundos de la villa expropiada por el pantano de Gabriel y Galán.

Durante su estancia en el Seminario Menor de Coria, un 7 de diciembre de 1964, víspera de la Inmaculada, patrona del centro, sufrió un accidente al tirar un cohete en La Isla, que prendió las carretillas que guardaba en uno de sus bolsillos del pantalón, sufriendo quemaduras de importancia, de las que fue asistido en primera instancia en la enfermería del Seminario y trasladado al Hospital Provincial de Cáceres, acompañado por su superior, Florentino Muñoz, entonces superior del centro y posteriormente, canónigo doctoral de la Concatedral de Cáceres, fallecido el 4 de marzo del pasado año, a los 83 años, en esta ciudad.

La última vez que le vi fue en la misa crismal del Miércoles Santo en la catedral de Coria cuando, al hacer su entrada en primer templo de la diócesis para asistir al oficio religioso, se sorprendió al verme sentado junto a mi hermano antes de dar comienzo el oficio presidido por el obispo.

Descanse en paz quien entregó su vida a la Iglesia diocesana y a los pueblos del Valle del Alagón. 


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