sábado, 20 de septiembre de 2025

LA MARQUESA DE PINARES Y MÉRIDA


    Hay una calle en Mérida, Marquesa de Pinares, que enlaza las del Ferrocarril y la Avenida de Extremadura. Todos los emeritenses la conocen y saben dónde está situada, al ser una de las principales arterias de la ciudad; pero quizá no conocieren su historia, aunque se han cumplido más de dos siglos y medio desde el fallecimiento de la benefactora que le dio nombre. Ya en 1994, el hijo adoptivo de Mérida, arqueólogo e historiador, Sáez de Buruaga, advertía su nombre y obra en las actas municipales de 1784. [1]

    Antonia de la Rocha y Molina (Mérida, 1724; Madrid, 18/09/1775), pertenecía a la casa de los marqueses de Ureña. Era nieta del primer marqués y sobrina nieta del cardenal fray Gaspar de Molina y Oviedo. Sus padres fueron Fernando Antonio de la Rocha y María Antonia de Molina, naturales de Mérida. Fue bautizada en la iglesia de santa María el 19 de febrero del año de su nacimiento, recibiendo los nombres de Antonia Manuela Isabel, según la cronología que señala Navarro del Castillo en su obra.

    Pasó su infancia en la ciudad hasta que su padre fue nombrado corregidor en Écija y Jerez de la Frontera y pasó a vivir en las citadas ciudades. Al fallecer su padre, se trasladó a vivir a Madrid con su tío el cardenal Molina, presidente del Consejo. En la capital contrajo nupcias con Bernardo de Riquelme y Salafranca, regidor perpetuo de Murcia y I Marqués de Pinares, gracias a la influencia del mismo cardenal Molina. Al morir su esposo y no tener descendencia, el título nobiliario pasó a su hermano, Pedro Riquelme Salafranca, capitán de Marina, casado con una hermana de la marquesa viuda, doña Teresa, natural de Mérida, y bautizada como ella en la iglesia de santa María, que sería la II marquesa consorte de Pinares.

    Antonia de la Rocha y Molina falleció en su casa de la calle del Álamo, en Madrid el 18 de septiembre de 1775, dejando en su testamento el encargo de que se fundase con parte de sus bienes una obra pía en su patria chica. El encargo de la fundación legal de esta obra pía fue dado a su albacea testamentario, el licenciado Antonio Alarcón Lozano.

    El citado albacea, por escritura firmada ante el escribano de la Corte Francisco de Villa el 1 de marzo de 1776 fundaba la obra pía Patronato Real de Legos, cuyo capital lo constituían 12.000 ducados, valor de su casa de la calle del Álamo. Estos ducados estaban dispuestos a censo consignativo al 3 por ciento anual en cabeza de su hermana y heredera doña Teresa, ya citada. Los ducados daban un importe de 3,960 reales anuales, pagaderos en dos plazos, el 30 de junio y el 31 de diciembre de cada año. Para cumplir con referida obra se nombraba un patronato, constituido por cuatro personas. A saber: el gobernador del partido de Mérida, el regidor decano de su ayuntamiento, el párroco más antiguo de santa María y don Vicente Elías de la Rocha y Molina, caballero de la Orden de Santiago, hermano de la fundadora. A su muerte, el que heredase su mayorazgo. El primer heredero fue su hermana doña Teresa.

    Para la administración de los referidos intereses se nombraba un seglar con el sueldo de 25 ducados anuales, que cobraría y pagaría las mandas, que eran las siguientes: cada año y los días 18 de septiembre y 31 de diciembre se dirían en el convento de santa Clara cien misas por las almas de la fundadora y de su esposo. Se elegía esta iglesia porque en ella residía como monja su hermana María Teresa y también por la extremada pobreza de este convento. En los días citados se entregaban a las monjas cien reales.

    En el aniversario del fallecimiento de los marqueses se repartirían 400 reales de vellón entre viudas y pobres vergonzantes, señalados por el párroco de santa María, como mejor conocedor de las necesidades de sus feligreses. Cada cuatro años y con el numerario acumulado y no repartido en las mandas anteriormente señaladas, se entregarían a doncellas casaderas y pobres, principalmente hijas de labradores y artesanos, una dote de cien ducados para poder atender a su casamiento. El número de dotes sería el que diera lugar el capital acumulado de los réditos. Las solicitudes de las doncellas serían aprobadas por los cuatro patronos señalados; y si alguna doncella no se casaba en los tres años siguientes al que se le otorgó la dote, quedaría sin efecto la entrega de esta.

    Finalmente, si su hermana Teresa De la Rocha y Molina, sobre la que quedaba impuesto el censo, o sus sucesores, querían redimirlo mediante la entrega del capital de 12.000 ducados, estos se emplearían en fincas en el término de Mérida o pueblos de sus alrededores, con cuyas rentas se seguirían cumpliendo todas las referidas mandas.

    Esta obra pía siguió cumpliendo sus fines hasta el año 1875, en el que la Delegación de Hacienda de la provincia de Madrid acordó inscribir el capital de la misma a favor del Estado, mediante la entrega de 15.230,76 pesetas. [2]

    Pedro María Plano y García (Mérida, 1851-1900), alcalde, industrial y erudito emeritense, consagra en su obra “Ampliaciones a la historia de Mérida….” un capítulo a la señora marquesa viuda de Pinares, como emeritense agradecido a la memoria de la fundadora de su obra pía, y transcribe las nueve cláusulas de la escritura de constitución de la misma. Y finalizaba diciendo: “Cuando como presidente del Patronato pude averiguar tamaño atropello, elevé, con mis compañeros de Junta, un recurso al excelentísimo señor ministro de Hacienda, que lleva fecha de 23 de febrero de 1888, acompañándole testimonio de la escritura de fundación con todos los justificantes precisos para probar la improcedencia de los que se había hecho, y reclamando la devolución de ese capital con sus réditos, a fin de poder seguir cumpliendo la voluntad  sagrada y respetable de la señora marquesa de Pinares. El recurso fue entregado personalmente en el Ministerio de Hacienda por el entonces diputado a Cortes por este distrito, el general don José de Castro y López, sin que se haya resuelto en ningún sentido. Antes por el contrario, al tratar de removerlo recientemente, contestan en el ministerio que allí no existe tal asunto.” [3]

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[1] Vid.: Sáenz de Buruaga, José: Materiales para la historia de Mérida (de 1637 a 1936), Diputación Provincial de Badajoz y Ayuntamiento de Mérida, pág. 187: “El regidor don Manuel Leal de Cáceres hace presente a la ciudad que no se cumplen en todas sus partes las disposiciones testamentarias de la Marquesa Viuda de Pinares, doña Antonia de la Rocha y Molina, que fundó la obra pía de su nombre. Había que dar dote a casadas y hacer también sufragios por el alma de la señora, lo cual no se realizaba desde hacía tres o cuatro años. Acuerdo de hacer llamamiento y tratar de ello. (1784, f 554).

 [2] Vid.: Navarro del Castillo, Vicente: Historia de Mérida y pueblos de su comarca, T. III. Familias e hijos ilustres de Mérida, siglos XV al XX, capítulo XXXI: doña Antonia de la Rocha y Molina, Marquesa de Pinares y su obra pía a favor de los menesterosos emeritenses, Artes Gráficas Boysu, S. L., Mérida, 1992, págs. 285-287.

 [3] Vid.: Pedro María Plano y García: Ampliaciones a la historia de Mérida de Moreno de Vargas, Forner y Fernández, Imprenta y Encuadernación de Plano y Corchero, Travesía de Santa Eulalia, 1894, págs.. 99-103.


miércoles, 17 de septiembre de 2025

JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ DE LA CALLE, PROFESOR E HISTORIADOR PLACENTINO


    Alternó la enseñanza con la investigación: ha publicado once libros y unos sesenta artículos sobre demografía, historia, arte, biografía, economía y pedagogía. En los últimos treinta años se ha ocupado en la realización de una Enciclopedia Bibliográfica sobre Plasencia y su entorno, centrada en ejemplares escritos por placentinos que giren en torno a la ciudad, aunque los escritores no hubieran nacido en ella pero llevaran un tiempo considerable asentados en la misma, y que hubieran publicado en la ciudad del Jerte.

    José Antonio Sánchez de la Calle (Plasencia, 1956) realizó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal. Cursó el Bachillerato en el Instituto “Gabriel y Galán”, donde años después profesaría cátedra. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Extremadura, se doctoró en la misma con la tesis La población de Plasencia en la época contemporánea (1870-1970).

    Profesor agregado de Enseñanzas Medias por oposición, ejerció la docencia en Cáceres, Santander, Madrid, Montijo, Getafe, Plasencia y Avilés. Durante dos años desempeñó el cargo de asesor de Nuevas Tecnologías en el Centro de Profesores de Plasencia (1998-2000) y durante otros cinco en el Centro de Profesores de Coria (2007-2012). En 2021 se jubiló en el IES “Mariano José de Larra” de Madrid.

    Ha recibido varios premios por su labor investigadora, como el primero de los Coloquios Históricos-Culturales del Campo Arañuelo (1997) y el tercer galardón de los mismos; otros dos en los concursos literarios “Avenida de la Vera” y otros dos premios de investigación histórica “Pedro de Trejo”, que llevaron aparejados la publicación de los mismos.

    Sus once libros publicados son los siguientes:

    Aproximación a la demografía de Plasencia (1871-1900) según el Registro Civil. Plasencia, 1985, Ayuntamiento de Plasencia, Diputación Provincial de Cáceres y Caja de Ahorros de Plasencia, Sanguino-Offset, 184 págs.

    La población de Plasencia en la época contemporánea 1800-1970). Resumen de la tesis doctoral leída en la Facultad de Filosofía y Letras de Cáceres en diciembre de 1991. Universidad de Extremadura, Badajoz, 1993, 42 págs.

    Plasencia, la perla del Valle del Jerte. Editora Regional de Extremadura, Badajoz, 1994, 36 págs.

    Plasencia. Historia y población en la época contemporánea (1800-1900), Asamblea de Extremadura, Badajoz, 1994, 683 págs.

    La mortalidad infantil en Plasencia durante los siglos XIX y XX. Hacia una historia de la Casa Cuna y el Hospicio, Plasencia Diseño Gráfico, S. L., Ayuntamiento de Plasencia, 1998, 198 págs.

    Una bibliografía de Plasencia. Fichas, resúmenes y catalogación de obras relacionadas con Plasencia. Tomo I. Libros. Institución Cultural El Brocense de la Diputación Provincial de Cáceres y Ayuntamiento de Plasencia, Salamanca, 2006, 885 págs.

    Una bibliografía de Plasencia. Fichas, resúmenes y catalogación de obras relacionadas con Plasencia. Tomo II. Artículos. Institución Cultural El Brocense de la Diputación Provincial de Cáceres y Ayuntamiento de Plasencia, Jaraíz de la Vera, 2008, 847 págs.

    Plasencia. El placer del recuerdo. Editorial Amberley, Londres, 2010, 128 págs.

    Plasencia. Tradiciones y lugares. Editorial Amberley, Londres, 2011, 128 págs.

    Las revistas de Plasencia (siglos XIX y XX). Asociación Cultural Placentina “Pedro de Trejo” y Círculo Empresarial Placentino, Plasencia, 2019, 340 págs.

    Una bibliografía placentina. Adenda, Libros (2006-2024). Asociación Cultural Placentina “Pedro de Trejo”, Gráficas Pedro Arroyo, 390 págs.

    Es autor de más de sesenta artículos, la mayoría sobre temas placentinos, publicados en revistas de la ciudad y de la región, sobre asuntos muy diversos y con raíces en la historia: la organización parroquial placentina en los siglos XIX y XX, el cólera de 1834 en Plasencia, la mujer placentina en la época contemporánea, la población placentina en el siglo XIX, apogeo y decadencia del comercio en Plasencia, causas de la mortalidad en Plasencia durante los siglos XIX y XX, los efectos del vino en Plasencia durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, la Guerra Civil y la posguerra en Plasencia (1936-1944), historia de la emigración en Extremadura y su situación actual (1995), la estacionalidad de la natalidad en Plasencia en los siglos XIX y XX, el vino en el Fuero de Plasencia (siglo XIII), las comarcas del Campo Arañuelo, La Jara y Los Ibores a mediados del siglo XIX, contribución al estudio de los salarios, precios, crisis y relaciones laborales en el Norte de Extremadura durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.

    Sánchez de la Calle aborda también el callejero placentino (1998), la mortalidad infantil en los ámbitos urbanos y rurales del norte de Extremadura (1800-1970), “La Voz de Mayorga”, tres lustros en la ciudad del Jerte (2002); patrimonio bibliográfico de Plasencia: las revistas del siglo XX; dinámica y estructura social de la población extremeña, metodología y didáctica; historia de la imprenta en Plasencia (finales del XVIII a principios del XXI), el obispo Casas y Souto y su labor epistolar; semblanza del sacerdote liberal José García Mora, ensayo sobre las revista taurinas en Plasencia en el siglo XX, cincuenta años de revista en el IES “Gabriel y Galán” de Plasencia, economía y población en Plasencia durante la Guerra Civil y la posguerra (1936-1944), la Guerra Civil en Plasencia: represión, economía y población, historia de la prensa placentina, revistas de Semana Santa, historia de la Asociación Cultural “Pedro de Trejo” y la historia de la educación en Plasencia, entre otros. 


lunes, 15 de septiembre de 2025

SALVAR A LOS NIÑOS


    A mediados de agosto, el número de niños muertos por desnutrición y hambre en Gaza sobrepasaba el centenar, según datos de la oenegé Save the Children International (Salvar a los niños), que tiene como finalidad trabajar por los derechos de la infancia. Se suman a los más de 40.000 registrados como muertos o heridos debido a los bombardeos y ataques aéreos de los enemigos de sus padres, según datos del Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF). A esa fecha, había al menos 17.000 niños no acompañados o separados de sus familias y un millón de niños “profundamente traumatizados y sin acceso a la educación”.

    Las muertes por inanición se han convertido en cotidianas. La crisis humanitaria se agudiza y la asistencia sostenida se debilita cada día más. Los hospitales y las escuelas que sirven de refugio caen bajo las bombas. La desnutrición aumenta; las muertes se incrementan. Muchos viven en refugios hacinados, inseguros, carecen de espacio y privacidad, especialmente ellos y sus madres. Hasta los suministros para los espacios mínimamente habitables se agotan; no hay suministros para ellos, ni los vitales de saneamiento, agua y comida.

    Los niños son niños. ¿Qué culpa tienen ellos de las guerras, de quienes dicen defender a unos y atacan a los otros? Los vemos cada día con la mirada perdida, con sus cuerpecitos famélicos, tanto como sus madres, que tampoco hubieren nada que comer, ni que darles a ellos. Tienen muy poca vida en vida. En su inocencia, los niños dicen que desean ir al cielo, porque allí hay comida, agua, dulces y chocolate.... Allí no hay guerras ni bombardeos que les quiten lo poco que tienen y la ayuda que no les llega, porque otros necesitados se la roban. Los niños son quienes más pagan el precio del conflicto. La hambruna es un hecho. La desnutrición amenaza la vida de más de cien mil niños.

    Qué sentir y qué hacer ante la mirada perdida de esos niños solo huesos, cuando en Occidente vemos crecer a nuestros niños sanos y robustos, con la sonrisa que ofrecen a sus madres cuando, ya saciados y limpios, sólo buscan el sueño reparador que les hace crecer, entre los besos y caricias de sus progenitores…

    Casi dos años ya de guerra y van 60.000 muertos. Envueltos en las pocas sábanas que quedan, reciben sepultura entre las lágrimas de un pueblo, ya con sus sistemas de atención a la salud, agua, saneamiento e higiene, casi destruidos. Les lanzamos alimentos que solo algunos se llevan y a otros matan.

     Ya no hay lugar para ellos, ni descampados para jugar con pelotas o juguetes de trapo. Juegan con botellas y latas vacías, hasta con los restos de los misiles. Juegan en las calles abiertas entre los escombros para el paso de los carros huyendo con sus enseres hacia ninguna parte, porque no hay salida. Las fronteras permanecen cerradas. No hay tregua para la paz.

    Gaza no puede dormir por las explosiones. La vida de los niños pende de un hilo. Las madres no tienen lágrimas para llorar a sus difuntos. Los niños ya no tienen padres ni quien les acoja. Son niños huérfanos, hambrientos, moribundos, sin voz ya para pedir agua ni llanto para solicitar alimento. Sus sueños ya están rotos, su infancia perdida…