miércoles, 14 de agosto de 2019

IGNACIO SUÁREZ SOMONTE, DIRECTOR GENERAL DE PRIMERA ENSEÑANZA E HIJO PREDILECTO DE MÉRIDA





Ignacio Suárez Somonte (Mérida, 31/07/1875-11/10/1951) fue catedrático de Matemáticas, diputado en Cortes durante dos legislaturas, director general de Primera Enseñanza con Primo de Rivera en 1925, miembro de la Junta de construcción de la Ciudad Universitaria y director del Instituto "Cardenal Cisneros" de Madrid y autor de varios libros de texto: Aritmética, Nociones de Geometría y Nociones y Ejercicios de Aritmética y Geometría, un Tratado de Álgebra y otro de Álgebra y Trigonometría, e hijo predilecto de Mérida en 1921.

Este ilustre pedagogo emeritense nació en la calle Nueva, según recoge en su libro el investigador Navarro del Castillo[1]. Fue el segundo de los cinco hijos de la familia. Su maestro de primaria, don Manuel Guerrero, observó en su alumno una inteligencia nada común y recomendó a sus padres que le dieran estudios superiores si les era posible y estos le contestaron que, con sus escasos haberes, no podían. Suárez Somonte también se dio cuenta de que en los libros podría cimentar su porvenir. En vacaciones pasaba largas temporadas en una casa de campo de Mirandilla de la que sus tíos eran los encargados. Allí dedicaba las noches a estudiar hasta que se acababa el aceite del candil. En 1887, el Ayuntamiento anunció un concurso para otorgar una beca al mejor alumno de las escuelas primarias de Mérida, que logró Ignacio entre los ocho presentados. Con la beca, se matriculó en el colegio Torrejón, simultaneando sus estudios con el empleo de mancebo en la farmacia de don Juan Valverde Lillo. Terminado el bachillerato a los 17 años, fue contratado como profesor en el citado colegio. Llamado a filas en 1885, fue destinado a Sevilla, donde compaginó sus tareas con los estudios en la Facultad de Ciencias de la Universidad hispalense. Obtuvo tres matrículas de honor y sobresaliente en las asignaturas de primero y sus compañeros le dieron un modesto banquete. Enterado el general Polavieja de la valía intelectual de su soldado, le nombró ordenanza del archivo y profesor del cuerpo de sargentos. Trasladado a Madrid por la influencia del citado general, ingresó en el Ministerio de la Guerra en calidad de ordenanza del archivo y obtuvo una beca en la Universidad Central. Con los diez reales diarios de su beca, pudo proseguir la carrera y ayudar a su familia con 75 pesetas mensuales. Finalizada la carrera, se colocó como profesor de Matemáticas en el Colegio de Figueroa. Más tarde gana la plaza de catedrático de Matemáticas en el instituto de Cuenca frente a otro opositor. En 1898 logra la cátedra del Instituto Cardenal Cisneros de Madrid y se lo comunica al ayuntamiento, que le felicita. Años después pasaría a ser secretario del centro y muerto su director, fue nombrado para sustituirle.

Además de director, fue también director general de Enseñanza Primaria en el gobierno de Primo de Rivera, decano del Colegio de Licenciados de Madrid y diputado a Cortes por Teruel durante dos legislaturas por el partido de Maura, en el que militaba.

El 27 de febrero de 1921, tras lograr su acta de diputado, Mérida le ofreció un homenaje junto al también pedagogo e hijo predilecto Vicente Delgado Valencia. Tras él se descubrió una lápida en la casa en que nació con la siguiente inscripción: “En esta casa nació el ilustre pedagogo y director del Instituto Cisneros de Madrid. 27-2-1921” El día 28, el Liceo emeritense le ofreció un banquete como socio honorario del mismo.

Como diputado, logró la construcción de la carretera de Mérida a Alange y la concesión de fondos para la terminación de la parroquia de Santa Eulalia. En el citado acto del homenaje, el diputado de su partido Antonio Pacheco anunció que se había firmado el inicio de las obras del nuevo cuartel de artillería. Asimismo, durante el homenaje se le entregó un pergamino con el nombramiento de hijo predilecto de Mérida.         

Fue condecorado con la Gran Cruz del Mérito Naval y la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. Falleció el 11 de octubre de 1951, a los 86 años, en la casa de don Andrés Valverde. La alcaldía declaró día de luto local el 12 de octubre. El diario ABC del día 13 le dedicó una semblanza, al ser su hijo político, Benito Pico, consejero de Prensa  Española. Estuvo casado dos veces: con doña María Brocal, que falleció a temprana edad y le dio un hijo, Ignacio, y con la argentina doña Isabel Martínez Pasarón, antes casada con el también argentino señor Picó, que aportó al matrimonio tres hijos y tuvo con ella otros tres: Marita, Isabel y Clemente.

El 30 de enero se inauguró en la calle Nueva un colegio que después llevaría su nombre que, durante la República, se llamó “14 de abril”, hasta la entrada en la ciudad de las tropas nacionales, que le devolvieron su primitivo nombre.[2]

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[1]  Vid.: Navarro del Castillo, Vicente: Historia de Mérida y pueblos de su comarca, T. III, Familias e hijos ilustres de Mérida,  siglos XV al XX, págs. 338-341.
[2]  Vid.: La enseñanza pública en Mérida (I), en El Periódico Extremadura, de 14/09/2003.
 

lunes, 12 de agosto de 2019

JOSÉ ANTONIO GARCÍA BLÁZQUEZ, UN PLACENTINO PREMIO NADAL 1973



           José Antonio García Blázquez (Plasencia, 29/04/1940) es un escritor y traductor placentino, que obtuvo el Premio Nadal 1973 por su novela El rito. Estudió Filosofía y Letras en Madrid y se doctoró con una tesis sobre la estética de Óscar Wilde. Gran parte de su vida profesional la ha desarrollado en países extranjeros (Reino Unido y Suiza, principalmente) como traductor en organismos internacionales.
 
 
            Escribió su primera novela en 1966, Los diablos, con la que intentó sacar a la narrativa española del realismo social en que se encontraba, a la que seguiría con más éxito aún de crítica y público, No encontré rosas para mi madre (1968),  llevada al cine por Francisco Rovira Beleta e interpretada por Gina Lollobrigida y Concha Velasco, en 1972. [1] Desde entonces no ha dejado de publicar, gozando de gran popularidad también fuera de nuestras fronteras, ya que su obra ha sido traducida a varios idiomas. [2]
 
El rito, Premio Nadal, 1973
            En 1970 publica Fiesta en el polvo (1971), El rito (1974), su obra más famosa, que logró el Premio Nadal en 1973; Señora muerte (1976). Gonzalo Hidalgo Bayal (Higuera de Albalat, 1950), placentino de adopción, le define como "novelista del sujeto" por obras como Los diablos o No encontré rosas para mi madre. Sus personajes  --afirma-- suelen moverse por grandes ciudades: Nueva York, Madrid, Barcelona, París, o una recurrente Plasencia, con una "casa grande" que esconde el recuerdo de los juegos prohibidos de la infancia. [3]
            En la década de 1980 publicó Rey de ruinas (1981) La identidad inútil (1986), Puerta secreta (1993) y El amor es una tierra extraña (1996), En 2007 publicó La soledad del anfitrión, Amigos y otras alimañas, El maldito amor y en 1990, La costumbre de matar.   [4]
            "En un sistema repetitivo de valores como es el de García Blázquez, la casa y el río constituyen lo que W. Butler Yeats (Dublín, 1865) llama rulling symbols (símbolos de desplazamiento), escribe de su narrativa María Luisa Tobar. [5]
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[1] Vid.: Historias de nuestro cine, en Teleprograma, de Diez minutos, de 21/08/2018. "No encontré rosas para mi madre" fue una de las últimas películas que dirigió Francisco Rovira Beleta, quien también participó en la elaboración del guion de un largometraje basado en la novela de José Antonio García Blázquez. Coproducida por Italia, España y Francia, la película contó con un reparto muy internacional, con Concha Velasco y Maribel Martín como representación española como el elenco principal. Drama, 93 minutos.
 
[2] Vid.: Biografía de José Antonio García Blázquez, en Lecturalia, red social de literatura, comunidad de lectores y comentarios de libros.
 
[3] Vid.. Hidalgo Bayal, Gonzalo: Certificado de buena salud, en la revista El Urogallo, núm. extra 55, de diciembre de 1990.
 
[4] Vid. Ob. cit. de Lecturalia.
 
[5] Vid.:  Tobar, María Luisa, Universidad de Messina: El río y la casa, dos símbolos constantes en la narrativa de José Antonio García Blázquez, en www.cervantesvirtual.com.
 
 
Nota.-El mismo día de la publicación de este artículo biográfico, fallecía en el hospital de La Paz de Madrid el reconocido escritor placentino. (Véanse: Mateos, C: Muere el escritor placentino José Antonio García Blázquez, ganador del premio Nadal en 1973, en el Diario Hoy de 14/08/2019; y en el blog  de Álvaro Valverde, de 15/08/2019). El Ayuntamiento de Plasencia en pleno, en sesión celebrada el 6 de septiembre, acordó por unanimidad el cambio de nombre de la Biblioteca Municipal que, a partir de ahora, estará dedicada al escritor placentino José Antonio García Blázquez, fallecido el pasado mes de agosto. (Véase Diario Hoy de 07/09/2019).
 

domingo, 11 de agosto de 2019

PEDRO MARÍA PLANO Y GARCÍA, INDUSTRIAL, ALCALDE Y ERUDITO EMERITENSE

 

Pedro María Plano y García
(recogido de José María Álvarez Martínez
 en su ensayo. En el centenario de su muerte.
Pedro María Plano y su obra
 arqueológica en Merida)
 
           Pedro María Plano y García (Mérida, 29/09/1851-16/07/1900) fue un industrial, alcalde de la ciudad y erudito emeritense. Nació en el número 1 de la calle de Santiago, feligresía de la parroquia de Santa María, según su partida de nacimiento, inserta en el libro XIX de la misma, recogida por Navarro del Castillo en su obra sobre la historia de Mérida.[1] Era hijo de Alonso Plano, natural de Valverde de Mérida y materno de Vicenta García, natural de la ciudad.  Por la humilde condición de sus padres, según su biógrafo, no pudo cursar estudios superiores y, finalizada la primaria, se colocó a los 14 años como  auxiliar del Registro de la Propiedad de Mérida. Dada su afición a los libros se puso al día en contabilidad, prácticas mercantiles y francés. Después pasó a una oficina de una fábrica de tejidos en la calle de Cervantes y posteriormente se marchó a Valladolid para conocer el movimiento mercantil de la región. Al año regresó a Mérida y se dedicó al negocio de harinas y cereales. El 01/08/1878 contrajo matrimonio en la parroquia de Santa Olalla con la vecina de Mérida, Patrocinio del Puerto, con la que tuvo cuatro hijos. Logró tener una empresa propia encargada de varios cometidos, entre ellos una imprenta en la que se editaron valiosos libros referentes a la historia de Mérida, lo que le procuró una buena posición en la sociedad local, según su otro biógrafo, José María Álvarez Martínez, [2] quien subraya que, como político del Partido Conservador de Cánovas y amigo del académico de la Historia D. Vicente Barrantes llegó a ocupar el puesto de concejal del Ayuntamiento de Mérida hasta alcanzar la alcaldía de la ciudad (de 1887 a 1889), donde realizó una importante labor en materia de infraestructura ciudadana, así como una considerable actividad de puesta en valor y difusión de sus monumentos.
 
            Navarro del Castillo apunta que, a pesar de que no pudo cursar estudios superiores, sus inquietudes culturales, históricas y artísticas le llevaron a formar parte de cuantas sociedades emeritenses se preocupaban de estos temas: secretario de la Sociedad de Amigos del País, presidente del Patronato de la Sociedad para el Fomento del Arte de la Música, vicepresidente de la Comisión de Monumentos, delegado de la Cámara de Comercio de Badajoz, presidente de algunos de los casinos de la ciudad y director del periódico local El Emeritense.
            De 1887 a 1889 desempeñó la alcaldía de Mérida. En lo que fue convento franciscano de San Francisco se construyó el mercado de Calatrava. Niveló y adecentó la Plaza de la Constitución, al frente de la cual impulsó numerosas mejoras para la población, colocando en el centro la monumental fuente de mármol, traída de Lisboa, Construyó las casas-escuelas que llevan el nombre de Trajano, para lo que se derribó el antiquísimo palacio de los duques de la Roca, adquirido por el ayuntamiento. Sus inquietudes culturales le llevaron a publicar el trabajo Los males de la patria y sus remedios, que dedicó a Cánovas del Castillo; y en su imprenta  publicó en 1894 las historias de Mérida de Bernabé Moreno de Vargas, Agustín Francisco Forner y Segarra y de Gregorio Fernández Pérez. Sus méritos en el terreno cultural, histórico y artístico le llevaron a ser nombrado académico correspondiente de la Real Academia de San Fernando y de la Real Academia de la Historia y de que se le nombrase también comendador de la Orden de Isabel la Católica. Su mayor aportación a la historia de Mérida fue la redacción y publicación en 1894 de su obra Ampliaciones a la Historia de Mérida de Bernabé Moreno de Vargas, que en un principio pensó en llamar Epílogo. El objeto de esta historia era poner al día los documentos históricos posteriores a las pasados historiadores locales. En ella recoge los documentos posteriores a los referidos historiadores, describe el recinto de la ciudad moderna y aporta una extensa relación de inscripciones lapidarias, estudiadas por el P. Fidel Pita S. J. Para José Álvarez Saénz de Buruaga no es la obra de un historiador, sino más bien la de un recopilador de datos históricos.
            Con ocasión del famoso pleito entre Montijo y Mérida sobre el derecho de la villa montijana al disfrute de los aprovechamientos de las dehesas y baldíos comunales de Mérida, juzgado el 2 de junio de 1897 y que se perdió, Maura defendió a Montijo y Silvela a Mérida. Posteriormente, reunió una serie de documentos municipales en un pequeño trabajo que Silvela alabó diciendo que, si se hubiese puesto a su disposición en el momento oportuno, no se hubiere perdido el juicio. Por sus méritos y servicios a la ciudad, de la que también fue cronista, le nombraría hijo predilecto de la misma en 1898 y le dedicó una calle. Pedro María Plano falleció a los 48 años, el 16 de julio de 1900, dejando cuatro hijos.
            José María Álvarez Martínez escribió en el centenario de su muerte un extenso artículo sobre su obra arqueológica en Mérida,[3] de quien afirma que "su pasión fue Augusta Emerita, a cuyo estudio se dedicó con constancia y el impulso de la ciudad que le vio nacer", aunque alguna un tanto controvertida, como el edificio que actualmente ocupan las Escuelas Trajano, antes solar del Palacio del Duque de la Roca que, so pretexto de ruina, fue lamentablemente derribado. Para Álvarez Martínez, Plano se preocupó siempre por proteger el patrimonio arqueológico emeritense en unos tiempos difíciles. Pese a ello, pudo atender dos hallazgos puntuales como el de dos interesantes pavimentos musivos, uno aparecido en la calle de San Salvador y otro en la iglesia de Santa Clara. El más relevante en materia musiva, en el que tuvo una destacada actuación para su salvaguarda, se produjo en 1899 en los terrenos de la estación ferrocarril, al procederse a la construcción de una cochera para las locomotoras; el conocido pavimento firmado por Annibonius, con la escena del encuentro de Dionisios y Ariadna en Naxos, obra de la musivaria emeritense del siglo V d. C.  El propio alcalde se vio en la necesidad  de adelantar los gastos que ocasionaron su transporte al Museo.
            Una de las batallas más señaladas que libró Pedro María Plano en su lucha continua para poner en valor el yacimiento emeritense fue la relacionada con las excavaciones del Teatro romano. En su época de alcalde destinó una partida de 4.000 pesetas para continuar los trabajos del anfiteatro, pero la Subcomisión de Monumentos le puso el veto al considerar invadidas sus atribuciones. Otra de su destacadas actuaciones fue la de la restauración del "Obelisco de Santa Eulalia", erigido en 1652, para el que se aprovecharon una aras procedentes del Templo de Diana. Otra obra de envergadura acometida bajo su mandato fue el arreglo y limpieza de la conducción hidráulica de "Rabo de Buey-San Lázaro", deteriorada, con fugas del conducto en algunos tramos y que precisaba una limpieza general debido al sarro acumulado a lo largo del tiempo.
            En 1893 se produjo otro importante descubrimiento arqueológico: el de la calle del Portillo en la esquina con San José, al realizarse la edificación de las casas de D. Vicente Zambrano, en la que aparecieron elementos de arquitectura decorativa y esculturas, entre ellas la que contiene la inscripción referente a Agripa en su plinto y algunos togados firmados por Gaius Aulus. La labor de Pedro María Plano en la tutela del patrimonio arqueológico emeritense se centró igualmente en el impulso del Museo. Su obra más importante, por la que pasó a la historiografía arqueológica emeritense es, para Álvarez Martínez,  sus Ampliaciones y por el impulso que dio a la publicación de las historias de Mérida, una obra útil en lo referente a la situación de la arqueología emeritense a finales del XIX.
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[1] Vid.: Navarro del Castillo, Vicente:  Historia de Mérida y pueblos de su comarca, T. III. Familias e hijos ilustres de Mérida, siglos XV al XX, págs. 327-330.
 
[2] Vid.:  Álvarez Martínez, José María: Pedro María Plano García, en Diccionario biógráfico español de la Real Academia de la Historia.
 
[3] Vid.: Álvarez Martínez, José María: En el centenario de su muerte. Pedro María Plano y su obra arqueológica en Mérida, Anas-13, 2000, págs. 7-21.