lunes, 30 de enero de 2023

LUIS DE ÁVILA Y ZÚÑIGA, MARQUÉS CONSORTE DE MIRABEL Y COMENDADOR MAYOR DE LA ORDEN DE ALCÁNTARA


Luis de Ávila y Zúñiga (Plasencia, 1500-1573), marqués consorte de Mirabel, comendador mayor de la Orden de Alcántara e historiador español. Fue el segundo hijo de Esteban Dávila, II Conde del Risco y Señor de las Navas y de Villafranca, y de Elvira de Zúñiga, hija de los II Duques de Béjar. Vinculó su fortuna al servicio del emperador Carlos V, primero en su real Casa y después en el uso de las armas (guerra de Túnez, Liga de Esmalcalda y la batalla de Mühlberg) y en diferentes acciones diplomáticas.

En 1529 formó parte del séquito que acompañó a Carlos I a Bolonia para coronarse emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. El 6 de diciembre de 1530 recibió la Encomienda de Calzadilla de la Orden de Santiago. Desde 1531 se tiene constancia de su asiento como gentilhombre de la boca de la Casa de Borgoña del emperador. Un año más tarde volvió a acompañar al César en la expedición de socorro de Viena, sitiada por los turcos, y en 1535 participó en la empresa de Túnez, recibiendo poco antes su nombramiento como gentilhombre de la cámara de la Casa de Borgoña. En 1537 se le encomendó negociar en Roma con el pontífice y con el príncipe Doria sobre una armada contra los turcos. Dos años más tarde, acudió a Lisboa para dar el pésame a Juan III y la reina Catalina por el fallecimiento de su hijo.

Luis tomó parte como miembro del ejército imperial en la Jornada de Túnez. Se embarcó en Barcelona en abril de 1535. Ese año había llegado el tesoro del Inca, enviado por Francisco Pizarro desde Perú, y el emperador no tenía por entonces aprietos económicos. El 21 de julio caía sin lucha Túnez en poder de Carlos V.

La Liga de Esmalcalda surge en el invierno de 1530-1531, formada por la nobleza protestante alemana. Como capitán general de Caballería. Luis de Zúñiga participa al lado del emperador en las campañas de la guerra contra la Liga desde 1546 a 1547, y ganada por Carlos V con la ayuda de los Tercios españoles. Luis recibió del arzobispo de Colonia, el 25 de septiembre de 1547, seis cráneos reliquias de las once mil vírgenes que se veneran en la iglesia convento de las Ursulinas y las trajo al convento de San Francisco Ferrer de Plasencia.

A comienzos de 1542 contrajo matrimonio con su prima María de Zúñiga, I marquesa de Mirabel. Tuvieron cinco hijas: Elvira, casada con Fernando de Monroy y Córdova; Inés, casada con su primo Antonio de Meneses y Zúñiga; María, casada con Fernando de Vera y Vargas; Luisa, monja en el Monasterio de la Encarnación de Plasencia, y Jerónima, casada con su primo Alonso de Ávila y Córdova.

Luis de Zúñiga acompañó al Príncipe, el futuro rey Felipe II, en su viaje de presentación en los Países Bajos. Entran en Bruselas el 1 de abril de 1549, donde el emperador les esperaba. El 25 de octubre de 1555, cuando Carlos I de España y V de Alemania, abdica en favor de su hijo Felipe II como rey de España y duque de Borgoña y de su hermano Fernando I como emperador de Sacro Imperio Romano, Luis de Zúñiga está presente.

Zúñiga escribió el célebre “Comentario de la guerra de Alemania hecha por Carlos V, máximo emperador romano, rey de España, en el año 1545-1547”, publicado en Venecia en 1549 y 1552.

Gracias a sus consejos, el emperador elige el monasterio de Yuste como su lugar de retiro de este mundo. Al vivir en el palacio de Mirabel de Plasencia, visitaba frecuentemente al emperador. En el citado palacio demostraba su admiración por él con lienzos y frescos que aludían a las gestas militares y colocó en el patio un busto de él, obra del escultor italiano Pompeo Leoni. El 21 de septiembre de 1558, Luis de Zúñiga asiste a la muerte del emperador en Yuste y escribe la relación de su fallecimiento.

Tras el fallecimiento del César Carlos permanece en Castilla hasta septiembre de 1559. Felipe II le envía en misión diplomática a Roma para tratar con Pío IV no solo el fin del Concilio Tridentino, sino también de la resistencia al uso del cáliz y al matrimonio entre clérigos. A su regreso a la Península, a finales de 1563, permanece retirado en su casa de Plasencia y solo se acerca a la Corte para asistir a las reuniones del Consejo de Estado y de Guerra.

En 1571, Felipe II le concede el título de marqués sobre los estados de su esposa por el fallecimiento de su suegro Fabrique de Zúñiga y Sotomayor, señor de Mirabel. Falleció en su retiro extremeño el 24 de septiembre de 1573. Le sucede al frente de sus estados su hija y heredera, Jerónima de Zúñiga, que se casó con su primo Alonso de Zúñiga y Córdoba, gentilhombre de la cámara de Felipe II, hasta su muerte en 1593. Fue inhumado en la capilla de Nuestra Señora del Rosario, en el crucero de la parte del Evangelio, de la iglesia de san Francisco Ferrer de Plasencia.

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Bibliografía consultada: Diccionario biográfico español de la Real Academia de la Historia.

jueves, 26 de enero de 2023

ÁLVARO GÓMEZ BECERRA, EL EXTREMEÑO CON MÁS PODER POLÍTICO EN ESPAÑA

Álvaro Gómez Becerra
(cuadro de Eduardo Balaca,
Palacio del Senado. Madrid) 

Álvaro Gómez Becerra (Cáceres, 26/12/1771; Madrid, 23/01/1855), fue un abogado y jurisconsulto español, hijo de Pedro Joaquín Gómez, procurador de número de la villa de Cáceres, y de Teresa de Jesús Becerra Figueredo. Vivió en el seno de una familia de juristas en Cáceres, en una sociedad envuelta en conflictos y crisis agrícola.

El jurista José Luis Pérez Mena y José Antonio Ramos Rubio, historiador y cronista oficial de Trujillo, bucean en esta nueva obra en el itinerario vital, profesional, doctrinal e ideológico de Gómez Becerra, según afirma en el prólogo el profesor de Historia del Derecho de la Uex, Sixto Sánchez-Lauro. [1] El primero aborda aborda sus escritos jurídicos y el segundo, su biografía. Los autores continúan con esta obra la estela de otros destacados extremeños liberales en las Cortes: Muñoz Torrero, José María Calatrava y Juan Muñoz Chaves, cuyas biografías ya vieron la luz.

Gómez Becerra estudió Leyes en Salamanca. En junio de 1792 obtuvo el grado de bachiller en Leyes y el de licenciado, en 1796, año en que oposita a una Prima de Leyes. Tras licenciarse, dejó de transitar las aulas salmantinas y pasó a practicar la abogacía en Cáceres, ingresando en el Colegio Oficial de Abogados el 9 de febrero de 1792.

El letrado cacereño, como reconocen los autores, fue uno de los personajes más importantes de la vida pública nacional y uno de los más destacados juristas y políticos de la historia de Extremadura. Ocupó las más altas magistraturas de todos los poderes del Estado: en política, fue ministro de Gracia y Justicia tres veces (1835-1836), presidente del Consejo de Ministros (1843); legislativo: senador del Reino por Badajoz y diputado a Cortes por Cáceres, presidente del Senado, presidente del Congreso; judicial: magistrado del Supremo, fiscal de la Audiencia de Madrid, regente de la de Zaragoza…

Gómez Becerra tomó parte activa durante la invasión francesa en la defensa de Cáceres. Tras el levantamiento contra el invasor, el 23 de marzo de 1809, la Junta Revolucionaria del partido de Cáceres, nombra a Gómez Becerra corregidor de la villa por aclamación popular, en atención a sus servicios, instrucción y conocimientos. Estuvo a punto de ser fusilado cuando se opuso a los atropellos y abusos que los franceses estaban generando en Cáceres y poblaciones colindantes.  En agosto de 1812 fue nombrado juez de Primera Instancia, funciones que desempeñó hasta mayo de 1913. En esos años preside la Sociedad Patriótica de Cáceres (1812-1813), una época histórica para España con la aprobación de la Constitución de Cádiz el 19 de marzo de 1812. Fundó el primer periódico de Cáceres (La Asociación de Cáceres) que se elaboraba en su casa de la calle Sancti Spiritu manualmente y se exponía en una tienda de la calle General Ezponda, ya que la primera imprenta se creó en la ciudad en 1820. Del citado periódico, que salió el 11 de enero de 1813, se hicieron 31 números.

El 24 de mayo de 1813, Gómez Becerra abandonó Cáceres tras ser nombrado por la Regencia Jefe Político de Extremadura, trasladándose a Badajoz. La Diputación Provincial de Extremadura se constituyó el 24 de octubre de 1812 en Badajoz y estuvo funcionando hasta que las Cortes decretaron su anulación el 13 de mayo de 1813. En cumplimiento de la Constitución de Cádiz fue creada la Diputación de Extremadura, precedente de las actuales diputaciones de Cáceres y Badajoz. Las instituciones liberales volvieron en el año 1820, la Diputación de Extremadura se reinstauró y Gómez Becerra fue restituido en su cargo.

Al regresar Fernando VII en 1814, determinó el retorno de los realistas y la huida de Gómez Becerra hacia Badajoz. La expulsión de los franceses de España se materializó con la promulgación del Real Decreto de 4 de mayo de 1814, por el que se declaraba nula y sin ningún valor la Constitución de 1812. En Badajoz, el 15 de mayo de 1814, cesa en sus funciones como jefe político Álvaro Gómez Becerra, así como la Diputación de Badajoz. Regresa a Cáceres y vuelve a ejercer la abogacía. En la noche del 15 de mayo, tras la vuelta del rey, se produjo en la capital cacereña un importante alboroto, en el que   se quemaron ejemplares de la Constitución y se restituyeron en sus puestos, por la voluntad popular, los antiguos concejales. A los pocos meses, Gómez Becerra se marcha a vivir a Madrid con su madre y hermana, a buscar mejores horizontes a su carrera. Abre un despacho de abogado. Sus contactos con políticos y letrados madrileños marcan un cambio de orientación en la vida política de Gómez Becerra.

Gómez Becerra ingresó en el Colegio de Abogados de Madrid el 13 de octubre de 1814. En 1820, durante el Trienio Liberal, regresó a su antiguo destino a Badajoz donde ejerció como Jefe Político Superior de la provincia extremeña, con el triunfo del pronunciamiento de Riego. La elección de diputados de la Diputación de Extremadura se hizo conjuntamente con la de diputados a Cortes en mayo de 1820 en Badajoz, en la que él sale elegido como Jefe Político de Extremadura. Las segundas elecciones para Cortes y para la Diputación de Extremadura tuvieron lugar en Badajoz los días 2 y 3 de diciembre de 1821.  El 9 de marzo de 1820 se restableció el sistema constitucional y cuanto sobre ayuntamientos había legislado la Constitución de Cádiz. Gómez Becerra presidió la Diputación de Extremadura el 22 de mayo de 1820. El 25 de octubre de 1821 fue nombrado Jefe Político de Toledo.

Gómez Becerra fue elegido diputado a Cortes en 1822 y presidente de la Cámara. Con la firma del Decreto que declaraba traidores a todos los diputados que hubieran votado la destitución de Fernando VII, entre los que se encontraba Gómez Becerra, este tiene que marcharse al exilio. Se encontraba en Cádiz donde presidió las últimas Cortes.  Salió de Cádiz por Gibraltar junto a su hermana para instalarse en Malta. Entre Malta, Sicilia y la costa del norte de África vivió siete años y después se traslada a Marsella. También residió en Bayona, donde recibió la ayuda de otros emigrantes. Pudo hacer frente a su mala situación económica gracias a una pensión que le concedió el Gobierno francés de 40 duros mensuales en su calidad de último presidente de las Cortes de Cádiz. Durante su exilio le llegó la triste noticia del fallecimiento de su madre y el de sus hermanas Mariana y Ana. El Gobierno francés le concede una pensión de 200 francos mensuales como último presidente de las Cortes españolas. Cuando fallece Fernando VII, Gómez Becerra regresa a Madrid en marzo de 1834, acogiéndose a la amnistía de 1833 concedida por la reina regente María Cristina de Borbón dos Sicilias. A su llegada a España ocupa los puestos de Regente de la Audiencia de Zaragoza y Magistrado del Tribunal Supremo. En julio de 1834 es designado fiscal de la Real Audiencia de Madrid, cargo que ocupa un mes. Al mes siguiente es nombrado regente de la de Zaragoza, cargo del que toma posesión el 25 de septiembre. El 14 de septiembre de 1835, Juan Álvarez Mendizábal le confió la cartera de Gracia y Justicia, ejerciendo su cargo entre el 28 de septiembre de 1835 hasta el 5 de junio de 1836. En 1836 fue nombrado magistrado del Tribunal Supremo y elegido otra vez diputado por Cáceres. Ocupa de nuevo la presidencia del Congreso, primero de forma interina desde el 18 al 21 de octubre de 1836 y con carácter definitivo del 24 del mismo mes al 1 de diciembre de 1836. Gómez Becerra fue senador por la provincia de Badajoz en las legislaturas de 1837, 1838 y 1838-1839 y en las elecciones de 24 de julio de 1839, diputado por Cáceres, renunciando al cargo para tomar posesión de su escaño de senador por Badajoz, para el que había sido elegido de nuevo en septiembre. En octubre de 1840 fue nombrado de nuevo ministro de Gracia y Justicia, en el que se mantuvo hasta el 21 de mayo de 1841. Fue senador por la provincia de Toledo en las legislaturas de 1841 a 1843 y tres veces presidente del Senado durante este período.  Miembro del Gabinete de Regencia en 1840, al renunciar la reina gobernadora María Cristina a su función de regente y embarcarse para Francia. Gómez Becerra fue nombrado ministro. El 19 de mayo de 1843 cae el gobierno presidido por Joaquín María López, siendo sustituido por Gómez Becerra en la Presidencia del Gobierno. En 1843, tras disolverse las Cortes, fue nombrado senador vitalicio. En 1845 dirige una junta progresista revolucionaria contra el Gobierno de Narváez. A los 75 años, en 1846, fue acusado de conspirador durante el ministerio de Narváez y fue desterrado a Cuenca. En 1847 fue nombrado por la reina senador vitalicio, permaneciendo en él hasta la legislatura de 1851-1852.

Fallece el 23 de enero de 1855, en el número 11 de la calle Señores de Luzón, a los 84 años de edad. Fue enterrado en el cementerio La Patriarcal. Un año después del fallecimiento, el gobernador civil de Cáceres, Bartolomé Romero Leal, recomienda al ayuntamiento se sirva dar su nombre a la calle de esta villa en la que vio la luz titulándola “Calle de Gómez Becerra”.

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[1] Vid.: Pérez Mena, José Luis y Ramos Rubio, José Antonio: Álvaro Gómez Becerra, político constitucional y constitucionalista, TAU Editores, Cáceres, 2022, 294 págs.


lunes, 23 de enero de 2023

SOTERO SANZ VILLALBA, HIJO ADOPTIVO DE MÉRIDA Y ARZOBISPO TITULAR DE EMERITA AUGUSTA



    El 18 de septiembre de 1970, “el Pleno Municipal de Mérida elegía por unanimidad a S. E. Reverendísima don Sotero Sanz Villalba, designado por S. S. el papa Pablo VI para desempeñar la Nunciatura Apostólica en Chile y recientemente consagrado como arzobispo titular de Emerita Augusta”. [1] El secretario de la Corporación, Fabián Sánchez Hernández, certificaba el 1 de septiembre de 1970 que, a la vista de la moción de la Alcaldía, “en la que se hace constar que, recientemente, ha sido designado por S. S, Paulo VI, para la Nunciatura Apostólica de Chile, monseñor Sotero Sanz, sacerdote español que presta sus servicios en la Secretaría de Estado del Vaticano, y que será consagrado obispo de la Iglesia católica en la Basílica del Pilar, de Zaragoza, con el título de la extinguida archidiócesis  de Mérida, ceremonia en la que el señor alcalde y su esposa serán los padrinos del consagrado…, habida cuenta de que es el primer español, desde san Francisco Javier, que ostenta tal categoría [2], termina proponiendo a la Corporación que se le nombre Hijo Adoptivo de Mérida”, nombrándose juez instructor al alcalde-presidente, D. Francisco López de Ayala y García de Blanes, y secretario, al de la Corporación. [3]

    El domingo 20 de septiembre de 1970 tuvo lugar el acto de nombramiento como Hijo Adoptivo de la ciudad en el salón de plenos municipal, al que siguió una misa en la iglesia arciprestal de Santa María la Mayor y, posteriormente, un vino de honor en el Tiro de Pichón de Proserpina. El alcalde expresó su satisfacción por tener en Mérida al nuevo arzobispo de la ciudad y respondió monseñor Sotero con gratitud por el nombramiento. “Ser hijo adoptivo de Mérida es como sentirse en casa propia. Aquí, en Mérida, se encontraba a Roma; aquí me iba a encontrar con lo mejor de España”, manifestó. Terminó expresando su gratitud a toda la ciudad con un abrazo al alcalde. Por la tarde, monseñor Sotero Sanz recorrió la zona monumental de la ciudad, que le fue mostrada por José Álvarez Sáenz de Buruaga y Eugenio García Sandoval; visitó la barriada de La Paz y la parroquia de santa Eulalia, donde se rezó una Salve. Al día siguiente por la mañana, le fueron mostradas al arzobispo diversas realizaciones e instalaciones del Plan Badajoz, en las Vegas Bajas. [4]

    Sotero Sanz Villalba (El Buste, Zaragoza, 22/04/1919; Santiago de Chile, 19/01/1978) fue un prelado español de la Iglesia Católica que trabajó en el servicio diplomático de la Santa Sede. Estudió en los seminarios diocesanos de Tarazona y Tudela y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se doctoró en Derecho Canónico. Más tarde fue enviado a Roma y completó su formación en la Pontificia Academia Eclesiástica en 1948.

    Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de julio de 1922 en Comillas. Sucesivamente fue coadjutor, capellán de religiosas, prefecto de disciplina y profesor del Seminario de Tarazona.

    En el Servicio Diplomático de la Santa Sede, fue jefe de la Sección de Lengua Española de la Secretaría de Estado y asesor de la misma, hasta que el 14 de julio de 1970, el papa Pablo VI le nombró nuncio apostólico en Chile y arzobispo titular de Emerita Augusta. [5] El 12 de septiembre del mismo año recibió la consagración en la Basílica del Pilar de Zaragoza de manos del cardenal Enrique y Tarancón, arzobispo de Toledo y primado de España. El 24 de noviembre de 1977 fue nombrado delegado apostólico en México, cargo de que no llegó a ejercer debido a la grave enfermedad que le causó la muerte. Falleció en el Hospital Universitario Católico de Santiago de Chile a los 58 años de edad a consecuencia de un cáncer fulminante.

    Su médico, el doctor Lorenzo Cubillos Osorio, escribió un libro titulado “Monseñor Sotero Sanz Villalba, un santo pastor, un nuncio que ofreció su vida por Chile”. En el libro de Charles Theodore Murr titulado “La madrina. Madre Pascalina”, que fuere secretaria personal del papa Pío XII durante más de cuarenta años, en el capítulo que lleva por título “Una protesta de rumores”, alude a la cuestión mexicana. El origen de la misma había sido la petición dirigida al Vaticano por monseñor Nuño, arzobispo de Guadalajara, y de otros treinta obispos mexicanos para que fuera cesado el delegado apostólico en México, monseñor Mario Pio Gaspari, hombre considerado muy cercano al cardenal Baggio, prefecto de la Congregación de los Obispos e influyente miembro de la masonería. En el marco de una visita apostólica, ordenada por el Papa, para depurar a la Iglesia de masones infiltrados, se decidió trasladar a monseñor Gaspari a Japón. Don Sotero murió antes de tomar posesión. El hecho de que fuera elegido para intentar “reconstruir el episcopado mexicano con hombres buenos, honestos y creyentes” demuestra la alta estima que le tenían en el Vaticano. La madre Pascalina dijo de don Sotero: “¡Ese sí que es un hombre auténtico!”, un extraordinario elogio por parte de quien conocía todos los entresijos de la Santa Sede y sabía valorar con su excepcional inteligencia a todos los integrantes de la numerosa pléyade de eclesiásticos con los que tuvo que “lidiar” durante sus muchos años de servicio al papa Pío XII y a la Iglesia. [6]

    Estaba en posesión de la Orden de Isabel la Católica y la del Mérito Civil (España), así como de la Orden del Sol (Perú).

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[1] Vid.: Acta municipal del Pleno del 18/09/1970, del Excmo. Ayuntamiento de Mérida, sobre concesión al Excmo.  y Rvdmo. Sr. D. Sotero Sanz Villalba del título de Hijo Adoptivo de Mérida.

[2] Vid.: Justo Villor García (Los Villares, Jaén, 08/05/1932; Roma, 30/12/1936), arzobispo español, nuncio en Costa de Marfi, pro-nuncio de Burkina-Faso y Níger; nuncio en Estonia, Letonia y Lituania, nuncio apostólico en México y presidente de la Academia Pontificia Eclesiástica, consagrado arzobispo titular de Emerita Augusta por S. S. Juan Pablo II el 21 de marzo de 1979 y en 1994, arzobispo titular de Volsinium, en Wikiwand.com.

 [3] Ibid.

 [4] Vid.:Ser hijo adoptivo de Mérida es sentirse como en casa propia”, en el diario Hoy de 22/09/1970, pág. 11.

 [5] Vid.: Web de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, Historia de la Archidiócesis. La Provincia Metropolitana de Lusitania, con capitalidad en Emerita Augusta, se remonta hacia el 255-257 por la carta de san Cipriano al clero y al pueblo de la ciudad. En el año 119, el papa Calixto II crea la Provincia Metropolitana de Santiago de Compostela, trasladando a ella todos los derechos y privilegios, así como sus sedes sufragáneas hasta que se reconquistase Mérida y se repusiese su silla arzobispal. Cuando el rey Alfonso IX tomó la ciudad en 1228 al poder musulmán, el hecho de que hubiesen colaborado el arzobispo de Santiago, don Bernardo, y el maestre de la recién creada Orden y Caballería de Santiago, hizo que ninguno de los dos estuviese dispuesto a restablecer la Sede Metropolitana. El 28 de julio de 1994, el papa Juan Pablo II creó la nueva Provincia Eclesiástica Mérida-Badajoz, que comprende las tres diócesis extremeñas: Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia.

 [6] Vid.: Centro de Estudios Borjanos: Elogio de monseñor Sotero Sanz, Institución Fernando el Católico, de 06/10/2022.       

 

lunes, 16 de enero de 2023

NUEVO AÑO



    

    El pasado, ya ido, se preguntaba qué nos traería el nuevo año. Tanto vivido, tantos conocidos que ya no veremos; reconocidos sin conocer; conocidos sin vernos, tan cerca y tan lejos. La vida tan bella, tan monótona para unos, tan ilusionante para otros; para algunos, la rutina de cada día, esperando sin confiar en nada; otros hubiere que confían en demasía en quienes nada pudieren darle: la confianza ciega, el despertar abierto hacia un nuevo túnel del tiempo que se abre ante nosotros como una interrogante despejada hasta el final…

    Campanas y cohetería de Nochevieja, preludio de buenos deseos que se abren con los primeros sueños. Al fin pudimos salir, vivimos la calle, tornamos a ella para ver pronto a los Reyes… Qué nos traerán cuando nada necesitamos, más que la fe, la esperanza y la caridad con quienes nada poseen. Qué es la fe sin las otras dos virtudes teologales; sin las cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Quizá fueren esas y no otras las que pedimos y solicitamos para nuestros gobernantes.

    Qué decir de nuestros pequeños y mayores vulnerables, a quienes desde aquí nos dirigimos cada mes; contamos sus triunfos, avances e ilusiones. Poco a poco, piedra a piedra, vamos construyendo la casa que necesitan, nuestra propia casa, también la suya, para que sean felices en su caparazón de discapacidad, que les hace felices con cualquier cosa, y tantas aún necesitaren. Hablamos de sus pequeños deseos, los de sus padres, que a veces claman en el desierto; de la solidaridad por bandera que aúna tantas voluntades; de las llamadas que nos invitan a compartir nuestra sonrisa con quienes la esperan.

    La Navidad es para mayores y pequeños; el nuevo año, más para los niños. Ellos esperan ilusionados, más que nadie, los regalos de los Reyes antes de volver al colegio. Nadie se pierde su cabalgata; todos alargan sus brazos para recibir un regalo. Algunos que nada tienen, con poco se conforman; otros, que nada esperaren, dan las gracias con su sonrisa.

    Crecen los niños con el nuevo año, mientras envejecen sus progenitores. Aquellos cuentan los días para un nuevo deseo: las vacaciones; los últimos en vivir los días rodeados de su descendencia. Hay otros, empero, en quienes apenas pensamos, que necesitan más que otros vivir sus días, como aquellos que todo lo hubieren. Las personas discapacitadas que sueñan sin que sus sueños puedan hacerse realidad; aquellas a quienes les sobran las barreras físicas que les mantienen encerrados; sin residencias en las que vivir confortables y atendidas; sin personal especializado que atienda sus necesidades especiales… Todo lo esperan estos niños del nuevo año, sin que quizá solo los suyos puedan atenderles.

    La fe, la esperanza y la caridad comienza por ellos y para ellos. Si no hubieren luz, quién la hubiere por ellos; si no tenemos esperanza, cómo abrigarla los vulnerables; si no practicamos la caridad, quién se acordará de nosotros cuando la necesitemos.

 

miércoles, 4 de enero de 2023

NICOLÁS REDONDO Y EXTREMADURA


Hay una vinculación estrecha del líder sindical Nicolás Redondo (Baracaldo, 1927; Madrid, 03/01/2023), fallecido en Madrid a los 95 años, que le liga para siempre a Extremadura: su detención en 1967 y su destierro a Las Mestas (Cáceres), en plenas Hurdes, junto a los históricos Ramón Rubial y Eduardo López. Guardaba el sindicalista un buen recuerdo de aquella estancia, a su pesar, en tierras hurdanas. Ya entrada la democracia, ahora como hombre libre, durante una visita a Cáceres, se acercó a saludar a quienes le acogieron con todo afecto en la comarca hurdana, de la que guardare tan buena memoria.

    El periodista extremeño Juan Antonio Pérez Mateos (Palomero, Cáceres, 1941) da buena cuenta de ellos en su libro “Los confinados” (1976).

    Nicolás Redondo fue un obrero metalúrgico que se afilió a la UGT y el PSOE en 1945. Tras el congreso de 1972 que destituyó a Rodolfo Llopis, se convierte en la dirección del PSOE renovado. Ante el congreso de Suresnes de 1974 rehúsa el ofrecimiento que le hacen sus compañeros para presentar su candidatura al puesto de primer secretario y apoya la de Felipe González.  Nicolás fue secretario de Organización del PSOE entre 1974 y 1976. Desde entonces, fueron días de vino y rosas entre el futuro líder socialista y el sindical, hasta que se produjeron sus desavenencias que condujeron a la primera huelga general de la democracia: el 14 de diciembre de 1998, la primera tras la II República, enfrentándose así el sindicato y el partido hermano, que les llevaría a la ruptura definitiva.

    El 18 de abril de 1976 había sido elegido secretario general de la UGT, puesto que desempeñaría hasta el 22 de noviembre de 1994. Durante su mandato, su sindicato se consolidó como el más representativo entre los trabajadores e inició, además, la unidad de acción sindical junto a Comisiones Obreras (CC OO). El 10 de abril de 1994 dio el relevo al extremeño Cándido Méndez (Badajoz, 28 de enero de 1952), quien permaneció en el cargo hasta el 9 de marzo de 2016, abandonando después toda actividad sindical y política. 

    En su vida política, Redondo fue diputado al Congreso por Vizcaya en 1977, 1979, 1982 y 1986. Fue doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Valencia (2001) y por la Universidad de Cádiz (2008) y caballero Gran Cruz de la Orden del 2 de mayo (2010).

  Su hijo, Nicolás Redondo Terreros (Portugalete, Vizcaya, 16/06/1958) fue dirigente del Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezquerra (PSE-EE). DEP.


CUATRO MUJERES INHUMADAS EN EL VATICANO


    Una visita al Vaticano, con guía incluido, da para ver mucho, pero para observar poco. Las multitudes que se congregan cualquier día de apertura siguen a la guía, atendiendo sus explicaciones y apenas viendo las obras que explica, menos aún observando lo que sus ojos ven. Quienes vienen detrás te empujan a seguir adelante para dejar los museos y bajar a la Capilla Sixtina, donde tiene lugar el Cónclave (cum clave, bajo llave) para la elección del nuevo papa. El interior de la basílica no se incluye en la visita, ni menos aún la cripta en la que están inhumados los papas; pero la pudimos ver a solas por la tarde. Desde la Piedad de Miguel Ángel, entrando por la derecha, hasta acercarnos al baldaquino de Bernini. Sin embargo, no nos fijamos en los sepulcros de cuatro mujeres inhumadas en la basílica y en la cripta junto a los papas.

    Quiénes son estas cuatro mujeres y qué méritos hubieren para tener allí su sepulcro hasta el Día del Juicio Final. Dos reinas (Cristina de Suecia y Carlota de Chipre, la princesa polaca María Clementina Sobieska y la noble Matilde de Canosa).

Matilde de Canosa

    Por orden cronológico, nos encontramos en primer lugar con la noble Matilde de Canossa (Mantua, 1040; Bondeno de Roncore, Italia, 1115), política y aristócrata, hija de Bonifacio III de Toscana y Beatriz de Lotaringia, casada con Godofredo IV (1070) de Baja Lotaringia y Guelfo II de Baviera (1089); duquesa consorte de Lorena (1071-1076), duquesa de Spoleto (1076-1115) y vicerreina de Italia (1110-1115). Destacó como la mayor aliada del papa Gregorio VII durante la Querella de las Investiduras y participó en la mediación entre el citado papa y el emperador Enrique IV. Una serie de desgracias familiares (la muerte de su padre, su padrastro y su hermano) llevaron a Matilda a ponerse al frente de los negocios de la familia y, al igual que había hecho su madre, también se casó para asegurar su posición, con alguien muy cercano, Godofredo el Jorobado, hijo de su padrastro Godofredo el Barbudo. Aquel matrimonio de conveniencia hizo aguas muy pronto y Matilda abandonó a su marido y regresó al castillo de Canossa. Los territorios que separaban los Estados Pontificios y el Sacro Imperio Germánico controlados por Matilda, eran de especial importancia en el enfrentamiento entre Gregorio VII y el nuevo emperador Enrique IV, y Matilda, como era de esperar, se puso al lado del Papa. Aprovechando que aquel matrimonio terminó como el rosario de la aurora, Enrique IV movió ficha, se ganó la amistad del marido abandonado, Godofredo el Jorabado, y convocó el sínodo de Worms (1076), donde los 26 obispos allí reunidos, bajo la supervisión del emperador, decidieron destituir a Gregorio VII por sus pecados. El Papa no se dio por enterado y excomulgó a los obispos y el emperador (Godofredo corrió peor suerte: apareció muerto en extrañas circunstancias). El emperador entendió que había ido demasiado lejos y se arrepintió por perder el favor del vicario de Dios. Se dirigió al castillo de Canossa, donde le esperaban Matilda y el Papa, para pedir perdón. Enrique IV tuvo que permanecer tres días y tres noches a las puertas del castillo, nevando, vestido como un monje con una túnica de lana y descalzo hasta que logró el perdón papal. La paz duró poco, porque años más tarde Enrique IV entró en Roma y depuso a Gregorio, que, con mucha suerte, logró refugiarse en el castillo de Sant´Angelo. Nombró papa a Clemente III y cometió un error: abandonar Roma con Matilda libre. Esta, con su poderoso ejército, derrotó a las fuerzas del emperador y volvió a poner a Gregorio en el trono de san Pedro. A la muerte de su amigo en 1085, siguió apoyando con su ejército a los papas legítimos (Víctor III y Urbano II) y luchando contra las huestes del emperador y los antipapas nombrados por él. En su testamento, legó todas sus posesiones a la Iglesia. Tras su muerte por gota, sus restos fueron inhumados en la abadía de san Benedicto Polirone; en 1633, por voluntad del papa Urbano VIII, fueron trasladados al castillo de Sant´Angelo. En 1645, fueron llevados a la Basílica de san Pedro y sepultados en una suntuosa tumba esculpida por Bernini.

Sepulcro de Carlota de Chipre

    Carlota de Chipre (Nicosia, 1442; Roma, 1487). Hija de Juan II de Chipre y Helena Palaiologina. Estuvo casada con Juan de Coimbra (1456-1457) y Luis de Chipre desde 1459. Fue reina de Chipre (1458-1460) a los 14 años, tras la muerte de sus padres y depuesta por su hermanastro Jacobo, que obtuvo el apoyo de los mamelucos egipcios y, en menos de tres años, se hizo con Chipre y la corona. Carlota tuvo que exiliarse, primero a Roma, donde entabló una excelente relación con el papa Sixto IV y su sucesor Inocencio VIII. No tuvo hijos y la sucesión pasó a los Saboya. Una alianza entre su marido y el Papa, intentó recuperar Chipre. Murió en Roma tras cumplir los 43 años, y fue enterrada en la Basílica de san Pedro, en la capilla de san Andrés y san Gregorio de la basílica, tras un fastuoso funeral pagado de su bolsillo por Inocencio VIII.

Monumento funerario de Cristina
de Suecia en San Pedro

    Cristina de Suecia (Estocolmo, 1626; Roma, Estados Pontificios, 1689) fue hija de Gustavo II Adolfo de Suecia y María Leonor de Brandeburgo. Reina de Suecia entre 1632 y 1634. Logró firmar la Paz de Westfalia (1648), que ponía fin a la Guerra de los Treinta Años, y se acercó a las potencias católicas de la época (la Francia de Luis XIV y la España de Felipe IV) y, de esta forma, estabilizó el país. La reina se convirtió en mecenas de las letras y las artes. Desde ese momento, la corte sueca fue visitada frecuentemente por muchos intelectuales y artistas europeos del momento. En 1654, la reina comunicó al Consejo su decisión de abdicar y de abandonar el reino y, además, convertirse al catolicismo en un país abanderado del protestantismo. En Roma fue recibida con fanfarrias. Alejandro VI ordenó una recepción espectacular cuando hizo su entrada en la ciudad montada en un caballo blanco. Allí se dedicó al arte y a la cultura. Abrió el primer teatro público de la ópera en Roma y formó parte de los patronos fundacionales de la academia literaria Arcadia. En su testamento dispuso que todos sus bienes fueran a la Iglesia. A pesar de ser enterrada sin ningún boato, su amigo, el cardenal Azzolino y el papa Inocencio XI, decidieron darle un funeral de Estado y enterrarla en la Basílica de san Pedro. Su monumento funerario es obra del escultor Carlo Fontana.

Memorial de María Clementina Sobieska


    María Clementina Sobieska (Olawa, Polonia, 1702; Roma, 1735). Hija de Jaime Luis Sovieski y Eudivigis Isabel de Neoburgo, matrimonió con Jacobo Francisco Eduardo Estuardo. Tuvo dos hijos, Carlos Eduardo y Enrique Benedicto. Fue una princesa polaca prometida al príncipe de Gales, Jacobo Estuardo, que no sería rey. Jorge I de Gran Bretaña se opuso al matrimonio porque temía que habría un heredero, posible competidor de su reino. Carlos VI, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, detuvo a la princesa mientras se dirigía a Italia para casarse con Jacobo Estuardo. María fue encarcelada, pero unos católicos lograron liberarla y huyó a Roma, donde quedó bajo la protección del papa Clemente XI. En 1719 se celebró la boda y fueron reconocidos como legítimos reyes de Inglaterra y Escocia. El matrimonio fue turbulento e infeliz. Al final, María se retiró de la vida pública y dedicó el resto de sus días a la oración y sometida a rituales ascéticos. Murió a los 32 años en 1735, y fue inhumada con todos los honores en la Basílica de san Pedro de Roma. El papa Benedicto XIV encargó a Pietro Bracci esculpir el memorial sobre su tumba.

    Hoy, el papa Benedicto XVI será inhumado en la tumba que ocupó Juan Pablo II hasta que fue canonizado. En 1987, cuando Juan Pablo II beatificó al que fuere obispo de Coria (1884-1886), Málaga (1886-1896) y cardenal arzobispo de Sevilla (1896-1906), Marcelo Spínola y Maestre (San Fernando, Cádiz, 1835; Sevilla, 1906), con parroquia en Cáceres, vimos salir al cardenal Ratzinger. Iba andando camino de su residencia. Hoy le veremos camino de la cripta de san Pedro. “Vita brevis est” (Hipócrates).


lunes, 2 de enero de 2023

EL ANILLO DEL PESCADOR



Anillo de Benedicto XVI
El anillo del Pescador o anillo piscatorio (en latín Anulum Piscatoris) es un anillo usado por el obispo de Roma (el papa) quien, como sucesor del apóstol san Pedro, se considera la cabeza visible de la Iglesia Católica. Se llama anillo del Pescador, con anillo en minúscula, o anillo piscatorio, no pescatorio[1] Su nombre se debe al antiguo oficio de pescador del apóstol, cuyo sucesor es el papa. Cada sumo pontífice porta un anillo hecho usado con los restos del anterior y en él se grabará un nuevo sello. El anillo del Pescador lleva la imagen de san Pedro pescando en un bote, bordeado por el nombre del papa que ocupa la sede en ese momento en latín.

La destrucción del anillo del Pescador es una ceremonia propia de la Iglesia Católica durante el período de Sede Vacante, tras el deceso o la renuncia de un papa. Ya hemos dicho que el papa no dimite ni abdica, renuncia a su papado, de acuerdo con el verbo empleado en el Código de Derecho Canónico. [2] Al contrario que un rey reinante, que sí abdica en su sucesor o sucesora.


Después de que el equipo médico verifique el cese de actividades vitales, el camarlengo (gobernador temporal en sede vacante) debe llamar al difunto pontífice tres veces por su nombre de pila, para luego golpear su frente con un martillo de plata. Tras este rito, el camarlengo declara “Verus Papa mortuus est” (Realmente, el papa está muerto). Finalmente, el propio camarlengo retira el anillo de la mano del cadáver. El camarlengo es quien se encarga de destruir el anillo, supuestamente golpeándolo con el martillo de plata hasta deformar completamente el sello y dejarlo inutilizable. Tras la destrucción del anillo, se sabe que el material es utilizado para componer el nuevo anillo destinado al nuevo papa, el cual recibe el anillo de manos del propio camarlengo, en el momento en que acepta el papado. Lo más probable es que el nombre en latín del nuevo pontífice (que se encuentra escrito en el sello de cada anillo) sea grabado después de que el nuevo papa haya recibido el anillo de manera simbólica. A la vez que se destruye el anillo, también es destruido el sello de plomo con el escudo papal que este utilizó en vida para documentos públicos.


El Decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano,entrega
el anillo del Pescador al papa Francisco

Tras la renuncia de Benedicto XVI, ocurrió un hecho no habitual en la tradición: el anillo que le correspondía a este sumo pontífice no fue destruido, sino marcado por una cruz, anulándolo para evitar que sea utilizado nuevamente. En este caso, el anillo fue destruido en 2013 y habrá permanecido guardado hasta este momento para ser enterrado con el papa emérito. Los pedazos del anillo se guardaron en una bolsa de terciopelo que se entierra en una caja de plomo junto al papa fallecido. [3] Su sucesor, el papa Francisco, solicitó que la fundición del nuevo anillo no fuera en oro macizo como marca la tradición, sino que, en un gesto de austeridad, fuese en plata dorada. Este metal se denomina en latín argentum, raíz del nombre de su país natal, Argentina (el país del río de la Plata). El papa Francisco inició así su pontificado con un anillo que no utilizó el material del anillo del papa saliente. Aun teniendo el anillo del Pescador, el papa Francisco suele utilizar comúnmente un anillo más simple que usaba desde que era obispo en Argentina. Rara vez usa otro fabricado en Barcelona, que le regaló un cardenal y que también es muy sencillo. [4] Esa sencillez y austeridad del papa Francisco se puso de manifiesto, una vez más, en 2015, cuando tuvo que salir del Vaticano a una óptica de Roma para comprarse unas nuevas lentes. El Sumo Pontífice rechazó que le llevaran al Vaticano sus nuevas gafas y prefirió ir a por ellas personalmente. El Papa le pidió al dueño de la tienda que le cobrara el precio normal, sin hacerle reducciones ni favores. “No quiero unas gafas nuevas, solo hay que cambiar los lentes, no quiero gastar”, según contó el optómetra Alessandro Spiezia. Francisco había sido en el pasado cliente de esta tienda, así como el papa emérito Benedicto XVI, según el sitio de internet del negocio.  [5] 


La primera mención del anillo del Pescador usado por los papas es una carta del papa Clemente IV escrita en 1265 a su sobrino, Pedro Grosi. El autor afirma que los papas acostumbraban a sellar sus cartas privadas con el “sello del Pescador”, mientras que los documentos públicos se distinguían por las “bulas” de plomo adjuntas. Sin embargo, desde el siglo XV, el anillo del Pescador se usa para sellar los documentos papales oficiales que se conocen como Breves. El cardenal camarlengo es quien coloca el anillo del Pescador en el dedo anular del papa recién electo. Está hecho de oro, tienen una imagen de san Pedro en un bote pescando, y lleva a su alrededor el nombre del papa reinante. [6]

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[1] Vid.:  Fundéu RAE: papa: Claves para una buena redacción, de 26/02/2013.

[2] Ibd. Fundéu-RAE.

[3] Vid.: Muere Benedicto XVI, el brillante teólogo que no quería ser obispo y menos de Roma, en El Debate, de 01/01/2023.

 [4] Vid.: Ariza, Gabriel: Por qué el papa Francisco no lleva el anillo del Pescador, en Infovaticana, de 17/10/2013.

 [5] Vid.: EH: El papa Francisco sorprende a una óptica de Roma al llegar a comprar nuevos lentes, en El Heraldo, de 05/09/2015.

 [6] Vid.: Turthons, Herbert, “Bulls and Brief”,  Enciclopedia Católica, vol. 3, Nueva Tork, Robert Apletton Cmpany, 1908.


domingo, 1 de enero de 2023

BENEDICTO XVI, COMO UNA VELA QUE SE APAGA…

         


    Benedicto XVI (Benedictus, PP. XVI), nacido en Marktl, Alemania, el 16 de abril de 1927 y fallecido en la Ciudad del Vaticano el 31 de diciembre de 2022, fue hasta ayer el 265 papa de la Iglesias Católica y soberano de la Ciudad del Vaticano desde el 19 de abril de 2005 hasta su renuncia el 28 de febrero de 2013. Tenía 95 años.

    Ya en la audiencia general del pasado miércoles, en el Aula Pablo VI del Vaticano, su sucesor, el papa Francisco, nos había avisado de su estado de salud, agravado, y solicitaba oraciones por él porque “se encontraba muy enfermo”. Se esperaba, pues, su final, de un día para otro. Hacía tiempo que su secretario personal, el alemán Georg Gänswein, manifestó que el obispo de Roma “se apaga como una vela, lenta y serenamente”. Nada hacía presagiar, sin embargo, un final tan rápido. El secretario se había marchado tras la Nochebuena a su país natal y regresó urgentemente al Vaticano para permanecer junto a él y los médicos que le cuidaban hasta la hora de su muerte, ayer mañana, a las 9.34 de la mañana, en el Monasterio “Mater Eclesiae” del Vaticano, según informó el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Hasta ayer, último día del año, en que la vela que había iluminado y sostenido la fe cristiana, se apagó.

    Nada hizo sospechar cuando Benedicto XVI anunciaba en febrero de 2013 que abandonaba el liderazgo de la Iglesia Católica porque no se sentía con fuerzas suficientes para continuar en el cargo. Hablaba en latín ante un grupo de cardenales. El papa Benedicto XVI no renuncia ni abdica. “El Romano Pontífice tiene a la Iglesia, en virtud de su oficio (munus) como Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, plena, suprema y poder universal, que siempre puede ejercitarse libremente, según la Constitución Dogmática Lumen Gentium. En el papado, el munus se recibe con la elección en el cónclave y el ministerio, inseparable de él, es equivalente a la práctica legal del Obispado de Roma.

    Su secretario personal lo explicaba de este modo: no renuncia ni a su nombre ni a su hábito blanco. “No se retiró a un monasterio aislado, sino que continúa dentro del Vaticano, como si solo se hubiera apartado, para dar espacio a su sucesor y una nueva etapa en la historia del papado.”  “He llegado a la conclusión de que mis fuerzas, debido a mi avanzada edad, no se adecuan por más tiempo al ejercicio del ministerio petrino. Con total libertad declaro que renuncio al ministerio de obispo de Roma y sucesor de Pedro.”

    Por eso, Benedicto XVI ha permanecido vestido de blanco, con el solideo, el anillo del pescador, su título de Papa y el título de Su Santidad. Utiliza por primera y única vez la fórmula explícita: Ministerio episcopi Romae… commisso renuntiare (renuncia al ministerio del Obispo de Roma). Simplemente añade el epíteto “emeritus”. Una cosa es el ministerio del obispo de Roma y otra la primacía petrina, que es ad vitam y no se puede renunciar. ¿Por qué, entonces, papa emérito o pontífice emérito? El término emérito hace referencia a todo aquel que se ha retirado de un empleo o cargo y continúa ejerciendo o disfruta de algún premio o compensación como reconocimiento por sus méritos, en este caso un papa que renuncia. Su título es papa emérito o romano pontífice emérito.

    Benedicto XVI pasa a la historia como el gran teólogo del siglo XX que, durante el Concilio Vaticano II, propuso reformas novedosas. Como asesor del cardenal Frings, defendió un debate abierto y una creativa elaboración de los textos y una nueva manera de exponer las verdades centrales del cristianismo.

    Durante el pontificado de Juan Pablo II, fue el cardenal más próximo a él, quien le otorgó su confianza y le llevó a desempeñar con rigor el cargo de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Su elección no fue ninguna sorpresa para nadie; su muerte, en apenas cuatro días, sí lo ha sido. Descanse en paz el gran servidor de la Iglesia Católica.