sábado, 8 de octubre de 2022

ROMÁN DE SAN JOSÉ REDONDO, MÚSICO, ESCRITOR Y MILITAR ESPAÑOL PLACENTINO

Román de San José
El Globo de Madrid (24/06/1922)


Román de San José Redondo (Plasencia, 09/08/1877; década de 1940) fue un músico y militar español. Ingresó en el Ejército en 1894 en la banda de tambores en el Regimiento de Infantería Castilla número 16, con guarnición en Badajoz. En 1895 asciende por oposición a músico de 3ª y, tras una breve licencia, ingresa en el Regimiento de Infantería San Fernando número 11 en Madrid. Tres años más tarde se presenta a las oposiciones para cubrir la vacante de músico mayor de su propio regimiento. En el año 1900 asciende a director de orquesta. En 1914 dirige la banda del Regimiento de Artillería Asturias número 31 y en 1915, la de la Academia de Intendencia Militar, en Ávila, donde permaneció hasta 1928. En 1937 se retira del Ejército al alcanzar la edad reglamentaria.

En 1909 se trasladó con su Regimiento a Melilla para tomar parte en las operaciones de la guerra de Marruecos, donde obtiene por su comportamiento la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo. En 1913 es de nuevo destinado a Marruecos, participando en diversas acciones militares contra el enemigo, por lo que es condecorado con la Cruz del Mérito Militar de 1ª clase con distintivo rojo.

Es autor de la popular marcha “El turuta” y de otra titulada “Todo son nubes”. Otras obras suyas fueron: “El 13 de septiembre “(1923, marcha), “A la verbena” (1921, cuplé), “Adiós, Ronda” (1908, pasodoble), “Amarguras” (pasodoble), “Los cojos” (marcha), “Dulzuras (pasodoble), “Einzoren” (marcha árabe), “Flor trianera (pasodoble), Himno de la Academia de Intendencia (1919), “Monte Arruit” (marcha), “La Santa Cena” (marcha de procesión) y “El Complutense” (1911, pasodoble), “Todo por ella” (canto a la bandera), “Todo son nubes” (marcha alabardera).

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Bibliografía consultada: Mena Calvo, Antonio, en Diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia (https://dbe.rah.es/biografias/77361/roman-de-san-jose-redondo).

miércoles, 5 de octubre de 2022

HISTORIA Y TRADICIONES DE ABERTURA


Abertura es un municipio de la provincia de Cáceres, con una extensión de 6.160 hectáreas, bañado por los ríos Búrdalo y Alcollarín, situado sobre materiales pizarrosos y graníticos. El clima es de tipo mediterráneo subtropical, con veranos calurosos, con una temperatura media anual de 17 ºC. La localidad se surtía de pozos como recursos de agua, que sirvieron de abastecimiento de la población.

Los autores y la alcaldesa, Olga Tello

María del Carmen Gil Durán, concejala de la localidad, había escrito hace ocho años un libro sobre el pueblo. Ahora ha contado con el investigador José Antonio Ramos, cronista oficial de Trujillo, para dar a conocer las investigaciones que ambos han descubierto en los últimos años, recuerda la alcaldesa, Olga María Tello Muñoz, en el prólogo. [1]

Abertura es esencialmente un pueblo ganadero. Su término está atravesado por la Cañada Real Leonesa Occidental. La mayoría de sus habitantes se dedicaba hasta poco al campo y al ganado y algunos, a oficios artesanales. En los años 40 y 50 del siglo XX hubo bastantes porqueros y cabreros, que se dedicaban a sacar por las mañanas los cerdos y las cabras para pastar. También hubo un vaquero cuidando de las vacas. En el “corral del concejo” del ayuntamiento reunían a los animales que se extraviaban; después se convirtió en una pista de baile y, finalmente, es el centro médico del municipio. Las primeras escuelas locales estaban en la plaza, de niños y niñas. En 1970 las aulas pasaron a ser mixtas, con la denominación de Agrupación Escolar Nuestra Señora del Rosario, hasta el curso 1994/1995 que pasa a agruparse con Alcollarín, Campo Lugar, Pizarro y Villamesías para formar el Colegio Rural Agrupado “Llanos de la Vega”.

La arquitectura popular se basa en la vivienda unifamiliar adosada desarrollada en una o dos plantas con muros de mampostería enfoscados en su mayoría con morteros de cal. Es una arquitectura esencialmente funcional, creada para satisfacer las necesidades vitales familiares de sus moradores. Entre las edificaciones destaca el ayuntamiento que, tras sucesivas reformas, ha conservado una interesante dependencia utilizada antiguamente como cárcel. En la zona de “El Venero” nos encontramos con un conjunto de pilas de granito para lavar, de un importante valor arqueológico. El lavadero era también lugar de reunión de los vecinos del pueblo, alrededor de cuarenta pilas de granito con dos pozos de agua. En las inmediaciones se encuentra una presa de 1830, así como las ruinas de un molino hidráulico, que supuso un gran avance para el municipio y para los pueblos cercanos. También hubo hornos para cocer barro entre finales del XIX y principios del XX.

El Pósito se encontraba en la calle Positillo. Fue un depósito donde se guardaba la reserva de trigo de la población y una institución tradicional de crédito rural, en su origen para regular el precio del grano.

En el terreno histórico, los restos más antiguos localizados en la población corresponden a la dominación romana, monedas e inscripciones, en el yacimiento de la dehesa. Hay constancia de la existencia de varias villas romanas en el territorio circundante. El pasado prerromano está constatado en varios lugares del término municipal. Varios han sido los autores que se han ocupado de la historia del lugar. A comienzos del siglo XX, el investigador Mario Roso de Luna realizó las primeras prospecciones. A finales de los 70, Martín Almagro Gorbea, en su obra emblemática sobre la Protohistoria extremeña, se hacía eco del hallazgo de un enterramiento del periodo Orientalizante que dos décadas atrás había descubierto el maestro de la localidad Antonio Mena Ojea. En los 90 del siglo pasado, Ana María Martín Bravo estudiaba los poblados existentes en el extremo norte de la Sierra. En los años 20, Mélida analizaba los abundantes restos de edificaciones musulmanas y, recientemente, la profesora Sophie Gilotte dirigía también sus investigaciones sobre los vestigios de época musulmana.

Vista de la iglesia parroquial de Abertura

Respecto al patrimonio artístico, sobresalen la iglesia de san Juan Bautista, de finales del siglo XV, el edificio más importante de la población; y la ermita de santa Ana, patrona de la localidad, cuya festividad se celebra el 26 de julio, y que es del siglo XVI.

Retablo de la iglesia parroquial

Entre las cruces de término y cruceros hay que destacar la cruz del Pilar, a la salida del municipio; la cruz de la ermita de santa Ana, situada en el sendero “El Venero”; la cruz o crucero de la Vega; la cruz en el camino a Alcollarín; la cruz en el camino a Santa Cruz de la Sierra y la cruz en la iglesia parroquial, obra de principios del XX.

Las principales fiestas y tradiciones populares de Abertura son: los Carnavales, que finalizan el Miércoles de Ceniza; el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección; las fiestas en honor a san Gregorio, patrono de la feria en su honor; las fiestas en honor a Santiago y santa Ana, el 25 y 26 de julio; la fiesta del emigrante, en el mes de agosto; “Los quintos”, el 1 de noviembre; la fiesta de la Inmaculada: las campanilladas, cuando se celebraba algún matrimonio, en el cual uno de los cónyuges era viudo, los dos viudos o cuando se separaba algún matrimonio.

El traje típico de Abertura es el refajo multicolor picado en negro, bordado en varios colores con grandes cenefas, también de picado.

En la gastronomía destacan los alimentos elaborados a base de pan, como las migas, el gazpacho de tomate y vegetales, el gazpacho blanco o de ajo, el gazpacho de espárragos, las sopas de ajos, de tomate y de espárragos y las populares sopas de trapo.  En tiempos de caza sobresalen el arroz con liebre, el conejo con tomate, la perdiz en salsa, la tórtola escabechada…; entre los postes, las natillas, el arroz con leche, los flanes, membrillo, peras y melocotón en almíbar. En dulces, las perrunillas, las bollas, las galletas, los borrachos, los pestiños, los escaldillos enmielados, las roscas fritas, flores de miel, roscas de muédago, brazos de gitano, tarta de almendras, galletas de coco.

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[1] Vid.: Gil Durán, María del Carmen y Ramos Rubio, José Antonio: Abertura, historia y tradiciones populares, Diputación de Cáceres, 2022, 221 págs.

lunes, 3 de octubre de 2022

FRANCISCA DE OVIEDO Y PALACIOS, LA PLACENTINA FUNDADORA DEL CONVENTO DEL CRISTO DE LA VICTORIA



Estatua de Francisca de Oviedo
 en el convento de Serradilla

Francisca de Oviedo y Palacios (Plasencia, Cáceres, 1588; Serradilla, Cáceres, 1659) fue una monja agustina recoleta que, en 1656, fundó en Serradilla el convento del Cristo de la Victoria.

Recibió el bautismo en la iglesia parroquial de san Pedro de su ciudad natal. Fallecidos sus padres, fue trasladada a Trujillo y, a los 20 años, llegó a Serradilla, donde tenía unos parientes, localidad en la que permaneció el resto de su vida hasta su muerte.

    En esta villa promovió la construcción de un hospital dedicado a los pobres. Uno de sus biógrafos cuenta el porqué surgió este centro asistencial, recogida por el P. Eugenio Cantera:

    “Cierto día ocurría una cosa que produjo penosa impresión en su alma. Avisaron a Francisca que estaba muriendo una buena mujer llamada Catalina Alonso. Voló allá la Sierva de Dios en alas de su celo y ayudó a la enferma a morir; mas, al amortajarla, presentóse a sus ojos un espectáculo que le traspasó el corazón. Yacía el cadáver sobre una pobre estera, único lecho que había utilizado la enferma, y tenía esta tan pegada la espalda a ella, que no fue posible desprenderla de la estera sin que se desgarrara la piel, apareciendo entonces el cuerpo completamente llagado y lleno de gusanos. Transida de pena, Francisca, ante aquel cuadro desgarrador, dispuesta a que no se repitiera de nuevo, concibió la idea de fundar un hospital donde pudiesen los enfermos ser atendidos y cuidados.” [1]  Para acopiar fondos para la obra, se marchó a Madrid en 1630.

    La Beata, como fuere conocida por haber vestido el hábito de san Francisco, aunque no hay reconocimiento oficial por parte de la Iglesia Católica, impulsó también la concepción de la imagen del Santísimo Cristo de la Victoria, obra del escultor Domingo de Rioja, realizada en 1635, que fue venerada en la iglesia de san Ginés de Madrid, en la capilla del Palacio Real y en Plasencia, hasta llegar a Serradilla en 1641.

    “La historia comenzó en Madrid en 1631, cuando Francisca de Oviedo viaja a Madrid para recabar limosnas con las que construir un hospital en Serradilla (Cáceres). Logra que Domingo de Rioja, conocido artista de la corte, esculpa, siguiendo sus directrices, una original imagen de Cristo. La impresionante escultura, de tamaño natural, representa al Señor resucitado, triunfador de la muerte, hollando la serpiente principal y la calavera, mostrando dramáticamente todas sus llagas, abrazando con su brazo izquierdo amorosamente la cruz y acercando su diestra mano a su corazón.

    Muchas dificultades tuvo que sufrir la fervorosa mujer, dada la devoción con que cortesanos y pueblo, honraban a la santa imagen hasta que pudo llevarla a Plasencia y definitivamente a Serradilla en 1648 [2], donde fue acomodada en la parroquia y posteriormente en la pequeña iglesia que se erigió. La imagen era ya muy conocida y atraía a sus devotos de toda clase social que acuden en piadosa peregrinación. Y es en 1655 cuando se decide transformar el pequeño hospital en convento de agustinas recoletas, para lo que se tramitan durante cinco años los larguísimos trámites necesarios”, se afirma en la web de los agustinos recoletos [3], en la crónica del 350 aniversario de su fundación del 12 al 15 de mayo de 2010.

    El citado biógrafo cuenta el periplo de la estatua hasta su llegada a Serradilla:

    “La imagen del Cristo de la Victoria fue expuesta en la iglesia de san Ginés de Madrid, cundiendo tanto la devoción que llegó a conocimiento del rey Felipe IV, que quiso también admirarla, por lo que fue llevada a la capilla real. El monarca colocó en exvoto, la corona real que tiene la cruz.”

    La imagen fue trasladada por la Beata a Plasencia, en tránsito para Serradilla, con licencia del obispo de la diócesis, que, la sazón, era don Plácido Pacheco. Plasencia se opuso al traslado. Francisca marchó a Madrid para dar cuenta al Consejo Supremo, sin resultado positivo alguno. En un segundo viaje a Madrid para lograr el traslado de la imagen, sucedió algo que el P. Cantera considera intercesión divina.  Era entonces oídor del Consejo Real de Castilla don Diego de Arce y Reinoso, a quien se presentó la Beata Francisca para que le devolvieran su imagen: “¡Váyase de aquí! ¿Cómo quiere que yo haga esto, ni qué poder tengo para hacerle volver al Santísimo Cristo? Ella le respondió: Pues deme Su Señoría palabra de que si Nuestro Señor le hiciera Obispo de Plasencia, me la mandará volver.” Don Diego le respondió: ¿No digo yo que es loca? Miren qué traza tengo yo de obispo de Plasencia” Ella replicó: Yo no le digo a Su Señoría otra cosa, loca o no loca, sino esta palabra.” Diósela don Diego y ella regresó muy contenta a la ciudad del Jerte. Fue un hecho cierto que el año 1640 era promovido don Diego de Arce a obispo de la diócesis de Plasencia [4], a quien se le recordó su promesa por la beata, cumpliéndola en 1641, al tomar posesión de la silla episcopal.” [5]

    En Serradilla, hay una estatua suya en bronce delante de la fachada del convento de las Agustinas Recoletas que ella fundare, así como una calle en su honor.

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[1] Vid.: Gutiérrez Macías, Valeriano: Mujeres extremeñas I. Vidas de perfección, mujeres de recio temple y damas de América, Gráficas Cervantes, Salamanca, 1971, págs. 54-55.

 [2] Nótese que unos autores señalan que la talla llegó a Serradilla en 1641 y otros en 1648.

 [3] Vid.: Monasterio del Santísimo Cristo de la Victoria: una historia de 350 años.

(https://agustinosrecoletos.org/actualidad/12646/monasterio-del-santisimo-cristo-de-la-victoria-una-historia-de-350-anos).

 [4] Nota: Diego de Arce y Reinoso fue obispo de Tuy (1638-1640) y de Plasencia (1640-1642), inquisidor general en 1643 y consejero de Estado en 1664.

 [5] Vid. Ob. cit. de Gutiérrez Macías, págs. 56-57.