Gregorio
Martín Miguel, párroco de Galisteo y Alagón del Río, falleció ayer en su
localidad natal, La Granja, a los 76 años de edad, donde esta tarde tendrá lugar
el funeral por su eterno descanso en la iglesia de Santa María Magdalena.
“Goyo”,
como era conocido popularmente, cursó los estudios de Latín y Humanidades en el
Seminario Menor de Coria (1961-1965), que prosiguió en el Seminario Mayor de
Cáceres, junto a los de Filosofía y Teología. Ordenado sacerdote el 8 de julio
de 1973, fue cura ecónomo de Cambroncino y encargado de Vegas de Coria,
responsable del equipo pastoral de la zona del Alagón, ecónomo de El Batán y de Alagón y coadjutor de
Montehermoso. En sus últimos años ejercía como párroco de Galisteo y de Alagón
del Río, donde residía y atendía a su feligresía a la par que al cuidado de sus
parcelas que le daban los frutos de la tierra que compartía con sus amigos y
feligreses.
Durante
años, Gregorio Martín Miguel ofició la misa de la festividad de Todos los
Santos en Granadilla, a la que acudían los hijos y ascendientes del pueblo para
recordar a sus difuntos, por su cercanía a los residentes en la que fue pedanía
de Galisteo y en la que residían muchos oriundos de la villa expropiada por el
pantano de Gabriel y Galán.
Durante
su estancia en el Seminario Menor de Coria, un 7 de diciembre de 1964, víspera
de la Inmaculada, patrona del centro, sufrió un accidente al tirar un cohete en
La Isla, que prendió las carretillas que guardaba en uno de sus bolsillos del
pantalón, sufriendo quemaduras de importancia, de las que fue asistido en
primera instancia en la enfermería del Seminario y trasladado al Hospital
Provincial de Cáceres, acompañado por su superior, Florentino Muñoz, entonces
superior del centro y posteriormente, canónigo doctoral de la Concatedral de
Cáceres, fallecido el 4 de marzo del pasado año, a los 83 años, en esta ciudad.
La
última vez que le vi fue en la misa crismal del Miércoles Santo en la catedral
de Coria cuando, al hacer su entrada en primer templo de la diócesis para
asistir al oficio religioso, se sorprendió al verme sentado junto a mi hermano antes
de dar comienzo el oficio presidido por el obispo.
Descanse
en paz quien entregó su vida a la Iglesia diocesana y a los pueblos del Valle
del Alagón.

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