jueves, 15 de enero de 2026

LA POLÍTICA SOLIDARIA


    Aristóteles definía al ser humano en su obra “Política” como “un animal político, cuya naturaleza lo invita a vivir en la polis (ciudad-estado) para alcanzar una vida buena y plena, no solo la mera existencia”; pero las políticas públicas tienden a satisfacer el acceso de las personas a bienes y servicios, tanto en la ciudad como en el pueblo. Las instituciones públicas tienen como objetivo resolver y dar respuestas a las múltiples necesidades, intereses y preferencias de grupos y personas que integran una sociedad. La política se yergue, así, como respuesta a las demandas colectivas, principalmente de los más vulnerables, necesitados de medios e instrumentos que les hagan participes como miembros de pleno derecho de una sociedad igualitaria.

    El Día Internacional de las Personas con Discapacidad, instituido por Naciones Unidas en 1992, celebrado el pasado 3 de diciembre, tiene como fin el de promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidades en todos los ámbitos de la sociedad y el desarrollo, así como aumentar la conciencia sobre su situación en todos los aspectos de la vida diaria. El Día Internacional, como la política, ha de tener un enfoque inclusivo, centrado en la persona o, como proclaman hoy determinados líderes, la política debe incluir el prisma de `no dejar a nadie atrás´, al objeto de que nadie esté en desventaja, principalmente los más vulnerables, las personas con discapacidad.

    La propia sociedad ha impulsado la creación de innumerables asociaciones para dar cumplimiento a unas necesidades, antes inadvertidas para los poderes públicos, que tienen el deber y el derecho de satisfacerlas. Así, hemos llegado, unos y otras, a conjugar la inclusión, la accesibilidad y el desarrollo de entornos rurales más inclusivos, con el fin de favorecer la sociedad igualitaria de todos sin ventajas ni desventajas.

    En este sentido, observamos con satisfacción cómo las instituciones responden a esos objetivos marcados por la Constitución, Naciones Unidas y las asociaciones más cercanas a las personas con discapacidad. El Día Internacional lo convertimos, de este modo, en una jornada más “para luchar y avanzar por los derechos y el bienestar de estas personas”.

    Son palabras del presidente de la Diputación Provincial de Cáceres, Miguel Ángel Morales, de ese mismo Día, que reflejan el compromiso de la institución en programas y respaldo presupuestario, contemplados en los presupuestos de 2026, que alcanzan 3.500.000 euros, un millón más que en el ejercicio anterior, para empleo inclusivo, accesibilidad universal, apoyo al tercer sector, fomento del ocio inclusivo…

    La institución provincial daba a conocer con cifras y datos concretos su política para las personas con discapacidad: más de 2 millones de euros y 300 contrataciones anuales en empleo inclusivo, a través del Plan Integral de Empleo, que destina cada año la citada cantidad para la contratación de personas con discapacidad en todos los municipios de la provincia. De otro lado, la Diputación de Cáceres impulsa programas dirigidos a eliminar barreras físicas, cognitivas y sensoriales con el objetivo de crear pueblos más accesibles, justos y habitables para todas las personas, En 2026, prevé un aumento presupuestario de un millón de euros destinado especialmente a proyectos de accesibilidad universal. Y, finalmente, el respaldo al tejido asociativo se concreta en convocatorias de ayudas que superan los 500.000 euros para asociaciones de personas discapacitadas, junto a la promoción de actividades deportivas, culturales y de ocio inclusivo en toda la provincia. (Véase: Diputación de Cáceres, noticias sociales, de 03/12/2025). 


martes, 13 de enero de 2026

EL AFILADOR CRUZÓ EL ATLÁNTICO


El afilador, de Antonio de Puga, en el Hermitage

    En el pueblo, en la ciudad, todos hemos oído alguna vez al afilador. Recorría las calles haciendo sonar el histórico capapuercas o castrapuercas, un reclamo musical itinerante para el afilador tradicional que tañía silbatos y, tras el sonido, la palabra de lo que vendía. El afilador, según la RAE, es la persona que tiene por oficio afilar instrumentos cortantes. “Cuando oíamos al afilador, bajábamos a la calle a llevarle los cuchillos que no cortaban bien.”

    Extremestiza (una estrategia impulsada por la Junta de Extremadura, a través de la Fundación Extremeña de la Cultura para rescatar la identidad común  e impronta cultural que une Extremadura con los pueblos americanos) nos recuerda hoy que el característico sonido que emite el afilador tiene su origen en este oficio ambulante que se popularizó desde España y llegó a toda la América española, y que era un aviso obligatorio para anunciar servicios de afilar cuchillos, tijeras y otras herramientas.

    Fruto del mestizaje, este oficio extendido en Hispanoamérica se convirtió en parte del paisaje sonoro urbano, especialmente en ciudades como Ciudad de México.

    El sonido procede de un pequeño instrumento denominado de diferentes formas: pito de afilador, chifla, xipro o silbato, y caramillo y zampoña en otros lugares.

    Cada afilador tenía su propia melodía, que le permitía distinguirse y cada vez que sonaba la flauta de pan o chiflo en un pueblo, la gente sabía que había llegado el afilador. El afilador ambulante con su rueda de afilar y su chiflo (o caramillo) se convirtió en un símbolo de la España rural y urbana.

    En un cuadro de óleo sobre tela de 1640, atribuido a Antonio de Puga, se muestra a un afilador del siglo XVII en España. Su legado se convirtió en una estampa viva en toda Hispanoamérica. Esta imagen forma parte de los fondos del Museo del Hermitage (San Petersburgo) y con ella, Extremestiza quiere recordar hoy el sonido de la memoria compartida entre Extremadura y América.

    En América, la pesada rueda de madera que aparece en la obra y que empleaban los afiladores, se fue adaptando y evolucionando, con mucho ingenio, a vehículos de dos ruedas, convirtiéndose en talleres mecánicos móviles.

    Todavía hoy puede escucharse en nuestros pueblos el peculiar sonido del afilador, al igual que sigue oyéndose esta misma melodía en pueblos del otro lado del océano.


sábado, 10 de enero de 2026

LA PLAZA MAYOR DE GARROVILLAS DE ALCONÉTAR



    Garrovillas de Alconétar se localiza en la provincia de Cáceres, dentro de la Comunidad Autónoma de Extremadura, y se sitúa en una penillanura perteneciente al Macizo Hespérico o Hercínico, una unidad geológica de origen palozoico, que constituye la estructura geológica dominante en el oeste peninsular.

    El estudio que presentan Santiago Molano Caballero, licenciado en Historia y natural de la localidad, y José Antonio Ramos Rubio, cronista oficial de Trujillo,[1] responde, según la alcaldesa y prologuista de la obra,  Elisabeth Martín Declara, “a tratar de comprender la plaza no solo como un conjunto arquitectónico, sino como un organismo vivo, configurado por las familias que la habitaron, las actividades que la animaron y las transformaciones que, a lo largo de los siglos, moldearon su fisonomía”.

    Garrovillas constituye un ejemplo paradigmático de cómo los procesos de reconquista y repoblación condicionaron la estructuración de un espacio urbano que, con el paso de los siglos, consolidó un modelo específico de vida castellana. La ocupación cristiana se produjo en el marco de la ofensiva militar castellano-leonesa que, a lo largo del siglo XII, logró asegurar el control sobre el río Tajo como frontera estratégica. Tras la consolidación del poder militar, el paso siguiente es la consolidación del territorio, proceso que no se limita al asentamiento de nuevas familias campesinas, sino a la reordenación del espacio mediante la creación de villas con personalidad jurídica propia. Garrovillas fue una de estas fundaciones repobladoras, dotada de fuero, institución que asegura la cohesión social, la regulación económica y la articulación de un urbanismo específico.

    Uno de los aspectos más relevantes del estudio urbano de Garrovillas de Alconétar es la huella evidente de la presencia de las tres grandes culturas que convivieron en la península ibérica durante la Edad Media; la árabe, la judía y la cristiana que, si bien no exenta de tensiones, se refleja en la configuración del espacio urbano y en la articulación social de la villa. La influencia de la cultura árabe en el urbanismo se manifiesta fundamentalmente en la estructura laberíntica de algunas zonas del casco antiguo. La comunidad judía tuvo una presencia significativa, especialmente en los siglos XIV y XV, en la judería del casco antiguo. Tras la incorporación del territorio al dominio cristiano, el espacio se materializó a través de la construcción de iglesias, conventos y plazas mayores. La iglesia de San Pedro y la Plaza Mayor constituyen elementos fundamentales en la reorganización del centro urbano a ejes simbólicos cristianos.

La alcaldesa de Garrovillas de Alconétar con los autores

    Garrovillas de Alconétar constituye un ejemplo notable de cómo la historia urbana refleja los procesos de convivencia, conflicto y transformación social a lo largo del tiempo. La presencia de un trazado medieval bien conservado, junto con evidencias de las tres culturas, permite reconstruir una narrativa compleja de mestizaje y resistencia cultural. La villa experimentó una notable remodelación de su estructura urbana y monumental entre finales del siglo XV y el XVI, erigiéndose edificaciones fundamentales (iglesias, ermitas, conventos, hospitales y el palacio condal), que no solo respondían a necesidades religiosas o asistenciales, sino que representaron un papel central en la organización del espacio urbano y en la proyección simbólica del poder señorial y eclesiástico. A finales del siglo XV, la villa pasa a manos del conde de Alba de Liste, uno de los linajes nobiliarios más poderosos de la Castilla occidental. La consolidación del señorío y su presencia en el territorio fueron esenciales para el desarrollo urbano del siglo siguiente.

    La Plaza Mayor emergió como centro neurálgico del núcleo urbano y espacio articulador de la vida social y administrativa. En ella se localizan los centros de poder civil y religioso, así como los espacios destinados al mercado y a la celebración de actos públicos. La carta de repoblación, otorgada por Alfonso IX en 1230 y ratificada por Fernando III en 1233, no solo permite la ocupación efectiva del territorio, sino que configura la villa como un ente autónomo dentro del entramado administrativo del reino.

    La Plaza Mayor de Garrovillas de Alconétar, cuya datación puede situarse en la segunda mitad del siglo XV, responde a un modelo urbano más racionalizado y planificado. El análisis de la estructura urbana evidencia un proceso de expansión dual: por un lado, un crecimiento orgánico vinculado a las instituciones eclesiásticas tradicionales y, por otro, una ordenación espacial más racional, ligada a las necesidades administrativas y comerciales de una villa en plena consolidación como centro regional. La Plaza Mayor de la Constitución, declarada Bien de Interés Cultural en 1949, constituye uno de los conjuntos urbano-arquitectónicos más notables de Extremadura. La plaza presenta una configuración perimetral cerrada por un conjunto de varias edificaciones de dos plantas, uniformadas mediante soportales de columnas de granito y arquerías de ladrillo. En total se contabilizan sesenta y cinco arcos en los soportales y ciento tres ventanales en las galerías superiores.

    La obra aborda también el estudio tipológico de los edificios singulares, como la Casa-Palacio de los Condes de Alba de Liste, rehabilitado por la Junta de Extremadura para la red de Hospederías de la Comunidad; el Ayuntamiento y las dependencias municipales; la Cárcel Real; la alhóndiga, un edificio público destinado al almacenamiento de grano; las carnicerías; y los mesones y tabernas de abasto.

    Finalmente, el último capítulo aborda el uso social y las dinámicas contemporáneas del espacio público y la plaza como plató cinematográfico. Hay que destacar las transformaciones realizadas a finales del XIX y XX: el pozo en el centro (1882), la instalación de la farola de hierro fundido (1902), la pavimentación del suelo (1978), la restauración y reurbanización de 1980, la creación del Corral de Comedias a finales del XX, el rodaje de películas como “La leyenda del alcalde de Zalamea” (1972), de Mario Camus, protagonizada por Paco Rabal y Fernando Fernán Gómez; y series como “Los ríos”, centrada en el recorrido del río Tajo.

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 [1] Vid.: Molano Caballero, Santiago y Ramos Rubio, José Antonio: Plaza Mayor de la Constitución de Garrovillas de Alconétar, Edit. Ayuntamiento de Garrovillas de Alconétar, Cáceres, 2025, 159 págs.