miércoles, 30 de julio de 2025

ALONSO MARÍA DE LA VERA Y PANTOJA, REGIDOR PERPETUO DE MÉRIDA


Firma del diputado en las Cortes de Cádiz y regir perpetuo de Mérida, Alonso María de la Vera y Pantoja.

    Capitán retirado, regidor perpetuo de Mérida, presidente de la Junta de Salvación y Defensa de la ciudad, diputado a las Cortes de Cádiz por Mérida, elegido el 3 de agosto de 1810, juró el 24 de septiembre del mismo año. Perteneció a una familia de la antigua nobleza local. Fue hijo de Fernando de la Vera y Catalina Pantoja de la Rocha, y hermano del valiente mariscal D. Fernando, gobernador de Madrid el 2 de mayo de 1808.

    Alonso María de la Vera y Pantoja (Mérida, 17/08/1755; Cádiz, 12/09/1813) [1], ingresó muy joven en el Ejército tras sus primeros estudios, siendo teniente de Milicias en el Regimiento Provincial de Trujillo y, como tal, participó en la campaña de Portugal. Poco después dejó las armas y se dedicó a los estudios administrativos y la administración de la hacienda familiar.

    Al comienzo de la Guerra de la Independencia, era alcalde mayor y gobernador interino de Mérida.  Durante la misma, donó considerables sumas de dinero a su mayor éxito; equipó por su cuenta un ejército de voluntarios (Batallón de Voluntarios de Mérida) y de su peculio costeó alimentos y socorrió espléndidamente a los heridos de campaña, que afluían a la ciudad emeritense.

    Fue elegido diputado por la ciudad en las Cortes Generales y Extraordinarias (1810-1813), al tener la ciudad el privilegio de voto en Cortes. Tomó posesión el 24 de septiembre de 1810, aunque no habló hasta 1811. De pensamiento absolutista, denunció duramente la actuación gubernativa de las Cortes, causando sorpresa su discurso del 29 de diciembre de 1811, cuando ya estaba prácticamente diseñado el proyecto de Constitución, en el que, apoyado por otros diputados realistas, pidió que se clausuraran las Cortes. Su paisano José María Calatrava le echó en cara, en su respuesta, su oportunismo político y de ser un testaferro de los elementos más reaccionarios que lo habían utilizado para decir lo que todos ellos no se atrevían en aquel momento, añadiendo que es preciso que la nación sepa que las ideas del señor Vera no son las de la provincia de Extremadura: “Esta provincia fidelísima a quien represento, abriga sentimientos muy distintos.”

    Vera respondió diciendo que había elaborado su discurso sacando de los papeles un poco de uno, un poco de otro y que así se había compuesto. Esto provocó uno de los discursos de Argüelles más brillantes y combativos contra los antirreformistas (29 de diciembre de 1811). Asimismo, propuso una regencia de cinco miembros y que la presidiera una persona de la Familia Real, lo que ayudó a plantear de nuevo la cuestión de la infanta Carlota Joaquina de Portugal. Cuando en noviembre de 1811 propugnó la Regencia de Carlota Joaquina, so pretexto de iberismo, obtuvo el resultado contrario. [2] Salvo estas sonadas intervenciones parlamentarias, actuó solamente en otra sesión, la del 27 de agosto de 1811, en la que se opuso a la venta de propios y baldíos, adhiriéndose al voto de los diputados catalanes Lázaro Dou y Aner de Esteve.

    Alfonso María de la Vera y Pantoja vivió en la plaza de la Candelaria de Cádiz, en la casa del conde Maule. La historiografía posterior no ha sido muy benévola con su memoria. Según García León, Pastor Díaz dice de él que “no pasaba el tal diputado, a quien semejante lid dio fama, de ser un buen señor, corto de luces y no más largo saber, nada arrojado ni diestro, con modales y trazas de caballero de provincia”. Gómez Villafranca tacha su figura de infortunada y, aunque no duda de su buena intención en la intervención del 29 de diciembre, aclara que “eso no le sirvió más que para que se le dijese en público que era un instrumento ciego de otros”. Finalmente, García León cita al conde de Toreno, quien añade que “era don Alonso, diputado por la ciudad de Mérida, anciano, buen caballero, pero pazguato”. [3]

    Luis R. Varo sustenta otra opinión: “Amigo del obispo Quevedo y de las ideas sustentadas por él, Vera fue de los escasos próceres que tuvieron el valor de confesar públicamente sus ideas reaccionarias, en época tan peligrosa de confesiones tales, por lo de desarmónicas con el común sentir de la gran masa social.” [4]

    Margarita López de Ayala Díez de Rivera, descendiente del regidor perpetuo de Mérida, que siempre oyó hablar a su padre y a sus tíos que “éramos descendientes de don Alfonso María de la Vera y Pantoja, que fue diputado en las Cortes de Cádiz, afirmaba en un video de la Asamblea de Extremadura en homenaje a los diputados extremeños, que “nos hemos sentido orgullosos de que uno de los padres de la Constitución fuera nuestro antepasado. Me gustaría que se le recordara por su contribución a la primera Constitución española, modelo para otras constituciones, a las que él aportó sus ideas conservadoras.” [5]

    Caballero de la Orden de Alcántara, falleció a los 48 años, de muerte natural, dejando por heredero de sus cuantiosos bienes a su hijo D. Fernando. [6]

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[1] Sobre la fecha de nacimiento, los historiadores no se ponen de acuerdo: José María García León apunta la fecha citada en el Diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia; Nicolás Díaz y Pérez da el mismo año en su Diccionario de autores, artistas y extremeños ilustres (1884-1888) y Alberto Gil Novales en su Diccionario biográfico de España (1808-1883). De los orígenes del liberalismo a la reacción absolutista, Tomo III, Fundación Mapfre, Madrid, 2010, pág. 31552, deja la fecha en blanco. Respecto a su nombre (Alonso o Alfonso), hay también diversas versiones. El Diario de las Cortes pone Alonso, así como su firma; Gil Novales, en su Diccionario biográfico de España, lo cita como Alonso; García León, en el Diccionario de la RAH, lo cita como Alfonso; Luis R. Varro, en la Revista del Archivo Extremeño, le llama Alonso; finalmente, Nicolás Pérez le cita también su Diccionario como Alonso.

[2] Vid.: Gil Novales, Alberto: Diccionario biográfico de España (1808-1833). De los orígenes del liberalismo a la reacción absolutista, Tomo III, Fundación Mapfre, Madrid, 2010.

[3] Vid.: García León, José María: Vera y Pantoja, Alfonso María de la, en Diccionario biográfico español de la Real Academia de la Historia.

[4] Vid.: R. Varo, Luis, en Revista Archivo Extremeño, de 31/08/1908.

[5] Vid.: Asamblea de Extremadura, apps, diputados extremeños: Alonso María de la Vera y Pantoja.

[6] Vid.: Pérez y Pérez, Nicolás: Diccionario de autores, artistas y extremeños ilustres, Pérez y Boix Editores, Madrid, 1884.


martes, 29 de julio de 2025

LA RAEX ASUME LA DIRECCIÓN CIENTÍFICA DE LA NECRÓPOLIS TARTESIA DE MEDELLÍN


La directora de la RAEX (izquierda), junto al alcalde de Medellín, la directora de Patrimonio y Martín Almagro
(Foto: Junta de Extremadura)

La Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes (RAEX) ha firmado un convenio de colaboración institucional entre la Consejería de Cultura, Turismo, Jóvenes y Deportes y el Ayuntamiento de Medellín bajo el nombre: “Investigación arqueológica, protección y difusión de la necrópolis orientalizante de Medellín (Badajoz) 2025-2028”, según informa la Academia.

El convenio prevé una inversión de 245.000 euros por parte de la Junta de Extremadura al servicio del estudio de la necrópolis tartesia de Medellín, la antigua Conisturgis, la ciudad más occidental del Mundo Antiguo, según Heródoto y Estrabón. Es un yacimiento único en la antigüedad por la categoría de sus hallazgos, con la famosa kylix, los marfiles fenicios y otras piezas importantes así lo avalan.

Este convenio, en el que la RAEX lleva trabajando un tiempo, va a iniciar su actuación en el mes de septiembre próximo.

         El compromiso de la RAEX es asumir la dirección científica del proyecto con la propuesta del director científico y también del equipo científico estable que lo acompañará, así como redactar y desarrollar el plan de actuaciones y el seguimiento científico de las actividades que se hagan. El director científico propuesto es el doctor Martín Almagro Gorbea, arqueólogo e historiador y académico de honor de la institución.

Martín Almagro lleva investigando sobre Medellín desde los años sesenta con distintas campañas, continuadas en los setenta y ochenta, y es autor de numerosos libros y artículos sobre los compendios de campo y resultados de las mismas, por lo que se ha convertido en el máximo experto sobre el tema. Asimismo, Martín Almagro, hijo adoptivo de Medellín, está muy implicado e ilusionado en la continuación del proyecto, lo que garantiza su futuro transcurrir, junto a otros arqueólogos e investigadores de las otras instituciones firmantes como Javier Jiménez Ávila, de la Consejería de Cultura, Turismo, Jóvenes y Deportes, y profesores de Universidades, para que los mejores conocedores participen durante cuatro años con las técnicas arqueológicas más avanzadas en seguir desvelando lo que encierra esta necrópolis y posteriormente protegerla y difundir los resultados.

La posición de la RAEX será todo el tiempo de compromiso para impulsar un mayor conocimiento de esta necrópolis, de asesorar y colaborar con los demás integrantes del equipo técnico e investigador y de lograr los informes y memorias de los trabajos, así como del depósito de los materiales inventariados y restaurados en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz.

El hecho de que la Academia se constituya en garante científico de este importante proyecto es bien significativo y favorable, así como ejemplo de una forma de actuar en colaboración para llevar a cabo otras posibles investigaciones.

 Este convenio viene a corroborar el reconocimiento institucional y social a la Academia, que, siendo miembro asociado y vinculado al Instituto de España, pertenece a la corporación nacional de máximo exponente de la cultura española en el orden académico. Por tanto, el convenio con la RAEX da prestigio institucional al proyecto científico y, al mismo tiempo, hace visible el interés de la institución por potenciar las investigaciones y el patrimonio arqueológico y, en concreto, por Medellín, población extremeña muy famosa a nivel mundial.  Un convenio, por lo tanto, de gran altura científica y de gran altura institucional para una investigación que era necesario retomar. 


lunes, 21 de julio de 2025

“HISTORIA Y PATRIMONIO DE LAS IGLESIAS PARROQUIALES DE PLASENCIA”


Portada de la iglesia de san Esteban
Ocho son las iglesias parroquiales de Plasencia[1], cuya historia y patrimonio aborda en la obra de este título el doctor en Historia del Arte, académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, José Antonio Ramos Rubio: las de san Martín, El Salvador, san Nicolás, san Pedro, santa Elena, santa Teresa, san Esteban y Santiago Apóstol y otras cinco iglesias desaparecidas: san Juan, san Miguel, san Julián, santa María Magdalena y santa Ana.

    La iglesia de san Martín, es una de las más antiguas de Plasencia, obra del siglo XIII, de las que resaltan las portadas de estilo ojival y una ventana románica que da luz a la capilla de la Virgen. Los alcaldes de la ciudad de los siglos XIII y XIV, alternaban los de la feligresía de san Martín con los de otras colaciones, por lo que uno de ellos pertenecía a esta parroquia. Esta iglesia llegó a tener el mayor número de componentes del clero y en su interior tenían sepultura los miembros de las familias más representativas de Plasencia. Las restauraciones y reformas llevadas a cabo en esta iglesia han sido numerosas. Destacamos en el ábside el retablo encargado durante el episcopado de Gutierre de Vargas Carvajal (1523-1559) al entallador placentino Francisco Rodríguez, que también realizó la imagen de san Martín que preside el retablo. Las pinturas fueron encargadas al maestro Luis de Morales y fueron ejecutadas entre los años 1569 y 1570.

    La iglesia de El Salvador se encuentra situada en la plaza de su nombre en la parte alta de la ciudad. Aparece citada en el Fuero, remontándose sus orígenes al siglo XIII. Conserva el valor románico de lo construido en el campanario y el ábside cubierto por una bóveda de ladrillo de estilo mudéjar, donde hay una serie de ventanas románicas. El templo tiene otras dos puertas más, en los muros laterales, una en el lado de Evangelio, posiblemente del siglo XV, y otra en el lado de la Epístola, con arquivoltas apuntadas y capiteles como ornamentación vegetal. Fue una de las parroquias más importantes de Plasencia, como lo prueba la cantidad de familias nobles enterradas entre sus muros, el último de los cuales fue el obispo Cipriano Calderón Polo, hijo predilecto de la ciudad, y bautizado en la parroquia.

    La iglesia de san Nicolás se encuentra entre los muros del casco histórico de Plasencia, próximo a los palacios de los Zúñiga y Monroy. Se ha dicho que el hecho de que se encuentre entre ambos fue un intento de separar a las dos familias rivales y poner fin a sus disputas. Destaca por su maciza construcción, siendo una iglesia de transición de románico al gótico. Los primeros datos sobre su existencia lo hallamos en el Fuero de Plasencia, realizado en Segovia por Alfonso X en el año 1247. Es una de las iglesias más antiguas de Plasencia, que se remonta a la época de su fundación. En la capilla mayor se conserva una imagen en piedra granítica policromada de Nuestra Señora con el Niño, de finales del XIII, que perteneció a la ermita de Fuentidueñas. A esta iglesia están adscritas las cofradías de Nuestra Señora de los Remedios y la de san Ansano de Siena.

    La iglesia de san Pedro se encuentra próxima a la Puerta del Sol y cerca del lienzo de la muralla, edificada sobre los restos del solar de un palacio árabe, según Benavides Checa. Es obra del siglo XIII, apreciándose en ella los elementos lignarios mudéjares y románicos. Es, junto a la de El Salvador, una de las más antiguas de la ciudad. El ábside es románico. Su remoto origen lo acusa el aljimez árabe y una de las primitivas portadas, con reminiscencias de estilo románico, pero conserva los ábsides de las iglesias románicas. En su interior la iglesia consta de una nave más ancha que la capilla mayor, presidida por la imagen policromada de san Pedro, titular de la parroquia. En la capilla mayor hay una imagen de la Inmaculada en madera policromada.

    La iglesia de Santa Elena se halla situada en la plaza de su nombre, entre los caminos que conducen a las comarcas de La Vera y el Valle del Jerte. En el atrio se levanta un artístico crucero en cuya basa presenta la inscripción de su ejecución: 1630. También se la conocía con el nombre de ermita de la Cruz, por esta cruz de piedra que preside el atrio. En su interior fue enterrada doña Beatriz de Trejo y Almaraz, quien fundara junto a su marido el Hospital de la Cruz, frente a la Puerta del Sol y, como a su fallecimiento no se había terminado la iglesia del hospital, se la enterró provisionalmente en esta ermita y hoy no queda nada de su sepultura. El interior de la iglesia presenta una sola nave y una interesante cúpula. La capilla mayor la preside un crucificado y, a ambos lados, una estatua de la Virgen del Inmaculado Corazón de María. En este templo tiene su sede la Muy Antigua, Franciscana y Venerable Hermandad de la Santa y Vera Cruz, que procesiona el Jueves Santo. Los orígenes de esta Hermandad se remontan al siglo XIII, lo que la convierte en una de las primeras cofradías de España. La cofradía se remonta a los momentos fundacionales del convento de san Francisco, lugar elegido por el propio san Francisco de Asís al visitar Plasencia, siguiendo la invitación de Alfonso VIII. El 2 de mayo, fiesta de la invención de la Santa Cruz, sale una procesión con un crucifijo por los alrededores de la iglesia.

    Junto al cementerio de la ciudad, se halla la iglesia de santa Teresa. Fue fundada por el obispo argentino don Cristóbal de Lobera, abad de Ampudia y de Lerma, tras un largo peregrinaje por las iglesias de Badajoz, Pamplona y Córdoba. En la Dehesa de los Caballos, propiedad de sus padres, construyó una iglesia en su honor, a la que tenía una gran devoción. Falleció el 21 de octubre de 1632, antes de terminada la obra. Fue enterrado en la catedral hasta que finalizaron las obras de la iglesia en 1637, trasladándose a ella sus restos. La cerca que rodeaba al templo se convirtió a partir de 1822 en cementerio municipal.

    Próxima a la Plaza Mayor se encuentra la iglesia de san Esteban. A diferencia de otras iglesias de la ciudad, san Esteban no aparece mencionada en el Fuero. Hay constancia documental de obras en el templo en julio de 1484. En el medievo se celebraba el mercado en sus aledaños. En la puerta norte se instaló hasta el siglo XV el corral de alcaldes de Plasencia y su tierra, donde todos los viernes se reunía para resolver los problemas que se le planteaban. Es un templo de una sola nave, cubierta con techumbre de madera en forma de quilla de barco invertido y el presbiterio y capillas laterales están cubiertas con bóvedas de crucería. En la hornacina central del retablo mayor figura la imagen del protomártir san Esteban, titular de la parroquia.

    Cerca de la Puerta del Sol se sitúa la iglesia de Santiago Apóstol, lugar en el que se dan cita los peregrinos que marchaban a Santiago.  En la fachada hay un relieve de Santiago Peregrino. La iglesia es obra del siglo XV y tradicionalmente se la conocía como Ermita de Santiago, pero, al trasladarse a ella el Cristo de los Batallas, adquirió su actual nombre, que fue una de las primeras imágenes en recibir culto en Plasencia. Preside la capilla mayor el Cristo de las Batallas. También sobresalen una imagen de la Inmaculada, un Crucificado del siglo XVII, y el resto son imágenes modernas.

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[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio: Historia y patrimonio de las iglesias parroquiales de Plasencia, TAU Editores, Cáceres, 2025, 216 págs.