miércoles, 5 de noviembre de 2008

EL SUEÑO QUE NOS UNE, LA DISTANCIA QUE NOS SEPARA

En una reciente entrevista concedida a un periódico nacional, el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, ha dado, una vez más, muestras de su coherencia política, que no ha dejado por ello de sorprender a muchos. Defiende el Presidente una política de trasvases “si no afecta al consumo ni al riego ni al desarrollo industrial y turístico de mi tierra”, porque “no puede haber comunidades en las que falte el agua y otras que tengan más de lo que necesitan”, aunque “veremos qué contraprestaciones puede haber, porque esa agua se paga”.

Enlaza esta cohesión ideológica con el principio que sostiene: “Si defendemos que no cotizan los territorios sino las personas, luego no se puede decir que el agua sí es de los territorios. Si no hacemos el esfuerzo por poner en común lo que es de todos, nos va a terminar uniendo la selección española. Y no quiero que sea lo único que nos una.”

No habría por qué sorprenderse, entonces, de que Extremadura defienda una financiación basada en el principio de solidaridad que proclama la Constitución y, a su vez, lleve al Constitucional la actitud de quienes, en sus nuevos Estatutos, se arrogan para sí las aguas que, aun discurriendo por sus territorios, no nacen todas y pasan exclusivamente por ellos. Podría ocurrirnos lo mismo con Portugal si pretendiéramos exclusivizar el Duero o el Tajo, aguas internacionales, como lo fueren las de las plataformas continentales de cada país.

Muchas veces solemos decir que es más lo que nos une que lo que nos separa. Nos une España y nos separan las banderías. Nos une “la roja”, como se ha demostrado fehacientemente en el pasado Campeonato de Europa de Austria y Suiza de Selecciones Nacionales de Fútbol, y nos separa el egoísmo partidista de unos clubes, por muy representativos que fueren. Nos une la idea de España y nos separa la caja única de España. Nos une, en fin, y nos separa España.

John Pérez-Sampedro, al referirse a la obsesión de tres millones de cubanos fuera de Cuba, regados por el mundo como los judíos, sin patria pero sin amo, defendía la tesis de que “es más lo que nos une que lo que nos divide”, en esa obsesión del pueblo por regresar a su patria libre. Mabel Moreno titula su opera prima como cuentista “Lo que nos separa, nos une”, en una obra que defiende la capacidad de comprensión y discernimiento de los niños. La distancia que nos separa es el sueño que nos une.

No es posible colegir, pues, que una pareja se una por intereses de cualquier tipo y que esa unidad se rompa cuando esos intereses bajen como los tipos de interés, cuando no fueren otros que aquellos que les llevaron a unirse, o los hijos que religaren más aún la propia unidad sentimental.

Un equipo de fútbol como el Real Madrid ha decidido utilizar en su camiseta la bandera nacional cuando disputa competiciones internacionales. Otros, en cambio, utilizan solo la de la propia Comunidad Autónoma a la que representen en la Liga. Mientras lo primero pasa inadvertido por su carácter simbólico, lo segundo se propala como seña de identidad de una Comunidad, aunque disputen una Liga que es nacional. Los equipos italianos llevan en sus camisetas de equipación de clubes la bandera de su país, en el Calcio y fuera de él.

No está demás, por ello, la fina observación del Presidente Vara: “Nos va a terminar uniendo la selección española”, si la distancia que nos separa es mayor que el sueño que nos une; si no anteponemos lo que nos une a lo que nos separa; si no hacemos prevalecer lo que nos une a los que nos pueda dividir. Y siempre son mayores los sueños despiertos y objetivos que aquellos que reposan sobre la división o la razón impuesta por la sinrazón de una subjetividad manifiesta.



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