martes, 6 de diciembre de 2022

ÁLVAREZ MARTÍNEZ PREGONA LA FIESTA DE SANTA EULALIA Y EL AÑO JUBILAR


    El presidente honorífico de la Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia, doctor José María Álvarez Martínez, reivindicó hoy, durante su pregón de la fiesta de la patrona de Mérida, Santa Eulalia, la configuración de una ruta religiosa “que muestre los valores de nuestra espiritualidad a través de los siglos, feliz iniciativa de nuestro ayuntamiento” para impulsar la presencia de peregrinos en la Basílica eulaliense, abierta a las visitas. A tal efecto, consideró del mayor interés que pueda señalarse la situación del martyrium, donde se conserva la memoria histórica de Santa Eulalia, “de una manera sencilla, pero bien significativa, por medio de una llama que arda perennemente, lugar oportuno del íntimo encuentro entre el peregrino y la santa”.

    El cronista oficial de Mérida abogó también por aprovechar la importancia que ha tomado el Camino Mozárabe a través de la Vía de la Plata, “uno de cuyos jalones más importantes es precisamente el hito que marca nuestra ciudad”. Sustentó esta afirmación por los cientos de peregrinos que acuden a Mérida y admiran el conjunto monumental, aunque muchos de ellos no conocen el culto a “nuestra patrona”.

    Al referirse al Año Jubilar “por concesión impagable del Vaticano, un auténtico privilegio concedido por la Santa Sede, que reforzará la importancia de su culto”, hizo hincapié en la programación del Consejo Eulaliense, a propuesta de la Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia, como el análisis de los caminos de la peregrinación; la difusión de los valores de Santa Eulalia; Coloquios que aborden el origen del Cristianismo y del culto a la patrona; exposiciones, ediciones de la temática eulaliense; encuentros con ciudades a las que une este vínculo espiritual; proyectos de dignificación de los lugares eulalienses, aludiendo al Humilladero, “cuya presentación no tiene la dignidad que merece”; el rescate de nuestras más preciadas tradiciones, conciertos, representaciones de la vida y martirio de la santa, porque la difusión de estos actos “pondrá a Mérida, y sobre todo a su egregia patrona, en un lugar de franco privilegio”.

    El pregonero, que animó a todos los presentes que llenaban la basílica, a trabajar para que el Jubileo tenga la importancia que se merece, inició su intervención diciendo que Mérida no puede entenderse sin su patrona y su culto. Aludió al doctor Aquilino Camacho, reconocido eulaliense, quien dijo que “el maridaje indisoluble entre la Mártir y su ciudad cubren una misma carrera a lo largo de la Historia, y donde está una aparece la otra, en estrecha correlación de devociones y patronazgos desde los viejos tiempos”.

    El académico extremeño recordó la historia de Santa Eulalia, la doncella emeritense que sufrió el martirio por testimoniar con toda vehemencia su fe en Cristo en el año 304 d. C, en la persecución decretada por Maximiano en la parte occidental del Imperio, que dio “un contundente testimonio de fe”, y subrayó cómo su memoria se conservó desde el primer momento en los lugares del martirio, junto al que existían tres árboles que milagrosamente florecían cuando se conmemoraba su dies natalis, el día del martirio, “prodigio siempre esperado con ansiedad por el pueblo, pues era síntoma de beneficios”. Más adelante se refirió al culto “nunca interrumpido”; a la vida religiosa emeritense en época visigoda; a la devoción a la Mártir que cobró importancia a lo largo del siglo XVII, en el que reconstruyó el Hornito, donde la tradición situó el lugar del martirio de la santa; la construcción del obelisco en 1652; en el siglo XX, la celebración del bimilenario y la designación de la capitalidad, que supuso recobrar una parte del pasado esplendor de la ciudad; la celebración del XVII Centenario del dies natalis en 2004, en que se reafirmó la devoción a la patrona, año en el que un congreso internacional se ofrecieron en diversas ponencias la extensión de su culto, que se propagó desde tempranas fechas por amplios espacios de la parte occidental del Imperio: África, Italia, Francia y lugares del continente americano.

    “Ahora, concluyó su pregón el doctor Álvarez Martínez, que podremos vivir un Año Jubilar, debemos acudir a Mérida para postrarnos a los pies de Santa Eulalia recordando las peregrinaciones que se vivieron a lo largo de la historia y reforzando las que actualmente se suceden”.

    Al acto del pregón, que concluyó con concierto de la Banda Municipal de Música, dirigida por Pilar Vizcaíno, asistieron el presidente de la Asociación de Amigos de la Virgen y Mártir Santa Eulalia, Luis Miguel González Pérez, que presentó al pregonero, de quien dijo que “es una pasión por Mérida y todo lo que forma parte de su esencia”; el párroco y rector de la Basílica de Santa Eulalia, Juan Cascos González; las concejalas Carmen Yáñez, primera teniente de alcalde; la de Turismo, María de las Mercedes Carmona; el expresidente del Senado, Juan Ignacio Barrero; y la directora del Museo Nacional de Teatro Romano, Trinidad Nogales, entre otras personalidades.

    El acto concluyó con la interpretación del himno a Santa Eulalia.

 

lunes, 5 de diciembre de 2022

EL COLOR DE LOS SUEÑOS EN EL TEATRO NACIONAL DE CATAR


Jiménez Carrero comenta su obra
a las autoridades cataríes
El pasado 23 de noviembre, España disputaba su primer partido de la fase de clasificación para el Mundial que se disputa en Catar. Felipe VI, rey de España, aprovechó la visita, además de para apoyar con su presencia a la Selección, para felicitar a los jugadores españoles tras su primer encuentro con Costa Rica; se entrevistó con el emir, anfitrión del campeonato, y se reunió un día después con una treintena de representantes de empresas españolas que operan en el emirato.

Ruiz de Alarcón y Mendoza (1580-1539) es autor de una obra titulada “Quien mal anda, en mal acaba”, publicada a mediados del siglo XVIII, que quiere decir que quien lleva una vida desordenada, tiene por lo general un final desastroso. [1] No queremos aludir con este refrán al buen comienzo y al presagio de un mal final para la Selección Española, que estuvo apeada del Campeonato tras su segundo partido contra Japón, que perdió por 2-1, y cuando Costa Rica se anticipaba a Alemania, que al final se impuso por 4-2. Al fin, nuestra derrota ante los nipones no pudo ayudar a Alemania, como les pidieron aquellos, y nuestra Selección disputa mañana los octavos de final ante Marruecos.

Nadie supiere en 2008 dónde estaba Catar ni se hablare aún del Campeonato del Mundo de Fútbol; quizás hubiere en el emirato catarí algunos empresarios y trabajadores españoles; de la Selección actual tan solo conocíamos al capitán, Sergio Busquets, campeón del mundo en 2010 en Sudáfrica ante la entonces Holanda (hoy Países Bajos).

Vista general de la exposición de pintura de
Jiménez Carrero en el Teatro Nacional de Catar
 

En Doha, su capital, exponía por primera vez un pintor español, Enrique Jiménez Carrero (Granadilla, Cáceres, 1953), que se convirtió así en el primer artista español que exponía sus obras en el emirato de la península arábiga. La muestra de J. Carrero tuvo lugar en el Teatro Nacional de Catar y contó con la presencia de importantes personalidades del Estado. [2] La exposición fue inaugurada por el secretario de Estado de Cultura de Catar, Mobarak Alkalifa, y por el embajador de España en el emirato, Rafael Matos González, y contó con el respaldo del Ministerio de Cultura, Arte y Patrimonio catarí.

El color de los sueños que el pintor extremeño (hijo adoptivo y embajador turístico de Plasencia) llevó a Catar se quedaron allí, para disfrute de los sentidos de quienes lo tienen todo, menos la pintura del color rojo y blanco que simbolizan la vitalidad, la fuerza y la pasión, y la vida, aunque la hubieren, pero no en el arte.

Hace años, Jiménez Carrero, quien ha expuesto en todas las salas posibles de Plasencia, quiso regalar a la ciudad una colección de 150 obras, que fue desechada, al igual que el arte atesorado por el Premio de Pintura de la desaparecida Caja de Ahorros (Plasencia y Extremadura) espera el sueño de los justos en el arca nunca perdida, pero tan poco vista, de Santiago Antón, hijo adoptivo de Plasencia y responsable de la Obra Social de la entidad, que fuere el primero que viere los cuadros que concursaban.

La presidenta de la Asamblea, Blanca Martín, natural de Plasencia, quien ha estado presente en cuantas exposiciones ha realizado el pintor en su ciudad adoptiva, realizó en 2017, durante la exposición que el pintor efectuó en el Patio Noble de la Cámara regional, “Pasión por la vida”, un llamamiento a las instituciones para que su obra tuviere un “sitio fijo” en la región. [3] Ofrecimientos le sobran de otras latitudes; pero él sigue siendo fiel a su tierra hasta el final, hasta que sus colores rojo y blanco descansen en ella.

El color rojo es el de la camiseta de la Selección Nacional. Sus sueños son también rojos y blancos: el rojo de la pasión y el blanco de la vida. Ojalá sus sueños se conviertan en realidad, como el de Jiménez Carrero un día en Doha y el de Blanca Martín otro día en Mérida.

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[1] Vid.: Centro Virtual Cervantes, Refranero multilingüe.

[2] Vid.: J Carrero: El color de los sueños (https://jcarrero.com/exposiciones-singulares/el-color-de-los-suenos-2/).

[3] Vid.: Infoprovincia, información de la provincia de Badajoz: Blanca Martín reivindica un espacio que exponga permanentemente la obra de Enrique Jiménez Carrero en Extremadura, del 05/12/2017.


domingo, 4 de diciembre de 2022

JUAN SORAPÁN DE RIEROS, EL MÉDICO DE LA INQUISICIÓN


Juan Sorapán de Rieros
(Logrosán, 28/03/1572; Trujillo, 07/11/1638). A los 13 años se marchó a Guadalupe a estudiar Medicina, uno de los centros de la ciencia médica, quirúrgica y farmacológica más importante de la época y que contaba con una cátedra de disección desde el año 1391, por privilegio de Juan I.

    En esta novela histórica, titulada “El médico de la inquisición” [1], su autor, el cronista oficial de Trujillo y académico correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de Extremadura de las Letras y las Artes, José Antonio Ramos Rubio, recrea la peripecia humana, intelectual y profesional del médico de Logrosán desde su nacimiento hasta su muerte en Trujillo.

    Sorapán de Rieros se trasladó en noviembre de 1585, con 13 años, al Monasterio de Guadalupe para estudiar Medicina. Su primera clase de Anatomía la recibió de Martín Sánchez. El profesor les explicó la labor incansable de algunos destacados médicos, como Andrés Vesalio, y sus conocimientos sobre los huesos, músculos, vasos sanguíneos y órganos, alabando los conocimientos del frexnense Francisco Arceo, fallecido cinco años antes, quien puso su insaciable curiosidad científica al servicio de los pacientes y ejerció la medicina con el convencimiento de que solo el conocimiento en profundidad del cuerpo humano permitiría acceder a remedios que garantizasen la curación de enfermedades. Juan conoció, además, los grandes conocimientos médicos que aportó a la ciencia Francisco de Arceo, natural de Fregenal de la Sierra, considerado uno de los cirujanos más importantes del siglo XVI. Lo que no sabía él era que iba a ejercer como médico de la Inquisición en Llerena, como él años atrás.

    Juan residió en el Monasterio de Guadalupe casi cinco años, entre 1585 y 1590, durante el papado de Sixto V. En Guadalupe conoció todos los pormenores del tribunal inquisitorial, del que se tienen noticias desde 1845.

    En el año 1590, Juan Sorapán se marchó a estudiar el grado de Bachiller a Salamanca, tras adquirir un gran aprendizaje en Guadalupe y mucha práctica debido al gran número de enfermos de todas las patologías que se alojaban en sus salas. Llegó a Salamanca el 18 de septiembre de 1550. El primer requisito para cursar el grado de bachiller era aprobar el examen de gramática (latín). Una tarde, mientras estaba en clase, un sudor le paralizó. Su profesor le aconsejó que se tomara un caldo con unas plantas medicinales que le dio en una bolsita: poleo y laurel. Desde aquel día comprendió los efectos de las plantas, un remedio casero y una solución efectiva para acabar con la acidez y comenzó a estudiar sus efectos beneficiosos, solución efectiva y su efecto positivo en la recuperación de los enfermos, medicina alternativa que tenía sus orígenes entre el siglo V y IV antes de Cristo.

    Sorapán de Rieros se graduó en Artes en la Universidad de Salamanca el 15 de diciembre de 1592. En el curso 1592-1593, a los 20 años, comenzó los estudios de Medicina. Se graduó como médico en 1596 y se doctoró con el grado máximo universitario.

    Desde Salamanca se marchó a Llerena en marzo de 1598 como “médico y familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Llerena y Granada y de su Real Chancillería”. La medicina fue víctima del proceso represor del Santo Oficio y aliada de la Inquisición cuando deja de funcionar como ciencia libre e independiente. Los médicos inquisitoriales eran los encargados de asistir a los encausados e informar de su estado.

    El 20 de julio de 1616 partió hacia Granada. En Llerena había pasado dieciocho años de su vida, seguramente los más amargos por las crueldades que tuvo que soportar, aunque los mejores desde el punto de vista familiar. Sus primeros días en Granada le recordaron los sufrimientos que él creía haber dejado atrás. Hizo razonables progresos en el estudio del conocimiento de las plantas y los aplicó a la ciencia médica. Juan pasó a ejercer como profesor de la Facultad de Medicina de Granada, creada en 1526 por el rey Carlos I. Sorapán de Rieros fue un hombre íntegro y su fama traspasó los ámbitos provinciales. Entre el pueblo llano recibió muestras de reconocimiento por haber sido atendido en sus más imperiosas necesidades. Pasó a la historia del humanismo español por el libro que publicó durante su estancia en Granada en el año 1616: Medicina española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua muy provechosa para todo género de estado para philosofos y médicos, para theologos y juristas, para el buen regimiento de la salud y más larga vida, Compuesta por el doctor Iván Sorapán de Rieros, médico y familiar del Santo Officio de la Inquisición de Llerena y Granada y de su Real Chancillería, que publicó a los 44 años.

  

Dintel de la casa natal en Logrosán

     Los últimos años de la vida de Sorapán de Rieros los pasó en Logrosán, Cáceres y Trujillo. Antes de viajar a Cáceres pasó unos meses en Guadalupe. Su padre tenía 69 años; su madre había fallecido hacía algunos años. Juan le presentó a su esposa e hijos. Todos recordaban con afecto, sobre todo los más mayores, a aquel joven que un día se marchó del pueblo. Pasados unos días, su esposa se quedó en Logrosán con algunos familiares y Juan continuó su viaje hacia Guadalupe. En la primavera de 1620 llegó al monasterio. Saludó a los frailes que conoció. Días después regresaría a Logrosán. Tras pasar dos años en su pueblo, decide marcharse a Cáceres con su familia, donde residía su hijo Eugenio Sorapán, clérigo. Una vez instalado en esta ciudad, ejerció de médico durante los años 1623 a 1628, ligado al concejo de la villa por un concierto de servicios profesionales, en calidad de médico asalariado. En 1628 le llegó a Juan la triste noticia del fallecimiento de su padre, a los 76 años de edad. En el mes de marzo de 1628 se marcharon a vivir a Trujillo, aunque continuaría visitando Cáceres, villa en la que había dejado propiedades y a sus dos hijos. A los 66 años de edad, el 7 de noviembre de 1638, Sorapán de Rieros se encontraba mal de salud. Llamaron al notario y al médico quien, viendo su estado, le hizo beber un caldo que contenía un narcótico. Fray Simón Sánchez le administró la extremaunción in articulo mortis. Al caer la tarde, fallece en Trujillo el 7 de noviembre de 1638. Fue enterrado en la iglesia de Santo Domingo. Gozó de prestigio y reconocimiento profesionales y su obra fue estimada como la de un médico paremiólogo imbuido de extensos conocimientos generales, científicos y médicos, antropológicos y hasta folclóricos.

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 [1] Vid.: Rubio Ramos, José Antonio: El médico de la inquisición, TAU Editores, Cáceres, 2022, 184 págs.