miércoles, 18 de julio de 2018

DE LOS NINIS A LOS SISIS


            El término nini (ni estudia ni trabaja) surge en los oscuros años de la crisis para designar a la población juvenil obligada a abandonar la escuela a una edad más temprana de lo habitual, lo que le impide el acceso a un empleo. Antiguamente, casi todos los niños eran ninis. Terminaban la primaria y trabajaban con sus padres en el campo, mientras que las niñas ayudaban en casa. Eran los roles establecidos por la sociedad patriarcal. A partir de los 70, no puede decirse que hubiere ninis. El que no estudiaba era porque no quería. Hoy se aplica también a los jóvenes que, habiendo terminado sus estudios, no encuentran trabajo. La crisis económica, empero, trastoca el futuro de la generación más preparada de la historia. La subida de las tasas universitarias para los hijos de la clase media y baja; los problemas sociales; las dificultades para acceder al empleo; y la aceptación del nuevo statu quo, conduce a esta generación a una situación de marginación, discriminación y exclusión social, en el que su empeño por lograr un empleo choca con el silencio y con una carrera de obstáculos, cuya bolsa engorda cada día más con los miles de titulados con los que han de lidiar para lograr un puesto en la sociedad. Así, los ninis se resignan ante una realidad que les supera y optan por no estudiar ni trabajar. En 2012, España era uno de los países occidentales con más ninis entre los 18 y 24 años, unos 800.000, según Eurostat.
            Los sisis (jóvenes que estudian y trabajan) representan en 2015 más del doble que los ninis, según la agencia Efe. Los ninis están dejando paso a paso a los sisis. Hoy, uno de cada cuatro jóvenes menores de 30 años trabaja y estudia a la vez (más de 567.400 jóvenes), según el portal de empleo Ranstad, que cifraba en 2017 en más de dos millones de empleados los que también estaban formándose. Otra cuestión son los techos de cristal que sufren las mujeres en edad fértil o los varones mayores de 45 para acceder al mercado de trabajo. Entre ninis y sisis, sin serlos.
 

domingo, 8 de julio de 2018

BELÉN Y SU TERRITORIO


           "Belén y su territorio", que el autor subtitula "Historia y patrimonio cultural en el Valle de Papalbas",[1]  propone, según afirma el alcalde de Trujillo, Alberto Casero Ávila, "un acercamiento a la historia y al patrimonio de la localidad", pedanía de Trujillo, que con este libro entra en el "concierto turístico regional". La nueva obra del cronista oficial de la ciudad de Pizarro, José Antonio Ramos Rubio, supone para el prologuista de la obra y concejal de la ciudad, Rafael Rebollo Martín, situar a la localidad en un libro que ensalza "la riqueza e inmensidad históricas de las que ha hecho gala durante siglos". Ya el autor expresa en su Introducción su extrañeza tras comprobar que una población que cuenta con un rico patrimonio histórico-artístico no haya despertado la atención de estudiosos e investigadores, estando tan cercana a Trujillo.
           El medio natural.-Belén es un pequeño núcleo de población sin ayuntamiento propio, dependiente de Trujillo, del que siempre fue considerado pedanía, situado a tres kilómetros de la ciudad en zona de abruptos peñascales. En 1234 ya hay noticias de la existencia de los arrabales de Papalbas (Belén), Huertas de Ánimas y Huertas de la Magdalena en el reparto de las tierras reconquistadas entre los ilustres linajes de Trujillo. El municipio recibió tal denominación de la Vega de Papalbas hasta el 24 de septiembre de 1728, fecha en la que pasa a denominarse Valle de Nuestra Señora de Belén por acuerdo concejil, arrabal o pedanía dependiente de Trujillo. El relieve territorial forma un espacio compartimentado en pleno berrocal, que recibe las aguas del Merlinejo y los arroyos de la Luz y Caballo, que permite los cultivos, al tiempo que las vaguadas situadas junto a los manantíos propician el arraigo de herbáceas necesarias para el abastecimiento del ganado. Cerca del municipio pasa una de las cañadas más frecuentadas del Medievo, así como el Cordel de Torrecillas de la Tiesa y Dehesa Descansadero. Belén tiene hoy un crecimiento vegetativo negativo, llegando en la actualidad a 269 habitantes. En Belén, la vivienda responde a la tipología de la casa tradicional extremeña que domina la comarca: de pequeño tamaño, de una o dos plantas, situadas en parcelas irregulares, con poco frente a la calle y mucho fondo. La pieza más característica de la vivienda tradicional está en su fachada y la constituye el portalino, consistente en un portal en arco de medio punto entrante que deja la puerta protegida, consiguiendo un vestíbulo abierto y, a los lados de la puerta, dos poyetes para sentarse. Testimonios materiales de arquitectura tradicional que definen la identidad del territorio de Belén son los bohíos (bujíos)o chozos, los pozos de agua, fieles testigos de la cultura y herencia del Valle de Papalbas, que ha mantenido su uso durante cientos de años. En el transcurso de los años, el paisaje rural de Trujillo y sus arrabales ha experimentado grandes cambios, pero aún se conservan un número considerable de construcciones tanto de vivienda como de actividades agrícolas que forman parte de la historia de la arquitectura tradicional o vernácula. Trujillo y sus arrabales han estado bien abastecidos de agua potable, por los numerosos manantiales de agua dulce que conserva en el suelo.
            La historia.-La historia de Belén no puede desligarse de los acontecimientos históricos de Trujillo. La población se reparte entre la ciudad y los cuatro arrabales dependiente de la jurisdicción municipal: Huertas de Ánimas, Huertas de la Magdalena, Belén y Pago de San Clemente. Con testimonios que se remontan al Neolítico, estas pedanías han estado habitadas por un vecindario fundamentalmente agrícola, asentada sobre las fértiles vegas de Papalbas, Valfermoso o Mimbreras. En las inmediaciones de Belén se constatan hábitats desde el Paleolítico Medio, aunque la presencia humana más estable llegaría con el final de la Prehistoria. A finales del III Milenio descubren la aleación del bronce, cobre y estaño, que ofrecen un material más duro para las armas y herramientas… Los primeros pobladores rendían culto a la madre Tierra y al padre Sol y sacrificaban animales para hacer sus oráculos, con altares localizados en "La Dehesilla" y en "Los Canchalejos". En el territorio se conservan restos del Neolítico, Calcolítico (castros) y de la Edad del Bronce, como el conjunto pictórico de "Los Canchalejos". Las primeras noticias del arte rupestre en el entorno se remontan al año 1971, en la Cueva Larga del Pradillo, descubiertas por Alfonso Naharro. De la Edad del Bronce se halló una alabarda en excelente condiciones. Trujillo fue el antiguo Turgalium romano, una población de suma importancia, tributaria de Norba Caesarina. Tras una época paleocristina y visigoda, como queda constancia por los restos de una basílica, la dominación musulmana hace de Trujillo un importante enclave, que mantendrá una notable actividad en el mercado ganadero. Durante la construcción de la fábrica de Navidul en 1999, en el Cerro del Moro, se hallaron restos de la etapa califal. En el entorno se han encontrado lápidas romas, hebreas y árabes. Trujillo, crisol de culturas, fue uno de los puntos de establecimiento de judíos en España, como confirman algunos restos y el padrón de Huete, de 1290. La Reconquista de Trujillo se efectuó el 25 de enero de 1233. A partir de entonces, se conocen tiempos de prosperidad, fomentada por los reyes con repoblaciones, exenciones tributarias, privilegios mercantiles y otros incentivos. Alfonso X otorga Fuero propio a la villa y la población se divide desde entonces entre los hidalgos, eximidos del pago de tributos, y los pecheros, vecinos contribuyentes. Del paso de los visigodos se conservan numerosas tumbas localizadas en el berrocal. A partir del siglo XIII, la población judía de Trujillo conoce la época de mayor prosperidad. En 1430 traspone la pubertad medieval al otorgarle Juan II de Castilla el título de ciudad y, en 1465, Enrique IV le da el privilegio de Mercado Franco. El siglo XVI será definitivo para la historia de Trujillo por su importante participación en el descubrimiento, conquista y civilización de América. El desarrollo demográfico y el enriquecimiento de ciertos sectores como consecuencia de la empresa americana impulsa el desarrollo arquitectónico-urbanístico, que proporciona a Trujillo el aspecto de ciudad con la que llega al siglo XVIII. En 1728, la pedanía de Belén, denominada hasta entonces Papalbas, cambia su nombre por el de Nuestra Señora de Belén. En 1887 se inaugura el cementerio católico de Belén. El 8 de diciembre de 1993 se hermana con la ciudad palestina del mismo nombre.
            Obras artísticas.-La iglesia parroquial de Nuestra Señora de Belén fue construida hacia 1728. Se trata de una sencilla fábrica de mampostería, fruto de una serie de una serie de transformaciones decimonónicas, sobre la modesta ermita barroca del siglo XVIII. Tiene una única nave, cubierta con bóveda de cañón con lunetos, al igual que la capilla mayor. En los pies del templo hay un Niño Jesús de Praga, de 1670, en perfecto estado. Destacan bienes muebles procedentes de la iglesia de San Andrés de Trujillo, como una talla del Crucificado, de finales del XV. En la nave del templo se conservan dos lienzos con representaciones de santos, que formaron parte de un retablo desaparecido de finales del XVIII. Asimismo, procedente de la iglesia de San Andrés se encuentra un cuadro de santo con la cruz en aspa. El presbiterio está presidido por los restos de dos columnas de un antiguo retablo, que acoge un cuadro que representa el tema de la Virgen de Belén. El obispo placentino Pedro Laso de Vega regaló, en 1728, un cuadro que representa a Nuestra Señora de Belén, patrocinando la construcción de una ermita que, con el tiempo, se convertiría en la iglesia de la pedanía. El templo cuenta con otras imágenes más modernas de estuco: un Crucificado, una Inmaculada de Olot y una imagen de la Virgen. En la sacristía se conservan algunas piezas de platería, procedentes de la extinta parroquia de San Andrés de Trujillo.
            Palacio Viejo.-El edificio palacio conocido como Palacio Viejo es una mansión campestre de recreo construida a finales de la Edad Media, en la que aún pueden apreciarse elementos defensivos como aspilleras o matacán y, próximo a él, restos de edificaciones de una villa romana. El edificio perteneció al padre de Diego García de Paredes, Sancho de Paredes. En sus orígenes tuvo carácter defensivo (casa-fuerte), una de sus torres era de planta circular y, en la reforma para convertirlo en palaciego, fue aprovechada para convertirlo en el ábside de una pequeña capilla que se adosa al extremo del ala oeste del edificio residencial, y que ha sido restaurada por los actuales propietarios.
            Palacio del Carneril de Los Llanos.-El paraje está dominado por la imponente casa fuerte que ostenta un escudo de la familia Chaves. La citada casa se asentó sobre una villa tardorromana, como evidencian elementos propios de estos asentamientos. La casa fuerte surgió, desde el comienzo en la segunda mitad del siglo XV, como un gran complejo residencial y agrícola. La edificación se caracteriza por un distinguible estilo señorial, así como por su carácter palaciego, completándose con otras construcciones de uso agropecuario, como tinados, cuadras, corrales y pajares.
            Cruces de piedra.-En Belén subsiste una cruz de término y un crucero, como monumento religioso, constituido por una cruz de piedra. A partir de la Edad Media las marcas de los caminos se situaban en las entradas de los pueblos como símbolo de fe cristiana, y de reconquista a los musulmanes, avisando a los foráneos que entraban en una población leal a la cristiandad. En las cañadas de ganado, que en principio se señalaron con hitos o mojones, también se colocaron cruces para servir de guía a los ganaderos. En la segunda mitad del siglo XVI, especialmente en el XVII, se da prioridad a la creación y reparación de nuevos caminos, situando en las entradas de los pueblos cruces de término. En 1772 se aprueban las reglas que deberían observarse para la conservación de los caminos del Reino. En el siglo XIX, la información cartográfica registra un gran avance con el Atlas Geográfico de España, de Coello, a escala 1.20.000. Los mapas de la red de caminos correspondientes al siglo XVIII, como la guía de Pedro Pontón (1705), Matías Escribano (1760), Tomás López (1767) y, en el siglo XIX, la de Santiago López (1828) o Javier Cabanes (1830) dieron fe del esfuerzo de la Corona por fomentar y conocer la red de caminos nacionales. A la entrada de Belén encontramos una cruz de término, de la que solo se conserva la columna esculpida en piedra. Frente a la capilla del cementerio municipal se alza un majestuoso crucero cilíndrico, de granito, sobre una base cúbica, alta y estilizada, que soporta una cruz latina de brazos redondos, que remata con la cartela del titulus "INRI".
            Tradiciones populares.-Entre las tradiciones populares más destacadas de Belén sobresalen la Cabalgata de Reyes, los Carnavales, la Semana Santa; la romería, que se celebra el domingo anterior al de Ramos; el lunes de Pascua tiene lugar la "gira"; la procesión del Corpus; y las fiestas patronales de la Asunción, el 15 de agosto.
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[1]  Ramos Rubio, José Antonio: Belén y su territorio. Historia y patrimonio cultural en el Valle de Papalbas". Edit.: Diputación Provincial de Cáceres, Cáceres, mayo 2018.

martes, 3 de julio de 2018

TELLO DE CASTILLA, UN INFANTE NACIDO EN MÉRIDA


           Tello de Castilla (Mérida, finales de junio de 1337; Medellín, 15/X/1370) [1] fue un infante castellano, hijo natural de Alfonso XI de Castilla y de Leonor de Guzmán, I Señor de Aguilar de Campoo, Castañeda, Berlanga, Monteagudo y señor consorte de Lara y de Vizcaya. "Et partio el rey de Caceres, et fue a Merida: et nasciole y un fijo suyo de doña Leonor et dixeron Don Tello." [2] Fue el sexto hijo de los diez extramatrimoniales que hubieren Alfonso XI y doña Leonor. El 10/01/1339, su padre le concedió como señorío los antiguos realengos de las merindades de Aguilar de Campoo, que había tenido su difunto hermano Pedro de Aguilar y Liébana en Cantabria. Sin embargo, no le reconoció como legítimo hasta el 02/01/1343, con lo que le confirió la facultad de heredar y su inclusión en la Orden de la Banda, creada por el rey en el espíritu de las tradiciones caballerescas de la época, [3] "ocupando en la misma un lugar tan destacado como era el cuarto puesto a continuación del propio rey que la encabezaba".
            Tras el asesinato de su madre en 1351 por orden de María de Portugal, Tello se refugia en Palenzuela, villa que Alfonso XI había concedido a Leonor de Guzmán. Su padre, que deseaba entrevistarse con él, envió a Juan García Manrique para evitar que se fugara. Anticipándose a la llegada de Pedro I, Tello sale hacia Palencia, donde se encontraba el monarca y allí, el 17 o el 18 de mayo, se encuentran Pedro I y Tello. Al recordarle el primero la muerte de su madre, Leonor de Guzmán, el bastardo rinde pleitesía al rey con la mayor sumisión.
 
            Participó en la guerra civil que enfrentó a su hermanastro Pedro I de Castilla contra su hermano Enrique II de Castilla. Tello de Castilla testó en 1368 y en 1370. En su último testamento legó Vizcaya y Valmaseda a su hermano el rey Enrique II de Castilla. Como capitán general de la frontera con Portugal, participó en la guerra con dicho país, aunque no falleció en combate, sino de enfermedad,  el 15 de octubre de 1370 en Medellín, "donde se encontraba por encargo de su hermano el rey con la misión de defender el territorio castellano de una posible acometida por parte de Portugal. Podría pensarse que Enrique II pensase que, manteniéndole en zona extremeña, le sería más fácil controlar su comportamiento. Fue precisamente, cumpliendo este cometido de "frontero", cuando le llegó la muerte". [4] Un estudio antropológico de la Universidad de Granada, realizado en 2012, permitió a los investigadores hallar indicios de que la muerte de Tello en el siglo XV pudo no haber sido natural [5], tras comprobarse que su cráneo tiene "signos claros de violencia" desde el hueso occipital hasta el frontal. Recibió sepultura en el convento de San Francisco de Palencia. Su sepulcro permaneció oculto durante décadas en un arcosolio situado en la pared izquierda del presbiterio, y fue descubierto en 1978 durante unas obras. Actualmente se encuentra en  la capilla de los Sarmiento, próximo a la sacristía del convento.
 
            Tello de Castilla había contraído matrimonio en 1553 con Juana de Lara, señora de Lara y de Vizcaya, asesinada por orden del rey Pedro I en 1539, aunque Tello la ocultó para su beneficio y, así, conservó el señorío que fue incorporado a la Corona de Castilla tras su muerte. Falleció sin dejar descendencia, aunque si varios hijos bastardos legitimados, cuatro varones: Juan, Alfonso, Pedro y Fernando, y cinco mujeres: Leonor, Constanza, María, Isabel y Juana. "Para esta numerosa prole, dejaba previstas testamentariamente ciertas dotaciones, encomendándole a su hermano el rey que las cumpliera; sin embargo no puede decirse que Enrique II fuera un fiel intérprete de los deseos de su hermano." [6]
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[1]  Vid.: Díaz Martín, Luis Vicente: Don Tello, señor de Aguilar y de Vizcaya (1337-1370). Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, pág. 272.
 
[2] Vid.: Crónicas de los Reyes de Castilla, Editorial C. Rossell, Tomo I, Madrid, 1953. Crónica del Rey don Alfonso, el Onceno, capítulo CLXXVIII, pág. 288, recogido por Díaz Martín, pág. 272.
 
[3] Ob. cit. de Díaz Martín, pág. 274.
 
[4] Ob. cit. de  Díaz Martín, pág. 314.
 
[5] Vid.:  europapress, de 27/12/2012.
 
[6] Ob. cit. de Díaz Martín, pág. 316; y Wikipedia.

sábado, 30 de junio de 2018

TERESITA ZAZÁ, LA CUPLETISTA PLACENTINA QUE HIZO CARRERA EN ARGENTINA



           Teresa Juliana Lucía Maraval Torres (Plasencia, 06/06/1893-Barcelona, 23/01/1980) fue una famosa tonadillera, cupletista y actriz, conocida artísticamente por el seudónimo de Teresita Zazá, que inició su carrera en 1910 y la concluyó en 1929 con la película "La del Soto del Parral", con José Nieto y Carranque de los Ríos en los principales papeles,  y que desarrolló su carrera artística principalmente en Argentina.
            Era hija de Francisco Maraval, natural de Perpinán (Francia) y contador de ferrocarril, e Inocencia Torres, natural de Plasencia, en cuya parroquia de San Martín fue bautizada.[1]  Tuvo dos hermanos: Gastón y Luciano. Recibió clases de canto de su prima María Torres, hija del famoso notario de la ciudad, don Pío Torres. [2]
            Teresita Zazá inició su carrera artística a los 19 años. El madrileño Trianon Palace, considerado como la catedral del género cupletista, en la calle Alcalá, conoció sus primeros carteles artísticos de varietés.
            En 1915 se traslada a Argentina, donde desarrolla la etapa más importante de su carrera. En 1917 formó parte del espectáculo en honor de Manolita Rosales, quien se despedía de la ciudad, junto al dúo Carlos Gardel y José Razzano y las tonadilleras Emilia Benito y Antonia Costa. En 1922 trabajó en Buenos Aires en un programa cinematográfico bajo la dirección del maestro Carlos Macchiavelli, junto a tres artistas debutantes; "Nati, la bilbaína" (famosa bailarina española) y Mario Pardo, cantor nacional. Durante su larga estancia en Argentina (1915-1923) realizó varias funciones en el Teatro Esmeralda (hoy Teatro Maipo), en las que tuvo como pianista al español Luis Martínez Serrano. Asimismo, hizo impresionantes temporadas con el transformista italiano Leopoldo Frégoli, el cantante Carlos Gardel y la bailarina gallega Carolina "La bella Otero", entre otros.[3]
            Entre sus éxitos más destacados está la Hora del té, en 1913, tango al estilo argentino de Álvaro Retama y Ricardo Yust, que presentó en el Teatro Español de Santa Rosa y en el Teatro Florida del Pasaje Guemes en Buenos Aires. Teresita Zazá fue una de las primeras en usar el término "Alirón" en una canción para celebrar las victorias del Athletic Club. "Está documentado el hecho de que una cupletista de principios del siglo XX, Teresita Zazá, incluyó la palabra en una canción en la que se festejaban los primeros triunfos del Athletic." [4] El 10/05/1914, los leones se habían proclamado campeones de España al derrotar por 2-1, en Irún, al F. C. España de Barcelona. En el viejo salón Vizcaya, catedral de las varietés, un forofo local corrigió a la artista sustituyendo el postrer "pon, pon, pon" por la expresión "El Athletic, campeón". La cupletista cantaba: "Y las niñas ya no entregan/ a su galán su corazón/ si no saben enamorarlas/ entonando el alirón." Los asistentes abandonaron el local al grito de "¡Alirón, alirón, el Athletic campeón".[5]
            En 1927 dio por finalizada su estancia en Buenos Aires para iniciar una gira artística en Lima, Panamá, La Habana y Ciudad de México. En 1927 reaparece en el Principal Palacio (Barcelona) y posteriormente actúa en los teatros Romea y Maravillas de Madrid, donde da por finalizada su carrera como cantante el 22 de mayo, fijando su residencia en Madrid.
           Falleció de causas naturales durante una estancia en Barcelona el 23 de enero de 1980, a los 86 años, sobreviviéndole sus nietos Daniel y Teresa.[6]



[2] Ob. cit.
 
[3] González Rodríguez, Juan Pablo: Historia social de la música popular en Chile, 1890-1950, Ediciones Universidad Católica de Chile, Buenos Aires, pág. 139.
 
[4] Vid.: Siguero, Santiago: `Viaje a los orígenes del alirón´, en el diario Marca de 01/05/12. (http://www.marca.com/2012/05/01/futbol/1335870307.html).
 
[5] Vid.: Blog La Voz de Plasencia.
 
[6] Vid.: Wikipedia.
 

martes, 26 de junio de 2018

"EL VIAJERO DE DIOS"


           Severiano Rosado Dávila (Guijo de Galisteo, Cáceres, 1929; Cáceres, 24/06/2018) , inhumado ayer en la parroquia cacereña de San José que levantare y de la que fue párroco durante cincuenta años, fue algo más que un sacerdote entregado a su rebaño. Don Severiano  --como era conocido popularmente-- fue también reconocido como "el viajero de Dios", que primero buscare llevar a sus feligreses a los centros de espiritualidad, como Fátima y Lourdes, y más tarde se expandiere a otros mundos para que viesen las maravillas creadas por Dios para que pudiesen disfrutar de ellas. Siempre lo decía en sus viajes, como cuando en 1963, durante unos ejercicios espirituales que ofreciere, siendo un joven cura de aldea, advirtiere sobre el descubrimiento de las Cuevas del Águila, situadas al sur de la provincia de Ávila, en pleno Valle del Tiétar, a pocos kilómetros del sepulcro de San Pedro de Alcántara, como "otra maravilla de Dios", escondida durante tres millones de años. Y como sabio pastor de almas, su preocupación le condujo a levantar centros de enseñanza y después, residencias para la tercera edad.
            Nunca tuvo tiempo para sí mismo y siempre para los demás. Tras iniciar sus estudios en el Seminario de Coria, a los 10 años, don Severiano cursó los estudios de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca y los de Ciencias Sociales en el Instituto León XIII de Madrid [1], creado por el cardenal Herrera Oria y dependiente de la citada universidad. Más tarde, compatibilizó su tarea pastoral en su parroquia, los viajes y la construcción de centros, con los estudios de la licenciatura en Historia por la Universidad de Extremadura, en el campus de Cáceres, a cuya primera promoción (1971-1976) perteneció.
            En 2011, regía una parroquia que agrupaba a 10.000 feligreses, además de contar con dos templos, una capilla y dos residencias de ancianos [2] Ordenado sacerdote en 1952, el obispo le asignó la creación en Cáceres de la parroquia de San José, aun antes de ser construida, que fundare en 1959, aunque el templo actual es de 1967. El 23/12/1958 fue nombrado párroco quien antes regentare como ecónomo la iglesia de Casares de Las Hurdes, y tomó posesión el 07/02/1959 en la capilla del colegio de San José. El 11/04/1964, el nuncio de Su Santidad, monseñor Riveri, colocó la primera piedra simbólica del edificio. El 06/01/1969 se bendice el nuevo templo. En 1970 se inauguran las capillas del Santísimo y de Confesiones. En 1971 se adquieren los locales para el Colegio Nazaret, en el Polígono de La Madrila. El mismo año se habilita la casa parroquial junto al templo. En noviembre de 1971 abre sus puertas el Colegio Nazaret con tres aulas para jardín de infancia. El 01/04/1973 se colocan las vidrieras, se ejecuta el baptisterio y se rematan los detalles interiores del templo, que se inaugura el 24/06/1973. En la ejecución de la obra estuvieron los coadjutores Felipe Fernández Peña, José Luis Caldera González y José Calero González, junto al párroco, además del arquitecto del proyecto, Vicente Candela, y el director de obra, Manuel García Creus, el aparejador, Manuel Herrero, y el escultor José Luis Sánchez.  Las vidrieras fueron obra de Juan José Narbón y la Unión de Artistas Vidrieros. El 01/10/1973 se amplía el Colegio Nazaret hasta completar la primera etapa de EGB, que se amplía hasta la segunda etapa en 1976, con una capacidad para 500 alumnos.
            En 1965 se inauguró el Centro Parroquial "Las Acacias", detrás de la avenida de Virgen de Guadalupe. El 8 de octubre de 1969 se inaugura la residencia Nuestra Señora del Rosario. El 10/06/1996 inaugura un centro de atención pastoral para dar asistencia a La Sierrilla, El Arco y el R-66. En 1996 se abre la residencia Nuestra Señora del Rosario y, al año siguiente, con motivo de la festividad de la advocación de la Virgen, el obispo Ciriaco Benavente bendice el edificio.[3]
            Don Severiano fue nombrado hijo adoptivo de Cáceres el 20 de junio de 2012 "por sus méritos personales en los cincuenta años que lleva viviendo en la ciudad, durante los que ha sido responsable de la parroquia de San José, promotor del Colegio Nazaret en La Madrilla en 1971 y de la residencia de la tercera edad de La Zambomba en 1989", además de haber organizado "excursiones por todo el mundo para personas con escasos recursos económicos, facilitando a los cacereños visitas para conocer otros países y otras culturas", según recogía el acta de nombramiento.[4]
            Tuve la oportunidad de viajar con don Severiano a Roma a la beatificación del beato Marcelo Spinola (1835-1906) por el entonces papa Juan Pablo II --que tiene  parroquia a su nombre en Cáceres en la barriada de El Vivero--,  que fuere a finales del siglo XIX obispo de Coria (1884-1886), más tarde de Málaga (1886-1895) y posteriormente arzobispo de Sevilla (1895-1906) y elegido cardenal de la Iglesia por el papa Pío XI en diciembre de 1905; pero, debido a su avanzada edad, no pudo ir a Roma a recibir el birrete cardenalicio, que le impuso el rey Alfonso XIII el 31 de diciembre de 1905.  Aquel día --29/03/1987-- asistimos en San Pedro a la misa de beatificación junto a don Severiano, que presidiere la peregrinación diocesana que asistiere al acto en un autobús fletado desde Cáceres, y donde nos encontramos con nuestro obispo, Jesús Domínguez Gómez, que escribiere con tal motivo el libro "Un obispo de Coria a los altares. En la beatificación de Marcelo Spinola" (PPC, 1987). No olvidaré ese viaje, en el que nos acompañaba una sobrina del beato, que nos relató la comida en la embajada ante la Santa Sede, a la que fue invitada tras  la misa de beatificación, aunque no pudiere realizar ninguno más con él.
            Desde su jubilación, don Severiano continuaba yendo a su parroquia, visitaba los centros que creare y la residencia que fundare y en la que quiso morir.
           Se fue con 88 años, tras vivir más de cincuenta en Cáceres, y recorrer medio mundo, viendo y enseñando las maravillas de Dios, como acostumbrare a decir, aunque se quedare con  ganas de ir a Australia, "su destino pendiente" [5]. DEP.     
 
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[1] Vid.: Muñoz Rubio, Miguel Ángel: Don Severiano, en la memoria (del móvil), en El Periódico Extremadura de 26/06/2018.
 
[2]  Torrejón, María José: "No puedo dar un paso sin que alguien me salude por la calle", en el Diario Hoy, de 18/03/2011.
 
[3] Vid.: Web Parroquia de San José (Cáceres) (http://www.parroquiasanjosecaceres.es/index.php).
 
[4] Vid.: Web de la diócesis de Coria-Cáceres, recogido de la agencia Europa Press el 27/06/2012.
 
[5]  Ob. cit., de M. J. T.


jueves, 21 de junio de 2018

LAS LUCES DE LOS OJOS SIN LUZ


            "El lenguaje de los ojos en el arte" [1], última obra del académico correspondiente de la Historia y doctor en Historia del Arte, José Antonio Ramos Rubio, es "un homenaje a la memoria de todos aquellos hombres que, a pesar de ser invidentes, han conseguido calar en la sensibilidad de su generación y de las siguientes, gracias a su merecido quehacer artístico, ya sea en el campo de la pintura, escultura o la música", según afirma el autor en la Introducción a la obra, que se la dedica a su padre, Antonio Ramos Ciudad, fundador de la ONCE en Extremadura en 1940, "y a todos los invidentes que con su esfuerzo diario han llevado la alegría a nuestros hogares".

             Para Ramos Rubio, la patología oftálmica está presente en el arte egipcio, en el románico, en el renacentista, en el romanticismo, en la novela, el teatro y la poesía. A pesar de haber sido invidentes, muchos artistas han logrado creaciones pictóricas o musicales magistrales, dignas de admiración; han conseguido desentrañar la vida sin luz en los ojos y, a pesar de todo, `ver´ las cosas que les rodeaban. Es el caso de los artistas invidentes cuyos apagados ojos han visto, porque han ido más lejos de la simple realidad, y nos han transmitido lo más importante que poseemos las personas: los sentimientos, muy difíciles de plasmar si uno no es un verdadero artista. Todos los tiempos han conocido invidentes destacados por sus cualidades, desde Antonio Cabezón, el maestro Rodrigo, Johann Sebastian Bach, el ciego de Daroca, Miguel Fuenllana, Rafael Hernando y Palomar, Francesco Landino y Francisco Salinas, hasta los más recientes, como Montoliú o José Feliciano. También los pintores y escultores tienen su puesto en la historia, desde Manuel Antonio Conshillo hasta José María Acuña, pasando por el posible astigmatismo de El Greco, hasta pintores tan conocidos como José Villegas y Antonio María Esquivel.
 
            El autor aborda en su obra las enfermedades ópticas fáciles de diagnosticar, apreciadas en los ojos de los personajes reproducidos por el artista, y realiza un recorrido por la Historia del Arte desde las primeras manifestaciones artísticas en las que aparecen invidentes hasta las más recientes del siglo actual. Así,  señala que, entre las primeras manifestaciones de la Historia en las que se representan invidentes, destaca "El ciego tocando el arpa", de la tumba del escribano egipcio Nakht (Tebas, 1400 a. C). o el de la tumba de Patenemhab (Saqqara, 1500-1300 a. C.). En Grecia, la ceguera se considera una fuente de dicha, al considerar que los dioses concedían a los ciegos la doble mirada, la capacidad de adivinar para compensar la vista que habían perdido. El tema de la ceguera en el arte griego está presente en las manifestaciones artísticas representativas de Homero, el poeta griego del siglo VIII a. C., el más admirado de la antigüedad, que consagra la iconografía romana en el noble rostro barbado de un anciano ciego como él, que sirve de referencia cultural y religiosa para generaciones posteriores, como "La ceguera de Tharyris" (cerámica ática del 430 a. C.), o "Un ciego tocando la pandereta", del Museo Leyden (Holanda), que cantare Neruda: "Ciego, será ayer tu mañana/¿Siempre será tu pandereta pobre/estremeciendo tus manos crispadas?/ La mano que recibe,/ los ojos que no ven,/ la cara parda lastimosa  y triste/ golpeando en cada salto de pared."
 
            Los pintores han encontrado una gran fuente de riqueza en los milagros de Cristo. Toda la vida de Jesús y sus milagros han sido proyectadas por los pinceles de artistas como Nicolás Florentino en el retablo mayor de la catedral vieja de Salamanca. En la Edad Media, las fuentes artísticas más importantes son los manuscritos médicos medievales, cuya colección más rica está en la Biblioteca Nacional de París, muy interesantes para poder estudiar los avances científicos en la medicina, que alcanza un gran desarrollo en el Renacimiento. En algunos grabados del siglo XVI se representan intervenciones quirúrgicas por cataratas, tal es el caso de "Intervención de ojos", de Heister, o el "Grabado de la cirugía de cataratas", de Robert James. En el Renacimiento se suceden intentos de educar a las personas privadas de visión, como Girolando Cardano, que usó letras de alfabeto en madera para que los ciegos aprendieran a leer y escribir. Luis Vives propuso la necesidad de integrar profesionalmente a las personas ciegas. Durante la Edad Moderna no se impartía enseñanza a los ciegos; tan solo se les asistía en asilos mantenidos por la mendicidad o con donativos.
 
            Hay artistas que buscan para sus obras temas moralizantes, que se inclinan hacia los emblemas, y otros que se mantienen en el tema religioso, utilizando los Evangelios. El tema de la curación del ciego de Jericó está representado por Duccio di Buoninsegna en la National Gallery de Londres, o la del Museo del Ermitage, de Lucas van Leyden, en 1531, así como El Greco, que la plasma en dos ocasiones: la curación del ciego en la Galería Nacional de Parma y en la Galería Dresde. Una de las obras pictóricas que trata el tema ofltalmológico es "La parábola de los ciegos", de Brueghel, que se conserva en las Galerías Nacionales de Campodimonte, en Nápoles, tema sobre el que vuelve Tintoretto, y las ilustraciones bíblicas de Tissot. Otro de los artistas que abordó la ceguera es Rembrandt en la "La curación de Tobías". Velázquez deja algunos testimonios de esta patología en los retratos de sus bufones, como en el caso de Juan Calabazas, el Bobo de Coria, que se nos presenta con los ojos desplazados hacia el fondo orbitario y con un tremendo estrabismo, y del que existen dos retratos: el de la colección Cook (Estados Unidos) y el del Museo del Prado. En el Siglo de Oro, Velázquez, Francisco Ribalta, José Ribera, Zurbarán y Murillo destacan en la centuria, en su mayoría con temas religiosos, debido a que sus clientes eran de comunidades eclesiásticas. Zuloaga, que siguió a Velázquez, pintó enanos, entre ellos "Gregorio el Botero", enano y bizco. Una de las obras maestras de Goya es "El ciego de la guitarra" (1778). En el siglo XVIII, el Neoclasicismo, copia los antiguos modelos grecorromanos, en obras como "Edipo y Antígona", de Brodowski.
 
            En 1985 aparece el sistema Braille --al que será traducida esta obra--, un código de lectura, cuyos antecedentes están en los métodos de Haüy (que fijó el abecedario) y Barbier (quien confiere el punto prevalecer sobre el trazo continuo). En España, en 1842 se funda el Colegio de sordomudos-ciegos y en 1847 se crea la primera escuela normal en el mismo. En 1849 aparece la Ley de Beneficencia, que señala que las personas ciegas y deficientes visuales tenían derecho a ser educados en establecimientos adecuados, En 1852, la Ley Moyano prescribe que tiene que haber una escritura para sordos, mudos y ciegos en cada distrito universitario. El 13 de diciembre de 1938 se crea la ONCE y, para su financiación, el Estado le otorga la explotación del cupón pro ciegos.
 
            Los artistas contemporáneos, como Picasso, Vázquez Díaz o Acuña, han demostrado tener una profunda sensibilidad hacia el infortunio de los seres humanos. Otros artistas se quedaron ciegos por diversas circunstancias: Juan Conchillos  (Valencia,1641), Antonio María Esquivel y Suárez de Urbina (Sevilla, 1806). Degas sufrió una enfermedad que comenzó a manifestarse cuando tenía 36 años. En el siglo XX, una serie de artistas hacen de la ceguera el tema central de sus creaciones; Karl Hofer, Henry Lindegaard, Alejo Lopomo, Adolph Gottlieb, Zak-Smith, Robert Henriy, Alvar Cawen, Sue Coe, Jacob Kramen, o Colin Seft. Otros pintores ciegos contemporáneos son: Rosa Garriga, Rafael Arias y José María Rodrigo Paredes.
 
            Los músicos invidentes.-La música es el arte que más difusión tiene hoy día, la más valorada por todas las culturas; la que aviva el entendimiento y conmueve el corazón. El arte musical es tan antiguo como el hombre. Ya se conocía en Egipto. Los griegos conocían la melodía, que utilizaban para acompañar la poesía, pero no conocían la armonía. El ciego Demódoco es un personaje de la Odisea, que canta en un banquete episodios de la Guerra de Troya. Durante la Edad Media nos encontramos con bardos, trovadores y maestros cantores, como Francesco Landino. Durante el Renacimiento. la música, tanto cortesana como religiosa, alcanza cimas insospechadas. La música instrumental renacentista española constituye una de las glorias de este momento histórico, en el que hay que distinguir la música para órgano y para vihuela. El organista de Felipe II, Antonio de Cabezón, compone una abundante obra para este instrumento. Otro de sus coetáneos es Francisco de Salinas, catedrático de música de Salamanca,  y Miguel Fuenllana, "un gran tañedor de vihuela". Otro de los artistas que cierra la época del Renacimiento es Juan Blas de Castro, autor del Cancionero de Sablomara.  En los Países Bajos destaca Jacob van Eyck, ciego de nacimiento. En 1611 nació en Daroca otro de los grandes maestros españoles, Pablo Bruna, conocido como El ciego de Daroca, organista de su colegiata.  Pocos músicos disponen de una tradición musical como Johann Sebastian Bach, que tuvo 53 antepasados músicos, y en el que cristalizan todos los conocimientos musicales de sus antepasados. Hasta finales del XVII le suceden Pergolesi (1710), Gluck (1714), Haydn (1732), Mozart (1756) y Beethoven (1770). En el siglo XIX destaca la figura de Hernando y Palomar (1822) y el compositor alemán Giovanni Simone Maryr (1763-1845). Un artista precursor de Andrés Segovia fue Antonio Jiménez Manjón (1866). Georges Shearing, nacido ciego, comenzó a tocar el piano a los tres años. Nuestro compositor contemporáneo Joaquín Rodrigo, ciego desde los tres años, estrenó en 1940 su pieza musical de más éxito, "El concierto de Aranjuez". En nuestros días ha habido grandes músicos invidentes: Ray Charles, cantante, clarinetista y pianista; Gilbert Montagné (París,1951); el cubano José Tejedor... Un caso excepcional fue el músico Leslie Lembe (1952); el tenor, escritor y productor musical Andrea Bocelli (La Toscana, 1952), autor de varias óperas; Clarence Carter quien, a sus 77 años, aún ofrece conciertos. El músico indígena australiano Geoffrey Gurrumul Yunupingu (1970), que canta en la lengua yolngu. Art Tatum, conocido pianista estadounidense de jazz. José Feliciano, destacado cantante de boleros y baladas portorriqueñas. Stevie Wonder, cantante, compositor y productor discográfico, quien recibió docenas de premios Grammy....





[1]  Ramos Rubio, José Antonio: El lenguaje de los ojos en el arte, TAU Editores, Cáceres, 2018, 112 págs.