Cándido
Cabrera González (Talaván, Cáceres, 15/02/1933; Plasencia, 21/01/2015) fue el primer alcalde
socialista de Plasencia en la democracia, ciudad que le declaró hijo adoptivo
el 25 de noviembre de 2010, bajo el mandato de la primera alcaldesa de la
ciudad, Elia María Blanco Barbero.
Desde que tuvo 6 años de edad pasaba largas temporadas en
Plasencia en casa de sus abuelos paternos, Fulgencio Cabrera y Ricarda Pizarro,
en el antiguo conventual de san Francisco, junto a otras muchas familias sin
techo fijo, hasta el traslado definitivo de la familia a la ciudad en 1947. Entró en política en 1983 de la mano del
entonces alcalde José Luis Mariño Roco, como concejal de la Unión de
Placentinos Independientes, y en 1987 por el Centro Democrático y Social (CDS).
En 1989 se hizo cargo de la Alcaldía al dimitir su mentor y en 1991 ganó las
elecciones como cabeza de lista por el PSOE. En 1999, el PSOE volvió a confiar
en Cabrera como candidato, pero perdió las elecciones y se mantuvo los cuatro
años siguientes como líder de la oposición.
Durante su juventud trabajó en distintos empleos antes de
fundar la Compañía Extremeña de Aceites y Cereales (CEXAC), que dirigió hasta
su jubilación como gerente durante cuarenta años. En la vida social, fue
presidente de la Unión de Pescadores de Plasencia durante veinte años, pasando
de 250 socios a 2.500; de Placeat, a la que se entregó en cuerpo y alma; de Cáritas
y presidente de la Cofradía de la Virgen del Puerto, patrona de la ciudad,
durante siete años. En julio de 1978 entró a formar parte de la Comisión
Eclesial Extremeña. Fue premio “San Fulgencio 2016” a título póstumo.
El 25 de noviembre de 2010, el Pleno del Ayuntamiento
celebró sesión extraordinaria en el Teatro Alkázar de la ciudad para nombrar
hijos adoptivos a Cándido Cabrera y a la directora de la UNED, Consuelo
Boticario, previo dictamen de la Comisión de Turismo, Igualdad, Sanidad y
Mayores, de 19 de noviembre, de la proposición de la Alcaldía y el acuerdo de
la Junta de Gobierno de 17 de mayo. Tras ser aprobado por asentimiento, la
alcaldesa leyó unas notas en las que trazó el perfil político y social del
nuevo hijo adoptivo de la ciudad.
Recordaba la
alcaldesa que llegó a la política como edil con Mariño Roco en 1983 “desde un
planteamiento personal y social, como católico activo y comprometido en la
transformación de una sociedad mejor, más fraternal, justa y humanizada”. Subrayó
que en 1991 gana la Alcaldía por mayoría absoluta, y abrió uno de los periodos
de gestión política más fructíferos de Plasencia en obras y acciones que van a
perdurar durante generaciones. Entre otras, señaló la construcción de dos
nuevos puentes sobre el río Jerte, cuatrocientos años después de que
construyera el último; la erradicación del chabolismo con la construcción de
viviendas sociales. Gracias a su gestión, Caja Extremadura adquiere el antiguo
cuartel, que se convierte en campus
de la Universidad de Extremadura; y el antiguo convento de san Francisco y el
Teatro Sequeira pasan a manos municipales para que la Junta los transforme en
residencias municipales.
Durante su mandato, el ayuntamiento asume el viejo
psiquiátrico, que se rehabilita para centro de la UNED; Caja Plasencia se
fusiona con Caja Cáceres, surgiendo Caja Extremadura, y dio un impulso
definitivo para que el antiguo convento de santo Domingo Vicente Ferrer se
convirtiera en parador de turismo. Asimismo, se construye la variante sur, nace
el proyecto de integración del río y parque de los Cachones, se recupera La
Isla como pulmón de la ciudad y zona de baños. Levanta una nueva depuradora y
la dota de un nuevo PGOU. Además, se construyen nuevas guarderías, centros de
mayores, de atención a los desfavorecidos, mejora de la educación, solicita los
nuevos juzgados y adquiere la fábrica de harinas para la exitosa universidad
popular.
En su libro sobre su figura como político y alcalde, el
periodista Juan Manuel Cañamero le
dedicó un capítulo titulado “Pregón de Ferias”, que sirvió a la vez como
despedida de la Alcaldía e inauguración de la estatua ecuestre del rey fundador
de la ciudad, Alfonso VIII, en la Puerta del Sol, acto al que acudieron unas
veinte mil personas.
En sus palabras de agradecimiento a la alcaldesa y a la
ciudad que le honraban con el título de hijo adoptivo, el alcalde Cabrera
calificó el acto como “uno de los momentos más importantes de su vida”. Evocó
sus primeros años en la ciudad; a su mujer, con la que llevaba casado en aquel
día 51 años; su compromiso con la sociedad placentina; con la Iglesia y con las
sociedades en las que trabajó. Recordó cómo entró en política por la llamada
del primer alcalde democrático, Mariño Roco; su primer problema con las 300
viviendas entregadas en La Data, sin luz; la celebración del octavo centenario
de la ciudad; cómo tuvo que asumir la Alcaldía tras la dimisión de Mariño y,
con sorpresa para él, en el pleno para la elección del nuevo alcalde, fue
elegido con 17 votos a favor y cuatro abstenciones, el 4 de febrero de 1989, y
en las nuevas elecciones del 91, en las que se presenta como independiente,
aunque un año después se da de alta en el PSOE.
Reveló en su intervención que el Ministerio de Defensa
“quería vendernos el cuartel por 725 millones” que, tras arduas negociaciones,
quedaron en 325 millones. “El problema era encontrar el dinero…, hasta que
recordé que de los beneficios netos de Caja Extremadura, el 50 por ciento iba a
la Junta de Extremadura. A solas con el presidente en su despacho, me dijo:
Eres un cabrón, pero tienes toda la razón: que se compre.”
Tras su fallecimiento, a los 81 años, sus restos mortales
fueron velados en el salón de plenos, cubierto por la bandera de la ciudad, escoltado
por policías locales en traje de gala, al ser el primer alcalde de la
democracia en fallecer. El salón estaba presidido por un cuadro de la Virgen
del Puerto, de cuya cofradía fue presidente. Al funeral, oficiado por el obispo
Amadeo Rodríguez en la catedral, asistieron los tres alcaldes que le
sucedieron: José Luis Díaz, Elia María Blanco y Fernando Pizarro.
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