lunes, 15 de febrero de 2021

SIN SALIR DE CASA…


Pixabay.StockSnap

    #YoMeQuedoEnCasa fue un movimiento de ciberactivismo que promovió la inmovilización social y el confinamiento con el objetivo de detener la pandemia de la enfermedad por coronavirus de 2019-2020. Aparecido el 11 de marzo del pasado año en Twitter, se expandió rápidamente por toda España e Hispanoamérica. Personalidades, medios de comunicación y ciudadanos lo emplearon desde su creación como forma de apoyar el movimiento y etiquetaron el hashtag de forma masiva. Fue el segundo movimiento que las redes sociales utilizaron durante la pandemia. El primero fue #NoSoyUnVirus de la campaña contra la discriminación a los ciudadanos chinos y asiáticos en general por el primer lugar donde se registró el virus SARS-CoV-2, en la ciudad china de Wuhan.

    Frente al segundo mensaje de hashtag, el #YoMeQuedoEnCasa, la irrupción de la borrasca Filomena entre los días 6 y 11 de enero pasados, trajo consigo copiosas nevadas en amplias zonas del centro peninsular, que dejó atrapados en las carreteras a miles de transportistas, paralizó actividades esenciales, produjo multitud de daños materiales y dejó sin suministros a cientos de personas, a la que sucedió una ola de frío con registros de -15º C en áreas del interior peninsular con el consiguiente riesgo por la formación de placas de hielo, la incomunicación y la falta de suministros en multitud de núcleos urbanos.

    Pues bien, el colapso producido por Filomena se vio agravado para quienes no pueden moverse por aceras cubiertas de hielo ni esquivar montañas de nieve. Invidentes, discapacitados físicos, personas, en fin, con discapacidad motora o visual, ni podían salir de casa ni disfrutar de la nieve, como otras, y se vieron obligadas a quedarse en casa y a sufrir un nuevo confinamiento obligatorio que, hasta entonces, ninguna autoridad hubiere decretado. El hashtag #YoMeQuedoEnCasa pareció trastocarse para algunos, los de siempre, en #SinSalirDeCasa. Para los primeros, los invidentes, la ciudad se había convertido en un territorio inexorable, ni ayudados con su bastón ni otros con su perro-guía. Los primeros días pudieron aventurarse algunos metros en la nieve, cuando esta estuviere aún blanda; pero no los siguientes con el hielo por miedo a las caídas. Peor aún lo hubieren los discapacitados en sillas de ruedas. Querían salir, deberían salir, con total autonomía, como antes, pero los elementos se lo impedían. Los vecinos les decían: “No puede, no puede…” “Salgo porque lo necesito, porque quiero…”, respondían, “porque nada ni nadie me lo pueden impedir”. Sí: los elementos se lo impedían; solo ellos, los olvidados de siempre, con sus bastones para guiarse, su perros-guía de ayuda o sus sillas de ruedas…

    Ahora no fuere ya la nieve ni nuevas restricciones impuestas por las autoridades al repunte de la pandemia. Para ellos, como para tantos otros autónomos per se, fueren elementos ajenos a su voluntad y autonomía los que trastocaron sus planes del día a día. Con acerados y calles impracticables, sin medios de trasporte adecuados, su aislamiento fuere doble: han pasado del hashtag #YoMeQuedoEnCasa al #SinSalirDeCasa, un doble confinamiento obligado por los efectos colaterales de Filomena


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