sábado, 23 de marzo de 2024

CRÓNICA DE TRUJILLO DEL SIGLO XX

   
Portada del libro

 Una nueva obra del cronista oficial de Trujillo [1] nos traslada a vivir su historia política, social y cultural de 120 años de la vida de la ciudad, los comprendidos entre el siglo XX más las dos primeras décadas del XXI. El retrato social y costumbrista de los cambios trascendentales de la reciente historia de la ciudad de Pizarro son recreados en este libro como si de un periódico de su vida se tratare.

    El autor subraya en su Introducción que la obra tiene como referencia las miles de páginas de los periódicos y revistas “Comarca de Trujillo”, “La Región” (1896-1900), el primer periódico que recogía noticias de la comarca; “El Binomio” (1899-1900), “La Voz de Trujillo” (1901-1902); “El Eco de Trujillo” (1902); “La Unión Republicana” (1903-1905); “El Campeón” (1905-1907), semanario liberal-conservador; “El Obrero” (1905); “La Opinión” (1908-1974); “El Adelanto” (1915), “Voz Regional” (1919), periódico regionalista y acción social; “Ensayos” (1922), revista quincenal ilustrada de Arte y Literatura; “La Muralla” (1932-1936), semanario, órgano de la Agrupación Ciudadana; “Campo” (1953), hoja informativa del Instituto Laboral de Trujillo; “Semilla” (1953), boletín informativo del Instituto Laboral; “Adelante” (1955), “Trigo” (1977), así como los diarios El Periódico Extremadura y Hoy.
    
    Con estos mimbres, el cronista quiere recordar a los lectores, con la ayuda de las páginas de los periódicos, los momentos culturales, político-sociales, deportivos, festivos o lúdicos por los que pasado la ciudad en algo más de un siglo, que el autor califica como “una auténtica crónica histórica de Memorias”, en la que la historia pasada se funde con el presente.

    Cronológicamente, a lo largo de más de doscientas páginas, a las que se añade un apéndice documental fotográfico muy interesante del pasado siglo y las primeras décadas del presente, el cronista va desgranando los sucesos de los que habla la ciudad, las tiendas en la que compran las mujeres, las fiestas en parajes o junto a los ríos Almonte y Magasca, el turismo cinegético, los colegios, el casino, las ferias, las corridas de toros, su ciudadano más longevo (Ismael, que vivió 120 años) y que asistía a todas las corridas que se celebraron en la ciudad; las celebraciones religiosas; el ferrocarril Cáceres-Trujillo-Logrosán, que no pudo concretarse  y que tanto hubiera dinamizada la vida de la ciudad; el primer automóvil, en 1905, número cuatro de los entonces existentes en la provincia…; la inauguración del monumento a Pizarro el 2 de junio de 1929, con asistencia del rey Alfonso XIII, el general Primo de Rivera y la viuda del autor de la obra, la señora Mary Harriman… La Historia, en fin, de un siglo interminable de sucesos con la que el cronista quiere dejar su estela en la memoria del lector desde la serenidad de una mirada que ya es historia.

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[1] Vid.: Ramos Rubio, José Antonio: Crónica social, política y cultural de Trujillo en el siglo XX, TAU Editores, Cáceres, 2024, 319 págs.

 

lunes, 18 de marzo de 2024

EL PAPA FRANCISCO, EN MÉRIDA



Eva Fernández era la pregonera de la Semana Santa de Mérida. Está muy cerca del papa Francisco. Es la corresponsal de la COPE en el Vaticano e Italia. Trabaja todos los días junto a él. Más de una vez ha estado con el Papa en alguna audiencia particular o general; en viajes, en actos mil como los que protagoniza a lo largo del año. Quizá le contare que era la pregonera de la Semana Santa de Mérida, una ciudad romana que también tiene Vía Crucis en su anfiteatro, como el que él preside en el Coliseo todos los años. Y antes que hablare ella, le ha dado la palabra al Papa, como si allí, en la basílica de santa Eulalia, en su Año Jubilar, ella mandare por la autoridad que le hubiere conferido la junta de cofradías. Y no comienza su pregón. Antes le invita a unirse a él con Mérida.

    “Ciudadanos de Mérida: hay alguien en Roma que hoy quiere estar presente entre vosotros. Un auténtico honor, un privilegio para esta ciudad que siempre será recordado. Santo Padre, para usted la palabra en este pregón…” Calla Eva y el papa Francisco aparece en la pantalla. Los fieles enmudecen: “Es el Papa quien nos habla…; el papa Francisco está en Mérida, se dirige a nosotros…, nos recuerda, nos mira y parece recordarnos que Mérida también es suya, como nuestra Semana Santa en el legado romano…”

    Eva es embajadora de Mérida en la Ciudad Eterna, proclamada a sí misma. Como tal ha hablado con el Papa y le ha hecho esta petición. “Santidad, más que mi pregón, le agradecería unas palabras para los fieles de Mérida, reunidos en la basílica de Santa Eulalia en su Año Jubilar. Allí estarán, entre muchos, quienes vinieron a verle el pasado año a la plaza de San Pedro; los que le agradecieron el Año Jubilar y le dieron cuenta de sus proyectos; quienes le hablaron de una Asociación de la Virgen y Mártir Santa Eulalia con diecisiete siglos a sus espaldas (“antes de que nos descubrieran…”, como dijo). Como jefe del Estado vaticano había elegido Vuestra Santidad a dos emeritenses para que trabajaren en la Secretaría de Economía (uno ya no está por enfermedad). 

    Apenas, dos folios, leídos en cinco minutos, y Vuestra Santidad ha sido el pregonero. ¿Cuándo un papa estuviere en Mérida, le hablare a los emeritenses…? Nunca, ni por televisión, ni a través de un video grabado. Ha hecho historia Vuestra Santidad con Mérida. A muchas mujeres y hombres se les saltan las lágrimas de emoción. Más que del pregón de la “embajadora”, se habla de las palabras del Papa para Mérida.

    “Permitidme formar parte del pregón de vuestra Semana Santa, única en el mundo, porque muy pocas ciudades pueden revivir estos días que cambiaron la historia de la humanidad en escenarios de más de 2.000 años de antigüedad, contemporáneos a los que Cristo sufrió la pasión.” Mérida, Santidad, fue romana antes de Cristo, durante la vida de Cristo y después de Cristo, y así hasta hoy, desde el martirio de la Mártir.

    No se ha olvidado de nada, Santidad, y Mérida habrá de agradecérselo. Ha recordado a la patrona, el Año Jubilar que se dignó otorgarnos, el martirio de santa Eulalia, que convirtió la ciudad romana en cuna del cristianismo y en destino de peregrinaciones; por la visita que le rindieron a las puertas de san Pedro el arzobispo de Mérida-Badajoz, Celso Morga; el alcalde, Antonio Rodríguez Osuna, y el presidente de la Asociación de la Virgen y Mártir santa Eulalia, Luis Miguel González, para explicarles los proyectos del Año Jubilar. Ha tenido un recuerdo para la juventud emeritense, presente y futuro de las cofradías de Mérida; para los enfermos y necesitados, por quienes se encuentran solos y por quienes pasan apuros económicos; y finalmente, ha transmitido a todos los fieles de Mérida que les recordará el Viernes Santo cuando presida en el Coliseo el Vía Crucis, que ellos también celebran en el anfiteatro, a la misma hora.

    No se ha hablado de otra cosa el fin de semana en Mérida: el Papa ha estado con nosotros, nos ha dirigido la palabra; ha participado en nuestra Semana Santa, en la iglesia de nuestra “santita”. Y Eva ha recordado que “matar por odio a la fe sigue tan vigente como en tiempos de Nerón, Domiciano, Trajano o Diocleciano”. Como si nada hubiere cambiado; como si el tiempo se hubiere detenido y el sacrificio de tantos mártires, como el de Cristo, que diere su vida por traer la paz al mundo, no fueren bastantes.

    El alcalde, emocionado como el que más, le ha dado las gracias a la pregonera porque “el Papa acaba de entrar, de tu mano, en la historia de la ciudad de Mérida, algo impagable, sabiendo que en la historia ningún Sumo Pontífice ha participado en ningún acto de la Semana Santa fuera de la ciudad de Roma”.

    Hasta Mérida vinieron cónsules de Roma, como Agripa; algún presidente italiano, como Francesco Cossiga; embajadores, ministros…, pero, hasta ahora, ningún papa. Ya sí: ha estado el papa Francisco en la basílica de santa Eulalia, en el pórtico de la Semana Santa, con quien quiso ser embajadora de Mérida en la Ciudad Eterna. 


viernes, 15 de marzo de 2024

LA ELA, EN EL CONGRESO


Unzúe, en el Congreso. Foto Congreso de los Diputados


El exfutbolista Juan Carlos Unzúe, enfermo de ELA (esclerosis lateral amiotrófica) no se lo creía. La ELA es una enfermedad de las neuronas en el cerebro, el tronco cerebral y la médula espinal, que controlan el movimiento de los músculos voluntarios. Quienes la padecen, y sus familias, saben muy bien el destino que les espera a quienes la acogen. Cuando las neuronas se desgastan o mueren, ya no pueden enviar mensajes a los músculos. Con el tiempo, llega el debilitamiento muscular, la incapacidad para mover las extremidades superiores e inferiores, el cuerpo entero. Cuando los músculos de la zona torácica dejan de trabajar, la respiración se hace imposible. Afecta a cinco de cien mil personas en todo el mundo.

No hay cura para la ELA. Dos medicamentos ayudan a frenar el proceso y a vivir un poco más. Los enfermos pierden la capacidad de desenvolverse o cuidarse. La muerte llega a menudo al cabo de tres o cinco años tras el diagnóstico.

El 20 de febrero pasado, la Sala Constitucional del Congreso, una de las más grandes de la Cámara, acogió a centenar y medio de pacientes y familiares. Venían a pedir a los legisladores que se garantice la vida a las personas que la padecen. La asociación que los reúne venía a pedir la puesta en marcha de la ley prometida desde 2022. Desde que se discutió el último texto de la ley, 1.200 personas han perdido la vida.

Unzúe, su portavoz, no se vino abajo a pesar de que solo estaban presentes cinco diputados en la comisión. “Antes de morir, queremos vivir dignamente.” La ley, y las ayudas que conllevaría, ayudarían a vivir mejor. La pasada legislatura se inició su tramitación, pero el pasado año quedó aparcada en un cajón ante el parón electoral; pero la vida sigue y la enfermedad golpea sin piedad a enfermos y familiares. Las familias de los enfermos necesitan ayudas específicas, cuidadores especializados para ayudar en la atención que se presta en los domicilios. La asociación presentó el 30 de octubre un texto para elaborar una nueva ley.

No hay plazas residenciales para estos enfermos, expulsados del sistema sanitario. Los familiares son los cuidadores eternos durante todas las horas del día. En las fases finales de la enfermedad, los cuidados pueden suponer 60.000 euros anuales. Es el peor calvario para los enfermos y la familia. Vivir muriéndose en vida, sin poder hacer nada para hallar la salida al sinvivir de la ELA.

Hace dos años, el Congreso había aprobado una Ley ELA por unanimidad. Fue bloqueada cincuenta veces y permanece en un cajón olvidada. Ahora, todos están de acuerdo en tramitarla, en pedir perdón a los pacientes y a seguir desplegando medidas y políticas públicas que atenúen el dolor de los pacientes y la paciencia de las familias, pacientes por igual. “Antes que morir, queremos vivir dignamente”, solicitaba el portavoz Unzúe, aún con fuerzas bastantes, para gritar ante todos los que deseen escucharle. Les costó mucho llegar hasta allí, pero lo lograron. Ojalá que sus palabras no caigan en saco roto y tengamos que seguir oyendo lo que nadie desearía para sí o sus familiares: “Tenía ELA…, ha muerto de ELA…”