viernes, 13 de marzo de 2015

"¡LA COPA DEL REY NO SE JUEGA AQUÍ!"

 
          En la trágica noche futbolística blanca del martes 10 de marzo, en que el Real Madrid fuere humillado por el equipo alemán del Schalcke 04 en el partido de vuelta de los octavos de final de la Champions, a pesar del 0-2 del partido de ida (3-4 en la vuelta, en su propio estadio, 5-4 en la eliminatoria global, que le permite pasar a cuartos de final), no pasó inadvertido, entre gritos y pañoladas (manifestaciones y pronunciamientos) de la grada contra el mal juego de su equipo, el grito con que la zona del feudo blanco ocupada por los fans RMCF, alzó su voz para dejar clara su opinión de que el Bernabéu no sea la sede de la final de la Copa del Rey el próximo 30 de mayo: "¡La final de la Copa no se juega aquí!", proclamaban los corifeos merengues en contra de la posibilidad de que "leones" y azulgranas disputen sobre su césped la final de la Copa del Rey y cualquiera de los dos la pudiere levantar en su palco de honor.
          Se repite la historia, al igual que sucedió hace tres años con los mismos protagonistas. Barcelona, con 26 títulos en 37 finales, y Athletic Club, con 23 en otras tantas, --los dos primeros en la tabla de campeones del preciado título- disputarán la final el 30 de mayo, pero aún se desconoce dónde. La final de la temporada 2011-2012 se disputó en el "Vicente Calderón" de Madrid y la ganó el Barça por 3-0. El Madrid arguyó entonces trabajos de mantenimiento en su estadio para no albergarla. No son estos, empero, los argumentos que subyacen tras una decisión que las dos aficiones rivales critican por inapropiada. Culés y "leones" se han mostrado partidarios del Bernabéu, no por ser la capital de España, sino por su cualidad de campo neutral y equidistante de ambas poblaciones y, sobre todo, por su capacidad, que permitiría acoger a un mayor número de aficionados de ambos equipos.
          La sede de la final se decidirá en una reunión que tendrá lugar el próximo día 25. Mestalla, La Cartuja, el Vicente Calderón y el Benito Villamarín, se han ofrecido para acoger la final. El presidente del Barça, Josep María Bartomeu, aseguraba que "me gustaría un campo lo más grande posible para que tengan cabida todos los socios que quieran viajar". El coordinador de partidos de la Federación Española, Miguel Ángel López, afirmaba "entender al Madrid: si no quiere que se juegue la final en el Bernabéu, pues no se podrá jugar allí". El club de Concha Espina ha puesto como excusa para este año un posible partido de la fase de ascenso de su filial, el Castilla, todavía en el aire, pero que sucedió en 2005 y 2011.
          Las razones son otras, sentimentales y políticas. La afición blanca no tolera que en la fiesta de la Copa de España, de S. M el Rey, dos símbolos nacionales, como el Himno o el propio Jefe del Estado, sean pitados por dos aficiones que tratan de hacer política por encima de la fiesta del fútbol. El presidente de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), Javier Tebas, lo dejaba muy claro el pasado jueves 12: "Suspendería la final si se pita el himno.". La presidenta del PP de Madrid y candidata a la alcaldía de la capital del Reino, Esperanza Aguirre, vino a echar más leña al fuego sobre la sede de la final en el Bernabéu, al pedir al Barça y Athletic que no jueguen la Copa del Rey para "dar una exhibición de odio al resto de los españoles", en referencia a los silbidos al Himno Nacional y los abucheos a S. M. el Rey, añadiendo que el "que desprecia al conjunto de los ciudadanos que formamos la Nación española, tiene poco sentido que se presenten a una competición cuyo premio es, precisamente, el reconocimiento que le queremos tributar los ciudadanos". Bartomeu le replica y le pide que "respete al club con más Copas del Rey en su palmarés". El presidente del PNV, Andoni Ortuzar, responde despechado que "donde no nos quieren, no vamos", y añade que Florentino Pérez "no quiere ver ni ikurriñas ni senyeras en su campo", mientras el presidente de ERC, Oriol Junqueras, se inclina "porque no se pitara ningún himno" El Barça ganó la final de la temporada 1996-1997 en el Bernabéu ante el Betis. La imagen que quedó de aquel brillante triunfo, gracias a Figo, no fue la celebración de la afición azulgrana en las gradas, sino la de su presidente, Joan Gaspart, festejándolo en el césped del estadio blandiendo una bufanda de su equipo.
          Desde 1903 hasta 1931, la Copa de Su Majestad el Rey no había visto  "espectáculo" similar; ni siquiera entre 1932 y 1936 en la Copa de S. E. el Presidente de la República; menos aún entre 1939 y 1975 en la Copa de S. E. el Generalísimo. Con Franco no pasaba eso... En 1976-1977 volvió a disputarse la Copa del Rey, hasta hoy. El Bernabéu  ha sido escenario de la final en treinta y cinco ocasiones, seguido del Vicente Calderón en doce.
          Es lo que tiene la democracia, sin un Monago con "collons", caudillo de Extremadura por la gracia de IU, que se autoproclama a sí mismo candidato y vencedor de las elecciones antes de tiempo --en una región sin un equipo ni en Primera ni en Segunda División--, y la libertad de expresión: que a veces se rebasan sus límites y se ofenden símbolos nacionales de todos los españoles. Aquí no tenemos a un Sarkozy que imponga orden y haga saber que, si abuchea a la Marsellesa, se anulará el partido y se suspenderán los encuentros con la selección implicada en el incidente, como ocurrió en el partido amistoso disputado contra Túnez en octubre de 2008, en el que decenas de jóvenes magrebíes abuchearon el himno patrio. ¡Hasta ahí podríamos llegar...! Los españoles, por no tener, no tenemos ni letra del Himno, aunque Aznar lo pretendiera. ¡Qué tropa, joder, qué tropa!, que diría el conde de Romanones... 
 
 

miércoles, 11 de marzo de 2015

LOS HUÉRFANOS POLÍTICOS

 
           Más allá de los resultados electorales del 24-M, los analistas políticos coinciden en resaltar el fin de bipartidismo, a tenor de los sondeos que vienen publicándose, mientras, de otro lado, se afanan por devanarse los sesos, desorientados por un trasvase político impredecible hasta la fecha en democracia. Si bien es cierto que la única encuesta fiable y segura será la que el Ministerio del Interior dé esa noche tras la jornada electoral y las Juntas Electorales proclamen días después -tan alejadas de intereses y manipulaciones partidistas de los medios informativos, en las que tantos caen y pican como peces ingenuos--, es lo cierto que, a la hora de buscar las causas por las que las próximas elecciones recaen en manos de cuatro fuerzas políticas, como la Liga --que ya no es cosa de dos, sino de cuatro-, todo hace prever que, acabado el bipartidismo, los pactos políticos, sino de gobierno de legislatura, sí al menos puntuales, se harán imprescindibles para poder gobernar.
          ¿Qué ha pasado en el cuerpo electoral para que partidos primerizos se sitúen a la par de los que en otros tiempos se alternaron en el poder? Hay muchos factores que han hecho posible, y lo harán, este cambio: la falta de democracia interna en los partidos --aunque la Constitución diga que han de serlo en su estructura interna y en su funcionamiento (artículo 6)--, que ofrece al elector tan solo un "trágala" tanto en los programas electorales como en las listas repletas de adictos, que no convictos, a la causa; de familiares, amiguetes y puntos de apoyo de los clanes que respaldan a los líderes, pero no en la participación popular y en la servidumbre para la participación política, como señala la Carta Magna.
          La crisis económica ha devaluado, de otro lado, la importancia de la política como solución para ser parte del problema: media sociedad venida a menos, desahuciada de los derechos fundamentales, humanos y constitucionales (la vivienda, el trabajo, la sanidad, la educación, la igualdad, la atención a la dependencia...) y otra media que hace su agosto a costa de los más débiles, con el acaparamiento de las tres cuartas partes de la riqueza nacional; con una corrupción generalizada, que tiñe por igual a casi todas las fuerzas políticas, incluidas las dos antes principales...; los partidos que han trocado sus programas en otros distintos de los que un día predicaron, ahogando aún más a las clases más desfavorecidas; el austericidio, en fin, que si algo ha logrado ha sido hacer más ricos a los más ricos y a la clase política; y más pobres, a los más necesitados. Surge, entonces, la decepción, la desesperanza, la desconexión, el desinterés, la desconfianza, la decepción, la desafección..., y esta otra clase ciudadana: los huérfanos políticos, que perdieren sus referentes en quienes antes los hubieren. Perdieron todo eso y más: la esperanza, que es lo último que se pierde, porque sus demandas y expectativas no se han visto cumplidas en su entorno político, aunque convengan en que la política sea consustancial a la democracia, pero no esta democracia, en la que solo algunos viven bien a costa de los más que pagan y viven peor.
          En las elecciones autonómicas del 22 de mayo de 2011, según la Junta Electoral de Extremadura (véase DOE, de 3-06-2011), en la circunscripción electoral de Badajoz, se registraron 5.452 votos en blanco y 3.942, nulos; y en la de Cáceres, 3.942 y 4.260. En total, 8.394  en blanco y 9.169 nulos, respectivamente. Esos votos, como los de los abstencionistas pasivos (los que no van a votar) --como IU en la Asamblea extremeña, aunque estén presentes en el afán de quienes creyeren en ellos, alineándose  con su principal adversario y traicionando a su base ideológica-- son hoy los caladeros hallados por los nuevos partidos emergentes, según el Observatorio de marzo de la SER, a quienes ahora, los del bipartidismo y los medios de comunicación afines tratan de asfixiar con difamaciones y calumnias de todo tipo... De aquellos barros vienes estos lodos... De dónde acá, un parrido emergente, y desconocido hasta hace unos meses, puede subírsele a las barbas a los partidos de gobierno del PSOE y el PP: de esos huérfanos políticos, que perdieron sus referentes, y de los renegados de IU. De dónde vienen los electores de un partido catalanista -ahora españolista-, que opta a disputar el clásico de mayo: de los desencantados de la derecha, de UPyD y del PSOE. Los huérfanos políticos se aferran a esas tablas de salvación que le son tendidas por esos nuevos referentes, aunque un político español como Bono diga que "Podemos es más que un cauce para el enfado que un proyecto para soluciones" o "para que el miedo cambie de bando", como los naranjitos de Ciudadanos y el nerviosismo del PP, al que estos toman como su mayor amenaza, porque "les roban sus votantes".
          Los huérfanos políticos, que antes votaron nulo o en blanco y los que no saben/no contestan, serán los que digan la última palabra el 24 de mayo. Las elecciones, como la Liga, están abiertas.
 
 

miércoles, 4 de marzo de 2015

DE LA CREDIBILIDAD E INVEROSIMILITUD

 
           Vamos perdiendo la credibilidad, la cualidad de creíble, la característica de lo que es creíble o aceptable. Del credo religioso --la fe del carbonero de otros tiempos: creer por creer sin más razones sobre lo que se cree, el fideísmo de la fe de nuestros ascendientes de que a Dios no se llega por la razón, sino por la fe, frente al racionalismo, que admite por verdadero y cierto solo lo explicable de forma racional, desde la razón, desarrollada durante los siglos XVII y XVIII por René Descartes-- hemos pasado al terreno político, en el que ambos credos convergen en la dualidad de la credibilidad e inverosimilitud, del agnosticismo (lo que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia) a la falsedad o improbabilidad de la razón política. Dos derechos humanos y constitucionales --credo religioso y político-- puestos en duda por los mismos acreedores que hubieren derecho a ellos, por credibilidad o inverosimilitud.
          Las flaquezas humanas han echado por tierra la capacidad de ser creídos. El religioso, el político, deben generar confianza para ser creíbles. No es ya el mensaje transmitido por creer, sino la confianza perdida del receptor en el emisor. No basta la verdad, porque nadie cree a un mentiroso que lo hubiere sido. Para ser creíble hay que ser honesto. No se puede predicar sin dar trigo. Los sacerdotes de la palabra --predicadores de la fe religiosa, el credo político, o la verdad escrita-- han de tener credibilidad para ser creídos. De lo contrario, su mensaje no será bien recibido. "No solo hay que ser honrada, sino, además, parecerlo", como dijere el Divino Cayo Julio César y nos trasladare Plutarco sobre lo que debiere ser la mujer del César. Los mercaderes del templo se ven obligados, por la inversión realizada, en lanzar al mercado un producto en el que no confían; en hacer, en fin, lo contrario de lo que prometieron. Y así, la credibilidad deviene en decepción; ha perdido la sinonimia de crédito, reconocimiento, prestigio, reputación, renombre, para pasar a la inverosimilitud, falsedad, improbabilidad...
          Con su video de campaña electoral "Dos Sures" -primero de la factoría de ficción de Iván Redondo--, Monago pierde más crédito político que el que ya hubiere, porque no se trata de poner el acento en la vida política, necesitada de un sentido del humor que nadie precisare, porque no están los tiempos para ello, sino de comparar dos modelos distintos de hacer política, que no viene a cuento cuando trata de poner enfrente a otra comunidad vecina, también en vísperas electorales. Se lo dicen los suyos. El mensaje no lo es todo. La credibilidad no es lo mismo que el crédito, la certeza, el realismo, la fiabilidad, la verosimilitud. Un buen líder se hace respetar con argumentos, credibilidad y justicia. Y esto no lo dice un político, sino una psicóloga deportiva. La credibilidad disminuye con la sospecha, la mentira, la incongruencia en la transmisión del mensaje. Se propala lo que uno cree éxitos propios; se silencian los números rojos de una política que conduce a la desesperanza de muchos que perdieron la credibilidad en la política como el camino hacia la felicidad, y caen en la incredulidad, en la inverosimilitud, en la desesperanza de los desahuciados por la propia política que los olvidare y por los políticos sin credibilidad, o sin historia creíble. Como los que hubiéremos, quizá los que nos merecemos, por votar sin certidumbre, sin la certeza de la credibilidad y la inverosimilitud de la falsedad.