sábado, 11 de febrero de 2017

AFILIADOS, MILITANTES Y MILITANCIA


           La primera jornada del XVIII Congreso Nacional del PP, celebrada en la tarde del viernes, nos ha traído una sorpresa lingüística que, aunque pareciere igual para todos los partidos políticos, no lo fuere para un grupo que aspira a diferenciarse del resto, aun en palabras del mismo significado. Los compromisarios apoyaron dejar de llamarse militantes, "una palabra de izquierdas", para definirse como afiliados (véase politica.elpais.com, de 10/02/2017). Esto nos recuerda el vocabulario político del antiguo régimen que, en convenios colectivos y ordenanzas laborales, llamaba a los empleados de las empresas "productores", en lugar de "trabajadores", por la connotación izquierdista que el vocablo último hubiere desde la II República. Más aún, otra enmienda debatida en comisión solicitaba modificar el logotipo del PP para eliminar el círculo que rodea el charrán (que no gaviota, aunque similar a ella, pero pacífica, no carroñera), "para que no se confunda con Podemos", que fue rechazada. (Íbid.)
            No se trata aquí de adecuar el lenguaje a una realidad cambiante, sino, más bien, de tratar de diferenciarse del resto. El círculo que rodea el charrán fue creado antes que naciere el logotipo de los podemistas. No hay, por tanto, por qué cambiar algo que nos pertenece a nosotros antes que a ellos, se dirían para sí los compromisarios que lo rechazaron.
            El lenguaje es mutante como la sociedad misma; pero la marca, el estilo, estigman la diferencia entre ropajes similares. Y hasta en eso quieren diferenciarse los partidos que acogen a sus afiliados. Y qué diferencias hay entre afiliados, militantes y militancia. Para la Academia, afiliado es una persona asociada a otras para formar una corporación o sociedad; es incorporar o inscribir a alguien en una corporación o en un grupo. Así, dícese de alguien que se afilia a un partido político o a la Seguridad Social. Y esto, que pareciere igual para todos, no lo fuere para quienes desean sobresalir entre los demás, adhiriéndose, uniéndose, colegiándose, alistándose... a una asociación, partido o sindicato.
            Militante, empero, va más allá de la simple afiliación. Del latín, militans, militantis, dícese de quien milita en una organización, el activista que participa activamente en la propaganda y el proselitismo de sus ideas; el que defiende una cierta ideología, no solo el que pertenece a ella. Esa apelación constante de la izquierda a los militantes, --a quienes el anterior secretario general socialista y de nuevo candidato a serlo, Pedro Sánchez, ponía por encima de los órganos del partido para que les dieren la razón y apoyasen su hoja de ruta hacia el abismo de su propia organización y del país entero--, ha devenido en este cambio, no sutil, del congreso del PP; es decir, ellos no son militantes del partido, sino afiliados, lo que fuere tanto como decir que uno no es parte de una Iglesia militante, aunque lo fuere por el bautismo o la confirmación, sino que, simplemente, va de oyente a misa, como si fuere a un acto de otra organización a hacer de palmero en un mitin. Los peperos (afiliados al Partido Popular) no serán, desde ahora, militantes, sino afiliados, para así distinguirse de la izquierda, para la que nada debe hacerse sin ser consultados, como si no tuvieren líder electo ni órganos que guíen la vida del partido hasta el próximo congreso.
            Y dónde dejamos la militancia. Hay una militancia que, muchas veces, se hace sinónimo del vocablo militante; pero la militancia, como aquel, viene de la raíz latina, referida a los soldados agrupados en un ejército. La militancia es diversa y plural: no solo la citada, sino la política, la social, o la suscitada por las creencias religiosas. La militancia implica la condición de militante; es el miles-tis, el soldado que milita; no solo el afiliado, sino el que apoya un proyecto, por lo que el conjunto de quienes le apoyan se agrupan en la militancia... El militante desarrolla su militancia dentro del partido, como un ciudadano dentro de una ong (organización no gubernamental que no son parte de las estructuras gubernamentales), o el cristiano en su iglesia... Rebajar al militante a la condición de afiliado es reducirlo a la nada, como si quisieren dejar de lado tanto a la izquierda del anterior secretario general, que no pudiere vivir sin ellos, como los dirigentes populares que, en los últimos tiempos, se han visto obligados a suspender de militancia a numerosos afiliados investigados y condenados por turbios asuntos que no deben empañar el vuelo del charrán con sus alas desplegadas al viento...