lunes 6 de julio de 2009

LA DOCTRINA Y LA LITURGIA: EL CASO DE CÁCERES


No se trata de mezclar religión y política; pero hay un paralelismo entre la filosofía política y la doctrina aplicable en la gobernanza política. Hay quienes anteponen la religión a la praxis política; la libertad de conciencia a la disciplina de los mandatos de su partido en un determinado supuesto político; quienes superponen las normas de la moral a las leyes emanadas de la voluntad popular en un Estado confesionalmente laico; quienes desearen gobernar con los principios de su fe religiosa la doctrina emanada de la ley civil. Y no son peores, en este aspecto, quienes se declaran ateos o agnósticos, sino aquellos fieles a una doctrina que pretende anteponer la de su propio partido y la voluntad popular a cualquier otra consideración

Viene a esto a cuento de la situación política en Cáceres tras el cese del “Doctor No” en la primera tenencia de alcaldía y en las delegaciones que le confirió la alcaldesa tras firmar el pacto de gobierno. La última asonada protagonizada por el díscolo concejal de IU la protagonizó el pasado viernes al recoger, primero, y devolver después, el premio “Pezuña”, otorgado por la Asociación de Periodistas de Cáceres, por sus malas relaciones con la prensa.

Una cosa es la doctrina política y otra, muy distinta y distante, la liturgia con que algunos pretenden adornarla, como los malos toreros que, aun a pesar de toda la buena faena que realicen con su lote, fallan a la hora de la verdad y, si obtuvieren recompensa alguna, como una vuelta al ruedo, la desprecian como si sintieren acreedores a un premio mayor. Decir a toro pasado, como ha afirmado el cesado primer teniente de alcalde, que la alcaldesa le produce “lástima y pena”, que “no se va a poder un paso en la ciudad”, es, aparte de una falta de respeto a lo que ella representa, a la ciudad entera.

No se puede estar en misa y repicando, a la vez, porque la liturgia exige una presencia participativa y no una negación permanente del sacrificio. No basta con oír ni escuchar si, cuando se pudiere, se niega después lo mismo en lo que se cree, en este caso la política, como vehículo canalizador de las legítimas aspiraciones de una ciudad que, además de aspirar a ser capital europea de la cultura en 2016, asume una serie de proyectos de futuro, que pueden ser claves en su desarrollo.

Como ha reconocido el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, al referirse a la cuestión, “se puede discrepar, pero no faltar al respeto y la dignidad, no solo de las personas, sino de lo que representan”. Todo lo contrario de lo que ha demostrado el concejal de IU respecto a la alcaldesa, la corporación y la ciudad entera. Si sus opciones políticas son legítimas, no lo son, empero, los desplantes, la falta de respeto, discrepar por razones de fe política de la liturgia que encarnaba su representación y delegaciones y, por tanto, de aquella que hubiere de acompañarle en la confianza que se le otorgó por delegación y pacto.

“En la vida –ha recordado acertadamente el Presidente Vara-- no siempre hay que optar por el camino más fácil, sino seguramente por el más complicado, pero por el más digno.” Y la dignidad, la propia y la de la representación que ostenta, han conducido a la alcaldesa de Cáceres a revocarle en la primera tenencia de alcaldía y en las delegaciones que le otorgare hace dos años.

La respuesta de los débiles no reside tanto en su doctrina política, sino en las pataletas de niño con que ha tratado de adornar su cese; mientras que la fortaleza política recae en las legítimas opciones de gobierno, progresistas y de futuro con que, quienes las asumen, se afanan en sacar adelante, por encima de las zancadillas de quienes rechazan la filosofía del pacto, que no es otra cosa que mirar, por encima de las opciones políticas, lo mejor para la ciudad, discerniendo lo menos bueno de la malo, lo malo de lo peor, el interés de los más antes que el abstencionsimo que a nada conduce, sino a retrasar deliberadamente lo que los ciudadanos esperan.

Amenazar ahora, como lo ha hecho tras su cese, el “Doctor No”, es, además de un brindis al sol, un insulto a la corporación y a la ciudad de Cáceres. Afirmar, como ha dicho, que “no se va a poder dar un paso en la ciudad”, supone negar la mayor que pareciere haber defendido y, como un niño, nos amenaza ahora a todos sin recreo, porque los lobos como él, con piel de cordero quizá, anden sueltos por la ciudad y no se pueda salir ni a pasear. En su compañía, no, desde luego, porque nos ha cansado con su doctrina y con su liturgia, que Cáceres no mereciere en modo alguno.



domingo 5 de julio de 2009

LAS PUERTAS ENTREABIERTAS DE CÁCERES


Las respuestas del PP a la revocación de la primera tenencia de alcaldía y delegaciones que la alcaldesa de Cáceres había otorgado a su socio de gobierno de IU desde el comienzo de la legislatura, traslucen una cierta amargura, cuando no victimismo, por su parte Y cierto es que, para cualquier partido político, ganar las elecciones y no poder gobernar, puede producirle esa catarsis del “quiero, pero no puedo”, de “puertas abiertas” cuando en realidad solo están entreabiertas; de que cambien ellos ante que nosotros; del “puedo prometer” sin comprometerme para nada.

El sistema democrático, siempre perfectible, permite que no siempre gobierne el partido más votado; que una coalición de partidos se alce con el poder al sumar más votos de quien obtuvo la mayoría. Y eso ocurrió en Canarias, por ejemplo, en cuya Comunidad el PSOE obtuvo la mayoría y, sin embargo, la coalición entre el PP y Coalición Canaria-Partido Nacionalista Canario dejó a Juan Fernando López Aguilar con la miel en los labios tras haber logrado diez escaños más que CC y doce más que el PP. Y cómo traducir lo que ocurrió en numerosos pueblos de España, en los que, en unos casos, se ha hecho oídos sordos al pacto antitransfuguismo firmado por los dos grandes partidos nacionales o en otros, en los que se ha resucitado la pinza PP-IU, tan denostada hoy en Cáceres a la inversa.

El próximo martes se escenificará en uno de nuestros pueblos, Alcántara, lo que el PP ha calificado en Cáceres como “exceso de ambición”, “ocupar un sillón a cualquier precio” y de “pacto con fuerzas antagónicas”. El PSOE ganó las elecciones en la citada localidad con 4 concejales, por 3 del PP-EU, 1 del IPEX y 1 de IU-SIEX.. Pues bien, un pacto de gobierno permitió gobernar a IU con el apoyo de las otras dos fuerzas. Ese pacto prevé que el próximo martes la alcaldía pase a manos del PP, cumplido el ecuador de la legislatura. Nada antidemocrático, por lo demás, a pesar del acuerdo entre PSOE e IU de votar al candidato más votado, que aquí, como en otros lugares, no se cumplió.

El PP de Cáceres, sin embargo, enrocado en el sinsabor de haber perdido el poder por la misma vía que lo ganó en otros lugares, ha descalificado la actitud de la alcaldesa al cesar al “Doctor No”, con el beneplácito de una gran mayoría de los cacereños. El sinsabor de la derrota democrática es mayor que la victoria en las urnas, y difícilmente asumible por quienes no parecen compartir los deseos expresados con la boca pequeña de “apoyar los proyectos que consideren positivos para la ciudad”. ¿Acaso no lo era la aprobación del Plan de Saneamiento Municipal, al que el PP se opuso en el último pleno, al igual que el concejal de IU se abstuvo?

No puede acusar el PP a la alcaldesa, Carmen Heras, de falta de talante o de diálogo y negociación “por el bien de la ciudad”, cuando el cesado, y ellos mismos también, a pesar de sus buenos deseos, se han aliado para ponerle palos a las ruedas, ya heredados de sus propios gobiernos anteriores, a los proyectos en marcha.

La falta de coherencia que atribuyen y niegan al equipo de gobierno la demostraron igualmente en el último pleno que dio lugar a la crisis; pero ellos parecen mirar para otro lado, cuando se reafirman en que la deuda heredada la solucionen ellos. La oposición responsable y el “buscar lo mejor para la ciudad” o “arrimar el hombro” para que “Cáceres no tenga el freno de mano echado”, son estereotipos que habrían de aplicarse a sí mismos, pero no a la alcaldesa, que demasiadas muestras de talante, negociación, diálogo y paciencia ha demostrado en los dos últimos años. El PP ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Y si alguien “echa el freno” no ha sido precisamente la alcaldesa, sino los otros, que no le dieron ni el humano respiro del duelo, que ya es decir por quienes se califican a sí mismos como “oposición responsable”.

La alcaldesa recibió a la nueva portavoz del PP tras ser elegida. No ha entrado al trapo de descalificaciones políticas; ha mostrado su respeto, por igual, a las fuerzas que componen el consistorio; y ha logrado asumir la paciencia del santo Job con unos y con otros.

Ahora, espera Cáceres. En la responsabilidad de todos está su futuro, aunque los puntos de vista políticos se alcen demasiadas veces por encima de los intereses de la ciudad, aun a pesar de los buenos deseos mostrados por unos y otros.

martes 30 de junio de 2009

VINCULACIÓN EMOCIONAL CON EL TERRITORIO

Si algo distingue la dialéctica política del Presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, es su proverbial cercanía a la gente; la humildad del político que, lejos de reconocer sus limitaciones por las circunstancias, las admite con la naturalidad que le otorga la responsabilidad encomendada por los ciudadanos y las afronta con el realismo que deviene de las circunstancias actuales.

El recuerdo inicial de su discurso de hoy en la Asamblea de Extremadura, sobre orientación general de la política general de la Junta de Extremadura, al fallecido alcalde del Valle de Santa Ana, que le ratifica “la riqueza que supone para Extremadura el trato de nuestros gentes en los pueblos”, ratifica la virtud de un político apegado a la tierra y sus habitantes, consciente de que “la política es el instrumento para gobernar el espacio público que compartimos”, y de la confianza en el talento como motor del desarrollo y su aprovechamiento para generar igualdad.

Vara ha pronunciado esta tarde en la Asamblea de Extremadura un discurso que, más de orientación sobre política general, cabría calificar del estado de la región, su presente y su futuro; los logros conseguidos y las metas por alcanzar.

El Presidente ha subsumido en una frase el estado de la situación, tras reconocer las fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas que se ciernen sobre la región y ofrecer a la oposición una gran pacto social, que tendría como grandes objetivos: introducir cambios en el modelo de desarrollo, crear empleo, recuperar la confianza y apuntalar la solidaridad: “la vinculación emocional con el territorio”.

No se entendería esta frase sino situada en el contexto de las veinticinco propuestas expuestas ante la Cámara en las que se deben centrarse los esfuerzos de futuro. Se refería el Presidente a su apuesta por el desarrollo rural como “un camino solvente y rentable para el conjunto de la sociedad extremeña, poniendo en valor lo local” como impulso a la descentralización administrativa y el compromiso con la mancomunización de servicios.

A los dos años de su elección como Presidente, Vara se ha ratificado en su concepción de la “moderación como virtud de los fuertes”, en hacer del diálogo el mejor instrumento para ejercer la política, en la negociación en los asuntos trascendentales para la Comunidad y “en los tratamientos comunes en todo aquello que los ciudadanos entienden que debe estar por encima de la lucha partidaria o de clase”, porque, como ha reconocido “estoy aquí para asumir mi responsabilidad, para decir bien claro que esta crisis no va a determinar nuestro destino como pueblo, porque no están en juego los votos, sino el futuro”.

El diagnóstico realizado por el Presidente es el propio que, por profesión, le vendría dado al forense que no solo examina y certifica las causas de la muerte, sino que pronostica las razones morales que condujeron a la misma y ofrece remedios compartidos para que una vez, “producido el desenlace”, apelar a la política para salvar el sistema, y ofrecer una reforma del modelo como obra de reforma y rehabilitación, sin olvidar que “en el edificio sigue viviendo la gente”.

El gran pacto social y político por Extremadura propuesto por Vara, por su desarrollo, por la protección social, por la cohesión territorial, por la distribución adecuada del esfuerzo y de sus resultados, reclama, como bien dijo, “soluciones excepcionales ante problemas excepcionales”.

El reconocimiento de nuestras fortalezas, debilidades, oportunidades y amenazas, junto a los indicadores de la situación actual, le permiten ofrecer a la oposición ese gran pacto social y político, centrado en veinticinco medidas, que, además de otros grandes temas de actualidad, como la financiación autonómica, la educación, la sanidad, la dependencia, las medidas anticrisis, el apoyo a las familias, el fomento del empleo, el apoyo a las empresas y el fortalecimiento del sistema financiero, subsumen un discurso político en el que la “vinculación emocional con el territorio” es la columna vertebral de quien asume su responsabilidad “para ponerse de frente y delante, y no de lado”.

El PP tiene hoy, además de las sonrisas inexplicables de alguno de sus diputados, la palabra, por el bien de Extremadura, “porque está en juego el futuro”.

domingo 28 de junio de 2009

EL AMARGO SABOR DE LAS VICTORIAS

Nos ha dado el día tres victorias: las del Cerro de Reyes y el Cacereño, con su ascenso a 2ª B; la de la Selección Nacional de Fútbol, clasificada en tercera posición en la Copa Confederaciones. Tres victorias para una mayoría que las hace propias, las festeja y eleva su autoestima. No hubiere extremeño, aun sin ser aficionado, que no se alegre de este doble triunfo de los equipos más representativos de sus ciudades; ni quizás español que no festeje los goles de Güiza y Alonso, aun con la hiel de no haber disputado la final ante Brasil.

“Hemos vencido”, como dijo el heraldo ateniense Filípides tras recorrer en solo dos días la distancia entre Maratón y Esparta (240 kilómetros) y posteriormente desde Maratón hasta Atenas (42 kilómetros) para dar la noticia de la victoria ante los persas y caer desfallecido, más por las heridas de la batalla que por su veloz carrera.

La historia de Filípides, que dio origen a la maratón, prueba estrella de las Olimpiadas, subsume desde el 490 a. d. C. la miel y la hiel de las victorias; la dulzura de quienes, haciéndolas propias un tiempo, se ríen de la derrota del adversario sin saber que la derrota estará al caer un día, y entonces aquélla se trocará en amargura.

Las victorias de hoy son como el dulce seco con almendras amargas. Hay aficionados que se alegran más de la derrota del adversario que de la victoria propia, como si en ésta le fuera la propia y en la derrota, su victoria. Triste sino el de aquellos condenados a vivir deseando no la victoria, sino la derrota de sus adversarios, porque más dura será su caída.

En el fútbol, como en la vida, se alinean cada día estos dos equipos: los que siempre buscan la victoria y quienes, dejándose arrastrar por la corriente, desembarcan en el océano de su propia derrota. Los primeros participan en la maratón de la vida en búsqueda de la meta final; los segundos serán siempre los últimos, porque no han tenido para sí mismos, ni en solitario ni en equipo, el hambre y la sed de victoria.

A muchos otros, en cambio, nada les dicen victorias ni derrotas que les son ajenas, porque nada les va ni les viene ni en las unas ni en las otras. Son aquéllos que, por múltiples circunstancias de la vida, no pueden participar en la maratón de la propia, ni morir en la meta con la dignidad de Filípides: los parados sin futuro, los jóvenes sin empleo, los ancianos solos y desvalidos, los sedientos de justicia sobre la tierra… ¿Qué puede decirles a ellos una victoria deportiva si tan solo desearen la victoria de su dignidad de hombres y mujeres libres, que nunca lograrán por los caminos pedregosos por donde una sociedad insolidaria les invita a recorrer la maratón de sus vidas…?

La victoria deportiva logra, a veces, lo que no consigue la propia sociedad organizada: elevar la autoestima tan necesaria para lograr la propia en la vida; el disgusto de la derrota resulta, en cambio, tan pasajero como la vida misma, porque la honra y el honor no residen tanto en victorias de equipos o selecciones, sino en la victoria de la dignidad de todos los seres humanos.

En la alegría compartida por tantos, nos alegramos de las victorias de un día, que no pueden ser para siempre, porque en el deporte, como en la vida misma, unas veces se gana y otras se pierde; pero que las victorias no sean siempre de los mismos y las derrotas, de los más, porque entonces nadie podrá colgarse medallas ajenas, sino tan solo los atletas que las lograron en buena lid deportiva. Y entonces las victorias de unos pocos será su propia derrota en la maratón de sus vidas.

miércoles 24 de junio de 2009

UNA VENTANA DE CÁCERES


Hubieren pasado décadas y su ventana permanecerá siempre abierta; en su voz y en sus escritos. Fernando García Morales, decano de los periodistas cacereños, es la ventana permanentemente abierta al pasado de su ciudad. Primero fue su voz, aún firme y viva, en la radio: Radio Cáceres, La Voz de Extremadura; luego, sus vivencias, su crítica, su indulgencia, una pasión abierta por Cáceres en el Diario Extremadura, en el semanario Cáceres, en el diario Hoy hasta su jubilación.

Fernando García Morales es la historia y la anécdota del Cáceres de los últimos setenta años; el conversador ameno, vivencial, que extrapoló a los medios en los que sirvió su amor por su ciudad, el conocimiento de quien la vive, la ama y, por ello, la sufre; el tertuliano que ponía la guinda al pastel; una lengua y una pluma trocadas en contar la intrahistoria de Cáceres, la anécdota trascendida a categoría de historia.

Era ateneísta siendo niño; fundó con otros el nuevo Ateneo de Cáceres; contertuliano con escritores de la preguera y posguerra; fue tertuliano en la radio; pregonero de la patrona; fundador de la Asociación de Periodistas de Cáceres, en la que compartimos y gozamos hoy de su presencia siempre sabia.

Fernando es el decano no solo de los periodistas cacereños, sino de una voz viva que no apaga la de sus compañeros dejados en el camino. García Morales fue la “Ventana abierta” a la ciudad, publicada durante años en su último periódico; la ventana con la que cerraba su escritorio y que cada mañana nos daba el respirar de la ciudad.

Socarrón donde los hubiere, ríe las anécdotas antes de que las rían sus propios interlocutores. En el fondo, quien vivió días en el Amazonas, recordaba siempre a la ciudad sin río, la belleza condensada en su casco intramuros, Patrimonio de la Humanidad, y tornaba siempre a ella para escribir desde su “Ventana abierta” lo que veía, vivía, pensaba, medía, condensaba, traducía y componía para los cacereños. Su ventana, siempre abierta; a su lado, siempre el asentimiento de Mely. Como el de tu Cáceres hoy, Fernando, contigo. ¿O acaso habrá alguien que se atreva a cerrar tu ventana para que no veamos la limpia luz de nuestra ciudad, compañero, amigo…?

lunes 22 de junio de 2009

CIERTO ARTE DE LO IMPOSIBLE

Lo posible no es nunca imposible. Si la política es el arte de lo posible, por qué algunos ven ahora lo posible como imposible. El arte de lo posible es vertebrar la democracia como el mejor vehículo para la conquista de los sueños de las clases más desfavorecidas; es decir, hacer posible lo imposible.

Ya Aristóteles definía la política como el buen gobierno a favor del bienestar general, suprimiendo cualquier interés particular. Para Dante, la política debe conquistar la paz para contrarrestar los males de las ilegalidades.

En la situación actual, por boca de algunos políticos, pareciere que no es posible hacer posible lo imposible. En los cambios de ciclos económicos, lo posible lo es para los de siempre, que pescan a río revuelto para obtener más ganancias para sí; pero que lo fuere también para determinados politiquillos de ocasión, da la estatura de su escasa talla política.

No es posible predicar y no dar ejemplo. No es posible andar todo el día crispando la vida pública con acusaciones sectarias e interesadas, para socavar los cimientos del adversario y la moral del buen hacer político: el de quienes ejercen la función pública como el arte de lo posible, aunque parezca imposible.

Quienes cada día propalan los ‘males ajenos’, se olvidan de los propios. Siglos hubieren ellos para hacer la política que postulan: hacerlo todo en cuatro años, para que los que siempre mandaron continúen llevando el bastón de mando, porque en él les va su vida y su riqueza, pero también la desesperanza de los que nunca fueron atendidos por esa clase política, que no miró por el bien general, sino por el particular…, es simplemente jugar sucio.

El nuevo arcoiris cambia el escenario. No es que las promesas se las lleve el viento para quienes, políticos de verdad, hubieren deseado llevar adelante la política enunciada. No es, tampoco, que el arte de lo posible se troque en imposible, sino en hacer posible lo que pareciere imposible.

Los politiquillos de la crispación son como falsos profetas que anunciaren el fin del mundo cuando cosas posibles antes se trocan en lo que ellos denominan “parálisis”, “incumplimentos”, “engaños”, “incapacidad”… ¿Buscaron sus ascendientes lo que ahora predican, o quizá se alegran del mal del prójimo porque a ellos les beneficiare?

Ha cambiado Extremadura en treinta años lo que no se pudo ver durante siglos. Tuvo la derecha oportunidades mil de hacer lo que predica; sin embargo, al azuzar a la izquierda, lo único que hace es tirar piedras contra su propio tejado, porque la derecha no asume la política como “el arte de lo posible”, sino solo como la posibilidad de arrebatar un poder que considerare exclusivo y excluyente, sin importarle para nada que, en tiempos de vacas flacas, también la política “es hacer posible lo imposible”.

Lo posible, ahora, no es cambiar el paso ni el modelo, sino asumir las prioridades, como una autovía para “el arte de lo posible”. Se trata de reajustar la oferta electoral para no caer en la tentación de pretender abarcarlo todo y no hacer nada. Es lo que predica la derecha; pero ya dijo alguien: “Haced lo que dicen los predicadores, pero no hagáis caso de lo que hacen.”

Hay muchos politiquillos arrogantes que dicen ser los ungidos de Dios; pero estos ungidos han llegado al punto de dirigir vidas y haciendas, salvar o condenar a personas y establecer hegemonías dictatoriales. Ya lo advertía el Evangelio: “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, para inducir a error, si posible fuera, a los mismos elegidos.” (Mt, 24: 11-24).

Predican, en fin, lo que dice la parábola de la cizaña, para tratar de hacer imposible lo posible y no hacer posible lo imposible. De ellos podrá ser el reino de la tierra, pero nunca el de los cielos, porque en sus palabras predomina su propia confusión y verdad, como falsos predicadores que abogan en un sitio por unas cosas y en otros por la contraria, según de donde sople el viento.

jueves 18 de junio de 2009

EL SILENCIO DE LAS PALABRAS

No hay peor silencio de los que no pueden hablar, aun teniendo lengua y conociéndola para expresarse. No es el silencio de los sordomudos, que operan con su lenguaje de signos para entenderse lo que su mal les impidiere. Es el silencio de los que otorgan sin hablar; el de los que apagan las palabras con fuego, con el miedo, la tortura; el silencio de los resignados a la triste suerte de sus vidas; el silencio ante las injusticias sociales; el silencio de los sin fuerza para hablar; el silencio de los votos en blanco y abstencionistas, que pudieren hablar, pero desertan de la palabra.

Cómo interpretar el silencio de quienes se callan, pero no otorgan; de quienes nada dicen, pero ni asienten ni disienten; de quienes parecieren mudos sin serlo, porque de su boca no sale una palabra; el silencio de los que, debiendo hablar, se callan, y de quienes debiendo callarse, hablaren más de la cuenta; el silencio de los que están en posesión del saque de la palabra, pero se niegan a jugar con ella; el silencio de quienes no dicen lo que debieren decir a su tiempo: una palabra de consuelo, de ánimo, de cariño al prójimo necesitado, la confortadora palabra cuando se necesitare; el silencio de quienes enarbolan los derechos humanos más elementales como bandera y la arrían con el silencio; el silencio que, por amor, otorga, aun poniendo en peligro su propia vida; el silencio de quienes arrebataron la vida ajena y se callan para defenderse, aunque hieran más aún el corazón y el tiempo ajenos…

Qué decir de los silencios que imploran y no obtienen respuesta; del silencio de súplica al que respondiere un silencio administrativo; del silencio justificativo y exculpatorio de los malos arrepentidos; de los silencios que no confiesan sus pecados para endosárselos al adversario con la palabra pervertida; del silencio de los cómplices que niegan el habla oculta de otros; del silencio de quienes esperan en silencio que lleguen a ellos sus más elementales derechos; del silencio de quienes ocultan esta realidad para hacerla exclusiva y propia…

¡Ay del silencio del amor trocado en desamor!; de los silencios de culpas que exculpan; del silencio de los imputados sin que reconozcan sus yerros; de los largos silencios por miedo sin valor para hablar; de los silencios de resignación de los sin empleo, porque suyos no serán los bienes de la tierra; de los silencios de dolor provocados por amor y que devienen en maltratos o en la pérdida de la propia vida; de los silencios de defensa para no ser atacados; de los silencios de desamparo sin el amparo de la palabra; de los silencios de venganza sin la esperanza de reconciliación; de los silencios de la palabra sin la riqueza de la palabra ausente; de los silencios del hambre en la abundancia; de los silencios de sed por el agotamiento de la saliva; de los silencios de los líderes ante el silencio ‘obligado’ de sus oyentes…

Silencios que hablan sin hablar; que otorgan sin decir palabra; que disienten sin pronunciar sílabas; silencios que ni otorgan ni disienten…, “dueños de nuestros silencios, esclavos de nuestras palabras”, en el pensamiento shakesperiano; pero recordando también las palabras de Miles Davis: “El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos”, en un mundo de ruidos, de silencios sin las palabras del infinito, “adentrándose en la multitud para ahogar el clamor de su propio silencio”, en palabras de Tagore.