jueves, 13 de agosto de 2026

“PUERTO DE SANTA CRUZ, ECO DE CIVILIZACIONES JUNTO A LA SIERRA”


Vista de Puerto de Santa Cruz

    La localidad de Puerto de Santa Cruz, situada en la provincia de Cáceres, se erige como un monumento singular dentro de la amplia Penillanura Cáceres-Trujillo y constituye un enclave de notable interés histórico y patrimonial cuya ocupación humana se remonta a tiempos prehistóricos. Su historia, sociedad, economía y cultura, patrimonio religioso y cultural, es objeto del último libro del cronista oficial de Trujillo y académico correspondiente de la Historia y de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, José Antonio Ramos Rubio.[1]

    El libro lo prologa el alcalde de la localidad, Antonio Ruiz Gómez, quien asegura que, con esta obra, su autor “vuelve a demostrar que la historia local es, en realidad, la suma de miles de historias universales”, y lo presenta el presidente de la Diputación Provincial, Miguel Ángel Morales, quien afirma que “cualquier aproximación científica al pasado del Puerto, encuentra en la obra una referencia imprescindible para comprender la complejidad de su evolución histórica y la riqueza patrimonial que caracteriza a esta localidad”.

    La Sierra de Santa Cruz destaca como un resalte estructural que emerge sobre la planicie. El rasgo orográfico de la zona es el denominado Bloque Elevado de Garciaz, que contiene dos cumbres principales: el Cerro de Pedro Gómez y el Pico del Venero, máxima elevación de toda la comarca.

    La arquitectura popular del Llano de Cáceres, en la que se halla el municipio, y de la extensa penillanura cacereño-trujillana, constituye un testimonio vivo de los modos de vida tradicionales, condicionados por el medio físico y por las dinámicas socioeconómicas que han configurado históricamente el territorio. La plaza de la iglesia constituye el principal espacio de articulación urbana del núcleo histórico. Situada frente a su fachada se encuentra una gran fuente (El Caño). Su modelo de poblamiento y el uso del territorio ha estado condicionados por la disponibilidad de agua. En este contexto, los pozos han constituido durante siglos una infraestructura esencial para la supervivencia humana, el desarrollo ganadero y la configuración socioeconómica local.

    La Sierra de Santa Cruz constituye un espacio de gran relevancia arqueológica y paisajística. Desde tiempos prehistóricos se convirtió en un lugar de tránsito entre el Valle del Tajo y las Sierras del Guadiana y en un corredor de movilidad humana, intercambio cultural y aprovechamiento económico. La combinación de afloramientos graníticos, recursos hídricos estacionales, suelos aptos para la agricultura y zonas de pastos, favoreció la implantación de comunidades desde el IV milenio a. C. Las evidencias más tempranas de presencia humana se asocian al Neolítico final y comienzos del Calcolítico.

    El fenómeno de la romanización en la zona no puede entenderse solo como la imposición de una cultura dominante sobre otra subordinada, sino como un proceso complejo, multiforme y con intensidades variables, dependiente tanto de factores militares como administrativos, económicos, onomásticos y simbólicos. La calzada que conectaba Augusta Emerita con Caesaraugusta (Mérida y Zaragoza), correspondiente al trazado de la autovía A-5, constituye el principal vector de romanización de esta área. El modelo económico romano transformó profundamente el paisaje, generando un territorio articulado en villas agrícolas, sustituyendo a los castros.

    La Península experimentó un profundo reordenamiento sociopolítico con la llegada, asentamiento y consolidación de los visigodos. Lo que realmente fue una presencia militar al servicio de Roma, se transformó, con el tiempo, en la creación de un reino estable con capital en Toledo, desde principios del siglo VI hasta la invasión islámica del año 711. La llegada de los ejércitos musulmanes se encontró una estructura política fracturada, facilitando el final del dominio visigodo, pero no la desaparición de su influencia cultural, política y religiosa.

    La conquista musulmana supuso la desustructuración del periodo visigodo y la ruptura de la administración territorial tardo-romana. El periodo comprendido entre mediados del siglo XII y la primera mitad del siglo XIII constituye una etapa fundamental para comprender los procesos de consolidación territorial de la monarquía castellano-leonesa y la progresiva delimitación del espacio cristiano en el contexto de la Reconquista. El reinado de Alfonso VIII de Castilla (1158-1214) representa un momento clave en esta dinámica. La toma de Trujillo el 25 de enero de 1233 constituyó un acontecimiento decisivo para la reconfiguración del espacio extremeño, cuya Tierra se convirtió en uno de los alfoces más extensos de Castilla, superando las 300.000 hectáreas.

    Durante los siglos XVI y XVII, la Corona española experimentó una serie de transformaciones políticas, económicas y sociales que impactaron tanto en el territorio peninsular como en las posesiones ultramarinas del imperio. La Corona se vio obligada a tomar difíciles decisiones para hacer frente a las urgentes necesidades del tesoro real. Una de las decisiones adoptadas fue la venta de localidades dentro del alfoz de Trujillo.

    Uno de los procesos más complejos fue la compra del señorío de El Puerto por don Diego de Vargas Carvajal, que finalmente, consolidó su posición como señor de la localidad durante el reinado de Felipe II. En 1632, el hijo de don Diego, don Juan de Vargas Carvajal, logró que la Corona elevase el señorío de El Puerto de Santa Cruz al rango de condado, que se convirtió en un importante centro de poder en la comarca.

    En 1834, la reorganización del Estado, promovida por Andrés de Burgos, dividió el territorio nacional en 49 provincias, suprimiendo los antiguos reinos peninsulares. Se establece una extensa red de partidos judiciales, entre ellos el de Trujillo, al que se adscribe Puerto de Santa Cruz.

    Las guerras carlistas del XIX y su impacto en el territorio, las transformaciones socioeconómicas y territoriales durante el siglo XX y, finalmente, el patrimonio religioso, las manifestaciones artísticas y culturales, el Museo Etnográfico del “Corral de Abajo” y la almazara agropecuaria de Moreno Muñoz, cierran la obra.

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[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio: Puerto de Santa Cruz, eco de civilizaciones junto a la sierra, edit. Diputación Provincial de Cáceres, 2026, 333 págs.

 

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