No me pasó inadvertido su fallecimiento el pasado día 12 y su funeral el martes 13. Coincidía en las fechas con las del académico Antonio Viudas. Aquel por la mañana, este por la tarde, en el mismo tanatorio de Mérida. No pude estar en los dos; pero le recordé: su encuentro con él cerca de su casa en la Puerta de la Villa, donde ya nos esperare, tras haber reconstruido su biografía en mayo de 2020 gracias al cronista oficial de Mérida, José María Álvarez Martínez, quien en un escrito a la Alcaldía relataba la deuda contraída por la ciudad con él.
Ángel Texeira Brasero (Mérida, 15/03/1931; 12/10/2026) era hijo de un maestro de obras, Francisco Texeira Collado, y de Rosa Brasero Domínguez, bordadora, naturales de la ciudad. Casado con Mercedes Rodríguez Mancera, natural de Los Santos de Maimona (Badajoz), era padre de dos hijos: Mercedes y Ángel.
Su labor al frente del Centro de Iniciativas Turísticas (CIT), Asociación de Amigos del Museo Nacional de Arte Romano (MNAR), de la Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia, Asociación de Amigos del Camino de Santiago; su difusión de los valores artístico-históricos de Mérida y la de su patrona y sus obras artísticas, fueron reconocidas, además de con el escudo de oro de la ciudad, con sintagmas adjetivales como “emeritense militante” (Dr. Álvarez Martínez, su mayor exégeta), “Mérida tiene un genio” (Carmelo Arribas, crítico de arte y estudioso de la ciudad) y epítetos tales como “respira emeritensismo por todos sus poros” del primero.
En diciembre de 2013, el cronista oficial de la ciudad, José María Álvarez Martínez, tras serle concedido el premio del CIT, además de relatar todos sus méritos, abogaba por la deuda que la ciudad tenía con él, que esperaba que se saldase muy pronto”.
Desde muy joven, según el relato del cronista, Texeira Brasero se sintió atraído por la creación artística. Fue aprendiz de su abuelo Ángel, el alfarero, a lo que unía su inteligencia natural, “capaz de solventar situaciones comprometidas”. Esa creación artística tan tradicional dio fama al conocido como Barrio, cuyos nombres eran las tres últimas calles de la ciudad: Duque de Sala, Fournier y Augusto, que tenía industrias de alfarería y donde vivían ferroviarios, albañiles, carpinteros y pescadores.
Al iniciarse la Guerra Civil, y durante la toma de Mérida (11 de agosto de 1936), Ángel tenía 5 años. Durante la confusión de los primeros momentos, pierde el contacto con sus padres, De la mano de un primo, quien le abandona a varios kilómetros, huye de la ciudad, En las inmediaciones de Mirandilla, en la finca en que fue abandonado, le acoge su propietario, don Hilario Vinagre. Finalizada la contienda, su juventud transcurre en su laborioso Barrio, en el que los alfareros le suministran las “pellas” con las que él elaboraba las figuras del belén.
Al finalizar los estudios primarios, con 14 años, comienza a trabajar de albañil en la cuadrilla de su padre en Don Benito. Allí continua sus estudios bajo la dirección del profesor Ángel Valadés. De esta ciudad se traslada a la frontera de Caya, donde vive momentos felices y se fotografía con los ídolos de aquel tiempo: Jorge Negrete, el conocido Antonio Villar, intérprete de excepción de la película “El Judas”, o con su homónimo Virgilio Texeira.
El periplo laboral de su padre concluye en Almendralejo, donde conoce al artista Julio Federico Zambrano Domene, su profesor en la Escuela de Artes y Oficios. Su afición por la pintura, y sobre todo por la escultura, nunca le abandonarían.
De regreso a Mérida, ayuda a su padre, quien, entre otros trabajos, se ocupaba de satisfacer los encargos que la Comisaría de Defensa del Patrimonio, entonces bajo la dirección de Manuel García Gil, le ofrecía: consolidación y restauración del conjunto romano, como la Alcazaba y acueductos. Mientras, Ángel Texiera comenzaba a ser valorado por sus aptitudes en el dibujo y en el planteamiento de los proyectos y, por ello, la Diputación Provincial le llama para que forme parte del equipo constructor de unos puentes entre el Lácara y el Lacarilla, en la carretera de La Nava a la estación de Carmonita.
En diciembre de 2015, el escultor emeritense creó y donó a la Mérida de Yucatán (México) un busto de Octavio Augusto, para reforzar los lazos culturales e históricos con la Mérida española, que fue inaugurada en el Parque de las Tres Méridas.
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