lunes, 14 de septiembre de 2026

“MI CONCEJAL”


    Quizá fuere el único funcionario al que oí hablar de su jefe con sentido de propiedad familiar y lealtad, a quien se la debiere por oficio y vocación. Alfredo Durán Municio (Cáceres, 09/03/1935; 13/09/2026), funcionario municipal, fallecido ayer en su ciudad natal a los 91 años de edad, era uno de esos funcionarios que te hablaba de su jefe con veneración. “Hablad con mi concejal, porque yo no os he dicho nada…”, nos decía a los periodistas que le preguntábamos por los festejos de las Ferias y Fiestas de San Fernando o de San Miguel, hasta 1980, en que finalizare la última.

    Él nos anticipaba lo que deberíamos preguntarle; pero él no nos había dicho nada. Su deber de funcionario y subordinado, no de político, pero de atención a quienes se la requeríamos, no le impedía ser cortés, pero siempre dejando la palabra a “mi concejal”, que es quien hubiere la última en la materia de sus competencias: las fiestas principales de la ciudad, sus ferias.

    Alfredo fue uno de esos funcionarios que, ya con unos u otros, ponía todo su empeño y conocimientos al servicio de su concejalía, de “mi concejal”, para que la Feria brillare con luz propia. Había aprendido de su padre, también funcionario, la lealtad a quien se le debe, y el cumplimiento del deber por encima de todo.

    En las últimas décadas del siglo XX, Alfredo, como secretario de la Delegación de Festejos, habría de acercarse a la Caja de Ahorros o al banco que el Ayuntamiento tuviere concertado, para pagar el caché a los artistas que actuaban en la caseta municipal.

    En cierta ocasión, me contaba su hijo del mismo nombre, salía del ayuntamiento acompañado por un policía municipal que vigilaba su cartera hasta la noche, en que se acercaren a la caseta para efectuar el pago en metálico a los artistas. Era el medio de pago que entonces había. No había datáfonos ni bizum, ni otros medios de pago, como hoy.

    Un día vino a actuar a la caseta municipal la gran artista Rocío Jurado (Chipiona, Cádiz, 1943; Alcobendas, Madrid, 2006). Nunca tuvo ni llevó tanto dinero don Alfredo para pagar a un artista sus honorarios: cinco millones de pesetas; pero la compañía del policía local le hacía sentirse seguro. Le pagaría, le firmaría el recibo y cada uno a lo suyo.

    Durante años, don Alfredo Durán compaginó su trabajo como funcionario, con la música. Desde los años sesenta formó parte de la Orquesta Mambo como vocalista, que alegraba las fiestas y verbenas de los pueblos. ¡Cómo no iba a ser el organizador de las fiestas en su ciudad “si de casta le venía al galgo ser rabilargo”, con las cualidades heredadas y que ha transmitido a sus hijos, Rosa y Alfredo, director de oficina de banca de Caja de Extremadura, a quien, en el atardecer de la vida, le preguntaba por él, y este me contaba los pagos a la artista, siempre acompañado del policía...!

    Por encima de todo, funcionario ejemplar, servidor y leal con “mi concejal”. No me extrañó después oír a otros hablar de “mi presidente”, “mi consejero”, “mi alcalde”… Ya me sonaba la letra y la canción.

    Descanse en paz tan ejemplar funcionario.

           

        

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