lunes, 2 de noviembre de 2026

LOS SERES QUERIDOS


Aspecto del cementerio de Coria

    Hay una diferencia sustancial que a muchos induce a la confusión. Una cosa es el Día de Todos los Santos, en el que la Iglesia celebra a todos ellos, canonizados o no, que gozan de la vida eterna en la presencia de Dios (1 de noviembre) y otra fuere el Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre), dedicado a orar por las almas de los seres queridos y de los fieles que han fallecido. El día 1 conmemoramos la santificación de los difuntos y el 2, a rezar por los fallecidos.

    Las visitas multitudinarias a los camposantos el día 1, al ser festivo, o “puente” en algunas comunidades porque, como ayer, cayera en domingo, confunde a muchos a pensar que el día de los difuntos es el 1 y no el 2.

    La expresión seres queridos es la combinación de dos palabras (ser y querido, sustantivo y adjetivo, respectivamente) que pronunciamos o escribimos como si fuere una sola a la hora de dar el pésame a los familiares de los difuntos. Las vemos y oímos casi todos los días, especialmente cuando nos lo requieren catástrofes con decenas de muertos que acongojan el corazón, como el reciente accidente ferroviario de Urda (Toledo) o de personas muy queridas, respetadas o reconocidas socialmente.

    Los pésames de carácter institucional o corporativo incluyen casi todos la locución: “En nombre del Gobierno, reciba nuestra más sinceras condolencias por el fallecimiento de (nombre del fallecido o fallecida), extensivo a su familia y seres queridos en estos momentos”; los de tono protocolario: “Ante el lamentable fallecimiento de (nombre), le expresamos nuestro más sentido pésame, con la esperanza de que los momentos compartidos sean refugio de paz para su familia y seres queridos”.

    La locución subsume una referencia implícita a la pérdida de una persona y otra emocional que ilustra la primera acepción. Es decir, cuando nos referimos a los “seres queridos” aludimos a los difuntos, aunque aquélla abarque más allá de la consanguinidad, incluyendo en ella a parejas o amigos íntimos, sinónimos y afines más habituales: familiares, parientes, allegados, amados, estimados, cercanos…

    El ser es el ente, la criatura, la persona, el sujeto, la vida, la existencia, y querido, como participio del verbo querer, es la persona a la que amamos, con la que mantenemos un vínculo matrimonial, aunque se utilice también como fórmula de trato afectuoso (mi querido amigo) o vocativo (por favor, querida).

    Es decir, la locución la utilizamos más para referirnos a los difuntos que a los vivos, como si solo aquellos, por el hecho de no estar ya con nosotros, fueren los únicos seres queridos, cuando estamos rodeados de ellos por todas partes: querida mía, querido mío…, cuánto te amo…, quizá hasta que la muerte nos separe, en que ya seremos los seres queridos.

     


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