“Lo que nunca supo es que, por decreto real, siempre habría un buque en la Armada española que llevaría su nombre, ni que en Gibraltar quedaría un cañón con la placa “Hurra por el Captain, hurra por el San Nicolás, hurra por Martín Álvarez”. Tampoco supo que en el Museo Naval de Londres se conservaría hasta hoy, con veneración y respeto, el sable con el que, bajo la bandera del navío vencido pero no rendido, un humilde infante de marina español clavó en un mamparo al sargento mayor William Morris.” [1]
De quien así escribía Pérez Reverte en 2012 es del extremeño Martín Álvarez Galán (Montemolín, Badajoz, 1760; Brest, Francia, 1801), un granadero que participó en la batalla naval del cabo de San Vicente, que enfrentó a españoles e ingleses el 14 de febrero de 1797.
Hijo de Pedro Álvarez, carretero, y de Benita Galán, ejerció durante algún tiempo la profesión paterna; pero, tras quedar huérfano de padre y madre, marchó a Sevilla donde, el 26 de abril de 1790, se alistó en el Real y Glorioso Cuerpo de Infantería de Marina. Fue destinado al IX Batallón, embarcando en el navío Gallardo (1793), con el que participó en la reconquista de las islas de San Pedro y San Antioco y en el bloqueo y toma de Tolón. En 1794 transbordó al navío San Carlos, después a los navíos Santa Ana y Príncipe de Asturias (1796) y el 1 de febrero de 1797, al navío San Nicolás de Bari, de sesenta y cuatro cañones, al mando del brigadier Tomás Geraldino.
Durante el combate del cabo de San Vicente contra la escuadra inglesa del almirante Jerwis, cumplió la última orden de su comandante moribundo: “Granadero, di a tus compañeros que ninguno se rinda sino después de muerto.”
Abordado por el Captain al mando de Nelson, los ingleses intimidaron al soldado para que entregase la bandera en señal de rendición, a lo que este se negó. Rodeado de enemigos, Martín Álvarez les dio el alto y desenvainó su sable dispuesto a defender la enseña. El sargento mayor Norris, que osó subir por la escalerilla, recibió tal sablazo que quedó muerto de manera instantánea, clavado en uno de los mamparos, mientras un tropel de enemigos se lanzó contra el granadero que, incapaz de desasir su sable de la madera, blandió el fusil como si de una maza se tratase y lo descargó con furia contra los ingleses, acabando con otro de los oficiales e hiriendo a dos soldados. Una descarga puso fin a la resistencia del granadero, que cayó en un charco de sangre. Dado por muerto, cuando iban a arrojar su cuerpo por la borda, le notaron un hálito de vida y el propio Nelson ordenó que, envuelto en la bandera que con tan ardor supo defender, fuese llevado al hospital de Lagos (Portugal) y tratado por los cirujanos. [2]
Por ese acto heroico, fue ascendido a cabo el 17 de mayo de 1798 y le fue concedida una pensión vitalicia de cuatro escudos mensuales, aunque tuvo que aprender a leer y a escribir.
Continuó sirviendo en la Marina, aunque su vida fue corta. En 1801 se encontraba destinado en Brest (Francia), y murió ese mismo año víctima de un accidente.
Fue enterrado marcando su paso entre los grandes nombres de héroes desconocidos, conmemoraciones en su pueblo natal, monumentos, estatua y placas que recuerdan su devoción al deber, al honor y la defensa de la bandera hasta en las circunstancias más trágicas. [3]
Ahora, la Armada ha decidido que su nuevo Buque de Aprovisionamiento en Combate (BAC) reciba el nombre de “Martín Álvarez” en homenaje al histórico granadero extremeño nacido en 1760 en Montemolín (Badajoz), a petición del senador por la Comunidad extremeña, presidente Monago Terrazas, [4] quien presentó en julio de 2021 una propuesta en tal sentido, recordando la Real Orden de 12 de diciembre de 1848, que dispuso que siempre hubiera un buque de la Armada con el nombre de “Martín Álvarez”.
Hasta la fecha, solo cinco barcos habían llevado su nombre: la goleta “Dolorcitas” (1849-1850); un falucho guardacostas de 1ª clase; el cañonero de hélice de 207 toneladas (1871-1976), construido en La Habana y utilizado en Cuba; el cañonero de hélice de 173 toneladas (1878-1882), que prestó servicio en Filipinas; y el buque de desembarco L-12 (1971-1995) construido en Estados Unidos, entregado a la Armada española en la base naval de San Diego en octubre de 1971.
[1] Vid. Pérez Reverte, Arturo: El sable y el granadero, en XL Semana, de
09/04/2012.
[2] Vid.: De
Ceballos Escalarea-Gila, Alfonso, en Historia Hispánica de la Real Academia de
la Historia.
[3] Vid.: Gestas
de España.
[4] Vid.: Puente de Mando: La Armada bautizará “Martín Álvarez” a su
futuro BAC, de 05/09/2026.
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