viernes, 21 de agosto de 2026

HIDACIO DE MÉRIDA, EL ARZOBISPO QUE DESAFIÓ AL PRISCILIANISMO


Escudo de Hidacio de Mérida.

    La figura de Hidacio de Mérida (m. s. IV; c. 400), arzobispo residencial de Mérida (380-400) representa un caso paradigmático en la historia del cristianismo; el conflicto entre ortodoxia y heterodoxia, la tensión entre autoridad eclesiástica y poder secular, y la difícil gestión del disenso teológico. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, Hidacio no solo defendió sus convicciones en el plano doctrinal, sino que las llevó hasta las últimas consecuencias, interviniendo en el ámbito político y legal del Imperio.

    En la nómina del episcopologio emeritense, sucede a Florencio, primer metropolitano. Sulpicio Severo nombra a Idacio con ortografía latina, mientras que para otros es Hidacio, que correspondía a la griega.

    La figura de Hidacio de Mérida se inscribe como una de las más relevantes del cristianismo hispanorromano en el siglo IV. Metropolitano y escritor, fue protagonista de un enfrentamiento teológico y político de primer orden que marcaría el devenir de la Iglesia en la península ibérica: la lucha contra el priscilianismo. Desde su cargo como arzobispo de Mérida, ejerció no solo un liderazgo eclesiástico, sino también una influencia decisiva en los asuntos del Imperio romano de Occidente. Su nombre permanece ligado a uno de los momentos más controvertidos de la historia eclesiástica antigua: la ejecución de un hereje cristiano con intervención del poder imperial.

      Al propagarse la herejía de Prisciliano, un influyente laico hispanorromano, que promovía una visión ascética y puritana del cristianismo, los obispos Instancio y Salviano se adhirieron. El impacto del priscilianismo no se limitaba a las ideas. Su forma de vida austera, vegetariana, célibe y con una sorprendente defensa de la igualdad entre los sexos, atrajo a numerosos creyentes

    Entonces Hygino, obispo de Córdoba, que después se pondría de parte del heresiarca, recurrió a Hidacio para que preservase su sede como metrópoli de la Lusitania.  Y actuó con enérgico celo contra el obispo Instancio y sus partidarios, Estos reaccionaron con dureza, lo que llevó a los obispos de España y algunos de la Galia a reunirse en el año 380 en el Concilio de Zaragoza, donde presentaron un memorial condenando la doctrina de Prisciliano. Recibieron una carta del papa San Dámaso prohibiendo que se condenase a los inculpados sin oírles previamente. En las actas figuran, entre otros, los obispos Hidacio de Mérida e Itacio de Ossonova, quienes condenaban a sus colegas Instancio y Salviano y a los laicos Helpidio y Prisciliano, así como al antiguo delator cordobés.

    La reacción llegó a tal punto al nombrar los obispos rebeldes a Prisciliano como obispo de Ávila. La pugna se agudizó: Hidacio e Itacio recurrieron al emperador Graciano para que fueran excluidos de sus iglesias. Instancio, Salviano y Prisciliano recurrieron al papa de Roma, Dámaso, y Ambrosio de Milán y a la Corte Imperial, de la que consiguieron un decreto de restitución en el 382.

    Instancio y Prisciliano --Salviano ya había fallecido en Roma-- volvieron envalentonados e Hidacio comunicó al pueblo emeritense las decisiones conciliares, lo que provocó una denuncia contra él. Hidacio, ayudado por Itacio de Ossonova, consiguió del emperador Graciano, un decreto de destierro para los “priscilianistas”, fundado en razones de orden público.

    Prisciliano aprovechó la situación de Mérida y la visitó, originándose una subversión popular que le obligó a salir precipitadamente de ella. Se refugió en Treveris, acogido por el obispo Brito, cuando Magano Clemente Máximo, después de vencer a Graciano, se proclamó “Emperador de las Galias, Britania y España”. Itacio le envió un memorial sobre los errores y vicios de la secta. Apresados Prisciliano y sus secuaces, fueron conducidos al Sínodo de Burdeos, en el año 384. La intervención de San Martín de Tours y San Ambrosio para evitar la condena civil, fue inútil. El heresiarca, temiendo ser condenado, recurrió al Emperador, fue juzgado por Evodio, prefecto del Pretorio, y sentenciado a muerte. Confirmado el veredicto por el Emperador, fue rápidamente ejecutado.

    La entrega del hereje al poder secular para su ejecución generó una fuerte reacción en muchas diócesis. La Iglesia de Roma, en particular, consideró que Hidacio había sobrepasado sus funciones al permitir que un miembro del clero fuese juzgado y ejecutado por autoridades civiles. Como consecuencia, el arzobispo fue excomulgado y desterrado en tiempos de Teodosio y Valentiniano, en el año 392; el segundo fue expulsado de su sede de Ossonova.

    Su legado ha sido objeto de múltiples interpretaciones. Algunos lo consideran un defensor apasionado de la fe, mientras que otros lo ven como responsable de la primera ejecución de un hereje cristiano por causas religiosas. Lo cierto es que su actuación marcó un precedente que tendría consecuencias     Sus obras, especialmente el Liber Apologeticus, ofrecen una ventana invaluable al pensamiento teológico del siglo IV y al modo en que los líderes eclesiásticos respondían a las herejías emergentes, Hidacio, con su amplio conocimiento de las Escrituras y su capacidad de argumentación, representa a una generación de obispos intelectuales que luchaban por definir los contornos doctrinales de la Iglesia cristiana en un mundo cambiante.

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Bibliografía consultada: López López, Teodoro Agustín: Historia Hispánica, Real Academia de la Historia. Biografías; Hidacio de Mérida (s. IV). El arzobispo hispanorromano que desafió al priscilianismo. (MCNbiografías,com/Hidacio de Mérida.


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