“La biografía de este diputado extremeño –formado en las aulas de la Universidad de Salamanca y curtido en la agitación bélica tras la invasión francesa de 1808—constituye un testimonio de primera mano sobre la transición de un país que, en medio de la guerra, buscaba redibujar su marco político e institucional”, afirman en la Introducción los autores de la biografía del diputado liberal extremeño en las Cortes de Cádiz, Manuel María Martínez de Tejada, José Antonio Ramos Rubio, doctor en Historia del Arte y cronista oficial de Trujillo, y José Luis Pérez Mena, abogado y jurista. [1]
Nacido en Zafra el 13 de noviembre de 1771, la vida de su familia estuvo marcada por la trashumancia. Su padre, Manuel Martínez de Tejada, decide establecerse en Zafra, villa que se había convertido en cruce de caminos comerciales. Allí, además de mantener su vínculo con el ganado, se dedica al comercio de mercería, un oficio próspero en aquel tiempo, y supo integrarse en el tejido mercantil de la localidad, cuya feria anual atraía a compradores de toda la región. En la localidad contrae matrimonio con Josefa Prieto González, perteneciente a una familia de La Rioja. Manuel Martínez de Tejada se dedica también al arrendamiento de dehesas y a la gestión de rentas procedentes de jurisdicciones eclesiásticas y encomiendas y adquiere la media encomienda de Almendralejo.
En 1786, a los 15 años, se traslada a Salamanca para iniciar su formación universitaria tras concluir los estudios de Artes en el convento de Zafra. Su trayectoria salmantina se ve interrumpida en 1789, tras haber aprobado el primer curso de la Facultad de Leyes, regresando a Zafra, en un año que coincide con la Revolución Francesa, cuyo estallido impacta en todo el continente europeo.
A finales del XVIII, la figura de Martínez de Tejada emerge como ejemplo de una clase emergente que, gracias a su capacidad económica, logra consolidar una posición social relevante. El capital recibido de su padre, 158.000 reales, le permite emprender diversas acciones que consolidan su estatus, tales como el matrimonio y la adquisición de propiedades. En 1797 contrae matrimonio con María Andrea Codés Bonilla, que aporta una dote valorada en 135.755 reales. El nacimiento de su hija Maximina le permite dar un paso más en su consolidación económica y social. Con el nacimiento de su segundo hijo, Fernando, se trasladan de casa y reconfigura a la familia en la jerarquía social urbana. Su patrimonio experimenta una notable expansión tras el fallecimiento de su padre, que dio lugar a la creación de un vínculo, instrumento jurídico utilizado por la burguesía para asegurar la conservación del patrimonio. A la muerte de su madre hereda la otra mitad, así como la casa familiar y otros bienes. Por otro lado, su esposa también hereda bienes a la muerte de su padre en 1801.
Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), el tejido social, político y económico de la Península Ibérica fue profundamente alterado. En este contexto, la familia de Martínez de Tejada experimenta un proceso de empobrecimiento, desarraigo político y transformación de sus estructuras familiares y patrimoniales. Su implicación en el movimiento constitucionalista gaditano lo distancia paulatinamente de sus ocupaciones económicas. En 1811 sufre una requisa de sus bienes. A ello se suma un duelo familiar devastador: en 1810 fallecen su madre y su esposa. Entre 1805 y 1812, la trayectoria de Martínez de Tejada sufre una transformación radical marcada por la desposesión, la inestabilidad y el duelo.
El estallido de la Guerra de la Independencia marca una ruptura fundamental en la trayectoria política y social de múltiples individuos y colectivos. Martínez de Tejada se incorpora a la Junta de Zafra en junio de 1808 y participa en las milicias urbanas con el grado de capitán. Junto con otros colaboradores, como Herrera, Golfín o Calatrava, supo captar esa dimensión. Golfín, hijo del IV Marqués de la Encomienda, fue militar y político y llegó a ser coronel de Infantería y diputado en las Cortes de Cádiz. A través del Semanario Patriótico, Martínez de Tejada buscó modelar la opinión pública y transmitía valores que luego serían centrales en la Constitución de 1812: la soberanía nacional, la defensa de la patria como deber colectivo; la responsabilidad política…
Martínez de Tejada fue elegido diputado por la provincia de Extremadura y participó en las Cortes hasta el 20 de septiembre de 1813. El 26 de julio de 1810 recibió los poderes de la provincia. Tomó posesión el 24 de septiembre del mismo año, coincidiendo con la apertura de las Cortes Generales y Extraordinarias. No fue un diputado pasivo: formó parte de diez comisiones, intervino en 118 debates recogidos en el Diario de las Cortes y su vida cotidiana en Cádiz revela la estrecha relación entre la esfera pública y privada de los representantes. En su último año como diputado formó parte de cuatro comisiones: Poderes, reforma del Reglamento de la Regencia, Hacienda y Diario de Cortes.
La restauración del absolutismo en 1814, con el regreso de Fernando VII, supuso un brusco final para el proceso de transformación política iniciado por las Cortes de Cádiz. La anulación de la Constitución y la persecución de los diputados liberales marcaron el inicio de una etapa de represión que buscaba borrar todo vestigio del liberalismo gaditano. Martínez de Tejada huyó a Zafra y después a Lisboa.
Tras la dura experiencia del exilio y la persecución absolutista de 1814, Martínez de Tejada se retiró paulatinamente de la vida política activa. Durante los años veinte del siglo XIX, su residencia en Sevilla marcó una etapa distinta, caracterizada por la lucha en torno a cuestiones patrimoniales y por la vivencia de un cúmulo de desgracias personales. El 15 de abril de 1822, el Supremo Tribunal de Justicia le restituyó la encomienda a sus antiguos propietarios. Falleció su fiel administrador, Ramón García de Vinuesa, al caerle un rayo; el fallecimiento de su hijo Fernando contribuyó al clima de duelo prolongado. La década de 1820 muestra a Martínez de Tejada en un plano diferente al de del diputado activo y combativo de las Cortes de Cádiz. Su hijo José Fernando asume la administración de sus bienes. Fallece el 13 de octubre de 1849, a los 78 años, tras ser testigo de cuatro décadas de convulsiones políticas en España.
[1] Vid.: Ramos
Rubio, José Antonio y Pérez Mena, José Luis: Manuel María Martínez de Tejada, un diputado liberal en las Cortes de
Cádiz, TAU Editores, Cáceres, 2026, 133 págs. Prólogo de Carmen Calderón
Berrocal.

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