domingo, 7 de febrero de 2010

PRUDENCIA E INSENSATEZ


No pareciere que vivimos tiempos para la prudencia, sino para la insensatez. La prudencia es lo contrario de ésta, la falta de sentido o de razón. La virtud cardinal de la prudencia consiste es distinguir lo que es bueno o malo para seguirlo o huir de ello. La prudencia es templanza, cautela, moderación, la sensatez, el buen juicio.
El hombre prudente es el que más calla, porque todo lo dice en su silencio; el insensato es el que más habla, pero nada dice. Recuerda un proverbio chino: "El gran arquitecto del Universo hizo al hombre con dos orejas y una boca, para que escuche el doble de lo que habla." Y hablamos más que escuchamos. El ruido ambiente no nos permite escuchar ni las palabras de tantos agoreros ni las pocas y sabias de los prudentes. En una civilización dominada por el ruido y la palabra, hemos de saber discernir lo bueno de lo malo. Quienes escuchan más que hablan no se equivocan tanto como los charlatanes de feria; quienes hablan más que escuchan ni siquiera oirán los latidos de su propio corazón. "No hables si lo que vas a decir es más hermoso que el silencio", afirma un proverbio árabe. No hablare tanto el hombre como la mujer y, por ello, su corazón es un pozo sin fondo de secretos.

Observad y no habléis durante una asamblea. Tomad buena nota de lo que dijeren y escuchéis. Sobrare la mayor parte de lo que dijeren todos por obvio; pero el insensato no hubiere la virtud de la cautela y la templanza y desea hacer oír su voz para convencer a todos de su discurso. "Mejor pocos truenos en la boca y más rayos en la mano", sentencia un dicho apache. Llegare entonces la palabra del sabio moderador y viniere la sensatez y, con un solo vocablo como conclusión, sentencia un debate, que subsumiere una sola palabra.

Hubiere un día un despacho rápido con mi jefe, en pocas palabras. Solícito, me pidió que tomare asiento. Le transmití lo que acababan de decirme por teléfono. Y él, cauteloso, moderado, sensato y de buen juicio, me dio una lección de ética política, a la que no pude por menos que asentir. Torné a mi lugar de trabajo y recordé las palabras de Benavente: "Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos."

Los insensatos, que hablan mucho pero poco dicen, pretenden que consideremos malos a los buenos y buenos a los malos; lo suyo es mejor que el presente, como si con sus palabras quisieren hacernos olvidar su pasado y el nuestro. En un tiempo de incertidumbres, pretenden hacernos perder la esperanza en lugar de acrecentar nuestra fe. No hubieren caridad porque sus palabras solo reflejaren envidia y animadversión, todo lo opuesto a la virtud cristiana que predican, porque no amaren al prójimo como se aman a sí mismos. "Dum vita est spes est" (mientras hay vida, hay esperanza).

Los políticos insensatos nos recuerdan cada día la parábola de los dos cimientos (Lc 6: 47-49): la de los hombres prudentes, que edificaron su casa sobre la roca, y jamás cayere; y la de insensatos, que la edificaron sobre la arena: descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y dieron con su ímpetu contra aquella casa, y cayó, y fue grande su ruina... Y cuando Jesús terminó estas palabras, todos se admiraban de su doctrina, porque les enseñaba quién tiene autoridad, y no como los escribas y fariseos de hoy.

Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros vestidos con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces, decía el Maestro (Lc 6: 43-44). Huid de los insensatos que os venden el paraíso terrenal porque con ellos retornaréis al pasado; de quienes predican que "nunca tan pocos hicieron tanto daño", porque ellos fueron miles y ningún bien hicieron; al contrario, nos legaron con su insensatez y sus palabras lo que hoy no hubiéremos deseado.

La prudencia no está nunca en la palabra de los insensatos que, en lugar de predicar la esperanza, atizan el brasero de la discordia, sino en la prudencia de quienes mantienen la templanza, virtud de los poderosos, "porque lo que es mal de éstos, de mal procede". (Mt. 5: 37).

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