sábado, 15 de octubre de 2022

EL SÍNDROME DEL NIDO VACÍO


Muchos padres están sufriendo ya el síndrome del nido vacío. Lo esperaban, pero nunca lo deseaban. Los retoños han aprobado la selectividad y buscan otro horizonte. Siempre hay una esperanza de que no se vayan; pero los adolescentes no se deciden hasta que llega la hora. No saben qué hacer. Lo que desearen no se encuentra en casa. Sus padres tampoco están seguros de qué es lo que prefieren. Los estudios que elijan marcarán su futuro profesional y laboral. O quizá no.
    
    Los padres temen que llegue septiembre: la madre por su hijo; el padre por la hija. Son conscientes de que una parte del nido quedará vacía. No se harán sin ellos, como estos sin sus padres. Han vivido siempre juntos y ha llegado la hora de la partida. La madre no se hará sin él; el padre, sin ella. El cambio será total para ellos: de un pueblo a una ciudad; de tu pequeña ciudad a otra mayor. La vida cambiará para todos, especialmente para quienes abandonan el nido. Ya no tendrán a mamá que les dará la comida, les lavará y planchará su ropa, les hará su cama… Papá no podrá darle la fuerza necesaria a su hija cuando lo precisare. Se verán solos, tendrán que administrarse por sí mismos; no contarán con el apoyo de sus progenitores, a quienes recurrían cuando los necesitaren.

    “Solo pensar que voy a perderlo, me da algo…”, dicen las madres. “No podré vivir sin mi niña”, se lamenta el padre al ver su cama vacía y no hallarla en casa cuando vuelve. Es ley de vida. Lo saben, pero no lo asumen. Ahora, al menos, hablan por teléfono, pueden verlos por videoconferencia. Los tienen más cerca que antes. Tampoco se van a la mili ni a la guerra, en que las despedidas en las estaciones parecían duelos… Una madre me preguntó en cierta ocasión si su único hijo tendría que hacer la mili. No podría soportar su ausencia. Se barruntaba ya la supresión del servicio militar obligatorio y le dije que no lo creía. Y así fue. Años después, cuando le pregunté por él, me dijo que trabajaba en Madrid, tras finalizar la carrera. Ahora se sentía más satisfecha, aunque le echara de menos.

    El síndrome del nido vacío es más moral que físico. El vacío en el nido produce tristeza, abandono, desmotivación… Han luchado los padres para que llegaran hasta esta meta; pero hay otra superior por alcanzar: prepararse para una profesión fuera de casa.  Lo que debiere ser motivo de orgullo y satisfacción es de tristeza, al no superar el vacío que dejan quienes siempre, desde que vinieron al mundo, estuvieren en el nido familiar. El vacío físico se palpa cada día, a determinadas horas. El vacío moral se lleva por dentro, como si nos hubieren arrebatado una parte de nuestra vida, ahora ausente.

    Pasarán los años, vendrán las vacaciones, el nido volverá a estar lleno y las familias celebrarán sus días como siempre. Habrá, empero, otro retorno al nido porque, aun mayores y formados, no hallan empleo ni pueden pagarse un piso para vivir independientes de sus padres. Volverán al nido familiar por necesidad. Es también otra ley de vida que, como expresare el filósofo italiano Giambatistta Vico (1668-1744), el acontecer humano no camina en forma lineal, sino por ciclos, que implican avances y retrocesos, idas y venidas (corsi e ricorsi), los meandros del transcurrir de la historia. No hay vacío indefinido, porque el síndrome del nido lo llenan los pensamientos, los recuerdos diarios de quienes lo abandonaron por necesidad y quienes permanecen in situ, pero que un día volverán a llenarlo.

viernes, 14 de octubre de 2022

PLASENCIA: 83 OBISPOS EN CASI NUEVE SIGLOS


Ernesto Brotons

Con la ordenación y toma de posesión mañana de su cátedra de monseñor Ernesto Jesús Brotons Tena (Zaragoza, 20 de febrero de 1968), [1] la diócesis de Plasencia, erigida canónicamente por el papa Clemente III, a instancias del rey Alfonso VIII de Castilla en 1189, año de la fundación de la ciudad, censa 83 obispos, por lo que el actual prelado es el octogésimo tercero en números ordinales en los 883 años de existencia de la diócesis.

    El que fuere canónigo-archivero de la catedral de Plasencia, Francisco González Cuesta, sostiene que la fundación de la diócesis está solo a casi tres años de distancia del acta fundacional de la ciudad y añade que “en 1189, Alfonso VIII ganó a los moros el antiguamente llamado Ambroz, en el cual edificó la ciudad de Plasencia”. En el Privilegio fundacional de la ciudad, tres años después del nacimiento de la misma, se dice que “Por lo cual, yo, Alfonso, por la gracia de Dios rey de Castilla y de Toledo, para gloria de Dios, en el lugar que antes se llamaba Ambroz, edificó una ciudad a la que puso el nombre de Plasencia, para que agrade a Dios y a los hombres (ut placeat Deo et hominibus), por lo que la creación de la diócesis tendría lugar entre el 7 de junio y el 3 de diciembre de 1190. [2] Desde su fundación, hace ahora 883 años, perteneció a la archidiócesis de la Iglesia Primada de Toledo, hasta la creación de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz por el papa Juan Pablo II que., junto con la metropolitana, la conforman las diócesis de Coria-Cáceres y Plasencia.

    En sus casi nueve siglos de existencia, la diócesis placentina ha dado a la Iglesia Católica dos cardenales: Juan Carvajal (1446-1469) y Bernardino López de Carvajal (1521-1523); tres arzobispos: Francisco de Pera y Porras (1715-1720), designado arzobispo de Granada; Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón (1765-1766), promovido al arzobispado de México; y Santiago Martínez Acebes (1988-1992), elevado a la metrópoli de Burgos. Otros obispos placentinos fueron designados para regir otras diócesis: Gonzalo de Zúñiga (1415-1422), nombrado obispo de Jaén; Gonzalo de Santa María (1423-1446), obispo de Sigüenza; Alonso Henríquez de Santo Tomás (1664-1665), obispo de Málaga; José Ávila y Lamas (1853-1857)  obispo de Orense; Bernardo Conde y Corral (1858-1863), obispo de Zamora; Ángel Regueras López (1915-1924), obispo de Salamanca; Antonio Vilaplana Molina (1976-1987), obispo de León; Carlos López Hernández (1994-2003), obispo de Salamanca; Amadeo Rodríguez Magro (2003-2016), hijo adoptivo de la capital diocesana , designado obispo de Jaén; y José Retana Gonzalo (2017-2022), obispo de Salamanca y Ciudad Rodrigo, esta última in persona episcopi.  El 8 de enero de este año, el papa Francisco nombró al obispo emérito de Albacete,  Ciriaco Benavente Mateos, que antes había sido obispo de Coria-Cáceres entre 1992 y 2006, administrador apostólico de Plasencia. No hay que olvidar a monseñor Cipriano Calderón Polo (Plasencia, 1927; Roma, 2009), licenciado en Filosofía y Teología y diplomado en Periodismo, fue vicepresidente de la Pontificia Comisión para América Latina; hijo predilecto de Plasencia en 2006; sirvió a seis pontífices y fue director del diario vaticano L´Osservatore Romano. [3] Fue inhumado en la parroquia placentina de El Salvador, donde recibió el bautismo.

    Juan Carvajal (Trujillo, 1440; Roma, 1469, aunque otros historiadores sitúan su nacimiento en Bonilla de la Sierra, Ávila), fue obispo de Coria en 1443 y de Plasencia entre 1446-1469. El papa Eugenio IV le impuso el capelo cardenalicio en 1446 y le dio el título de cardenal de Sant´ Angelo in foro piscium. [4]

    Bernardino López de Carvajal y Sande (Plasencia, 1456; Roma, 1523), doctor en Derecho y Teología, maestro y rector de la Universidad de Salamanca (1481), marchó pronto a Roma con el patrocinio del cardenal Mendoza. Residió en España entre 1485 y 1488, como nuncio y colector de Inocencio VII, quien le nombró obispo de Astorga (1488-1489), de Badajoz (1489-1493) y de Cartagena (1493-1495). El papa Alejandro VI le nombró cardenal en 1493, con el título de la Santa Cruz en Jerusalén, y obispo de Sigüenza en 1495, aunque nunca viajó a la diócesis. Fue obispo de Plasencia (1521-1523) y decano del Colegio Cardenalicio (1521-1523).

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[1] Ernesto Jesús Brotons Tena fue nombrado obispo de Plasencia el 16 de julio de 2022. Natural de Zaragoza, su vocación se fraguó y creció en la parroquia de san Lorenzo Mártir de la capital aragonesa. En el Seminario Mayor de la capital realizó los estudios eclesiásticos en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA) entre 1986 a 1992. Fue ordenado sacerdote el 2 de octubre de 1993. Fue administrador parroquial y párroco de Cerveruela, Torralbilla, Langa del Castillo, Mainar, Villareal de Huerva, Romanos, Lechón, Anento y Fombuena. En 1997 fue enviado a Salamanca para estudiar Teología Dogmática, por la que obtuvo la licenciatura en 1999 y el doctorado (2002). A su regreso a Zaragoza en 2002 fue consiliario adjunto (2002-2004) y consiliario de Pastoral Juvenil (2004-2008), párroco de El Buen Pastor (2008-2017) y profesor del Colegio Diocesano (2004-2017), arcipreste del arciprestazgo Torrero-La Paz (2015-2017). Fue miembro del Consejo Presbiteral, del Colegio de consultores y del Consejo Diocesano de Pastoral. Fue profesor de Filosofía de la Religión y de diversas materias de Teología sistemática en el CRETA, del que fue subdirector y director.

 [2] Vid.: González Cuesta, Francisco: Los obispos de Plasencia, T. I y II. Edit.: Caja de Extremadura, Cáceres, 2013, págs. 57 y ss. Prólogo de Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia.

 [3] Vid.: ec. Aciprensa.com, enciclopedia católica online.

[4] Vid.:  https://es.frwiki.wiki/wiki/Sant%27Angelo_in_Pescheria_(titre_cardinalice)  antigua denominación medieval de la Región XI de Roma, por la iglesia más importante del rione, Sant´Angelo in Foro Piscium (“Sant´Angelo en el mercado de pescado”).

 

domingo, 9 de octubre de 2022

PEDRO GORDILLO Y SÁNCHEZ, EL EMERITENSE AUDITOR DE FERNANDO VI


Rey Fernando VI, del que
Gordillo fue auditor general

    
    Pedro Gordillo y Sánchez (Mérida, 26/04/1705; Madrid, 24/06/1762) fue un alto funcionario del rey Fernando VI, contralor (auditor) general de la Real Casa, Cámara y Capilla de Su Majestad.


    Fue hijo de Andrés Gordillo Zambrano y de Ana Sánchez Ortiz, naturales de Zarza de Alange, actual La Zarza (Badajoz).

    En 1741 obtuvo merced de hábito de caballero de la Orden de Alcántara. Años más tarde sería comendador de la Encomienda de Hornos en la misma Orden. En marzo de 1761, Carlos III le otorgó el título de marqués de Zambrano [1], libre de lanzas y media anatas [2] en recompensa a sus servicios, en especial el de contralor real de las Casa Reales.

    El 8 de octubre de 1756 contrajo matrimonio con Paula Petronila González Fernández de las Cuevas, dama madrileña, hija del caballero toledano Pedro Manuel González y de María Magdalena Fernández de las Cuevas y hermana del intendente Domingo García González. Tras el fallecimiento del rey Fernando VI en 1759, su hermano y sucesor, el rey Carlos III, le otorgó el 13 de marzo de 1761 el Marquesado de Zambrano, con el Vizcondado previo de San Pedro.

    Su primer servicio en la Administración de la Monarquía data del año 1718 en el puesto de oficial meritorio de la contaduría del Consejo de Órdenes Militares. En 1733-1736 tomó parte en la expedición a Nápoles en calidad de comisario de guerra, siendo nombrado en diciembre de 1743 tesorero del ejército de campaña en la guerra de Italia, cargo en el que cesó en 1747 a causa de su falta de salud. Retornado a Madrid, le fueron concedidos los honores de intendente del ejército y, en febrero de 1749, con motivo de la reforma de los cargos de la Casa Real, fue nombrado con carácter interino contralor grefier [3] general de las Reales Casas. Nombrado intendente de Ejército y provincia de Extremadura en septiembre de 1750, pasó al Consejo de Guerra en calidad de secretario en septiembre de 1754. En septiembre de 1760, una nueva reforma de las Casas Reales le llevó de nuevo al cargo de contralor grefier de la Real Casa y de la Cámara y Capilla Real. Ese mismo año abandonó la Secretaría del Consejo de Guerra para ascender al rango de consejero y al año siguiente fue recompensado con el título nobiliario. [4]

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[1] Vid.: Marquesado de Zambrano fue un título nobiliario español creado por el rey Carlos III el 13 de marzo de 1761 a favor de Pedro Gordillo y Sánchez, un alto funcionario del anterior monarca, el rey Fernando VI, que lo mantuvo durante 1761-1762; le sucedió en el título su viuda, Paula Petronila Fernández de las Cuevas (1762-1814); le siguió su hijo, Miguel de Ibarrola y González de las Cuevas (1814-1848); a este, su primogénita, María de la Encarnación de Ibarrola (1848-1857) y el V Marqués de Zambrano fue Miguel Orlando de Ibarrola (1857-¿). El título fue rehabilitado en 1923 por el rey Alfonso XIII a favor del bisnieto del III Marqués, Francisco de Ayguavives y de León, en Atienza, J: Nobiliario heráldico de apellidos españoles y de títulos nobiliarios, Madrid, Aguilar, 1959.

 [2] Vid.: Web de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y Títulos del Reino. El impuesto de la Media anata o annata gravaba los nombramientos para empleos retribuidos o mercedes que se hacían. Se devengaba cuando el interesado entraba en posesión de la merced o empleo, y recibía ese nombre porque la deuda tributaria se fijaba en la mitad de lo que el empleo retribuido o la merced concedida rentase en un año. Felipe V dispuso en 1727 que los Grandes y Títulos no pudieran entrar ya en posesión no ya de estas mercedes, sino ni siquiera de las rentas y señoríos que tuvieran sin haber acreditado el pago de la Media annata o su exención. El pago del servicio de Lanzas, en cambio, se hacía todos los años. (https://www.diputaciondelagrandezaytitulosdelreino.es/lanzas-y-media-annata/).

 [3] Vid.: Diccionario de la lengua española: Grefier:  Oficio honorífico de la Casa Real, según la etiqueta de la de Borgoña, auxiliar y complementario del de contralor.

 [4] Vid.: Andújar Castillo, Francisco, en Diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia. (https://dbe.rah.es/biografias/43534/pedro-gordillo-sanchez)