El estudio de la figura de Isabel I de Castilla, tradicionalmente conocida como Isabel la Católica (Madrigal de las Altas Torres, Ávila, 22/04/1451; Medina del Campo, Valladolid, 26/11/1504) y de su relación con el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, nos permite aproximarnos a uno de los espacios en los que, durante el tránsito de la Edad Media a la modernidad, se entrelazaron de manera especialmente significativa la religiosidad, la política, la cultura y la construcción de la autoridad monárquica.
En su último libro bajo este título, el historiador José Antonio Ramos, junto a la escritora Carmen Sevilla Rodríguez, [1] abordan en tres capítulos, además de este vínculo de la reina con Guadalupe, sus relaciones entre la fe, la Corona y la historia, y los jerónimos en Guadalupe y Granada.
La trayectoria vital y política de Isabel de Castilla estuvo estrechamente vinculada a la consolidación de la Corona castellana, a la unión dinástica con Aragón mediante su matrimonio con Fernando II y a acontecimientos decisivos, como la guerra de sucesión castellana, la conquista del reino nazarí de Granada y el inicio de la expansión ultramarina.
LOS
JERÓNIMOS EN SANTA FE Y GUADALUPE
En el contexto de la conquista de Granada debe situarse el origen de la presencia jerónima en Santa Fe. La fundación del monasterio relacionado con San Jerónimo estuvo vinculada a la voluntad de los Reyes Católicos de conmemorar acontecimientos relacionados con la conquista. Fue proyectado inicialmente en Santa Fe en 1492, pero, debido a las condiciones insalubres del emplazamiento, la comunidad fue trasladada a Granada, donde se consolidó el monasterio que posteriormente sería conocido como San Jerónimo.
La comunidad establecida en Santa Fe procedía de distintos ámbitos de la Orden de San Jerónimo y la presencia de los religiosos de Guadalupe no debe confundirse con una fundación exclusiva por parte de este monasterio. Sin embargo, sí existía una relación dentro de la misma tradición jerónima y un contexto de patronazgo regio que permite estudiar ambos establecimientos como parte de una misma política religiosa y monástica. La posterior instalación de los jerónimos en Granada reforzó todavía más la dimensión monumental y política de la fundación. El establecimiento comenzó a trasladarse a Granada en 1496 y posteriormente se desarrolló el conjunto arquitectónico que acabaría convirtiéndose en uno de los principales monumentos renacentistas de la ciudad.
La llegada de los jerónimos a Guadalupe transformó profundamente la historia del santuario. La orden desarrolló allí una intensa actividad religiosa, intelectual y asistencial y llegó a contar con importantes dependencias destinadas al estudio, la producción de manuscritos, la medicina, la farmacia, la música, la orfebrería y el bordado. Su biblioteca, su scriptorium, sus talleres y sus instituciones asistenciales contribuyeron a convertirlo en uno de los grandes centros culturales y religiosos de la Castilla bajomedieval y de la primera Edad Moderna.
ISABEL
LA CATÓLICA Y GUADALUPE
La relación de Isabel la Católica con Guadalupe comenzó ante incluso de su acceso al trono. En 1464, cuando aún era infanta, acudió al monasterio junto a su hermano Enrique IV y Alfonso V de Portugal, para estudiar la posibilidad de un matrimonio para la joven. Con posterioridad, la vinculación entre Isabel y Guadalupe adquirió una relación más profunda. El monasterio se convirtió para ella en un lugar de devoción personal y de retiro espiritual. La reina disponía de una celda orientada hacia el altar mayor, espacio al que se retiraba para orar y meditar y que llegó a considerar como “mi paraíso”.
A la dimensión espiritual se le une la dimensión política. Los Reyes Católicos visitaron Guadalupe en diferentes ocasiones y su presencia contribuyó a reforzar el prestigio del santuario y su relación con la monarquía. Durante su reinado, Guadalupe se consolidó como un lugar en el que podían coincidir la práctica devocional de los soberanos, la representación de la autoridad regia y la gestión de asuntos relacionados con la Corona.
El estudio de Isabel I de Castilla y su relación con el Real Monasterio permite analizar un periodo decisivo de la historia peninsular desde una perspectiva que integra biografía, religiosidad, política, patrimonio y cultura.
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[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio y Sevilla
Rodríguez, Carmen: De Granada a Guadalupe: la huella de Isabel la católica, Liberis. Editores: Cadena hotelera Carmen
Teresa, de Torremolinos, Camas (Sevilla), 2026, 301 págs.

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