lunes, 15 de enero de 2018

LA CARTA


             De cuando en cuando, al levantarme con el canto del gallo, recibo todavía alguna carta. No me llega esta como las antiguas, en papel de cuartilla, con los interlineados marcados para no salirse de la raya. Las cartas llegan ya por correo electrónico. El teléfono, primero, y las redes sociales después, han eliminado aquella comunicación tan íntima, tan ansiada, tan esperada, que nos transmitían mensajes de familiares y amigos ausentes. ¡Y con qué alegría se recibían...! En el colegio, en la mili, el reparto de las cartas se acogía con emoción contenida. El emisor comunicaba al receptor algunos entresijos de su vida, se interesaba por la suya, le deseaba salud, y hasta la próxima. ¡Ah, aquellas cartas que principiaban!: "Me alegro que a la llegada de esta te encuentres bien. Nosotros bien, gracias a Dios..." Las redes sociales han sustituido a la carta escrita de puño y letra. El papel escrito del emisor nos traía, además de mensajes, su perfume, sus huellas, su humanidad. La carta personal se esperaba; los correos electrónicos se reciben, como las cartas comerciales o formales, que no esperamos. Hay cartas y cartas: la Carta Magna, norma superior del ordenamiento jurídico de una nación; la carta blanca que alguien recibe para llevar a cabo una acción; las cartas de la baraja con las que algunos matan su ocio; las cartas del menú y del vino; la postal; las cartas de amor; la de presentación; la de crédito; las cartas de los lectores... El correo electrónico ha ampliado la noción de la carta manuscrita tradicional y la ha enterrado, a la vez. Ya nadie escribe; pocos leen; la gente no dialoga; se reenvían mensajes de otros, sin respuesta. Hablamos a través de tuits o de wasap. Como si hubiéremos perdido la lengua escrita y oral. Lo que ganamos en rapidez, lo perdemos en intimidad. La carta escrita expresaba la intimidad toda del ser humano: sus quehaceres, sentimientos, estados del alma, opiniones, deseos... Ni nos vemos ni hablamos, aunque recordemos. ¡Ay las cartas perdidas de ayer de los seres amados, lejanos, ausentes...! Siempre esperándote, querida..., salud y mi amor.

sábado, 13 de enero de 2018

ALCOLLARÍN Y EL POBLADO DE FERNANDO V


           "Un estudio exhaustivo de la localidad de Alcollarín (Cáceres), con su poblado de colonización Fernando V y su territorio, nos descubre el vacío existente en torno a este municipio. José Antonio Ramos, cronista oficial de Trujillo, ha rescatado del olvido con esta obra la importancia que adquirió esta población en la Historia, con un enfoque riguroso y preciso."  Con estas palabras define en su prólogo la importancia de la obra así titulada el alcalde de la localidad, Julián Calzas Escribano.[1]
 
            El medio natural.-Alcollarín pertenece a la tierra de Trujillo, comarca que recibe el nombre de su capital, la patria de Pizarro, cuya historia se vincula a la historia de la ciudad. El estudio aborda la realidad histórica y artística encerrada en los muros del templo parroquial y del Palacio de los Pizarro-Carvajal, así como del poblado de colonización Fernando V, situado a 10 kilómetros del pueblo, núcleo urbano construido por el Instituto Nacional de Colonización (INC), creado por el régimen franquista en las tierras de secano, expropiadas para ser convertidas en regadío y repartidas entre los colonos para mejorar el reparto de las tierras y aumentar la producción agrícola de estos terrenos y, en general, del Estado. Era el famoso Plan Badajoz, en cuyos poblados se asentaban padres y abuelos de una generación de jóvenes con más oportunidades que ellos, pero también con muchas más necesidades.
            La localidad se levanta sobre una colina rodeada de altas sierras, topónimo de origen árabe, como indica su nombre, que significa La Alta. Tiene un término municipal de 79,9 kilómetros cuadrados. Su término está atravesado de norte a sur por el río Alcollarín, afluente del Ruecas; y los arroyos Gargantilla y Levosilla, afluentes del primero. La vegetación característica es el bosque de encinas y matorral, compuesto por jara, romero, tomillo y retama. Su clima es mediterráneo.
            El municipio creció de modo ininterrumpido entre los años 1900 a 1940; se estancó entre esta fecha y la década de los 60, y sufrió desde entonces un descenso continuado como consecuencia de la emigración. Durante la primera mitad del siglo XX, la población aumentó considerablemente, pasando de los 867 habitantes con que contaba al comienzo del siglo, a los 1.141 habitantes en 1960. A partir de ese año, comenzó a disminuir como consecuencia de la emigración que sufrió la región durante las décadas de los 60 y 70. Al terminar el siglo XX, la población había descendido a los 352 habitantes, comenzando el nuevo siglo con la misma tónica, ya que en 2015 tenía solo tenía 256 habitantes.
            En el siglo XIX, el municipio contaba con varios molinos harineros, que se convirtieron en factores de configuración económica y social entre diferentes colectivos: propietarios, trabajadores, clientes... La obtención de la harina fue la actividad de mayor trascendencia social, habida cuenta de su importancia en la dieta alimenticia extremeña. El 28 de enero de 2015 fue inaugurado oficialmente el embalse de Alcollarín por la ministra de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, y el presidente del entonces Gobierno de Extremadura, José Antonio Monago, presa que permite la regulación del río del mismo nombre y la mejora de la garantía general para los distintos usos del agua en Abertura, Alcollarín, Conquista de la Sierra y Zorita, así como mejorar la gestión del Canal de Orellana. La presa está situada a 500 metros del pueblo, tiene una altura de 31 metros y una longitud de 626. Puede albergar una superficie embalsada de 554 has. y una capacidad total de 51,6 hm3. El embalse forma parte del complejo y ambicioso Sistema Hidráulico de la Zona Centro de Extremadura que tiene como objetivo final el aprovechamiento de los recursos hídricos circulantes por los cursos de agua de este área y, como eje fundamental, el Canal de las Dehesas.
            Historia.-El origen de Alcollarín tendría dos principios distintos: uno de ellos lo haría proceder de una "Venta del Collado" que, de una forma lingüísticamente imposible,  habría evolucionado hasta convertirse en Alcollarín. De dicha venta, que habría estado entre el cruce y el camino a Guadalupe, habría surgido el pueblo, al irse estableciendo gente a su alrededor. Otra creencia lo haría nacer a partir de gente que se habría establecido alrededor de una iglesia que mandó construir Diego Pizarro, pariente de Francisco Pizarro, establecido en el lugar, y que ordenó levantar un palacio y fue el principal promotor de la construcción de la iglesia en el siglo XV. Por lo demás, existen escasos restos prehistóricos en el término municipal. Los primeros asentamientos corresponden a la Edad del Cobre, en la cercana cumbre de Pedro Gómez. Con la conquista romana, el robledo quedaría dentro del territorio que se asigna a la nueva colonia de Augusta Emerita, que ejercerá su control desde la prefectura de Turgalium. Alcollarín aparece  mencionado en el Itinerario de Antonino, de Mérida a Zaragoza, y en la localidad se han hallado varios epígrafes romanos. La extensa Tierra de Trujillo, en la que se asienta la localidad, estuvo en manos musulmanas desde el 714. Las Órdenes Militares jugaron un papel decisivo en la reconquista. El rey Alfonso VIII encargó en 1186 a don Gómez, maestre de la Orden Militar del Pereiro, que se asentase en Trujillo. La reconquista definitiva de la ciudad tuvo lugar el 25 de enero de 1233, en tiempos de Fernando III el Santo, en la que participaron las Órdenes Militares de Alcántara, Santiago, el Temple, el obispo de Plasencia y las huestes de los tres linajes más importantes de la ciudad en la Edad Media: los Altamiranos, los Bejaranos y los Añascos. Estos últimos se instalaron en Alcollarín, Zorita y La Zarza. La Guerra de la Independencia fue catastrófica para la Tierra de Trujillo y las actividades económicas quedaron paralizadas. Si el proyecto de la puesta en marcha del ferrocarril a su paso por Alcollarín, que se remonta al año 1846, hubiera fraguado, el municipio habría adquirido un empuje económico sin precedentes. El ferrocarril de Talavera de la Reina a Villanueva de la Serena, fue la historia de una ilusión. Esta modesta línea hubiese comunicado un territorio de más de 26.000 kilómetros cuadrados, vertebrando comarcas que han estado siempre mal comunicadas. La Guerra Civil tuvo distinta incidencia en los municipios extremeños. En Alcollarín, milicianos falangistas tomaron el ayuntamiento, nombrando a personas adictas como nuevas autoridades. Uno de los últimos actos protocolarios celebrados en el municipio fue la inauguración de la avenida que lleva el nombre del eminente doctor Juan Bernardo Cuadrado, conocido como "el médico de los pobres", uno de los personajes más destacados del municipio, que tuvo lugar el 1 de mayo de 2017, y del que el autor se ocupó en otra obra. [2]
            Obras artísticas.-Dos obras artísticas sobresalen en Alcollarín: la iglesia parroquial de Santa Catalina de Alejandría y el palacio de los Pizarro-Carvajal. El templo se construyó en la primera mitad del siglo XV, aunque a lo largo de su historia ha sufrido múltiples reformas. De su origen medieval conserva la portada ojival lateral del muro de la Epístola. La capilla mayor la preside un retablo del siglo XVIII del escultor Pedro Díaz Bejarano. El coro ha sido reconstruido sobre tres arcos de medio punto rebajados que rayan en columnas, bajo el cual se conserva una lápida con el enterramiento de Diego Pizarro de Carvajal. Las piezas de platería son escasas; no obstante ofrecen un amplio abanico de tipologías: cálices de plata del XVI y XVII y una cruz procesional de la primera mitad del XVII.
            El palacio de los Pizarro-Carbajal se encuentra junto a la iglesia. Los elementos más antiguos del edificio corresponden al siglo XV, ya que se tiene constancia de que Cristóbal Pizarro fue el primer señor de la villa y que ostentaba la titularidad al menos desde el año 1507. Es un edificio construido con mampostería irregular en muros y el sillarejo en vanos, portadas y esquinas. Se trata de una obra cuadrangular, con tres pisos. Hace diez años, su situación era de ruina total y, gracias a los buenos oficios de la concejala Loli Prados, en 2007, el edificio, que tenía más de sesenta propietarios y que tuvieron buena disposición a donar su parte al pueblo, se pudieron firmar las escrituras el 2 de octubre de 2008, otorgándose al pueblo de Alcollarín su titularidad.
            Tradiciones populares.-La fiesta en honor de Santa Catalina de Alejandría se celebra el 25 de noviembre. En los años cuarenta del siglo XX se representó la obra "Fabiola", con el propósito de recaudar fondos para adquirir la imagen de la Inmaculada Concepción, que se encuentra en la parroquia de Santa Catalina. También se celebran dos romerías: la de San Blas, el 3 de febrero, y la del Lunes de Pascua.



[1]  Ramos Rubio, José Antonio: Alcollarín y el poblado de Fernando V. Edit.: Diputación Provincial de Cáceres y Ayuntamiento de Alcollarín.  Depósito legal: CC -246-2017, diciembre de 2017, 451 págs.
 
[2] Vid. Ramos Rubio, José Antonio, y Díaz Bernardo, Juan: Juan Bernardo Cuadrado. Memorias de un médico extremeño (1878-1968). Edit.: Diputación Provincial de Cáceres. ISBN: 978-84-608-9095-9. Cáceres, junio de 2016., 271 págs.
 
 

jueves, 4 de enero de 2018

ANDRÉS MATEOS, EL ÚLTIMO DEL AÑO


           Te fuiste con el año que finalizaba, Andrés, sin conocer las luces y las sombras del Año Nuevo que te esperaba. Nadie podía sospechar, nadie podría comprender, la noticia del día 30: ha fallecido Andrés Mateos, exjefe del Gabinete de Prensa de la Junta de Extremadura, a los 56 años, una edad muy joven para irse, porque el camino por recorrer era para ti todavía muy largo; pero la vida se nos va casi sin avisarnos, como en 2008 le ocurriere al compañero Fernando Hernández, cuya noticia recibía a orillas del mar y cuya vida y obra glosé en el artículo "Los dos legados de Fernando Hernández" (http://felixpineroradiointerior.blogspot.com.es/2008/08/los-dos-legados-de-fernando-hernndez.html) el 31 de agosto del mismo año.
            Un día de 1988, un compañero me dio la noticia de que habías sido elegido por el presidente Ibarra director del Gabinete de Prensa de la Junta de Extremadura. Eras paisano, de Villanueva de la Vera (Cáceres), conocido suyo, de los nuestros. Solo eso nos hacía más accesible a ti y a tus responsabilidades en el área de comunicación, aunque esta esté por encima de localismos trasnochados. Tú fuiste durante un tiempo largo, con el presidente anterior y con el actual, Fernández Vara, en su primera legislatura, jefe de un Gabinete de Prensa que supiste llevar con el rigor profesional que te caracterizó y, sobre todo, con la humildad de un funcionario al servicio de un gobierno. Recuerdo mi llegada a Mérida en febrero de 2004. Aproveché el café matinal para ir a verte y presentarme, para decirte que estaba aquí, a tus órdenes, para comunicar lo que fuere debido en aras de la transparencia y nuestro oficio. Fue casualidad que me saliste al encuentro. No llegué hasta Presidencia y tú venías. Tomamos un café en la plaza y quedamos en hablar más para comunicar mejor, a través del correo electrónico y el teléfono.
            No olvidaré aquellas reuniones de la Comisión General de Comunicación de la Junta, creada a instancias de la consejera portavoz, María Dolores Pallero, que alguna vez la presidiere; otras, el director general de Comunicación, Antonio Blázquez, y la mayoría, tú mismo. En tu agenda, y en tu carpeta, atesorabas los actos y las convocatorias todas de la semana entrante que te hubiéremos enviado. Tenías tu programación hecha por las agendas que te enviáremos el día anterior. Observabas y parecía que algunos actos se superponían unos a otros. Habría que hablar con nuestros jefes de gabinete o con nuestros consejeros, al objeto de que ninguna comparecencia fuere coincidente en día y hora. Nosotros intermediábamos y tú lo arreglabas. Después, informabas a los medios, y nosotros te enviábamos a ti las reseñas de "nuestros" actos. Por encima de todo, el presidente; después, los consejeros; finalmente los directores generales, por orden de protocolo. Nada de discusiones; había diálogo y tú cerrabas la agenda, porque tenías todas las convocatorias que te enviaren desde las consejerías. Fuiste, ante todo, un compañero más en el oficio, más que un jefe que imponía.
            Si en zonas de guerra o de conflicto, los periodistas mueren realizando su labor profesional, no estamos libre los de mesa tampoco del estrés de nuestra profesión  y sus consecuencias. Según Reporteros sin Fronteras, el pasado año murieron alrededor de 65 periodistas durante el ejercicio de sus labores informativas, que situaba a Méjico como uno de los cinco países más peligrosos para el ejercicio de la profesión. De los 65, 35 murieron en regiones con conflictos armados; y 30 fuera de esas áreas; 39 perdieron la vida tras ser señalados como objetivos por su trabajo periodístico, y 26 fallecieron por ataques de bombas o disparos.
            Tú no estuviste nunca en zona de peligro; quizás el único peligro sea nuestra profesión, cuyo ejercicio no contenta a nadie, menos a los carteles de la droga y a los políticos corruptos. Nada de eso fue contigo y, sin embargo, un infarto te vino a visitar en fin de año, tras treinta años de servicio a la Junta de Extremadura. Quizá fuiste el último del año, en esta bendita y maldita profesión de la que muchos reniegan, y que la UNESCO calificare un día como la más peligrosa del mundo por el riesgo asociado a la muerte que conlleva.
            En la noche de fin de año, tú viste otra luz que no fuere ya la del Año Nuevo. Y en casa dejaste a tus niños sin reyes. Tu mujer y ellos te recordarán tanto como nosotros, los que compartimos contigo nuestra profesión, que te tendremos en la memoria.