domingo, 16 de julio de 2017

LOS PIZARRO Y SU HACIENDA


        El patrimonio de los Pizarro como grupo familiar, tanto en Extremadura como en Indias --cuestión en la que no debemos olvidar la importancia del matrimonio entre Hernando Pizarro, hermano del conquistador, y su sobrina, Francisca Pizarro Yupanqui-- es "la importante aportación" que nos ofrece la obra "Los Pizarro conquistadores y su hacienda"[i] recientemente publicada, según afirma en el prólogo de la misma el presidente del Patronato de la Fundación Obra Pía de los Pizarro, Hernando Orellana-Pizarro González, que recopila, además, los inmuebles monumentales vinculados a la familia, con amplias referencias a su historia, cronología, arquitectos y canteros.
            En la Baja Edad Media nacieron en Trujillo una serie de héroes que dieron que hablar en Europa: Luis de Chaves, el Viejo, paladín de los Reyes Católicos, cuando Trujillo era la capital de Extremadura; Diego García de Paredes, coronel de los Tercios    españoles, el Sansón extremeño; Luis de Alvarado, el Fuerte...; pero será en América donde las proezas de los héroes trujillanos brillaron con notoriedad. Allí aparecieron los grandes descubridores y conquistadores, como el hijo del Hércules extremeño de igual nombre, Diego García de Paredes que, a temprana edad, realiza su primer viaje a Indias  y actúa en Nicaragua, pasa posteriormente a Panamá y más tarde desembarcó en Perú, al lado de Francisco Pizarro;  Francisco de Orellana, que combatió en la batalla contra los almagristas y que alcanzó fama en el descubrimiento del río Grande de las Amazonas; Pedro Antonio de Hinojosa, lugarteniente de Hernando Pizarro y gobernador de Cuzco; religiosos como fray Gaspar de Carvajal y fray Jerónimo de Loaysa, primer arzobispo de Lima; arquitectos prolíficos como Francisco Becerrra, maestro cantero durante la segunda mitad del siglo XVI, que dejó en Trujillo obras impresionantes; y, sobre todos ellos, los hermanos Pizarro, por sus proezas, heroicidades, fortuna y renombre alcanzado en la conquista.
            Francisco Pizarro (Trujillo, 1478; Lima, 1541) se embarcó a las Indias en 1502, en la expedición organizada por Nicolás de Ovando con dirección a Santo Domingo. En 1509 explora, a las órdenes de Alonso de Ojeda, las costas de Urabá y Tierra Firme, donde recibe el mando de teniente general para repoblar la zona. En 1513 participa con Núñez de Balboa en el descubrimiento del Mar del Sur y la Isla de las Perlas y más tarde, en la conquista de Nombre de Dios y de Panamá. En 1524 sale de Panamá hasta llegar a la isla del Gallo. Allí se produce la escena de la raya en el suelo. Solo trece le siguieron, los "Trece de la Fama". Allí estuvieron seis meses sin víveres hasta que, en marzo de 1528, llegó el piloto Bartolomé Ruiz con alimentos y ropas, que les dio ánimos para continuar la expedición hacia el sur. Poco después llegaron a la isla de Santa Clara y posteriormente al valle de Túmpiz, donde divisaron un poblado importante al que pusieron el nombre de Nueva Valencia. Descubrieron Tawantinsuyu, nombre que daban los incas al reino de Perú  y regresaron a Panamá. En 1528 vino a la Península para informar a Carlos I y pidió al Consejo de Indias  su autorización para la exploración y conquista del Perú. Por las Capitulaciones de Toledo, de 1529, se le dio facultad para poder continuar con el descubrimiento, conquista y población del Perú. Y se le otorgaban el nombramiento de capitán general y gobernador de todos los pueblos que ganase de aquel imperio, con un salario de 725.000 maravedíes por año.  En febrero de 1530 sale del puerto de Sanlúcar de Barrameda, acompañado, entre otros, de sus tres hermanos de padre: los bastardos Juan y Gonzalo y el legítimo, Hernando, y el de madre, Francisco Martín González. En los primeros días de 1531, Pizarro sale de Panamá rumbo de nuevo al sur, con tres navíos, 180 hombres y 37 caballos con la intención de llegar a Túmpiz. Arribaron a Coaque  y después conquistaron la isla de Puná, donde había abundancia de oro y plata. Allí conocieron la guerra civil que había entre los incas, por ser estos del bando de Atahualpa y enemigos de los indios de Tumbes, partidarios de Huáscar.  Funda San Miguel. Antes de ponerse de nuevo en camino, Pizarro envía a Panamá los tres navíos con un cargamento de treinta mil pesos de oro y plata para captar nuevo personal para su causa y, tras permanecer  cuatro meses en el lugar, se dirigió a Cajamarca  con el fin de entrevistarse o apresar a Atahualpa, de cuyas atrocidades y riquezas ya tenía noticia, y sabedor de que si conseguía dominar al emperador de los Incas, tendría a su pueblo bajo su dominio. Su encuentro con Atahualpa ya sabemos cómo terminó. Pizarro lo hizo prisionero en su primer encuentro; le confinó en Cajamarca con sus tres esposas y le hizo aprender a leer y escribir, además de ser informado por él de los lugares en los que había oro. Atahualpa ofreció a Pizarro a su hermana favorita en matrimonio, Quispe Sisia, hija del emperador inca Huayna Cápac, que el trujillano  hizo bautizar como Inés Huaylas, y que le dio dos hijos: la primera, a la que llamó como su padre: Francisca Pizarro Yupanqui, y un segundo, Gonzalo, que murió muy joven.
            Pizarro se alió con la nobleza de Cuzco, partidaria de Huáscar, lo que le permitió concluir  la conquista del Perú. Atahualpa compró a Pizarro su libertad con 84 toneladas de oro y 164 de plata; pero Pizarro lo mandó ajusticiar por los delitos de sublevación, poligamia, adoración de falsos ídolos y por haber ordenado ejecutar a Huáscar.
            El 18 de enero de 1535 fundó la Ciudad de los Reyes, después conocida como Lima, y Trujillo, con lo que se inició la colonización de los territorios conquistados. El 26 de junio de 1541, Pizarro fue asesinado en Lima por los partidarios de Diego de Almagro.
            De los cuatro hermanos Pizarro que intervinieron en la gesta peruana, Hernando fue el único superviviente. El conquistador murió asesinado en Lima, como hemos dicho, en 1541; Juan había fallecido en 1536; Gonzalo perdió poder y vida tras la batalla de Xaquiahuana. Hernando contrajo matrimonio en España con su sobrina doña Francisca, hija y heredera universal del marqués don Francisco Pizarro y de la princesa incaica Inés Yupanqui, hija del emperador Huaynacapa. Al contraer matrimonio, Francisca tenía 17 años y su tío, 51. Ambos quedaron como herederos de la fortuna de los Pizarro y Francisca fue la única que sobrevivió de la generación de hijos mestizos que tuvieron en Perú los cuatro hermanos, desde que falleció su hermanastro Francisco en 1557.
            Los Pizarro empezaron a invertir sus caudales en Trujillo desde 1534: ese año Hernando compró la suerte de Valverde, por 190.000 maravedíes. En años sucesivos formalizaron muchas escrituras, en especial por Juan Cortés, regidor de Trujillo. En Perú, los Pizarro le entregaron unos 16.000 castellanos de oro para que los invirtiera en Trujillo o alrededores. Otros delegados participaron en la gestión de su fortuna. Juan de Herrera recibió 40.000 ducados en una posada cuzqueña de Gonzalo y Juan Pizarro y que, a su llegada a Sevilla, los entregó a Juan Cortés, cumpliendo órdenes. Juan Pizarro, muerto prematuramente en Cuzco hacia 1536, tuvo tiempo de mandar diversas partidas a Trujillo. Con el rescate de Atahualpa, la repartición fue la siguiente:, la parte proporcional del rey, los quintos, reportaron unos ingresos cuantiosos para la hacienda castellana; la Iglesia, 90 marcos de plata y 2.200 pesos de poro; el gobernador, 2.350 marcos de plata y 5722  pesos de oro; Hernando Pizarro, 1.267 marcos de plata y 31.080 pesos de oro; Hernando de Soto, 724 marcos de plata y 17.740 pesos de oro, y Juan Pizarro, 107 marcos de plata y 7.770 pesos de oro. Pizarro envió a España a su hermano Hernando en cuatro navíos que llegaron a Sevilla cargados de 708.580 pesos en oro y 49.008 marcos de plata pertenecientes a la Corona y particulares, los de mayor valor eran de Pizarro, invirtiendo Hernando en tierras y urbanas locales, consiguiendo hacerse con un importante patrimonio y una posición dentro de la aristocracia española.  En noviembre de 1598, Francisco Pizarro se dirigió a la escribanía de Pedro de Prado en Madrid con el fin de redactar el inventario de los bienes que, en su mayoría, estaban vinculados en el mayorazgo que heredó de sus padres, fundado en 1578, y para hipotecarlos debía obtener facultad o autorización. Gracias a esa autorización, podemos contar con los bienes de uno de los miembros más nobles de Madrid y, por ende de Extremadura, el único heredero de los Pizarro conquistadores. Poseía fincas y heredades en el término de Trujillo, Montánchez,, Cáceres, Herguijuela...
                                                                                                                                                  



[i]  Vid.: Cillán Cillán,  Francisco; Esteban Ortega, Julio; Ramos Rubio, José Antonio y De San Macario Sánchez, Óscar: Los Pizarro conquistadores y su hacienda. Edit.: Palacio de los Barrantes-Cervantes. Depósito legal: BA: 616-2016, 360 págs.

 

sábado, 15 de julio de 2017

PRÓXIMA ESTACIÓN: AUGUSTA EMERITA


        Poco le faltó al Imperio Romano para que el signifer (soldado que portaba el signum, estandarte de la centuria) anunciara --como hoy lo hacen los altavoces de los trenes-- que la próxima estación a la que habrían de llegar las legiones no era otra que Augusta Emerita, a orillas del Anas (Guadiana), la ciudad fundada en el año 25 a. C. por el legado Publio Carisio, por orden del emperador Augusto, para asentar en ella a los soldados licenciados (eméritos) de las legiones X Gemina y V Alaudae, tras finalizar las guerras contra los cántabros y astures.
            El Imperio construyó en sus territorios una serie de calzadas o vías para comunicar ciudades importantes, al objeto de asegurar los movimientos de tropas y el cobro de impuestos, entre otras funciones. La red constituye, de este modo, una especie de mapa de carreteras, anticipo de los que, en el futuro, se publicarían para guía de carreteros y automovilistas para circular por el territorio.
             El geólogo cacereño Juan Gil Montes presentó una comunicación al II Congreso Europeo de las Obras Públicas Romanas, celebrado en Tarragona en 2004[1] en la que afirmaba que "las calzadas empedradas (viae delapidae) eran las vías públicas principales del Imperio" y sostenía que "la Vía de la Plata, verdadera carretera de su tiempo por las excelentes características técnicas que muestra su trazado", se ajustaba a una tipología de la infraestructura, planificada y construida para permitir el tráfico rodado "que asegurasen recorridos rápidos, cómodos, seguros y duraderos, especialmente adaptados para el tránsito rodado de carros y caballerías de carga y tiro".
            La capital de la Lusitania romana --una de las tres provincias de Hispania, junto a la Betica y la Tarraconensis-- estaba unida al resto de las ciudades de la península por dos vías principales: la Vía de la Plata y el Itinerario Antonino A-25, que la unía con Caesaraugusta (Zaragoza).
            La Vía de la Plata, llamada Iber ab Emerita Asturicam (camino desde Mérida a Astorga, antigua Augusta Asturica) comenzó a construirse en el 39 a. C. por orden de Augusto, según el profesor Montero Barrado [2]. La calzada de Mérida a Astorga tenía una longitud, según el citado estudio, de 313 millas; es decir, unos 463 kilómetros, y su anchura oscilaba de cuatro metros y medio a seis metros. La duración total del tránsito estaba calculada en unas quince jornadas. Su trazado ha sido utilizado hasta el pasado siglo XIX, en que se empezaron a construir las carreteras. La medición de las distancias se basaba en la llamada milla romana, 5.000 pies, equivalentes a 1.000 pasos militares. Teniendo en cuenta que a cada pie se le daba una media de 28,6 centímetros, una  milla romana serían 1.479 metros y 23 centímetros. Añade el citado estudio que, para conocer las distancias se colocaban los miliaria, conocidos como miliarios, columnas cilíndricas de piedra hechas de una sola pieza, de 2 metros de altura y de 40 a 60 centímetros de diámetro. En la parte superior se escribía el nombre del emperador que hizo la obra y, en la inferior, el número que le correspondiese por la distancia. En la calzada de Augusta Emerita hasta Augusta Asturica había entre 180 y 183 miliarios.
            La otra gran vía de comunicación que unía a Augusta Emerita era la conocida como la Iter ab Emerita Caesaraugustam (camino de Mérida a Zaragoza), pasando por Toletum y siguiendo por el Valle del Jalón.  Salía de Augusta Emerita con dirección a la antigua N-V, a la que acompañaba durante un trayecto, pasando por Trujillanos, San Pedro de Mérida, Venta de la Guía, Miajadas, Escurial, Villamesías, Puerto  la Cruz, Turgalium (Trujillo) y, probablemente, Augustobriga (Talavera la Vieja). Conocida como el Itinerario Antonino A-25, o Ítem 25, era una calzada romana de la época de Augusto, que unía la meseta y el Valle del Ebro a través del camino natural que discurre por los valles del río Henares y del Jalón.[3]
            Hasta el siglo XX, las carreteras nacionales no sustituyeron los mapas romanos y hasta el XXI no hemos tenido las grandes calzadas conocidas como autovías. El tren continúa siendo el primero construido, de finales del XIX; pero los puentes romanos de Mérida y Alcántara continúan ahí, desafiando al tiempo, mudos testigos de la historia del Imperio... Próxima estación: Augusta Emerita. ¿Cuándo lo oiremos en el AVE prometido para 2010? Los romanos ya lo habrían terminado...



[1] Vid.: Gil Montes, Juan: Via delapidata. Identificación de una carretera romana a través de la procedencia de los materiales. (http://www.traianvs.net/pdfs/2004_04_viadelapidata.pdf.)
 
[2] Vid.: Montero Barrado, Juan Miguel: La calzada romana desde Augusta Emerita hasta Augusta Asturica pasando por Salmanticae, Salamanca, 2008. (http://www.viadelaplata-fuenterroble.com./archivos).
 
[3]  Vid.: https:// es.wikipedia.org/wiki/itinerario_Antonino_A-25.
 

viernes, 14 de julio de 2017

PASIONES DEL ALMA


        Asumimos diversas pasiones, aunque su primer significado sea el de padecer. Hay otra pasión que es la inclinación muy fuerte hacia otra persona, la pasión del amor: "Te amo con  pasión"; una pasión por la madre, por la pareja o los hijos. La pasión como vocación o inclinación vehemente por algo: "Tengo pasión por el arte." No fuere en sí misma la pasión una acción perturbadora del ánimo, aunque pueda devenir en él. En el amor, se deja en ocasiones a un lado la racionalidad, a la que se superpone la emoción, liderada por el corazón, no por la cabeza. En el amor, la pasión conduce a alguien a renegar de sus principios, dejándose llevar por sus sentimientos, que puede llevar al maltrato de la persona amada, o incluso a privarle de la vida, en una pasión desenfrenada, que mezcla sentimientos opuestos. La pasión asociada al amor se expresa sin ambages: "¡Qué pasión de madre...", le oí decir a la prima Chon a su madre, Isidra,  que estuviere junto a ella. La familia era, entonces, una pasión de amores. Recordando aquella frase que me impactare siendo niño, tomé un día la mano de una mujer, anudé mis dedos a los suyos, y exclamé: "¡Qué pasión de amiga!", en el desamparo quizá del amor ausente de su nombre, que pareciere indicar lo contrario.... No hay límites a una pasión de expresión de los sentimientos, cuando la pasión muestra un deseo limpio de alma y corazón.
            La pasión tiene un significado más positivo que peligroso. Hay, en cambio, pasiones desenfrenadas, que devienen en el fanatismo o la obsesión, esta por intentar lograr lo que no se desea; aquella, por el fanatismo de ciertos aficionados al fútbol que, en su pasión desbocada, les lleva a un comportamiento violento y discriminatorio respecto a los aficionados de equipos rivales.
            La pasiones desenfrenadas matan. "Amaba tanto su trabajo y se entregó a él de tal manera, que se fue al huerto de cruces..." "La amaba tanto que la quería solo para sí: o eres mía o no serás de nadie..." Sin razón, la pasión es estéril. La razón necesita la pasión por la razón, no la perturbación del ánimo por aquella. La razón es el orden; la pasión, sin razón, el desorden. La pasión conduce, a la postre, al desconsuelo; la razón a la verdad. El apetito pasional ha de alimentar una pasión apasionada por la verdad que, en ocasiones, no es la nuestra, si acaso una razón de la verdad.
            La Pasión con mayúsculas hace referencia a la pasión de Jesucristo, que se inmoló en la cruz para redimir  los pecados del mundo. ¿Pudiere haber mayor pasión que la de quien entrega su vida por los demás?, como los soldados y las Fuerzas del Orden por su patria, al contrario de lo que hacen hoy tantos hombres que se la arrebatan a quienes dicen amar... El amor, o la passio, la acción de padecer...

lunes, 10 de julio de 2017

TALAVÁN Y SU TERRITORIO DESDE LA BREÑA


        Hay una luz en un cerro, de eterna agua manantía y propiedades medicinales, que siempre recuerdan quienes hayan visitado Talaván, que forma parte del conjunto de villas conocidas como "Los Cuatro Lugares", cerca de Cáceres, junto a Hinojal, Monroy y Santiago del Campo. No hay vecino ni visitante que no frecuente la fuente de la Breña o "La Madrila", que facilita agua fresca a todos los que a ella se acercaren. Situada en la vereda del Camino Real de Castilla, su origen se relaciona con el trasiego de ganados que pasaren por ella. La Breña es un símbolo de Talaván y su territorio, una seña de identidad de un pueblo del que recientemente acaba de publicarse una guía histórico-artística y arqueológica, que "documenta restos arqueológicos que habían desaparecido", recuerda su alcalde, Francisco Miguel del Barco, en el prólogo del libro, [1] una obra más que añadir al conjunto de guías y volúmenes del académico correspondiente de la Real de la Historia, José Antonio Ramos, y el fotógrafo Óscar de San Macario.
            Al norte de la capital de la provincia, entre los ríos Tajo y Almonte, se sitúa Talaván, encuadrada en la Penillanura cacereña, a la falda de una pequeña sierra. Uno de sus grandes tesoros son los escarpados riberos del Tajo y el Almonte, lugares idóneos para el avistamiento de animales y para los amantes del senderismo. El término municipal tiene una extensión de 98,4 kilómetros cuadrados. La dehesa boyal, situada en las cercanías del pueblo, constituye un gran patrimonio natural, con un gran bosque de encinas, y explotación agrícola y ganadera. El embalse está situado en el curso del Almonte y es fruto de una presa de abastecimiento en el arroyo de Talaván, afluente de aquel, en la cuenca del Tajo. La presa data del año 1977, y tiene una capacidad de 1,165 Hm, y abastece de agua a Talaván, Hinojal y Santiago del Campo. Aunque la actividad agraria ha sido el principal sector económico de la localidad, el paso del tiempo ha atraído a otros sectores de la población activa, aunque se continúa con el secano (olivo-aceite, avena, trigo) y, en menor medida, el regadío. La agricultura extensiva ocupa un gran porcentaje y la ganadería supone el 28 por ciento de las explotaciones agrarias del municipio (vacuno, caprino y lanar), tanto de ovejas como de cabras, orientada a la venta de carne. La puesta en marcha de la primera central fotovoltaica de España que se instalará en la localidad dará al pueblo más de 2.000 empleos en su construcción y un centenar fijos tras su puesta en marcha, con una inversión de 259 millones, una potencia de 250 megavatios y un ahorro de  emisión de dióxido de carbono a la atmósfera de 356.000 toneladas. La primera central fotovoltaica de Europa se sitúa sobre 750 hectáreas de terreno en principio, ampliables a 2.000.
            La primeras referencias históricas de Talaván se remontan al Paleolítico Inferior. El origen prerromano del topónimo Talaván es evidente y podría estar relacionado con algunos de los muchos antropónimos lusitanos estudiados por José María Vallejo Ruiz. De la Edad del Cobre se conservan interesantes restos  en Las Higueras. En la finca "Camacho" se conservan abundantes restos de viviendas destruidas, testigos de una villa romana. Y sumergidas por las aguas del embalse, junto a la ermita de la Virgen del Río, existen tumbas antropomorfas. Desde la conquista de la actual región extremeña por el Islam, a mediados del siglo VIII hasta mediados del siglo XII, la zona norte en la que se encuentra el territorio de Talaván, formó parte de un espacio casi desértico, la tierra de nadie entre los árabes y cristianos. El proceso reconquistador no concluirá en Extremadura hasta mediados del siglo XIII. Durante el siglo XII, el territorio que hoy denominamos Extremadura se convirtió en escenario de frecuentes incursiones cristianas contra los territorios islámicos, así como las respuestas de los árabes a las tropas castellano-leonesas, volviendo a ocupar poblaciones y territorios reconquistados. Los templarios crearon la Encomienda de Alconétar, unidad territorial que perteneció a la aldea de Talaván y su campo. En 1774, los templarios perdieron la plaza de Alconétar, que reconquista de nuevo Alfonso IX de León, quedando establecida en la fortaleza de Alconétar la Orden Militar del Temple, consiguiendo dominar un amplio territorio que comprendía Garrovillas, Talaván, Hinojal y Santiago del Campo. Con el proceso de la reconquista, Alfonso IX  devolvió los territorios a los templarios, recuperando la villa de Cáceres y estableciéndose el fuero en la villa, que incluía "Talaván y su campo". En la segunda mitad del siglo XIII, todo el territorio cacereño quedó bajo poder cristiano. La mayor parte de las tierras extremeñas fueron repartidas entre las órdenes militares de Santiago y Alcántara y surgió un renacimiento  de la colonización señorial de grandes latifundios. La segunda mitad del siglo XIII y los primeros años del siguiente fueron decisivos para el destino de la villa de Talaván, primero con la separación de Alconétar y segundo, con la pertenencia al concejo de Plasencia y la creación del señorío de Monroy, donde quedaría incluida. Talaván se convierte en villa de señorío en 1309 dentro del Señorío de Monroy y, con carácter independiente, desde 1458. El señor de Monroy confiere el rango de villa a Talaván. El 6 de agosto de 1346 se constituye en Zamora el mayorazgo de Monroy, Valverde, Talaván y la Casa de la Paz (actual dehesa de Talaván). García González de Herrera, mariscal de Castilla, fue el primer impulsor de la villa de Talaván.
            En 1790, Talaván era villa de la casa de Osuna. Durante la Guerra de la Independencia, debido a su situación estratégica y a su importante paso sobre el río Tajo, Talaván se vio sometida al azote continuo del ejército francés, y permaneció bajo su dominio desde agosto de 1809 hasta finales de 1811. En 1813, Talaván y sus barcas retornan al ejército español. En 1837 Talaván deja de ser señorío. En 1857, la villa pasó a denominarse definitivamente Talaván.
            La iglesia parroquial de la Asunción, que se comenzó a construir a finales del siglo XV, es de una sola nave divida en cuatro tramos por arcos de medio punto. Mantiene restos de pintura mural del XVIII, y obras modernas, como Nuestro Padre Jesús Nazareno, San José y la Virgen del Carmen. La pieza más importante es su pila bautismal gótica. La sacristía tiene cubierta en dos tramos de bóvedas de aristas, en la que se conservan piezas de platería destacadas. Hay que destacar, además, el artístico coro alto, y la torre, de potente aspecto, construida bajo el mecenazgo del VII Condestable de Castilla. La ermita de la Soledad conserva la imagen titular, obra del siglo XXIII.  En el altar mayor de la actual ermita Nuestra Señora del Río se conserva la imagen que veneran los talavaniegos, obra del XVI. La antigua se encuentra en la margen derecha del río Tajo, actualmente bajo las aguas del río. En la margen izquierda del Tajo está la otra ermita de la Virgen del Río, construida en 1971. El mayor impacto lo encontramos en la ruinosa ermita del cementerio viejo,  conocida como la del Cristo del Ejido, muy próxima a la iglesia parroquial, del siglo XVI que, con las medidas desamortizadoras del XIX, fue cementerio municipal, hasta la inauguración del actual camposanto en 1928.
            Entre las tradiciones populares de Talaván, cabe destacar la fiesta de las Candelas, el 2 de febrero, en que se rememora un rito medieval sobre la Purificación de la Virgen y la presentación del Niño en el templo. La romería de la Virgen del Río se celebra a finales de abril, con comidas campestres, subasta de ofrendas y baile. La fiestas patronales preceden a su celebración, con la llegada de la imagen de la patrona  desde la ermita hasta el pueblo por los riberos del Tajo. Finalmente, la romería de la Virgen de la Soledad se celebra en el puente del Pilar.



[1]  Vid.: Ramos Rubio, José Antonio y De San Macario Sánchez, Óscar: Talaván y su territorio. Edit. Diputación Provincial de Cáceres. Depósito legal: CC-102-2017. Cáceres, 2017, 341 págs.

sábado, 8 de julio de 2017

GRANADILLA, EL PUEBLO INUNDABLE QUE NUNCA SE INUNDÓ

 
 
            En plena dictadura franquista, los vecinos de Granadilla en Cáceres se vieron obligados a abandonar sus hogares por la construcción del embalse de Gabriel y Galán. Aunque las aguas anegaron la mayor parte de los terrenos cultivables, nunca llegaron a las casas por lo que, legalmente, podrían ser revertidas a sus dueños. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, estudiantes de toda España se afanan ahora en rehabilitar el pueblo para devolverle la vida perdida.

             “¡Váyanse ya! ¡Y que no quede ninguna silla!” Félix Pinero tenía catorce años cuando tuvo que abandonar a la fuerza el pueblo donde había nacido, Granadilla, al norte de Cáceres. Cincuenta y dos años después del desalojo aún recuerda cómo las fuerzas de seguridad franquistas les presionaron a él y a su familia para dejar su hogar con premura. El motivo fue la construcción del embalse de Gabriel y Galán aprobada por Franco. El pueblo iba a ser engullido por las aguas.
 
            El Consejo de Ministros aprobó el decreto de expropiación de todas las viviendas y terrenos del pueblo en 1955 y los desahucios se prolongaron hasta 1965. “El municipio desapareció como tal por Decreto 1347/1965 de 6 de mayo”, detalla a Sinc Pinero, periodista y escritor, que se marchó a Cáceres.
 
             El municipio quedó aislado, convertido en una especie de península cuyo istmo es una única carretera que lo comunica con la localidad vecina.
 
            Pero las aguas nunca llegaron al pueblo. Anegaron la mayor parte de las tierras cultivables, por lo que el municipio quedó aislado, convertido en una especie de península cuyo istmo es una única carretera que lo comunica con la localidad vecina de Zarza de Granadilla.
 
Incomunicado por el agua
 
             “Todo lo que tenga que quedar inundado por un embalse debe estar expropiado y su titularidad, pasar al Estado. Es lo que se conoce como Dominio Público Hidráulico”, señalan a Sinc desde la Confederación Hidrográfica del Tajo.
 
             Como las aguas no llegaron a las casas, “es posible revertir a sus legítimos dueños las tierras que iban a ser ocupadas por un embalse”, según las mismas fuentes. Pero Pinero no es partidario de volver a habitar el municipio. “No tiene sentido: sin agua, sin luz, sin recursos… Habría que ir todos los días al pueblo más próximo para ello”, afirma.
 
            En los años 60, cuando la luz eléctrica y el agua corriente empezaron a instalarse en las localidades españolas, Granadilla fue la oveja negra. El inminente desalojo provocó que las autoridades no quisieran invertir ni una peseta en mejorar sus infraestructuras. Según el decreto firmado por Franco, la titularidad de la mayor parte de su término municipal pasó a Zarza de Granadilla, excepto los terrenos de la margen derecha del río Alagón, que le correspondieron a Mohedas de Granadilla.
 
             En opinión del actual alcalde de Zarza de Granadilla, Jesús Carlos Alonso Hernández, aunque el agua no llegara hasta las casas, desocupar Granadilla fue una decisión acertada. “Como el pantano inundó gran parte del término municipal, donde se encontraban las tierras fértiles, habría sido muy difícil continuar viviendo allí”, mantiene el regidor.
      
        En 15 años la fuerza de la naturaleza convirtió el pueblo  en un muerto viviente.
 
En busca de una nueva vida
 
              Los más de mil habitantes del municipio se vieron obligados a buscar un nuevo lugar donde volver a empezar. Algunos se fueron a la localidad vecina, pero la mayoría se desplazaron a Alagón del Caudillo –hoy rebautizado como Alagón del Río–, un pueblo de nueva construcción, con tierras de regadío surgidas gracias al embalse. Situado a unos 60 kilómetros de Granadilla, el municipio se creó en la década de los 50 con el fin de acoger a las diferentes familias desalojadas por la construcción de los numerosos pantanos de la época.
 
            Otros destinos fueron Plasencia, Salamanca, Cáceres, Madrid y ciudades de Navarra, País Vasco y Cataluña. Para Pinero, lo único positivo del destierro fue que muchas familias emigraron a cinturones industriales de grandes urbes, por lo que los descendientes ya no estaban obligados a ser agricultores o ganaderos como sus padres. Podían estudiar en la universidad y buscar mejores trabajos.
 
             Mientras la población rehacía su vida en otros lugares, Granadilla se iba consumiendo. Lo poco que quedaba en las calles y en las casas abandonadas, como las rejas de las ventanas, fue saqueado. En quince años la fuerza de la naturaleza convirtió al pueblo en un muerto viviente, con tejados arrancados por las tormentas y la maleza como único habitante.
 
             La situación mejoró en 1980, cuando la localidad fue declarada Conjunto Histórico-Artístico y pasó a formar parte del Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados.
 
             “En 1984, el Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, actualmente el Ministerio de Fomento, efectuó la rehabilitación y restauración arquitectónica de Granadilla, adecuando las infraestructuras y servicios mínimos en casas y elementos singulares”, informan a Sinc fuentes de la Subdirección General de Cooperación Territorial del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
 
         Educando con ovejas y azadas
 
           Rehabilitado el núcleo del pueblo, comenzaron las tareas educativas. Desde 1984, han participado durante el periodo escolar y estival unos 263.000 estudiantes, de 3º y 4º de la ESO, formación profesional, ciclos formativos de grado medio y Bachillerato. El objetivo, acercar la vida rural a los jóvenes.      
 
             Jacinto Regodón lleva desde 1988 trabajando como educador en Granadilla. Lo que más le gusta del programa educativo es el contacto con los jóvenes y los lazos que se crean entre ellos. “Siempre van a recordarlo como una experiencia que marca sus vidas”, asegura a Sinc. Prueba de ello es la comunidad de Facebook que han creado, en la que jóvenes y adultos que estuvieron hace años rehabilitando el pueblo comparten sus recuerdos.
 
             Uno de los centros que ha participado este año es el instituto Valles de Gata de Hoyos, en Cáceres. “Se realizaron distintos tipos de talleres relacionados con la vida rural, de carpintería, agricultura, ganadería, apicultura, jardinería, alfarería y taller de cuero, entre otros”, enumera a Sinc Ana Benítez Cáceres, una de las profesoras del centro que acompañó a los alumnos.
 
             Para los jóvenes supone una aventura dormir en un pueblo deshabitado, en casas rehabilitadas cuya electricidad se genera con grupos electrógenos y placas solares. El agua proviene del pantano, gracias a una bomba y a un sistema de potabilización. Un profesor duerme con los alumnos y también se quedan educadores de guardia.
 
             Sin el programa de recuperación, el pueblo no sería hoy más que unas ruinas.
 
A la espera de la rehabilitación plena
 
             Pero los alumnos no rehabilitan casas. Regodón recalca que eso le corresponde al ministerio. Debido a la crisis económica, en los últimos años no se han recuperado más instalaciones y las labores se limitan al mantenimiento de las ya restauradas. Junto a los estudiantes, los turistas pueden pasear por sus calles dentro de un horario establecido.
 
             A la pregunta de si el pueblo debería volver a habitarse, el educador tiene muchas dudas. “Me planteas un dilema. A mí me gusta el programa educativo y es por lo que estoy aquí”, aduce. Una opinión que comparte Pinero. “Granadilla fue expropiada y abandonada, el municipio desapareció como tal, pero aún tiene la vida que le dan los estudiantes”.
 
            Según el periodista, sin el programa de recuperación –que se está llevando a cabo también en Búbal (Huesca) y Umbralejo (Guadalajara)– el pueblo no sería hoy más que unas ruinas. Pero falta mucho por recuperar.
 
            “Las casas no recuperadas se van cayendo lentamente y algunas ya rehabilitadas, tras la falta de inversión por la crisis, se van deteriorando”, arguye. Si estos trabajos se paralizan, el destino de Granadilla será el de tantos otros pueblos desaparecidos, por encima o por debajo de las aguas.

La villa de los tres destierros

             Desde que los árabes la fundaran en el siglo IX, la historia de Granadilla se ha repetido de forma cíclica. “El pueblo de las tres culturas desterradas, allí nacidas, y criadas y de allí expulsadas: los árabes, sus fundadores, por la Reconquista; los judíos, por su fe; los cristianos, por el desarrollismo franquista”, relata Pinero en su libro Una mañana sin luz en Extremadura (2014).
 
              La colina de pizarra sobre la que se asienta el pueblo convenció a los musulmanes para fundar ahí el municipio, con una clara finalidad estratégica. Fernando II de León lo reconquistó en 1170 y le dio el título de villa, expulsando a sus fundadores y amurallándola. Desde 1446 hasta 1830 fue regida por la Casa de Alba, quien construyó su imponente castillo. “Entre finales del siglo XIX y principios del XX tuvo notaría y registro de la propiedad. Incluso hasta mediados del XIX contó con juzgado de primera instancia e instrucción”, destaca el periodista.
 
               Cada año, los vecinos suelen acudir al pueblo en dos días señalados: el 1 de noviembre para recordar a los difuntos y el 15 de agosto, por la festividad de su patrona, la Asunción. “Casi nadie ha roto el vínculo con su pueblo aunque muchos no volvieron jamás porque los recuerdos que les traía les daban mucha pena”, cuenta Pinero.
 
(Publicado en la agencia SINC por Laura Chaparro, el 08/07/2017)
 
 

martes, 4 de julio de 2017

CAÑAMERO, EN LA PUERTA DE LAS VILLUERCAS

 
        La localidad cacereña de Cañamero ha sido conocida más como la entrada a la puerta de las Villuercas y por sus caldos que por el tesoro artístico de sus abrigos rupestres y la riqueza de su parroquia y ermitas. Así lo reconoce el cronista oficial de la localidad, Esteban Cortijo, en el prólogo de esta nueva obra del escritor y académico correspondiente de la Historia, José Antonio Ramos Rubio, que viene a llenar un vacío más sobre la historia, manifestaciones artísticas y tradiciones de nuestros pueblos[1].
           
        Cañamero se sitúa entre  Logrosán y Guadalupe, en una zona que sorprende  por su  belleza y singularidad y que, a pesar de encontrarse a la sombra del monasterio, constituye un municipio per se, por su diversidad, su medio natural, sus restos arqueológicos, sus manifestaciones artísticas y su caserío, según el autor. Perteneciente al partido judicial de Logrosán, tiene una extensión de 156,86 kilómetros cuadrados, con una red hidrográfica representada por el río Ruecas, afluente del Guadiana, donde se asienta el mayor conjunto de pinturas rupestres esquemáticas de la provincia. Sobre el río se construyó a mediados de los 80 la presa del Cancho del Fresno, con una cabida de 15 hectómetros cúbicos, y que da lugar a la formación de un pequeño mar rodeado de montañas, que permite poner en regadío unas 800 hectáreas en las vegas del Ruecas y del Cuvilar.
 
El vino de Cañamero extiende cada día más su fama de excelente caldo. Su producción ha dado renombre mundial a la localidad. Los monjes jerónimos de Guadalupe  tuvieron excelentes viñas, que dirigieron desde el monasterio. Las viñas que se plantaron a finales del siglo XIX eran las de clase marfal, garnacha y alarije, que fueron arrasadas por la filoxera entre 1909 y 1914. A partir de 1915 entran plantones americanos y en ellos se injertaron los tres tipos que hoy abundan más: morisca, alarije y marfal. La mayor parte de la uva de Cañamero procede de las viñas envejecidas, y poseen una gran calidad que le viene de las características del terreno pizarroso y de unas condiciones climáticas idóneas por el clima seco de las llanuras extremeñas y el frío de las cimas del macizo de las Villuercas.
 
Cañamero perteneció a la extensa Tierra de Trujillo y está íntimamente ligado  a su historia, que estuvo en manos musulmanas desde el año 714. Las Órdenes Militares jugaron un papel decisivo en la reconquista. En el año 1195, en la batalla de Alarcos,, el maestre de la Orden del Pereiro, don Gómez, destacó notablemente y Alfonso VII le donó tres mil áureos, Trujillo, el castillo de Santa Cruz, y los castillos y villas de Albalat y Zuferola. El nombre de Cañamero aparece documentado por primera vez en 1353, cuando se produce el deslinde y amojonamiento del ejido de la localidad. Tras la reconquista de Trujillo en 1233, se repuebla el territorio, ejerciendo su dominio sobre un gran señorío. Desde la Baja Edad Media, se convirtió en la segunda Comunidad de Villa y Tierra más extensa de Extremadura,  con gran número de aldeas y lugares supeditados fiscal y económicamente a la Ciudad de Trujillo.
 
Entre 1492 y el siglo XVIII, los europeos realizaron una gran labor de descubrimiento, conquista y colonización del Nuevo Mundo, siendo Extremadura la que envió un ingente número de conquistadores, evangelizadores y colonizadores. Uno de los principales conquistadores naturales de Cañamero fue Juan García de Cañamero entre 1518 y 1521, en la conquista de México, así como Francisco Hernández Cañamero, vecino de México en 1537.
           
En el término municipal de Cañamero destaca la presencia de un importante núcleo de pinturas rupestres esquemáticas, el más denso de la provincia de Cáceres, formado por más de una decena de estaciones distribuidas a ambos lados del Ruecas, y que constituye uno de los complejos de pintura rupestre más importantes de la región, con más de setenta lugares documentados hasta la fecha. Durante el Calcolítico hacen su aparición los primeros poblados situados en los riscos de la localidad, que darán lugar a grabados y pinturas rupestres en las covachas y abrigos de las rocas cuarcíticas, destacando los temas de caza y pastoreo. La Cueva Chiquita o de Álvarez destaca por sus dimensiones y la cantidad y variedad de sus figuras pintadas. Aparece mencionada por primera vez en 1915 por Juan Cabré, una vez descubiertas las pinturas por Tomás Pareja, y se vuelven a mencionar un año después cuando la visitó el abate Henri Breuil. Mélida publica las primeras fotografías de las pinturas, estudios que se verán ampliados en 1952 por Hernández Pacheco, en 1969 por Fernández Osea, en 1976 por el geólogo Juan Gil y el profesor Antonio Rodríguez de las Heras; en los años 80 por los investigadores González Cordero y Manuel de Alvarado y en 1990 por los estudios de García Arranz y Pizarro.  Aunque la roca está muy ennegrecida por la acción del humo, presenta zonas muy lisas propicia para las pinturas. En la cueva se localizan cuatro zonas con varios paneles, en los que se encuentran figuras muy variadas, destacando las representaciones humanas con piernas y sin ellas, con formas de cruz. El geólogo Juan Gil ha descubierto varios abrigos en Cañamero junto a Graciano Bau en 1972. En La Madrastra se han localizado barras verticales distribuidas en tres hileras superpuestas en altura paralelas entre sí. Otro conjunto de pinturas fue descubierto por Juan Gil Montes y su esposa Rosa Rojo en agosto de 1976 en el Risco de las Cuevas, y en 1974 hallaron las pinturas de la denominada "Cueva de la Rosa" y el Abrigo de los Vencejos. Otros abrigos, como el de la Asunción, fue descubierto en 1976 por estudiantes universitarios. La Cueva Chiquita o de Álvarez y el Cancho de la Burra se hallan a siete kilómetros del pueblo, hacia el sur, en la margen derecha del Ruecas. La Cueva de Álvarez se sitúa a cuatro kilómetros del pueblo y es la más conocida desde que la visitara Breuil en 1916. A finales de los 70. Juan Gil Montes descubrió la covacha o abrigo de "El Batán" en el extremo meridional de la Sierra del Pimpollar y, a finales de los 80, un guarda forestal descubrió algunos paneles pictóricos en el Risco de El Citolar.
 
 Cañamero vivió una etapa de prosperidad artística entre los siglos XVI y XVIII, llegando a contar con siete ermitas: Los Mártires, San Miguel, San Juan, San Bartolomé, Santa Ana, Santa Teresa y Nuestra Señora de Belén; tres hospitales para pobres y un pósito. Subsisten las ermitas de Santa Ana y Nuestra Señora de Belén.
 
La localidad cuenta con un interesante crucero pétreo, de mediados del XIX, además de la conocida como Cruz de Andrada, situada en la Ruta de Isabel la Católica, levantada en memoria de un recaudador de impuestos asesinado por asaltadores de caminos en el año 1844. La iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán es el edificio más importante del municipio, fundada por el dominico valenciano cuando predicó en la localidad para conseguir la conversión de los judíos.
 
        Cañamero es también un enclave rico en tradiciones populares, entre ellas la fiesta de los quintos, el 24 de enero, en que estos trasladan a la patrona desde su ermita hasta la iglesia, donde se celebra una misa y después, una fiesta campestre. En febrero tienen lugar los Carnavales. El 18 de marzo, antes de la festividad de San José, se celebran las luminarias, con las tradicionales hogueras de los barrios. En Semana Santa destacan las procesiones, sobre todo la del Santo Encuentro, que tiene lugar el Sábado de Gloria, mientras que el Domingo de Resurrección es el "día del bollo", en que el pueblo sube al castillo y se celebra una merienda con bollos y bebidas. La fiesta principal se celebra el lunes de Pascua, con la romería a la Virgen de Belén. El 26 de junio se celebra a Santa Ana y del 4 al 8 de agosto las fiestas patronales en honor a Santo Domingo de Guzmán.
 


[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio: Cañamero, puerta de las Villuercas. Ed.: Bodegas Ruiz Torres, Depósito legal: BA-24372017, 130 págs.

sábado, 1 de julio de 2017

PLASENCIA: 82 OBISPOS EN 827 AÑOS


        Con la ordenación y toma de posesión de su cátedra de monseñor José Luis Retana Gozalo (Pedro Bernardo, Ávila, 1953) [1], la diócesis de Plasencia, erigida canónicamente por el papa Clemente III, a instancias del rey Alfonso VIII de Castilla en 1189, año de la fundación de la ciudad, censa 82 obispos, por lo que el actual prelado es el octogésimo segundo en números ordinales. El que fuere canónigo archivero de la catedral de Plasencia, Francisco González Cuesta, sostiene que la fundación de la diócesis está solo a casi tres años de distancia del acta fundacional de la ciudad y añade que "en 1189, Alfonso VIII ganó a los moros el antiguamente llamado Ambroz, en el cual edificó la ciudad de Plasencia". En el Privilegio fundacional de la ciudad, tres años después del nacimiento de la misma, se dice que "Por lo cual, yo, Alfonso,  por la gracia de Dios rey de Castilla y de Toledo, para gloria de Dios, en el lugar que antes se llamaba Ambroz, edificó una ciudad a la que puso el nombre de Plasencia, para que agrade a Dios y a los hombres (ut placeat Deo et hominibus)", por lo que la erección de la diócesis tendría lugar entre el 7 de junio y el 3 de diciembre de 1190[2], con D. Bricio como su primer obispo (1190-1212). Desde su fundación, hace ahora 827 años, perteneció a la archidiócesis de Santiago; tras el Concordato de 1851, fue sufragánea de la Iglesia Primada de Toledo, hasta la creación de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz por el papa Juan Pablo II en 1994 que, junto con la metropolitana, la conforman las diócesis de Coria-Cáceres y de Plasencia.
            En sus más de ocho siglos de existencia, la diócesis placentina dio a la Iglesia Católica dos cardenales: Juan Carvajal (1446-1469), y Bernardino López de Carvajal (1521-1523); tres arzobispos: Francisco de Perea y Porras (1715-1720), designado arzobispo de Granada; Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón (1765-1766), promovido al arzobispado de México; y  Santiago Martínez  Acebes (1988-1992), elevado a la metrópoli de Burgos. Otros obispos placentinos fueron designados para regir otras diócesis: Gonzalo de Zúñiga (1415-1422), nombrado después obispo de Jaén; Gonzalo de Santa María (1423-1446), obispo de Sigüenza; Alonso Henríquez de Santo Tomás (1664-1665), obispo de Málaga; José Ávila y Lamas (1853-1857), obispo de Orense; Bernardo Conde y Corral  (1858-1863), obispo de Zamora; Ángel Regueras López (1915-1924), obispo de Salamanca; Antonio Vilaplana Molina (1976-1987), obispo de León; Carlos López Hernández (1994-2003), obispo de Salamanca; y así, hasta el predecesor del actual: Amadeo Rodríguez Magro (2003-2016), nombrado hijo adoptivo de la capital diocesana[3] y designado obispo de Jaén. No hay que olvidar a monseñor Cipriano Calderón Polo (Plasencia, 1927; Roma, 2009). Licenciado en Filosofía y Teología y diplomado en Periodismo, fue vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina; hijo predilecto de Plasencia en 2006; sirvió a seis pontífices y fue director del diario vaticano L´Osservatore Romano.[4] Fue inhumado en la parroquia placentina de El Salvador, donde fue bautizado.
            Juan Carvajal (Trujillo, 1440; Roma, 1469, aunque otros historiadores sitúan su nacimiento en Bonilla de la Sierra, Ávila) fue obispo de Coria en 1443 y de Plasencia en 1446-1469. El papa Eugenio IV le impuso el capelo cardenalicio en 1446 y le dio el título de cardenal de Sant Angelo in foro piscium[5]. Dedicó su vida al servicio de la Santa Sede y fue enviado veintidós veces como legado papal a varios países.
            Bernardino López de Carvajal y Sande (Plasencia, 1456; Roma, 1523). Doctor en Derecho y Teología, maestro y rector de la Universidad de Salamanca (1481), marchó pronto a Roma con el patrocinio del cardenal Mendoza. Residió en España entre 1485 y 1488, como nuncio y colector de Inocencio VII, quien le nombró obispo de Astorga (1488), de Badajoz (1489) y de Cartagena (1493). El papa Alejandro VI le nombró cardenal en 1493, con el título de la Santa Cruz en Jerusalén, y obispo de Sigüenza en 1495, aunque nunca viajó a la diócesis. Fue obispo de Plasencia (1521-1523) y decano del Colegio Cardenalicio (1521-1523).


[1] José Retana Gonzalo fue nombrado  nuevo obispo de Plasencia el 9 de marzo de 2017 y tomó posesión de su cargo el 24 de junio, en una ceremonia presidida por el cardenal Ricardo Blázquez. Bachiller de Teología por Salamanca en 1976, preparó su licenciatura en Teología en Friburgo, que obtuvo en Salamanca en 1979. Fue ordenado sacerdote ese año por el entonces obispo de Ávila, Felipe Fernández García. A la fecha de su nombramiento era deán de la catedral abulense y arcipreste de Ávila  (Vid.: www.diocesisplasencia.org.).
 
 [2] González Cuesta, Francisco: Los obispos de Plasencia, T. I y II. Edit.: Caja de Extremadura, Cáceres, 2013, págs. 57 y ss. Prólogo de Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia. ISBN: 978-94-695--7323-5.
 
 [3] Vid.: www.diocesisplasencia.org., de 22/04/2917.
 
[4]  Vid.: ec.aciprensa.com, enciclopedia católica online.
 
[5] https://es.wikipedia.org/wiki/Sant%27Angelo_(rione_de_Roma) (antigua denominación medieval de la Región XI de Roma, por la iglesia más importante del rione, Sant'Angelo in Foro Piscium («Sant'Angelo en el mercado de pescado»).