sábado, 16 de febrero de 2019

LENGUAJE DE SIGNOS


            No los vemos, pero están aquí. Asistiere como espectador en cierta ocasión a una cena navideña de sordomudos. Nada se oyere. No hablaban en alta voz ni nada solicitaren que no fuere a través de su lengua: el lenguaje de signos. No pudiere sospechar el aragonés Juan Pablo Bonet que su obra Reduction de las letras y arte de enseñar á hablar á mudos (Madrid, 1620) -- un método de enseñanza oral de los sordos, que admitiere el uso de señas manuales en forma de alfabeto manual--, pudiere llegar tan lejos. El lenguaje de signos se ha convertido en norma en cualquier acto que congregue a un buen número de espectadores. Los intérpretes traducen lo que dijeren los oradores para llegar al mayor número posible de oyentes, algunos de los cuales fueren sordomudos, término que designa a las personas sordas de nacimiento y que padecen dificultades para hablar con la voz. Hoy, los sordos pueden comunicarse a través de la lengua de signos y de la lengua oral, escrita o hablada. Existen diversas lenguas de signos que se utilizan lo mismo que las lenguas orales, para describir, expresar y comunicar diversos objetos e ideas. La Ley 27/2007, de 23 de octubre, reconoció en nuestro país las lenguas de signos españolas y reguló los medios de apoyo a la comunicación oral de las personas sordas. Como Grada, que pone audio en el digital a los textos de la revista impresa para que los ciegos oigan.
         Nos han conmovido recientemente tres historias: la niña mejicana de 2 años, Lupita Padilla. que intentaba comunicarse en lengua de signos con su padre sordomudo. Su abuela grabó un video, lo publicó en las redes y decía: "Gracias, Dios, por hacerla inteligente." Diego Alonso, un estudiante de Primaria en Chile,  sorprendiere a su madre sordomuda al interpretar la canción Cuando me miras en lenguaje de signos. Finalmente, durante un concierto de la banda de rock Three Davs Grace, en Edmonton (Canadá), una chica tradujo a su padre las letras de las canciones a lengua de signos para que las pudiere entender...                  

jueves, 14 de febrero de 2019

AMOR Y LENGUA EN TIEMPOS DE CRISIS

 
           La crisis no frenare el amor, si acaso las manifestaciones lingüísticas con que aquel se expresare. El feminismo radical ha puesto frenos de pies y manos a la libre expresión con que los amantes se manifestaren el amor que se profesaren, o la simpatía, el afecto y, por qué no, el cariño que brota del roce, el mismo que procrea el cariño. Del "querida Soledad" a modo de salutación en una carta, hemos pasado al "hola Paco", naturalmente sin admiraciones ni coma que lo criaren, no vaya a ser que se lo crea el muy tunante. Nada puede creerse el así considerado por la dama cuando ni siquiera se reconocieren de vista, menos aún conocerse.
          
            Del beso en las mejillas hemos pasado a unir nuestras caras, más por parte de la mujer que de los hombres. De los dos besos a uno solo (la mujer francesa ofrece tres físicos al hombre: izquierda, derecha, izquierda...) Es en la escritura, empero, donde más se manifiesta el amor condensado, el mismo que vemos presencialmente en unos y que en otros se revela generoso. Algunas mujeres se despiden con "un beso" y otras, por wasap, te envían "mil besos", con tres emoticonos ilustrativos del ósculo. ¡Y eso que no se ven ni se rozan! ¿Lo dirá, en verdad, nuestra amada, o será, simplemente, una forma de decir? En el encuentro físico, quizá los mil besos se reducirían a dos virtuales; es decir, con un simple ayuntamiento de las mejillas.  El "hola" ha sustituido al "querido", "estimado", "apreciado", "recordado", "añorado", "anhelado"..., sinónimos del amor no compartido, pero no tan alejado del vínculo que nos uniere. "En un beso sabrás todo lo que he callado", decía Neruda, dicho al amor con derecho a roce como, si dándolo físicamente, quisiere decirle lo que nunca dijere con palabras. Lo mismo le ocurriere a los amantes de Teruel, Diego e Isabel.  El primero no poseía riquezas ni hacienda; pero ella se prestó a una espera de cinco años. Peleando con los moros, logró en cinco años cien mil sueldos; mas Isabel no pudo esperarle, acuciada por su padre para que tomare marido. Cuando Diego volvió, la halló casada y, entrando en su recámara, le rogó: "Bésame que me muero." Ella repuso: "No quiero" y Diego cayó muerto a sus pies... Nuestro escultor Juan de Ávalos inmortalizó a los amantes de Teruel en el mausoleo de la iglesia de San Pedro de la ciudad aragonesa. Diego e Isabel, con sus manos extendidas, no llegan a tocarse, como un símbolo del amor frustrado e imposible, como el de Romeo y Julieta.  Escribo a una dama conocida y me dirijo a ella como "querida"; ella, sin embargo, se frena y se dirige a mí con un "hola" desprovisto de la admiración que se le supusiere y la coma debida antes del nombre, ausente de simpatía, afecto y cariño, por muy cliente que me considere y por amigo que me tenga.
            Alguien dijere que "el amor tiene el poder de unir a dos personas que todavía no se conocen". ¿Y cómo expresar ese amor sin alas no solo en tiempos de crisis, sino más aún en tiempos de reduccionismo lingüístico, de la mano y de la capacidad de síntesis de los caracteres abreviados de las redes sociales? El atrevido, aun jugándosela, escribe en un wasap; tqm (acrónimo de te quiero mucho), esperando, en vano, una respuesta solidaria a su atrevida declaración. Quizá reciba por toda respuesta un "qué cosas dices...", creyéndose la receptora la literalidad de la declaración como si hubieren relaciones. Muchas veces suspiramos, ya en el lenguaje oral, ya en el escrito, por alguien a quien echamos de menos o en falta en determinados momentos. "El suspiro es el aire que nos sobra por alguien que nos falta", más presente en la vida que por la ausente de ella. Suspiramos más por los vivos que por los muertos. "Te echo de menos, querida..." Los suspiros no pueden abreviarse, como los nombres y apellidos, porque "amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad", según Leibniz. Pudiéremos decir que "nuestra amada es única" y ella lo mismo respecto a su interlocutor, lo que no quiere decir que alguien esté enamorado de ella, o ella de él, tras haber advertido la singularidad que le distingue de otras personas, porque "no sabrás todo lo que valgo hasta que no pueda ser, junto a ti, todo lo que soy", decía Marañón.
            ¿Qué nos impide, pues, declarar nuestro amor a la persona amada? Quizá la duda del amor no correspondido, del amor imposible, del amor dubitativo, de la amada, del amado. "Cuando se ama, se duda de todo. Cuando se es amado, no se duda de nada", decía Colette. La inseguridad del amor del otro, inhibe el deseo, la palabra; más aún, la escritura. Hay amores que frenan una relación normal en nuestro tiempo por circunstancias que, en otra época, fueren tabúes. Alguna mujer llegó a decir en una ocasión a su pretendiente que no podía concederle el baile solicitado porque "estoy peía" (por pedida), locución de cierto pueblo cacereño; otra dijo que no "podía decirle eso" por su estado civil, como si este fuere un frenillo más de la lengua y esta no pudiere expresar lo que la belleza o el amor le suscitaren, aun a riesgo de rasgárselo y devenir en una hemorragia. Otra, en cambio, le solicitaba un poema para convencerse de la generosidad de un varón que le invitare a comer. Hay personas, en fin, que por más que se alejen, por más que no les hablemos, siempre tendrán un espacio en nuestro corazón, aun condensado en tiempos de crisis y de síntesis expresiva. "Háblame que me aburro", decía Soledad en su soledad de amores. "Con vuestra venia, señora mía: con besarte os lo diré todo." Hombres y mujeres prefieren hoy la compañía de una mascota, con la que compartir su soledad de amores y de diálogos no compartidos que con la pareja que le fuere propia. Nos inclinamos por un ser irracional, a veces más racional que los humanos, antes que con la otra mitad que reclamare nuestro corazón. Un político dijo hace poco que en los hogares extremeños hay ya más mascotas que niños (Vara dixit). Otra política (Ruth Beitia), que diere marcha atrás sobre lo dicho, afirmare un día que "se debe tratar igual a un animal, mujer u hombre maltratado". No es de extrañar cuando la crisis económica y lingüística nos impelen a vivir sin niños, dejando las escuelas cada curso más vacías y los pueblos llenos de ancianos que se van yendo a otro mundo, como los jóvenes del pueblo; como los amores perdidos por la incomunicación de nuestro tiempo...
 

lunes, 4 de febrero de 2019

SEMUEL IBN NAGRELLA, POETA Y FILÓSOFO HISPANO-JUDÍO, "EL PRÍNCIPE"



Semuel ibn Nagrella (Mérida, 993; Granada, 1055), más conocido como Samuel ha-Naguid (el Príncipe) fue un poeta y filósofo hispano-judío. Educado en la cultura árabe y hebrea en Córdoba, la capital cultural  del occidente europeo, recibió una educación esmerada que incluyó, aparte del estudio del Talmud  (obra que recoge las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbres, narraciones y dichos, parábolas, historias y leyendas), gramática, medicina y varios idiomas: hebreo, árabe, arameo, latín y griego. Debido al colapso sufrido por el Califato de Córdoba y la consiguiente guerra civil,  tuvo que abandonarla en 1013 y emigra a Málaga, donde enseña caligrafía árabe. En 1020 actuaba de secretario (kátib)  del rey zirí de Granada y en 1027 fue investido con el título de Naguid o príncipe de las aljamas judías del reino, siendo nombrado a la vez visir del rey Habús ben Maksan de Granada. En 1038 actuó como general de los Ejércitos de su hijo mayor, el rey Badis ben Habús, luchando durante veinte años con las taifas vecinas de Sevilla, Málaga, Almería y Carmona. Protegió incansablemente la ciencia judía y las escuelas talmúdicas y emprendió una ambiciosa tarea erudita y literaria, especialmente interesada por el talmudismo y la gramática y sostuvo polémicas sobre los errores del islamismo.
           Tras su muerte debido a un infarto, le sucedió en el cargo de visir su hijo, José ben Nagrela
            Fue un gran poeta elegíaco, que lamentó la ausencia de parientes y amigos y la inestabilidad de las cosas humanas, así como los horrores de la guerra. Casi todas sus composiciones destacan por su elevación moral y filosófica. Su obra literaria incluye composiciones poéticas en hebreo con marcada influencia de temas y formas árabes. Entre sus obras poéticas destacan Ben Tehillim (Nuevos Salmos), Ben Mishlé (Nuevos Proverbios) y Ben Qohélet (Nuevo Eclesiastés), todas ellas de inspiración bíblica. En prosa escribe "Introducción al Talmud" y "El libro de la riqueza". Cultivó, asimismo, la poesía profana, de variada temática, que comprende desde composiciones militares y políticas hasta poemas amorosos y elegías.[1] Más de 1.700 poemas suyos de tema secular fueron editados por sus hijos en un "diwan" o antología. Con su obra, la poesía judeohispánica llega a su madurez y comienza el Siglo de Oro de las letras sefardíes.[2]
            Pilar González Augusto le califica de "personaje fascinante, cuya memoria ha sido injustamente barrida de la historia" y dice de él que "su biografía y de la su hijo  ilustran de forma ejemplar el ciclo de adquisición de poder económico y político, caída en desgracia y persecución que habría de acompañar a las comunidades judías desde entonces en la España medieval".[3]
            En Granada, en cuya corte se instala en 1020, inició un fulgurante ascenso, siendo nombrado canciller y posteriormente visir. En 1027 recibe el nombre de príncipe de las aljamas judías de Al-Ándalus, e inicia una labor de protección de la comunidad hebrea, que llega a tener unos 5.000 miembros durante su mandato. En torno a su residencia se reúne la flor y nata de la poesía hebrea del momento, la mejor de todos los tiempos. Políticamente, se convierte en el hombre con más poder del reino, después del rey Habús ben Maksan y, cuando este muere, de su hijo Badis ben Habús, siendo quien realmente ejerce el gobierno de la taifa por delegación, hasta su muerte en 1055. No solo ostenta el poder administrativo, sino también el militar. Es el único caso conocido en la España medieval de un judío que dirige un ejército como estratega, protagonizando grandes éxitos en la conquista y el sometimiento de territorios como Sevilla, Málaga, Almería y Murcia, logrando el reino su momento de máxima expansión.[4]
            En la biografía de Ibn Nagrela, otros autores afirman que nació en Córdoba en el 993, "hijo de una familia acomodada de Mérida" [5]; la Academia de la Historia se refiere a Samuel Ibn Nagrela como nacido en Córdoba el mismo año y fallecido en Granada en 1056. La Enciclopedia Judía de 1906 dice también que nació en Córdoba en el 993 y murió en Granada en 1055, aunque subraya que su padre era nativo de Mérida e igualmente Wikiwand, que sitúa la fecha de su muerte en Granada en 1055 o 1056. [6]. Sin embargo, otros autores citados en este artículo, como el blog de Pilar González Augusto, la web españaescultura.es, o Málagapedia y la enciclopedia Wikipedia citan a Mérida como su lugar de nacimiento. En su trabajo "Samuel Ibn Nagrella y su hijo José en la "memorias" de ´Abd Alla, último rey Ziri de Granada", [7]  la autora sostiene que nació en Córdoba en el 993 y, respecto al patronímico, cita al doctor Gonzalo Maeso al afirmar que la forma correcta parece ser Nagrella, aunque presenta diversas variantes.
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[1] Vid.: Piyutim: La edad dorada hispano-hebrea, en http://www.radiosefarad.com/shmuel-hanaguid-ibn-negrella-poeta-y-visir/
 
[2]  Vid.: España es cultura, Spain is culture,  artistas y creadores, cultura sefardí, en  http://www.españaescultura.es/es/artistas_creadores/semuel_ibn_nagrella.html.
 
[3]  Vid.:  González Augusto, Pilar, en su blog http://memoriadesefarad.blogspot.com/2014/02/samuel-ibn-nagrella.html, de 15/02/2014.
 
[4] Vid.: Ob. cit.
 
[6] Vid,: Jacobs, Joseph y  Broydé, Isaac: Samuel Ha-Nagid, en  JewishEnciclopedia, 1906. (http://jewishencyclopedia.com/articles/13132-samuel-ha-nagid-samuel-haleviben-joseph-ibn-nagdela).
 
[7] Vid.: Ramón Guerrero, Amelina: Samuel Ibn Nagrella y su hijo José en la ´memorias¨de Abd Alla, último rey zirí de Granada", Universidad de Granada, 1989.