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| La catedral de Coria y su ladera base, asegurada por las chumberas. |
La historia de la chumbera, que forma parte de muchos paisajes extremeños, comenzó al otro lado del Atlántico. La especie Opuntia ficus-indica está estrechamente vinculada a México, donde se aprovechaba mucho antes de la llegada de los europeos.
La misma planta recibe nombres distintos a cada lado del océano. En Extremadura conocemos la chumbera y sus frutos, los higos chumbos. En México, sus tallos planos se llaman nopales y se utilizan en numerosos platos, mientras que sus frutos se conocen como tunas.
Con el tiempo, la planta cruzó el Atlántico, se extendió por el Mediterráneo y acabó integrándose en paisajes que hoy sentimos como propios. Una muestra de cómo las plantas, los alimentos y las palabras también cuentan la historia de los intercambios entre América y Extremadura, señala Extremestiza.
La chumbera guarda otra sorpresa: su relación con un pequeño insecto del que se obtiene unos de los tintes rojos más apreciados de la historia.
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Fuentes: Universidad de Extremadura:
Guía botánica del campus de Badajoz; Royal Botanic Gardens, Kew, Plants of the
world online; Opuntia ficus-indica, https://powo.science.kew.org./taxon/1151735-2: Kiesling
Roberto: Origen, domesticación y
distribución de opuntia ficus-indica, Journal of the Professional
Association for cactus developmen, 1998, https://doi.org/10.56890/jpacd-v2i.159.

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